viernes, 13 de marzo de 2020

La imagen de María Stma. de las Lágrimas de Alcalá de los Gazules. “Apuntes para su historia”



José Miguel Sánchez Peña 
Conservador Restaurador emérito del Museo de Cádiz 



      La imagen de María Stma. de las Lágimas es la cotitular de la Hermandad de la Columna de Alcalá de los Gazules (Cádiz), con sede en la iglesia parroquial de San Jorge de dicha localidad. 

     Se trata de una imagen de Virgen Dolorosa de vestir, de candelero y de tamaño natural, realizada en la primera mitad del siglo XVIII[1]. Se incorpora a la Hermandad en 1987, año en el que la corporación se encontraba en vías de reorganización. Una vez que se lleva a cabo una larga intervención, pues la talla se hallaba en estado de abandono y en precario estado de conservación, se incorpora a la Hermandad. 

      Debemos añadir que la imagen fue entregada tras su intervención el 22 de Mayo de 1987, y es obligado aclarar que el aspecto que presenta en la actualidad es muy distinto de cuando se entregó, siendo el resultado de actuaciones posteriores. Las mismas fueron realizadas cuando se intervino al Cristo atado a la Columna y por la misma persona, que dieron lugar a diversos procesos conflictivos e incluso una nueva restauración. 

Introducción 

      En el mes de Septiembre de 1986 se me hace la propuesta de “Restaurar” la imagen; para ello me desplazo a Alcalá de los Gazules en donde inspecciono la talla “in situ”, para elaborar seguidamente Informes y Presupuestos[2]

Fotografías tomadas en la iglesia parroquial 
de San Jorge de Alcalá de los Gazules (antes de iniciarse la intervención).


      Tras examinar la talla, era evidente que no podíamos hablar de una “Restauración” ortodoxa, sino de aprovechar o utilizar la imagen para que pudiese ser expuesta dignamente al culto. La misma se encontraba en estado inservible, no apta para ser expuesta al culto, como resultado del abandono en un almacén o trastero del citado templo junto a otras imágenes, enseres y objetos de culto. Independientemente de que había que sustituir el candelero, las partes principales y visibles como la cabeza y manos, se encontraban muy alteradas y dañadas; todo ello no solo afectaba al modelado o talla sino también a la policromía. 



      Era evidente, que dado el precario estado de conservación, no podíamos pensar que tras su intervención la imagen volviese a su estado primitivo. Muchos aspectos técnicos y matices de la obra se hallaban perdidos, y por consiguiente eran ya irreversibles. 



      En aquella visita, en la que también inspeccioné al Señor atado a la Columna, pues también se me propuso su restauración una vez finalizase la de la Virgen, transmití a los miembros de la Hermandad la vinculación de esta imagen al taller del escultor jerezano del siglo XVIII Francisco Camacho y Mendoza, por sus similitudes a otras obras de este escultor. 

     En este contexto, tras aceptarse mi propuesta, recibo en mi Estudio en Cádiz la imagen[3]. Ya con la imagen en el taller, el historiador Enrique Hormigo me visita y me hace entrega de documentos hallados por él referentes al Cristo atado a la Columna y a una Dolorosa que supuestamente podría ser la Virgen de las Lágrimas[4]. Dichos documentos han sido dados a conocer años después por el historiador Gabriel Almagro[5]

Estado de Conservación 

      La imagen es una talla de candelero para vestir, al estilo de la mayoría de las Dolorosas andaluzas, y su estatura, del natural. El busto y el candelero se encontraban tapizados con un tejido de lino, claveteado con tachuelas. Está compuesta por el busto/ torso, y a partir de las caderas el candelero propiamente dicho; éste se compone de dos elipses, una superior (que conforma las caderas) y una de base de mayores diámetros. Cuatro riostras, situadas en los extremos de las elipses unen las dos partes. Respecto a la parte superior, el busto (o torso) de la imagen llega hasta la cintura, integrándose en el conjunto la cabeza. La madera utilizada en el busto y en las manos es de ciprés, y en el resto pino.

Fotografías tomadas en el Taller, tras la llegada de la imagen,
antes de acometerse la intervención.

       En cuanto a los brazos, llevan articulaciones de galletas, realizados en madera de pino, y apenas tenían movilidad al estar claveteados. Las espigas de las galletas, tanto las correspondientes a los codos como a los hombros quedaban sujetas por pasadores, situados en las zonas claviculares y en los brazos respectivamente. Tienen formas torneadas, aunque están realizados con azuela (presuntamente) y escofinas, por las marcas que presentan. Las manos están realizadas en madera de ciprés, y se acoplan a los antebrazos con espigas, que se bloquean mediante pasadores, como ocurre en los brazos. 



     La cabeza y el busto presentaban grietas y fisuras de distinto tipo, la mayoría de ellas respondían a la unión de ensambles “movidos” y otras por daños ocasionados por los golpes y el abandono general. También en la cabeza y a la altura de las sienes, tras la mascarilla, eran visibles dos canales o hendiduras a ambos lados, que supuestamente se le harían para poder colocar una diadema. Hemos de destacar el modelado y corrección de las orejas de la imagen, hecho no muy usual en las Dolorosas de candelero. 

      Respecto a la policromía, se encontraba repintada en su totalidad, por distintas capas de pintura aplicadas en distintas épocas, sin criterio y seguramente por algún aficionado. Dada la uniformidad, la textura y el aspecto de la capa pictórica, podríamos decir que era una pintura industrial, sin los matices que proporciona la pintura al óleo. 

      Los ojos de cristal estaban partidos, y habían sido colocados por el exterior, con párpados de pasta con objeto de fijarse a la cuenca ocular. Esta modalidad de colocación de los ojos, fue muy empleada a principios del siglo XVIII por escultores con destacadas obras en Jerez de la Frontera, como Ignacio López, Francisco Camacho o Diego Roldán. Se respetaba también “la mascarilla” de la cabeza, ya que se despegaba durante el proceso de ejecución para realizar el interior de la boca y colocar dientes de nácar o marfil, en algunos casos. 

      Respecto a las manos, se apreciaba la calidad del modelado, pues en lo que correspondía a la policromía nos remitimos a la descripción del busto. 


Proceso de Intervención 

       Para comenzar debemos diferenciar entre las partes nobles, como busto y manos y el candelero con los brazos articulados. 

      Dada la precariedad y lo rudimentario del candelero, que evidentemente era de origen, se realiza uno nuevo en madera de pino de Flandes, pero con mayor número de riostras, que le dan más consistencia. Se sustituyen también los brazos, torneados en el mismo tipo de madera. Llevan articulaciones del tipo de “galletas”, de madera de caobilla, con tornillos y palometas. 

      En la cabeza se practican varias catas para averiguar el estado de la policromía, viéndose que no hay nada que se pueda aprovechar debajo de los repintes generales, sino restos de distintas intervenciones realizadas de forma arbitraria. Por ello se toma la decisión de dejar la talla en la madera para estucar de nuevo y encarnar. 

      En cuanto a la cabeza y busto, se descubre que está conformada por múltiples ensambles o trozos de madera colocados de forma arbitraria, es decir, algunos “al hilo” y otros “por cabeza”. Quizás la parte más completa es la mascarilla de la imagen, aunque muy reducida de tamaño, pues escasamente cubre la boca y los ojos. El ensamble más llamativo se aprecia en el cuello, con un ensamble por cabeza y en un lugar demasiado visible. Por este motivo, en las dilataciones y contracciones de las maderas aparecían tantas fisuras o líneas de unión. Resulta extraño que se emplearan tantas piezas en un conjunto tan pequeño, tratándose de una imagen de vestir y no de una talla completa o de gran tamaño. Finalmente, reseñamos que las distintas piezas o ensambles que conformaban el busto, además de haber sido encoladas, iban aseguradas con numerosos de clavos. 

Fotografías de la imagen finalizada la intervención. 

      Dado que la mayoría de ensambles estaban desencolados (se había hecho lógicamente con cola animal), se procede a despegar los mismos y encolar de nuevo con cola acrílica. Se coloca también una espiga central de ciprés para reforzar la unión de la cabeza con el cuello. 

      Respecto a los ojos, que se hallaban muy fracturados e inservibles, se sustituyen por otros, de cristal también, esféricos y con forma de matraz. Se colocan por el interior de la mascarilla. 

      En cuanto a las manos de la imagen se hallaban completas, en lo que atañe al modelado, aunque repintadas siguiendo el criterio del resto de la imagen. 

      El proceso de intervención del busto comienza por la retirada de las capas de pintura y el estuco correspondiente. Después se extraen numerosos clavos que ajustan ensambles, para poder despegar éstos. Finalmente, se encolan todas las piezas, pues la madera de ciprés era de calidad y presentaba buen estado de conservación. Fue importante la colocación de una espiga cilíndrica de ciprés que tenía como función unir con seguridad la cabeza al busto, cuya unión general por cabeza se hallaba en el cuello. 

      A continuación, selladas las fisuras y uniones, se procede a aplicar el aparejo, realizado con cola animal y sulfato cálcico, en distintas capas. Luego es lijado el conjunto de toda la superficie, finalizándose con la aplicación de agua/cola. 

      El siguiente paso es la policromía o encarnado, realizado al óleo siguiendo técnicas tradicionales, que en diversas capas y veladuras ponen el punto final. 

      Terminado el proceso de encarnado, se colocan las lágrimas de cristal y las pestañas. 

      También se coloca tornillo en la cabeza para la sujeción de diadema o corona. 

       En todo el proceso de intervención en el rostro, se eludió hacer cualquier modificación, mediante añadidos o tallado/lijado de las facciones de la imagen. 

Fotografías de la imagen (en el taller),
finalizada la intervención y vestida.




NOTAS

[1] La imagen mide 165 cms. de altura. 

[2] Fecha Informe y Presupuesto, 3 de Octubre 1986 

[3] La talla se recibe el dia 3 de Enero de 1987 

[4] Contenido de la reseña documental: Los datos proceden de un Libro de Cuentas de la Cofradía (1733-1735), en el Folio 68, y aportan distintos pormenores sobre la hechura y traslados, algo infrecuente e indudablemente de gran valor. Los detalles que se reflejan, se refieren al coste y traslado del Cristo y de los Sayones; asi pues aparecen el coste de las esculturas y de su conducción desde Jerez de la Fra. a Alcalá de los Gazules, del encarnado, de los tornillos para sujetar las imágenes en las andas, de los cajones en donde fueron trasladados,etc.,cuyo importe total ascendió a 2996 y medio reales de vellón. 

Al mismo tiempo, el 30 de Enero de 1735, figura el pago de la imagen de la Virgen: “210 reales de vellón cabeza y manos de la Virgen”, que también se trajo de Jerez. 

[5] Almagro Montes de Oca, Gabriel: “Las Imágenes de la Cofradía de la Columna”, en APUNTES HISTÓRICOS Y DE NUESTRO PATRIMONIO.”Cuadernos de Temas Alcalaínos”. Cádiz. 2000. Pgs. 79 y 80.

(Nota del autor del blog: Mi agradecimiento a José Miguel Sánchez Peña por aceptar mi ofrecimiento para que escribiera el presente artículo.)

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