Noticia publicada por José L. García en el periódico ABC de Sevilla el lunes 12 de febrero del año 2000, sobre la restauración de la Imagen de Jesús atado a la Columna de Alcalá de los Gazules:
"PATRIMONIO. EL CRISTO DE LA COLUMNA DE ALCALÁ DE LOS GAZULES, OBRA DE FRANCISCO CAMACHO DE MENDOZA (1733), NO PUEDE SALIR MÁS
De cómo una restauración acaba con la vida de una imagen
La historia del arte está salpicada de restauraciones deficientes que antes o después han requerido nuevas y urgentes intervenciones. En el mundo de las hermandades, esto no es raro, unas veces por desconocimiento y otras por economía. Los resultados, a veces, llegan al límite de poner en riesgo a la propia imagen. El Cristo Atado a la Columna de Alcalá de los Gazules es un dramático ejemplo de ello.
La economía en muchos casos y un falso y equívoco halo en torno a las habilidades de tal o cual restaurador —sin olvidar los “caprichos de priostía”— ha causado generalmente más perjuicio que beneficio al patrimonio artístico de no pocas hermandades, en cuyos anales se suceden a veces sospechosas restauraciones de una misma talla en un brevísimo estado de tiempo.
De una manera bastante generalizada, los años setenta y ochenta del presente siglo han sido propicios para que escultores convertidos en pseudo restauradores intervinieran, con escaso acierto, sobre un sinfín de valiosas tallas que han visto así mermados o alterados sus rasgos estilísticos.
Con posterioridad, las nuevas juntas de gobierno de las hermandades se han visto obligadas a deshacer muchas de estas intervenciones, bien porque hayan cambiado los criterios que dieron lugar a las mismas, bien porque aquellas restauraciones han acabado dando la cara, o bien porque se haya constatado la necesidad de una restauración puntual o de ejecución mayor salido a la luz manipulaciones inadecuadas.
De unos y otros condicionantes habla la historia del Cristo Atado a la Columna que se venera en la iglesia de San Jorge de la localidad gaditana de Alcalá de los Gazules, una imagen realizada entre 1730 y 1733 por Francisco Camacho de Mendoza, escultor jerezano de formación roldanesca...
RESTAURADO EN SEVILLA
El caso es que la imagen, tras una restauración en 1988 y otra en 1999, ambas por manos de un escultor-restaurador de San Fernando, se halla actualmente en Sevilla, donde los restauradores Miguel Ángel Pérez y Ricardo Llamas se han visto en la obligación de certificar la imposibilidad de que la talla vuelva a salir en procesión, habida cuenta de que, según su criterio, la última intervención ha debilitado tanto sus tobillos, sobre los que recae todo el peso de la imagen, que podrían fracturarse en cualquier momento, como ya ocurrió en 1990, lo que dio pie a la última restauración, determinante, según ambos artistas, para la definitiva fragilidad de la imagen.
Lo cierto es que, a tenor de los resultados del informe preliminar evacuado por Miguel Ángel Pérez y Ricardo Llamas antes de iniciar la restauración del Cristo, las dos intervenciones anteriores pueden ser consideradas propias de un manual de lo que no debe hacerse sobre una imagen en madera policromada.
Según manifiestan, la primera de ambas intervenciones incluyó la sustitución de la peana y con ella la de los “tacones” de madera que unen los pies de la talla a la misma. Consecuencia de ello fue una alteración en la disposición del Cristo y el forzamiento de la colocación de sus pies, que fueron fijados a la peana “cosiéndolos” con espigas de madera de haya y de tipo industrial.
Los taladros para introducir las espigas debilitaron los tobillos de la imagen, que diez años después se rompieron.
De nuevo la hermandad recurrió al mismo restaurador que “reconstruyó” la zona fracturada con resina sintética, cuya falta de flexibilidad hace tener una nueva rotura al menor movimiento. A esto se une la imposibilidad de volver a colocar espigas o tizones, ya que, según los restauradores, “no hay madera en los tobillos para ello y cualquier taladro terminaría de romper lo que queda de las espigas”.
Por si poco fuera, en la restauración de 1988, los ensamblajes de la imagen no fueron reparados previo despiece y limpieza para volver a pegarlos, sino que fueron, sencillamente, “agrandados con un instrumento y rellenados con la misma resina sintética, para posteriormente coser con nuevas espigas”.
El resultado fue un sinfín de escalones en los ensamblajes de la imagen, que posteriormente quedaron “maquillados” con estuco, más resina, pintura al óleo y betún de judea, lo que ennegreció al Cristo y ocultó lo que aún le quedaba de policromía original, sobre la que previamente habían pasado escoplos, lijas y otros elementos abrasivos, a más de brochazos sin tino que inventaban regueros de sangre y signos de la flagelación sin ningún criterio histórico.
Finalmente, al Cristo le fue colocado un nuevo sudario realizado con tela de saco y poliéster, parte del cual ha manchado el original tallado y dificulta su total limpieza."


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