Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2026
Francisco JORDI PÁEZ
1. Introducción
La civitas romana de Lascuta perteneciente al conventus Gaditanus, nada tiene que ver con el oppidum y la turris que habitaron los túrdulos, aunque ambas comunidades coexistieron dentro del término municipal de Alcalá de los Gazules. Este espacio de montañas, debido a su situación marginal y aislada, se presenta como la alteridad a la periferia de un sistema de poder nuclearizado en el entorno de los esteros donde se asentaron los turdetanos. La liberación de los siervos lascutanos, dependientes de la ciudad de Mesas de Asta turdetana a principios de la conquista romana, supone una integración de Lascuta dentro de la administración romana mediante su adscripción a otra ciudad, que se funda ex novo en la confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, durante los últimos decenios de la romanización. La necesidad económica de Lascuta, como ciudad estipendiaria, de establecer el soporte material de su institucionalización a través de su contribución a Lacca, daría lugar a una nueva acuñación conmemorativa.
2. La localización de Lascuta en Alcalá de los Gazules
La asociación de Lascuta romana[1] con Alcalá de los Gazules se sustenta, sobre todo, por los restos arqueológicos romanos descubiertos en su solar, entre ellos un caput aquae que estaría relacionado con la posible existencia de una ciudad romana[2], así como tres inscripciones latinas[3], destacando el hallazgo de la célebre Tabula Lascutana en su territorio[4]. Además, resulta tradicional, su estrecha vinculación con la moneda de Lascuta que comparte analogía tipológica con el grupo de la Janda litoral e interior, mal calificado como “libiofenicio”[5], cuyo ámbito económico quedaría circunscrito a la comarca campogibraltareña, con hallazgos monetarios acaecidos incluso en el casco urbano de Alcalá de los Gazules[16. La ciudad estipendiaria de Lascuta cuenta con una precursora. Esta circunstancia viene atestiguada por las inscripciones neopúnicas en estilo degenerado de sus monedas, cuyo nombre es completamente distinto al latino[7]. Este pudo corresponder con alguno de los poblados fortificados circundantes, como Las Correderas de la Salud o Las Herrizas, situados en las tierras altas con un carácter defensivo y, sobre todo, con una excelente prominencia visual, los cuales acabarían abandonándose para trasladarse a la cercana ciudad romana de Alcalá de los Gazules[8].
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Alcalá de los Gazules cubierta por la niebla (cortesía de Pedro Antonio Jiménez Gómez) |
En cualquier caso, sabemos por el edicto de manumisión del 189 a.C. que la comunidad lascutana estuvo sometida a un sistema de servidumbre comunitaria por la ciudad de Mesas de Asta situada en los rebordes orientales del paleoestuario, actuales marismas del río Guadalquivir, cuando todavía no había sido conquistada por los romanos. La descapitalización de los principales centros comarcales durante la conquista romana supondrá la pérdida de un dominio territorial que no volverá a recuperarse, por lo que la comunidad lascutana ya no volverá a tener ningún tipo de dependencia servil ni mucho menos cívica con Hasta Regia romana después de aquel edicto de manumisión[9].
3. La relación de Lascuta con el valle del río Guadalete
La presencia romana se manifiesta poco después de la conquista con la aparición de las tropas acantonadas en emplazamientos estratégicos que permiten el control de las vías de comunicación en las cercanías de las comunidades indígenas del interior, como se pone de manifiesto en el campamento militar romano desde donde el propretor Lucio Emilio Paulo dictaba su edicto de manumisión en el que liberaba a los siervos de la turris lascutana en el 189 a.C. En cualquier caso, se inicia un proceso de romanización en el valle del río Guadalete, cuyo cauce fluvial se convierte en el polo de atracción de un poblamiento con escaso desarrollo urbanístico situado, aislada y marginalmente, en el interior de los escarpes naturales de los montes alcalaínos: justo como era el lascutano.
Entre los modelos de implantación de la romanización en el territorio se encuentra el proceso de sinecismo (gr. συνοικισμός ‘cohabitación’). Este consiste en la integración de una comunidad en una nueva civitas romana, la cual constituía la piedra angular de lo fiscal, judicial, religioso, político y económico, y se erigía como cabeza administrativa en la llanura aluvial. La confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, circundada por arroyos y manantiales de aguas sulfurosas, junto a las tierras de mayor productividad agrícola, se convertiría en el emplazamiento idóneo para una óptima romanización.
En cuanto a la circulación monetaria de Lascuta, se observa un desplazamiento de su centro de gravedad hacia la llanura aluvial, en concordancia con las noticias históricas transmitidas sobre los hallazgos monetarios acaecidos entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera[10. Parece ser, por otro lado, que la moneda lascutana se movía con las tropas romanas siguiendo el trazado de una vasta red de calzadas, entre ellas la principal que era la vía Augusta, que pasaba por la campiña jerezana y sevillana. La relación de la moneda de Lascuta con la intensa actividad militar se demuestra no sólo por su posible conexión con aquellas ciudades romanas que estuvieron de paso por la citada vía Augusta, como era Carmo, con la que debió de compartir reacuñaciones y presentar contramarcas del tipo “cabeza de águila” en su serie del elefante, sino por llegar su circulación monetaria hasta el campamento militar de Castra Caecilia[11].
Los prefectos, siguiendo las consignas de los pretores, compraban o arrendaban el derecho de recaudar rentas sobre una parte de las cosechas indígenas. De esta forma, tras la liberación de la comunidad lascutana, al tratarse de una sociedad escasamente urbana y, por ende, monetizada, como consecuencia de su marginalidad e aislamiento, se le concedió el derecho de acuñar moneda, a cambio de que Roma se asegurase un cierto aprovisionamiento frumentario de sus cereales para abastecer a las tropas romanas acantonadas en sus cercanías[12]. Este sistema, conocido como annona, servía para el reparto y comercio de cereales, al igual que su transporte: recordemos que en una de las series aparece un altar escalonado con las espigas de trigo encima. La presencia de la moneda lascutana en el territorio arcense parece explicar una posible recaudación sobre una parte de sus cosechas, así como de su participación en la financiación de una intensa actividad militar situada en el acceso al valle del río Guadalete. Una actividad que quizá también sería la causa principal que motivase el inicio de sus acuñaciones como ciudad estipendiaria.
4. La moneda tipo sacerdos durante la época del triunvirato
Existe una moneda incierta conocida comúnmente como tipo sacerdos cuyo retrato ha sido identificado con el magistrado Marco Emilio Lépido. Autores como Villaronga[13] y Benages[14] o García-Bellido y Blázquez Cerrato[15] la sitúan en torno al Cerro de Alcolea (Arcos de la Frontera, Cádiz), de acuerdo con la abundancia de sus hallazgos monetarios, Esta procedencia, claramente bética, nos la indica su pertenencia al conventus Gaditanus[16]. En el anverso aparece representada una cabeza imberbe masculina con unos rasgos faciales de avanzada edad, PRAEF detrás y CN·STATI·LIBO delante de ella; y en el reverso, jarra y pátera sobre línea de exergo, abajo SACERDOS.
La jarra de libación o capis era el emblema de la dignidad del augur, mientras que el plato de poco fondo conocido como pátera señalaría la obtención del pontificado. Ambos elementos litúrgicos hacen alusión inequívoca al magistrado Marco Emilio Lépido, el cual sucedió a Julio César como máximo pontífice y sumo sacerdote, tras el asesinato de este último en los idus de marzo del 44 a.C. La expresión del sacerdocio en esta moneda cívica parece haber influido, de alguna manera, en la moneda lascutana con la adopción de la jarra de libación, que aparece junto con una urna o cista flanqueando un altar sobre un escalón del que surgen dos espigas de trigo. Esta emisión se puede considerar una de las últimas en esta serie del altar escalonado por aparecer solamente sus inscripciones en latín.
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Así pues, hay que valorar, al menos, tres cuestiones: la cercanía del Cerro de Alcolea con la Junta de los Ríos; la asociación de esta moneda con la gens Aemilia; y, por último, la traslación del ámbito económico de la moneda lascutana hacia esa demarcación. Esta circunstancia nos induce a pensar que estamos ante la presencia de una incipiente ciudad romana, que nace como principal cabeza administrativa en la llanura aluvial y que somete a la comunidad lascutana al pago de unos tributos para abastecer a sus tropas romanas; ciudad caracterizada por el sacerdocio y vinculación con el magistrado Marco Emilio Lépido, descendiente del propretor Lucio Emilio Paulo, el mismo que liberó a los siervos de la turris lascutana. Es probable que, en este breve lapso, Lépido intentase establecer una colonia romana durante la época triunviral, misión encargada al prefecto Cneo Estatilio Libón; este proceso quedaría abortado debido a la caída del triunvirato y a la sustitución de Lépido al frente del gobierno provincial por el césar Julio Octaviano, el futuro Augusto[17].
5. La moneda de Lascuta y Lacca durante la época augústea
La llegada de Augusto supone el comienzo del proceso de sinecismo con las entidades cívicas menores mediante la contributio, con lo que se pone de manifiesto el fin de un hábitat, antes disperso, alterando las estructuras de las comunidades indígenas. En este contexto de pacificación augústea aparece la moneda provincial de Lascuta y Lacca, encuadrada dentro de una misma tradición monetaria, que se extiende por toda la cuenca del valle medio e inferior del río Guadalete, territorio donde la moneda republicana de Sisipo y Detaumo comparte el mismo hábito epigráfico de abreviar los topónimos por suspensión o seguir el mismo programa de composición de sus leyendas tanto en anverso (delante del busto) como en reverso (encima o debajo del diseño, usando línea de exergo). Pero, sobre todo, por compartir análoga relación tipológica en sus anversos representando la misma deidad galeada en alusión a las tropas romanas.
La moneda provincial de Lascuta y Lacca[18] se inspira del denario republicano de Quintus Caecilius Metellus Pius Scipio (Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión). En su anverso aparece la cabeza masculina laureada y barbada atribuida a Júpiter, delante la inscripción Q METEL PIVS. En su reverso, un elefante avanzando hacia la derecha sobre la línea del exergo; debajo viene inscrito IMP, que indica la abreviatura de IMPERATOR y arriba, sobre el elefante, SCIPIO. No se puede plantear una orientación distinta en la lectura para la moneda provincial en cuestión, pues se inspira de un modelo epigráfico e iconográfico que hay que respetar, donde las líneas de exergo separan dos campos epigráficos en los que aparecen dos nombres que hay que leer en sentido horizontal[19].
En este sentido, mi interpretación sugiere que la moneda lascutana sigue el mismo patrón que el denario de Metelo, en la moneda se leería, por un lado, en su anverso LASCVT delante de una cabeza con un yelmo, que rompe con los esquemas anteriores de esta serie en la que predomina una tradición hercúlea; y, por el otro, en su reverso del enorme elefante, arriba LɅƆƆ y abajo MOPSI. Dicho esto, tanto LASCVT como LɅƆƆ se pueden identificar con dos topónimos latinos abreviados por suspensión en su última letra, ya que ambos tienen su constatación documental en las fuentes literarias; de esta manera, serían interpretados como Lascuta y Lacca, respectivamente[20].
En primer lugar, el epígrafe LɅƆƆ presenta al principio una L incompleta debido a la imprecisión del propio entallador, típica de este último período republicano tardío. La A sin el travesaño es una variante que se ha podido constatar en las monedas de Ercavica datadas de la época augústea. Finalmente, tenemos las dos C retrógradas, que se confundieron con el punteado de la acuñación debido al espacio tan reducido por el enorme tamaño del elefante. En segundo lugar, el epígrafe MOPSI, sería el caso genitivo de Mopsus (de Mopso). Así pues, si Lacca deriva de la raíz indoeuropea *lak-: gr. λάκκος ‘cisterna’, lat. Lacus ‘agua remansada, estanque, lago, mar’[21], presente en topónimos como Laccuris, Lacipo, Lacilbula o Lacimurga, nuestra Lacca Mopsi (de Mopso) se podría interpretar como ‘estanque de Mopso’ (al igual que Hestia Mopsi ‘hogar de Mopso’). Esto entraría en relación con los manantiales de aguas sulfurosas que afloran en su entorno y su sacralización por parte de un sacerdocio que rinde culto al augur y argonauta Mopso como héroe griego; este venía descrito con un morrión ceñido de ínfulas y el laurel del Peneo en lo alto de la cimera[22], el mismo que viene representado en las monedas del valle del río Guadalete.
Estas propuestas no son producto de la arbitrariedad, sino de unas expresiones que se comparten siguiendo un mismo patrón: cada espacio está reservado para cada epígrafe con sus respectivos significados. Es justo lo que se aprecia en las monedas provinciales de Bilbilis e Italica (esta última, homónima de la andaluza), Silbis y Turiaso o Detaumo y Sisipo, si bien aquí he traído a colación el caso de Nassica y Calagurri Iulia, en el que se puede comprobar de manera clarividente la existencia de dos topónimos distintos, uno en anverso como NASSICA y otro en el reverso como CALAGURRI·; abajo le acompaña el antropónimo IVLIA como cognomen. Las fuentes literarias parecen corroborar esta dualidad dentro de un proceso sinecista, afirmando Plinio el Viejo que “Calagurritani qui Nassici cognominantur” (los calagurritanos que se apellidan násicos). Esta sería la demostración de que Nassica aportaría el cognomen a una contributio con Calagurri Iulia en tiempos augústeos (sin olvidar que cuenta con una antecesora, Kalakoricos celtibérica, que también acuñó monedas), aunque aparece mencionada como ciudad estipendiaria dentro del conventus Caesaraugustanus de la Provincia Tarraconensis, en la Hispania Citerior[23]. Por último, cabe decir que la ciudad romana de Nassica, al igual que Calagurri, tiene su propia moneda, siendo esta emisión latina provincial de carácter conmemorativa motivada por la necesidad económica de la ciudad estipendiaria de establecer el soporte material de su institucionalización a través de una contribución[24].
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6. Las ruinas de Lakka que dieron nombre al wādī Lakka
La coincidencia de Lacca con el río Guadalete y su entorno viene atestiguado por el poeta al-Ḥimyarī en su obra geográfica Rawḍ al-Mi’tār. En ella menciona la existencia de una ciudad en la cora de Šiḏūna, llamada Lakka, construida por el césar Uktabyān, y cuyos restos aún subsistían, contando con una de las mejores fuentes termales de Al-Ándalus. Junto al río de las ruinas de Lakka se enfrentaron las tropas visigodas de Rodrigo y las musulmanas de Tāriq ibn Ziyād[25], dando nombre a la célebre Batalla del wādī Lakka (Guadalete) en el 711. Además, según Ibn Sa’īd, el wādī Lakka era un hermoso río que, a su paso por Šarīs (Jerez), se hallaba lleno de huertas y paisajes deliciosos, por lo que venía a ser un compendio del río de Isbiliya (Sevilla)[26].
Por tanto, esta es la realidad histórica del valle medio del río Guadalete: las ruinas de una ciudad romana que dieron nombre a un cauce fluvial y, por ende, a una batalla por su importancia dentro de los reajustes territoriales y administrativos desarrollados en las últimas décadas de la romanización. La situación de Lacca en la Junta de los Ríos es una realidad que viene atestiguada por las referencias en las fuentes literarias árabes, así como por la existencia de una inscripción latina que hace alusión a su nombre en una de las monedas de Lascuta, lo que confirma una relación con dicha ciudad estipendiaria. El tiempo y la Arqueología tendrán la última palabra sobre la existencia de la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos[27], cuya presencia romana ha quedado bien atestiguada por las piezas romanas de notable interés que han aparecido en ese sitio[28].
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Cortijo de Casinas en la Junta de los Ríos (cortesía de José y Agustín García Lázaro) |
Conclusiones
A lo largo de estas páginas se ha planteado una nueva interpretación histórica sobre los últimos decenios de Lascuta durante la romanización, una cuestión poco tratada y, en parte desconocida, debido a la carencia de evidencias arqueológicas. Eso sin contar el problema histórico relativo a su ubicación que ha enturbiado el discurso hasta el punto de situarla en el corazón de la campiña jerezana con la contradicción que ello conlleva. La fundación ex novo de Lacca en la Junta de los Ríos durante la época augústea sobre una base indígena preexistente que se traslada a la llanura aluvial es un hecho que se puede corroborar por la acuñación de moneda en la que se amparan ambos topónimos. La existencia de un proceso sinecista que integraría a la ciudad estipendiaria de Lascuta en la nueva ciudad romana de Lacca, así como de otras entidades menores de las cuales aún no tenemos constancia, nos acerca a la fórmula administrativa de la “contribución”.
NOTAS
[1] Plinio, Historia Natural III, 15.
[2] Montañés Caballero, S. y Montañés Caballero, M. (2006): “Actuación arqueológica de urgencia. Calle San Juan de Ribera y Alonso el Sabio. Alcalá de los Gazules”, Anuario Arqueológico de Andalucía: p. 504.
[3] Romero de Torres, E. (1908): “Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules”, Boletín de la Real Academia de la Historia 53, Alicante: pp. 514-523.
[4] CIL II 5041.
[5] Solà-Solé, J. M.ª (1980): El alfabeto monetario de las cecas “libio-fenices”. Hacia un intento de interpretación de un alfabeto desconocido, Barcelona.
[6] Pérez Rodríguez, M. (2025): “¿Dónde se ubica Lascut?”, Entre Abulagas y Caillos, Alcalá de los Gazules; Muñoz A. y Parodi, L. (1980): “Los depósitos romanos de agua de Alcalá de los Gazules”, Boletín del Museo de Cádiz 11: pp. 40-45.
[7] En el estudio de las distintas inscripciones neopúnicas de las monedas, hemos podido esclarecer el nombre túrdulo, anterior a Lascuta romana, que daremos a conocer en primicia en Alcalá de los Gazules.
[8] Trapero Fernández, P. y Ruiz Gil, J. A. (2023): “Estudio diacrónico con base SIG de lugares de control territorial en la comarca de la Janda (provincia de Cádiz)”, Arqueología y Territorio Medieval 30: p. 281.
[9] Las revueltas turdetanas del 197 a.C., conllevaron su derrota militar en el 195 a.C., procediéndose así a una deditio in dicionem, es decir, a una situación de sometimiento directo que tenía como resultado la desarticulación total del sistema organizativo de los principales centros comarcales, como era el caso de Mesas de Asta. En el 189 a.C., se desmantela la estructura territorial de las comunidades sometidas con la liberación de los lascutanos, lo que supone una pérdida parcial de sus dominios territoriales. En este sentido, es imposible que Lascuta siguiera dependiendo de Hasta Regia durante la romanización, pues tres años después, en el 186 a.C., se tiene constancia de un intento de asalto a sus murallas por parte del propretor Gayo Atinio, lo que nos indica que aún oponía su resistencia a los romanos durante la contienda.
[10] Ruiz López, I. D. (2010): La circulación monetaria en el sur peninsular durante el período romano-republicano, Tesis Doctoral, Universidad de Granada, Granada: p. 317.
[11] Pereira, C. y Morillo Cerdán, Á. (2025): “La cronología del campamento: un contexto material-tipo de época sertoriana”, en Pereira, C. y Morillo, Á. (eds.): El campamento legionario de Cáceres el Viejo (Cáceres, España), escenario de la Guerra de Sertorio, Anejos de Gladius 22, Madrid, CSIC: pp. 749-780.
[12] Aguilar Guillén, M.ª A. y Ñaco del Hoyo, T. (1997): “Fiscalidad romana y la aparición de la moneda ibérica. Apuntes para una discusión. II. 195-171 a.C.: algunos textos polémicos”, Habis 28: p. 83-85.
[13] Villaronga Garriga, L. (1990): “Recensions bibliogràfiques”, Acta Numismàtica 20: p. 236.
[14] Villaronga Garriga, L. y Benages, J. (2011): Ancient Coinage of the Iberian Peninsula. Greek, Punic, Iberian, Roman. Les Monedes de l’Edat Antiga a la Península Ibérica, Barcelona: p. 520.
[15] García-Bellido, M.ª P. y Blázquez Cerrato, C. (2002): Diccionario de cecas y pueblos hispánicos con una introducción a la numismática antigua de la península ibérica. Vol. II: catálogo de cecas y pueblos, Madrid: p. 404.
[16] Sáez Bolaño, J. A. y Blanco Villero, J. M. (1996): Las monedas de la Bética romana. Vol. I. Conventus Gaditanus, San Fernando: p. 318.
[17] Amela Valverde, L. (2014): “La emisión denominada “Tipo Sacerdos””, Acta Numismàtica 44: p. 154.
[18] Jordi Páez, F. (2025): “La primera emisión latina de Lascuta y Lacca Mopsi”, Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio, Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules: pp. 32-42.
[19] Cuando el arabista jerezano Miguel Ángel Borrego Soto tuvo noticia de que esta última aportación ponía en entredicho su propuesta de situar Lakka en la Sierra de Gibalbín (véase Borrego Soto, M. Á. (2024): ““Y habiendo llegado al río que se llama ‘Vedelac’…” Lakka y Wādī Lakka: nueva hipótesis de ubicación”, Revista de Historia de Jerez 27: pp. 9-45), rápidamente pretendió dar una lectura distinta en su charla “El río Guadalete en época islámica”. Esta consistía en girar la moneda 180 grados, dejando el elefante bocabajo, confundiendo la última letra con parte de la gráfila, leía arriba SCVT, lo cual, junto con LASCVT, ofrecería una doble alusión latina a Lascuta romana: de ser así, se trataría de un auténtico unicum en la Numismática. Lo que no podíamos imaginar es que aquella ocurrencia, nacida de la premura al ver cómo se tambaleaban los cimientos de su hipótesis, era en realidad un argumento ad hoc para defender una identificación de Lascuta con Monteagudo (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) que identifica con el nombre árabe de Asqūt o Sqūt citada por los cronistas árabes Ibn Jaldún o Ibn Abī Zar’, una supuesta burğ o torre de Muntqūṭ, que fuerza con un hipotético Muntšqūṭ. Esta forma árabe, a su juicio, podría reflejar la adaptación fonética de un topónimo previo Lasqūṭ, resultado de la reinterpretación de la [l] inicial como si del artículo árabe (al-) se tratase, según la asimilación en la transmisión de nombres antiguos al árabe. Esta supuesta Lasqūṭ estaría dentro del alfoz de la Asṭa andalusí, obviando por completo que Lascuta romana dejó de pertenecer al ámbito territorial de esta ciudad tras su liberación a inicios de la conquista romana (véase Borrego Soto, M. Á. (2026): “La ciudad andalusí de Asṭa y su alfoz (Mesas de Asta, Jerez)”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/127 [consulta 09/01/2026]; “Cortijo de Monteagudo (Sanlúcar de Barameda). Ḥiṣn (A)sqūṭ o Ḥiṣn S(a)qūṭ”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/126 [consulta 01/03/2026]; “Releer la conquista del 711. Lakka, Lascuta y el problema del Wādī Lakka”, Hesperia. Culturas del Mediterráneo, Madrid [e.p.]).
[20] Esta lectura fue en un primer momento aceptada por el catedrático de Arqueología por la Universidad de València Pere Pau Ripollès Alegre, quien la hizo rápidamente extensiva en su página web Moneda Ibérica. Sin embargo, sospecho que, tras entrar en contacto con el susodicho arabista, en pocos días el catedrático cambiaba de opinión y aplicaba, casualmente, el mismo modo de lectura que el arabista, dándole la vuelta a la moneda. Así pues, en opinión de Ripollès Alegre, aceptando las dos C retrógradas (que yo mismo fui el primero en identificar dentro de la tradición historiográfica relativa a esta moneda provincial lascutana), lee C·CVTI con V y T nexadas, un nomen que está atestiguado en inscripciones romanas y abajo M·OPSI, que sería su colega. El arabista acepta y menciona, sin enmendar su error, esta nueva hipótesis dada por el catedrático, pero entiendo que esta no se puede sostener por las razones que he explicado supra, las cuales invalidan por completo la aplicación de una lectura alternativa en este tipo de emisiones. La catedrática Emérita de Arqueología por la Universidad de Sevilla Francisca Chaves Tristán, el doctor en Arqueología por la Universidad de Extremadura Francisco Germán Rodríguez Martín, así como el catedrático de Historia Antigua por la Universidad de Sevilla Genaro Chic García, que sitúa la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos, están de acuerdo con mi última lectura, la cual da como resultado la interpretación histórica de un proceso de sinecismo basado en la contributio o contribución.
[21] Villar, F. (2000): Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca: p. 314.
[22] Valerio Flaco, Argonáuticas I, 383-386.
[23] Plinio, Historia Natural III, 24.
[24] Amela Valverde, L. (2012): “Las dos primeras emisiones latinas de la ciudad de Calagvrris”, Kalakorikos 17: pp. 127-146.
[25] Al-Ḥimyarī, Rawḍ: p. 511.
[26] Ibn Sa’īd, Mugrib I: pp. 224-225.
[27] Chic García, G. (1979-80): “Lacca”, Habis 10-11: pp. 255-76.
[28] Santero, J. M. y Perdigones, L. (1975): “Vestigios romanos en Arcos de la Frontera (Cádiz)”, Habis 6: pp. 331-348.







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