Mostrando entradas con la etiqueta Bronce Lascuta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bronce Lascuta. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de noviembre de 2014

Verdades y mentiras en torno al Bronce de Lascuta (y III)




      Emil Hübner en su Colección de Inscripciones latinas fija el hallazgo entre 1866 y 1867 y es aquí donde entra en juego mi teoría. 

     El bronce no apareció en la Mesa del Esparragal, sino en la Parroquia de Alcalá, en las obras de ensanche de las capillas del baptisterio y del Santo Entierro, cuyo terreno fue obtenido en 1863 de parte de la antigua cárcel, al otro lado de la muralla primitiva (10) y que fueron construidas entre 1863 y 1875 (11)

      Precisamente en la documentación del Archivo Parroquial de Alcalá se conserva un libro titulado Cuentas de Fábrica 1827-1909 donde se recogen los gastos e ingresos de la Parroquia en ese periodo, en el que aparece entre los ingresos del segundo semestre de 1866 la entrada de 500 reales “por la mitad del hallazgo qe se encontró en la obra nueva que pertenece a esta Parroquia” 


      ¿Qué objeto apareció por el que alguien pagó 1000 reales? ¿Quién se llevó la otra mitad, los otros 500 reales? Evidentemente tuvo que ser para los albañiles que encontraron el objeto. Para hacernos una idea de la cantidad que se pagó por el objeto encontrado baste decir que en el mismo año y en las mismas cuentas de la Parroquia encontramos unos gastos de reparación en la Iglesia de la Victoria donde consta que mil ladrillos tenían el valor de 120 reales, una fanega de cal para encalar 12 reales o que la asignación anual para mantener dicha Iglesia era de 2000 reales. Es decir, que con lo que se pagó por el objeto hallado, se podía mantener la Iglesia de la Victoria durante medio año.

      Conviene aquí volver a la información recogida por Marcos Ramos Romero, que menciona al párroco Francisco de Paula Castro y Moreno. ¿Qué tiene que ver con todo esto el párroco, fue el vendedor, el intermediario? Intuyo que Marcos Ramos pudo ver alguna documentación relativa en el Archivo Parroquial y por eso lo menciona. Probablemente el cura, al ver que el objeto aparecido no tenía nada que ver con la Iglesia, decidió venderlo, pero facilitó datos erróneos para evitar cualquier complicación y por eso transmitió al comprador la información del hallazgo en un lugar donde sabía que había restos romanos. En el mismo Archivo se conserva documentación sobre los trabajos arqueológicos llevados a cabo en 1800 por el arquitecto Albisu en la ermita de los Santos Nuevos, donde aparecieron los restos de los Santos Mártires y la lápida conservada en la misma Parroquia, en la que puede leerse: “tiene inmediato en otro montecito vestigios manifiestos de población arruinada, pues se descubren hasta paredes manifiestas y cimientos llenos…”. Esta información estaba al alcance de la mano del párroco. 

      Recordemos también que en la década de los 60 del pasado siglo apareció una piedra con inscripción tallada, en las obras de cimentación de una casa en la calle Miguel Tizón, entre el antiguo Ayuntamiento y el muro que daba a la cárcel vieja, justo a escasos metros de las capillas de bautismo y del Santo Entierro. Esta inscripción, que se cree era funeraria, se conserva en el Beaterio y en ella se podía leer: “L. Aemili… Miceni… Ma…” (12)

Inscripción funeraria hallada junta a la Puerta Nueva y conservada en el Beaterio

      De ser cierta mi teoría (alguien podrá argumentar que son meras suposiciones, pero tampoco hay ninguna prueba que demuestre que el bronce fue hallado en la zona de la Mesa del Esparragal, tal como tradicionalmente se argumenta en la versión “oficial”) habría que situar la Torre lascutana mencionada en la inscripción en Alcalá y no en la citada Mesa, como hacen algunos. Aunque en el citado lugar exista una torre, ésta es de construcción medieval con aprovechamiento de materiales romanos existentes. No hay pruebas para relacionar esta torre con la Turris lascutana mencionada en el Bronce, tal como consta en el cartel que se halla, por cierto destrozado y en el suelo, en la misma. Conviene aquí reseñar que el toponímico Lascut significa pedregal o peñascal, por lo que Turris Lascutana sería “castillo de los pedregales”, coincidiendo plenamente con la traducción del toponímico árabe “Alcalá de los Gazules”, puesto que el vocablo gazul en una de sus acepciones significa pedregal o peñascal. Esta coincidencia puede indicarnos que Alcalá de los Gazules sería la heredera de la Turris Lascutana, asentada sobre el gran monte rocoso de la Coracha, donde afloran las rocas, especialmente junto al torreón del Castillo.

El cerro  rocoso de la Coracha visto desde los depósitos romanos de la Fuente de la Salada
   
      Poco a poco van saliendo a la luz más vestigios romanos bajo la actual Alcalá, lo que parece indicar que aquí había establecida una autentica urbe romana y no una simple torre vigía, como algunos sostienen. Baste recordar que en los trabajos de restauración del castillo, aparecieron restos de cimentación romana bajo el mismo, algunas monedas y fragmentos cerámicos del mismo origen y Madoz en 1845 (13) refiere la utilización de restos romanos en la construcción del torreón: “en cuya fachada, que mira al O. en la esquina de la der. se ve una lápida con caracteres romanos, ininteligibles ya por haberse corroído la piedra… en la cara del E. había, según se dice, otras dos lápidas con inscripción”. Según la opinión de Rodríguez Berlanga, la posición del aro que tiene el Bronce indica que debió estar metido en un eje de bronce, acaso clavado a la pared (14)

      A la existencia de estos restos romanos bajo la actual Alcalá, habría que añadirle los restos del puente romano, (¿construirían los romanos un puente de piedra si en lo alto del cerro de la Coracha solo existiera una torre vigía?), los depósitos de la Fuente de la Salada y los cuatro depósitos aparecidos en 2007 en la calle Alonso el Sabio, con capacidad para almacenar 557,12 m3 de agua, lo que sugiere la existencia de una población importante (15).

Cartel en la Torre de la Mesa del Esparragal
      Mientras estudiosos como Hübner, Rodríguez Berlanga, o Heïss no dudaron en relacionar el bronce con Alcalá y por consiguiente con la ciudad mencionada en el mismo, el reconocido numismático Antonio Delgado Hernández (16) dudaba de esta relación, situando Lascuta no muy lejos del Estrecho de Gibraltar y argumentando que el bronce es un objeto pequeño, de fácil traslación y que “al huir los más comprometidos Lascutanos de la ira de sus antiguos señores, se llevaran consigo y aún escondieran el título de su libertad y por consiguiente la circunstancia del lugar de su hallazgo nada prueba”. Añadía además que de las 15 monedas lascutanas descritas por Heiss, tan sólo de las dos de su colección se podría decir que procedían de Alcalá, puesto que de las demás se desconocía la procedencia. 

      ¡Si el bronce era de fácil traslación, cuánto más unas pequeñas monedas! El propio Delgado Hernández reconoce en su obra que Gaillard encontró una moneda de Ascuta en los alrededores de Sevilla y él mismo encontró 12 en la campiña de Jerez y una en Villaluenga del Rosario. Defendía su argumento diciendo que recolectó muchas monedas por todo el distrito de Alcalá y no halló ninguna de Lascut. 

      Este argumento de Delgado Hernández sobre la ausencia de estas monedas en Alcalá se vino abajo un siglo después, pues en 1979 aparecieron varias monedas romanas y una libio-fenicia de Lascut en las excavaciones realizadas el 22 y 23 de septiembre por el Museo de Cádiz en los depósitos romanos de la Fuente de la Salada. (17) 

Moneda de Lascut

       Otra historia es ya discernir si la Turris Lascutana y Lascuta eran la misma población, que con el paso del tiempo tomó el segundo nombre, o si por el contrario, se trataba de dos poblamientos distintos. 

      Lo que sí está claro es que el Bronce de Lascuta, del que se conserva una réplica en el Ayuntamiento alcalaíno y otra en el Museo arqueológico de Jerez, se ha convertido en nuestro auténtico DNI romano que nos legitima como pueblo con una antigüedad al menos de 2203 años, 

-

 

© 2014 Ismael Almagro Montes de Oca. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o uso no autorizado del contenido de este blog sin el consentimiento expreso por escrito del titular.



NOTAS 

Si desea consultar las notas, por favor utilice el FORMULARIO DE CONTACTO

para contactar con el autor del blog.

viernes, 31 de octubre de 2014

Verdades y mentiras en torno al Bronce de Lascuta (II)



     La siguiente incógnita es la del comprador del Bronce, ya que, como hemos visto anteriormente, en unos sitios se le menciona como Lazesky, Lazersky, o Zalesky e incluso en el tomo II de la obra de Antonio Delgado Hernández “Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España” se le denomina Lazescki. Por si fuera poco, tampoco está nada claro ni la profesión ni la nacionalidad del enigmático comprador, como veremos a continuación. 

      Para resolver estas dudas, acudí a las Actas de las reuniones de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras, lugar donde fue presentado el Bronce el 30 de agosto de 1867 (3) y donde se recoge: “M. Ladislas Lazeski communique à l’Academie une tessère en bronze…”. Queda claro aquí el verdadero nombre del comprador, estando equivocadas todas las reseñas que he descrito, tanto de la Revista de Bellas Artes, que lo denomina Zalesky, como los posteriores estudios sobre el mismo en que se le nombra Lazesky o Lazersky. 

       Tampoco hay unanimidad sobre la nacionalidad de Ladislas Lazeski, ya que algunos, caso de Marcos Ramos Romero o Manuel Domínguez Benítez, subrayan su origen belga, mientras otros, como el prestigioso epigrafista, historiador y arqueólogo alemán Emil Hübner y el no menos importante epigrafista y jurista español Manuel Rodríguez Berlanga le otorgan una patria polaca. Incluso otro paisano nuestro, Juan Leiva Sánchez, le atribuye un origen irlandés (4). 

      La profesión de este personaje es otra de las incógnitas o contradicciones, que va unida a la de la patria del comprador del bronce, puesto que se asegura por un lado que era cónsul belga en España y por otro, ingeniero polaco. Tratando de esclarecer esta disyuntiva, hace tiempo contacté con Jan De Clerck, cónsul belga en la localidad gaditana de Rota durante los últimos 38 años, para tratar de averiguar si efectivamente existió un cónsul con ese nombre. Mostrando gran interés por el tema, contactó con el Ministerio de Asuntos Exteriores de su país, recibiendo pasado un tiempo la noticia de no constar ningún cónsul con ese nombre en los Registros disponibles. Sí que existió un cónsul belga en Algeciras entre 1843 y 1856 de nombre Lazare Tessi y me apuntó que tal vez con el tiempo se haya podido malinterpretar el nombre, aspecto este que no me parece probable puesto que tampoco las fechas de su estancia en la zona coinciden con las del hallazgo. 

     Queda por tanto indagar sobre la otra posibilidad, que lo tilda de ingeniero polaco. 

      Es el profesor Emil Hübner quien en 1869 en la obra Hermes (5) informa de que Lazeski era un ingeniero polaco empleado en la construcción de carreteras en España. Hübner debió conocer la información de primera mano, pues estudió el Bronce y ya el mismo año de la presentación del Bronce en París presentó un trabajo relativo al mismo en Alemania (6). Posteriormente, George Edom, en su Tratado de Lengua Latina, publicado en París en 1882, vuelve a incidir en que Lazeski era un ingeniero polaco. 

      Parece bastante claro que nuestro personaje era pues polaco de nacimiento e ingeniero de profesión. 

Hermes de  Emil  Húbner 


       Quizás lo del origen belga pueda explicarse por una tergiversación de muchos de estos datos a lo largo del tiempo en el recuerdo popular, mezclándose términos como ingeniero de caminos o ferrocarriles, belga o Jimena. A ello pudieron contribuir noticias como la aparecida en el periódico El Guadalete, en su edición del 7 de mayo de 1905, donde se recoge:

      “Ferrocarril.- Adelantan mucho los trabajos de campo para hacer el estudio del ferrocarril desde Puerto Real a Chiclana, Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules y Jimena.

     La Compañía belga que ha emprendido el negocio, está haciendo gestiones para ver la subvención que podrá alcanzar del Gobierno y de los Ayuntamientos interesados en que la línea se abra para favorecer a las poblaciones citadas.

      En breve llegará a Cádiz el agente de la Compañía belga.”

      Pero de todas las incógnitas, quizás la más importante desde el punto de vista de la Historia de Alcalá, es saber dónde apareció, para aclarar dónde estaba la Torre Lascutana, puesto que tradicionalmente, en el ámbito local, se dice que apareció en torno a la Mesa de El Esparragal. Pero, ¿qué hay de cierto en estas afirmaciones? 

      Para tratar de aclarar este punto, veamos la nota que se adjuntó con la presentación en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras el 30 de agosto de 1867: 

     “M. Ladislas Lazeski comunica a la academia tiene una plancha de  bronce equipada de su anilla y teniendo una inscripción latina adjuntando la siguiente nota dando a conocer las circunstancias en que se descubrió esta placa. La placa en cuestión fue encontrada en las montañas de Gibraltar, del lado de Jimena (Himena con h aspirada). En las inmediaciones de estas montañas y terreno despejado existe un gran pedazo de tierra salpicado de materiales de construcción, escombros, cornisas estatuas rotas; y en el borde del campo, hace unos años, había una sirena encontrada mutilada en el mismo lugar. Este campo contiene y abarca ruinas muy importantes que prueban la existencia de una gran población que desapareció en los primeros momentos de la dominación de los godos o tal vez la primera invasión de los árabes que han llegado a España a través de Gibraltar y Tarifa; La placa fue encontrada como resultado de pequeñas excavaciones en el campo en cuestión, situado a 6 kil. de Alcala de las Garules. Esta comunicación es recibida con gran interés por la academia, y M. Ladislas Lazeski autoriza cualquier publicación o discusión que puedan aclarar más adelante este texto en su contexto histórico y filológico para más detalles.” (3) 

      Esta es la “versión oficial” del descubrimiento del bronce en nuestro término, escrita por el comprador de la pieza y en la cual nada se dice del lugar exacto del hallazgo. Entonces, ¿de dónde sale la teoría del hallazgo en torno a la Mesa del Esparragal? Vayamos por partes. 

Torre de la Mesa del Esparragal

      En primer lugar habría que situar al ingeniero polaco en Alcalá, y aunque no hay documento que dé fe de ello, no resulta complicado pensar que se hallaba en la zona relacionado con los estudios de una carretera entre Alcalá y Castellar, que fue aprobada en 1863: 

      “La diputación provincial de Cádiz, celosa por el bien de sus administrados y cumpliendo con lo que se dispone en la circular, varias veces citada por nosotros, sobre carreteras provinciales, ha resuelto construir y conservar con fondos de la provincia los siguientes caminos: 

…10. Otro que, partiendo de Algeciras á San Roque, pase por Castellar á terminar en Alcalá de los Gazules, con una distancia de cuatro y media leguas.” (7) 

      Por otra parte,  la nota explicativa  de Lazeski denota un gran desconocimiento de la zona, confundiendo los nombres de las poblaciones. Es muy probable que por su trabajo en los estudios de esta carretera, estuviera en la zona del campo de Gibraltar, de ahí que relacione a Alcalá con las montañas de Gibraltar “del lado de Himena”. Quizás llegara a Alcalá desde Jimena y por eso la incluye en el relato. Cualquier alcalaíno sabe que el terreno entre Alcalá y Jimena es muy abrupto y carece de yacimientos romanos. 

       Coincido plenamente con las reflexiones que Manuel Rodríguez Berlanga hace en 1881 en su libro “Los Bronces de Lascuta, Bonanza y Ajustrel” (1) sobre que la nota está “llena de infinitas inexactitudes, en la que decia que habia sido encontrada en los montes de Gibraltar del lado de la Jimena, localización absurda y más absurda su ridícula afirmación de que el nombre de este último pueblo se escribe Himena, con H aspirada. 

… atestiguando la existencia de una gran población, desaparecida en los primeros momentos de la dominación de los Godos ó quizás de la primera invasión de los Árabes. Termina diciendo que la plancha de bronce fué encontrada haciendo algunas escavaciones en el indicado terreno, situado á seis kilómetros de Alcalá de las Garules. Hasta aquí las noticias dadas por el tal Lazeski, que no merecen mucho crédito por los errores de que está plagada su relación, no solo en los nombres de las localidades, sino en su descripción geográfica.” 

      Rodríguez Berlanga estuvo investigando en la zona pocos años después del hallazgo, con anterioridad a 1881 y resulta sorprendente que nadie conociera ningún dato, tal como escribe en su libro: “Ni en Alcalá de los Gazules ni en Jimena de la Frontera, he podido conseguir noticias de este hallazgo, donde como en el resto de España apenas si se tiene conocimiento de semejante monumento”. 

Reproducción del Bronce en la obra de Rodríguez Berlanga

      Con respecto a la inclusión de Jimena en toda esta historia, resulta curioso el grado de desinformación existente, pues incluso doctores en Derecho llegan a conclusiones disparatadas: 

       “Fue descubierto por el polaco Ladislao Lazeski en 1866 cerca de Jimena de la Frontera…En él se da la libertad y se respetan las posesiones de los servi de Hasta Regia (Alcalá de los Gazules) que vivían en la turris Lascutana (Jimena de la Frontera) por colaborar ese año en la victoriosa campaña contra los lusitanos en Sierra Morena.” (8) 

      Llegados a este punto, creo necesario exponer mi teoría sobre el lugar del hallazgo, pues como hemos visto hasta ahora, no hay ninguna prueba que vincule al bronce con el yacimiento de la Mesa del Esparragal. Tan sólo nos lleva a ese lugar el dato del hallazgo a 6 kilómetros de Alcalá y no hace falta mucho esfuerzo para buscar restos arqueológicos a esa distancia, si encima nos encontramos allí con una torre, palabra mencionada en la inscripción. 

      Sin embargo, cualquier alcalaíno sabe que la Mesa del Esparragal no se halla en los montes de Gibraltar, en dirección a Jimena, sino hacia San José del Valle. Entonces, ¿la información de la nota de Lazeski es falsa? Desde mi punto de vista, sí. No es que Lazeski mintiera, sino que cuando compró el Bronce, recibió una información deliberadamente equivocada para no dar pistas sobre el verdadero lugar del hallazgo. 

       A mí, particularmente, me da la impresión de que Lazeski no conoció el lugar del hallazgo, sino que, hallándose en Alcalá, le hicieron el ofrecimiento de la pieza y la compró. Esto se explicaría por las apreciaciones que da sobre los restos en la zona: “hace unos años, había una sirena encontrada mutilada en el mismo lugar. Este campo contiene y abarca ruinas muy importantes que prueban la existencia de una gran población que desapareció en los primeros momentos de la dominación de los godos o tal vez la primera invasión de los árabes que han llegado a España a través de Gibraltar y Tarifa”. Él mismo, con estas palabras, confirma que está difundiendo una información que le ha sido transmitida, pues no pudo conocer la existencia de la sirena mutilada, desaparecida hace años. Además, no me resisto a pensar que cuando habla de que “En estas montañas hay vestigios de una mina con una escalera tallada en la roca para bajar al pozo, cerca del que se encontraban los restos de un laboratorio y algunos pedazos de crisoles de todas clases” está describiendo nada más y nada menos que el acceso a los depósitos romanos de la Fuente de la Salada, que hasta hace muy pocos años estaban ocultos bajo la tierra. Ramón Corzo Sánchez, que fue quien hizo las primeras prospecciones en 1979 describía así el acceso que él conoció a los depósitos: “el único acceso que se conocía a estas misteriosas cámaras era un agujero excavado parcialmente o ensanchado por aficionados locales tras romper la cubierta, que comunicaba con un estrecho pasillo protegido por grandes losas de piedra como techumbre, que apoyan en dos muros distintos… que dan acceso a las cámaras”. (9) Hoy sabemos que existían unas escaleras para bajar desde la parte superior a los depósitos abovedados, que Lazeski pudo ver rellenos de escombros (tal como las encontró Ramón Corzo). 


NOTAS 

(3) LAZESKI Ladislas. Une tessère en bronze munie de son anneau et portant une inscription latine. In: Comptes rendus des séances de l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, 11e année, 1867. pp. 225-226. 


(5) Hermes 3. Págs. 243-260. 

(6) Gerhards arch. Zeitung. 1867. pag. 131. 

(7) El Clamor Público. Viernes 7 de agosto de 1863 número 910. Segunda época. pág. 2 

(8) MONTERDE GARCÍA, Juan Carlos (Universidad de Extremadura); Terminología jurídico-latina en las fuentes romanas peninsulares. Pág. 56 de Fundamenta Iuris. Terminología, principios e interpretación. 2012. 

(9) CORZO SANCHEZ Ramón; La Fuente de la Salada. Apuntes Históricos 1982. Ayto. Alcalá de los Gazules.


viernes, 24 de octubre de 2014

Verdades y mentiras en torno al Bronce de Lascuta (I)


Ismael Almagro Montes de Oca 


       El Bronce de Lascuta es el objeto arqueológico más importante aparecido dentro del término de Alcalá, pues está considerado como la primera inscripción romana de España, escrita aún en latín arcaico. Sin embargo, al intentar conocer mejor su origen, he podido comprobar que existen en torno al mismo muchas incógnitas sin resolver, datos contradictorios, tales como la fecha de su descubrimiento, descubridor, comprador y, especialmente, su lugar de aparición, convirtiendo al Bronce en un auténtico Expediente X alcalaíno, del que sólo se sabe a ciencia cierta que se conserva en el Museo del Louvre de París y sobre el que intentaré arrojar algo de luz. 

      Antes de nada, empecemos por conocer el contenido del Bronce y su transcripción: 

L(UCIUS) AIMILIUS, L(UCI) F(ILIUS) IMPERATOR DECREIVIT 
UTEI QUEI HASTENSIUM SERVEI 
IN TURRI LASCUTANA HABITARENT 
LEIBEREI ESSENT AGRUM OPPIDUMQU 
QUOD EA TEMPESTATE POSEDISENT 
ITEM POSSIDERE HABEREQUE 
IOVSIT DUM POPLUS SENATUSQUE 
ROMANUS VELLET ACT IN CASTREIS 
A D XII K FEBR 

      “El gobernador Lucio Emilio, hijo de Lucio, ha decretado que los esclavos de los hastenses que habitaran en la Torre Lascutana fuesen libres, y mandó que el campo y la ciudad que poseyeran en aquel momento, los siguieran poseyendo y disfrutando, fuera voluntad del pueblo y del el senado romano. 

     Dado en los Campamentos a 12 días de las calendas de Febrero” 


      El epigrafista y jurista español Manuel Rodríguez Berlanga, publicó un estudio sobre el Bronce en 1881 (1), llegando a una serie de conclusiones, que recojo aquí por su claridad y porque nos pueden ayudar a ubicar adecuadamente el objeto y su texto: 

“1º - Que entre Jerez y Bonanza, donde hoy existe el Villar de la Mesa de Asta, hubo en lo antiguo un pueblo, que en 189 antes de Jesucristo, denominábase Asta y era regido por un régulo ibero. 

2º - Que de dicho pueblo dependía el Castillo de Lascuta, situado en las cercanías de Alcalá de los Gazules, cuyos moradores eran vasallos de los Astenses. 

3º - Que los castellanos de Lascuta vivian en una ciudad, poseían y cultivaban unas tierras, inmediatas sin duda a dicha fortaleza, cuyo dominio directo era de los Astenses. 

4º - Que en 188 antes de Jesucristo, los Astenses en unión con los Lusitanos se alzaron contra la dominación de Roma y a fines de dicho año, o acaso al comenzar el siguiente, fueron batidos en las inmediaciones de la misma ciudad de Asta por el Proconsul Lucio Emilio Paulo. 

5º - Que dicho Proconsul con motivo de tal victoria, fue proclamado imperator por sus soldados, habiendo entregado el mando al que debía sucederle, poco después del 19 de Enero del 189 antes de Jesucristo. 

6º - Que los Lascutanos, separándose de los Astenses, prestaron su concurso a Lucio Emilio, quien en cambio, después de la derrota de estos, declaró a aquellos emancipados de la servidumbre, que sobre ellos pesaba. 

7º - Que a la vez de librar el aludido Proconsul a los Lascutanos del yugo de los de Asta, les confirió la posesión y tenencias de la ciudad y de las tierras que rodeaban el Castillo de Lascuta, con absoluta independencia de sus antiguos Señores, pero transformándolos, a lo que se comprende, en estipendiarios de Roma. 

8º - Que el decreto en virtud del cual se hicieron tales concesiones, fechado en el Campamento romano a 19 de Enero, quedó sometido, en punto a la posesión de la ciudad y de las tierras lascutanas, a la voluntad soberana del Pueblo y del Senado de la República.” 

       Muy poco se ha escrito hasta ahora sobre este objeto en la Historiografía local, si exceptuamos lo recogido por Marcos Ramos Romero en su libro sobre Alcalá (1983): 

      “En 1867 es adquirido por L. Lazesky, cónsul belga en España, un bronce que luego pasaría al Museo del Louvre, a unos carboneros que ya antes lo habían enseñado al párroco don Francisco de Paula Castro y Moreno; es el llamado desde entonces <<bronce de Lascuta>>. Había sido hallado en el término de Alcalá, hacia el N.E. <<cerca de la ciudad>>, en las inmediaciones del pueblo y <<en el mismo paraje donde en 1908 se encuentran muchos objetos romanos que desgraciadamente desaparecieron>> (Romero de Torres, Catálogo p. 175), sin que podamos fijar con exactitud el sitio aunque sí el terreno que está entre la actual carretera del Valle y el camino que busca la Boca de la Foz, a unos seis kilómetros de Alcalá” 

      Desgraciadamente Ramos Romero no cita ninguna fuente donde poder corroborar todos estos datos y sólo menciona la fecha en que el objeto fue comprado. 

     Por su parte, Jaime Guerra Martínez y Gabriel Almagro Montes de Oca en el cuaderno nº 2 de Temas Alcalaínos (1984) se centran en el contenido del Bronce pero nada recogen sobre su descubrimiento. 

     Más recientemente, en 2012, Manuel Domínguez Benítez en un artículo sobre esta pieza aparecido en la Revista de Apuntes Históricos y de nuestro Patrimonio comenta: 

      “En cuanto a las circunstancias de su hallazgo, esta pequeña placa de bronce, cuya copia puede contemplarse en el salón de plenos del Ayuntamiento, fue encontrada por casualidad a mediados del siglo XIX por unos carboneros en un paraje conocido como La Magaña en las inmediaciones del Puerto la Pará, en la carretera de Alcalá a San José del Valle…En el acarreo de grandes cantidades de tierra, podía aparecer algún resto arqueológico, como es el caso de esta placa de bronce, cuyos descubridores ignoraron la importancia de su hallazgo y fue adquirida por el cónsul belga en España L. Lazersky, y luego fue a parar al Museo del Louvre, en París, en 1868, donde se encuentra en la actualidad” 

     Tampoco aquí se citan las fuentes de estas aseveraciones, omitiendo la fecha del hallazgo y presupongo que sigue a Marcos Ramos Romero en la información de los carboneros. 

     Si acudimos a Internet, la cosa se complica aún más, puesto que en páginas de carácter oficial, como pueden ser la del Ayuntamiento alcalaíno o de la Diputación provincial, se pasa de puntillas sobre el tema y tan sólo se recoge que el bronce fue hallado en la Mesa del Esparragal. Sin embargo, resulta curioso la cantidad de páginas y blogs donde se menciona que fue hallado en 1840, (2) donde en ninguno de los cuales se menciona el origen de la información, lo que contribuye a una mayor confusión si cabe sobre el objeto en cuestión. 

Torre de la Mesa del Esparragal

      Ante este panorama de incertidumbre, decidí seguir el rastro del único dato contrastado, su ubicación actual. En su día me puse en contacto con Corinne Jouys Barbelinel, encargada de Estudios documentales del Museo del Louvre, quien, tras consultar los archivos del museo parisino, me informó que la única información que poseen es que fue descubierto en Alcalá de los Gazules, adquirido por dicho museo en 1868 a Ladislas Lazeski, quien la había presentado a la Academia de las Inscripciones y Bellas Letras el 30 de Agosto de 1867. De la fecha de 1840 no tiene ninguna referencia. 

      Resulta curioso que terminara su email solicitando cualquier información que le pudiera remitir sobre el Bronce, hecho éste que menciono para que sirva de idea sobre el gran desconocimiento que existe sobre el Bronce de Lascuta. 

     Con estos datos rastreé las hemerotecas hasta dar con una noticia aparecida en el número 60 de la “Revista de Bellas Artes e Histórico-Arqueológica” el 8 de diciembre de 1867 en la que se recoge: 

“DESCUBRIMIENTO DE UNA TESSERA EN EL CAMPO DE GIBRALTAR. 

      M. Ladislao Zaleski ha hecho donación a la Academia de Inscripciones de Paris, de una téssera en bronce, la cual ha sido encontrada en los montes de Jimena, en unas excavaciones verificadas a unos seis kilómetros de Alcalá de los Gazules. El donador ha acompañado la téssera con la siguiente nota: 

<<En las inmediaciones de las dichas montañas, y en tierras de labor, existe un terreno todo lleno de materiales de construcción, restos de cornisas, estátuas rotas, y en los limites extremos de ese campo hace algunos años había una estátua mutilada, representando una sirena. Estos restos atestiguan la existencia de una gran población, que ha desaparecido en los primeros tiempos de la dominación goda, o quizás cuando la primera invasión de los árabes. >> 

     La inscripción parece referirse al año 70 antes de la era cristiana” 

     Parece claro que debemos descartar 1840 como fecha del hallazgo, ignorando por qué surge en toda esta historia. 

Vistas de la Mesa del Esparragal desde la Torre,
 lugar al que supuestamente se refiere la nota de Lazesky

    

NOTAS 

(1) RODIGUEZ BERLANGA, Manuel; “Los Bronces de Lascuta, Bonanza y Ajustrel”. Málaga 1881, pags. 493 y ss. 

(2) Empezando por páginas de recopilación de información, como pueden ser Wikipedia o Cadiznet, donde siempre hay que coger con alfileres la información, por no estar contrastadas la mayoría de las veces: 


Pasando por webs o enlaces de cierta especialización en la materia, como pueden ser: 


O en otros (casi siempre de senderismo y afines), donde se hace muy difícil conocer el origen de la información: