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sábado, 12 de diciembre de 2015

Memoria de Puelles y Espinosa sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (y V)



n. Industrias o trabajos a que se dedican los habitantes en las regiones en que reina el paludismo: Medios de que se valen para desembarazarse de los residuos industriales

       En este término, no hay otra industria que la agrícola. Dos fábricas de ladrillos, una alfarería, dos fábricas de cal, una de tapones y algunos molinos harineros y aceiteros, no constituyen más que la excepción. Por lo tanto, la generalidad de sus habitantes son ganaderos, jornaleros dedicados a la ara, siembra, escarda, siega y acarreo de mieses, carboneros, yeseros, picapedreros y operarios para los suelos y descorche de los alcornoques. En su consecuencia, hay pocos residuos industriales, y estos pocos quedan, por lo general, sin aprovechamiento, ni ulterior destino, en las inmediaciones de donde se crean; pues los estiércoles no se aprovechan más que como abono, en algún que otro huerto, constituyendo extensos muladares en las afueras de la población, que el Municipio se cuida de quemarlos en las proximidades del estío, y el alpechín de los molinos de aceite corre libremente por arroyos artificiales o naturales, sin que conste cause malignidad o perturbación a la salud pública.




o. Área a que alcanza la acción del paludismo

       El área a que alcanza el paludismo, puede decirse que es a casi todo el término municipal, excepto las altas mesetas de la sierra de la Algibe y sus derivaciones, y la mayor parte del casco de la población; pues el cruce de tantas gargantas, arroyos y ríos, de aguas discontinuas casi todos, forman una red palúdica, de la que difícilmente se sustraen algunos moradores afortunados que tienen sus viviendas algo distantes de los focos.

       El pueblo goza de inmunidad, excepción de los edificios que en el Cerro de la Coracha miran al Barbate, observándose constantemente que la segunda fila de casas, o sea la acera opuesta de las calles Villa-Arriba o Alonso el Sabio, Cruz del Manchego y Gloria quedan exentos de este tributo del estío. Favorece al pueblo, tener su situación en una hondonada o valle, entre el monte de la Coracha y el de Larios; y como éste es mucho más alto que aquél, que es donde se asienta la ciudad, y como tampoco el susodicho Larios tiene lagunas ni charcas, y el Levante sopla alejando las emanaciones del Barbate, de ahí la inmunidad.


p. Manifestaciones morbosas del paludismo; formas leves, graves y perniciosas. Si se presentan con carácter permanente o estacional. Si adoptan carácter endémico o epidémico

       Se presenta el paludismo en todas sus manifestaciones, desde la simple cotidiana hasta la cuartana y quintana; desde la terciana sencilla hasta la cuartana doble; desde la forma benigna y dócil al tratamiento, hasta rebelde y caquéctica; malignas, larvada, perniciosa; ya de forma convulsiva, ya neurálgicas o coleriformes, etc.; y la proporción entre ellas es la siguiente: un 60 por 100 de formas leves, cotidianas; 30 por 100 tercianas, simples y dobles; y en un 10 por 100, cuartanas. Por su gravedad y rebeldía: 90 por 100 benignas, 8 por 100, rebeldes, y 2 por 100, perniciosas en sus diferentes fases.

       Se presentan con carácter estacional durante el verano y otoño, y con gran tendencia a recaídas y recidivas; y adoptan el carácter endémico, sin que se haya visto nunca la propagación de individuo a individuo, a expresar de existir en los domicilios el mosquito inoculador, que según algunos higienistas modernos, es un tenaz propagandista. Se ven en las casas atacados del paludismo, aquellos que lo han contraído en el campo, y en cambio su familia y asistentes han quedado siempre inmunes.

q. Efectos del paludismo en los animales domésticos y en la riqueza agrícola

      Los efectos del paludismo en los animales, son completamente nulos, a juicio de esta Junta de Sanidad; pues jamás se han observado fiebres intermitentes en los ganados, ni en las aves domésticas, ni en los perros y gatos. A orillas de las charcas palúdicas, tienen sus sestiles, los rebaños; y sobre la grama, adelfa y taraje que estuvieron cubiertos de agua y limo, descansan a la sombra de la zarzamora, el parrón silvestre, la zarzaparrilla y el fresno, en lo más ardoroso de la estación estival, el toro y la oveja, las yeguas y el lechón, después de beber y bañarse en las aguas estancadas. Lo único que se ha observado es que los ganados bobino y lanar que en aguas encharcadas, donde antes se han lavado los cerdos, es que enferman de bazera, catarros ganados bobino y lanar que en aguas encharcadas, donde antes se han lavado los cerdos, es que enferman de bazera, catarros intestinales y afecciones de carácter inflamatorio y aun séptico.

       Desde este punto de vista, y por los efectos que produce el paludismo en los jornaleros y campesinos que forman la mayor parte del vecindario, influyen en la riqueza agrícola, haciendo durante la siega, principalmente, escasear los brazos, entorpeciendo las faenas de manera tal, a veces, que da lugar a que los huracanados Levantes, o las aguas tardías, dispersen o pudran las mieses.

r. Censo de población durante la última década de los Ayuntamientos donde reine el paludismo. Enfermedades más comunes

      El censo de 1897 dio una población de 9.972 habitantes, que fue declarado nulo de Real Orden entre los de otros Ayuntamientos.

      Los padrones arrojan los siguientes datos:


      En la época de la siega se aumenta la población con más de 300 segadores de las provincias de Málaga y Granada, por no ser bastantes los brazos de la localidad, y que dan mayor contingente al paludismo.

       Las enfermedades más generales, son: en primer lugar, el paludismo, por lo que respecta a las agudas. Síguele, después, las pneumonías y demás enfermedades del aparato respiratorio; las diarreas y catarros gastro-intestinales, las eruptivas y tíficas, coqueluche y difteria. Las contagiosas no son permanentes, viéndose algunos años libre de todas ellas. No es infrecuente el carbunco y pústula maligna, bien por una mal entendida codicia al aprovechar los despojos de animales carbuncosos, bien por el poco cuidado en la cremación o enterramiento poco profundo de las reses infestadas, que transmiten sus gérmenes letales, a veces, a largas distancias por las moscas carnarias y demás insectos alados propagadores de estos virus.

       En las crónicas, causan no pocas victimas la tisis pulmonar, que dicho sea en obsequio a la verdad, ataca a palúdicos y no palúdicos, pero quizás aun más a los primeros, que anémicos y debilitados, están más expuestos a estas contingencias, contra la opinión de algunos sabios higienistas, que entienden existe antinomia; y las afecciones cardíacas, que van tomando cada vez más, carta de naturaleza, sin duda alguna, por las pasiones deprimentes que traen consigo la irreligiosidad y la miseria, que aumentan a medida que una y otra avanzan a pasos de gigantes, por la difusión de doctrinas y principios desconsoladores, y la carestía y exageración de impuestos de la vida moderna, que van haciendo imposible la existencia de las clases medias y desheredadas.

       No se ha conocido jamás, que se sepa, la lepra, la pelagra y la triquinosis.

s. Higiene de las poblaciones en que existe el paludismo. Medios que se han empleado por las autoridades y particulares para combatirlo, y resultados obtenidos

       La higiene en esta población, no es la mejor, toda vez que con un vecindario algo crecido, carece de alcantarillado en la mayoría de sus calles; estas son angostas y tortuosas; las plazas pocas y pequeñas; las casas por lo regular, bajas de techo, pequeñas, las más sin patio, con gran parte de sus habitaciones bajo tierra, y hacinados vecinos y animales, no siendo fácil gran mejoramiento, como no fuere desavecindando a la mitad o más de sus moradores, pues situado el pueblo entre dos cerros de agria pendiente que lo limitan de Norte a Sur, tropieza por Este y Oeste con barrancos y precipicios. Se edificó Alcalá de los Gazules durante la dominación Fenicia; y este pueblo invasor, buscó la situación estratégica, que agradó más tarde a cartagineses, romanos, godos, árabes y castellanos de la Edad Media. Esta cualidad estratégica, la perdió al descubrimiento y aplicación de la pólvora, cuando ya descolgado de la entonces casi inexpugnable meseta de la Coracha, ocupaba los flancos del Valle que bañaba el perezoso arroyo de Lermas.

       Esta falta de aire, de luz y de higiene, influyen bastante en la producción e incremento de las afecciones infecciosas y contagiosas, principalmente tifoidea y difteria, haciendo estragos el cólera, como ocurrió el año de 1854 en los barrios bajos, pero jamás el paludismo. Solamente aquellas casas que colocadas en primera fila, sobre la cresta de la Coracha, que miran al Barbate, pagan el tributo a la malaria, y forman un valladar salutífero o preservador a todo el pueblo; por lo que fue sensible que los Franceses acaudillados por Lautour-Mauburg, volaran las murallas de San José a San Vicente, que si bien eran débiles para los proyectiles de las modernas balística, resultaban inexpugnables avanzadas para detener el efluvio malárico.

       Las autoridades han empleado para combatir el paludismo, la quema de los muladares a fines de primavera, las inspecciones domiciliarias para cumplir la prohibición de los cerdos y algún alcantarillado.

       Los particulares, bien por ignorancia, bien por indolencia, poco o nada hacen en este sentido; algún que otro eucalipto, plantado más con fin productivo o estético, y algunos pequeños desagües o vertederos, persiguiendo más el ideal de comodidad que de más con fin productivo o estético, y algunos pequeños desagües o vertederos, persiguiendo más el ideal de comodidad que de higiene.

       El Estado ha hecho algunas plantaciones de eucaliptos en los parajes en que la carretera cruza o bordea al Barbate; y a esto se reduce todo lo que se ha hecho sobre el particular, mereciendo solamente una mención especial, la traída de aguas de los Regajales, realizada por Don Pedro Montes de Oca y Atienza el año 1877, por tubería de hierro; por lo que habiendo en las casas grifos sin contador y en abundancia y barata, se lava a domicilio, y se sustraen centenares de infelices lavanderas del paludismo, no yendo a las riberas del Patrite o a los estanques naturales del término, como antes ocurría y aun viene verificándose, aunque por fortuna en menor escala, por la causa susodicha.




t. Procedimientos que se consideran más adecuados para sanear los terrenos pantanosos, según la naturaleza y condiciones de estos terrenos en cada localidad

      En las lagunas, donde se crían las juncias, cañas y castañuelas, así como en las albinas, sería conveniente el macizarlas, porque son pequeñas; cañear, las que tengan en las proximidades, terrenos declives, o hacer buenas plantaciones de pinos y eucaliptos, que con sus raíces, absorban la humedad, y circunvalando las superficies, forman un muro de follaje, que evite la propagación de las emanaciones.

En los charcos de los ríos se pueden regularizar los declives de sus lechos, rebajando en unos sitios y rellenando en otros con calizas, guijarros y sílice, sin olvidar que en algunas charcas profundas que tienen aplicación insustituible para los ganados, se puede por medio de una buena policía rural, limpiarlas de los depósitos vegetales flotantes, y arrancar las raíces y zarzas de las orillas, o bien desecarlas, procurando abrir los pozos y cisternas, cubiertos y vigilados, para responder en el sitio a las necesidades de los animales.

       En Pagana, convendría darle más anchura y profundidad al cauce del Barbate, para que las corrientes sean más rápidas, y no ocurra los desbordamientos invernales, cuyas aguas se estancan en las vegas, pudren los sembrados y siembran la desolación con las fiebres que originan; o bien canalizar al mismo río, para que derivando las corrientes, se evite su salida e inundaciones.

       Las tierras de Pagana requieren un bien sistema de caños secos, pues el drenaje en ellas, a más de hacer riquísimas tierras las hoy muy «ventureras» en sus cosechas, salvarían el riesgo del paludismo.

u. Época más favorable para proceder a los ensayos de saneamiento, ya por medio de plantaciones y cultivos apropiados, desagües, encauzamiento de ríos o arroyos, u otros medios análogos o distintos

       La época más favorable, a no dudarlo, es la que comprende los meses de Octubre y Noviembre, pues siendo escasa o nula la producción del paludismo, ni son intensas las lluvias, ni dan éstas gran contingente a los arroyos y ríos, por lo cual son fáciles las operaciones todas y también es tiempo adecuado para muchas plantaciones.

v. Mapa de los terrenos palúdicos comprensivo de una provincia, partido judicial o zona de alguna extensión.

      Convendría hacerlo del pago de Pagana, pero carecemos de personal técnico y recursos para que se hiciera minucioso y completo.

w. Y además cuantos particulares se consideren necesarios o convenientes para que la Real Academia de Medicina de Madrid, pueda dar cumplimiento en todas sus partes a la Ley de 30 de Enero de 1900, y determinar, como en el artículo 1º de dicha Ley se preceptúa, las fuentes del paludismo en España, los daños que causa y los remedios apropiados para combatirlo.

      Cree la Junta Local de Sanidad de esta ciudad, haber contestado suficientemente a todas las preguntas del Cuestionario, si bien con las limitaciones que le imponen su insuficiencia de conocimientos y sus escasos medios, para completar el estudio; más cree muy del caso recomendar la conveniencia de sujetar las edificaciones en el campo a la inspección y aprobación técnica de las Juntas de Sanidad, pues de seguir el orden o manera establecido de amplia libertad al construir, se da el caso que en vez de seguir los preceptos de la higiene, se mira más a la utilidad, hasta el punto que hay numerosísimos caseríos en las riberas de los ríos, con sus puertas y ventanas mirando a ellos, bajos de techo, lindando con zahurdas y estercoleros, sin caños o vertederos que desagüen a la larga distancia; y en lugar de favorecer en primer término la salubridad, luego la seguridad y después la comodidad, la utilidad, la estética y la economía, siguen, por lo general en esta gradación; economía, utilidad, comodidad, seguridad, belleza y en último término salubridad.

      También sería muy conveniente que se ejerciera una inspección grande sobre la quina y sus preparados; pues efecto de su difusión, hasta el punto de que por fortuna no hay cortijo ni aun choza en donde no tengan quinina, en cualquier establecimiento la venden y hasta los buhoneros y recoberos la expenden de caserío en caserío; y todo lo que ha ganado en baratura, lo ha perdido en eficacia; por lo cual interesa perseguir el fraude, favorecer el debido monopolio en las farmacias y cumplir mejor con el sagrado deber de vigilar por la salud pública, seriamente amenazada con la sofisticación, que crece cada vez más, al compás de la tolerancia o de la indiferencia.

      Este mal que la autoridad local procurará corregir en lo que alcancen sus fuerzas y atribuciones, reconoce una causa más honda; y es la facilidad con que en las droguerías se expende la quinina en grandes proporciones, sin que el comprador sea perito o conocedora del artículo que adquiere, sacrificando a la utilidad y provecho de unos pocos, el bienestar y la salud de los más.



sábado, 21 de noviembre de 2015

Memoria de Puelles y Espinosa sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (IV)



f. Vegetales u otras materias orgánicas contenidas en los lugares pantanosos y en sus aguas, y condiciones de estas materias

      Las principales materias orgánicas que se descomponen en los ríos y charcas, consisten en hojas de distintos árboles, principalmente alcornoques, quejigos, álamos, sauces, acebuches, alisos y fresnos; troncos y raíces de estos, tarajes, zarzas, adelfas, carrascas y lentiscos; yerbas tan varias como diversas son las tierras del término, desde la acedera, helechos, llanten, caña arenaria y zarza mora de los terrenos altos, en lo general silíceos, hasta la lechuga virosa, la achicoria silvestre, la zulla, los cardos y los eneldos, de los arcillosos; sin que falten tampoco, la pimpinela, trébol y amapolas, de los calcáreos.

      Como consecuencia de esta amalgama de hojas, troncos y raíces, difícil es precisar cuáles son las materias orgánicas vegetales que constituyen la causa eficiente del paludismo, ni tan poco siendo todas consideradas como procreadoras o germinativas, cuál de ellas tiene esta facultad en grado más eminente; si bien nos inclinamos a creer que son más aptas para la producción de la malaria, los vegetales de la zona arcillosa, bien porque por lo general son plantas menos leñosas y más fáciles de entrar en putrefacción por ello mismo, o bien porque en este término, los terrenos más bajo son los menos favorecidos por manantiales que remueven el depósito de limo, más impermeables y sobre todo los mejores receptores de los detritus orgánicos de las tierras altas, que todas vienen acrecentando en estos parajes, el caudal de restos vegetales en descomposición. A los residuos de estos, hay que agregar los animales, no solo procedentes de los despojos de ellos, cuando mueren, sino que de continuo beben y se bañan en las aguas encharcadas. Es de notar la capa amarillo-verdosa que sobre la superficie de las aguas estancadas de los ríos se forman, por numerosas criptógamas y plantas parásitas que se entrelazan las ramas y raíces, formando una costra flotante poblada de mosquitos, que exhala un olor penetrante «sui géneris», que se hace intensísimo en las horas crepusculares.


g. Terrenos de cultivo abandonado. Su naturaleza y profundidad de la capa vegetal. Si hay terrenos húmedos, cubiertos por capas secas

      Hay, efectivamente, terrenos de cultivo abandonados, pues en 1855 se concedieron pedazos de tierra, con los nombres de suertes y rozas, que fueron roturadas con éxito asombroso para el cultivo en los primeros años mientras el «humus» o mantillo se conservaba en el suelo; pero como los terrenos concedidos eran en su mayoría pendientes, bien pronto los arrastres de las aguas convirtieron en eriales los desmontes, sin que un buen sistema de abono y bancales hubiese contenido el aniquilamiento, porque la ignorancia, la rutina y el coste del transporte de los estiércoles y sustancias minerales, se opusieron y se oponen a transformar artificialmente el suelo esquilmado. De ahí el abandono de las labores esperando en la lenta reproducción natural, la creación espontanea vegetal, que haga algún día, adecuadas a aquellas superficies, al fin ganadero, que en mal hora se abandonó por roturaciones arbitrarias y no sujetas a principio alguno de la ciencia agrícola. Llegó el día en que no se le ocultaba a algunos propietarios el inconveniente de seguir laboreando las rozas y suertes, toda vez que ellas, con sus calvicies vegetales y asomando el subsuelo calizo, yesoso o pedregoso, bien claro daban a entender el error padecido, con su pronta esterilidad; pero como estas parcelas estaban concedidas a censo enfitéutico y por lo tanto con la obligación de sembrarlas, bajo penas de caer en comiso, revertiendo a su pleno dominio el Municipio sus concesiones, era precios seguirlas labrando, aunque cada año fuesen mayores los daños para la tierra, y menores los rendimientos para el cultivador o censatario. Por fortuna, la redención de los censos, que merced a las facilidades que el Estado concede, se van generalizando, concluirán con este peligro; porque redimidos los gravámenes el dueño útil pasa a ser directo y consolidando la plenitud del dominio, pueda dejar sus terrenos, eriales, para que los agentes naturales, con su lenta e incesante labor, revistan de plantas, arbustos y árboles, tierras que fueron esplendidas y exuberantes de vegetación, y hoy son yermos y calveros.

      El terreno en las rozas es por lo general silíceo, calcáreo, silíceo-calcáreo y algunas veces silíceo-arcilloso; en las suertes, por lo general es arcilloso o arcilloso-arenoso. En las rozas, que se han descuajado o roturado, no queda capa vegetal alguna, porque situadas en pendientes de 40 y hasta 45 grados, el mantillo ha bajado a los arroyos, y de estos por los ríos, han ido a enriquecer las vegas, en donde ocurren inundaciones, o a perderse estérilmente en el mar.

       La capa vegetal de las suerte es también muy escasa, toda vez que se siembra cada dos años de gramíneas, que son plantas agostadoras, y en el año de descanso se deja de cría o sea a la producción espontánea de pastos o yerbas para los ganados; y alguna vez se utilizan para leguminosas, que constituyen un barbecho; porque sabido es que estas plantas, principalmente las habas, son reparadoras, devolviendo al suelo por sus raíces parte de aquellos elementos que el trigo, la cebada o el alpiste se llevaron en el año anterior; pero como no hay más abono que el excremento que los animales dejan a su paso en el año de manchón y como las cosechas de gramíneas se repiten a menudo, ocurre que la tierra carece del «humus», porque apenas creado es absorbido por los gérmenes que se siembran sin tregua ni descanso. Esto, que produce males irreparables a la agricultura ha disminuido algún tanto la perniciosidad y extensión del paludismo.

       Hay terrenos húmedos cubiertos por capas secas, que se llaman vulgarmente sequeros, propios para toda clase de cultivos, y que se encuentran por lo general en el pago de Pagana, en donde ocurren casi todos los años, inundaciones o desbordamientos del Barbate, cuyas aguas se estancan en el subsuelo pedregoso, refrescando las plantaciones, pero a veces con la constante repetición y la falta de drenaje de la superficie, se estancan y cubren el suelo, pudriendo los sembrados y originando el paludismo, en grande escala.


h. Longitud, latitud y altitud de los lugares pantanosos: Temperatura máxima, mínima y media anuales y de cada estación: Vientos reinantes: Humedad, días de lluvias y cantidad de agua llovida: Estudio químico y bacteriológico del aire

      La longitud, latitud y profundidad de las lagunas, charcas y albinas oscilan por regla general entre dos a veinte metros de longitud, de dos a diez metros de latitud, y de cincuenta centímetros a cuatro metros de profundidad.

        No se tienen hechas observaciones termométricas regulares y completas; pero se puede decir que en primavera y otoño, la temperatura máxima es de 28 grados y la mínima de 2 sobre cero centígrado; la media será pues, de 14 grados; en verano la máxima es 38 grados, la mínima 14, y la media 26; en invierno la máxima 20 grados, la mínima 2 bajo cero y la media 10 grados; y la máxima anual será 38 grados, la mínima 2 bajo cero y la media 18 centígrados.

       Los vientos reinantes son principalmente el Este o Levante, que reina casi todo el año, especialmente en primavera y verano, la más de las veces con carácter huracanado o de ciclón, hasta el punto que se puede orientar el pasajero extraviado en el término con solo fijarse, aun en tiempo sereno o de vientos contrarios, en la inclinación de los troncos y copas de los árboles y arbustos.

       Síguele en frecuencia el Norte, durante el invierno, final de otoño y comienzo de primavera. El Levante influye algo en el paludismo, transportando miasmas, pero en general es sano, pues circula de las montañas a la campiña, y actúa de policía sanitaria en la localidad, por distanciar los efluvios del Barbate, aunque en los campos del Oeste de los ríos sea vehículo de los gérmenes de la malaria. No sabemos que el Levante influya en la producción de otras enfermedades, pues procedente de África, circulando templado y agradable en el verano, cuando no es muy fuerte. Por desgracia, casi siempre es ciclónico y a parte de destruir las cosechas y arrancar los frutos de los arboles producen insomnios, cefalalgias y tal quebrantamiento general que contribuye, aún más que el calor, a la pereza, al mal humor y al desaliento. Se ha observado que influye en la agravación de las enfermedades crónicas.

       El Norte es muy frio y húmedo, helado por los ventisqueros y neveras de la Sierra de San Cristóbal (Grazalema) y Ronda; y origina pulmonías y afecciones catarrales del aparato respiratorio, pero no influye en el paludismo.

       Los terrenos del término son algo ávidos de humedad, con tendencias a retenerla en el Sur-Oeste (campiña, pago de Pagana y otros), saturándose fácilmente los buhedos y tierras bajas, que son precisamente las más laborables, perjudicando las cosechas en años lluviosos y causando infecciones maláricas extensas. Los días favorecidos por las lluvias oscilan de 80 a 100, siendo frecuentes en invierno y primavera, pocos en otoño y ninguno en verano.

       No se han hecho observaciones pluviométricas, por lo cual no puede apreciarse la cantidad de agua llovida. Tampoco se pueden practicar los estudios químicos y bacteriológicos al aire por falta de aparatos y laboratorio.


j. Estaciones o épocas del año en que se manifiestan los efectos del paludismo

        Las estaciones o épocas del año más adecuadas son el verano y los primeros meses de otoño, o sea el período comprendido desde Junio a Noviembre, salvo algunas primaveras u otoños secos, en cuyos casos se anticipan o retrasan las invasiones. En cambio no se padece la malaria en invierno, excepción de recaídas de los invadidos en estaciones anteriores.

m. Si se han observado manifestaciones palúdicas, como consecuencia de remociones de terrenos, desmontes, terraplenes o nuevas edificaciones

       Se han observado manifestaciones palúdicas en la remociones de terrenos que han pasado de incultos, a laboreo; en los trabajos de descuaje o arrancamientos de cepas o raíces realizadas para el carboneo; y finalmente en los movimientos de tierra verificado al construir las carreteras; de modo que evidentemente, no solo deben estar los gérmenes en la superficie de la tierra y de las aguas, sino que en las segundas y ulteriores capas de la corteza terrestre.


viernes, 23 de octubre de 2015

Memoria de Puelles y Espinosa sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (III)




      El documento que reproducimos como apéndice documental no solo nos permite conocer la afectación palúdica en Alcalá de los Gazules a inicios del siglo XX, sino que describe de forma pormenorizada el estado higiénicosanitario, características socioeconómicas, así como la realidad rural de esta población. Pese a que no se haya localizado ninguna otra memoria respondiendo al citado cuestionario creemos que debieron realizarse, su hallazgo y análisis pueden aportar información de gran valor para comprender la historia de las localidades para las cuales se redactaron.

Apéndice documental

Informe que a fines del siglo XIX emitió la Junta de Sanidad de Alcalá de los Gazules sobre un cuestionario que dio la Superioridad para la extinción del paludismo, y el cual fue escrito por el autor de este libro.

a. Lugares pantanosos que existen en cada Distrito municipal, con expresión de su superficie y profundidad

      En Alcalá de los Gazules no existen lagos, ni aun lagunas de gran extensión, aunque se designan con el nombre de tales, las de Juan Frías, Prados, Gregoria, Juncal en la dehesa de Mogea de Escobar; Puerto-llano en la Majada del Montero; Mogea Hermosa, en Laganes; Rivas, en la dehesa de la Zarza; Dehesilla, Arcos y Doña Jerónima en la de Jota; y Hermosillas y de la Estancia, en la dehesa de Moracha. A parte de estas doce lagunas de poca extensión y profundidad, existen diseminadas charcas, charcones y albinas, que en años de poca lluvia se desecan, en los comienzos del estío.

       En cambio existen nueve arroyos y cuatro gargantas que forman los nacimientos del río Barbate, que es el principal del término; siete arroyos y cuatro gargantas, que desembocan en el río Álamo, afluente del Barbate; nueve arroyos y tres gargantas, que alimentan al Fraja, otro de los afluentes; treinta y cinco de los primeros y cuatro de las segundas, que acrecen al Rocinejo; y sesenta y dos arroyos y treinta gargantas que vierten sus aguas en el Alberite, que como todos los anteriores, va a engrosar al primero, único río de importancia que después de recorrer el término y los de Medina Sidonia y Vejer de la Frontera, desemboca, ya caudaloso y navegable, en el Estrecho de Gibraltar.

        El Fraja nace en la Sierra de las Cabras, termino de Jerez de la Frontera, en los confines del nuestro, recorriendo en éste unos doce kilómetros de Norte a Sur. El Álamo, en la Sierra del Valle (Jerez) cerca de las lindes o mojoneras de Alcalá, con un recorrido en nuestro término de diez y ocho kilómetros. El Rocinejo nace en la Garganta del Montero (Alcalá) y continúa en dirección Nor-Oeste unos veinte y cinco kilómetros. El Alberite comienza en los Bujeos (Buhedos) de Arnao, de Alcalá, corriendo veinte y tres kilómetros de Este a Oeste. Y el Barbate nace en la garganta de Juan Vela, atravesando veinte y cinco kilómetros de Norte a Sur, pasando al pie de esta ciudad, y reunido con los otros cuatro en nuestro término, llega a pasar por la aldea de Casas Viejas (Medina Sidonia) y va a confundir sus aguas con el Océano en las playas de Vejer.

b. Si consisten en charcas, lagunas, albercas, arroyos, u otra variedad de aguas estancadas

        Todos estos ríos atraviesan, como ya se ha dicho, el extenso término de Alcalá de los Gazules, que contiene 47.851 hectáreas 84 centiáreas, o sean más de 478 kilómetros cuadrados, siendo la longitud de sus linderos, de 77 kilómetros. Forman estos ríos una extensa red, que circula por todo el término municipal, en unión con las gargantas y arroyos; pero como nacidos de unos en el término y los otros en los confines de Jerez, más que ríos, son riachuelos, de curso discontinuo, excepto Rocinejo en sus comienzos, quedando cortados y en seco, no solamente en el verano, sino gran parte de otoño, y a veces, en años de persistente sequía, en la primavera. No siendo igual o graduada la pendiente de los álveos, quedan los ríos cortados por hoyos o barrancos, de una profundidad de dos o tres metros en los más, en donde se remansa el agua por encontrarse bajo el arenoso suelo, una segunda capa arcillosa e impermeable; y estos bajos o depósitos naturales, constituyen a la vez la vida y la muerte; porque secándose las fuentes, arroyos y gargantas, en su mayoría, ellos son durante el estío, los abrevaderos naturales de los ganados, base de la riqueza local; pero al propio tiempo, son los focos más seguros y permanentes de la infección palúdica. Únase a estos charcos, las lagunas antes relacionadas, los cachones y albinas y se tendrá idea aproximada de que el término municipal de Alcalá de los Gazules, es un continuo vivero de gérmenes palúdicos, con raras excepciones, que se dirán en su lugar.

c. Si están estos lugares inundados o se desecan en ciertas épocas del año; y en este último caso, si la desecación se produce por evaporación, o por filtración de las aguas a través del suelo

      Ya se ha dicho, que las charcas son pequeños remanentes del agua de los ríos y arroyos, que se estancan en el verano, y o no se desecan, o cuando esto ocurre en año de sequedad constante y a fines del estío o principios de otoño, si se retrasan las lluvias.

      Como el suelo es impermeable lo mismo en las charcas fluviales que en las lagunas (éstas por lo general situadas en las dehesas de los Propios), que son areniscas superficialmente y arcillosas en el subsuelo, se desecan por evaporación y consumo de los ganados, siendo escasas o nulas las pérdidas por filtración.


d. Naturaleza de las aguas encharcadas; si son dulces o saladas, o están mezcladas las unas con las otras; su estudio físico, químico y bacteriológico.

       Las aguas pantanosas son por lo general dulces, potables, toda vez que el mayor caudal que reciben, es la llovediza; pero como son tantos los manantiales, tan varios los terrenos porque atraviesa, las hay de naturaleza salina cloruro-sódicas en una de las charcas del Barbate; sulfurosas en un arroyo del río anterior; y contienen por lo general, en proporciones muy variadas sulfatos de hierro, carbonatos de cal, magnesia y sosa, y cloruro-cálcico. Además, muchos despojos orgánicos de los reinos vegetal y animal, hallándose por lo tanto en unos charcos, agua dulce; y en otros, saladas; y en los más, mezcladas.

       No se dispone de laboratorio y aparatos para hacer el estudio químico y bacteriológico de las aguas

e. Naturaleza, elevación y accidentes de los terrenos pantanosos. Dibujos y planos. Si son propiedad del Estado, de la Provincia, del Municipio o de particulares.

      El terreno es por lo general de origen terciario, predominando la sílice, la caliza, los yesos y las arcillas abigarradas, encontrándose restos y modelos de sílice pirómaca en la parte montañosa en donde nacen los arroyos, gargantas y ríos, que es el Nor-Este del término, formado por la Sierra de Algeber o de la Algibe y el Picacho; arcilloso, arcillo-arenoso, y pocas veces arcillocalcáreo (pago de Fraja) en la parte baja del Sur-Oeste, en donde recorren los ríos tierras de labor, conocidas las más con el nombre de «bujeos», que son tierras fangosas a poco que llueva, intransitables durante el invierno, y que difícilmente se hallan en sazón para los cultivos. En las cumbres apenas hay nacimientos o pequeñas fuentes, pero las lagunas están situadas entre quinientos a seiscientos metros sobre el nivel del mar; arroyos hay que nacen casi desde la cima de las montañas, que alcanzan un nivel máximo de 1124 metros, y los charcos de los ríos, los más bajos se hallan a 200 metros en los barrancos de la parte montuosa, y de 100 en las vegas.

       No disponemos de conocimiento ni personal técnico para poder presentar dibujos ni planos que den exacta idea del término, desde el aspecto de sus zonas palúdicas.

      Los ríos por su pequeña profundidad, corta anchura; por ser discontinuas sus aguas, por no estar destinados en ningún tiempo a la navegación, sirga, pesca, ni canalizaciones para el cultivo excepto el Patrite o Rocinejo que fecundizan un pequeño pago de huertas, suponemos que son de propiedad particular y del Municipio, entendiéndose éste como persona social o civil, en cuanto tiene propiedades, no para fines generales o de aprovechamiento público, sino como entidad jurídica para sus fines patrimoniales o propios.



viernes, 25 de septiembre de 2015

Memoria de Puelles y Espinosa sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (II)




Análisis de la memoria antipalúdica

       El documento describe a la población de Alcalá de los Gazules como agricultores y ganaderos “la generalidad de sus habitantes son ganaderos, jornaleros...” (29) analizando de forma muy superficial el problema de las graves desigualdades sociales producidas por la posesión de la tierra y su explotación. Se detiene a poner de manifiesto el impacto negativo que tuvieron las roturaciones intensivas de las tierras comunales desamortizadas en 1855, concedida a censo enfitéutico “con obligación de sembrarla... era preciso seguir labrándolas, aunque cada año fuesen mayores los daños para la tierra, y menores los rendimientos”(30) La falta de interés por mejorar los cultivos queda patente en el documento ante la falta de aprovechamiento de los productos fertilizantes naturales, tal y como dice la memoria: “los estiércoles no se aprovechan más que como abono, en algún que otro huerto, constituyendo extensos muladares en las afueras de la población, que el Municipio se cuida de quemarlos en las proximidades del estío”(31)

       La privatización de las tierras comunales mermó no sólo los recursos municipales obtenidos mediante el arrendamiento de éstas, sino también los de la población rural que subsistía gracias al aprovechamiento de los montes de propios. (32) Como ejemplo de la situación del campesinado tenemos la situación en la que se encontraban los jornaleros de Alcalá de los Gazules en 1879, que solicitaron el socorro municipal por “efecto del mal tiempo no encontraban trabajo, llegando a tal extremo de falta de recursos, que algunos de ellos, decían que pasaban hasta días enteros lo mismo que a su familia sin tener con que alimentarse”. (30) Así mismo, Manuel Sandoval Moreno deja testimonio, en un artículo titulado “El problema obrero” de los causantes de las penurias de las clases más desfavorecidas de la población, con motivo de una huelga ante la carestía de la vida y el paro: “Todo eso lo hemos repetido hasta el cansancio sin darnos cuenta de que, mientras los alcaldes tengan por consejeros a los incansables conspiradores contra la tranquilidad pública, de la cual ellos viven y medran, Alcalá de los Gazules, como cualquier otro pueblo dominado por el caciquismo, solo vivirá la vida misérrima de la más triste esclavitud”(34)

Texto íntegro del artículo del periódico "El Castillo de Alcalá"

       Otro elemento que analiza el documento es las deficientes condiciones higiénicas de la población, así como la situación de hacinamiento derivada de la distribución urbana. “La higiene en esta población no es la mejor todavía que con un vecindario algo crecido, carece de alcantarillado en la mayoría de sus calles; estas son angostas y tortuosas; las plazas pocas y pequeñas; las casas bajas; chicas y las más sin patio, con gran parte de sus habitaciones bajo tierra y hacinados vecinos y animales...” (35) Hay que tener en cuenta la situación de aislamiento de la población y la carencia de infraestructuras básicas, como indica la memoria la carencia de alcantarillado, la electricidad no llegaría al pueblo hasta 1908 (36) y la carretera de conexión con Los Barrios-Algeciras no se construiría hasta 1917-1920. (37) La falta de un laboratorio municipal también es denunciada por los médicos de la población “No se dispone de laboratorio y aparatos para hacer el estudio químico y bacteriológico de las aguas”(38) Años más tarde, en 1918 será el Dr. Urtubey, director del Laboratorio Municipal de Cádiz quien denuncie en el Diario de Cádiz la falta de medios para realizar los análisis bacteriológicos de las aguas potables. (39)

carece de alcantarillado en la mayoría de sus calles; estas son angostas y tortuosas

      Sin embargo, pese a las malas condiciones higiénicas y situación del campesinado, los autores refieren en la memoria que, por su situación, la población era inmune al paludismo: “El pueblo goza de inmunidad a excepción de los edificios que en el Cerro de la Coracha que miran al Barbate. Favorece al pueblo tener su situación en una hondonada o valle entre el monte de la Coracha y el de Lario, y como este es mucho más alto que la ciudad por él, no tiene lagunas ni charcas, sopla el levante encontrándose el pueblo entre la dirección de este viento y el río, de ahí su inmunidad... Esta falta de aire, de luz y de higiene influyen bastante en la producción e incremento de las afecciones infecciosas y contagiosas principalmente tifoidea y difteria pero jamás el paludismo”. (40)

       En la memoria hacen una descripción hidrológica del término municipal, atribuyendo a las aguas estancadas ser los “focos más seguros y permanentes de la infección palúdica”, (41) pero no sólo atribuye la malaria a las aguas estancadas, sino que también lo asocia a la remoción de tierras. (42) Pese a que hasta la publicación del informe sobre paludismo en Extremadura de Antonio Mendoza en 1902 (43) no se aceptó la hipótesis de la transmisión de la enfermedad por vectores, vemos como la memoria plantea la relación causal del “mosquito inoculador, que según algunos higienistas modernos, es un tenaz propagandista”. (44)

       En un estudio reciente que analiza la mortalidad ocurrida en Alcalá de los Gazules entre los años 1916 a 1921 (45) se han localizado un total de 23 defunciones atribuidas al paludismo, la mayoría en el período estival. La memoria indica que “las estaciones o épocas del año más adecuadas son el verano y los primeros meses de otoño”. (46) La concentración de las defunciones en el período estival coincide con el ciclo de vida de los vectores así como con el período de mayor actividad agrícola, ya que durante la siega “se aumenta la población con más de 300 segadores”. (47) Todos estos factores unidos permiten entender la razón por la cual los autores de la memoria consideran al paludismo como la primera causa aguda de enfermedad en la población.

       La mayor proporción de hombres muertos por esta causa puede indicarnos que éstos contrajeron la enfermedad mientras trabajaban en el campo, en zonas próximas a riachuelos y charcas, donde el mosquito Anopheles, vehículo de la malaria, hubiera proliferado. A este respecto se pronuncian los autores de la memoria diciendo que “se ven en las casas atacados del paludismo, aquellos que lo han contraído en el campo, y en cambio su familia y asistentes han quedado siempre inmunes” (48) que viene a ratificar nuestra hipótesis.

       Respecto a las medidas llevadas a cabo contra el paludismo en la población, los autores afirman que las acciones han sido “la quema de los muladares a fines de primavera, las inspecciones domiciliarias para cumplir la prohibición de los cerdos y algún alcantarillado”. (49) Hemos corroborado en las actas de la Junta Municipal de Sanidad de Alcalá de los Gazules, que efectivamente se adoptaron medidas higiénicas, como son extremar “la vigilancia para el más exacto cumplimiento de las mismas, la limpieza de los muladares, prohibir la matanza de cerdos, examinar el cementerio, evitar que los animales queden insepultos en el campo para evitar en lo posible la propagación de cualquier enfermedad contagiosa”(50) siendo precisamente Manuel Espinosa, autor de la memoria, el secretario de la Junta Municipal de Sanidad y perteneciendo a la misma José María de Puelles.

      Entre las actuaciones a realizar los autores plantean la necesidad de canalizar el río Barbate, para evitar las inundaciones, construir canales de drenajes, realizar plantaciones de eucaliptos o pinos. Centran su interés en las acciones sobre el cerro de la Pagana, por ser este uno de los focos de paludismo más importante, así como en la realización de inspecciones más rigurosas de las viviendas situadas en zonas rurales y la regulación de la venta de la quina. (51)

Conclusiones

       En definitiva los esfuerzos por combatir el paludismo en el primer tercio del siglo XX dieron como resultado una disminución gradual de la mortalidad por esta causa, gracias a la puesta en marcha de iniciativas como creación de la Comisión para el Saneamiento de Comarcas Palúdicas y de los dispensarios antipalúdicos, subvencionados en parte por organismos internacionales como la Fundación Rockefeller y la Comisión de Paludismo de la Organización de Higiene de la Sociedad de Naciones, además de los esfuerzos de los médicos rurales. 

      

Notas bibliográficas

29. De Puelles, J.M.(1908). Op.Cit.: 420.

30. Idem, 416.

31. Idem, 420.

32. Abós, A.L. (2009). Desamortización de Mendizábal a Mádoz. Modernidad y Despojo. Zaragoza: Delsan, 191-214.

33. Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Legajo 410. Actas de la Junta de socorro de los jornaleros del 12 y 27 de enero de 1879.

34. El Castillo de Alcalá, 30 de junio de 1918. En: García, G. (1997). Lamento campesino. Un siglo crucial en la historia de Alcalá de los Gazules (1860-1960). Cádiz: Publicaciones del Sur, 69.

35. De Puelles, J.M. (1908). Op.Cit.:424-425.

36. Diario de Cádiz, 7 enero 1908.

37. Ramos, M. (1983). Historia de los pueblos de la provincia de Cádiz. Alcalá de los Gazules. Jerez de la Frontera: Diputación de Cádiz, 295-301.

38. De Puelles, J.M.(1908). Op.Cit.:412.

39. Diario de Cádiz. Miércoles 9 de octubre de 1918, 1.

40. De Puelles, J.M.(1908). Op.Cit.:421.

41. Idem, 411.

42. Idem, 419-420.

43. Huertas, F., Mendoza, A. (1902). Estudio acerca del paludismo y su profilaxis en la provincia de Cáceres. Madrid: Dirección General de Sanidad.

44. De Puelles, J.M. (1908). Op.Cit.:422.

45. Molanes, P. (2011). Mortalidad en Alcalá de los Gazules (1916-1921) [Trabajo Fin de Máster Inédito]. Cádiz: Facultad de Enfermería y Fisioterapia.

46. De Puelles, J.M. (1908). Op.Cit.:419.

47. Idem, 423.

48. Idem, 422.

49. Idem, 425.

50. Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Legajo 423. Actas de constitución de la Junta Municipal de Sanidad. Sesión 1 julio y 17 de agosto de 1899.

51. De Puelles, J.M.(1908). Op.Cit.:426-429.




sábado, 19 de septiembre de 2015

Memoria de Puelles y Espinosa sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (I)



Pablo Molanés Pérez



Resumen

       El esfuerzo realizado durante el primer tercio del siglo XX por combatir el paludismo en España dio como resultado el descenso de la mortalidad palúdica en este periodo. Los estudios de la enfermedad se vieron sucedidos por la creación de una reglamentación y de organismos gubernamentales para combatirla. En este trabajo se estudia una Memoria sobre el Estado Antipalúdico, emitida por la Junta Local de Sanidad de Alcalá de los Gazules, con motivo de ley del 30 de enero de 1900. Supone una fuente de información fundamental para comprender la realidad socio-económica y el estado sanitario de la localidad, así como para entender el escaso grado de implantación de los avances médicos en el ámbito rural.

       "De pronto surge ante nosotros Alcalá de los Gazules, enclavado en lo alto de un monte de soberana grandeza a 780 metros sobre el nivel del mar. Las casas, muy blancas, de rojizos tejados, se descuelgan bravamente unidas como enlazadas por misteriosos eslabones"

Diego Berraquero Miril
El Heraldo de San Fernando 14 al 16 de septiembre de 1926


Introducción al texto y los autores

       El documento que presentamos es un manuscrito encontrado en el Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules, caja 426. Sus autores son Manuel Espinosa y Ramos y José María de Puelles y Centeno, ambos médicos de Alcalá de los Gazules (Cádiz) y miembros de la Junta Municipal de Sanidad. No ha sido posible fechar de manera exacta el documento pero puede contextualizarse entre 1900-1901 ya que fue emitido por los autores, vocales de la Junta Sanitaria Municipal y remitido a la Real Academia de Medicina de Madrid en respuesta a la ley del 30 de enero de 1900 para el estudio del paludismo. (1) La citada ley preceptúa en su artículo 1º la búsqueda de las fuentes de paludismo en España, los daños que causa y los remedios más apropiados para combatirlos. Para ello se creó una comisión de la Real Academia de Medicina encargada de redactar un cuestionario al que debían responder las juntas provinciales y municipales de sanidad, las inspecciones provinciales, subdelegados de medicina y médicos titulares. (2,3) Hasta el momento no hemos localizado otras memorias que respondan a este cuestionario, pero suponemos que fueron realizadas. Sí hemos localizado una Memoria sobre la lucha antipalúdica en la provincia de Cádiz, posterior a ésta, presentada en 1943. (4)

       José María de Puelles y Centeno nace el 27 de Febrero de 1853 en Alcalá de los Gazules (Cádiz). Cursa los estudios de medicina en Cádiz, entre 1869 y 1873, y revalida la carrera el 28 de marzo de 1873, con la calificación de aprobado. Entre finales de abril y el mes de septiembre del mismo año, Puelles y Centeno trabaja como médico titular de Jimena de la Frontera, hasta ser llamado a realizar el Servicio Militar Obligatorio, participando en la III Guerra Carlista. Se licencia en mayo de 1876 y obtiene la titularidad de Alcalá de los Gazules, que ejercerá entre 1876-1883 y entre 1885-1900, y que se vio interrumpida por su traslado a Madrid para cursar el primer año de la carrera de Derecho entre 1883-1884. En 1901 abandona definitivamente el ejercicio de la medicina tras obtener la notaría de Medina Sidonia. Muere el 8 de enero de 1927 en Medina Sidonia a los 73 años. (5)

       De Manuel María Espinosa de los Monteros y Ramos tenemos pocos datos biográficos. Nace el 2 de diciembre de 1828 en Alcalá de los Gazules. (6) Obtiene el título de Bachiller en Filosofía por la Universidad de Sevilla el 9 de noviembre de 1847. Cursa los estudios de Medicina en Cádiz, entre 1847 y 1852. El 5 de junio de 1852 obtiene el grado de Bachiller en Medicina y Cirugía con la calificación de aprobado. Obtiene la licenciatura en Medicina el 9 de junio de 1854, con la calificación de aprobado. Cursa el expediente para obtener el grado de doctor en 1869. Se casa con María de los Santos de Puelles y Salas y tras su muerte, en segundas nupcias con María de los Santos Delgado de Mendoza y de Puelles. (7) Debe guardar una buena relación con la familia del primer autor, ya que mientras estudia para obtener el grado de Doctor, en 1868, vive en la casa de Joaquín Puelles, padre del coautor del texto, en la calle Cruz nº 14 de Cádiz, haciendo éste de fiador. (8)

      En la obra Como le quieran llamar (9) José María de Puelles reproduce la Memoria Antipalúdica encontrada manuscrita en el Archivo Municipal, pero sin hacer ninguna referencia a su coautoría con Manuel Espinoza y Ramos. Al hacer una comparación del contenido del texto publicado que reproducimos en este trabajo, con respecto al manuscrito hallado en el Archivo de Alcalá encontramos que las únicas variaciones son correcciones de estilo y la supresión en el texto publicado del párrafo introductorio donde se hace referencia a la coautoría, que reproducimos a continuación:

       “Don Manuel Espinosa y Ramos, licenciado en Medicina, Cirugía y Farmacia, y Don José María de Puelles y Centeno, licenciado en Medicina, Cirugía y Derecho, vocales de la Junta Local de Sanidad de Alcalá de los Gazules, nombrados como ponentes para dar informe a la misma área del cuestionario sobre la estimación del paludismo exponen:

       Que deseosos en cumplimentar las ordenes de la Superioridad que han de redundar en provecho y beneficio de las localidades, han estudiado con el mejor deseo las diferentes preguntas que se hacen en el referido cuestionario, sintiendo no poder contestar a algunas por falta de observaciones y medios adecuados, pero que esperan que la Junta en su superior criterio y mayores conocimientos los subsanará en parte, y al propio tiempo corregirá los errores y deficiencias que note, quedándole a los que suscriben la satisfacción de haber contribuido con el mayor entusiasmo y buena fe a la contestación del cuestionario que se pasa a expresar.” (10)


La lucha antipalúdica en la provincia de Cádiz

       Los trabajos sobre paludismo de Giovanni Battista Grassi (11) y Gustavo Pittaluga (12) condicionaron la lucha antipalúdica y las políticas sanitarias en la España de comienzos del siglo XX. El primer organismo central contra la lucha antipalúdica fue la Comisión para el Saneamiento de Comarcas Palúdicas, creado el 23 de agosto de 1920 y presidido por Pittaluga. (13) Los esfuerzos por erradicar el paludismo aumentaron en la primera mitad del siglo XX gracias a la implicación de organismos internacionales como la Junta de Sanidad Internacional de la Fundación Rockefeller, en 1917 y la Comisión de Paludismo de la Organización de Higiene de la Sociedad de Naciones a partir de 1924. (14)

        Con el Real Decreto de 1924 se crean los Institutos Provinciales de Higiene, desde donde se vertebrará la lucha antipalúdica en forma de subcomisiones. (15) El Reglamento de Sanidad Provincial de 1925 recoge que “en las provincias en las que exista una endemia palúdica de consideración, con focos importantes o repartidos en grandes extensiones de terreno, se establecerá en esta misma Sección un servicio destinado al estudio del paludismo y lucha antipalúdica” (16) En el caso de la provincia de Cádiz, el Inspector Provincial de Sanidad, Leonardo Rodrigo Lavín apunta en un artículo de la revista Cádiz Médico en 1910 lo siguiente sobre Cádiz: “A juzgar por las estadísticas de mortalidad, el paludismo causa bajas en toda la tierra baja de nuestra provincia”. (17) Rodrigo Lavín establece como estrategia para combatir el paludismo la destrucción de los focos palúdicos humanos por quinización y así mismo perseguir los focos constituidos por aguas estancadas mediante la petrolización. (18,19)

        La creación de los dispensarios antipalúdicos se debe a las obligaciones que derivan del Reglamento de Sanidad Provincial de 1925. Estos dispensarios jugaron un papel fundamental en las campañas antipalúdicas para garantizar el control, tratamiento y seguimiento a los afectados. El dispensario antipalúdico instalado en Arcos de la Frontera fue desde su fundación en 1927 y hasta 1931, prácticamente el único servicio de atención de palúdicos de la provincia de Cádiz, instalándose progresivamente el de Jerez en 1931 (20) y el de Villamartín en 1932. Para poder prestar atención médica a la población de las zonas rurales fue fundamental la incorporación de automóviles para desplazarse a los cortijos y los pueblos circundantes de los que se recibían pacientes en el dispensario. (21)

        Durante la II República debió instalarse un dispensario antipalúdico en Alcalá de los Gazules, tal y como nos consta en el Expediente para la reinstalación del dispensario antipalúdico en la casa consistorial, fechado en 1937. (22) Según este documento, el dispensario respondería a la autoridad del Inspector Provincial de Sanidad, bajo la tutela del Instituto Provincial de Higiene. El ayuntamiento sin embargo tenía “la obligación de pagar casa adecuada, luz, limpieza, un mozo y trescientas pesetas de gratificación anual, según el acuerdo que tomó este ayuntamiento para que el Instituto Provincial de Higiene estableciera en esta localidad el dispensario antipalúdico”. (23)

       El interés creciente en el primer tercio del siglo XX por la lucha antipalúdica se tradujo en una disminución de la mortalidad palúdica en este período, de forma generalizada en todo el país, tal y como indican los datos recogidos por Marcelino Pascua. 

Tabla 1. Mortalidad por Paludismo en Cádiz (por 100.000) según Marcelino Pascua

      La mortalidad rural triplica la de las capitales de provincia, lo que demuestra que se trataba de una epidemia rural. (24) Sadí de Buen, Secretario de la Comisión Central Antipalúdica afirmó que “la mortalidad específica por esa causa descendía en España desde principios de siglo" achacando esto "al esfuerzo de nuestros médicos rurales”. (25)

       Según Marcelino Pascua, la tendencia descendente de la mortalidad específica por causa palúdica fue interrumpida por el repunte entre 1904-1906 y 1914-1918, coincidiendo este último con la I Guerra Mundial. (26,27) A estos repuntes habría que añadirles el producido en la posguerra, como consecuencia de los grandes desplazamientos de población, la situación de hambruna, la entrada de contingentes del ejército marroquí y la interrupción de los programas de lucha antipalúdica sobre la población civil. (28)

      

Notas bibliográficas

Artículo publicado en Temperamentvm 2011, 14. REVISTA INTERNACIONAL DE HISTORIA Y PENSAMIENTO ENFERMERO ISSN: 1699-6011

(las fotografías del artículo inserto en este blog, no se corresponden con la versión impresa en la revista, a excepción de la Tabla 1 y los Padrones)

1. Ley disponiendo que la Real Academia de Medicina se proceda á redactar un informe en que se determinen las fuentes del paludismo en España, los daños múltiples que causa y los remedios más á propósito para combatirlos. Gaceta de Madrid. 1900; paludismo en España, los daños múltiples que causa y los remedios más á propósito para combatirlos. Gaceta de Madrid. 1900; 31. Disponible en <http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1900/031/A00364-00364.pdf> 

2. Dirección general de Sanidad. Cuestionario sobre cumplimiento de la ley de 30 de Enero del corriente año sobre extinción del paludismo, á que se refiere la orden circular de este Centro de 29 del actual. Gaceta de Madrid. 1990; 90. Disponible en <http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1900/090/A01174-01174.pdf> 

3. El citado cuestionario aparece publicado en un artículo del Diario de Cádiz, del martes 3 de abril de 1900, en la página cuarta.

4. Fuejo (1943). Memoria presentada por el jefe provincial de sanidad, Doctor Fuejo, de la asamblea para tratar de la lucha antipalúdica, convocada por el excmo. Sr. Gobernador Civil de Cádiz y celebrada en el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, el día 15 de abril de 1943. Cádiz: Jefatura Provincial de Sanidad.

5. Molanes, P., Sáinz, A., Herrera, F. (2011). Apunte biográfico sobre el médico José María de Puelles y Centeno (1853-1927). Actas del XV Congreso de la Sociedad Española de Historia de la Medicina; 2011 junio, 15-17. Ciudad Real: Sociedad Española de Historia de la Medicina.

6. De Puelles, M. (1863). Historia de la Familia de los Puelles (Inédito). Disponible en <http://www.jpuelleslopez.com/GenPuellesC.htm#genc> 

7. Archivo Parroquial de la Iglesia de San Jorge (Alcalá de los Gazules). Libro de Bautismos nº 3. Folio 234.

8. Archivo de la secretaría de la Facultad de Medicina de Cádiz. Legajo XCIV, expediente 10.

9. De Puelles, J.M. (1908). Como le quieran llamar. Colección de artículos, discursos y consejos. Cádiz: Imprenta Manuel Álvarez, 409-429.

10. De Puelles, J.M., Espinosa, M. Memoria sobre el estado antipalúdico de Alcalá de los Gazules (manuscrito). Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Legajo 426. Pag.1.

11. Grassi, G.B. (1900). Studi d´uno zoólogo sulla malaria. Roma: V. Salviucci.

12. Pittaluga, G. (1903) Investigaciones y estudios sobre el paludismo en España. Barcelona: Tipografía la Académica.

13. Real orden designando una Comisión especial, encargada del saneamiento de todas las regiones palúdicas de España, disponiendo comience inmediatamente sus trabajos por la provincia de Cáceres. Gaceta de Madrid. 1920; 237. Disponible en: <http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1920/237/A00740-00740.pdf> 

14. Rodríguez, E., Ballester, R. (2003). Paludismo, medicina científica y sociedad. En: Rodríguez, E., Ballester, R., Perdiguero, E., Medina, R.M., Molero, J. La acción medico-social contra el paludismo en la España metropolitana y colonial del siglo XX. Madrid: CSIC, 19-37. Esta obra es fundamental para entender la lucha antipalúdica en España en el siglo XX.

15. Reales Decretos de 14 de junio y de 13 de diciembre de 1924.

16. Real decreto aprobando el Reglamento que se inserta de Sanidad Provincial. Artículo 26 del Capítulo III del Reglamento de Sanidad Provincial. Gaceta de Madrid. 1925; 297. Disponible en http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1925/297/A00428-00433.pdf

17. Rodrigo, L. (1910). La lucha contra el paludismo. Quinización y petrolización. Diario Médico; I; 1910: 13-15.

18. Herrera, F. (2007). La obra sanitaria de Leonardo Rodrigo Lavín (1867-1950). Cádiz: Diputación de Cádiz, 58. Esta monografía permite abordar la labor de Rodrigo Lavín como Inspector Provincial de Sanidad.

19. La petrolización pretendía, mediante la adición de derivados del petróleo a las aguas estancadas el exterminio de la fase larvaria del mosquito, vector responsable de la transmisión del paludismo.

20. Se abrió el 1 de enero de 1931 con la colaboración del ayuntamiento, como consecuencia de las inundaciones de junio de 1930, que desencadenaron un brote palúdico. (Rodríguez, 2003).

21. Rodríguez, E., Ballester, R. (2003). Op. Cit.: 146,151,163-164.

22. En este expediente el Alcalde de la Gestora Municipal ordenaba al director del dispensario D. Manuel Armenta Guillén la reinstalación del Dispensario Antipalúdico en los bajos de la Casa Consistorial, al haber sido trasladado a la planta baja del nº 7 de la calle Primo de Rivera.

23. Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Legajo 426. Expediente incoado en virtud del acuerdo del ayuntamiento ordenando que el dispensario anti-palúdico vuelva a instalarse en el local de la planta baja de la casa consistorial en que siempre estuvo.

24. Buen, S. (1923). El paludismo en el campo. Madrid: Calpe.

25. Buen, S. (1925). Consideraciones Generales. En: Buen, S. Memoria de la campaña contra el paludismo (1923-1924). Madrid: Ministerio de la Gobernación, 5-15.

26. Pascua, M. (1928). Algunas notas sobre el paludismo en España. En: Pascua, M. Memoria de la campaña contra el paludismo (1925-1927). Madrid: Ministerio de la Gobernación, 442-520.

27. Bernabeu, J. (2000). La utopía reformadora de la segunda república: La labor de Marcelino Pascua al frente de la Dirección General de Sanidad, 1931-1933. Revista Española de Salud Pública. 74:1-13.

28. Rodríguez, E., Ballester, R. (2003). Op. Cit.: 168-182.