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sábado, 8 de agosto de 2026

Causa contra unos carabineros por denegación de auxilio a un contrabandista (I)




Ismael Almagro Montes de Oca



    El siguiente episodio, aunque bien podríamos catalogarlo dentro de la sección dedicada al contrabando en este blog, he preferido encuadrarla en la dedicada a la crónica negra, a pesar de no tratarse específicamente de una noticia publicada en prensa, porque hay un cadáver de por medio.

    Esta historia comienza el 18 de noviembre de 1892 en Algar, desde donde sus vecinos Jacinto García Gómez, Juan Piñero Rodríguez Francisco Delgado García, Francisco Hurtado Carrera, Martín Vázquez Fernández y Diego Guerra Fernández salieron dirección la Línea o Algeciras para acarrear unas mochilas de tabaco de contrabando. Hicieron noche en la Sauceda, término de Cortes y al día siguiente llegaron a la choza de un cabrero llamado Morracano y su mujer, María Alcántara, donde hicieron la mochila. Jacinto García, Juan Piñero y Francisco Delgado iniciaron el camino de vuelta hacia Algar, mientras el resto continuaron hacia Campamento.

    Piñero y Delgado llegaron a Algar, pero, pasados varios días, Jacinto García no aparecía. Entonces, los primeros fueron a contarle lo sucedido a su mujer, Francisca Martínez Venegas, quien, tras conocer los hechos, se presentó en el juzgado municipal el día 8 de diciembre para denunciar su desaparición:

    “regresaban a Algar y al llegar a los ejes termino de Jimena, les salieron fuerza de Carabineros y los hecharon el «alto» por lo que se dieron a la fuga disparando dichos Carabineros un tiro. Que estos cogieron a Francisco Delgado García con la mochila, le ataron las manos y quedandose custodiado por uno los otros salieron en persecución de su esposo y de Juan Piñero, que al poco tiempo dispararon otro tiro, regresando después a donde estaba Delgado y enseguida le pusieron en libertad diciéndole que se marchase. Que cuando Piñero regresó al pueblo de Algar, lo hijo con su mochila de tabaco y solo, y viendo que pasaban los días sin que su marido García Gómez, pareciese lo mandó vuscar no dando resultado las diligencias que practico por lo que presumió alguna desgracia y dio por ello cuenta al Juzgado”

    Pasado el caso al juzgado de instrucción e Arcos, se iniciaron las diligencias, tomándose declaración a Piñero, que ratificó la versión que contó a la mujer del desaparecido y añadió además que creía que Jacinto García “habría sido cogido por los carabineros y que él para evitar la persecución se había ocultado en la garganta de Moracha y que oyó que un carabinero decía a otro «tú que lo has tirado al charco, sácalo de cabeza y tráelo para acá» de lo cual dedujo que el Jacinto García había sido preso”. Sin embargo, después vio pasar a los carabineros solos, por lo que pensó “que no había sido preso”. Su compañero, Delgado, ratificó la versión, escuchando decirle un carabinero a otro «tú que lo has tirado al charco sácalo» y oír además algunos tiros por la parte de Jimena.

    El 26 de enero siguiente, declaró Juan Gómez Escobar “como confidente que es de los Carabineros de Alcalá” y relató que, a mediados de noviembre (no recordaba el día) “se encontraba practicando servicio en unión del Cabo, el carabinero Richarte y Hernández en la Dehesa de Moracha y como a las cuatro de la tarde encontrándose apostados en ella en la garganta del mismo nombre entraron tres mochileros e inmediatamente, todos cargaron sobre ellos, cogiendo dos y escapándose otro, con la circunstancia que al quitarle a uno la mochila por la parte abajo de la pasada de la garganta un carabinero le mandó a otro le sugetase porque en el morral y faldriquera llevaba mas tabaco pero en aquel momento el paisano dio un salto corriendo la garganta abajo y con intención de salvarse con tan mala suerte que cayó por unas piedras altas que hay en la ya espresada garganta, cayendo en un charco en donde se ahogó.

    Que los carabineros Hernández y Richarte al verlo que se ahogaba le daban voces diciendole «manotea manotea» que él se arrimó al charco viendo que sobre la superficie del agua solo había la manta y el sombrero estando bajo del agua un paisano; que él y los dos carabineros se fueron donde estaba el Cabo que los mandaba como unos treinta metros retirado del sitio de la ocurrencia y al darle conocimiento de lo ocurrido mandó que se retiraran de aquel sitio y que guardaren silencio, así lo hicieron cogiendo las dos mochilas ocupadas, haciendo noche como a un kilómetro de distancia y al salir el sol al día siguiente llegaron a Alcalá sin dar cuenta a nadie de lo ocurrido.

    Tambien manifiesta el testigo Gómez Escobar, que solo Richarte fue el que disparó un tiro al aire y que el mochilero cayó al agua como un cuarto de hora después del disparo. En vista de esta terminante declaración se procedió en 28 de Enero del corriente año a la inspección del lugar del suceso descrito”

    En las diligencias se recoge que en el lugar descrito por el confidente, existía un charco de unos tres metros de profundidad, en forma de triángulo, con tres grandes piedras en sus vértices, por cuya unión salía el agua pero sin existir espacio para que cupiese un cuerpo humano.

    Reconocidas las inmediaciones del lugar, se halló una manta, reconociéndola Gómez Escobar como la que llevaba el mochilero desaparecido y “encontrándose también prendido por el ramage que existe en las orillas de la garganta dos pedazos de lona, un pedazo de chaqueta paño mezelilla, dos de una blusa tela blanca con rayas azules y unos pedacitos de tela o lana azul los cuales se encontraban como a un metro de altura próximamente de la superficie del agua, de donde se deduce, según la apreciación de la diligencia practicada, que el cuerpo flotando y arrastrado por las aguas en las abenidas, fue sugetandose por el ramage el cual prendió los pedazos de ropa que se mencionan internándose el cuerpo por la fuerte corriente de agua en el término de Jimena, donde sigue el curso la garganta.”

    El cabo Maximiliano Martínez y los carabineros José Richarte y Pedro Hernández, que pertenecían al puesto de Alcalá, reconocieron que salieron de servicio el día 18 de noviembre desde Alcalá, reuniéndose con ellos, Juan Gómez, en calidad de confidente. Todos se dirigieron a la dehesa de Mogea Escobar, permaneciendo juntos hasta las ocho o las nueve de la mañana del día 19 en que Gómez Escobar se fue solo a recorrer el término, regresando a la mañana siguiente, reiterándose “diciendo que iba a Alcalá”. Los carabineros continuaron el servicio solos hasta el día 26 en que regresaron a Alcalá.

    Tras estas primeras diligencias, el juzgado de Arcos se inhibió, pasando al juzgado de Medina Sidonia, por pertenecer la garganta de Moracha al partido de éste. El de Medina ordenó al juzgado municipal de Alcalá que tomara declaración a los vecinos de las inmediaciones de aquella garganta y practicar un exhaustivo reconocimiento del lugar. Únicamente el vaquero Francisco Marín Gil reconoció haber visto pasar por aquellas fechas a tres carabineros que conducían a un paisano, cuyas señas coincidían con las del confidente Juan Gómez, con un bulto como de tabaco, de unas 3 arrobas.

    A los pocos días del suceso, Juan Piñero y algunos parientes de Francisca Martínez, acompañados por el guarda de la dehesa reconocieron el lugar y no hallaron nada. El 16 de enero, el juzgado de Alcalá verificó su primer reconocimiento, tampoco hallando ningún vestigio. Sin embargo, el 23 de enero, realizó un segundo reconocimiento, no hallando nada en el sondeo de la charca, pero en el curso del arroyo encontraron una manga y trozos de prendas “como rasgadas al ser el cuerpo arrastrado por la corriente de las aguas en fuertes avenidas”

    A finales de Enero, el Capitán de la Compañía de Don Federico Escalona por parte que recibió del Primer Teniente Don Ricardo Rodríguez Macedo, dio conocimiento de “que de rumor público se decía que un paisano había desaparecido en la Dehesa de Moracha en 19 de Noviembre y que se acusaba al Cabo Maximiliano Martínez y Carabineros José Richarte y Pedro Hernández”. Esto provoca que el dos de febrero , el capitán de la Compañía de Carabineros de Cádiz, “enterado por rumor público” diese orden al jefe de la sección de Alcalá para que iniciara diligencias, abriéndose una causa sumaria contra el Cabo y los dos carabineros en un juzgado militar por denegación de auxilio y mal uso hecho de una aprehensión de tabaco.

    Paralelamente, en la jurisdicción ordinaria, se mandó tomar declaración al confidente Gómez Escobar, quien, al verse procesado en dicha causa, huyó y fue puesto en busca y captura.

    Mientras, en el procedimiento militar, se encargó el reconocimiento pericial de las prendas encontradas a dos maestros sastres de Alcalá, según los cuales, dichas prendas “aparecen como descosidas ni rasgadas de violencia, extrañandoles el descocido del cuello y forro de la manga; que no presentan caracteres propios de haber estado a la intenperie sufriendo las aguas e inclemencias admosfericas el tiempo de dos meses con el cual habría suficiente para su pudriccion y que los rasgados que tiene la chaqueta están sin deshilachar. Al mismo tiempo hacen también presente que en la manga aparece en su boca y junto a la costura interna dos cortes trasversales como de faca o instrumento cortante y en la tapa de abajo se nota también algunos agujeros hechos al parecer por instrumento análogo y otro en el codo que puede ser del uso de la chaqueta”

    Finalmente, el juzgado de Alcalá, se inhibió del caso, después de que el mochilero que fue detenido con la carga de tabaco, Francisco Delgado, no reconociera a los carabineros presos en una rueda de reconocimiento y del informe sobre las prendas halladas, cuyo deterioro no se correspondía con estar dos meses a la intemperie.

(Imagen generada por IA)



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sábado, 11 de octubre de 2025

El asesinato de Dolores Flores García




Ismael Almagro Montes de Oca



    A finales de enero de 1957 se celebraba en la Audiencia de Cádiz un proceso por asesinato contra José C. C. alias “el Pichano”, crimen cometido en Alcalá la madrugada del 15 de enero de 1955.

    El procesado llevó al campo “mediante engaños, por la noche, a la joven Dolores Flores García, a la que cortejaba inútilmente. Al resistirse a sus propósitos, le fracturó la tibia derecha, y una vez en tierra la machacó la cabeza con una piedra, causándole la muerte. Después escondió el cadáver en un barranco, donde fue hallado al cabo de dos días.”

    El fiscal solicitó pena de muerte para el autor del hecho, estimando la existencia de varias agravantes, y el defensor pidió doce años, como autor de un delito de homicidio, con varios atenuantes.

    Finalmente, el acusado, sería condenado a la pena de muerte:

Pena capital al autor de un asesinato
    
    Cádiz, 6. — A la pena de muerte ha sido condenado, por el Tribunal de la Sección II de esta Audiencia, José Cortés Casanueva, por el asesinato de Dolores Flores Macia, hecho acaecido en el campo, en las afueras del pueblo de Alcalá de los Gazules, en la madrugada del 15 de enero de 1955. También se le condena al pago de la indemnización de 50.000 pesetas a los herederos de la víctima y a otra pena de seis años de prisión menor, por el delito de violación en grado, de tentativa.

    La vista del proceso, por las circunstancias que rodearon el hecho, había despertado extraordinaria expectación.” [1]



NOTAS

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sábado, 19 de julio de 2025

El asesinato de Felipe González (y II)





    Acto seguido, el corregidor mandó traer a su presencia a Matías González y Pedro López para tomarles nueva declaración. Ambos negaron su participación en el asesinato, ordenando el alcaide someterlos a tortura.

    Primero llevaron a Matías a la sala donde estaba el potro de tortura, se lo mostraron y le conminaron a que dijese la verdad por tres veces, pero el reo volvió a decir que no sabía nada de lo que se le preguntaba. Entonces el corregidor mandó desnudarlo, dejándolo en calzones. El ejecutor lo amarró con un cincho de cáñamo que colgaba de dos aldabillas, le ató los brazos, le puso cuatro cuerdas entre los codos y las muñecas y lo afianzó al potro. Luego le puso unos cordeles en los pulgares de los pies y los sujetó en la escalera del potro. El corregidor mandó darle una vuelta en las espinillas y al dárselas, Matías gritó: “virgen sacratísima que me condenó aquí el moro injusto madre de dios del rrosario acordaos de mi”. El corregidor volvió a exigirle la verdad, pero Matías no confesaba, apretando más el cordel hasta que se partió.

    El alcaide pidió que se le diese otra vuelta a la mancuerda y dándosela, el reo gritó: “madre de dios misericordia pido delante del padre eterno aflojen que yo diré la verdad aflojen padre eterno que me muero injusto aquí virgen sacratísima acordaos de mi”.

    Gritó que aflojasen y finalmente acabó confesando que lo mataron en lo alto de la loma de los potros, le quitaron los lienzos y tiraron el cadáver a una barranquera.

    Tras la confesión, el corregidor mandó dejar de torturarlo.

    Posteriormente sometió a un careo entre Matías y Pedro López, tras el cual, éste último fue sometido a tortura, terminando por confesar en los mismos términos.

    Al día siguiente, 10 de julio, a las siete de la tarde, el corregidor mandó traer a Alí moro y Matías González para que ratificasen sus declaraciones. Se situó en medio de la sala de su escritorio, desde donde no se veía la sala de tormento y puso a Alí delante “y del recivio juramento conforme a la ley de partida y puesto el rrostro a el medio día pies juntos mano alçada (ilegible) juro y prometió decir verdad estando libre del dho tormento siendole teydas las declaraciones que hiço antes del tormto…” Reconoció haber vendido piezas de lienzo, haber hurtado el vino y los tasajos,[4] haber robado en la tienda y haber matado a Felipe González para robarle.

    Tras él, le tocó el turno a Matías, que confesó “haber hecho la dha declaración que se le a leydo en el tormento y que no es la berdad por que este confesante no se hallo a la dha muerte ni sabe si se hallo en ella el dho pedro lopes por que no lo conoce ni lo avia visto hasta que le prendieron y que el haberlo declarado fue por los dolores y temor del dho tormento y por que lo quitasen del y no por que fuese verdad y que esto que declara lo es en cargo de su juramento”

    El día 11, el corregidor dictó auto culpando a Alí moro por haber confesado el crimen, mientras que, en vista de que Matías González, durante la tortura confesó haber sido cómplice y que en la ratificación lo negó, ordenó fuese torturado nuevamente.

Inmediatamente el reo fue llevado nuevamente a la sala del tormento y se repitió todo el procedimiento de atado de cuerdas en diferentes partes del cuerpo y colocación en el potro y comenzó la tortura:

“el dho mathias dixo no saber nada y su md le mdo dar una buelta en la mancuerda y el dho executor de la justicia començo a darla y el dho matias gonçales dixo birgen sacratísima no se nada y su md le dixo quien mato a felipe gonçales y el dixo no se nada virgen sacratísima no se nada y su md dixo diga la verdad no se nada virgen que no se nada esto munchas veces birgen del rrosario que me muero y el dho executor afianço la dha vuelta a la escalera del potro y su md le mdo dar segunda buelta de mancuerda y el dho executor de la justª le dio segunda buelta el dho mathias dixo birgen esta es la berdad no se nada y lo repitió munchas veces y el sor corregor dixo deci la berdad (¿?) evitare y dixo no se nada y su md dixo que apretase y el dho mathias dixo virgen que me estan matando no se nada virgen maría no se nada y su md le dixo diga la berdad y dixo no se nada esto munchas beces a grandes gritos su md le apercivio diga la berdad y respondiendo no tengo berdad que decir y su md dixo aprieta hasta que diga la berdad y el dho mathias gonçales dixo que no se nada señor y su md mdo a el executor afiance la dha buelta y que le de tercera buelta aviendo afiançado la segunda a la escalera del potro y su md mando apretar la tercera buelta de la mancuerda y aprecivio diga la berdad y el dho executor de la justª apreto la tercera buelta que mañana a de ser lo mismo que diga la berdad, ai que me estan injusto confesión que me muero y su md le dixo decir la berdad y os quitare de ai en diciendola, birgen sacratísima que me muero oy virgen santísima con grandes gritos ay confisión que me muero confision que me estan matando esto dixo muchas beces y el sor corregidor dixo decir la berdad quien mato a felipe gonçales y respondió confesión que me muero y su md dixo afiance al dho executor y su md mando que afiance la dha vuelta y su md le mando dar otra buelta ques la cuarta vuelta y dixo en llegando a las espinillas será ello y el dho executor de la justª le día cuarta vuelta de mancuerda y la dio y dixo que no sabe nada con gritos diciendo madre de dios (ilegible) le diese la quinta buelta y el dho executor la dio y el dho mathias dixo que me matan repitiéndolas munchas veces virgen que me matan no se nada y su md mdo afiance la dha buelta y el dho executor la afianço y luego su md mando le de la vuelta de los pulgares y el sor corregidor le mdo diga la berdad y el suso dho dixo ay virgen sacratísima confesión que me muero y el sor corregor le dixo deci la berdad y os quitare y le md a el executor apretase la buelta y dixo no se nada señora que me estan matando no se nada señor, su md le pregto quien robo a Felipe gonçales y dixo no se nada señor, señora de los santos baleme y su md mando buelba a apretar y dixo ay birgen santísima confesión ay que me matan y su md dixo deçi la berdad mathias y dixo no se nada sor , ai birgen que no ay verdad que decir señor no se nada y su md le mdo a el executor la afiance la dha buelta y el dho executor la afianço a la escalera del potro y luego su md mdo le de la buelta de las espinillas y el dho executor de la justª la dio con un garrote y su md le dixo deçi la berdad y el dho mathias dixo confesión que me matan birgen del rosario ay que no se nada ay confesión que me matan confesión que me estan matando baleme birgen santísima del rosario que no se nada y su md le dixo deçi la berdad y dixo que me muero confesión que me matan ynjusto birgen del rrosario que me muero confesión sea por amor de dios ay ay y el dho exor tubo la cuerda tirante ynterbalo de tienpo y el dho mahtias se quejaba ay ay ay que me estan matando injusto señor y que me estan matando y se quedo suspenso el dho mathias gonçales teniendo tirada la cuerda y su md dixo diga la berdad y dixo el suso dho no se nada y su md le mdo apretar la buelta y el dho executor por una costilla del potro la apreto y dixo el dho mathias gonçales ay que no se nada y su merced dixo deçi la verdad y el dho mathias gonçales ay que no se nada llorando y quejándose y su mdo mdo le quiten las vueltas de mancuerda espinilla y pulgares y el dho executor de la justª las aflojo y le quito los cordeles y cincho y quito del tormento y su md mdo llevar al dho mathias gonçales a la prisión y mdo quede abierto (el potro) para bolberlo a rreyterar cada que convenga”

    Tras ser torturado, Matías González fue devuelto a la cárcel pública.

    Dos días más tarde, el jueves 13 de julio, el corregidor dicta sentencia contra Alí moro: lo declaró culpable y le condenó a la pena de muerte en la horca.

    Ese mismo día a las 10 de la mañana, el alguacil mayor hizo sacar de la cárcel a Alí, lo subió en una bestia de albarda con una soga de esparto al cuello, atado de pies y manos, y fue llevado en “procesión” por las principales calles de la villa, mientras el pregonero iba manifestando su delito, hasta llegar a la Plaza de la Cruz, donde estaba hecha una horca de madera. Pero antes de ajusticiarlo, se apiadaron del reo, pues el beneficiado Melchor de Palma y Mesa lo redujo a la fe católica y “con toda solemnidad le bautiço y puso por ne francisco Luis”. Acabado el bautismo, Juan Rodríguez, el ejecutor de la Justicia, “lo colgó por el pescueço hasta que murió naturalmente”

    Después de muerto, todavía le quedaba a Alí sufrir un doble escarnio, primero porque el pregonero hizo saber “que ninguna persona le quitase de la horca so la pena de la sª (sentencia) del sor corregidor” con lo cual, su cadáver estaría expuesto durante un tiempo a la vista de todos, y segundo, porque el propio corregidor ordenó en la sentencia que, una vez muerto “sea hecho quartos y puesto en los caminos entradas desta villa y ninguna persona lo quite sin mi lisensia pena de la vida”

    Este fue el final de Alí moro, el principal sospechoso del crimen de Felipe González.

Dibujo de Christoph Weiditz 


    Sobre este proceso judicial, cada cual sacará sus conclusiones y tendrá su opinión. Por mi parte, solo quiero añadir un detalle: en la primera declaración que hace Matías Vidal sobre el robo cometido en su tienda, asegura que a la taza robada le faltaba un asa (véase la declaración al principio de este artículo).  ¿Cómo es posible que el asa apareciese en poder de Alí en la cuadra del castillo donde lo encerraron, si cuando la robó, ya no la tenía?

    Pero los autos no habían terminado con la muerte de Alí, pues aún quedaba juzgar al resto de cómplices, presentando Aldonza Violante, la viuda del asesinado, una querella contra Pedro López y Matías González el día 17, para los cuales pidió pena de muerte.

    El proceso se dilató aún un par de meses, hasta que el 5 de septiembre el corregidor dictó sentencia contra ambos, siendo condenados a ocho años en el presidio de La Mamora,[5] en África y en caso de quebrantar su prisión, pasarían a cumplir pena en las galeras del rey a los remos y sin sueldo. Además, le fueron confiscados todos sus bienes, pasando la mitad de ellos para la viuda Aldonza, y la otra mitad para gastos de justicia y para la Cámara.

    En cuanto a las personas que compraron las telas robadas por Alí moro, el 8 de agosto fue condenado Felipe Cortés, el mesonero, a pagar 80 reales a Aldonza, la viuda, por el valor de 20 varas de lienzos, más 1000 maravedís para reparos del castillo y pago de costas.
    
    El 22 de octubre fue condenada Ana Rodríguez, por comprar cuatro varas y media de tela robadas, debiendo pagar el valor de las mismas, 18 reales, a Aldonza y 600 maravedís, destinados en gran parte para reparos del castillo.

    El 9 de diciembre fue condenada Catalina Sánchez a pagar a Aldonza 540 reales por 120 varas que receptó de Alí moro, más otros 10000 maravedís destinados por mitad para la Cámara del Duque y para gastos de justicia.[6]

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sábado, 12 de julio de 2025

El asesinato de Felipe González (I)





Aproximación al funcionamiento de la justicia en Alcalá de los Gazules
a mediados del siglo XVII a través de su proceso criminal



Ismael Almagro Montes de Oca



    Aunque hayamos etiquetado este artículo como “crónica negra”, es preciso aclarar que, si bien se trata de un trágico suceso, no es estrictamente una crónica, porque cuando los hechos ocurrieron, ni siquiera existía la prensa en nuestro país.

    Los acontecimientos que a continuación vamos a dar a conocer, aparecen minuciosamente detallados en los Autos de Justicia que se siguieron en el año 1656 contra varios vecinos de Alcalá, y lo que empezó por un robo en una tienda, derivó en un asesinato, confesado a base de torturas, que son descritas con toda crudeza y acabó con un ahorcamiento.

    El proceso criminal seguido contra estos individuos, nos sirve para hacernos una idea bastante aproximada de cómo funcionaba la justicia en aquella época, impartida directamente por el alcaide corregidor de la villa, en aquella fecha D. Francisco Carrión Merodio, quien el 23 de abril de dicho año  tuvo noticias de un robo que se había perpetrado la noche anterior en la tienda de Matías Vidal. Sin mediar denuncia (al menos no consta en los Autos) el corregidor decidió por su cuenta iniciar pesquisas para averiguar quién había cometido el robo. Ese mismo día, en compañía del escribano y dos testigos, fue a la tienda a tomar declaración al dueño, quien confirmó el robo:

    “en la noche pasada sábado como a la ora de las animas cerró su tienda y se fue a su casa, esta mañana hallo el candado roto y que se avian llebado del cajon ciento y treinta Reales de cuartos y una surtija de una piedra berde y otra con cinco piedras verdes una tenbladera de plata con un asa menos y que no sospecha quien los robo y que anoche a la prima estuvo en su tienda Baltasar hijo de rendon que compro un sombrero” [2]

    Ante la falta de sospechosos, el corregidor tomó una decisión un poco curiosa. Acudió a la taberna de Juana Rodríguez para averiguar quién estuvo allí la noche anterior. La tabernera dijo que estuvo el harriero Manuel González, a quien tomó declaración el corregidor, sin encontrar indicios de que estuviese implicado.

    Al día siguiente, a los dos de la tarde, varios vecinos, Juan Gómez Correa, Sebastián Romero, Bernardo de Arriaza, Francisco Rodríguez y Matías Vidal, sorprendieron en la Mancebía a un esclavo de Francisco de la Fuente, conocido por Alí moro (lo que delata su procedencia) con una taza de plata en las manos y lo detuvieron. Fue llevado al castillo, donde el corregidor le tomó declaración y al no ser cristiano, “juró y dixo que según su ley profeta dirá verdad”. Confesó no saber nada del robo de la tienda y explicó cómo llega la taza a su poder: 

    “que antes de anoche bentidos de este mes como a las tres de la madrugada trujeron muerto a don diego Camacho a las casa de Don Juan Camacho su padre y este declarante benia detrás de toda la gente que le traya y entro en la casa puerta de la dha casa de don juº camacho y allí hallo dos capas y debajo dellas estaba la taça de plata que se le a mostrado y le fue hallada y que luego vinieron dos moços de arcos que una se llama niculas y otro se llama juan de molina que habían ydo alumbrado con dos hachas el difunto y alçaron las dos capas y anduvieron mirando por el suelo con que este declarante presumio que buscaban la dha taça” [2]

    Tras su declaración, fue registrado por el corregidor en busca de las sortijas, pero no le encontró nada y lo mandó meter “en la quadra del castillo que sirve de carbonera donde estuvo como una ora y de allí fue entregado al (tinta desvaída) y llebado a la cárcel”

    Al día siguiente, el asa que le faltaba a la taza robada fue localizada en el sitio más insospechado:

    “en martes por la mañana vte y cinco de este dho mes se hallo en un poyo de la dha carbonera del castillo donde estuvo preso el dho moro un asa de plata quebrada que se ajusto en la taça de plata que se le hallo al dho moro y por la quebradura pareció ser de la dha taça y el sor corregidor lo mandó poner por deligencia en estos autos”

    Tras el hallazgo, el corregidor ordenó hacer averiguaciones sobre las costumbres del moro y si había cometido otros hurtos.

    Ese mismo día acudió a declarar el regidor Antonio Cordero de Medina, asegurando que una noche sorprendió a Alí moro dentro de su casa, lo echó, cerrando las puertas y más tarde las forzaron, llevándose 50 reales. Buscó a Alí, hallándolo en el campo. Éste le confesó el hurto y quedó en devolverle el dinero.

    Un par de semanas más tarde, el 7 de mayo, el corregidor, que se encontraba enfermo, recibió noticia de que un religioso había llevado a Matías Vidal las dos sortijas robadas, dando comisión a Pedro de Castro Santa Elena, alcalde ordinario, para que lo verificase,

    Al día siguiente, Pedro de Castro se presentó ante el tendero y le volvió a tomar declaración. Dijo que después de apresado el moro Alí, le llegó un religioso de la Orden de San Francisco de Paula, conventual en esta villa y le comunicó que una persona, bajo secreto de confesión, le había entregado dos sortijas que Alí le había empeñado en 14 reales, dándoselas el fraile a Matías Vidal, que las reconoció como suyas.

    Tomó declaración igualmente a Amador Coslada, vecino de Alcalá, quien señaló que “el dho moro tiene fama publica de ladrón” y que haría unos tres años, estando trabajando de capataz en Cabeza Redonda, su amo le envió cecina, que guardó en la bodega y una noche descerrajaron la puerta y se llevaron junto con seis arrobas de vino y, haciendo diligencias, supo que Alí moro lo había robado “y asimesmo sabe de publico que por el agosto pasado de mill y seiscientos y cinquenta y cinco en el camino de la fos junto a la mojonera de este termino se hallo muerto a un harriero forastero con heridas y esto fue cerca de las tierras del dho franco de la fuente donde entonces asistía el dho moro el cual es publico que mato a el dho moro y lo robo y así se lo dixo a este testigo Juº Min (Juan Martín) Polayna y anton de la cida y que en el dho tienpo avia el dho moro bendido arcas y umayna y rajuela y le avia quitado al dho harriero = y que miguel de espinola le dixo a este testigo que el dho ali moro avia llegado a una taberna por bino y que la tabernera no se lo avia querido dar por no darle el dinero a lo cual el dho ali moro avia sacado un puño de doblas de oro y las avia mostrado a la tabernera y abia dho aquí tengo con que pagarte y que le avia parecido mal que el dho moro tuviese tanto dinero”



    En los días siguientes, el alcalde ordinario se dedicó a seguir la pista de las telas robadas. El día 16 tomó declaración a Leonor Domínguez, mujer de Francisco González, quien reconoció que haría unos seis meses, estando en casa de su hija María del Moral, entraron Pedro López y su mujer María, taberneros, naturales de Sevilla, pero que llevaban tiempo viviendo en Alcalá. Esta última llevaba una pieza de tela para que le cortasen un poco de ropa. La tela tenía una mancha que parecía ser de agua de mar y Pedro López dijo “que era porque el dho lienço se lo avia dado el dho ali moro que lo tenia enterrado en un pajar que se llobia y que de eso era la mancha y que le avia dho el dho moro que el dho lienço se lo avia enbiado su hermano el de cadiz”

    La misma testigo relató que había oído decir a Juan Sánchez, porquero de Francisco de la Fuente, que una noche llegó al cortijo de la Dorada un forastero a caballo pidiendo posada y se la dieron y que éste llevaba dinero porque sonó. Después de acostados, Alí llamó a Juan Sánchez y le dijo “que si quería que mataran a aquel ombre porque llevaba dinero”. El porquero se escandalizó y estuvo toda la noche haciendo guardia al hombre que dormía para que no lo matara, hasta que por la mañana despertó y se marchó, dándole el forastero un real a Alí en agradecimiento por la posada.

    A esta declaración le siguieron otras, de personas que aseguraban haber visto a Alí vendiendo las telas, y de otras que ratificaban el robo del vino que hizo el moro en Cabeza Redonda tiempo atrás.

    Mientras tanto, En Écija, Aldonza Violante, viuda de Felipe González, que así se llamaba el harriero forastero que apareció muerto, el 18 de mayo decidió interponer una querella contra los autores del asesinato de su marido, para lo cual dio un poder a Francisco López, su hermano, quien días más tarde se desplazó a Alcalá y se presentó ante el corregidor:

“franco lopez vezº de la ciud de ecija en ne y en virtud del poder que tengo de Aldonça mi hermª viuda de Phelipe gonçalez mercader su marido difunto como mejor aya lugar me querello criminalmente de Ali de nacion moro esclabo de franco de la fuente y de los demás que resultaren culpados en el progresso desta causa y digo que haciendo viaje el dho Phelipe gonçalez por esta villa por el mes de agosto del año pasado de mil y seis cientos y cinqta y cinco con una carga de lienços de creas y umaynas y otros géneros mercantiles en que tratava y conque solía hacer viajes hacia la dha ciud de Esija (ilegible)do de transito por el termino desta villa y sitio de la dorada que esta en termino de ella donde el dho franco de la fuente tiene una cassa de campo o cortijo el dho Ali moro llevado de su mal natural y peores costumbres ajustadas a su (¿?) aviendo salido el dho Phelipe gonçalez del mesón de franco de la Vega la víspera de San Lorenço nueve de agosto del dho año con un cavallo Vayo quatralbo cargado de los dhos lienços y mercadurías fue a parar y hacer hornada en la cassa y cortijo del dho sitio de la Dorada que es del dho franco de la fuente donde estava el dho Ali moro que de ordinaria asistía en ella y allí remanesio muerto el dho Phelipe gonçalez y robados los lienços y demás bienes que llevaba en la dha carga =”



    En la querella, se argumentaba que era evidente que Alí moro había cometido el asesinato porque tenía fama de jugador y ladrón, habiendo cometido muchos delitos de hurto y porque en aquella fecha estuvo vendiendo partidas de lienzos y otra mercadurías. Asimismo, añadía que uno de los testigos había confesado que Alí le invitó a unirse al asesinato y robo.

    El 1 de junio se ordenó la detención de Matías González, que guardaba colmenas en la zona del cortijo de la Dorada y que solía juntarse con Alí moro, a quien, el mismo día, se le volvió a tomar declaración, reconociendo que conocía a Matías haría cuatro o cinco años, pero negó haber estado vendiendo las telas, por lo que el corregidor mandó suspender su declaración, quizás porque estando ya detenido no contaba con abogado defensor, por lo que, al día siguiente, y en vista de que el amo de Alí, Francisco de la Fuente, no atendía a su defensa, el corregidor designó a Francisco del Pino como procurador “ad litem” [3]

    Pasados unos días, fue detenido Pedro López y se sucedieron las declaraciones de testigos asegurando que en aquellos días Alí moro iba derrochando dinero. El 5 de julio Juan Granados declaró que, hacía más o menos un año, un día, estando el Pajarete guardando una piara de cabras de Felipe Cabello, vecino de Jerez, junto al camino de la Foz en la loma de los potros vio en un arroyo hondo lo que creyó era una res muerta “fue y debajo de un barranco hallo un hombre muerto en calçon de lienço sin capa con polaina y çapatos de baca y un çeñido con las mangas abiertas que ya estaba podrido hinchado y en unas piedras que estaban junto a la cabeça avia un poco de sangre”. Relató que no sabía quién lo mató y que conocía a Alí moro, gran amigo de Matías González y que era habitual verlos en aquella zona.

    Tras este testimonio, el día 8 el corregidor volvió a sacar de la cárcel pública a Alí moro para tomarle una nueva declaración. Fue respondiendo una a una a las preguntas, reconociendo tener 27 o 28 años y que el 24 de abril fue detenido en la Mancebía con una taza, pero negó haberla robado de la tienda. Confesó igualmente que cuando fue arrestado en una cuadra del castillo, dejó allí un asa de la taza en una taleguilla donde guardaba pedernal, yesca y escobón, pero negó haber roto dicha asa, que venía dentro de la misma. Del mismo modo, negó haber robado carne y vino en Cabeza Redonda. Confesó haber acogido en el cortijo a un forastero, pero que a la mañana siguiente siguió su camino y que cuando llevaron el caballo con las telas al cortijo, él se encontraba “ensalinando” en la salina de Peña Arpada.

    Tantas negativas por parte de Alí, enervaron al corregidor, que decidió que, si el moro no confesaba por las buenas, lo haría por las malas y el día 8 dictó un auto para someterlo a tormento, dándole “agua y cordel”. Pero antes, el día 9 volvió a interrogarlo, por si cambiaba su versión para esquivar la tortura, pero Alí solo se declaró culpable de los delitos que había confesado anteriormente, negando haber cometido el asesinato. Acto seguido, el corregidor ordenó a Juan Rodríguez, ejecutor de la Justicia, que desnudase al reo, mientras le advertía de que, si “pierna o braço se le quebrare ojo se le saltare o muriere en el tormento” sería por su culpa y no del mandatario.

Potro en escalera. Antiguo instrumento de tortura.
Exposición Inquisición en el Palacio de los Olvidados de Granada.

   
    El ejecutor ató al preso al potro de tortura, relatándose en los Autos el proceso de tortura minuciosamente:

“le ligó con un cincho por los pechos a dos argollas que estan en la pared y le ligo con dos cordeles los braços uno con otro y le puso en los molledos delanteros cuatro cuerdas de buelta y los afianço a el potro y luego el dho Juan rrodrigues executor de la justicia le ligo con dos cordeles los dedos pulgares de los pies”

    Subió al potro de tortura, Alí moro empezó a “cantar”:

el solo mató y rrobo a el dho fhelipe gonçales y que luego que hiço la muerte fue a la choça de mathias gonçales y le dixo a el suso dho como avia muerto al dho fhelipe gonçales y le avia quitado la carga de lienços que llevaba y el dho mathias gonsales le avia dho que llevase la carga de lienços a su choça y allí la escondiese y se la llebo y la entro en la choça de mathias gonsales donde estuvieron vte y cuatro días de donde los fue traiendo a esta vª poco a poco”

    Pero esta confesión no fue suficiente para el corregidor, que requirió a Alí que dijese la verdad y ordenó al ejecutor que afianzase los pulgares al potro, contestando el moro que para qué le daban esos tormentos, si estaba confesando la verdad. Esto enervó al corregidor, que ordenó al ejecutor que le diese una vuelta a la mancuerda. Alí, retorciéndose de dolor, gritó “virgen santísima de los santos valeme” a lo que el alcaide volvió a apercibirle para que dijese la verdad, respondiendo Alí: “madre de dios yo digo la verdad bautismo pido madre de dios, yo solo lo hice, yo solo lo quiero pagar yo solo lo maté”, gritando para que aflojase, que diría la verdad. Ante la súplica, el corregidor mandó aflojar las cuerdas y Alí confesó:

    “este declarante y pedro lopes de Sevilla y el dho mathias gonçales mataron y rrobaron al dho fhelipe gonçales y le rrobarron los lienços y los partieron entre todos”


    Confesó además que los tres se pusieron de acuerdo para matarlo y robarle la carga que llevaba, que fueron a buscarlo y lo hallaron durmiendo debajo de un quejigo. Pedro López le dijo a Alí “dale” y este “con un palo que traia le dio dos golpes en la cabeça y lo mato…”

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NOTAS

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sábado, 7 de enero de 2023

Un amante incendiario




        El suceso que se narra a continuación, ocurrió en Alcalá en marzo de 1889, aunque trascendió a la prensa, a raíz de dictarse sentencia contra el acusado: 

    "Ramón Sánchez Jiménez, un mocetón de Alcalá de los Gazules (Cádiz) era novio y algo más, de María Rodríguez Tizón, hija de un labrador habitante en el rancho de la Matilla, que tenía como dependiente suyo al mismo Ramón, el galán de su hija. Juan Rodríguez, el padre de la muchacha, enteróse al fin de la situación y despidió del rancho á Sánchez Jiménez, el cual juró vengarse de lo que él creía mal proceder del Sr. Rodríguez.

    Tras amenazas y súplicas, el labrador volvió á admitir en su casa á Ramón, quien para pagar tanta indulgencia, levantóse muy silencioso la noche del 24 de Marzo del año último y pegó fuego á la ranchería por los cuatro costados.

    Cuando el incendio hubo adquirido bastante cuerpo, el filantrópico joven empezó á dar grandes voces, despertando á lodos, mostrándose muy solícito para sofocar los progresos del fuego, y lamentando la desgracia de aquella desolada familia.

    No pereció quemada ninguna persona pero el padre de la chica vio desaparecer, hechas cenizas, tres habitaciones de su casa, con ropas y enseres de la labranza, y morir abrasados 26 pavos y varias gallinas; total, según los peritos, 1.496 pesetas 25 céntimos.

    Ante el Jurado, en la Audiencia de Algeciras, se ha visto recientemente el proceso formado contra este novio incendiario dando el tribunal popular un veredicto de culpabilidad, si bien atenuado por la consideración de que el mozo no tuvo el propósito de ofender á las personas haciendo que peligrasen sus vidas por el incendio.

    Ramón Sánchez ha sido, pues, condenado á cinco años de presidio é indemnización de 1.496 pesetas 25 céntimos al padre de María Rodríguez Tizón." (1)




NOTAS

(1) Artículo publicado en EL NOTICIERO UNIVERSAL en la página 1 de su edición del viernes 21 de marzo de 1890. Año III nº 706.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Condenado a muerte por secuestro




Ismael Almagro Montes de Oca



    La noche del 20 de abril de 1879 el joven de Paterna Diego Suarez Sánchez, tardaba en llegar a su casa en aquella villa. Pronto supo su padre, Francisco Suarez Vega, el motivo: había sido secuestrado en el sitio conocido por el Amarguillo y los secuestradores le pidieron por carta un rescate de 40000 reales, cantidad que no poseía, dando cuenta a las autoridades.

    El Gobernador dio órdenes para iniciar la busca y captura de los malhechores, saliendo el jefe de la guardia civil hacia Medina Sidonia, desde donde inició, acompañado de las fuerzas de aquel puesto, las diligencias para averiguar el paradero del secuestrado.

    Gracias a las pesquisas del capitán D. José Enriquez Patiño, y de Pedro Medina López y Antonio Salinas Soler, después de cinco días de incesante búsqueda, dieron con una cueva llamada la Borrosa, en término de Jerez, a legua y media de Paterna. Al acercarse a la cueva vieron salir a un individuo joven de la misma, y al darle el ¡alto!, éste sacó una escopeta, pero los agentes consiguieron reducirlo. Dentro de la cueva, encontraron al secuestrado Diego Suarez con los ojos vendados.

    El capitán Patiño llevó al recién liberado hasta su casa y tras tomarle declaración, puso al detenido a disposición del fiscal militar del distrito y consiguió detener a seis sospechosos de participar en el secuestro. Pero hubo otro cómplice, un “sujeto de Alcalá” que consiguió huir. [1]


    El 22 de mayo, el juez fiscal del Consejo de Guerra permanente del Juzgado militar de Cádiz, D. José de Azcárate y Serrano, publicó una requisitoria en la Gaceta de Madrid y en el Boletín Oficial de la Provincia, citando a declarar a Vicente Rey Barbero, natural y vecino de Alcalá de los Gazules, hijo de Pedro y de María, de 34 años de edad, casado, trabajador del campo, con instrucción, para responder a los cargos que se imputaban por su implicación en el secuestro.[2] Si en el plazo de 30 días no comparecía, se le declararía en rebeldía, como así ocurrió, dictándose orden de busca y captura.

    En la requisitoria, se daban las señas del alcalaíno:

“Estatura regular, color moreno claro, barba poblada y afeitada, ojos pardos; viste pantalón de tela oscura, chaqueta de paño negro, borceguíes blancos usados, sombrero hongo negro de ala ancha.”

    Meses más tarde, el 29 de agosto, tuvo lugar en el Cuartel de la Candelaria en Cádiz, un Consejo de Guerra para dictar sentencia contra los autores y cómplices del secuestro.[3]

    El fiscal pidió pena de muerte para cuatro de los acusados, Juan Jiménez García (alias) Filaque, de Paterna; Manuel Calvillo Sánchez (a) el hijo del Ángel, de Benamahoma; Alonso Puerto (a) Estravío, de Benaocaz y Vicente Rey Barbero, de Alcalá de los Gazules, en rebeldía. Para otro de los acusados, Miguel Becerra Telly, de Atajate (Málaga), pidió cadena perpetua, mientras que otros dos los puso a disposición el gobernador civil y la absolución para el resto de implicados. [4]

    Finalmente, el 24 de enero del año siguiente, el Consejo Supremo de Guerra ratificó la sentencia de muerte para Vicente Rey Barbero y para Alonso Puerto Rodríguez.[5]

    Ninguna noticia más hallamos sobre este alcalaíno sobre su ajusticiamiento, por lo que posiblemente consiguiera huir, bien como polizón en algún barco hacia América o bien hacia las costas africanas.

El garrote vil era el instrumento utilizado para ejecutar las penas de muerte



NOTAS

[1] Resumen de los acontecimientos, según lo publicado el 5 de mayo de 1879 en la página 2 de LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA (Año XXX Número 7803 ) y al dia siguiente en la página 1 del periódico DIARIO DE CÓRDOBA DE COMERCIO, INDUSTRIA, ADMINISTRACIÓN, NOTICIAS Y AVISOS. (Año XXX Número 8589)

[2] Gaceta Madrid. nº 142 pág. 536

[3] Edición del 28 de agosto de 1879 de EL GUADALETE. Año XXV Número 7174 pág. 3

[4] Edición del 30 de agosto 1879 de EL POPULAR

[5] Edición del 23 de marzo de 1880 de GACETA UNIVERSAL. Año III Número 618 pág. 3

sábado, 4 de junio de 2022

El rayo que cayó en la torre de la Parroquia




Ismael Almagro Montes de Oca


      En su día, dimos a conocer varias desgracias ocurridas en nuestra localidad por tormentas eléctricas (véase: https://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2012/12/desgracias-ocurridas-por-rayos.html).

      Quizás la mas conocida fue la que tuvo lugar el 29 de marzo de 1898, en parte, gracias al exvoto existente en el Santuario, narrando lo acontecido. El suceso fue de tal magnitud, que muchos periódicos de la época se hicieron eco de la noticia, y gracias a una de ellas, recogiendo una carta de un vecino narrando los hechos y los momentos de terror vividos, conocemos más detalles de esta historia:

       “Anoche (martes), á las siete, nos sorprendió un relámpago fenomenal, seguido de un terrible trueno.

      Todos sufrieron el susto consiguiente, y por más que deseábamos saber el resultado, no se pudo lograr, porque no se podía salir a la calle, y solo se hacia la conjetura de que el pararrayos de la casa del señor Sánchez lo hubiera atraído.

      Mas hoy por la mañana súpose que cayó en la torro de la parroquia, destrozando el reloj y poniéndola en mal estado en sus dos últimos pisos.

      Desgracias personales ha habido la del acólito, que está en el Hospital y que al pasar por las gradas la exhalación le quitó un botillo del pie, rasgándole además la chaqueta y vestiduras. El pobre no puede mover un brazo y pie.

     Otro chico que pasaba por la plaza, también resultó lesionado.

     El cartero, que pasaba por la calle Carrera, cayó al suelo asfixiado, siendo conducido a una de las casas próximas, y al cabo de un ralo se repuso.

     Algunos de los escombros de la torre llegaron á los balcones de la casa de enfrente.

    Al sacristán Moreno, que iba a cerrar las puertas, le arrojó las llaves y una bujía que llevaba, a larga distancia.

     Todos los cristales de la Parroquia, Hospital y casa de D.ª Isabel Velasco quedaron rotos.

      Según dicen, hay una avería que costará tres mil duros el reponerla. Otros dicen que no es de tanta importancia.

     Al ocurrir el suceso no había nadie, afortunadamente, en la Parroquia, porque se predicaba en la Soledad, donde viene celebrándose el septenario de Dolores. Hubo sincopes y desmayos en las señoras, por lo cual se suspendió hasta el sermón, continuando el Trisagio, mientras no hubo una clara para que pudiesen ir á sus casas las personas que allí estaban.” [1]




NOTAS

[1] Noticia publicada en DIARIO DE BARCELONA, en su edición del 4 de abril de 1894. nº 94 pág. 2. Reproduce lo publicado en el DIARIO DE CADIZ el día 1 de abril.

sábado, 6 de noviembre de 2021

El crimen de la viña San Francisco




Ismael Almagro Montes de Oca



      Esta es la historia de un vecino de Alcalá que se vio involucrado en un crimen, siendo condenado a muerte por el mismo.

     Pero comencemos casi por el final.

     En la sesión celebrada por el ayuntamiento alcalaíno el 28 de noviembre de 1898, se trató lo siguiente:

“Por el Sr. Benítez del Rio, se manifestó: que tanto q él como a otros Sres. Concejales se había acercado María del Carmen Rosa Rabaneda, la que por espacio de varios años ha residido en esta localidad, en suplica de que por la Corporación se solicitase la gracia de indulto para su marido Juan Lozano Montes de Oca, condenado a muerte por la Audiencia provincial de Cádiz en la primera quincena de Julio ultimo, como uno de los autores del crimen de robo y homicidio cometido en una viña del termino de Jerez de la Frontera. El Ayuntamiento, considerando meritorio el móvil que impulsaba a la infortunada esposa que imploraba en nombre de sus tres menores hijas el perdón para el padre de tan desgraciados seres, a quienes quería ahorrar el baldón de que se les denominara <<las hijas del ajusticiado>>; que en esta Ciudad habitan el hermano y varios parientes del reo, todos de buena conducta y honrado proceder y a quienes se evitaría un día de luto y vergüenza; y teniendo presentes los buenos sentimientos que adornan al Ilustre Prócer que nos representa en Cortes; después de breve discusión, se acordó: Dirigirse al Excmo. Sor. Duque de Almodóvar del Rio y rogarle se digne, si lo tiene a bien y cuando lo considere oportuno, impetrar de S. M. la Reina Regente la gracia del indulto de la pena de muerte, impuesta a Juan Lozano Montes de Oca.”[1]

      Puestos a indagar sobre ese crimen, averiguamos que el mismo se cometió dos años antes en la viña “San Francisco” de Jerez de la Frontera, comenzando el juicio el lunes 6 de agosto de 1898 en la Audiencia provincial de Cádiz:

      “Los hechos ocurrieron en el mes de Marzo de 1896, pero el recuerdo se mantiene vivo, no sólo por la magnitud del crimen, sino porque muy recientemente se han publicado sus principales detalles.

      José Roco y Juan Peña propusiéronse robar a Pedro Quero, dueño de una viña en el Arroyo del Membrillar, de Jerez, y para llevar a cabo el propósito pusiéronse de acuerdo con Francisco Moreno López, Juan Lozano Montos de Oca, Cristóbal San José Expósito y Antonio Gordillo Morillo.

      Peña y Roco se escusaron de asistir y Moreno López recusó la participación en el crimen, no concurriendo tampoco a su realización.

      Juan Lozano, Cristóbal San José y Antonio Gordillo estuvieron en la viña bebiendo vino todo el día 10 de Mayo hasta el oscurecer.

      El desgraciado Pedro Quero encontrábase en el interior de su casa, teniendo sobre las rodillas á una hija suya pequeñita, y en esa actitud lo sorprendieron los procesados, disparándole Cristóbal San José un tiro que le produjo en el acto la muerte.

     Ataron a la mujer e hija del muerto, y al criado, robando 502 pesetas y otros efectos.

     Tal es a grandes rasgos el hecho que motivó este proceso, que ha de verse hoy en el Tribunal de Jurados.

     El Tribunal de Derecho lo constituyen, D. Rafael Atienza Presidente; D. Guillermo Rayón y D. Ricardo Fernández Prats Magistrados; Fiscal de S. M. D. Pedro López y Secretario D. Rodrigo Díaz.

     De acusador privado actúa D. Juan Cortina de la Vega.

     Defensores: de Juan Peña, D. José Zaldivar; de José Roco Ruiz, D. Francisco Clotet; de Juan Lozano Montes de Oca y Francisco Moreno López, D. Juan de Vicente Portela; y de Cristóbal San José Expósito, D. José Zurita.

…Están citados para declarar 40 testigos, encontrándose entre ellos el hoy Comandante de la Guardia Civil D. Francisco González de Quevedo, que en la época del crimen era capitán, prestaba servicio en Jerez, y llevó á cabo la captura de los delincuentes.

      En la Audiencia es dificilísimo penetrar por la afluencia del público que todo lo invade.

     Los presos encuéntranse en el calabozo de la Audiencia custodiados por la Guardia Civil.”[2]




      El fiscal calificó el hecho como robo y homicidio, solicitando para Cristóbal S. José y Juan Lozano Montes de Oca la pena de muerte y para José Roco Ruiz, Juan Peña García, Francisco Moreno López y Antonio Gordillo Morillo diversas penas temporales. [3]

     En la primera sesión, celebrada el día siguiente, declara nuestro paisano:

     “Juan Lozano Montes de Oca es el último que declara. No ha sido procesado.

     Explica que conoció a Peña por los negocios de tabaco que ambos tenían.

     No conocía a Cristóbal San José y niega rotundamente su participación en el crimen de la viña, en la cual no estuvo nunca.

      Al preguntarle el Fiscal si es cierto que amarró al criado de Quero cuando quiso huir horrorizado de la muerte de su amo, contesta:

—Mi mano derecha no se ha levantado nunca contra ningún semejante mío.

     Sigue negando su participación en el crimen y el Fiscal pide que se lean sus declaraciones para hacer constar las contradicciones sustanciales en que incurre.

      Contestando a las preguntas de su defensor Sr. Portela, dice que ha estado pocas veces en Jerez; que conoce a Moreno, en cuya casa ha comido varias veces y que no recuerda haber estado en la tienda de «Los Palos,» pues no bebe nunca vino.

      Las declaraciones a que se dan lectura están conformes con las de los restantes procesados en la manera de perpetrarse el crimen y difieren en su esencia y totalidad a lo que han dicho ahora todos los procesados.

      Ante tan palmarias contradicciones como aparecen entre lo declarado en el sumario y la declaración de ahora manifiesta que supo lo ocurrido cuando lo llevaban preso de Arcos a Jerez los Guardias Civiles, quienes fueron los mismos que se lo comunicaron.

      Ya en la Cárcel y atemorizado por los castigos de que tenía noticia se dispuso a declarar lo que quisieran sus acusadores. No obstante como se resistiera algún tanto lo llevaron a otro departamento de la Cárcel y por una ventana vio en una habitación a un hombre hecho un Ecce-Homo, con la cabeza rota, una oreja herida y lleno de sangre.

     Dijéronle que lo pondrían igual que estaba aquel a quien veía, y a partir de ese momento ya no tuvo inconveniente en declarar todo lo que quisieron que declarara.

      El Sr. Zaldivar le pregunta si el hombre herido era alguno de los que estaban en el banquillo y contesta afirmativamente señalando a Cristóbal San José Expósito.”[4]

      En la segunda sesión presta declaración la viuda del asesinado, que narra cómo se sucedieron los acontecimientos y en relación a Juan Lozano, respondiendo a preguntas del fiscal dice:

“El Fiscal: - ¿Reconocería la testigo a los individuos que estuvieron en la viña?

- Si señor.

- Señalelos Vd.

      La testigo se levanta y aproximándose al banquillo señala a Cristóbal S. José y a Lozano Montes de Oca.

- ¿Quién mató a su esposo?

- Este — señalando a Cristóbal S. José

- ¿Ud. en las primeras diligencias, no los confundió con otros?

- Si señor.

- ¿Cómo explica la equivocación?

- Por el ofuscamiento de las primeras horas. Después que los oí hablar, ya no tuve ninguna duda de los verdaderos autores que he señalado.

     El Sr Portela pide que la testigo señale de nuevo a uno de los autores del crimen, y le pregunta si conocía a Lozano Montes de Oca, contentando negativamente.”

      Después hacen una serie de preguntas los abogados:

      “El acusador privado haciéndose cargo de una pregunta del defensor Sr. Portela, a la que contestó la testigo que no conocía a Lozano Montes de Oca, hace que esta señale al que amarró al criado.

      Señala a Montes de Oca.”

      En la misma sesión, se leyó la declaración prestada por el criado del finado, que no comparece por estar sirviendo en el Ejercito de Cuba, en las que se encuentran algunas contradicciones:

“En las primeras diligencias hubo equivocación entre Peña y Roco con Expósito y Montes de Oca, pero luego fueron reconocidos estos últimos como autores.”

      Después declara el jefe de la cárcel de Jerez que dice “que allí no se maltrató a ninguno de los procesados y niega la escena que relató ayer Montes de Oca respecto al hombre que dice vio herido, y que fue causa de que declarar como lo hizo.” [5]

      En la cuarta y última sesión, toma la palabra el Sr. Portela, abogado defensor de Juan Lozano, quien expone que “no admite la responsabilidad de autor para Montes de Oca, y a lo sumo podría aceptar la de cómplice con una atenuante, definiendo al efecto este caso jurídico, en relación con su patrocinado”

     Después toma la palabra el acusado:

     “Juan Lozano Montes de Oca dice que tiene 43 años y jamás dio un paso fuera de la ley.

      Agrega que tiene tres hijas que nunca se llevaron un pedazo de pan á la boca que no fuera ganado con su trabajo honrado.

     Concluye implorando la caridad del Jurado”[6]

      Acabado el juicio, el jurado consideró a Cristóbal san José Expósito como autor material de la muerte y a éste y a Juan Lozano Montes de Oca como autores del robo de 502 pesetas, presenciando este último a muerte, mientras que a Juan Peña y Francisco Moreno los consideró como cómplices por facilitar información para cometer el crimen.

      El tribunal condenó a Cristóbal San José Expósito y Juan Lozano Montes a la pena de muerte, y a Juan Peña García y Francisco Moreno, a 17 años, cuatro meses y un día de cárcel. [7]

      La causa fue llevada al Tribunal Supremo, que el día 2 de enero confirma la sentencia de muerte para los dos acusados, pasando la causa al ministerio de Gracia y Justicia, que la devuelve al Supremo el 26 de julio, proponiendo el indulto para Juan Lozano Montes de Oca

     Seguidos los trámites legales y pasada la causa al ministerio de Gracia y Justicia en 26 de Julio último la devolvió éste al Supremo, manifestando que había sido propuesto para indulto Juan Lozano, debiendo cumplirse la sentencia de pena de muerte para Cristóbal Expósito.

      Parece ser que las gestiones del ayuntamiento alcalaíno con el Duque de Almodóvar del Río surtieron efecto, porque el 2 de septiembre, la Reina regente María Cristina firma en San Sebastián el Real Decreto indultando a nuestro paisano:

“Visto el testimonio de la sentencia dictada por la Sala de lo criminal del Tribunal Supremo declarando no haber lugar al recurso de casación admitido de derecho en beneficio dé Cristóbal San José Expósito y de Juan Lozano Montes de Oca, sentenciados a la pena de muerte por la Audiencia provincial de Cádiz como autores del delito complejo de robo y homicidio:

      Vista la ley de 18 de Junio de 1870, que reguló el ejercicio de la gracia de indulto:

      Considerando que Juan Lozano Montes de Oca no tomó parte en la ejecución material del homicidio:

      De acuerdo con lo informado por la expresada Sala del Tribunal Supremo, y con lo consultado por el Consejo de Estado en pleno, y conformándome con el parecer del Consejo de Ministros;

       En nombre de Mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino,

       Vengo en conmutar, por la inmediata de cadena perpetua y accesorias correspondientes, la pena de muerte impuesta a Juan Lozano Montes de Oca.” [8]


NOTAS

[1] AMAG. Actas sesiones del Ayto. pleno. Libro no inventariado. Sesión del 28 de noviembre de 1898. Folio 102 y vuelto.

[2] Edición del 7 de junio de 1898 de “El Guadalete. Periódico político y literario”. Año XLIV Número 13027 pág. 2

[3] Edición del 5 de junio de 1898 de “El Guadalete. Periódico político y literario”. Año XLIV Número 13025 pág. 2

[4] Edición del 8 de junio de 1898 de “El Guadalete. Periódico político y literario”. Año XLIV Número 13028 pág. 2

[5] Edición del 9 de junio de 1898 de “El Guadalete. Periódico político y literario”. Año XLIV Número 13029 pág. 2

[6] Edición del 12 de junio de 1898 de “El Guadalete. Periódico político y literario”. Año XLIV Número 13032 pág. 1 y 2

[7] Edición del 31 de agosto de 1899 de “El Guadalete. Periódico político y literario” Año XLV Número 13472 pág. 2

[8] Real Decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 6 de septiembre de 1899. Nº 249 pág. 879 y 880