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sábado, 29 de noviembre de 2025

Caciquismo en Alcalá: Retrato de una época (VI)




Ismael Almagro Montes de Oca



    Para mantenerse en el poder, el cacique tejía una red clientelar, concediendo todo tipo de favores, como exenciones de impuestos, exclusiones del servicio militar, repartos de tierras, a cambio del voto para perpetuarse en el poder.

    Cuando había elecciones, era vital para el cacique controlar todo el proceso electoral, a fin de conseguir sus propósitos, recurriendo frecuentemente al amaño o fraude electoral. Y para ello, el sillón de la alcaldía era el lugar ideal, puesto que, hasta entrado el siglo XX, los alcaldes, se encargaban de presidir la junta municipal del censo, órgano encargado de confeccionar las listas de electores.

    Cuando un cacique accedía a la alcaldía, ponía de secretario municipal a una persona de su total confianza, que actuaba asimismo de secretario de la junta municipal del censo. Este secretario se encargaba de validar las listas y de admitir o rechazar a los electores en función de su renta económica. Conviene precisar que hasta 1890 no se implantó en España el sufragio universal masculino para mayores de 25 años y que, con anterioridad a esa fecha, solo tenían derecho al voto los hombres mayores de edad con un determinado nivel de ingresos económicos.

    Anteriormente ya hablamos de Pedro Montes de Oca Atienza como el mayor exponente del caciquismo en Alcalá. Hoy traemos una nueva muestra de sus métodos totalitarios y de cómo manipulaba las elecciones, no ya con la compra de votos, sino imponiendo y manipulando la formación de las mesas electorales que debían “garantizar” que las votaciones y posterior escrutinio se ajustaban a la legalidad.

    El 30 de abril de 1884 debía tener lugar la elección de compromisarios para el nombramiento Senadores en la capital de la provincia. Ese mismo día, antes del inicio de las votaciones, debía constituirse la mesa con la elección del secretario y de los escrutadores. Seguramente, en anteriores ocasiones, se habían producido irregularidades en el proceso electoral, motivo por el cual, fue requerida la presencia del notario D. Rafael Espinosa Ramos para acreditar los hechos ocurridos por un nutrido número de alcalaínos con derecho a voto. Los requirentes fueron los siguientes:

- D. Juan María de Castro Moreno, de cuarenta y un años, de estado casado, propietario.
- D. Bartolomé Mariscal Moreno, de sesenta y cinco años, de estado casado, labrador.
- D. Francisco de Velasco García, de cincuenta y nueve años, de estado soltero, propietario.
- D. Pedro Toscano García, de sesenta y seis años, de estado casado, propietario.
- D. Pedro Toscano Dalmau, de treinta y un años, de estado casado, propietario.
- D. José Jiménez Álvarez de cincuenta y dos años, de estado casado propietario.
- D. José Sánchez Canto, de cincuenta y siete años, de estado casado labrador.
- D. José Jiménez Canto, de cincuenta y siete años, de estado casado, herrero.
- D. José Blanco Rangel, de cuarenta y cuatro años, de estado casado, agricultor.
- D. Pedro Nieto Torrejón, de cincuenta años, de estado casado labrador.
- D. Antonio M.ª de Puelles y Salas, de cincuenta y ocho años, de estado casado, propietario.
- D. Mariano Delgado de Mendoza y Simó, de sesenta y seis años, de estado casado, propietario.
- D. Luís Delgado Pérez, de cincuenta y tres años, de estado casado, propietario.
- D. Rodrigo Delgado Sánchez, de treinta y dos años, de estado casado, propietario.
- D. Jorge Jara Rodríguez, de cuarenta y ocho años, de estado casado, propietario.
- D. Joaquín Eusebio de Puelles Salas, de cincuenta y tres años, de estado casado, propietario.
- D. Francisco de Alba Rodríguez, de cincuenta y cuatro años, de estado casado, propietario.
- D. Antonio Visglerio y González de cincuenta y cuatro años, de estado casado, propietario.
- D. José Sánchez Fernández, de cincuenta años, de estado casado, propietario.
- D. Pedro Gutiérrez Fernández de cincuenta años, de estado casado, propietario.
- D. Francisco Javier Hita Mancilla, de sesenta y siete años, de estado casado propietario.
- D. Agustín Sánchez Canto de cincuenta y cinco años, de estado casado, propietario.
- D. Ignacio Tizón Moreno, de cincuenta años, de estado casado, propietario.
- D. Gonzalo Romero Blanco, de sesenta y seis años, de estado casado, propietario.
- D. José Romero Almagro, de sesenta años, de estado casado propietario.
- D. Lorenzo Sánchez Canto, de sesenta y dos años, de estado casado, propietario.
- D. Domingo Ortega Lobato, de sesenta y cuatro años, de estado casado, propietario.
- D. Francisco Lozano Fernández, de cuarenta y ocho años, de estado casado, propietario.
- D. Manuel Coca Ramos, de cincuenta y dos años, de estado casado, propietario.
- D. José del Valle Pardeza de cincuenta años, de estado casado, propietario.
- D. Jerónimo Caballero Briones, de cuarenta y cinco años, de estado casado, labrador.
- D. Antonio Romero Camacho, de cincuenta y ocho años, de estado casado, propietario.

    Recordemos que se adquiría el derecho al voto en función de la capacidad económica de cada individuo. Siete de éstos ni siquiera firmaron el documento por no saber escribir.

    El notario se presentó con el resto de individuos en las casas consistoriales, y para sorpresa de todos, ya se había constituido la mesa:

“me constituí, acompañado de los susodichos, todos que aseguran ser electores para el nombramiento de compromisarios en la sala consistorial, al mismo tiempo que entraba en ella el Alcalde de esta ciudad, Don Pedro Montes de Oca Atienza, el cual ocupó la Presidencia hallándose ya sentados a los lados de la mesa Don Francisco Mancilla Quijada, Don Francisco Caballero Vera, Don Francisco Gutiérrez Sánchez y Don Amalio Sanjuan Arias, los que según manifestó dicho Señor Alcalde constituían la mesa interina estando también de pie el Secretario de esta Municipalidad Don José Pacheco y de los Ríos con un legajo en la mano al parecer, de Gacetas o Boletines y en actitud de proceder a la lectura de lo prevenido en el artículo treinta y dos de la Ley Electoral vigente.”

    Casi todos reclamaron la ilegalidad por “estar constituida la mesa antes de abrirse la puerta de espresada sala capitular”.

    No fue la única ilegalidad cometida por el alcalde, pues exigieron inspeccionar la urna (que debía ser de madera por lo que no se veía su interior) y le acusaron “de no permitirseles examinar la urna por su interior y que estaba sobre la mesa para recibir los sufragios, a todo lo cual se negó el Señor Alcalde espresando que no admitía reconvenciones, pues se hallaba dispuesto a llevar a cabo el acto en la forma por el establecida, y que de todo ello se protestara como tubieran por conveniente”.

    Ante la negativa del alcalde, abandonaron la sala protestando la “nulidad todo lo actuado y lo que sucesivamente se practicare hasta dar por terminada la elección de Compromisarios, por haberse infringido abiertamente la Ley Electoral en cuanto a la constitucion de la mesa interina y no permitir la inspeccion de la urna dandose a entender cual había de ser el resultado de los actos posteriores”

    Denunciaron asimismo que no se había citado previamente al cuerpo electoral y abandonaron el local ante el despecho de Pedro Montes de Oca, negándole “el carácter de autoridad, lo cual verificaron saliendose del local con el mayor orden.”[1]



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NOTAS

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sábado, 2 de agosto de 2025

Caciquismo en Alcalá: Retrato de una época (V)




Ismael Almagro Montes de Oca



    El alcalaíno Manuel Sandoval Moreno nació en 1888.  Hijo de José Sandoval Muñoz,  zapatero, residía en 1904 San Fernando con sus padres y tres hermanos, apareciendo registrado en un censo de dicho año ejerciendo de pintor. Desconocemos su formación académica. En un censo de 1916 figura residiendo en Alcalá, junto a sus padres, de estado soltero y se le consigna como estudiante.  Posiblemente en dicho año o en el siguiente, emigró a Montevideo (Uruguay), donde empezó a trabajar en el periódico «El Diario Español», regresando a España en 1917 como Redactor-viajero del mismo [1] y recalando de nuevo en Alcalá. Hombre de formación culta y profundas convicciones religiosas, se encontró un Alcalá donde las ideas anarquistas y el asociacionismo obrero iban en aumento, creándose el caldo de cultivo perfecto para que el anticlericalismo fuese ganando adeptos en el municipio. Además, a nivel político, el pueblo vivía desde hacía varias décadas bajo el yugo del caciquismo, esquilmando los “pequeños dictadores” que se iban sucediendo, los recursos municipales en su propio beneficio y propiciando una profunda decadencia administrativa, que perjudicaba gravemente a la sociedad alcalaína.

    Manuel Sandoval decidió combatir todo esto haciendo uso de su profesión, y a finales de 1917 puso en marcha un periódico, al que tituló «El Castillo de Alcalá» junto al lema «Todo por la justicia y el derecho para servir a Dios», rotativo que publicaba con censura eclesiástica. Además, utilizaba un subtítulo muy significativo: «periódico regionalista y anticaciquil»

    Utilizó su pluma para cargar contra el alcalde, Antonio Galán Fernández, y sus concejales, que apenas se dejaban ver por las sesiones del ayuntamiento, tal como reflejan las actas de aquella época, donde se constata que sólo acudían tres o cuatro a cada sesión. En las páginas del periódico criticaba el estado de abandono que sufría la localidad sin que estas autoridades hicieran nada, granjearse la enemistad de estos políticos.



    Por si fuera poco, sus hermanos, José y Francisco,  junto con el presbítero José Gámez Coto, a quien le unía gran amistad, le convencieron para que en 1918 aceptase el cargo de Recaudador y Agente de Contribuciones, en lugar de regresar a Montevideo, como su intención, ejerciendo este cargo con una pulcritud extrema, tal como él mismo reconoció:

    “Me atrevo a decir, sin temor de verme desmentido, que no hay contribuyente, pagador o moroso, aún entre mis escasos enemigos, que guarden de mi actuación el menor recuerdo desagradable, siendo público que sin faltar al cumplimiento de mi deber, hice grandes favores, casi siempre con perjuicio de mis intereses como Recaudador de Ejecutiva.”

    Se da la circunstancia que desde 1914, determinados caciques desde la alcaldía, habían dejado de pagar la Contribución rústica. Por esta morosidad, inició un expediente de apremio, “embargándose, primero el 66 por 100 de sus ingresos, y después, la totalidad de sus rentas de Montes.”

    Imprimió gran actividad en dicho expediente contra el Ayuntamiento, por ser el principal deudor: “Debido a ello pude recaudar importantes cantidades, no sin que tuviese que sostener una verdadera lucha frente al caciquismo.”

    Las críticas vertidas en el periódico, unidas al proceso de embargo, lo pusieron en el punto de mira, hasta que la noche del 1 de mayo, los tres hermanos Sandoval son detenidos por la Guardia municipal, conducidos a la cárcel y puestos a disposición del alcalde:

    “Como a las 23 horas y 30 minutos del día de ayer, encontrándose el que suscribe en la Plaza de Montes de Oca, se le presentó Don Juan Sanchez Rivas, manifestándole que en la calla Sanchez Diaz le estaban acometiendo al cabo de la Guardia Municipal Juan Dorado Oliva y a Don Antonio Herrero Suarez, los hermanos Juan, Francisco y Manuel Sandoval Moreno, personándome inmediatamente en el lugar del suceso, y al intervenir y prestar auxilio para evitar continuaran acometiendo al Cabo Dorado y al Don Antonio Herrero, se resistieron en obedecerle y le acometieron en igual forma al que suscribe, disparando un arma de fuego el Manuel Sandoval contra el Cabo Juan Dorado, no causándole lesión por habersele hecho desviar la punteria, cuya arma de fuego le fue ocupada, siendo una pistola de dos cañones, calibre 12, pudiendo conseguir a grandes esfuerzos por la resistencia que hacían, el detener y conducir al depósito Municipal a los tres agresores mencionados, donde se encuentran a disposición de V. S.” [2]



    El jefe de la Guardia Municipal notificó al alcalde la detención al día siguiente, alegando que los agentes de la autoridad actuaron en defensa propia, repeliendo una agresión sin motivos, y que le quitaron un arma a Manuel Sandoval:

    “De las diligencias practicadas para averiguar la causa y origen del hecho, resulta que al ir por la calle Sanchez Diaz a su casa el cabo de la Guardia Municipal antes mencionado, y al pasar junto a los citados tres hermanos Sandoval Moreno, les saludó dándole las buenas noches, contestándole estos de una manera agresiva y descompuesta, diciéndole que se fuese al carajo, que era un canalla y un sinverguenza, replicándole el Dorado que no le insultaran ni injuriaran de aquella forma, acometiéndole en aquel momento los tres hermanos mencionados , golpeándole y tratando de desarmarle, llegando en aquel acto Don Antonio Herrero Suarez, con el fin de prestarle auxilio al mencionado agente de la autoridad y evitar continuaran agrediéndole, por lo que acometieron tambien contra el Herrero Suarez, dándole bofetadas e injuriándole y diciéndole que para nada tenia que intervenir en aquella cuestión, habiendo presenciado el mencionado hecho los vecinos de esta Don Juan Sanchez Rivas, Don Antonio Cuesta Vislerio y Don Sebastian Suarez Armario.”

    Parece ser no se quedó solo en una detención, sino que las autoridades entraron en la redacción del periódico, que se ubicaba en la calle Alonso el Sabio, según publicaron algunos medios en los días siguientes:

    Redacción asaltada

    El médico de Alcalá de los Gazules comunica al gobernador que fué asaltada la redacción del periódico católico «EI Castillo» y apaleados el director y los redactores, que resultaron heridos.

    De la redacción fueron trasladados á la cárcel, donde se prohibió la entrada á los médicos, que acudieron con propósito de atender á los heridos.

    El vecindario se amotinó al conocer los hechos.

    La Prensa gaditana protesta de estas ocurrencias.”[3]

    Aunque en esta noticia no se hace referencia a quienes fueron los asaltantes, otras publicaciones fueron mucho más explícitas y no dejaban lugar a dudas:

Soberanía caciquil.

    El director del periódico católico El Castillo, de Alcalá de los Gazules, y sus redactores han sido apaleados, heridos y presos por guardias municipales.

    Requerida la asistencia facultativa de los doctores Armenta y Millán, les fué negada la entrada en la cárcel.

    Que se cierren las Cortes, que se derogue la Constitución y se condecore al cacique de tan invicto pueblo.

    Y cuando terminemos de civilizar a Marruecos, a ver si se puede continuar tan progresiva obra con los salvajes de estos hispanos contornos.”[4]

    La noticia corrió como la pólvora y llegó incluso al Congreso de los Diputados, donde Juan José Romero Martínez, Diputado electo por el distrito de Jerez, en la sesión del 8 de mayo, pidió la palabra para denunciar al ministro de Gobernación la conducta caciquil del alcalde de Alcalá:

    “En Alcalá de los Gazules se publica un periódico católico-independiente, llamado «El Castillo», el cual parece que no es muy grato al alcalde de aquella localidad. Pues bien; hace muy pocos días, el primero de este mes, en las últimas horas de la noche, los agentes de la autoridad, molestos, sin duda, por algunas apreciaciones que de la conducta del alcalde se hacían en dicho periódico, detuvieron a su director, que es un sacerdote, y a dos hermanos suyos cuando se dirigían a su domicilio; los llevaron a la cárcel, los privaron de toda clase de auxilios, y no los pusieron en libertad hasta transcurridas veinticuatro horas, después de haberles apaleado y herido. Se requirió el auxilio de un médico, al cual no le permitieron que fuera a la cárcel a prestarlo.

    El médico trató de ir a Medina-Sidonia a quejarse de ello al Juzgado de primera instancia, y merced a la intervención de la autoridad, le negaron asiento en el coche-diligencia para que no pudiera tampoco trasladarse a dicha población.”

    No quedó ahí la exposición del diputado, sino que siguió narrando otros hechos acaecidos en nuestra localidad, para denunciar cómo el cacique manipulaba impunemente unas elecciones:

    “Este hecho no es el único que ha ocurrido en Alcalá de los Gazules, no es más que la repetición por enésima vez de lo que viene pasando en aquella localidad desde 1916, y lo que es natural que allí ocurra después de la impunidad en que quedaron los hechos sucedidos el día de las elecciones. En las elecciones de Diputados a Cortes de 1916 el alcalde de Alcalá de los Gazules y un primo suyo, a quien el gobernador de la provincia había investido con el carácter de delegado de su autoridad, a las siete de la mañana encarcelaron a todos los individuos que constituían la Junta municipal del Censo, a los presidentes y adjuntos de las Mesas electorales y a otra porción de electoreros influyentes: en total, más de cincuenta personas. Los tuvieron encarcelados durante cuarenta y ocho horas, sin ponerlos a disposición del Juzgado de primera instancia, porque no había motivo alguno para ello; les negaron entretanto toda clase de recursos, hasta mantas con que abrigarse, y después de todo ello, aunque se instruyeron los correspondientes sumarios, vino el perdón que se acordó por una ley para lodos los delitos electorales, y aquellos hechos quedaron completamente impunes; consecuencia de esta impunidad es que a partir de entonces no se puede vivir en Alcalá de los Gazules más que siendo amigo del alcalde; algunas personas de las de mejor posición han tenido que trasladar su domicilio fuera de aquella localidad, y las demás están constantemente expuestas a ser detenidas, apaleadas y heridas por la fuerza pública, por los agentes de la autoridad. No hay siquiera el temor que siempre inspira la presencia de la Guardia civil, porque en Alcalá de los Gazules no hay puesto de ella.”

    Aprovechó también para denunciar el atraso que sufría Alcalá, tras más de treinta años de caciquismo:

    “Aunque se trata de una población que tiene cerca de 10.000 almas, carece de puesto de la Guardia civil desde el año 1914, porque parece ser que no les agradaba el local destinado a Casa-cuartel, en vista de que ningún otro de los que había en la localidad y se les ofrecieron entonces, tampoco les satisfacía, se retiró de allí el puesto. De modo que una población que tiene 10.000 almas, con un término municipal riquísimo, que abarca 50.000 hectáreas, carece de puesto de la Guardia civil, y ya sabe S. S. que la presencia de la Guardia civil en una localidad es siempre un freno y un freno importantísimo para que los monterillas no se permitan cierta clase de excesos.

    A mayor abundamiento, ni siquiera existen tampoco medios fáciles de comunicación.

    Está establecida la estación telegráfica, pero no funciona por falta de personal. No hay más que una carretera, que no es tampoco la más directa, porque la que debe ir por el puerto de Siles está pendiente de construcción. Es, en una palabra, Alcalá de los Gazules la cenicienta de la provincia de Cádiz.

    Yo ruego a S. S. que, con conocimiento de todos estos hechos, que seguramente reprobará, de instrucciones enérgicas al Gobernador de Cádiz para que ponga remedio a todo ello, porque si no, como dicen con mucha razón los vecinos de Alcalá de los Gazules, allí no cabe más que emigrar o llevar un revólver en el bolsillo y estar dispuesto a ir a presidio. Al mismo, tiempo le ruego que tome las determinaciones consiguientes para que se establezca un puesto de la Guardia civil; y ya que ahora se ha votado por las Cámaras el crédito de tres millones de pesetas para Telégrafos, que se nombre un empleado para que preste servicio en aquella estación.”

    El ministro de Gobernación, el Marqués de Alhucemas, censuró los hechos relatados, encargándose de que el Gobernador de Cádiz depurara los hechos:

    “Con gran asombro mío oía a S. S. que no hay ni una pareja de la Guardia civil en un (roto) de esa importancia, de esa riqueza y de esa extensión territorial. Claro está que, por lo que a mí afecta, procuraré poner el remedio a esa deficiencia. Si obedeciera a la dificultad de adquisición de local a que S. S. se ha referido, tenga la seguridad de que inmediatamente procuraré que se encuentre un local adecuado para que el pueblo de Alcalá de los Gazules pueda tener alguna fuerza de la Guardia civil, dentro de la escasez que hay de este benemérito Instituto, cuya ampliación yo me propongo y creo conseguirla, según demostraré en su día, con un gasto menor del que para concentraciones ahora realiza el Estado con esa fuerza que tanta falta hace en el pueblo que S. S. ha citado y en otros muchos de España.

    En cuanto a la falta de comunicación telegráfica, ya S. S. ha dado el remedio, que no era posible, sin la ampliación de crédito que se ha logrado, que las Cámaras han concedido y cuya ley será sancionada, por S. M. muy brevemente. Si entre las estaciones que estaban habilitadas se encuentra la de Alcalá de los Gazules, yo procuraré que se envíe inmediatamente un funcionario para que pueda quedar atendido ese servicio.

    Creo que el Sr. Romero quedará satisfecho con estas manifestaciones mías; y termino como empecé, diciéndole que tenga S. S. la seguridad de que a la primera de las manifestaciones de S. S. le doy toda la importancia que ella tiene, que se depurarán los hechos y que se adoptarán las determinaciones oportunas.” [5]

    El diputado agradeció la respuesta y añadió que, para verificar todo lo narrado, tenía recortes del Diario de Cádiz, “periódico prestigiosísimo de aquella región, puramente de información, completamente ajeno a la política, el cual publica un telegrama que le dirigió el médico de Alcalá de los Gazules, relatando estos hechos y quejándose de que habiéndosele llamado para que prestase asistencia facultativa a los enfermos lesionados que se encontraban en la cárcel se habían negado a darle entrada en ella.”

    Mientras, en Cádiz, el Gobernador de la provincia recibió un oficio del delegado de Hacienda, quien había sido avisado por el encargado del arriendo la Recaudación de Contribuciones, alertándole de la detención, encarcelamiento y maltrato sufrido por el agente de dicho arriendo en Alcalá, Manuel Sandoval Moreno, y sus hermanos. El Gobernador envió una misiva al alcalde el día 16 instándole a que le diera las explicaciones oportunas:

    “el Agente de referencia se encuentra en esa población instruyendo expedientes de apremio entre otros uno por utilidades contra V.; sírvase en su consecuencia informarme a la mayor brevedad lo ocurrido en el asunto que le transcribo.” [6]



    Curiosamente, el alcalde tardó nada menos que 12 días en responder al gobernador. En su defensa, alegó que ordenó liberar a los detenidos en cuanto tuvo noticia de su encarcelamiento y que, tan pronto recibió las órdenes del gobernador, dio parte al juez municipal para instruyera diligencias sumariales, así como que desconocía que Manuel Sandoval, agente Ejecutivo del Arriendo de Contribuciones, estaba instruyendo expediente de apremio contra él, porque nada le había notificado. [7]

    Fruto de las diligencias, el día 17 de mayo se produjeron las detenciones de los municipales implicados:

    Los agresores de unos periodistas.

    Su ingreso en la cárcel

    Cádiz: Se ha recibido un telegrama dando cuenta de que de Alcalá de los Gazules han salido para Medina Sidonia conducidos por la Guardia civil el Comandante y un cabo de la municipal y los carceleros de la prisión de Alcalá, autores de la agresión de que fueron objeto el Director y los Redactores del periódico católico «El Castillo».

    Ingresaron en la cárcel del pueblo de su destino a disposición del juzgado de instrucción”[8]

    Desconocemos cómo acabó judicialmente el asunto de estos municipales, que finalmente fueron destituidos por el alcalde:

    “El Sr. Alcalde de la citada población, según nos informa, excediéndose en su celo, ha destituido al Jefe de la guardia municipal y al cabo de Consumos, sobre los que recaen cargos según se dice.”[9]

    Desgraciadamente, no se conserva ejemplar de número 14 de «El Castillo de Alcalá» que se publicó días después de la detención de Manuel Sandoval, que estaría dedicado, a buen seguro casi íntegramente a los hechos acaecidos, pero sí el número siguiente, publicado el 21 de junio, casi dos meses después, en el que aún coleaba el asunto. El periodista, en la editorial que abría aquella edición firmaba los siguientes párrafos:

    “Si queremos que Alcalá de los Gazules no viva siempre sumido en las medias tintas de las indecisiones femeniles; si pretendemos que la hermosa ciudad en que hemos nacido viva con la holgura y el bienestar a que es acreedora, desterremos para siempre a los vividores de la política, a los eternos enemigos del pueblo que lo apuñalan y asesinan con una sonrisa hipócrita en los labios y el veneno de la perfidia en el corazón.

    Como este periódico ha nacido para defender al pueblo contra sus enemigos, como tenemos una alta misión que cumplir y la cumpliremos si Dios es servido, hemos de demostrar de forma incontrovertible quiénes son los enemigos de la verdad y la justicia, para que el engaño no acarree mayores males de los que hasta ahora venimos padeciendo con una resignación estoica”[10]

    Otra de las secciones habituales de este periódico era la que titulaba «Desde el castillo. Peñascazos» en la que, utilizando el seudónimo de Gazul el Castellano, el director criticaba con ironía en forma de versos, aspectos de la vida política en Alcalá. En la del día 21, dejó de lado la retórica que había utilizado en números anteriores, para mandar, en un lenguaje muy claro y llano, para que todo el mundo lo entendiera, un nítido mensaje al cacique:


DESDE EL CASTILLO

¿PEÑASCAZOS?

No: Cantares

--

Yo no sé qué tiene, mare,
el cacique de este pueblo
que a todo el mundo ha engañado
y a todos tiene contentos

A la reja de la cárcel
no me vengas á llorar,
porque es honrado el que entra
en la cárcel de Alcalá

No presumas de valiente
ni gastes tanta pamplina,
pues tú eres solo fachada
de un barracón en ruinas

Aunque vayas tú y te bañes
en el golfo de León,
no se te quitan las manchas
que el dinero te dejó

En tu puerta sembré un pino
con una copa muy alta
por ver si tú, como Judas,
te arrepentías y ahorcabas

Si quieres que te perdone
te pongo por condición
me restituyas lo mucho
que en tus bolsillos entró

Si a los hombres se calara
cual se calan las sandias,
perdieras las elecciones
a pesar de tus sonrisas

No presumas de vivales,
pretensioso caciquillo,
mira que ya van pasando
los tiempos de los Vividos

Si alguna vez vas á Cádiz
no te pases por Medina,
porque puede sucederte
que te quedes unos días

Sobre el muro del Castillo
me puse a reflexionar,
que algunos siendo antes pobres
hoy tienen un capital

Papeles son papeles
cartas son cartas;
sonrisas del cacique
todas son falsas.

Aunque el cacique se empeñe
y se entregue a Barrabás,
vivirá mientras yo quiera
«EL Castillo de Alcalá»



Gazul el Castellano”



    El mismo seudónimo utilizó una década más tarde para encabezar un folleto que editó, bajo el título “En propia defensa… y otras cosillas más” en el que hacía referencia a su trabajo al frente del cobro de contribuciones, para resumir su pensamiento:

    “De acero debe ser el hombre digno, de acero tan sutil y delicado, que en vez de doblegarse ante un cacique, viril ha de saltar en mil pedazos.”


Manuel Sandoval Moreno
(foto colección Tomás Ríos García)


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sábado, 1 de marzo de 2025

Caciquismo en Alcalá: Retrato de una época (IV)





Ismael Almagro Montes de Oca


    Siguiendo con los desmanes que se sucedieron en Alcalá en tiempos de la alcaldía de Pedro Montes de Oca Atienza, el 25 de noviembre de 1892 se publicó un artículo en el periódico LA UNIÓN REPUBLICANA denunciando, además de que los empleados municipales servían en los negocios privados del alcalde, una injerencia de éste en un organismo que no era de su competencia, la Administración de Correos, y cómo, al no conseguir su propósito, actuó contra el representante de la misma en la localidad:

    “Escandalo ruidoso.= Al Sr. Gobernador.= Sr. Director de La Unión Republicana= Muy señor mío y distinguido correligionario: Hace dos días tuvo a bien el monterilla de este desgraciado pueblo, nombrar a los agentes del municipio vigilantes de consumos, de forma que los municipales que prestan servicio de día, tienen que prestarlo de noche de serenos y además de vigilantes de consumo; pero lo mas grave del asunto es que hay individuos que están cobrando (cuando cobran), un sueldo y desempeñando tres cargos (se entiende del municipio) pues algunas veces, los municipales los convierte en albañiles o empleados en las faenas de su huerto, o de (¿?) de su monterillada persona y es de suponer que en presupuesto figuraran estos sueldos cuádruples.= Esta madrugada ha sucedido un caso incalificable ante la opinión publica. El Sr. Administrador de Correos acompañado de otro honrado vecino, salían de casa de un respetable amigo suyo, y en uso de su mas perfecto derecho, dieron un paseo por la calle Real y tuvieron a bien entrar en un Café que se hallaba abierto. Hay que advertir a V. que antes de esto quiso el Alcalde variar el itinerario de Correos a su manera feudal y el citado administrador D. Francisco Porras, dio conocimiento de ello a su Jefe y vino la negativa de la Dirección para que no se variase la hora de salida del Correo, mandando un oficio al Sr. Administrador para que se lo entregase a Pedro de Arbués (que así debe llamarse el cacique). Entregado que fue el oficio por el citado administrador, fue tanta su soberbia, que hizo un viaje espresamente a la Capital gaditana para alcanzar su propósito, pero ahí le fue negado. Lleno de ira, entra en la ciudad del Gazul (como Pedro por su casa) y acto seguido suspende en sus funciones al digno empleado de la jefatura municipal, D. Juan Viglerio y Gonzalez, sustituyéndolo por uno de sus favoritos el Sr. Arroyo, persona bastante débil de carácter para que sirviera de instrumento de atropello que quiso efectuar con el Sr. Administrador de Correos. como iba a V. diciendo, el Sr. Porras salía del antedicho Café, cuando de pronto se le presenta el Jefe de Municipales per accidens Sr. Arroyo. –con frases muy descorteses- queriendo llevar a la Cárcel al Sr. Porras; este protestó de tan inicua acción y entonces el Sr. Arroyo lleno de cólera y rodeado de todos los municipales, dijo: «A la Cárcel o al Hospital»; Suerte Sr. Director, que salió a la demanda el digno Juez Municipal Don Francisco Roman y Granara y aquellos se retiraron= ¿Dónde está la seguridad personal? ¿Dónde la ley, la justicia y la moralidad? ¿No puede tener un correctivo este Alcalde neófito, que atropella la Ley, el derecho de cada ciudadano y que hace a su manera cuanto de su descalabrada cabeza sale? = Tenga V. entendido que tenemos todos los ciudadanos honrados que encerrarnos dentro de nuestros hogares, pues los hombres libres no tenemos validez parala Autoridad inquisitorial y nos evitamos salir, con el fin de que no nos asesinen a deshora de la noche en la calle, pues la Corporación Municipal de esta Ciudad no es más que una cuadrilla de zulús que ven de hora en hora el fatal momento de su salida.= Con motivo de tantos abusos, atropellos y alcaldadas, es muy probable Señor Director que salte aquí un motín con mas carácter que el de Granada, Almeria y otros difíciles de enumerar; pues tenga entendido el Sr. Gobernador, que si a este desenfrenado cacique no se le pone un correctivo, tendremos que dirigirnos a la Presidencia del Consejo de Ministros y si hace falta a las gradas del Trono y si estos no hacen caso, el pueblo culto y honrado no responderá de lo que pueda sobrevenir.= La situación de este honrado pueblo se hace ya insostenible ante la maldad y la desvergüenza de sus verdugos.= Suyo affmo. S. S. y C.= Dr. Triatti= Alcalá de los Gazules 16 Nbre. de 1892”

    Este escrito provocó que el alcalde convocase una reunión extraordinaria el 29 de noviembre para tratar sobre las injurias que se habían vertido contra la corporación y tomar medidas legales. Tras leer el secretario del ayuntamiento el citado artículo, el concejal republicano Vicente Quiñones Hormigo quiso quitar hierro al asunto alegando “Que conociendo como todos conocemos a el autor del artículo que se acaba de leer, creía lomas oportuno contestar al mismo con el desprecio, sin meterse para nada en denuncias de ninguna especie, puesto que las injurias vertidas por dicho Sor. no podían perjudicar en nada a la Corporacion, por dos razones: La primera, porque su lectura en esta localidad no puede causar mas que riza, haciéndole mucho favor; y la segunda, por que cualquier persona censata, de fuera de esta población, que no conzca el autor y móviles que le han guiado para escribirlo, tan luego lo examine detenidamente, comprenderá que semejante aglomeración de disparate, que a una suma constituye un solo, no puede salir de ninguna cabeza organizada y por lo tanto no pueden perjudicar a quienes van dirigidos, por cuya razon no era de opinión que se denunciase.”

    Los concejales Antonio González Cumbre, también republicano, y Diego Gallego coincidieron con Hormigo, mientras que el resto, se alineó con el alcalde Pedro Montes de Oca, quien acusó directamente al autor del escrito:

    “El sor. Presidente dijo: Que todos sabían que el autor del articulo en cuestión es D. Luis Sobba Muñoz, vecino de esta localidad y con su domicilio en la Calle Real, hecho que podía probarse, puesto que había hecho publica ostentación de sus galas literarias, enseñando, antes de que fuese publicado, a todo el que quería verlo, las cuartillas que había escrito.

    Que aun cuando todos saben el papel de tan inferior clase que el dicho individuo representa en esta localidad y que es cierto que la injuria o calumnia que de sus labios salgan, no pueden manchar a ninguna conciencia honrada, debía tomarse en consideración que esas injurias se han publicado en un Periódico de gran circulación y desde luego hace daño.

    Que al propio tiempo dejando pasar desapercibido, hechos como el de que se trata, cualquier pedante que no tubiese en que entretenerse, podrá vengarse con facilidad, en escribir cuanto se le antojase, ultrajando gravemente a la corporación y por lo tanto era de opinión que se denunciase en debida forma a Don Luis Sobba y Muñoz, como autor del articulo de que se trata.”

    Finalmente, se facultó al alcalde para que denunciase al autor del escrito. [1]

    No sabemos qué pasó con la denuncia, pero parece ser que finalmente Luis Sobba abandonó Alcalá, radicándose en 1897 en Jerez, donde figura como director del periódico LA TRADICION.[2]

 


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sábado, 27 de julio de 2024

Caciquismo en Alcalá: Retrato de una época (III)





Ismael Almagro Montes de Oca



    Tiempo atrás dimos cuenta de algunos escritos publicados en la prensa en 1896 y 1897, dando cuenta de los desmanes producidos en el ayuntamiento alcalaíno a las órdenes del alcalde Pedro Montes de Oca Atienza.

    Sin embargo, las prácticas caciquiles de Pedro Montes de Oca, que como ya dijimos, fue alcalde en varios periodos (desde enero a julio de 1886, desde 1890 a 1893 y desde 1895 a 1897) no solo se circunscribieron al último periodo, sino que ya en su primera etapa fueron denunciadas en la prensa de la época.

    Así, en abril de 1886, en el periódico LA IBERIA, se daba cuenta de las irregularidades cometidas por éste en la elección de compromisarios para elegir a los senadores, saltándose la entonces vigente ley electoral a su antojo:

“De Alcalá de los Gazules nos participan el siguiente abuso de un alcalde conservador:

    La ley electoral para senadores preceptúa que el Ayuntamiento con un número cuádruplo de mayores contribuyentes, que serán de las cuotas más altas, por orden riguroso de escala de mayor á menor (corresponden á esta ciudad 64), nombren los compromisarios para aquel objeto; pues bien, el alcalde de la misma lo ha querido entender al revés, y despreciando aquel precepto legal inscribió en las listas á 29, empezando por los de cuotas más pequeñas, dejando fuera a los que por derecho les corresponde, teniendo un especial cuidado en que entre aquéllos figuren empleados de secretaría, parientes y amigos íntimos, y, lo que es más, uno de éstos no aparece con contribución alguna; dan do por resultado que con este número y 12 que componen la mayoría del Ayuntamiento hacen 41, total necesario para este caso.

    Por consecuencia de esta nueva jurisprudencia, ha sido este alcalde nombrado compromisario, en unión de su compañero el exdiputado provincial Sr. Delgado de Mendoza, que marcharán tan llenos de satisfacción á la capital, queriendo hacer ver la limpieza de sus actas y... ¡Viva la libertad!...”[1]

    Pocos días más tarde, el mismo periódico recogía una extensa carta escrita desde Alcalá narrando los abusos que el alcalde cometía con los recursos de los montes propios del ayuntamiento, que destinaba descaradamente para su negocio particular:

“En una carta que nos dirige desde Alcalá de los Gazules un apreciable suscritor, entre otras denuncias que merecen ser recogidas, encontramos las siguientes:

<<Sin descender al terreno minucioso, pues esto seria obra larga, y no de este lugar, empezaré por decirle: Primero; que el alcalde Sr. Montes de Oca es contratista, en un 25 por 100, de los corchos que produce el arbolado de las ocho dehesas de este caudal de propios, exceptuadas de la venta por la ley desamortizadora, cuyo contrato consta de escritura celebrada en la escribanía de D. José María Pardillo, en Cádiz. Segundo; que al propio tiempo dicho señor es administrador de todos los productos, explotándose fuera de las condiciones establecidas en el expediente de subasta de aquellos, pues lo ejecuta descorchando cuando le parece, y hasta las terceras y cuartas cruces de los árboles, sin exceptuar los pequeños, circunstancia por la cual éstos, que es la riqueza con que cuenta el Municipio para atender a las cargas del presupuesto. Tercero; bajo pretestos que no hemos podido explicarnos, y para que todo vaya a hecho, parientes y paniaguados del alcalde se establecen en dichos montes, y bajo el hacha destructora talan un sin numero de quejigos y alisos, que exportan con el mayor escandalo por la via publica, fijando depósitos para su venta donde quiera que tienen por conveniente. Y cuarto; el supradicho alcalde es al propio tiempo abastecedor de aguas potables en la localidad, poniendo grifos a su antojo donde mejor le parece, utilizando las sobrantes según le acomoda, obrando por tanto como juez y parte en un asunto del mayor interés.

    Si esto es así, como le está justificado en juicio oral celebrado el 23 de Noviembre ultimo en la Audiencia de Cádiz, a consecuencia de denuncia hecha de sus irregularidades, por un periódico de la misma, ¿no es una amenaza constante para un pueblo ver convertido en alcalde a un negociante de los intereses generales de la localidad que representa, tanto mas cuanto que es público los abusos que se vienen cometiendo precisamente con su autorización en los montes del caudal de propios? ¿Y no es también un atropello a las instituciones que rigen el que dicha autoridad ejerza un cargo contra lo terminantemente prescrito en el caso 4º del art. 43 de la ley municipal vigente? Indudablemente es así, y esperamos que el Gobierno fije en atención sobre un asunto que no admite discusión alguna."



       El escrito no se quedaba aquí, sino que, además, denunciaba las irregularidades cometidas por Montes de Oca en la construcción de la Alameda (que con el tiempo llevaría su nombre) saltándose todas las formalidades a su antojo:

    "Pasemos a otros detalles no menos ciertos, que analizados llevan la responsabilidad, no ya solo al presidente de esta corporación, sino a sus individuos, al menos los que no hayan protestado en forma, pues indudablemente se hacen solidarios de las faltas que vamos a demostrar.

    Sin tramitación ni formalidades de subasta, y con solo la intervención del alcalde, se procede a la obra de nueva planta de un paseo o alameda en la única plaza que tiene el pueblo, cuyos gastos ascienden a una crecida suma, quedando nulo el precepto de que los Ayuntamientos no pueden efectuar obras por administración siempre que excedan sus gastos de 500 pesetas. En igual forma y naturaleza se han construido caños que le dicen madronas, exigiendo su costo con apremio a los vecinos que poseen fincas en las calles por donde pasa la obra; habiendo llegado el caso de hacer igual exacción a otros que no están en aquellas condiciones.

    También se ordenan y llevan a cabo deslindes administrativos sobre los montes comunales, sin las formalidades que exige un procedimiento tan delicado; pues se trata del derecho de propiedad, dando a unos, despejando a otros caprichosamente, todo con el objeto de proteger a sus adictos.

    Nadie diré a V. sobre manejos electorales, pues en su acreditado periódico he leído la denuncia de lo ocurrido en la formación de las listas para la de compromisarios para senadores, ni tampoco cansaré mas su atención narrándole hechos que afectan a la generalidad, pues a su tiempo los tribunales de justicia se encargarán en publicarlos.

    Mucho encarezco a V., señor director, se sirva insertar esta carta en lugar preferente, a fin de que llegue a conocimiento de nuestro Gobierno, con lo que se dará por satisfecho este su afectísimo seguro servidor Q B S M.

El Corresponsal”[2]


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sábado, 22 de enero de 2022

Caciquismo en Alcalá: Retrato de una época (II)



Ismael Almagro Montes de Oca



       Hace poco tiempo hicimos una primera aproximación a un periodo de tiempo bastante convulso en la vida política alcalaína, en la que se impuso el caciquismo como forma de gobierno, cuya principal característica fue la de aprovecharse los gobernantes y su círculo de los recursos municipales en beneficio propio (véase: https://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2021/08/caciquismo-en-alcala-retrato-de-una.html)

     Los caciques no fueron un mal endémico decimonónico, sino que extendieron sus redes hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera en 1923, y si en la anterior entrada nos hicimos eco de dos críticas publicadas en la prensa gaditana en 1895 y 1896 denunciando los abusos cometidos por los regidores, hoy lo hacemos a través de un medio local, el periódico “La Verdad”, fundado en 1918, y de la pluma brillante de su fundador y director, Pedro J. Cohucelo. 

      Al fundar este periódico, nuestro paisano pidió permiso para asistir a los plenos municipales y poder dar cuenta en sus líneas de lo que acontecía en las Casas Consistoriales. Presenció la sesión celebrada el 17 de octubre de dicho año y quedó tan sorprendido y escandalizado, que publicó la siguiente crónica en la edición del 5 de noviembre, que, a buen seguro, le sirvió para crearse enemistades en el pueblo:




ESCANDALOSO ATROPELLO

La Resurrección del Caciquismo, - La política de los secuaces del Conde de los Andes. — Una sesión bochornosa. — La mayoría de interinos. Los siervos de la amistad y los siervos del dinero. — El artículo 106 de la Ley Municipal, pisoteado. — Se quiere repartir el Presupuesto entre las familias de los Concejales andistas. - Insultos entre los concejales. — El Alcalde- Sr. Galán, a la altura de las circunstancias. Suspensión de los acuerdos. — Protestando por sistema. — El Sr. Machado, pronuncia un elocuente discurso. — Indignación general.

     Este caciquismo español que tiene origen en los señores de horca y cuchillo que en la Edad Media compartieron su poderío con los reyes para triturar la libertad y la vida de los pueblos, dejó raíces tan hondas entre nosotros que a pesar de la rudísima batalla que los modernos crujidos sostenemos contra esa lepra maldita, no obstante nuestras acometidas, logra retoñecer y sombrear de nuevo la vida con las penumbras horrendas de su tiránica tendencia. Por ello veréis que cuando resucita el caciquismo lo hace irguiendo su macabro esqueleto sobre el sarcófago de hielo de los políticos de ayer, ataúdes que guardan toda la podredumbre de otros siglos, vanos fantasmas que se agitan entre la mogigatería y el ridículo del último de los Austrias, y sienten los descerebrantes estertores del absolutismo siniestro que hizo vitorear á las cadenas.

      En esas ciudades populosas a donde llegaron con el progreso, la libertad y la justicia, no pudo vivir el caciquismo, y por ello escogió para desarrollar su actividad a estos pueblos muertos que por incultos e inconscientes soportan el yugo despótico que su gobierno significa.

     En Alcalá de los Gazules hay una porción de políticos que secundan las iniciativas del Sr. Conde de los Andes, ese diputado de la nación que ha sido vivero de caciques mínimos y en su torno han crecido y vegetado estas plantas ruines que son desdoro de la política española.

     Cuando su labor administrativa es conocida por el pueblo y por ello son abandonados, recurren los andistas al dinero que compra conciencias mercenarias o influencias más mercenarias aún y procuran, y a veces obtienen el triunfo de ese modo, triunfo que después ponen al servicio de la maldad y el egoísmo.

     La última sesión celebrada por el Municipio alcalaíno es una prueba palpable de lo que decimos.

     Por ironía de la suerte, han logrado los andistas tener mayoría en el Ayuntamiento, porque anuladas las últimas elecciones celebradas, han sido nombrados concejales y tocóles desempeñar dichos puestos con arreglo a ley y con el carácter de interinos a amigos del Sr. Conde de los Andes. Algunos había que estaban bien separados de esa fracción, pero como el dinero allana todo lo más abrupto, también fué solucionado ese extremo.

     Y ved, aquí como con siervos de la amistad y con siervos del dinero sin que esa mayoría sea de elección popular, formada por desacreditados y fracasados, se llega al Ayuntamiento, pretendiendo saltar por encima de la razón y del Derecho, y triturando con un acuerdo a todas luces nulo a la vigente Ley Municipal.

     El artículo 106 de la Ley citada dice: <<Las votaciones serán nominales cuando no se trate de asuntos relativos a los mismos concejales o a personas de su familia dentro del cuarto grado, en cuyo caso serán secretas, debiendo salir de la sesión mientras se discuta y vote el asunto el concejal interesado.>>

     Esto sentado, comencemos la reseña de la sesión.

     En la sala capitular se encuentran algunos desocupados.

     Preside el alcalde D. Antonio Galán. Los concejales están divididos en dos bandos opuestos, formados del siguiente modo:

      UNO.— Liberales.

El alcalde D. Antonio Galán.

D. Manuel Ahumada Granara.

D. José Quijada Hidalgo.

D. Manuel Benítez del Río.

D. Patricio García Arabolaza.

      Conservadores datistas

D. Cristóbal Sánchez y Sánchez.

D. José Vázquez García, y

D. Antonio Machado Sánchez.

       OTRO.—Conservadores andistas

D. Julio Toscano Delgado

D. Antonio Serrano de la Jara.

D. Vicente Fernández Pinero

D. Gerónimo dé la Corte Caballero.

a D. Francisco Montes de Oca Lozano.

D. Melchor Fernández Piñero.,

D. Francisco Álvarez Salcedo,

D. Gil Moreno Muñoz, y

D, Antonio Pastor Alba.

      El señor presidente dice, que como expresa la convocatoria, la sesión tenía por objeto, dar cuenta y resolver sobre los extremos a que se refiere el escrito presentado por varios señores concejales con tal fin.

     El secretario interino, Sr. Benítez Salazar, da lectura al mismo:

1.º Plantilla de empleados.— El Sr. Toscano Delgado comienza su labor destructora manifestando, que por distintas personas se han producido quejas con respecto al funcionamiento de las oficinas municipales, no solo por particulares, sino por entidades oficiales, sobre todo en lo que afecta a la dependencia o Negociado que instruye los expedientes de quintas, lo que ha dado lugar a que se conmine con multas al Municipio; y en su virtud, y con arreglo a las facultades que a los Ayuntamientos conceden los artículos 74 y 78 de la Ley municipal, proponía la separación de dichos funcionarios y el nombramiento de otros que, a juicio del Ayuntamiento, tengan capacidad legal para desempeñar los cargos.

     El Sr. Benítez del Río dice: Que la plantilla de los empleados a los cuales se pretende destituir, fué aprobada por la Corporación en enero último, estimando improcedente y desatinada la proposición hecha por el Sr. Toscano.

     El Sr. Toscano: Eso es que a su señoría le parece.

     El Sr. Benítez: Si aquí venimos sólo a demostrar que nueve son más que ocho, y que ocho son menos que nueve, avasallando con la fuerza transitoria de un voto más a lo que prescribe la razón y ordena la justicia, no habrá necesidad de discutir sobre este extremo. Pero si en los señores concejales germina y florece el santo principio de que la razón, vale más que la fuerza, si no se ha obscurecido el concepto de la equidad y la conciencia no es un mito, la proposición del Sr. Toscano debe ser desechada por ilegal, por injusta y peligrosa.

     El Sr. Serrano de la Jara habla de conciencia, de atropellos; pero como al fin no ha dicho nada, tampoco lo decimos aquí.

     En medio de gran expectación, se levanta para hablar el concejal don Antonio Machado, y dice: La experiencia larga de mi vida ha venido a demostrarme, que aquellos que cifren sus esperanzas de éxito en la fuerza del número, se hallan equivocados. Es cosa ésta de la fuerza bruta, que se va y desaparece, como desaparece todo lo que no se cimenta en la verdad y en el bien. ¡Lástima grande que estéis aquí discutiendo y gastando energías, que puestas al servicio de una causa grande, pudieran dar positivos resultados! Y hay que pensar, señores, que de estas rencillas que originan proposiciones tan ilegales como la del Sr. Toscano, apenas queda de ellas ni memoria, cuando en el curso de los años viene otra generación y ocupa nuestro puesto aquí en la vida. En tanto que, poniendo el pensamiento tan alto como la voluntad, y unidos todos, se labora para mejorar todos los aspectos del pueblo cuyo gobierno nos está encomendado; los que nos sucedan, habrán de alabar nuestra memoria.

     Yo, señores, he paseado muchas veces por las alamedas del cementerio que guarda las cenizas de nuestros padres, y he querido sacar de los sepulcros algo que consuele mi espíritu, algo que me haga pensar que también los que nos precedieron en la vida sintieron por Alcalá el mismo afecto que nosotros sentimos.

     Y fijando la mirada sobre una lápida mortuoria, oí una voz que me decía:

—Yo soy Manuel Espinosa, el alcalde que logró dotar por vez primera a nuestro pueblo de telégrafo, esa importantísima mejora.

     Y otro sepulcro me ha dicho:

— Yo soy Pedro Montes de Oca, el alcalde que acometió la magna empresa de dotar de aguas suficientes a nuestro pueblo.

     Y me decía otra voz:

—Soy José Galán y Caballero, el alcalde que concluyó la carretera de Medina a nuestro pueblo, haciendo que los coches llegaran hasta nuestra calle principal; el que construyó el Parque de mi nombre y construyó fuentes públicas...

     Y ¿creen, señores, que no han de sentir esos cadáveres en la fría soledad de sus sepulcros, el orgullo santo del deber cumplido y la honda satisfacción de que bendicen y alaban su memoria?

     Nadie se acuerda ya de sus luchas; nadie de sus batallas políticas; solo de lo que quedó como obra suya. A ellos debemos imitar, sumando nuestras energías para redimir a nuestro pueblo, sin estos manejos políticos de «quítate tú para que me ponga yo», pues de esta manera quien pierde es la administración a nosotros encomendada, y hasta nuestro prestigio de hombres serios.

     Cree ilegal la proposición del señor Toscano, por cuanto que lleva consigo la revocación de lo acordado con anterioridad por este Ayuntamiento, y además, que la separación en conjunto sin causa que lo justifique debidamente documentada, constituye una perturbación y un atropello. (Muy bien).

Procédese a la votación de la proposición del Sr. Toscano, resultando a favor de la misma nueve votos contra ocho que la estiman ilegal.

     Los concejales que están conformes con la proposición, son los siguientes: D. Julio Toscano Delgado, D. Antonio Serrano de la jara, D. Vicente Fernández Pinero, D. Jerónimo de la Corte Caballero, D. Francisco Montes de Oca Lozano, D. Melchor Fernández Pinero, D. Francisco Álvarez Salcedo, D. Gil Moreno Muñoz y D. Antonio Pastor Alba.

     El Sr. Toscano presenta la siguiente lista del personal que ha de cubrir las vacantes que se produzcan: Secretario, el mismo que lo es actualmente, o sea D. Agustín Marchante Sánchez, que es el que instruye los expedientes de quintas a que aludía la queja del Sr. Toscano.

Oficial Mayor, D. Ricardo Morales Espigado, hermano político del señor Pastor Alba, concejal que votó a favor del Sr. Toscano.

Oficial 1º, D. José Benítez Salazar.

Idem 2.°, D. Pablo Blázquez Bauzano.

Auxiliar de Contaduría, D. Agustín Tizón Jiménez.

Escribiente, D. Rodrigo Delgado Salas, primo del concejal proponente Sr. Toscano.

Auxiliar, D. Andrés Morales Álvarez.

Encargado del Depósito Municipal, D. Francisco Salcedo Olmedo.

Idem. del Matadero, D. Salvador Álvarez Benítez, hijo del concejal que votó a favor del Sr. Toscano, D. Francisco Álvarez Salcedo.

Administrador del Hospital, don José Toscano Armario, primo del proponente Sr. Toscano.

Encargado del reloj, D. Juan Delgado Barroso.

Administrador de Consumos, don Miguel Pastor Alba, hermano del concejal que votó a favor del señor Toscano, D. Antonio Pastor Alba.

Interventor de Consumos;. D. Andrés Armario Sánchez.

Auxiliar de Consumos, D. Andrés Hidalgo Toro, padre político (dos veces) del concejal que favoreció con su voto la proposición del Sr. Toscano, D. Melchor Fernández Pinero.

      El Sr. Presidente hace constar que habiéndose nombrado por este Ayuntamiento en la sesión celebrada el 19 de enero del corriente año a los empleados que componen la plantilla de este Municipio, y sabiendo que el jefe de la Secretaría había manifestado que los servicios estaban bien desempeñados, no procedía destituir a todos los empleados de plantilla, por capricho y contra toda razón y justicia, sin previo expediente ; y considerando el acuerdo perjudicial, a los intereses generales, habiendo, además, infracción manifiesta de los artículos 83 y 106 de la vigente Ley Municipal, lo suspendía, dando cuenta de ello al Excmo. Sr. Gobernador civil de la provincia.

El Sr. Pastor.—Señor presidente: no hay causa que justifique, la suspensión del acuerdo, por tratarse de asuntos de la competencia de la Corporación, que con este procedimiento, se vé impedida de realizar y llevar a la práctica acto alguno que deba ser tratado por la misma.

El Sr. Machado dice: Que después de haber tomado acuerdo el Ayuntamiento, no procede discutir sobre el mismo…

El Sr. Pastor le interrumpe.

El Sr. Machado:—Sr. Pastor: estoy en el uso de la palabra.

La Presidencia:—Sr. Pastor: Yo le ruego que no interrumpa a los señores concejales.

El Sr. Pastor:—Interrumpo cuando oigo las majaderías del Sr. Machado.

El Sr. Machado:—Majaderías son las de V. S.

Se arma un fuerte escándalo que corta a duras penas. la campanilla presidencial.

Punto 2. Legalizar la situación del Depositario de los fondos Municipales.

     El Sr. Toscano manifiesta que el cargo de Depositario se viene desempeñando ilegalmente y por ello pide que se publique la vacante y sea cubierto el cargo con arreglo a la Ley. El Ayuntamiento, así lo estima.

     El Sr. Benítez dice, que si la situación del actual Depositario es ilegal, se nombre a un señor concejal proponiendo para que la desempeñe en concepto de interino a D. Antonio Pastor Alba.

Al oír está proposición, algunos concejales que creían pescar el cargo, se desmayan y otros patalean de rabia

     Se ven los concejales en el supremo aprieto de nombrar al Sr. Pastor para el cargo de Depositario, porque, propuesto por el concejal liberal señor Benítez y siendo el propuesto andista o amigo de esta fracción no puedan los amigos del Conde negar apoyo al que antes se lo prestó a ellos decidiendo con su voto el triunfo obtenido al pedir la destitución de los empleados.

     Se acuerda que el R. D. de reciente publicación sobre Haciendas locales, quede sobre la mesa para estudio de la Corporación.

     Se levanta la sesión.”[1]


La calle Real en 1915


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NOTAS

[1] Edición el 5 de noviembre de 1918 del periódico “La Verdad”. Año 1 nº 5. Páginas 3 y 4. El primer número de este periódico debió publicarse en septiembre y solo se conoce la existencia de este ejemplar