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sábado, 18 de septiembre de 2021

El olivar del Santuario




Artículo publicado en la Revista  Fiestas y Romería de Ntra. Sra. de los Santos 1982


Jaime Cordero Barroso


 (De un cuadernillo propiedad de la Hermandad)


      Como ya he dejado dicho en otra ocasión, el 21 de noviembre de 1916, festividad de la Presentación de la Stma. Virgen, se concluyó la operación de deslinde de las tierras que rodean al Santuario y que desde entonces son propiedad de la Hermandad. Dicha operación fue realizada por los señores Indalecio Coca y Juan Olmedo en representación del obispo de la Diócesis y del dueño de las tierras colindantes respectivamente.

     Entre las consecuencias que este hecho tuvo, hay una que es la que ahora voy a comentar: dentro de una amplia gama de acciones de mejoras, se realizó la plantación del olivar que conocemos.

     No me resisto a transcribir puntualmente lo que nuestro ya conocido, pero anónimo, autor del cuadernillo dice al respecto:

     “En virtud de contrato celebrado con Antonio Morales y Rodríguez en 29 de septiembre de 1918, éste se compromete a plantar de olivos en este primer año agrícola todas las tierras que, cercadas de gavia y tuna, rodean al Santuario (nota al pie: «y a desmontar»), disfrutando él, en compensación, dichas tierras, sin pagar rentas, durante cinco años, percibiendo también dicho arrendatario 150 ptas. al empezar la plantación y otras 150 ptas. cuando la termine. En cumplimiento de este contrato entregué a dicho individuo en primero de noviembre…………………………….150”.

      ¿Se cumplió el contrato—¿Cómo?



       Con la sencillez y minuciosidad que le caracteriza, el autor nos lo dice:

“Los hoyos necesarios para hacer la plantación de olivos los empezó a abrir el arrendatario el día 11 de noviembre y terminó el 15 de enero siguiente haciendo un total de 854 hoyos. Las estacas para la plantación fueron donadas por varias personas piadosas de esta ciudad distinguiéndose entre ellas el Ilmo. Sr. D. Juan Mª de Castro y Moreno que donó (427+250)……………………………………………………………………………………677

Los herederos de D. Juan Delgado…………………………………………………………………………… 187

Dª Ana Gómez Olmedo…………………………………………………………………………………………  48

Total de estacas…………………………………………………………………………………………………………….912

Las estacas del señor Castro se cortaron desde el 21 al 28 de diciembre ambos inclusive empleando por tanto el operario que las cortó ocho días que a tres ptas. uno son 24.

Las donadas por los herederos de don Juan Delgado se cortaron del 29 al 31 de diciembre ambos inclusive importando el jornal del operario en los tres días 9.

Las donadas por Dª Ana Gómez se cortaron en los días 1 y 2 de enero de 1919. (El autor no hace constar el importe).

Esta planta fue trasladada al Santuario en dos bestias de la Virgen y tres de Da. Dolores Gutiérrez Fernández y en apiensar estas bestias se gastó en cebada 4 f. y 2 medios que a 15 p/f importa 61,25.

Las estacas se empezaron a plantar el día 1° de febrero y se terminó el día 1 de abril ambas fechas de 1919.

Todas las estacas a ecepción de Dª Ana Gómez fueron sacadas de la reproducción de olivos cortados o apeados.

En cumplimiento del contrato celebrado con el colono al terminar la plantación se le entregaron 150.

Para regar la plantación de olivos me pidió el colono una aguadera que costaron 11,25.

Además el 13 de julio seis cántaros 6 (En otro lugar dice: «El tío vino por los cántaros el domingo 13 de julio de 1919»).

Para la jaca de la que se servía para regar, una fanega de cebada, 15”.

     No hay más al respecto. He preferido transcribir al pie de la letra respetando hasta las incorrecciones pues creo que es así como se manifiesta en todo su esplendor el hondo sabor documental del cuadernillo. Sólo añadir por mi parte que el importe de la plantación del olivar fue de 426,50 ptas. según se deduce de las cuentas anotadas y que la operación debió ser un éxito ya que el olivar está ahí para cobijo y sombra de todos.



sábado, 11 de septiembre de 2021

Los autores del robo en el Santuario en 1894




Ismael Almagro Montes de Oca



       En su día, ya dimos cuenta del robo que se produjo en el Santuario en 1894 (véase: https://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2014/09/el-robo-en-el-santuario-en-1894-ii.html) Vamos a aportar ahora nuevos datos sobre los autores del robo.

      A finales de 1895 se inició el juicio en la Audiencia provincial de Cádiz, siendo 7 los individuos procesados, de los cuales, 3 estaban presos, 2 en libertad bajo fianza y dos declarados en rebeldía. De todos, sólo conocimos el nombre de dos de ellos, Francisco Arcila y Manuel Bruquiza. Este último parece ser  el cabecilla del robo, según las noticias recogidas en la prensa de la época:

“Ha sido preso el jefe de la cuadrilla de bandoleros que merodeaban por los términos de Medina y de Alcalá de los Gazules. El preso se llama Manuel Erquiza.”[1]

       Gracias a la orden de busca y captura que dictó el 8 de abril el Juez instructor de Medina Sidonia y su Partido, D. José Diez de Tejada y Vargas Machuca,  sabemos que uno de los encausados es un tal Pepe, desconociéndose sus apellidos:

“Por la presente requisitoria cito, llamo y emplazo a un desconocido llamado Pepe, que se dice ser vecino del Puerto de Santa María o de Jerez de la Frontera, cuyas señas personales y de vestir son: como de treinta á treinta y ocho años de edad, estatura regular, mediano de carnes, de color moreno, cara ancha, barba afeitada, pelo negro, nariz gorda, y viste pantalón de pana de medio color, chaqueta nueva con listas negras, capa buena de paño negro coalas vueltas grana, sombrero de ala ancha de color gris claro y gasa negra, corbata de panudo de seda negro y rayas encarnadas, y botos punteados de becerro blanco, para que dentro del término de quince días, contados desde la inserción de esta requisitoria en la Gaceta de Madrid, comparezca ante este Juzgado a responder a los cargos que le resultan en el sumario que instruyo por robo de alhajas verificado en la noche del 23 o madrugada del 24 del mes de Marzo último, en la ermita de Nuestra Señora de los Santos, que se venera en los extramuros de Alcalá de los Gazules, y contra cuyo individuo he dictado auto de procesamiento decretando su prisión provisional; bajo apercibimiento de que si no comparece será declarado rebelde y le parará el perjuicio a que haya lugar con arreglo a derecho.”

       Asimismo, en la misma orden, se ofrecen los datos de otro de los implicados en el robo, José Rosado Vázquez, alias Habano:

“Al propio tiempo ruego y encargo á las Autoridades, Guardia civil y agentes de la policía judicial, procedan a la busca, captura y conducción a la cárcel de esta ciudad a disposición de este Juzgado del referido sujeto llamado Pepe, como asimismo la del procesado en dicho sumario José Rosado Vázquez, alias Habano, y para que sean más eficaces las diligencias para la busca y captura de este individuo, cuyo paradero se ignora, se hace constar que sus señas personales y de vestir son: estatura regular, medianas carnes, más bien delgado, pelo negro con algunas canas, barba afeitada, como de cuarenta años, y viste calzonas de lona blancas con listas oscuras, borceguíes blancos, chaleco claro de lana, chaqueta de paño oscuro, sombrero marrón con cinta negra, siendo natural y vecino da Arcos de la Frontera, habitando en la calle Agua, procediéndose asimismo a la ocupación de las alhajas que de cualquier clase fueren encontradas en poder de los dos referidos sujetos al ser capturados.”[2]

      Meses más tarde, es el juez suplente D. Salvador García Alzugaray y García de Velasco, por enfermedad del Titular, quien llama a declarar a un tercer implicado, José Macedo Ortiz:

“natural de Bienvenida, provincia de Badajoz, vecino que ha sido del Puerto de Santa María, con domicilio en la calle Cielos, núm. 11, en donde habitó en compañía de Carmen Arcila Castro, hijo de Luis y de María, de treinta y dos años de edad, cuyo paradero se ignora, y sus señas personales y de vestir son: estatura regular, más bien alto, grueso, de color moreno claro, cara ancha, nariz un poco gruesa, ojos y cabello negros, usando tufos, y viste pantalón, chaqueta y chaleco de lana oscura, sombrero de ala ancha blanco con cinta negra, y botos de becerro negro, a fin de que dentro del término de quince días, contados desde la inserción de esta requisitoria en la Gaceta de Madrid, comparezca ante este Juzgado a responder a los cargos que le resultan en el sumario que contra el Macedo y otros instruyo por delito de robo de alhajas y efectos en la ermita de los Santos, del término de Alcalá de los Gazules; apercibido de que si no comparece le parará el perjuicio a que haya lugar en derecho.”[3]



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viernes, 16 de octubre de 2015

El Beneficiado Villanueva y los Santos Nuevos


Ismael Almagro Montes de Oca


       El presbítero beneficiado Lorenzo Villanueva es conocido en la Historia de Alcalá por su intercesión ante las tropas francesas el 5 de marzo de 1810 cuando éstas invadieron el pueblo en busca de venganza por el asesinato de varios soldados, evitando una masacre. 

      Sin embargo, un aspecto poco conocido es que varios años antes, en 1800, participó en las excavaciones realizadas a raíz del hallazgo del pedestal y ermita conocida como de los Santos mártires o de los Santos Nuevos. 

      Resumiendo un poco los acontecimientos, ésta es la secuencia de los hechos: 

- 13 octubre 1800: Un labrador conocido como Tío Zarco descubre un pedestal con signos labrados en las cercanías del Cerro del Caracol. 

- 22 octubre: El pedestal es trasladado a un cortijo cercano, donde es interpretado por vez primera. 

- 2 noviembre: El arquitecto Pedro Angel Albisu, reconoce la zona y levanta la lápida de la primera tumba. 

- 3 noviembre: Los cabildos eclesiásticos y civil de Alcalá se trasladan hasta la excavación. El Obispado nombra comisionado al Vicario de Medina Francisco Martínez García. 

- 6 noviembre: Albisu retoma las excavaciones y extrae los huesos de la primera tumba. Debido a la epidemia, el Vicario de Medina no puede trasladarse a la zona por lo que el Obispado nombra comisionado para el reconocimiento del hallazgo al Beneficiado de Alcalá Pedro López de la Jara. 

      Entre las personas del estamento eclesial alcalaíno desplazadas hasta el lugar del descubrimiento figura Lorenzo Villanueva. Al menos así se desprende de una carta manuscrita (1) que envía el día 10 de noviembre al nombrado comisionado, Pedro López de la Jara, dándole cuenta del desarrollo de las excavaciones. Esto nos hace suponer que Pedro López tampoco pudo desplazarse hasta el cerro del Caracol, pues resultaría ilógico que Villanueva le narrase las tareas si también estaba presente: 


"Sr. Dn. Josef Lopez 
Alcala 10 de Noviembre de 800. 

      Muy Sr. Mio: quisiera escribir a Vmd. muy largo po (pero) ni he tenido lugar antes ni ahora que lo hago, que son las 10 de la noche tengo la cabeza para ello. 

      Incluyo a Vmd. la inscripción y obra de la Lapida, de qe (que) tendrá Vmd. ya noticias, averse encontrado en el Cerro del Caracol en el prado de Sta. Justa termino de esta villa, a legua y media de distancia de ella; tambien incluyo el plano de lo descubierto, el que no esta muy arreglado por averse hecho de prisa y al ojo.” 


      Lorenzo Villanueva le hace una descripción de los sepulcros destapados, hablando de la distinta calidad de los mismos. Asimismo añade que estuvo en la excavación desde que empezaron, al ser nombrado comisionado por sus compañeros del clero alcalaíno y que, a pesar de las inclemencias del tiempo (recordemos que los hechos ocurren en noviembre) sintió una gran emoción al ver los esqueletos y varias cruces aparecidas, dando a entender que para él sí se trataban de los restos de los santos mártires, ya que en un plano adjunto, identifica la tumba nº 2 como la de los Santos Patronos, la nº 3, como de San Saturnino y la nº 4, como la de las santas Justa, Rufina y San Juan Bautista:


      “Los Sepulcros Nº 2, 3, 4 son de mucha mejor obra que los del Nº 5, pues son de una pieza el 3 y el 4. En uno y otros se hallan los huesos con tierra arenosa, con especialidad en el del Nº 4 que hallaron los huesos en el fondo y encima tierra apisonada por lo que no fue posible sacar uno entero. Y hoy hemos estraydo los que se hallan en el Nº 5 y hemos abierto hasta once seps (sepulcros o sepulturas) de fabrica mas ordinaria, y quedan otros dos; En unos encontramos huesos de uno, en otros de 2 y en uno de 3, pero en uno solo encontramos con separación dos porcioncitas pequeñas sin calavera. Yo qe como diputado qe fui nombrado pr el clero, he asistido a qto (cuanto) se ha obrado desqe (desde que) se empeso la Escavacion (y he pasado muy malos ratos por la intemperie) estoy lleno de gozo con un tal hallazgo, pues considero los unos huesos y reliquias de los Stos qe dice la Lapida, las qe por mi mano arañando la tierra desenterré y coloque en los caxones en qe se hallan, y a los otros sino pr reliquias de otros Martires pr (por) lo menos pr huesos de buenos Catolicos de aquel tiempo qe quisieron ser enterrados junto a los mártires de Jesu Christo, asi lo dan a entender una cruz y otras chapas con cruz qe se han hallado en algo (alguno) de ellos. 

      El estudio con qe esta hecha esta obra manifiesta desde luego qe se escondían en ella cosas grandes. Advierta Vmd. Su orden, primo (primero) la cubria tierra negra qe se labraba todos los años, quitada esta se descubre la pared y cada uno de estos senos del plano tenia las cortezas sigtes (siguientes). Escombro de caliza, tiestos y demás forraje, después un enlozado de pequeñas lozas vastas, debajo de estas, tierra alvariza propia de este terreno, de mas de una tercia de grueso, la qe se juzgo al principio tierra virgen po (pero) la experiencia acreditó qe debajo se hallavan las lozas qe cubrían el sepulcro, vea Vmd. si esta prolijidad se deveria a unos qualesquiera huesos, qe no a solos aquellos qe venerarian hasta lo summo los de aquel tiempo?. 

      Quisiera se tomara Vmd. el trabajo de escribirme las especies mas particulares qe en este punto haya Vmd. tocado, y su dictamen en esta parte, pues confiero con verdad qe tengo muchos deseos de qe se aclare la verdad y contribuirse pr (por) mi parte a ello en qto (cuanto) yo alcance.” 

Plano realizado por Villanueva
     
   Junto a la carta, Lorenzo Villanueva adjunta un plano, donde detalla pormenorizadamente de todo el proceso, de la multitud de personas que se congregaron en el lugar y de la gran expectación que se había creado en torno al hallazgo, a pesar de la epidemia, pues acudieron incluso frailes y forasteros, saltándose los cordones de seguridad para evitar la expansión de la fiebre: 

      “El dia 1º del Corriente se puso mano a la obra y el 2º se descubrió el Sepulcro Nº 2 y vuelto a Cubrir se siguió el descubmto. Y el Seis, a presencia de 3 Escrivanos, el Juez Secular y Ecclesisto. Los diputados de uno y otro Cavildo, grande multitud del pueblo, Eclesiasticos seculares y regulares, y forasteros qe. avian concurrido a la novedad. Se abrió el Sepro. (sepulcro) Nº 2 qe. estaba Cubierto con una Loza y se hallaron en el huesos de dos Cuerpos qe. pr. la dentadura y solidez de ellos denotaban segn. el dictamen de los facultativos de ser de hombres mozos y de corta edad. La Calvera del uno tiene dos Cuchilladas la una en lo alto de la Caveza, qe. pr. el medio corto todo el Casco y la otra inmediata a la oreja qe. revanó un pedazo de hueso. En este sepulo. Se encontró una votijita de varro como un florero. En el del Nº 3º qe. se habrio después se hallaron los huesos de un hombre de grande estatura, los qe. manifestaban muy bien pr. su solidez y dentadura ser de hombre hecho y aun Anciano asi lo declararon los facultativos. En el del Nº 4 qe. se abrió el ultimo se hallaron los huesos de dos qe. pr. su delicadez y pequeñez dicen bien claro ser de niñas, estaban pie con pie. Y en el sitio del punto qe. contiene el plano una redomita pequeña con su pie a modo de Caliz y dentro una materia como Casera de hormigas, todo lo qual se coloco en muy desentes Cajones aforrados en terciopelo Carmesi y verde con galones de plata y se condujo al pueblo donde se halla bajo de dos llaves.” 


      Por otro lado, en su carta Villanueva también hace saber que sufre los rigores de la terrible epidemia que asolaba la zona, pues padece calenturas (quartanas) y achaca la levedad con que la sufre quizá al lugar santo en que ha estado trabajando: 

      “Yo continuo con mis quartanas aunque llevaderas po (pero) con la gracia qe mientras he estado en esta ocupacion ni me ha dolido la cabeza, y luego qe he vuelto a casa ya he tenido calentura. 

      La Epidemia sigue aquí con la mayor fuerza pero el Sr. (Señor) ha querido mirar con misericordia mi casa dando a unos el mal con benignidad y conservando a otros sin el menor daño, gr (gracias) al Sr. Por tanta piedad, como tambien pr (por) la qe ha usado con Vmd” 

       La quina se traerá en siendo otro tiempo, no se usa ahora, qe si se volviera en tamarindos haría grande avio, y entonces pr D. Jacinto de Morales se me podía remitir.” 

      Y para terminar su carta, Lorenzo Villanueva aporta un dato importante sobre otro personaje famoso alcalaíno: Ángel de Viera, fundador del Beaterio, que falleció en la epidemia de dicho año. 

      Fernando Toscano, en su libro sobre el Beaterio, ya aclaró el error de la fecha de fallecimiento de Viera, que tradicionalmente se fijaba en el 24 de diciembre de 1800 y que tras sus investigaciones, sitúó entre el 12 y el 25 de octubre. En la postdata de la carta, Villanueva ruega por el alma del fundador del Beaterio, por lo que parece confirmarse su muerte con anterioridad al 10 de noviembre, fecha de la carta:


"Son las 11 y no puedo seguir; de Vmd. 
Lorenzo Villanueva 

P.D. 
Encomiende Vmd. a Dios a su Primo Dn. Diego Angel y Viera" 

Firma de Lorenzo Villanueva y mención de Diego de Viera

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sábado, 28 de febrero de 2015

Albisu y los Santos Nuevos


Ismael Almagro Montes de Oca


     No hace mucho recuperamos en este blog un artículo sobre el descubrimiento de la basílica visigoda, conocida como “los Santos Nuevos”. Hoy vamos a volver sobre el tema, pero nos acercaremos desde el punto de vista del arquitecto que dirigió los trabajos, Pedro Ángel Albisu. Tras finalizar la excavación por falta de fondos, hizo el pertinente informe el 29 de diciembre y medio siglo más tarde, el 29 de diciembre de  1850, fue publicado en la Revista “Semanario Pintoresco”. En el informe, Albisu, aparte de narrar detalladamente las distintas fases de la excavación, deja entrever la emoción que sintió al abrir los sepulcros y relacionar cada esqueleto con los santos mencionados en la lápida encontrada:

     “En el término de la villa de Alcalá de los Gazules, á legua y media de distancia de ella, como á dos mil pasos al Oriente del puerto llamado Vizcaíno, un labrador advirtió hace algunas años en la hacienda que á la sazon labraba unos signos en una piedra, que cercada de un palmarcito, yacia casi enterrada.

     No comprendiendo éste el significado de los signos, comunicó la especie á un yerno suyo, menos ignorante que él; pero sucediendo lo mismo con éste, acompañado de la gente del cortijo mas inmediato, propio de D. Francisco Landino, de dicha villa, desenterraron la losa ó piedra para conducirla á él, y la destinaron á usos domésticos.

     Hallándose en el mismo cortijo el P. Fr. José de Ayala, advirtió en la piedra la incripcion que contenía, y leída dio parte al señor vicario de la villa.

     Hallándome yo á la sazon en comision do Orden superior en la misma, recibí el 27 del propio mes un oficio del señor corregidor para que pasase á reconocer la piedra e inscripcion. Evacuada la comision, di mi informe declarando ser la piedra un pedestal que indicaba antigüedad y digno de todo aprecio.

     Mientras acordaban, en la villa lo que se debia hacer, movido de curiosidad, pasé al sitio de donde se estrajo el pedestal, y empezando con varios peones, á mis propias espensas, la escavacion por la linea de puntos A que manifiesta el adjunto plan, que atendidas las circunstancias locales, me pareció el mas oportuno para la investigacion, di con la pared en el mismo A, que distaria de la superficie como media vara. Con ánimo de abrazar toda la obra seguí el rumbo señalado por las letras A hasta G desde la cual volviendo al punto del principio encontró la alveola ó sepulcro núm, 4, la que dejando para reconocer continué hasta la letra Y aquí fué donde dispuse escavar desde la superficie de la pared, y como á media vara hallé una soleria que cubría todo JJJJ. Desbaratada la soleria seguí la escavacion y como á otra media vara se encontraron las losas señaladas por los números 1, 2, 3.

     Para poder dar parte á la villa con algun fundamento, determiné levantar la losa núm. 4, que estaba entera; pero apenas estendimos le vista para mirar lo que contenía dentro, cuando movido de un impulso que no sabré como esplicar, prorrumpí en las voces de los santos de Cádiz y sobrecogidos todos los circunstantes de un terror santo, no fuimos duchos de otra cosa que para volverla á cerrar.

     Reanimados de la especie de enagenacion o susto que nos infundió la primera vista, y movido de las súplicas de todos, para satisfacer nuevamente se levantó segunda vez la losa, en cuyo acto se distinguieron mejor que en el primero, dos esqueletos de cuerpos humanos. No fué posible continuar el trabajo aquel dia.

     En estas circunstancias, suspendiendo todo trabajo , envié á D. José Antonio Inchausti (qué casualmente se halló presente) á la villa para dar parte verbalmente al vicario y corregidor de lo ocurrido, á fin de que dispusiesen lo conveniente para proceder con la circunspeccion y formalidad que requería el asunto, al reconocimiento de los sepulcros, y al mismo tiempo al citado padre Ayala a Cádiz para que como testigo ocular informase igualmente al gobernador y cabildo eclesiástico, en consideracion á ser cabeza del obispado, juzgar que las reliquias vistas eran de sus patronos y que podrian enviar sugetos mas idóneos que Alcalá para el examen y reconocimiento. 

Dibujo del pedestal publicado en la Revista "Semanario Pintoresco"

     Aquel mismo dia vinieron de Alcalá los cabildos eclesiástico y secular al sitio de la escavacion, acompañados de multitud de personas del pueblo y de los inmediatos, y en presencia de todos se levantó por tercera vez la losa núm. 1 , cuyo acto causó el mismo gozo que el referido antes á todos los presentes: pero antes de proceder á reconocimiento alguno espuse que seria conveniente suspender todo acto hasta la concurrencia de anatómicos y otros sugetos que pudiesen dar luz y autoridad en semejantes casos. Así se hizo, y dejando para custodiar el sitio varios sugetos, tanto eclesiásticos como seculares, se retiraron ambos cabildos.

      Los días 3, 4, 5 de noviembre se emplearon en nuevas excavaciones, en formar en el mismo sitio una chocita donde guarecerse.

     El 6 concurrieron el estado eclesiástico, corregidor, alcalde, capitulares, dos escribanos y un anatómico, con mucho acompañamiento del pueblo y de los circunvecinos, conduciendo cajas decentes para colocar y trasladar las reliquias de las tres alveolas ó sepulcros de cuadro JJJJ. Mandó el corregidor su apertura y sabiendo yo, por el P. Ayala que á la sazon habla vuelto de Cádiz, que su cabildo eclesiástico habia dispuesto dar la comision de este reconocimiento al vicario de la ciudad de Medina, hice presente estas noticias al corregidor, pero no produciendo efecto mis operaciones, se levantó la losa núm. 1, y un sacerdote estrajo la osamenta de los dos esqueletos, entregándolos al anatómico para su reconocimiento, y manifestándolos á los escribanos para la certificacion. Se notó en una de las calaveras que tenia 2 heridas, la una en el cráneo que formaba un ángulo obtuso y la otra sobre una de las cejas de una línea, sin que se advirtiese otra señal ó herida en los dos esqueletos: cada una de las calaveras tenia á su lado una redoma de barro que no se pudo distinguir si contendrían alguna cosa, y entre la osamenta varios pedazos de hierro llenos de moho que no comprendí que instrumentos podrian ser.

     En el cuerpo de la obra se encontró un instrumento de hierro que como un cuchilllo ó machete ovalado de dos mangos con otros distintos pedazos de instrumentos cortantes, que no puedo declarar de que uso serian.

     En seguida se abrieron las alveolas núms. 2 y 3, y guardando en la estraccion de los huesos el mismo órden y circunspeccion que en la primera se sacaron del núm 2 dos esqueletitos, cuyas calaveras se hallaban al frente una de otra, en las dos cabeceras del sepulcro manifestando por lo diminuto del tamaño ser de personas de tierna edad. De la 3.ª se estrajo un esqueleto de mucha magnitud. Se encontraron igualmente redomas de barro en las dos, y en la última una de vidrio, en cuyo fondo se advirtió una masilla carminada que indicaba ser sangre. No se notó en estos esqueletos señal alguna de herida ó martirio, pero podria ser que el hallarse estas arcas menos resguardadas que la 1ª, pues sus tapas estaban en varias piezas, de cuyas junturas aflojadas por el transcurso del tiempo habia penetrado mucha tierra, fuese la causa de ello.

     El 7 á presencia de los cabildos se levantaron las losas de algunos sepulcros, pero sin estraer cosa alguna, se continuó la escavacion hasta el dia 10, que con existencia del cura D. Pedro Lopez, alcaldes y escribanos se estrajeron los esqueletos ó huesos de los sepulcros núm. 4 hasta el 11 colocándolos en cajas con separacion. Este mismo dia se abrió el núm. 12, pero solo se estrajo de él una cruz ó pectoral, dejando la estraccion del esqueleto para otro dia.

     El 13 se estrajo este esqueleto que por contener dicho pectoral indicaba ser obispo, y tambien la osamenta del núm. 13 que contenia 3 calaveras con esqueletos no completos.

     Con este acto se retiró la villa de toda operacion y seguí yo continuando las escavaciones y formando zanjas para resguardo de un sitio tan respetable, hasta el dia 17 que descubrí (como á 600 pasos de distancia de los sepulcros) y saqué un suntuoso pedestal que indicaba ser triunfo de algun pueblo.

      Continué el trabajo hasta el 23 que descubrí los sepulcros 14 y 15 de los que estraje por mí mismo los huesos que contenían y conservo en mi poder, como tambien varios otros del sepulcro núm. 1, que con nuevo examen encontre confundidos con tierra.

     Llegado aquí se me acabaron los medios para mantenerme y pagar á la gente que empleaba en la obra, aunque solicité de la villa me entregase siquiera los honorarios de mi primera comision; no lo pude conseguir de pronto y me vi precisado á restituirme á mi destino de Cádiz, con harto dolor por ver en el abandono en que quedaba aquel sitio fuera de las zanjas que hice, que solo podían servir de resguardo á animales, y que perdia la ocasion de hacer un servicio, a mi parecer importante á la nacion, continuando las escavaciones, de las que precisamente habia de resultar mucha luz y materiales a los anticuarios é historiadores, pues ademas del órden maravilloso que manifiesta la obra de esta relacion, he descubierto señales ó rastros de alguna poblacion que muy bien pudiera ser la de la antigua Sidonia.

     Esto es lo que segun mi inteligencia y facultad puedo declarar, remitiendo á los que deseen relacion circunstanciada del número y particularidades de las reliquias estraidas á las autoridades de Alcalá, que procedieron en el caso conforme dejo referido.

Cádiz 29 de diciembre de 1800.

P. A. DE ALVISU.”

Plano de la excavación publicado en la Revista "Semanario Pintoresco"

     Acabada la excavación, muy a su pesar, Albisu debió seguir con los trabajos que le habían traído hasta la zona. Dos años más tarde es enviado nuevamente a nuestro término como comisionado para unas excavaciones que desconocemos cuales son y que bien podrían tratarse de una continuación de los trabajos de 1800. En el transcurso de éstas, en junio descubre restos de una ciudad destruida en las Correderas dando aviso al comandante del Campo de Gibraltar, Adrián Jácome, quien a su vez informará a la Real Academia de la Historia.

     A pesar de que esta institución, a través del juicio de Joaquín Traggia el 8 de enero de 1801, emitió un dictamen negativo en cuanto a la autenticidad de los restos hallados, el arquitecto estaba convencido de que éstos pertenecían a los mártires que la lápida menciona y sigue volviendo al lugar. Tanto es así que varios años después, en 1807, levantaría a su costa en aquel lugar una pequeña ermita y descubriría otra tumba en un arca de piedra. Así lo comunica por carta el 16 de junio de dicho año a Joaquín Juan de Flores, secretario de la Academia de Historia:

     “Doy noticia a V. S. que he construido una Hermita en las Escabaciones de Alcala de los Gazules con la advocación de Santa Cruz de los Santos Martires a mi costa: El dia 3 del pasado se celebraron en ella tres misas, la una cantada y sermón, concurrió mucha gente y cumplieron la mayor parte con la Pasqua. El 28 de Abril descubri una Hosamenta completa en una Arca de Piedra a seis pasos de dha Hermita.

Dios Gue. A V. S. ms. as.

Cadiz 16 de Junio de 1807”




     Esta ermita se mantuvo en pie durante algún tiempo, pues en 1814 Cristóbal Domingo Gutiérrez, en su testamento del 6 de abril de dicho año, deja ordenado que “mi cuerpo sea sepultado humildemente en el sagrado de la Hermita de los Santos nuebos de donde soy el vezino mas inmediato, y que se satisfaga si fuese necesario a la Parroquial de la villa de Alcalá los derechos de un Entierro común, con sus quatro acompañados, que creo deven ser los de ochenta seis rs. vn. Y medio.” (1)




     Es lógico pensar que al fallecer en 1817 Pedro Ángel Albisu, principal promotor de la nueva ermita, ésta terminara por abandonarse al no haber nadie que se hiciese cargo de su mantenimiento y sin duda, es a esta ermita levantada por Albisu a la que debe hacer referencia Pascual Madoz en su diccionario de 1848 cuando dice: “una muy ruinosa, bajo la advocación de los Stos. Mártires, en el sitio de las Correderas, donde se descubrieron en 23 de octubre de 1800 las reliquias de varios mártires, cubiertas por una losa sepulcral” (2) y que recoge  en idénticos términos en 1893 Sánchez del Arco. Ni Madoz ni Sánchez del Arco pudieron ver la primitiva ermita ruinosa, puesto que, como hemos visto, de ésta sólo quedaban los cimientos y la solería bajo la cual estaban los sepulcros, cuando fue descubierta.


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viernes, 28 de junio de 2013

Pinceladas de Historia: Las reliquias de los Santos Mártires


Las reliquias de los Santos Mártires 


Ismael Almagro Montes de Oca 

     Hace poco recuperábamos un artículo de Ramón Corzo Sánchez sobre la ermita visigoda de los Santos Nuevos y la aparición en 1800 del pedestal que se conserva en la Parroquia. En dicho artículo, el autor daba una serie de razones por la cual el acontecimiento cayó en el olvido tan pronto, a pesar del lógico revuelo que se formó en el pueblo tras conocerse la noticia de la aparición de los huesos. Una de ellas era la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la zona, por la que murieron en Alcalá más de 800 personas y que paralizó completamente la vida cotidiana en el pueblo, por lo que es lógico pensar que el hallazgo no se considerase un asunto urgente, puesto que  había otras necesidades más urgentes que cubrir. 

      Por otro lado, cabe pensar que  las autoridades, incluidas las religiosas, no estarían muy interesadas en que, en aquellas circunstancias, el lugar se convirtiera en lugar de peregrinación en busca del milagro que los salvara de la epidemia, máxime cuando no se podía ni entrar ni salir del pueblo por el cordón sanitario establecido para evitar la propagación del mal. 

     Pero quizás la causa que más se ajustase a la realidad fuese que el cabildo gaditano no viese con buenos ojos “que en otra localidad se conservaran prendas de mayor significación relacionadas con los Santos Patronos que las que tenía la propia capital”, máxime cuando apenas 2 años antes el canónigo Magistral de la Santa Iglesia Catedral de Cádiz había escrito una Historia sobre los Patronos gaditanos.




     Ramón Corzo aseguraba que “la autoridad eclesiástica tuvo buen cuidado de negar rotundamente que pudiera tratarse de los restos de San Servando y San Germán”, a pesar de que “el cráneo conservado en Alcalá puede ser actualmente la reliquia de un mártir cristiano más segura que se conserve en todas las iglesias de España. Corresponda o no a San Servando, se trata de un personaje muerto con violencia y al que se reservó el lugar preferente en una iglesia edificada a los pocos siglos del fallecimiento de estos mártires, cuando la tradición ininterrumpida de los cristianos de entonces aún podía señalar con exactitud tanto los auténticos restos como el lugar exacto del martirio.” 

      Aceptar que los restos encontrados fueran los de San Servando y San Germán restaba credibilidad a la localización (sin ninguna base) del Pago Ursiniano en el Cerro de los Mártires. 

      Como bien indica Corzo en una nota del citado artículo, los huesos fueron depositados en un relicario en la Parroquia junto al pedestal, que el obispo Arriete en 1869 ordenó adecentar, tal como consta en una inscripción, aunque “no se indica un reconocimiento oficial de las reliquias.” 

   
      Puede que nunca se hiciera ese reconocimiento oficial, pero el propio obispo Arriete y Llanos, estando de visita pastoral, además de adornar el relicario, el día 8 de agosto de dicho año ordenó que las reliquias fuesen expuestas al público siendo veneradas por los fieles, dejando recogido en el libro de Visitas de la Parroquia que todos los años, el segundo domingo del mes de agosto, se sacasen los huesos y se les rindiera veneración: 

     “7º Como el Sr. nos ha concedido el consuelo de ver i examinar por Nos en la visita parroquial los restos venerables que por antigua tradición de esta villa se conservan en la taquilla al lado derecho exterior del coro junto a la lápida que según la misma tradición las cubria, hemos querido que se adornase i compusiese la expresada taquilla, que se forrasen las cajas que los contienen, para que después de ponerlos a la vista i veneración de los fieles en la mañana del dia 8 de agosto del presente año de mil ochocientos sesenta i nueve, se conservasen en adelante con el mismo empeño, a cuyo fin dirigimos la palabra a un gran concurso de fieles. Queremos por tanto que todos los años en la misma dominica segunda de Agosto se descubran i alumbren en la misma forma i con la misma vigilancia con que se ha hecho en la Sta Visita” (1) 


      Suponemos que en los años siguientes se siguió cumpliendo con el mandato del obispo, pues este prelado repite visita pastoral en 1877 y es lógico pensar que si se hubiese desobedecido su orden lo hubiera hecho constar, pues los obispos solían leer las anotaciones anteriores del libro de Visitas antes de escribir sus mandatos. 

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lunes, 20 de mayo de 2013

La ermita de los Santos Nuevos: la basílica visigoda de Alcalá (II)





     Lo cierto es que, aun tratándose de un acontecimiento que podría haberse difundido con una gran trascendencia, los hechos quedaron muy pronto olvidados; nadie volvió a acordarse de las ruinas descubiertas y los huesos quedaron guardados en sagrado, junto con la inscripción, aunque la autoridad eclesiástica tuvo buen cuidado de negar rotundamente que pudiera tratarse de los restos de San Servando y San Germán. En las causas de este olvido pudieron influir muchos factores, desde la propia epidemia existente en Alcalá, que reclamaba la atención de todos hacia sucesos más apremiantes, hasta un posible interés del cabildo gaditano por evitar que en otra localidad se conservaran prendas de mayor significación relacionadas con los Santos Patronos que las que tenía la propia capital (2), pasando también por un ambiente poco propicio para la exaltación de fenómenos milagreros. Hay que recordar que dos años antes, el canónigo magistral de Cádiz, Francisco Melitón Memige, había impreso un librito con la historia de los santos, lleno de argumentos sobre la conveniencia de su devoción en Cádiz, en el que se recogía como apéndice la inscripción visigoda hallada en la ermita de la Oliva de Vejer, que también hace referencia a reliquias de los santos Servando y Germán. El caso de Alcalá parecía sin embargo demasiado arriesgado de aceptar, puesto que aquí de lo que se hablaba era de la aparición de los cuerpos de los santos y esto no era tema en el que convinieran disquisiciones.

      En las indagaciones realizadas por López de la Xara, a partir del dos de diciembre, se recogen las declaraciones que se han extractado más arriba, con la referencia unánime a varios milagros producidos al contacto con la tierra y las piedras contenidas en el sepulcro. De éstos, el más llamativo, era la curación de Juan Capdevila, maestro sastre de Alcalá, cuyo dolor de estómago crónico sanó al contacto con un ladrillo extraído de las tumbas. 
   
Cerámica que se extrajo de las tumbas
     
      Si pasamos de los documentos escritos a los arqueológicos, debemos emplear ante todo los datos que se desprenden del relicario, el pedestal y el propio lugar de los descubrimientos. Respecto a éste, resulta fácil localizarlo en la cima del cerro que hoy se denomina de “Los Santos Nuevos”, cerca de la carretera de San José del Valle, y al oeste del Puerto de la Parada. La meseta superior ha resistido con pleno éxito cualquier intento de cultivo, ya que tanto la acumulación de piedras como las zanjas y montones de tierra producidos por las excavaciones, impiden las faenas agrícolas normales. Piedras de gran tamaño y cabezas de muros que afloran en diversos puntos, indican la existencia de construcciones que se han aprovechado después como cantera de materiales. La profundidad de algunas zanjas indica que en algunos puntos se bajó más de las dos varas que señala Albisu, pero resulta imposible identificar con precisión, algunas de las habitaciones descubiertas. Las declaraciones de 1800 hacen suponer que existan dos niveles de construcciones en el edificio. Al superior correspondía el muro en que se había empotrado la inscripción, colocada invertida, y por tanto en una época en la que su texto había perdido valor y significado; el pavimento correspondiente era una “solería”, que puede relacionarse con la encontrada por el alférez Calvo. El nivel inferior tenía su pavimento a unas dos varas de profundidad (180 cms.) y bajo él se hallaban los enterramientos más numerosos. Los planos conservados no diferencian estas dos fases, por lo que debe suponerse la existencia de una iglesia visigoda del siglo VII, correspondiente a la época de la inscripción y las piezas de cerámica aparecidas en las tumbas, que sufriría diversas reformas y ampliaciones, una de ellas en época medieval, cuando se reutilizó el pedestal como material de construcción. 

     Sobre el pedestal hay aspectos que pueden comprobarse, gracias a los dibujos conservados en el Obispado de Cádiz, como es el de la existencia en su parte superior, de un rebaje en forma de caja, que podría corresponder a un relicario. Tal y como hoy se encuentra, empotrado casi hasta el ras de su faz epigráfica, sólo se puede deducir que, seguramente, se trata de una pieza romana, reaprovechada como soporte de altar por el obispo visigodo Pimenio, pero en los relatos del hallazgo no se dan indicaciones sobre si tenía en alguna cara algún motivo decorativo o restos de inscripciones anteriores. La traducción del texto visible es la siguiente: 

EN EL NOMBRE DEL SEÑOR AQUI 
ESTAN DEPOSITADAS LAS RELIQUIAS 
DE LOS SANTOS SERVANDO GERMAN 
SATURNINO JUSTA RUFINA 
MARTIRES Y JUAN BAUTISTA 
EN EL DIA NOVENO 
DE LAS CALENDAS DE JUNIO 
DEL AÑO XXXIII DEL SEÑOR 
PIMENIO COMO PONTIFICE 
EN EL AÑO DCC DE LA ERA 


      Se trata del epígrafe más reciente entre los encontrados de este obispo Pimenio que ocupó la sede de Medina Sidonia en la segunda mitad del siglo VII de nuestra era, y que es bien conocido por dedicaciones similares realizadas en Salpensa (Cortijo de Fracialcázar, cerca de Utrera), Medina Sidonia y Vejer (ermita de San Ambrosio) (3). Parece que su actividad fundacional consistió en muchos casos en la colocación de reliquias de santos en edificios ya existentes, dejando grabada la inscripción en cualquier pieza romana en desuso; así ocurre en Medina y Vejer, y parece que es el mismo caso que el de Alcalá, aunque aquí las descripciones del edificio y las tumbas parecen indicar un edificio levantado en esas fechas. 

Ampolla de cristal que seguramente contuviera sangre de los mártires

      Los restos humanos aparecidos en las fosas que parecen inmediatas a la cabecera de la iglesia llamaron poderosamente la atención a sus descubridores por su aparente relación con la nómina de mártires contenida en el pedestal. La del lado del evangelio contenía dos cadáveres de adultos, la central dos de pequeño tamaño, que entonces se interpretaron como de mujeres por tener los dientes gastados, y la del lado de la epístola los restos incompletos de un adulto de gran tamaño. Junto a los cadáveres había algunas piezas de cerámica y una copa de vidrio conteniendo una extraña substancia que se interpretó como sangre de los mártires. Todo esto se guarda en el relicario de la parroquia y puede identificarse con facilidad. Faltan otros restos como los de la tumba n° 12, donde se halló una cruz pectoral que hizo pensar en que se tratase de la tumba del propio obispo Pimenio (4), y los de las tumbas siguientes que fueron excavadas por Albisu tras el abandono de la corporación municipal, así como una extraña pieza de la que dice Albisu: “Un suntuoso pedestal que indicaba el triunfo de algún pueblo”, y de la que se han perdido las pistas. 

     Para los excavadores estaba claro que en la primera tumba estaban los huesos de San Servando y San Germán, en la segunda los de Santa Justa y Rufina y en la tercera los de San Saturnino, por parecer demasiado arriesgado pensar que hubiera llegado aquí el cadáver completo de San Juan Bautista. Para cualquier religioso o conocedor de las tradiciones cristianas esta teoría resultaba difícil de admitir, puesto que el lugar normal de las reliquias habría sido la pequeña cavidad de la parte superior del pedestal, y difícilmente habría conseguido Pimenio arrebatar a la sede sevillana los cadáveres completos de mártires tan señalados. Pero hay un argumento que resultó decisivo para la opinión de muchos, aunque se olvidara bien pronto, y es que uno de los cráneos encontrados en la primera tumba presenta claramente las señales de haber sido decapitado. Los estudios antropológicos realizados recientemente permiten identificar a un hombre de unos sesenta o más años, que ya había sufrido una fuerte contusión en el cráneo, de la que habla sanado, y que fue luego objeto de dos profundos cortes sucesivos en el cráneo producidos por un instrumento de ancho filo, quizás un hacha, que podría corresponder a una decapitación. 

      La interpretación de 1800 tenía por tanto una base aceptable, sobre todo si se piensa que el hombre se había enterrado en el lugar preferente de la iglesia, ocupando posiblemente el primer enterramiento posterior a la fundación. Los datos antropológicos coinciden bien con lo que conocemos de la vida de San Servando y San Germán, dos santos varones emeritenses, perseguidos y torturados en su juventud, que fueron decapitados, siendo ya adultos, en el traslado desde Mérida hacia la Tingitania, es decir, el Norte de África. Independiente de la autenticidad de las reliquias, hay que pensar que la decapitación de los santos debió realizarse más bien en el camino de Sevilla al puerto de Barbate, donde se encuentran las inscripciones con sus reliquias, que cerca de Cádiz, ya que este pueblo había perdido mucha de su importancia en la baja romanidad. Que el obispo Pimenio hubiera logrado trasladar al lugar del martirio los restos de San Servando, que en tiempos de San Isidoro se conservaban en Sevilla, es hasta cierto punto aceptable, y esto equivaldría a localizar en los Santos Nuevos el “pago ursiniano” que sin mayor base se ha situado desde el siglo XVII en el Cerro de los Mártires de San Fernando. 

      Aunque difícilmente se podrán comprobar estas teorías, parece conveniente reivindicar lo razonable de las conclusiones de Albisu, especialmente porque el cráneo conservado en Alcalá puede ser actualmente la reliquia de un mártir cristiano más segura que se conserve en todas las iglesias de España. Corresponda o no a San Servando, se trata de un personaje muerto con violencia y al que se reservó el lugar preferente en una iglesia edificada a los pocos siglos del fallecimiento de estos mártires, cuando la tradición ininterrumpida de los cristianos de entonces aún podía señalar con exactitud tanto los auténticos restos como el lugar exacto del martirio.



NOTAS 

(2) En un pequeño rótulo enmarcado junto al relicario de la iglesia de San Jorge se indica que su “decencia y ornato” se deben al obispo Arriete y Llano que visitó la Parroquia en 1869, pero no se indica un reconocimiento oficial de las reliquias. 

(3) E. Hübner. "Inscriptianes Hispaniae Christianae", 80, 85, 111. 

(4) Es posible que se trate de la fíbula representada en la figura Z, lo que convertiría al posible obispo en simple mortal visigodo.

lunes, 6 de mayo de 2013

La ermita de los Santos Nuevos: la basílica visigoda de Alcalá (I)


Artículo publicado en la Revista 
"Velada y romería en honor de la Patrona Nuestra Señora de los Santos" 1981


Ramón Corzo Sánchez 

   El año 1800 vio desarrollarse en Alcalá de los Gazules una de esas graves epidemias que diezmaban una población y hacían a muchos de sus habitantes buscar la inmunidad en el retiro del campo. El verano debió ser especialmente intenso en el desenvolvimiento de la enfermedad ya que se tomaron medidas de total aislamiento y algunas comunidades, como la de los dominicos, conocieron la extinción de casi todos sus miembros. No es difícil imaginar el ambiente de inseguridad, el descuido hacia cualquier ocupación que no fuese la defensa ante la plaga y la natural propensión a realzar cualquier hecho milagroso que pudiera significar una pequeña esperanza de remedio. En este pueblo temeroso y atento a cualquier novedad se desarrolló el descubrimiento de la antigua iglesia, que al pasar de los años y para diferenciarse de la ermita ya existente de la Virgen de los Santos, comenzó a llamarse de los “Santos Nuevos”. Debe indicarse, de entrada, que poco tienen que ver unos santos con otros, ya que los de la Virgen responden a las invocaciones repetidas hacia el Dios Supremo, para obtener su protección en la guerra contra los musulmanes, que estaban plasmadas en el soporte de la cruz sobre el que luego se levantó el santuario de Nuestra Señora, y los “nuevos” son los mártires patronos de la diócesis gaditana. 

      En la actualidad, sólo el nombre del lugar permite identificar el sitio de los hallazgos de 1800, ya que ningún establecimiento religioso, ni ningún otro tipo de señal se ha colocado para perpetuar el recuerdo de estos hechos que podrían haber sido mucho más trascendentes. Parece conveniente reunir aquí los datos de que aún se dispone, para componer en lo posible un relato razonado y para explicar las causas del olvido de un edificio que por razones religiosas, arqueológicas e históricas podría ser el monumento principal del territorio alcalaíno. 

     Aparte del resumen de noticias redactado por el arquitecto Pedro Albisu, que puede considerarse como informe oficial de los hallazgos, y cuyas copias distribuidas entre la Parroquia de Alcalá, el Obispado de Cádiz y el Archivo Histórico Nacional han servido para las citas modernas sobre el tema (1), existe un amplio expediente parroquial sobre el asunto, con datos y declaraciones de otros testigos directos, que amplía sensiblemente la información y, sobre todo, la iglesia de San Jorge alberga el pedestal encontrado y un interesante relicario con los restos óseos y otros objetos aparecidos, que son hoy un documento de primera mano, prácticamente inédito. 


   
      A la vista de todos los antecedentes citados, puede considerarse como seguro que el primer conocedor del hallazgo fue un labrador, llamado “Tío Zarco”, a quien llamaron la atención los signos labrados en una piedra que no pudo entender. Esto debió ocurrir algunos días antes del 13 de octubre de 1800, fecha en la que visitó el lugar el padre dominico fray José de Ayala. Este fraile había abandonado Alcalá hacía tiempo, huyendo de la epidemia por la que habían fallecido el prior y muchos de sus compañeros de convento, y vivía con la familia del labrador Francisco Sánchez Gallardo, en un cortijo, propiedad de Francisco Landino, cercano al “cerro de la Cavallería del Caracol”, donde se había observado la existencia del pedestal. En las cercanías toponímicas al lugar se cita también el nombre de El Palmitoso, que aún se conserva en uso, y el de El Puerto de el Vizcaíno, que debe referirse al que hoy conocemos como puerto de la Parada. 

      Poco pudo entender el fraile de los signos que estaban visibles, pero le pareció de interés investigarlos con detenimiento, de modo que al día siguiente organizó la excavación oportuna que permitió determinar que se trataba de un pedestal, colocado invertido y sobre una losa, tomado con ladrillos y mezcla por los lados. De la inscripción, aún sin limpiar, sólo entendió “in nomine Domini hic sunt”, y estimando que el asunto no tenía mayor interés se volvió al cortijo sin acordarse más del caso. Sin embargo, no todos los conocedores se dieron por conformes con la investigación. El día 22 del mismo mes, la mujer de su anfitrión, Josefa Muñoz Polanco, organizó con sus hijos y algunos operarios, y contra la voluntad de su marido, que temía por la integridad de su carreta, el traslado de la inscripción al cortijo, que se realizó al día siguiente, coincidiendo precisamente con la fiesta de San Servando y San Germán. Aunque algunos declarantes relacionan esta fecha con la especial circunstancia de que ahora el fraile leyera la inscripción de corrido y sin dificultad aparente, el testimonio prudente del propio dominico refiere sólo la lectura de algunos renglones más, que le permitieron comprender la referencia a un depósito de reliquias. 

     Ese mismo día se encontraba en el cortijo Juan Calvo y Negro, alférez del Regimiento de Dragones Sagunto, que realizaba con una pequeña partida las faenas de la remonta. Como buen militar, emprendió rápidamente iniciativas de mayor alcance: limpió el pedestal con vinagre y lo leyó íntegramente, quizás colaborando a los esfuerzos del dominico, y aunque no viese en esto ningún hecho milagroso, se sintió «acalorado de un fervor cristiano», que le impulsó a trasladarse al lugar del hallazgo con cuatro de sus soldados e iniciar unas excavaciones poco fructíferas, a pesar de que el propio alférez uniera sus fuerzas a las de sus subordinados. La gente empezó a reunirse atraída por el inusitado despliegue militar, presenciando la extracción desordenada de ladrillos y escombros que poco aclaraban. Finalmente apareció una lápida de gran tamaño, quizás la que según el dominico Ayala servía de base a la inscripción invertida; el alférez Juan Calvo se vio sorprendido entonces por las risas y comentarios irónicos de los espectadores que empezaban a presagiar fabulosos tesoros, por lo que decidió retirar sus tropas de la excavación, dejando en el lugar una vigilancia permanente. 

Fotografia del pedestal publicada en 1908 por Enrique Romero de Torres
en "Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules"
en el boletín de la Real Academia de la Historia Tomo 53.
     Mediante los avisos enviados por el fraile a las autoridades civiles y eclesiásticas de Alcalá, se presentaron a los pocos días bastantes vecinos y representaciones en compañía de don Pedro Albisu, arquitecto del cabildo gaditano que andaba por allí en otros encargos. Este reconoció la importancia y antigüedad del pedestal, de lo que trasladó los informes oportunos, y se decidió a iniciar a sus expensas la excavación completa de las ruinas. Primero siguió los muros de lo que parecen los ábsides de dos iglesias paralelas; descubriéndolas superficialmente; luego profundizó cerca del sitio donde se encontró el pedestal y dio con las tres primeras tumbas. El día dos de noviembre se decidió a levantar la cubierta monolítica de la mayor, y en cuanto distinguió dentro los restos de dos cadáveres exclamó “¡Los Santos Patronos de Cádiz!”, con lo que les embargó a todos tal nerviosismo que volvieron a cubrir la sepultura. Entre sustos y cavilaciones mandaron aviso a las autoridades de Alcalá y Cádiz, volvieron a entrever los huesos levantando la losa y decidieron que se necesitaba de asistencia técnica y de autoridades para proseguir tan importantes trabajos. 

     El día tres de noviembre “vinieron de Alcalá los Cabildos eclesiástico y civil al sitio de la excavación acompañados de multitud de personas del pueblo”, se volvió a descubrir la tumba y a taparla en espera de “la concurrencia de anatómicos y otros sujetos que pudieran dar luz y autoridad en semejantes actos”. Ese mismo día el canónigo doctoral de Cádiz, José Muñoz y Raso, estando vacante la sede gaditana, comisionó a Francisco Martínez García, Vicario Eclesiástico de Medina Sidonia para reconocer los hallazgos. 

     Sin embargo, este último encargo no pudo cumplirse ya que la autoridad gubernativa denegó el pasaporte al vicario de Medina, a causa de la epidemia que se sufría en Alcalá. Quizás por ello, y a pesar de las prevenciones de Albisu, el 6 de noviembre se volvió a levantar la cubierta de la tumba por orden del corregidor de Alcalá, y un sacerdote fue sacando los huesos que entregaba a un anatómico para su examen y luego eran depositados en unas urnas, especialmente fabricadas para este fin. Así se procedió con las otras dos tumbas inmediatas, cuyos restos son los únicos que con seguridad se conservan en el relicario de la Parroquia de San Jorge, y de los que hablaré más adelante. 

     El Obispado de Cádiz se vio obligado a buscar un nuevo comisionado para el reconocimiento del hallazgo, que fue Pedro López de la Xara, presbítero beneficiario, residente en Alcalá, quien no tenía las dificultades de desplazamiento del vicario de Medina. En el encargo del Obispado se indica ya la necesidad de quitar de lugar sagrado las reliquias que se habían extraído, ya que podían inducir a confusión en los fieles y no se había reconocido en forma cualificada su autenticidad. Estos hechos tenían lugar hacia el 22 de noviembre, cuando se habían vaciado otras diez tumbas más, el cabildo de la villa había decidido retirarse de la operación y Albisu, que había costeado la excavación de su bolsillo y no encontraba más apoyo en Alcalá, había tenido que abandonar el lugar. No queda claro en los documentos manejados por qué circunstancias se produjo este desánimo, aunque es posible que la aparición de milagros y hechos extravagantes, junto con las prevenciones eclesiásticas, hicieron volver de los primeros impulsos exaltados al corregidor, que se negó incluso a prestar declaración en las indagaciones efectuadas por el beneficiario López de la Xara. 

    


NOTAS 

(1) Estos datos fueron aprovechados por H. Schlunk en “La basílica visigoda de Alcalá de los Gazules”, A. Esp. A., 58, 1945, p. 75 ss. En el citado estudio se emplea la bibliografía anterior y el plano conservado en el Archivo Histórico Nacional, El plano de la figura 1 es una versión algo distinta y se conserva en el archivo del Obispado de Cádiz, dónde me ha facilitado su fotocopia el padre Pablo Antón Solé, que me llamó la atención sobre su interés.