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sábado, 9 de mayo de 2026

La contribución de Lascuta en la fundación ex novo de Lacca durante la romanización







Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2026




Francisco JORDI PÁEZ



1. Introducción

    La civitas romana de Lascuta perteneciente al conventus Gaditanus, nada tiene que ver con el oppidum y la turris que habitaron los túrdulos, aunque ambas comunidades coexistieron dentro del término municipal de Alcalá de los Gazules. Este espacio de montañas, debido a su situación marginal y aislada, se presenta como la alteridad a la periferia de un sistema de poder nuclearizado en el entorno de los esteros donde se asentaron los turdetanos. La liberación de los siervos lascutanos, dependientes de la ciudad de Mesas de Asta turdetana a principios de la conquista romana, supone una integración de Lascuta dentro de la administración romana mediante su adscripción a otra ciudad, que se funda ex novo en la confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, durante los últimos decenios de la romanización. La necesidad económica de Lascuta, como ciudad estipendiaria, de establecer el soporte material de su institucionalización a través de su contribución a Lacca, daría lugar a una nueva acuñación conmemorativa.

2. La localización de Lascuta en Alcalá de los Gazules

    La asociación de Lascuta romana[1] con Alcalá de los Gazules se sustenta, sobre todo, por los restos arqueológicos romanos descubiertos en su solar, entre ellos un caput aquae que estaría relacionado con la posible existencia de una ciudad romana[2], así como tres inscripciones latinas[3], destacando el hallazgo de la célebre Tabula Lascutana en su territorio[4]. Además, resulta tradicional, su estrecha vinculación con la moneda de Lascuta que comparte analogía tipológica con el grupo de la Janda litoral e interior, mal calificado como “libiofenicio”[5], cuyo ámbito económico quedaría circunscrito a la comarca campogibraltareña, con hallazgos monetarios acaecidos incluso en el casco urbano de Alcalá de los Gazules[16. La ciudad estipendiaria de Lascuta cuenta con una precursora. Esta circunstancia viene atestiguada por las inscripciones neopúnicas en estilo degenerado de sus monedas, cuyo nombre es completamente distinto al latino[7]. Este pudo corresponder con alguno de los poblados fortificados circundantes, como Las Correderas de la Salud o Las Herrizas, situados en las tierras altas con un carácter defensivo y, sobre todo, con una excelente prominencia visual, los cuales acabarían abandonándose para trasladarse a la cercana ciudad romana de Alcalá de los Gazules[8].

Alcalá de los Gazules cubierta por la niebla
(cortesía de Pedro Antonio Jiménez Gómez)

    En cualquier caso, sabemos por el edicto de manumisión del 189 a.C. que la comunidad lascutana estuvo sometida a un sistema de servidumbre comunitaria por la ciudad de Mesas de Asta situada en los rebordes orientales del paleoestuario, actuales marismas del río Guadalquivir, cuando todavía no había sido conquistada por los romanos. La descapitalización de los principales centros comarcales durante la conquista romana supondrá la pérdida de un dominio territorial que no volverá a recuperarse, por lo que la comunidad lascutana ya no volverá a tener ningún tipo de dependencia servil ni mucho menos cívica con Hasta Regia romana después de aquel edicto de manumisión[9].

3. La relación de Lascuta con el valle del río Guadalete

    La presencia romana se manifiesta poco después de la conquista con la aparición de las tropas acantonadas en emplazamientos estratégicos que permiten el control de las vías de comunicación en las cercanías de las comunidades indígenas del interior, como se pone de manifiesto en el campamento militar romano desde donde el propretor Lucio Emilio Paulo dictaba su edicto de manumisión en el que liberaba a los siervos de la turris lascutana en el 189 a.C. En cualquier caso, se inicia un proceso de romanización en el valle del río Guadalete, cuyo cauce fluvial se convierte en el polo de atracción de un poblamiento con escaso desarrollo urbanístico situado, aislada y marginalmente, en el interior de los escarpes naturales de los montes alcalaínos: justo como era el lascutano.

    Entre los modelos de implantación de la romanización en el territorio se encuentra el proceso de sinecismo (gr. συνοικισμός ‘cohabitación’). Este consiste en la integración de una comunidad en una nueva civitas romana, la cual constituía la piedra angular de lo fiscal, judicial, religioso, político y económico, y se erigía como cabeza administrativa en la llanura aluvial. La confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, circundada por arroyos y manantiales de aguas sulfurosas, junto a las tierras de mayor productividad agrícola, se convertiría en el emplazamiento idóneo para una óptima romanización.

    En cuanto a la circulación monetaria de Lascuta, se observa un desplazamiento de su centro de gravedad hacia la llanura aluvial, en concordancia con las noticias históricas transmitidas sobre los hallazgos monetarios acaecidos entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera[10. Parece ser, por otro lado, que la moneda lascutana se movía con las tropas romanas siguiendo el trazado de una vasta red de calzadas, entre ellas la principal que era la vía Augusta, que pasaba por la campiña jerezana y sevillana. La relación de la moneda de Lascuta con la intensa actividad militar se demuestra no sólo por su posible conexión con aquellas ciudades romanas que estuvieron de paso por la citada vía Augusta, como era Carmo, con la que debió de compartir reacuñaciones y presentar contramarcas del tipo “cabeza de águila” en su serie del elefante, sino por llegar su circulación monetaria hasta el campamento militar de Castra Caecilia[11].

    Los prefectos, siguiendo las consignas de los pretores, compraban o arrendaban el derecho de recaudar rentas sobre una parte de las cosechas indígenas. De esta forma, tras la liberación de la comunidad lascutana, al tratarse de una sociedad escasamente urbana y, por ende, monetizada, como consecuencia de su marginalidad e aislamiento, se le concedió el derecho de acuñar moneda, a cambio de que Roma se asegurase un cierto aprovisionamiento frumentario de sus cereales para abastecer a las tropas romanas acantonadas en sus cercanías[12]. Este sistema, conocido como annona, servía para el reparto y comercio de cereales, al igual que su transporte: recordemos que en una de las series aparece un altar escalonado con las espigas de trigo encima. La presencia de la moneda lascutana en el territorio arcense parece explicar una posible recaudación sobre una parte de sus cosechas, así como de su participación en la financiación de una intensa actividad militar situada en el acceso al valle del río Guadalete. Una actividad que quizá también sería la causa principal que motivase el inicio de sus acuñaciones como ciudad estipendiaria.

4. La moneda tipo sacerdos durante la época del triunvirato

    Existe una moneda incierta conocida comúnmente como tipo sacerdos cuyo retrato ha sido identificado con el magistrado Marco Emilio Lépido. Autores como Villaronga[13] y Benages[14] o García-Bellido y Blázquez Cerrato[15] la sitúan en torno al Cerro de Alcolea (Arcos de la Frontera, Cádiz), de acuerdo con la abundancia de sus hallazgos monetarios, Esta procedencia, claramente bética, nos la indica su pertenencia al conventus Gaditanus[16]. En el anverso aparece representada una cabeza imberbe masculina con unos rasgos faciales de avanzada edad, PRAEF detrás y CN·STATI·LIBO delante de ella; y en el reverso, jarra y pátera sobre línea de exergo, abajo SACERDOS.

    La jarra de libación o capis era el emblema de la dignidad del augur, mientras que el plato de poco fondo conocido como pátera señalaría la obtención del pontificado. Ambos elementos litúrgicos hacen alusión inequívoca al magistrado Marco Emilio Lépido, el cual sucedió a Julio César como máximo pontífice y sumo sacerdote, tras el asesinato de este último en los idus de marzo del 44 a.C. La expresión del sacerdocio en esta moneda cívica parece haber influido, de alguna manera, en la moneda lascutana con la adopción de la jarra de libación, que aparece junto con una urna o cista flanqueando un altar sobre un escalón del que surgen dos espigas de trigo. Esta emisión se puede considerar una de las últimas en esta serie del altar escalonado por aparecer solamente sus inscripciones en latín.

Ibercoin


    Así pues, hay que valorar, al menos, tres cuestiones: la cercanía del Cerro de Alcolea con la Junta de los Ríos; la asociación de esta moneda con la gens Aemilia; y, por último, la traslación del ámbito económico de la moneda lascutana hacia esa demarcación. Esta circunstancia nos induce a pensar que estamos ante la presencia de una incipiente ciudad romana, que nace como principal cabeza administrativa en la llanura aluvial y que somete a la comunidad lascutana al pago de unos tributos para abastecer a sus tropas romanas; ciudad caracterizada por el sacerdocio y vinculación con el magistrado Marco Emilio Lépido, descendiente del propretor Lucio Emilio Paulo, el mismo que liberó a los siervos de la turris lascutana. Es probable que, en este breve lapso, Lépido intentase establecer una colonia romana durante la época triunviral, misión encargada al prefecto Cneo Estatilio Libón; este proceso quedaría abortado debido a la caída del triunvirato y a la sustitución de Lépido al frente del gobierno provincial por el césar Julio Octaviano, el futuro Augusto[17].

5. La moneda de Lascuta y Lacca durante la época augústea

    La llegada de Augusto supone el comienzo del proceso de sinecismo con las entidades cívicas menores mediante la contributio, con lo que se pone de manifiesto el fin de un hábitat, antes disperso, alterando las estructuras de las comunidades indígenas. En este contexto de pacificación augústea aparece la moneda provincial de Lascuta y Lacca, encuadrada dentro de una misma tradición monetaria, que se extiende por toda la cuenca del valle medio e inferior del río Guadalete, territorio donde la moneda republicana de Sisipo y Detaumo comparte el mismo hábito epigráfico de abreviar los topónimos por suspensión o seguir el mismo programa de composición de sus leyendas tanto en anverso (delante del busto) como en reverso (encima o debajo del diseño, usando línea de exergo). Pero, sobre todo, por compartir análoga relación tipológica en sus anversos representando la misma deidad galeada en alusión a las tropas romanas.

    La moneda provincial de Lascuta y Lacca[18] se inspira del denario republicano de Quintus Caecilius Metellus Pius Scipio (Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión). En su anverso aparece la cabeza masculina laureada y barbada atribuida a Júpiter, delante la inscripción Q METEL PIVS. En su reverso, un elefante avanzando hacia la derecha sobre la línea del exergo; debajo viene inscrito IMP, que indica la abreviatura de IMPERATOR y arriba, sobre el elefante, SCIPIO. No se puede plantear una orientación distinta en la lectura para la moneda provincial en cuestión, pues se inspira de un modelo epigráfico e iconográfico que hay que respetar, donde las líneas de exergo separan dos campos epigráficos en los que aparecen dos nombres que hay que leer en sentido horizontal[19].

Classical Numismatic Group, Lancaster, Londres y La Haya


    En este sentido, mi interpretación sugiere que la moneda lascutana sigue el mismo patrón que el denario de Metelo, en la moneda se leería, por un lado, en su anverso LASCVT delante de una cabeza con un yelmo, que rompe con los esquemas anteriores de esta serie en la que predomina una tradición hercúlea; y, por el otro, en su reverso del enorme elefante, arriba LɅƆƆ y abajo MOPSI. Dicho esto, tanto LASCVT como LɅƆƆ se pueden identificar con dos topónimos latinos abreviados por suspensión en su última letra, ya que ambos tienen su constatación documental en las fuentes literarias; de esta manera, serían interpretados como Lascuta y Lacca, respectivamente[20].

    En primer lugar, el epígrafe LɅƆƆ presenta al principio una L incompleta debido a la imprecisión del propio entallador, típica de este último período republicano tardío. La A sin el travesaño es una variante que se ha podido constatar en las monedas de Ercavica datadas de la época augústea. Finalmente, tenemos las dos C retrógradas, que se confundieron con el punteado de la acuñación debido al espacio tan reducido por el enorme tamaño del elefante. En segundo lugar, el epígrafe MOPSI, sería el caso genitivo de Mopsus (de Mopso). Así pues, si Lacca deriva de la raíz indoeuropea *lak-: gr. λάκκος ‘cisterna’, lat. Lacus ‘agua remansada, estanque, lago, mar’[21], presente en topónimos como Laccuris, Lacipo, Lacilbula o Lacimurga, nuestra Lacca Mopsi (de Mopso) se podría interpretar como ‘estanque de Mopso’ (al igual que Hestia Mopsi ‘hogar de Mopso’). Esto entraría en relación con los manantiales de aguas sulfurosas que afloran en su entorno y su sacralización por parte de un sacerdocio que rinde culto al augur y argonauta Mopso como héroe griego; este venía descrito con un morrión ceñido de ínfulas y el laurel del Peneo en lo alto de la cimera[22], el mismo que viene representado en las monedas del valle del río Guadalete.

   
 
Museo Nacional de Dinamarca (Copenhague)


    Estas propuestas no son producto de la arbitrariedad, sino de unas expresiones que se comparten siguiendo un mismo patrón: cada espacio está reservado para cada epígrafe con sus respectivos significados. Es justo lo que se aprecia en las monedas provinciales de Bilbilis e Italica (esta última, homónima de la andaluza), Silbis y Turiaso o Detaumo y Sisipo, si bien aquí he traído a colación el caso de Nassica y Calagurri Iulia, en el que se puede comprobar de manera clarividente la existencia de dos topónimos distintos, uno en anverso como NASSICA y otro en el reverso como CALAGURRI·; abajo le acompaña el antropónimo IVLIA como cognomen. Las fuentes literarias parecen corroborar esta dualidad dentro de un proceso sinecista, afirmando Plinio el Viejo que “Calagurritani qui Nassici cognominantur” (los calagurritanos que se apellidan násicos). Esta sería la demostración de que Nassica aportaría el cognomen a una contributio con Calagurri Iulia en tiempos augústeos (sin olvidar que cuenta con una antecesora, Kalakoricos celtibérica, que también acuñó monedas), aunque aparece mencionada como ciudad estipendiaria dentro del conventus Caesaraugustanus de la Provincia Tarraconensis, en la Hispania Citerior[23]. Por último, cabe decir que la ciudad romana de Nassica, al igual que Calagurri, tiene su propia moneda, siendo esta emisión latina provincial de carácter conmemorativa motivada por la necesidad económica de la ciudad estipendiaria de establecer el soporte material de su institucionalización a través de una contribución[24].

Tauler & Fau Subastas



6. Las ruinas de Lakka que dieron nombre al wādī Lakka

    La coincidencia de Lacca con el río Guadalete y su entorno viene atestiguado por el poeta al-Ḥimyarī en su obra geográfica Rawḍ al-Mi’tār. En ella menciona la existencia de una ciudad en la cora de Šiḏūna, llamada Lakka, construida por el césar Uktabyān, y cuyos restos aún subsistían, contando con una de las mejores fuentes termales de Al-Ándalus. Junto al río de las ruinas de Lakka se enfrentaron las tropas visigodas de Rodrigo y las musulmanas de Tāriq ibn Ziyād[25], dando nombre a la célebre Batalla del wādī Lakka (Guadalete) en el 711. Además, según Ibn Sa’īd, el wādī Lakka era un hermoso río que, a su paso por Šarīs (Jerez), se hallaba lleno de huertas y paisajes deliciosos, por lo que venía a ser un compendio del río de Isbiliya (Sevilla)[26].

    Por tanto, esta es la realidad histórica del valle medio del río Guadalete: las ruinas de una ciudad romana que dieron nombre a un cauce fluvial y, por ende, a una batalla por su importancia dentro de los reajustes territoriales y administrativos desarrollados en las últimas décadas de la romanización. La situación de Lacca en la Junta de los Ríos es una realidad que viene atestiguada por las referencias en las fuentes literarias árabes, así como por la existencia de una inscripción latina que hace alusión a su nombre en una de las monedas de Lascuta, lo que confirma una relación con dicha ciudad estipendiaria. El tiempo y la Arqueología tendrán la última palabra sobre la existencia de la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos[27], cuya presencia romana ha quedado bien atestiguada por las piezas romanas de notable interés que han aparecido en ese sitio[28].

Cortijo de Casinas en la Junta de los Ríos
(cortesía de José y Agustín García Lázaro)


Conclusiones

    A lo largo de estas páginas se ha planteado una nueva interpretación histórica sobre los últimos decenios de Lascuta durante la romanización, una cuestión poco tratada y, en parte desconocida, debido a la carencia de evidencias arqueológicas. Eso sin contar el problema histórico relativo a su ubicación que ha enturbiado el discurso hasta el punto de situarla en el corazón de la campiña jerezana con la contradicción que ello conlleva. La fundación ex novo de Lacca en la Junta de los Ríos durante la época augústea sobre una base indígena preexistente que se traslada a la llanura aluvial es un hecho que se puede corroborar por la acuñación de moneda en la que se amparan ambos topónimos. La existencia de un proceso sinecista que integraría a la ciudad estipendiaria de Lascuta en la nueva ciudad romana de Lacca, así como de otras entidades menores de las cuales aún no tenemos constancia, nos acerca a la fórmula administrativa de la “contribución”.


NOTAS

[1] Plinio, Historia Natural III, 15.

[2] Montañés Caballero, S. y Montañés Caballero, M. (2006): “Actuación arqueológica de urgencia. Calle San Juan de Ribera y Alonso el Sabio. Alcalá de los Gazules”, Anuario Arqueológico de Andalucía: p. 504.

[3] Romero de Torres, E. (1908): “Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules”, Boletín de la Real Academia de la Historia 53, Alicante: pp. 514-523.

[4] CIL II 5041.

[5] Solà-Solé, J. M.ª (1980): El alfabeto monetario de las cecas “libio-fenices”. Hacia un intento de interpretación de un alfabeto desconocido, Barcelona.

[6] Pérez Rodríguez, M. (2025): “¿Dónde se ubica Lascut?”, Entre Abulagas y Caillos, Alcalá de los Gazules; Muñoz A. y Parodi, L. (1980): “Los depósitos romanos de agua de Alcalá de los Gazules”, Boletín del Museo de Cádiz 11: pp. 40-45.

[7] En el estudio de las distintas inscripciones neopúnicas de las monedas, hemos podido esclarecer el nombre túrdulo, anterior a Lascuta romana, que daremos a conocer en primicia en Alcalá de los Gazules.

[8] Trapero Fernández, P. y Ruiz Gil, J. A. (2023): “Estudio diacrónico con base SIG de lugares de control territorial en la comarca de la Janda (provincia de Cádiz)”, Arqueología y Territorio Medieval 30: p. 281.

[9] Las revueltas turdetanas del 197 a.C., conllevaron su derrota militar en el 195 a.C., procediéndose así a una deditio in dicionem, es decir, a una situación de sometimiento directo que tenía como resultado la desarticulación total del sistema organizativo de los principales centros comarcales, como era el caso de Mesas de Asta. En el 189 a.C., se desmantela la estructura territorial de las comunidades sometidas con la liberación de los lascutanos, lo que supone una pérdida parcial de sus dominios territoriales. En este sentido, es imposible que Lascuta siguiera dependiendo de Hasta Regia durante la romanización, pues tres años después, en el 186 a.C., se tiene constancia de un intento de asalto a sus murallas por parte del propretor Gayo Atinio, lo que nos indica que aún oponía su resistencia a los romanos durante la contienda.

[10] Ruiz López, I. D. (2010): La circulación monetaria en el sur peninsular durante el período romano-republicano, Tesis Doctoral, Universidad de Granada, Granada: p. 317.

[11] Pereira, C. y Morillo Cerdán, Á. (2025): “La cronología del campamento: un contexto material-tipo de época sertoriana”, en Pereira, C. y Morillo, Á. (eds.): El campamento legionario de Cáceres el Viejo (Cáceres, España), escenario de la Guerra de Sertorio, Anejos de Gladius 22, Madrid, CSIC: pp. 749-780.

[12] Aguilar Guillén, M.ª A. y Ñaco del Hoyo, T. (1997): “Fiscalidad romana y la aparición de la moneda ibérica. Apuntes para una discusión. II. 195-171 a.C.: algunos textos polémicos”, Habis 28: p. 83-85.

[13] Villaronga Garriga, L. (1990): “Recensions bibliogràfiques”, Acta Numismàtica 20: p. 236.

[14] Villaronga Garriga, L. y Benages, J. (2011): Ancient Coinage of the Iberian Peninsula. Greek, Punic, Iberian, Roman. Les Monedes de l’Edat Antiga a la Península Ibérica, Barcelona: p. 520.

[15] García-Bellido, M.ª P. y Blázquez Cerrato, C. (2002): Diccionario de cecas y pueblos hispánicos con una introducción a la numismática antigua de la península ibérica. Vol. II: catálogo de cecas y pueblos, Madrid: p. 404.

[16] Sáez Bolaño, J. A. y Blanco Villero, J. M. (1996): Las monedas de la Bética romana. Vol. I. Conventus Gaditanus, San Fernando: p. 318.

[17] Amela Valverde, L. (2014): “La emisión denominada “Tipo Sacerdos””, Acta Numismàtica 44: p. 154.

[18] Jordi Páez, F. (2025): “La primera emisión latina de Lascuta y Lacca Mopsi”, Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio, Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules: pp. 32-42.

[19] Cuando el arabista jerezano Miguel Ángel Borrego Soto tuvo noticia de que esta última aportación ponía en entredicho su propuesta de situar Lakka en la Sierra de Gibalbín (véase Borrego Soto, M. Á. (2024): ““Y habiendo llegado al río que se llama ‘Vedelac’…” Lakka y Wādī Lakka: nueva hipótesis de ubicación”, Revista de Historia de Jerez 27: pp. 9-45), rápidamente pretendió dar una lectura distinta en su charla “El río Guadalete en época islámica”. Esta consistía en girar la moneda 180 grados, dejando el elefante bocabajo, confundiendo la última letra con parte de la gráfila, leía arriba SCVT, lo cual, junto con LASCVT, ofrecería una doble alusión latina a Lascuta romana: de ser así, se trataría de un auténtico unicum en la Numismática. Lo que no podíamos imaginar es que aquella ocurrencia, nacida de la premura al ver cómo se tambaleaban los cimientos de su hipótesis, era en realidad un argumento ad hoc para defender una identificación de Lascuta con Monteagudo (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) que identifica con el nombre árabe de Asqūt o Sqūt citada por los cronistas árabes Ibn Jaldún o Ibn Abī Zar’, una supuesta burğ o torre de Muntqūṭ, que fuerza con un hipotético Muntšqūṭ. Esta forma árabe, a su juicio, podría reflejar la adaptación fonética de un topónimo previo Lasqūṭ, resultado de la reinterpretación de la [l] inicial como si del artículo árabe (al-) se tratase, según la asimilación en la transmisión de nombres antiguos al árabe. Esta supuesta Lasqūṭ estaría dentro del alfoz de la Asṭa andalusí, obviando por completo que Lascuta romana dejó de pertenecer al ámbito territorial de esta ciudad tras su liberación a inicios de la conquista romana (véase Borrego Soto, M. Á. (2026): “La ciudad andalusí de Asṭa y su alfoz (Mesas de Asta, Jerez)”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/127 [consulta 09/01/2026]; “Cortijo de Monteagudo (Sanlúcar de Barameda). Ḥiṣn (A)sqūṭ o Ḥiṣn S(a)qūṭ”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/126 [consulta 01/03/2026]; “Releer la conquista del 711. Lakka, Lascuta y el problema del Wādī Lakka”, Hesperia. Culturas del Mediterráneo, Madrid [e.p.]).

[20] Esta lectura fue en un primer momento aceptada por el catedrático de Arqueología por la Universidad de València Pere Pau Ripollès Alegre, quien la hizo rápidamente extensiva en su página web Moneda Ibérica. Sin embargo, sospecho que, tras entrar en contacto con el susodicho arabista, en pocos días el catedrático cambiaba de opinión y aplicaba, casualmente, el mismo modo de lectura que el arabista, dándole la vuelta a la moneda. Así pues, en opinión de Ripollès Alegre, aceptando las dos C retrógradas (que yo mismo fui el primero en identificar dentro de la tradición historiográfica relativa a esta moneda provincial lascutana), lee C·CVTI con V y T nexadas, un nomen que está atestiguado en inscripciones romanas y abajo M·OPSI, que sería su colega. El arabista acepta y menciona, sin enmendar su error, esta nueva hipótesis dada por el catedrático, pero entiendo que esta no se puede sostener por las razones que he explicado supra, las cuales invalidan por completo la aplicación de una lectura alternativa en este tipo de emisiones. La catedrática Emérita de Arqueología por la Universidad de Sevilla Francisca Chaves Tristán, el doctor en Arqueología por la Universidad de Extremadura Francisco Germán Rodríguez Martín, así como el catedrático de Historia Antigua por la Universidad de Sevilla Genaro Chic García, que sitúa la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos, están de acuerdo con mi última lectura, la cual da como resultado la interpretación histórica de un proceso de sinecismo basado en la contributio o contribución.

[21] Villar, F. (2000): Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca: p. 314.

[22] Valerio Flaco, Argonáuticas I, 383-386.

[23] Plinio, Historia Natural III, 24.

[24] Amela Valverde, L. (2012): “Las dos primeras emisiones latinas de la ciudad de Calagvrris”, Kalakorikos 17: pp. 127-146.

[25] Al-Ḥimyarī, Rawḍ: p. 511.

[26] Ibn Sa’īd, Mugrib I: pp. 224-225.

[27] Chic García, G. (1979-80): “Lacca”, Habis 10-11: pp. 255-76.

[28] Santero, J. M. y Perdigones, L. (1975): “Vestigios romanos en Arcos de la Frontera (Cádiz)”, Habis 6: pp. 331-348.

sábado, 31 de mayo de 2025

La Iglesia de la Victoria. Trescientos años al servicio de la comunidad cristiana de Alcalá de los Gazules



Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2025



Ismael Almagro Montes de Oca

    Cuando aún resuenan los ecos de las celebraciones del V centenario de la refundación de las tres antiguas collaciones existentes en una única en la Parroquia de San Jorge, se vislumbra en el horizonte otro aniversario en el ámbito religioso y patrimonial de Alcalá: el tercer centenario de la consagración de la Iglesia de la Victoria.

    Perteneciente al convento de frailes mínimos de San Francisco de Paula, conviene hacer una retrospectiva de los acontecimientos para entender por qué y cuándo se levanta esta iglesia en su ubicación actual.

    En septiembre de 1585, el beneficiado Alonso Cárdeno otorgaba su testamento, ordenándose enterrar en la ermita de la Consolación, dejando parte de sus bienes para que allí «se funde i haga un conbento de frailes vitorios i para ello se exfetue con toda brevedad»[1] con la condición de que estuviese fundado antes de cumplirse el año de su fallecimiento. 


    Rápidamente sus albaceas contactaron con el provincial de los mínimos, Fray Antonio Becerra, quien, desde Écija, el 6 de diciembre dio poder al corrector del convento de Jerez, Fr. Alonso Diaz y a Fr. Juan Téllez, profeso en dicho convento, para que pasasen a Alcalá para estudiar la viabilidad de la fundación,[2] viaje que realizan en febrero del año siguiente, aceptando Fr. Alonso Diaz la herencia de Cárdeno. [3] Tan solo dos días más tarde, este fraile daba poder a Juan Cárdeno y a Juan de la Puerta para arrendar las posesiones que pasaban al convento, varias tiendas en la calle Real y una heredad en cabeza Redonda. De igual manera, el 4 de enero el provincial de los mínimos dio otro poder al vicario de la Orden, Fr. Jerónimo Morcillo para que se entrevistase con el obispo de Cádiz, García de Haro, con objeto de que hiciese donación de una ermita para fundar el convento, licencia que concede el 22 de marzo, con la condición de que los frailes cumpliesen una serie de condiciones, entre ellas, que la advocación del nuevo convento no fuese de la Victoria, como era lo habitual en dicha Orden, sino que, por expreso deseo del obispo, su advocación fuera otra: 

    «los religiosos se a de obligar a tener la devota ymagen de nuestra señora de consolasion perpetuamente en la yglesia del dho convento en medio del altar mayor de tal manera que el nombre que a tenido de nuestra señora de consolasion lo a de tener para siempre y a de ser la principal advocasion del dho convento y que la tengan muy adornada como sentiende la tenran semejantes relijiosos para lo qual les hacemos grasia de los vestidos y frontales y lanparas y de lo demás ornamentos que las devotas personas an dado para el ornato de la dha imagen y hermita» [4] 

    El 26 de marzo, Fr. Jerónimo Morcillo se obligaba a cumplir las condiciones y acto seguido, el vicario de la Parroquia le daba la posesión de la ermita. El mismo día, el fraile se presentaba ante los regidores del ayuntamiento para pedir la vecindad de los frailes, para así poder tener sus ganados en los pastos del término, presentando dos cartas, una del duque de Alcalá y otra de la marquesa de Tarifa para que «acudan a la orden y religion en todo lo q se ofresciere». Sin embargo, los regidores no concedieron la vecindad al entender que iba en perjuicio del resto de los vecinos. [5]

    Pasado poco más de un mes, el 5 de mayo, el Cabildo recibe una nueva carta del Duque y tras su lectura, deciden acudir aquella misma tarde a la ermita de la Consolación para delimitar la superficie que había de ocupar el convento alrededor de la ermita, un total de veinte cuadros «desde la junta que dicen de la lechuza y el otro camino que va a la yesería y rio de Barbate la pasada de Medina que dicen dejando franco este camino y la calle y camino que dicen de la lechuza señalan que de anchura que puedan pasar dos carretas una de ida y otra de la venida y así los dos caminos en la mano una parte y otra hasta tomar la derechera de un arroyo que esta fuera de la fuente y la collera que dicen tomando por mojón un junquillo abajo del arroyo y subiendo del arroyo arriba quedando a mano izquierda dentro de la derechera la polvera con la fuente de agua que allí estaba y a así va la derechera hasta dar al camino de la lechuza y para allí frontero de un portichuelo se descubre la fuente de las viñas por manera que los dos caminos declarados son mojones y linde de suso nombrados en uno señalaron el dicho sitio para el dicho convento y lo hubieron por señalado».[6]

    Sin embargo, esto no llevó aparejado la vecindad de los frailes, porque pasado un mes, el 9 de junio, el primer corrector del convento, Fr. Bartolomé Ardón, volvió a solicitarla al cabildo y, si bien los regidores acordaron inicialmente consultar a algún letrado sobre si se les podía conceder, decidieron que, entretanto «puedan tener fasta numero de trezientas rezes vacunas de hierro y estas se entiendan ser de su labransa e criansa y q estas tengan por averlas heredado y se les proybe q no tengan otro ningun ganado». [7] Pidió asimismo una ampliación del sitio concedido anteriormente, volviendo algunos regidores hasta la ermita y delimitando nuevamente el terreno.[8]

    Finalmente, la vecindad, tras la consulta de varios letrados, les fue concedida el 27 de octubre de dicho año. [9]

    Asentados ya en la ermita, los frailes empezaron poco a poco a labrar el convento, pero tan lento fue el proceso de edificación, que, pasada una década, en junio de 1595, varios vecinos elevaron una queja al Concejo porque había quedado dentro de la propiedad del convento una antigua yesera que los regidores cedieron a los frailes para la obra y éstos no la usaban. Revocaron aquella cesión y dieron licencia a cualquier vecino «para que puedan libremente hacer yeso en la dha yesera que los dhos frayles tenían por md deste concejo para el avasto de los vºs desta villa atento que en esta villa y mucha necesidad de yeso y q los dhos frayles no labran ni hacen yeso en ella y esta la dha yesera parada y q habiendola menester los dhos frayles para el dho efeto de labrar en su convento se la desenvaracen y dexen libremte para que lo puedan hacer»[10]



    Con el pasar de los años, los frailes decidieron mudar el convento a un lugar más céntrico y cómodo, para lo cual adquieren en 1682 varias fincas en la Plaza de la Cruz, llevando a cabo el traslado el 16 de julio a las 12 de la noche, pero sin dar aviso al obispo, quien, tras enterarse, invitó a la comunidad a regresar al antiguo cenobio, pactando las condiciones para poder trasladarse a la nueva ubicación. Ya con la licencia del obispo, el traslado se produjo a las 4 de la tarde del 22 de agosto, acudiendo «Junta Clerecía, el adjuntamto. de esta villa, Commd del Convto de Sto Domingo y personas de distinción salieron procesionalmte acompañando a esta Commd que llevara consigo el smo sacramento y las Ymagenes que dha Yglesia veneraban, dexando en ella solamte la de Sn Antonio Abad» llegando a las seis de la tarde a su destino, donde fueron recibidos «con jubilo y aplauso general de esta villa, colocando en la parte destinada para Yglecia al Smo Sacramento y Stas Ymagenes».

    Como vemos, cuando los frailes se trasladan, no existía convento, sino unas casas, algunas de cuyas habitaciones se utilizaron como iglesia improvisada. La construcción del nuevo templo, se convertiría en tarea primordial para los mínimos, pero una obra de tanta envergadura no sería empresa fácil. La Cofradía del Nazareno mudó su sede con los frailes, y al cambiar sustancialmente las condiciones en que se estableció en el viejo convento, se vio en la necesidad de dejar plasmado en un documento las obligaciones que cada parte asumía en el nuevo, tales como asistencia a las funciones, sermones, misas y otros aspectos. Gracias a esta escritura de concordia, que se firmó el 29 de septiembre de 1690, ocho años después del traslado, sabemos que la iglesia aún no había empezado a edificarse: «y ten es condision que cada y quando que dho convento labre yglesia le a de dar capilla a dha cofradia»[11]



    Como dato curioso, en una de las cláusulas se recoge que no se sabía si la Imagen del Nazareno pertenecía a su Cofradía o a los mínimos: «y ten es condision que si en algun tienpo por algun asidente la dha cofradia saliere de dho convento sin ocasión que para ello se de a de perder el derecho que tiene a la imagen de Jesus nasareno y las alaxas pertenesientes a dha imagen y si el convento la echara fuera del le a de suceder lo mismo que a de perder el derecho que tiene por quanto no se halla razón si la imagen es del convento o de la cofradia».

    Una década más tarde, la iglesia aún no había empezado a levantarse, según se deduce de la limosna que Cristóbal Jiménez de Zurita, clérigo de menores, destina al convento: «mando dos mill reales de vellon por una ves que quiero sean y sirban para la fabrica de la yglesia que se hisiere en el convento de señor san franco de Paula desta viª de tal manera que no puedan conbertir ni gastar en otra cosa»[12]

    Será a partir de 1702 cuando encontremos referencias a la obra del convento, destinando los vecinos diferentes limosnas para la misma.

    La Cofradía del Nazareno, a raíz del convenio firmado en 1690, se hizo cargo de labrar un cuarto adosado al edificio para guardar los enseres de la misma, pero con anterioridad a 1708, los mínimos pidieron al mayordomo de la Cofradía, Gonzalo de Buiza, hacer una permuta por otro para colocar en aquel lugar el campanario. La Cofradía cedió su cuarto, pero los frailes no cumplieron su promesa, tal como dejó expresamente recogido dicho mayordomo en su testamento: 

«Declaro que yo fui mayordomo de la cofradia de Jesus Nazareno sita en el convto de sr sn franco de Paula desta villa y quando mudaron el convento a donde oy esta para poder contener las alhajas de dha cofradia de los bienes de dha cofradia labre un quarto que costo dosztos Rs y es donde oy esta la campana y el portal entonces era a causa de tener dha campana en otro y de uso estaba incommoda me pidieron que por amor a Dios les diera dho quarto que me darían otro tan bueno para las alhajas de dha cofradia lo qual nunca hizieron declarolo assi por descargo de mi conciencia».[13]

    Esto provocaría seguramente roces entre Cofradía y frailes y más aún cuando éstos no terminaban de labrar la capilla destinada a la corporación nazarena dentro de la iglesia. En la cabeza de los hermanos cofrades empezó a rondar la idea de mudarse a otra iglesia y como por la concordia de 1690 no podrían llevarse la Imagen, costearon de sus fondos la hechura de una nueva talla de Jesús Nazareno entre 1709 y 1713, la que hoy conserva, (lo que la convierte en una de las primeras obras, si no la primera, salida del taller del genial escultor José Montes de Oca, de quien se dice que puso taller propio en 1710 y cuya obra documentada más antigua que se conoce data de 1717). 

    Precisamente en 1713 amenazaron con abandonar el convento: «intentamos alcanzar licencia del Iltmo sor obispo de la ciudad de Cadiz a quien somos sugetos para que en vista de nra represntazon mandase se depositasen las imágenes de dha cofradia en la Yglesia Parroquial interin que se concluia la obra de dho convento.» 

    Los mínimos, temerosos de perder el foco de atracción de tan fervorosa imagen, se vieron obligados a firmar un nuevo convenio con la Cofradía, en el que se comprometían a terminar de labrar la capilla: «…atendiendo a la quietud unión y confraternidad que debemos observar por lo antiguo que es la dha cofradia en nro convento y a los grandes esfuerzos con que la adelantan los dhos hermanos y evitar el escandalo por donde se puede esperar el descaecimiento de los ánimos… por ahora y en el interin que se fenece la obra de dho convento ha de ser obligada la comunidad que es o fuere de el en el discurso de dos meses contados desde oy día de la fha a reedificar la capilla de lo que nezesita que es suelo cielo encañonado y el testero y condenar de manpuesto la puerta que de dha capilla corresponde al patio de dha Yglesia por el perjuicio que se ha experimentado y esta amenazando y por el consiguiente ha de ser de nro cargo el cuidado aseo y culto de dha capilla y poner en el arco de ella rexa de palo, o hierro quedando del cargo de la cofradia la llave para ponerla en poder de la persona o Religioso que le pareziere»[14]

    Las obras, en las dos primeras décadas del siglo XVIII, se centraron en la construcción de la Iglesia, hasta que, por fin, 44 años después de trasladados del antiguo convento, se consideró terminada, al menos en su parte interior. Estando celebrándose en las Casas capitulares un cabildo por los regidores el 23 de febrero de 1726, apareció el corrector del convento solicitando permiso para entrar:

     «llegó un recado del Padre Fr. Marcos ximenes Corrector del Combento de nro Pe San Franco de paula pidiendo lizensia para entrar en este ayuntamiento y aviendolo executado y tomado asiento Propuso y Dixo que ponía en la Alta comprehenzion desta Vª, como tenía deliberado Consagrar la Yglesia nueba el domingo tres de marso próximo que viene en cuya funsion, tiene deliberado q en prosesion general se condusqa desde la Yglesia Parroquial al dho combento de la victoria el Santissimo Sacramento y que para ello pide y suplica a esta Villa se sirva de concurrir y autorizar la fiesta sirviéndose de darse por combidada para llevar las Varas del palio y guion».

    Pero, además, el corrector ofreció al ayuntamiento ser Patrono de la capilla o altar mayor, por la mucha ayuda que había recibido siempre por parte de los regidores desde la llegada de los frailes a Alcalá, con el acto simbólico de poner sus escaños en dicho lugar:

     «y asimismo pide y suplica a esta Villa como tal Corrector de que expera la confirmación del reverendo Pe Provincial, se sirva de la Propiedad de la Capilla maior de dho Combento de que haze Dueño y Patrono a la Villa Para que en ella Ponga sus escaños, en donde se an de mantener Perpetuamente para siempre jamás sin que Persona alguna que no sea capitular se pueda sentar en ellos, concurran o no a las funciones del Combento cuya demostrasion haze en Remunerazon de los muchos favores que desta villa a rezevido».

    Desde el Cabildo, se dieron las gracias al Padre corrector y se aceptó tanto participar en la procesión de consagración desde la Parroquia, como los asientos perpetuos en la capilla mayor, acordando «que en señal de Possesion luego Yncontinenti, se pongan Dos bancos deste ayuntamto en dha Capilla maior Ynterin que se hazen bancos en forma». Igualmente, los regidores decidieron, a pesar de las dificultades económicas por la que se atravesaban, dar una limosna «para la función al dho Padre Corrector con quatro cientos y cinquenta Rs” [15] Esta limosna la adelantó Francisco Romero Catalán, a quien se le despachó libranza en agosto de dicho año porque “se le estan debiendo por averlos prestado para la ayuda de costa que se le dio al combento de la Victoria para la obra».[16]

    Aunque la Iglesia estaba ya oficialmente consagrada, y por tanto, con celebraciones diarias y un uso habitual, todavía se continuaba obrando en 1749, seguramente en la parte exterior de la misma, pues el 1 de agosto se produjo un accidente laboral, según consta en la partida de funeral de Alonso Ramírez, que fue enterrado en la Victoria aquel mismo día “por aver caído de la obra de la yglesia de dicho convento”[17] A este respecto, conviene reseñar que en noviembre de 1755, cuando se produjo el famoso terremoto de Lisboa, en Alcalá apenas se sufrieron daños, “a excepción de el convento de Religiosos Mínimos, que hallándose las paredes braveadas, por su elevación quedó sumamente deteriorado.”[17] Esta referencia nos hace suponer que las paredes de la Iglesia se encontraban sin enlucir.

    Logró sobrevivir a la marcha de los mínimos, sirvió de acuartelamiento a las tropas francesas de Napoleón en la Guerra de la Independencia, estuvo clausurada a finales del siglo XIX y a punto de ser demolida en 1886. Se recupera en la actualidad de los “achaques de la edad”, siendo la única de los tres conventos que existieron en Alcalá, que continúa en activo. El 3 de marzo de 2026, cumplirá 300 años al servicio de la comunidad cristiana de Alcalá.



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sábado, 10 de mayo de 2025

La primera emisión latina de Lascuta y Lacca Mopsi




Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2025


Francisco Jordi Páez



1. Introducción

    El presente estudio se expuso en una ponencia, a modo de primicia servida en bandeja ante los alcalaínos y las alcalaínas, el pasado 26 de marzo en el Convento de Santo Domingo del siglo XVI, situado en Alcalá de los Gazules, titulada “El sinecismo entre las ciudades de Lacca y Lascuta en la confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite”. En esta exposición se dio a conocer una nueva evidencia epigráfica de la inscripción LAↃↃ(A) MOPSI en la primera emisión latina de LASCVT(A), lo que demostraría la existencia de dos topónimos distintos. La explicación de esta sutil diferenciación se fundamenta en un claro proceso de sinecismo (gr. συνοικισμός ‘cohabitación’) en el que Lascuta se habría integrado en Lacca durante los últimos decenios de la romanización. Esta teoría se respalda con los hallazgos monetarios registrados entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera, en concordancia con las referencias históricas existentes, por lo que se plantea la posibilidad de que esta acuñación conmemorativa de Lascuta estuviera motivada por la necesidad económica de la ciudad estipendiaria de establecer el soporte material de su institucionalización.

2. Problemática

    Lascuta es una ciudad estipendiaria del Conventus Gaditanus, citada por Plinio[1], que cuenta con dos testimonios arqueológicos de su existencia: por un lado, el “Bronce de Lascuta” o la Tabula Lascutana[2], procedente del territorio de Alcalá de los Gazules, se trata de un edicto de manumisión del año 189 a.C. en el que se libera a los siervos de los hastenses de la turris lascutana; y, por el otro, las monedas broncíneas con escritura neopúnica degenerada y latina, bilingües, acuñadas entre los siglos II y I a.C., identificadas con Lascuta, por primera vez, por el académico y numismático, Antonio Delgado y Hernández[3]. Las dudas con respecto al hallazgo del “Bronce de Lascuta” en Mesa del Esparragal, Correderas de la Salud o la misma Alcalá de los Gazules son razonables, dada su descontextualización[4], aunque la supuesta ubicación de la ciudad romana de Lascuta en la Mesa del Esparragal parece descartarse en los tiempos actuales[5]. No obstante, la propuesta de su ubicación en Alcalá de los Gazules parece cobrar mayor consistencia, a partir de las últimas intervenciones arqueológicas en su casco urbano, donde existen los vestigios de un asentamiento romano de relevancia[6].

    Los hallazgos monetarios destacan por su aparición en Bolonia, Cerro del Prado, Cáceres el Viejo, San Fernando, Arcos de la Frontera, Cerro del Aljibe, Bares, Murcia[7], Junta de los Ríos, Baños de Gigonza en San José del Valle, cercanías de los ríos Barbate y Álamo, alrededores de Sevilla, en la Fuente de la Salada o Plaza Collado de Alcalá de los Gazules[8], Cortijo de Casinas[9], alrededores de Sevilla, Villaluenga del Rosario y en distintos puntos de la campiña de Jerez de la Frontera, lo que dio pie a proponer su ubicación en la Torre Melgarejo[10]. Esta última hipótesis de ubicar Lascuta cerca de Jerez de la Frontera y no de Alcalá de los Gazules ha vuelto a aparecer, sin saber que pronto amenaza ruina, pues, a continuación, se da una explicación a tal circunstancia, en concordancia con las referencias históricas relativas a sus hallazgos monetarios[11].

1. Nueva evidencia epigráfica

    Entre todas las inscripciones monetales latinas de Lascuta, en las que aparece inscrito el topónimo abreviado por suspensión LASCVT(A), así como algunas leyendas que mencionan los nombres personales como A. IRTHI, P. TERENT BODO o L. NVMIT BODO, nadie había reparado hasta ahora en una anomalía de una serie en concreto. Esa serie en cuestión corresponde con la que muestra en el anverso un busto con casco, que supone una ruptura con las demás iconografías hercúleas de los anversos, ya que presenta una leyenda latina en el campo superior de la tipología en el reverso, mal leída, desde luego, dada su similitud con la de Lascuta que aparece en el anverso.

Museo Nacional de Dinamarca (Copenhague)



    La moneda que ha sido objeto de revisión por su excelente estado de conservación se custodia actualmente en el Museo Nacional de Dinamarca (Copenhague) y procede de la colección numismática del abogado, anticuario y numismático gaditano, Joaquín Rubio y Muñoz. En el anverso se lee la leyenda externa LASCVT delante del busto galeado y en el reverso, abajo en el exergo, se lee MOPSI y, arriba del elefante, LAↃↃ con las dos C retrógradas[12]. Esta nueva lectura permite realizar una primera reflexión sobre su identificación con un topónimo, al menos, distinto al de Lascuta a partir de otros paralelos de esa dualidad toponímica con escritura latina en una misma emisión.

2. Hispania Citerior Tarraconensis

    Las primeras emisiones latinas acuñadas por las ciudades romano-republicanas de Nassica y Calagurris (antes Kalakorikos), Bilbilis (antes Bilbiliz) e Italica y, por último, Silbis y Turiaso (antes Turiazu), cuentan con el mismo patrón que nuestra moneda en cuestión. En primer lugar, Nassica y Calagurris Iulia identificada con Calahorra (La Rioja). En el anverso, NASSICA delante del busto masculino, y en el reverso del toro, arriba CALAGURRI y abajo IVLIA. Esta moneda se ha considerado como una acuñación conmemorativa sobre la celebración de un acontecimiento histórico tan importante como era la concesión de su estatuto de municipio romano durante las últimas décadas de la época republicana, aunque el sobrenombre Nassica, lo recibió antes de su municipalización[13]. La abundante producción monetaria de Calagurris Iulia se debió no sólo al uso local, sino también a la necesidad de abastecer de moneda a las tropas romanas que se ubicaban en la vía principal de acceso a esa zona en el valle del Ebro[14].


Tauler & Fau Subastas


Fotografie Lübke & Wiedemann (Leonberg)



    Esto nos daría la lectura de dos topónimos distintos: Nassica y Calagurri Iulia. La cita de Plinio “Calagurritani qui Nassici cognominantur”[15] (los calagurritanos que se apellidan násicos) apuntan a la existencia de una Nassica, como ciudad de los násicos, que, a su vez, constituye el cognomen o apellido de los calagurritanos. De hecho, Nassica tiene su propia moneda, en el anverso, leyenda externa NASSICA delante del busto, y en el reverso, bucráneo, encima C·VAL, a los lados AED e ILES y debajo C·SEX.

    En segundo lugar, Bilbilis, identificada con el Cerro de la Bámbola (Calatayud, Zaragoza) que presenta en su primera emisión latina, en el anverso, delante o detrás del busto masculino BILBILI, aunque después adopta la forma de BILBILIS y en el reverso ITALICA. Ya Amela Valverde[16], siguiendo a Collantes Pérez-Ardá[17] y Beltrán Lloris[18], sugería que Italica pudiera ser un sobrenombre derivado del asentamiento de itálicos en Bilbilis, pero, más bien, como señala Solana Saínz, quizá indicase la existencia de la nueva población con respecto a la antigua celtibérica, que aún estaría habitada[19]. En este sentido, Italica sería el nombre de una ciudad romana de nueva creación, como es el caso de su homónima hispalense en la actual Santiponce (Sevilla). En tercer y último lugar, Turiaso, identificada con Tarazona (Zaragoza) que presenta en su primera emisión latina, en el anverso, delante del busto femenino leyenda externa SILBIS y en el reverso, debajo inscripción TVRIASO. La leyenda SILBIS se ha relacionado con el nombre de la ciudad de Turiaso e incluso con un apelativo similar al que poseen otras ciudades anteriormente citadas que acuñaron este tipo de emisiones latinas[20].

Ibercoin


 Jesús Vico



3. Hispania Ulterior Baetica

    Existe un único paralelo constatado en Sisipo y Detaumo, que acuñaron emisiones latinas, aunque siempre se hayan considerado como una misma realidad cívica, el catedrático emérito en Filología Latina de la Universidad de Sevilla, José Antonio Correa Rodríguez, desmiente tal creencia y asegura que estamos ante dos topónimos completamente distintos[21]. La ubicación es discutida, aunque Leandre Villaronga i Garriga señala que la zona situada entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera, más concretamente, entre el cortijo de Vico y de la Peñuela, es donde existe una mayor densidad de hallazgos monetarios, por lo que parece probable su ubicación en esta zona[22]. En la serie de cabeza femenina tocada con toscas espigas de trigo y el Hércules gaditano en su faceta frugífera, SISIPO aparece delante del busto en leyenda interna, y en el reverso arriba del toro o atún DETAV. En la serie de cabeza galeada, el anverso es anepígrafo y, en el reverso aparece inscrito entre el toro, arriba DETVMO y abajo SISIP o SISIPO. Por tanto, los topónimos serían Sisipo y Detaumo. En el caso de Sisipo, quizá pudiera ser una ciudad estipendiaria, tal y como lo fue Baesipo, siendo DETAV y DETVMO abreviaturas del topónimo Detaumo, con una análoga relación tipológica de sus retratos, tanto hercúleos como galeados, con los de Lascuta y Lacca.


Colección privada (monedaiberica.com)


 José Antonio Herrero



4. Interpretación histórica

    La ciudad romana de Lacca no contaba con ningún testimonio epigráfico, a pesar de los intentos por relacionarla con los tituli picti en los que aparece la inscripción LAC que, tras la publicación de un reciente estudio, se ha demostrado que un rótulo de colonia ha resuelto la cuestión de la forma más inesperada, siendo leídos como LAC(erti) CA(tili) VE(teres), es decir, lacerti (jureles) catili o catuli (pequeños) veteres (envejecidos)[23]. En este sentido, el único testimonio que existe es literario, pues aparece de la mano del poeta al-Ḥimyarī, en su obra geográfica Rawḍ al-Mi’tār, al mencionar la existencia de una ciudad en la cora de Šiḏūna, llamada Lakka, construida por el césar Uktabyān, y cuyos restos aún subsistían, con una de las mejores fuentes termales de Al-Ándalus. Junto al río de las ruinas de Lakka, se enfrentaron las tropas visigodas de Rodrigo y las musulmanas de Tāriq b. Ziyād[24], dando nombre a la célebre Batalla del Wādī Lakka (Guadalete). Según Ibn Sa’īd, el Wādī Lakka era un hermoso río que, a su paso por Šarīs (Jerez), se hallaba lleno de huertas y paisajes deliciosos, y venía a ser un compendio del río de Isbiliya (Sevilla)[25]. En las obras de Yāqūt[26] o al-Ḥimyarī[27], se menciona el emplazamiento de Qalsāna (Casinas) en la confluencia de los ríos Lakka y Bīta/Būta, identificados con el Guadalete y su afluente, conocido por los nombres de Guadalcacín y Majaceite, que vierten sus aguas en la Junta de los Ríos[28].

    La ubicación de Lacca aún es discutida, pues Leopoldo Torres Balbás la identificó con el castillo y los baños de Gigonza[29], aunque, años más tarde, el profesor Genaro Chic García, siguiendo la teoría de Claudio Sánchez Albornoz, la situó en la Junta de los Ríos[30]. Lo cierto es que, la confluencia de los ríos siempre ha tenido una importancia estratégica para la implantación de Roma, puesto que desempeña un papel crucial de nudo de comunicación, tanto terrestre como fluvial, cuyo control permite el transporte de mercancías como puerto fluvial, así como el dominio de las terrazas fluviales y la explotación agrícola de las fértiles llanuras que le rodean. Por el contrario, la situación aislada y marginal de Lascuta, como oppidum o plaza fuerte, situada en el interior de los escarpes naturales de los montes alcalaínos, se nos presenta como una entidad menor a la nueva civitas de Lacca, que se funda como una cabeza administrativa en la llanura aluvial que constituía la piedra angular de lo fiscal, judicial, religioso, político y económico, a través de un proceso sinecista (conocido con el término contributio), que viene a dar sentido al trasvase de la población de Lascuta al llano con la pacificación[31].

    El cognomen Mopsi podría ser el caso genitivo de Mopsus, en relación al adivino Mopso, por lo que Lacca, si deriva de la raíz indoeuropea *lak-: gr. λάκκος ‘cisterna’, lat. Lacus ‘agua remansada, estanque, lago, mar’[32], presente en topónimos como Laccuris, Lacipo, Lacilbula o Lacimurga, Lacca Mopsi significaría ‘estanque de Mopso’, al igual que Hestia Mopsi ‘hogar de Mopso’. Esta etimología manifiesta la estrecha relación de esta nueva fundación romana con los manantiales de aguas sulfurosas que afloran en su entorno, así como la importancia de los mitos heroicos griegos en la creación de la identidad cultural de las ciudades asentadas en las riberas de este río que, en su desembocadura, contaba con un oráculo y puerto del héroe Menesteo[33]. El argonauta Mopso era descrito con un morrión ceñido de ínfulas y el laurel del Peneo en lo alto de la cimera[34], un retrato bélico relacionado con la necesidad de abastecer de moneda a las tropas romanas acantonadas en el valle del río Guadalete por estas ciudades estipendiarias. Los diseños del jabalí y la serpiente representan a los seres antagonistas de este héroe mítico; uno relacionado con la cacería del jabalí de Calidón en la cual participó y otro con la serpiente que le dio muerte en el desierto de Libia[35], una dialéctica entre romanos e indígenas en la apropiación ideológica de un territorio, por lo que, conllevará la concesión de privilegios y la eliminación de cargas tributarias.

Colección privada (tesorillo.com)


 Ibercoin



NOTAS

[1] Plinio, Historia Natural, III, 15.

[2] CIL II 5041.

[3] Delgado y Hernández, A. (1871): Nuevo método de clasificación de las Medallas autónomas de España, tomo II, Imprenta de D. Antonio Izquierdo y García, Sevilla.

[4] No ha sido posible fijar exactamente el lugar del hallazgo arqueológico, ni las circunstancias del mismo, ya que el bronce fue comprado por el ingeniero polaco Lazeski, quien lo llevó a París con informes equivocados, véase Rodríguez de Berlanga y Rosado, M. (1881): Los bronces de Lascuta, Bonanza y Aljustrel, Imprenta que fue de Don José Martínez de Aguilar, hoy de Don Ambrosio Rubio, Málaga.

[5] Gutiérrez López, J. M.ª y Martínez Enamorado, V. eds. (2015): A los pies de Matrera (Villamartín, Cádiz). Un estudio arqueológico al oriente de Siduna, Villamartín (Cádiz).

[6] Montañés Caballero, S. (2006): “Actuación arqueológica de urgencia. Calle San Juan de Ribera y Alonso el Sabio. Alcalá de los Gazules”, Anuario Arqueológico de Andalucía, p. 504.

[7] Ruiz López, I. D. (2010): La circulación monetaria en el sur peninsular durante el período romano-republicano, Universidad de Granada, Granada, p. 316.

[8] Pérez Rodríguez, M. (2025): “¿Dónde se ubica Lascut?”, Entre Abulagas y Caillos, Alcalá de los Gazules; Muñoz A. y Parodi, L. (1980): “Los depósitos romanos de agua de Alcalá de los Gazules”, Boletín del Museo de Cádiz, 11, pp. 40-45.

[9] Mancheño y Olivares, M. (1901): Antigüedades del Partido Judicial de Arcos de la Frontera y pueblos que existieron en él, El Arcobricense, Arcos de la Frontera.

[10] Mateos Gago, F. (1871): “Lascut”, en Delgado y Hernández, A.: Nuevo método de clasificación de las Medallas autónomas de España, Imprenta de D. Antonio Izquierdo y García, Sevilla, p. 163.

[11] En la conferencia sobre “Asta en las fuentes árabes” celebrada en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez de la Frontera el 2 de marzo de 2021, con la que se cerraba el ciclo ‘Jerez Siempre’, el arabista jerezano, Miguel Ángel Borrego Soto, que asimismo fue presentado por el arqueólogo y presidente del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Francisco Barrionuevo Contreras, afirmaba que la turris lascutana no estaba en Alcalá de los Gazules, sino en un entorno mucho más cercano a la propia ciudad romana de Hasta Regia, situada en Mesas de Asta, dentro de su amplio alfoz.

[12] Esta singular Ↄ aparece en una de las monedas latinas con leyenda retrógrada de Carissa Aurelia.

[13] Beltrán Villagrasa, P. (1974): La cronología del poblado ibérico del Cabezo de Alcalá (Azaila), según las monedas allí aparecidas. En Beltrán Villagrasa, P.: Obra completa I. Antigüedad, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, p. 171; Hernández Guerra, L. (2006): v. Calagurris, en Roldán Hervás, J. M. (ed.): Diccionario Akal de la antigüedad hispana, Akal, Madrid, p. 184.

[14] Amela Valverde, L. (2012): “Las dos primeras emisiones latinas de la ciudad de Calagvrris”, Kalakorikos 17, pp. 127-146.

[15] Plinio, Historia Natural, III, 24.

[16] Amela Valverde, L. (2014): “La emisión de Bilbilis Italica”, Acta Numismática, 44, Barcelona, p. 47.

[17] Collantes Pérez-Ardá, E. (1997): Historia de las cecas de Hispania antigua, Madrid, p. 91.

[18] Beltrán Lloris, F. (2000): “El tiempo de Augusto”, en Roma en la Cuenca Media del Ebro. La Romanización en Aragón, Zaragoza, p. 81.

[19] Solana Saínz, J. M. (1989): “Colonización y Municipalización bajo César y Augusto: Hispania Citerior”, en Aspectos de la colonización y municipalización de Hispania, Mérida, p. 91.

[20] Amela Valverde, L. (2007): “La primera emisión latina de Turiaso”, TVRIASO XXI, p. 100; Villaronga i Garriga, L. (1987): Numismática antigua de Hispania. Iniciación a su estudio, Barcelona, Cymys, p. 244.; García-Bellido, M.ª P. y Cruces Blázquez, C. (2002): Diccionario de cecas y pueblos hispánicos, con una introducción a la numismática antigua de la Península Ibérica, vol. I, Introducción, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, p. 69.

[21] Correa Rodríguez, J. A. (2026): Toponimia Antigua de Andalucía, Universidad de Sevilla, Sevilla, p. 293.

[22] Sáez Bolaño, J. A. y Blanco Villero, J. M. (1996): Las monedas de la Bética romana, vol. I, Conventus Gaditanus, San Fernando, p. 320.

[23] Djaoui, D. (2016): The myth of ‘Laccatum’: a study starting from a new titulus on a Lusitanian Dressel 14. In I. V. Pinto, R. R. de Almeida and A. Martin (eds), Lusitanian Amphorae: Production and Distribution. Roman and Late Antique Mediterranean Pottery 10, Archaeopress, Oxford, pp. 117-127.

[24] Al-Ḥimyarī, Rawḍ, p. 511.

[25] Ibn Sa’īd, Mugrib, I, pp. 224-225.

[26] Yāqūt, Mu’ŷam, IV, p. 389.

[27] Al-Ḥimyarī, Rawḍ, p. 466.

[28] Borrego Soto, M. A. (2024): ““Y habiendo llegado al río que se llama ‘Vedelac’…” Lakka y Wādī Lakka: nueva hipótesis de ubicación”, Revista de Historia de Jerez, 27, p. 18. E

[29] Torres Balbás, L. (1957): Ciudades yermas hispanomusulmanas, Imprenta y Editorial Maestre, Madrid.

[30] Chic García, G. (1979-80): “Lacca”, Habis, 10-11: pp. 255-76.

[31] La nueva propuesta del arabista jerezano, Miguel Ángel Borrego Soto, de ubicar la ciudad romana de Lacca en la Sierra de Gibalbín, sin desmerecer su trabajo de recopilación de datos, creemos que no se puede sostener por tres razones: la primera, el hecho de que Lascuta sea un oppidum o una plaza fuerte en altura, implica que Lacca estuviera situada en el llano, no en la cima de un monte; la segunda, la existencia de una análoga relación tipológica del retrato galeado entre Lascuta-Lacca y Sisipo-Detaumo, reduce su ubicación a la llanura aluvial del río Guadalete; la tercera, y última, la abundancia de los hallazgos monetarios entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera, según la tradición histórica, viene a corroborar la opinión, más que consabida, de ubicar la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos.

[32] Villar, F. (2000): Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca: p. 314.

[33] Estrabón, Geografía, III, 1, 9; Ptolomeo, Geografía, II, 4, 5.

[34] Valerio Flaco, Argonáuticas, I, 383-386.

[35] Grimal, P. (1989): Diccionario de Mitología Griega y Romana, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, pp. 365-66.