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sábado, 13 de enero de 2024

La Jerarquía eclesiástica rural: Vicarios y Beneficiados de Alcalá de los Gazules en el Siglo XVIII (y II)

 



VICARIOS Y BENEFICIADOS: LUCES Y SOMBRAS

    Nada mejor que adentrarnos en algunos de los aspectos de las trayectorias vitales de estos hombres para constatar todo lo que de forma general hemos indicado hasta ahora. Así, como ejemplo, aunque podemos aportar muchos, de esa piedad y caridad, de ese mostrarse al pueblo en toda su grandeza, de esa promoción familiar y de ese corporativismo en el grupo, presentamos al beneficiado D. Bartolomé Muñoz Morillo[15], tío de los hermanos Cristóbal Muñoz, beneficiado, cura y comisario del Santo Oficio, y Diego Muñoz, beneficiado, y de Juan de Cárdenas, también beneficiado, quien pide, además del funeral acostumbrado, que le acompañen todos los guiones de las cofradías y ermitas de la villa que quisieran asistir. su generosidad hacia los más necesitados la demuestra legando al hospital de la villa 100 reales de vellón, pidiendo a sus albaceas que compren pan, carne y vino para darle de comer dos días a los pobres de la cárcel, dando un real de vellón a cada uno; y diez mantos y diez sayas de anascote nuevos para diez pobres vecinas de la villa; y que repartan diferentes limosnas, mantos y sayas, o lienzo blanco para camisas, a pobres necesitados y parientes, según su calidad y necesidad. Por otro lado, lega a la santa Escuela de cristo 50 reales y a la cofradía de las Benditas Ánimas 500 ladrillos para la obra que está realizando. Finalmente, instituye una fundación perpetua de tres misas cantadas en la Iglesia Mayor, el día de los Dolores, que agrega al beneficio de su sobrino D. Juan, el día de San Bartolomé, que agrega al beneficio de su sobrino D. Cristóbal, y la última en los días antes de la Natividad, que agrega a su beneficio y la dirá el sacerdote que le sucediere en él.

    En la misma línea, su sobrino D. Diego[16], administrador de las rentas decimales, también quiere un funeral más fastuoso, con acompañamiento de doce pobres con hachas encendidas, los guiones de todas las cofradías, la santa Escuela y doble en todas las ermitas; no obstante, el número de misas de cumplimiento no será excesivo, solo 400. Su aportación al culto se centra en el legado de dos espejos grandes con marcos dorados y cuatro cornucopias doradas para el altar del santísimo sacramento y el de Nuestra señora de los Dolores, así como diversos objetos de plata para que de ellos se haga alguna alhaja para el santísimo sacramento. Funda un aniversario en la parroquial el día de san Diego de Alcalá o inmediato, con doble de campanas, dotado con 4.000 reales de vellón. En él ha de cantarse vigilia y misa con vestuarios y asistirán sus hermanos beneficiados y demás ministros, recibiendo cada uno una limosna en proporción a su trabajo: el beneficiado que diga la misa, que deberá ser por turno, diez reales, los dos vestuarios, dos cada uno, los beneficiados por su asistencia a dicha vigilia, misa y responso, tres cada uno, los beneficiados caperos, uno más cada uno, el sochantre, cuatro, el sacristán, dos, el mozo de coro, dos, los cinco acólitos, uno cada uno, la fábrica, seis, y el campanero, dos; con la condición de que el que no asista pierda dicha obvención y los asistentes se repartan las de los no asistentes.

    De todo lo anterior, de un poder económico elevado y de una conducta que no está a la altura de dicha dignidad y posición, nos hablan los vicarios de la familia Cortegana. D. Pedro Collado Cortegana[17], vicario también del convento de Santa Clara, cura y beneficiado, presenta la misma actitud caritativa y generosa, que advertimos en la cuantía y destino de su legados piadosos: 400 pesos escudos de plata al convento de Santa Clara para la obra del tercer cuarto de dicho convento que está labrando; 2.000 reales de vellón a la Iglesia Mayor para la cajonería de la sacristía, 1.000 al convento de la Victoria para la obra de dicho convento, 1.000 al hospital de la Misericordia para una cama con dos colchones, dos sábanas, dos almohadas y una fresada; 200 fanegas de trigo a los pobres de solemnidad; una cadena de oro al Santísimo Sacramento de la parroquial; un caballo para el servicio de la ermita de los Santos; 100 reales de vellón a la cofradía del Carmen; y 6 o 7 pesos a la cofradía de Jesús Nazareno que ésta le adeudaba y se los perdona. Además de todo ello, y de dejar dispuestas 3.000 misas de cumplimiento, impone sobre su casa una fiesta de Concepción en su octava y una misa cantada en la parroquial todos los años el domingo de la Santísima Trinidad. Una actitud digna de elogio; no obstante, el visitador dice de él que le falta celo para cumplir la vicaría, no corrige a los clérigos ni que se cumplan las misas y no cela la clausura de las religiosas permitiendo que entren seglares.



    Su sobrino, D. Fernando Cortegana Bañales[18], no sale mejor parado y el mismo visitador expone «que no ha estudiado en Facultad y sólo es moralista, es majadero y vive con gran satisfacción confiado en ser vicario». No va mal encaminado, pese a sus aptitudes, lo será, y al final de su vida mostrará el mismo afán grandilocuente en su despedida, solicitando, además del acompañamiento general y el de los dos conventos masculinos de la villa, el de todos los guiones de las cofradías y hermandades y el de 20 pobres con sus hachas; a lo que une 3.500 misas de cumplimiento. Manda a Nuestra Señora de los Santos 100 pesos para ayuda a su culto, al patriarca San José un vestido de tela, 50 mantos y sayas a los pobres que eligiese su heredero, cuatro reales a cada uno de los pobres que llegasen el día de su entierro, que se diga todos los días de fiesta misa en la ermita de San José y que se alumbre todos los viernes del año el Santísimo Cristo de la Viga. Finalmente, impone sobre sus casas una misa cantada perpetua con vestuarios y responso en el altar mayor de la parroquial por el beneficiado que le tocare en los días de San Fernando. Dicho vicario, que en 1752, con 70 años, vive con dos sirvientes y cinco sirvientas, posee un nivel económico muy superior, avalado por una cabaña ganadera que le renta 72.312 reales de vellón, dos casas por las que obtiene de arrendamiento anual 1.298 reales, 230 fanegas de tierra de secano, 26 de tierra infructífera, cuatro aranzadas de viña y diez de olivar, tierras que le reportarían unos 27.000 reales de vellón, aproximadamente[19]; un patrimonio considerable, sin duda, que sitúa a D. Fernando como un auténtico privilegiado no solo dentro del grupo, sino dentro de su comunidad.

    Finalmente, D. Alonso de la Jara y Morito[20], beneficiado, cura, vicario y administrador de las rentas decimales; un personaje singular, enfrentado al pueblo por su forma extrema de corregir las faltas y santificar, y al mismo tiempo actuar del modo más injusto por beneficiar a su familia. Lo primero que nos llama la atención de D. Alonso, tío de los beneficiados Vicente de la Jara y Pedro López de la Jara, es la singularidad de su biblioteca: tres estantes de libros en pasta, vitela y pergamino, donde, además de los consabidos tomos de teología moral o libros espirituales, encontramos los 14 tomos de Feijoo que lega a su hermano Pedro, vecino y comerciante rico de Cádiz, lo que pone de manifiesto un cierto carácter ilustrado en este clérigo, sobre todo en lo relativo a su concepción de la mujer, al dejar el usufructo de una de sus casas al Beaterio de San Miguel, fundado por el beneficiado D. Diego de Viera Márquez[21], «mientras en él hubiere la instrucción de niñas en clase pública; y si ésta se quita, dicha comunidad de beneficiados y también los curas darán el usufructo de dichas casas a una o dos maestras para que enseñen a las niñas pobres de balde». D. Alonso, que no requiere ese fasto que hemos visto en otros en sus exequias y solicita el oficio acostumbrado, sin más, y solo 200 misas de cumplimiento, presenta una actitud digna de elogio, caritativa, ilustrada, una manifiesta inquietud por el mundo que le rodea y la sociedad en la que está inmerso y una loable preocupación por la instrucción femenina, aunque los motivos últimos fueran el adoctrinamiento religioso y moral así como la perpetuación de los roles establecidos[22].

    No obstante, por otro lado, el visitador Huarte[23], tilda su conducta de inapropiada, intransigente e imprudente. Según él, dicha conducta ha puesto «al pueblo en convulsión», al tratar con poca cautela el asunto de un clérigo acusado de incontiente, dando muestras de un comportamiento motivado más por el espíritu de venganza que por hacer verdaderamente justicia. Para Huarte, aunque lo considera «virtuoso, laborioso, instruido y docto», no es merecedor del cargo de vicario pues «quien haya estado, aunque sea de paso en Alcalá, sabrá que el apellido de Jara en el vicario y en cuantos lo llevan está en execración en aquel pueblo», habiéndose dado varios casos que prueban su proceder imprudente y la utilización de su cargo para beneficiar a sus familiares a toda costa. Así, junto al beneficiado D. Juan Delgado, se había empeñado en corregir a todos, acusando continuamente, aún de lo más mínimo, a clérigos y seglares al obispo, incluso al Ayuntamiento, celando indiscriminadamente las amistades y publicando algunos delitos que debían sigilarse «lo que produjo el aborrecimiento de todos». Igualmente, empeñado en quererlo todo para sus parientes, se había quejado a la Intendencia a nombre de un sobrino suyo, sin decir que lo era, de que no le daban suertes de tierras, teniendo ya una, informar como vicario y causar un procedimiento contra el juez, que revocó después el mismo intendente.

    No olvidemos que los clérigos seculares permanecen unidos a sus familias, son un activo importante dentro de las mismas, y en ámbitos rurales aún más, si cabe, se encuentran involucrados en el devenir de las mismas; por ello, no es infrecuente que tomen partido no solo en las cuestiones de índole religiosa que se suscitan dentro de su grupo, sino en las que tienen que ver con la comunidad, con su familia, generándose enemistades o manteniendo antiguas rencillas que vienen de lejos. Son un elemento más del poder de las familias, un elemento importante y decisivo, en muchas ocasiones.

    Especialmente combativo con de la Jara en este asunto fue el beneficiado D. Juan de Mendoza, quien, en palabras de Huarte, «tras no ser laborioso, aspira a mandar, y con esta mira (lo asegura sin escrúpulo) fue uno de los más enconados contra el vicario», lo cual deja al descubierto las ansias de poder de algunos miembros del grupo, así como las intrigas, impropias de unos hombres que debían entregarse a su Dios y a su comunidad pero en los que sus familias y afectos se imponían.

Firma del Beneficiado Pedro Collado Cortegana en su testamento


A MODO DE CONCLUSIÓN

    El estudio particularizado de los vicarios y beneficiados de Alcalá a lo largo del siglo XVIII nos ofrece el perfil de un grupo de poder aparentemente unido, al menos en la defensa de sus privilegios frente a otros clérigos y en el mantenimiento de unas formas de visualizarse ante al pueblo, con gestos que denotan devoción y generosidad pero también un deseo de mostrar su verdadera dignidad y marcar las distancias con el resto; pero que en el fondo presentaba en su seno profundas diferencias, tantas como orígenes tenían sus miembros, porque estos hombres que conformaban el grupo se debían, ante todo, a su familia. Por ello, promocionan a sus familiares dentro del grupo y se posicionan al lado de la familia frente a todos, aunque no sea ni justo ni correcto lo que se defiende. su poder económico sitúa a algunos en los lugares más destacados de ese con- texto rural y no es de extrañar que, pese a sus escasas aptitudes para ocupar determinados cargos y de las reticencias diocesanas, permanezcan en sus puestos, gracias a sus redes clientelares, tejidas, imaginamos, más allá de su propio en- torno. unos hombres en claroscuro, que se mueven entre el ser y el parecer y sienten y reaccionan como todos los demás ante los estímulos más primarios que motivan al ser humano, condicionados por una cultura material e inmaterial que tiene como uno de sus principios fundamentales la desigualdad.


NOTAS

[15] AHPCA, Protocolos de Alcalá de los Gazules, lib. 161, ff. 66-73, 1737; lib. 276, ff. 64-65, 1739; y lib. 275, ff. 233243, 1740.

[16] AHPCA, Protocolos de Alcalá de los Gazules, lib. 183, ff. 167-168, 1765; y lib. 415, ff. 8-24, 1777.

[17] AHPCA, Protocolos de Alcalá de los Gazules, lib. 30, f. 488, 1712; y lib. 132, ff. 45-57,
1725.
AHDCA, Manuscritos, Visitas pastorales, lib. 1241, f. 299.

[18] AHPCA, Protocolos de Alcalá de los Gazules, lib. 271, ff. 40-43 y 54, 1764. AHDCA, Manuscritos, Visitas pastorales, lib. 1241, f. 299.
AHMAG, Abecedario del Libro de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, 1752, leg. 226; Libro
personal e industrial de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, 1752, leg. 229.

[19] Avelina Benítez Barea, Clero y mundo rural. op. cit., p. 113.

[20] AHPCA, lib. 415, ff. 35-38, 1781; y lib. 229, ff. 137-140, 1798.

[21] Vid. Fernando Toscano Puelles, Historia de la Congregación op. cit., pp. 119-167; y Avelina Benítez Barea, Clero y mundo rural op. cit., pp. 238-242.

[22] Vid. María J. de la Pascua Sánchez, «Las fundaciones docentes en la España del siglo XVIII a través de los protocolos notariales gaditanos», Gades, 18, 1988, pp. 109-134.

[23] AHDCA, Secretaría de Cámara, Visitas y estados, leg. 507.

BIBLIOGRAFIA

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Barrio Gozalo, M., «La Iglesia y los eclesiásticos en la España del Seiscientos. Beneficios y beneficiados», en J. Alcalá Zamora y E. Belenguer Cebriá (coords.), Calderón de la Barca y la España del Barroco, vol. 1, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales y Sociedad Estatal Nuevo Milenio, 2003, pp. 361-400.

Barrio Gozalo, M., El sistema beneftcial de la Iglesia Española en el Antiguo Régimen (1475- 1834), Alicante, Universidad de Alicante, 2010

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Benito Aguado, M. T., La sociedad vitoriana en el siglo XVIII: el clero, espectador y protagonista, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2001.

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Toscano Puelles, F., Historia de la Congregación-Beaterio de Jesús, María y José, Cádiz, 1988.

sábado, 18 de noviembre de 2023

La Jerarquía eclesiástica rural: Vicarios y Beneficiados de Alcalá de los Gazules en el Siglo XVIII (I)




Avelina Benítez Barea



RESUMEN

    El estudio se centra en el colectivo formado por los vicarios y beneficiados de Alcalá de los Gazules en el siglo XVIII, clérigos que conformaban la cúpula de la jerarquía eclesiástica rural en dicha población gaditana. Un grupo poderoso, económica y socialmente, enfrentado a otros colectivos dentro de la iglesia local, muy piadoso, según las fuentes, y fuertemente vinculado a sus familias de origen, por lo que, en consecuencia, sus actos irán encaminados a la promoción y perpetuación del status familiar. Un grupo complejo en el que analizaremos los momentos vitales más significativos de algunos de sus elementos destacados, aquéllos que eran capaces de ser piadosos, generosos y cercanos pero también injustos, parciales y muy distantes.

INTRODUCCIÓN

    Aunque en las últimas décadas el estudio de la Iglesia, en general, y los eclesiásticos, en particular, ha cobrado especial relevancia y son muchas las aportaciones que desde diferentes perspectivas abordan su estudio[1], es indudable que hay cuestiones aún poco tratadas, en las que apenas se ha profundizado o que son susceptibles de un enfoque diferente[2]; cuestiones que nos ayudarían a comprender mucho mejor el mundo que rodeó las vidas de hombres y mujeres que en un pasado no tan lejano estuvieron aquí, tan iguales o tan diferentes como nosotros, pero mediatizados por un contexto sacralizado que todo lo impregnaba y del que no se podían sustraer[3].

    Desde la historia social, desde la historia de la familia[4], desde la microhistoria, tan necesaria para guiarnos a través de pequeños detalles a conceptos mucho más amplios y complejos, nos seguimos interesando por la figura del clérigo rural durante la modernidad[5]; en esta ocasión, por aquellos elementos que se posicionan en los lugares más elevados de la jerarquía eclesiástica rural, que, no obstante, aunque simbolicen los escalones más bajos dentro de la cúpula, nada que ver con las jerarquías existentes en ámbitos urbanos, por ejemplo, no deja de representar la situación más privilegiada a la que se puede aspirar dentro de ese reducido contexto. Por otra parte, ello no implica que su poder se vea mermado, antes todo lo contrario, se magnifica, precisamente, por las características propias de esos núcleos pequeños y cerrados. Pertenecientes a las familias más acaudaladas e influyentes de la zona, aquéllas que de una forma u otra controlan la vida de la colectividad y que guardan con el estamento una relación continuada, basada en la sucesión y el relevo generacional de sus miembros; su posición elevada les convierte en agentes influyentes, actores de primer orden, queridos y alabados por unos, odiados y criticados por otros, pero nunca indiferentes.

    Proponemos, en esta ocasión, el estudio de personajes concretos, porque nos atrae sobre todo su dualidad. A través del cruce de fuentes: testamentos, visitas pastorales, Catastro de Ensenada y expedientes de órdenes; nos acercaremos a las trayectorias vitales de 32 beneficiados y tres vicarios de la población gaditana de Alcalá de los Gazules durante el siglo XVIII. Vidas y obras, a veces incompletas, por supuesto, a través de las cuales hemos vislumbrado la realidad de unos hombres que viven aún intensamente la piedad barroca, pero también fuertemente vinculados a sus familias de origen, participando activamente en sus estrategias y tomando partido e involucrándose en los asuntos familiares sin ningún pudor, al tiempo que hacen valer sus privilegios, legítimos o no, en un colectivo profesional profundamente dividido, aquejado de males endémicos cuya solución no pasa, en absoluto, por la pérdida de sus derechos. Personajes que, incluso, pese a los informes desfavorables de los visitadores, se mantienen en sus puestos, dando una imagen ejemplar gracias al ejercicio de la caridad mientras se presentan como valedores de las causas más injustas y mundanas. Algo que, por otra parte, no es más que un fiel reflejo, dentro de ese colectivo, de lo que era la sociedad del Antiguo Régimen: una sociedad sacralizada, jerarquizada, injusta y desigual.

    Finalmente, solo resta decir que las fuentes consultadas se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz [AHPCA], Archivo Histórico Diocesano de Cádiz [AHDCA], y Archivo Histórico Municipal de Alcalá de los Gazules [AHMAG].

UNA ESTRECHA JERARQUÍA 

    Vicarios y beneficiados representan la cúspide de la jerarquía eclesiástica rural, una jerarquía inferior, como ya hemos indicado, a la que se pueda aspirar en la capital de cualquier diócesis. No obstante, la entidad menor de estas localidades, el carácter endogámico de su población, las redes clientelares que se tejen entre sus vecinos y la acaparación del poder en manos de unas pocas familias, que colocan a sus miembros estratégicamente en los diferentes centros de poder, uno de ellos, la Iglesia, hacen de estos clérigos personajes mucho más poderosos de lo que en un principio cabría esperar. El bajo clero secular es un grupo heterogéneo y diverso, marcado fuertemente por las diferencias que establecen los distintos cargos y ministerios que ocupan, pero también, y sobre todo, por las diferencias inherentes al origen de muchos de sus miembros, pertenecientes a familias con un peso específico importante, no solamente dentro del estamento, sino de toda la comunidad, lo que marcará sus carreras futuras y será la causa, en muchos casos, de esos cargos y ministerios que ocupan. Y dentro de este colectivo concreto, el de vicarios y beneficiados, aunque unido por intereses comunes, también encontramos notas discordantes, conflictos y situaciones que ponen en tela de juicio la aparente buena hermandad que se profesan entre sí.

    Y todo ello porque estos hombres, que son hombres de la Iglesia, hombres de Dios, que predican su religión con palabras y obras, y son piadosos, caritativos, generosos y virtuosos, son también hombres del siglo, miembros destacados de unas familias a las que se deben por encima de todo, y participan de su riqueza y poder y actúan en consecuencia para que esa riqueza y poder se perpetúe en ellas. Esa dualidad en la que se mueven es aceptada y no representa ningún obstáculo desde el punto de vista moral porque esa dualidad es la que permite que el sistema social existente, del cual ellos son los principales garantes y beneficiarios, se mantenga y perpetúe.

    En el plano profesional, se trata de un colectivo enfrentado al de los curas, ya que la desigualdad en las rentas de ambos será un punto de fricción importante[6].

    Al percibir los beneficiados parte del producto decimal, sus ingresos superarán en mucho a los de los curas, teniendo, además, unas obligaciones menos gravosas, pues no necesitaban para el disfrute de los beneficios, en muchos casos, más que la simple tonsura. No obstante, todos los beneficiados de nuestro estudio son presbíteros y algunos, beneficiados y curas a la vez, con lo que unen ambas rentas. Esta situación repercutirá, obviamente, en el desarrollo de sus obligaciones, y aunque medidas como nombrar a los curas servidores de beneficios, favorecer la acumulación de fundaciones en sus manos o crear nuevos beneficios con cura de almas, mejorarán en parte su situación económica y reforzarán su figura[7], en modo alguno conseguirán equipararse a los beneficiados[8]. Beneficiados que gracias a sus prerrogativas y a un arraigado corporativismo gozarán de gran consideración frente al resto de los eclesiásticos[9]. Ese corporativismo del que hacen gala, aparentemente, sin fisuras, con expresiones del tipo «mis carísimos hermanos», se fomenta, por ejemplo, con el mantenimiento de los beneficios propios y ajenos, dejando adscritas las misas de sus fundaciones a los beneficios de familiares, por supuesto, pero también a los de compañeros beneficiados o al grupo colegiado al completo.

    En cuanto a su origen, descienden de familias «de esclarecido estirpe», «de notoria y probada limpieza de sangre», con numerosos eclesiásticos regulares y seculares en sus filas, en las que se suceden, generación tras generación, los principales oficios y empleos honoríficos de la villa.

    El relevo generacional en el estamento es una constante[10] y todos presentan sobrinos o hermanos en el mismo, muchos de ellos, beneficiados también, lo que nos induce a pensar en un grupo prácticamente cerrado. Relevo que se produce gracias a la fundación de beneficios y capellanías cuyo principal objetivo es la ordenación y promoción de familiares. Sus hogares (ver tabla núm. 1) reflejan la acogida de familiares y deudos, la presencia importante de mujeres y un número de sirvientes, en ocasiones, ciertamente elevado, en consonancia con los cargos y ministerios que ocupan, con su edad, y con sus extensas propiedades.



TABLA NÚM. 1

COMPOSICIÓN DE LOS HOGARES [11]


NOMBRE

CARGO/BENEFICIO

EDAD

CONVIVEN EN SU HOGAR

Alonso de Alba

beneficiado

35

Un hermano, dos deudas y dos
sirvientes

Alonso González

beneficiado

41

Madre y un sirviente

Alonso Vicente
Pérez

beneficiado y cura

52

Una hermana, una sobrina, una deuda
y dos sirvientes

Cristóbal Joseph
Collado

beneficiado

¿34?

¿Tres hermanas, cuatro deudos y un
sirviente?

Cristóbal Muñoz

beneficiado, cura y
comisario del S. O.

48

Una hermana, tres deudos, dos
sirvientes y una sirvienta

Diego Muñoz

beneficiado

42

 

Fernando Chacón

beneficiado

34

Dos sirvientes y una sirvienta

Fernando Cortegana

vicario

70

Dos sirvientes y cinco sirvientas

Francisco Recio

beneficiado y cura

40

Madre, dos hermanas, un hermano, un
sirviente y una sirvienta

Francisco Joseph
de Velasco

beneficiado

30

Madre, un hermano, un sirviente y una
sirvienta

Pedro Muñoz

beneficiado

52

Una hermana, dos sirvientes, dos
sirvientas y dos esclavas



    Su nivel económico, como ya hemos adelantado, es superior al de otros colectivos pues detraen parte del producto decimal, a lo que unen, en ocasiones, lo que obtienen como administradores de determinadas rentas, de instituciones o del abastecimiento de productos como el aceite. Sus cabañas ganaderas son importantes (ver tabla núm. 2) y las tierras que poseen, aunque gravadas con tributos al Duque de Medinaceli, obtienen buena rentabilidad. Sus beneficios, por último, oscilan entre los 173 y los 285 reales, uniendo algunos las rentas de un curato.

TABLA NÚM. 2

CABAÑA GANADERA Y RENTABILIDAD [12]


      

CLÉRIGOS

VACUNO

EQUINO JUMENTOS CABRÍO
/ASNAL

CERDA

LANAR

COLMENAS

UTILIDADES
(EN R.V.)

Alonso González

-

5

2

227

-

-

-

1204

Alonso Vicente Pérez

80

 

5

5

-

5

-

2127

Cristóbal Joseph
Collado

190

20

5

133

130

443

12

18185

Cristóbal Muñoz

130

10

9

650

448

60

50

15737

Fernando Chacón

151

7

7

-

545

210

-

16679

Fernando Cortegana

1550

86

64

850

454

1780

-

72132

Francisco Recio

27

-

5

-

51

-

-

3590

Pedro Muñoz

31

7

4

240

44

76

-

3812



    Su conducta, pese a esa situación de privilegio que poseen dentro del estamento, o quizás por ello, no es ejemplar. Así, nos dice el visitador Huarte[12] [13] que «el incumplimiento de sus funciones por parte de los beneficiados y su indisciplina son generalizados, no diciendo las misas que deben ni en la forma adecuada, ni haciendo caso de las recomendaciones sobre el ritual y la universal disciplina». Algo que no es exclusivo del colectivo, ya que la situación del clero en general es lamentable, calificándolo de «indisciplinado, rústico y nada aplicado». A lo que añade que, «como consecuencia de la ignorancia y ociosidad», los clérigos tienden a inmiscuirse en todos los chismes de los seglares, y en lugar de ser los pacificadores toman partido. un efecto de ese mundo pequeño y cerrado en el que se desenvuelve su vida, donde las familias, sus clientelas, sus viejas rencillas, abarcan a toda la población, y ellos forman parte de ese mundo, no pueden sustraerse de él por mucho que por su condición eclesiástica deban situarse al margen de los asuntos mundanos y practicar la equidad y la imparcialidad.

    Finalmente, y en todo lo que atañe al plano espiritual, la mayoría presenta una vivencia de su religión aún intensamente barroca, con gestos grandilocuentes y fastuosos. Todos hacen gala de una gran generosidad con los necesitados en el momento último de la muerte, aunque también realizan fundaciones de misas perpetuas con el único fin de salvar su alma y la de sus allegados, al tiempo que aseguran la entrada o promoción en el estamento de algún sobrino destinado a relevarlos en las filas del clero. Del mismo modo, la devoción que profesan a determinadas imágenes les hace destinar parte de sus bienes al culto, financiando retablos, camarines, vestiduras, luminarias, etc., todo para su mayor «adorno, decencia y decoro». En este aspecto, realizan una intensa labor de mecenazgo en las parroquias, les interesa el aspecto de éstas, de sus imágenes y capillas, como algo imprescindible para la adoración por parte del pueblo. Sus aportaciones dignifican la iglesia y contribuyen a que el lugar de culto y veneración de las imágenes presente la majestad y esplendor que deben tener, beneficiando a un pueblo que participa de esa grandeza y percibe plásticamente lo que con palabras se le predica. Pero también, y sobre todo, les supone un beneficio propio, pues se presentan como personajes influyentes y generosos enviando el mensaje de su autoridad, de su origen y posición, el mensaje de la diferencia. Su comportamiento, en cierta forma, es el que se espera de ellos según su posición y situación; pese a que no dudamos, en absoluto, de sus creencias y fe, también entendemos que deben mostrarse de una determinada manera porque así es como el pueblo tiene que visualizarlos[14].

    Sus funerales y exequias marcan esta diferencia en bastantes ocasiones y aunque todos piden ser enterrados «con la pompa y aparato que se acostumbra con sus individuos, el cuerpo de beneficiados», muchos solicitan, por ejemplo, un mayor acompañamiento, o doble de campanas o un número de misas de cumplimiento excesivo.




NOTAS

Artículo publicado en Poder, sociedad, religión y tolerancia en el mundo hispánico, de Fernando el Católico al siglo XVIII. Eliseo Serrano Martín Jesús Gascón Pérez (eds.). Págs. 1227-1241.Publicación número 3635 de la Institución Fernando el Católico, Organismo autónomo de la Excma. Diputación de Zaragoza. La versión original y completa de esta obra puede consultarse en: https://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/3699

Las fotografías no se corresponden con el artículo original.

[1] Un estado de la cuestión en Arturo Morgado García, «El clero secular en la España Moderna: un balance historiográfico», en Ángel L. Cortés Peña y Miguel L. López-Guadalupe Muñoz (eds.), La Iglesia española en la Edad Moderna. Balance historiográfico y perspectivas, Madrid, Abada Editores, S. L., 2007, pp. 49-73.

[2] En este sentido, el tema relativo a beneficios y beneficiados adolece aún de un tratamiento más amplio, aunque contamos con las aportaciones sumamente interesantes de Maximiliano Barrio Gozalo, entre las que destacamos «La Iglesia y los eclesiásticos en la España del Seiscientos. Beneficios y beneficiados», en José Alcalá Zamora y Ernest Belenguer Cebriá (coords.), Calderón de la Barca y la España del Barroco, vol. 1, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales y Sociedad Estatal Nuevo Milenio, 2003, pp. 361-400; y El sistema beneficial de la Iglesia Española en el Antiguo Régimen (1475-1834), Alicante, Universidad de Alicante, 2010. Y en nuestro ámbito concreto, las de Arturo Morgado Garcia, «Las bases humanas y económicas del clero de la diócesis de Cádiz en la segunda mitad del siglo XVIII», en Actas del II Congreso de Historia de Andalucía, Córdoba, 1991; y «Provisión de beneficios eclesiásticos en la diócesis de Cádiz durante el Antiguo Régimen (1700-1836)», Chrónica Nova, 18, 1990, pp. 343-364.

[3] Vid. Teófanes Egido, «La religiosidad de los españoles (siglo XVIII)», en Actas Coloquio Internacional «Carlos III y su siglo», t. I, Madrid, 1988, pp. 767-792.

[4] Un ejemplo más que sobresaliente del estudio del clero desde la perspectiva de familias y redes lo encontramos en María Teresa Benito Aguado, La sociedad vitoriana en el siglo XVIII: el clero, espectador y protagonista, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2001.

[5] Vid. Avelina Benítez Barea, Clero y mundo rural en el siglo XVIII. La comarca gaditana de la Janda, Cádiz, Universidad de Cádiz, 2013.
 
[6] En 1717 los curas de Alcalá obtienen 1.300 reales de vellón anuales mientras que cada beneficio asciende a 3.300. AHDCA, Manuscritos, Visitas pastorales, lib. 1241, ff. 259-260.
 
[7] Miguel L. López-Guadalupe Muñoz, «De clero y fieles en la diócesis de Granada a través de las visitas pastorales de la segunda mitad del siglo XVIII», Chronica Nova, 23, 1996, p. 308.

[8]Arturo Morgado García, La diócesis de Cádiz: de Trento a la Desamortización, Cádiz, Universidad de Cádiz, 2008, pp. 189-190.

[9] Así, por ejemplo, el cuerpo de beneficiados de Alcalá, persona jurídica y colegiada, constituyó durante siglos una institución singular, de gran relieve e influjo entre la población. Fernando Toscano Puelles, Historia de la Congregación-Beaterio de Jesús, María y José, Cádiz, 1988, pp. 91 y 113-114.

[10] Vid. Avelina Benítez Barea, «El bajo clero y las estrategias familiares de perpetuación: pro- moción y relevo generacional (La Janda, siglo XVIII)» en X Congreso de la Asociación de Demografía Histórica, Albacete, 2013.

[11] Beneficiados y vicarios de Alcalá en 1752, según la documentación primaria del Catastro. AHMAG, Abecedario del Libro de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 226; Libro personal e industrial de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 229.

[12] Beneficiados y vicarios de Alcalá en 1752, según la documentación primaria del Catastro. AHMAG, Abecedario del Libro de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 226; Libro personal e industrial de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 229.

[13] AHDCA, Secretaría de Cámara, Visitas y estados, leg. 507.

[14] Vid. León C. Álvarez Santaló, «Vivir como un cura. Algunas precisiones cuantitativas respecto al imaginario social del clero en el siglo XVIII», en Francisco J. Aranda Pérez (coord.), Sociedad y Élites eclesiásticas en la España Moderna, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, pp. 101-148; y Antonio Irigoyen López, «Los tratados de perfección sacerdotal y la construcción de la identidad social del clero en la España del siglo XVII», Hispania, 230, 2008, pp. 707-734.

BIBLIOGRAFIA

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