sábado, 3 de octubre de 2026

La Iglesia de la Victoria de Alcalá de los Gazules (III)



CAPITULO SEGUNDO

 

EL CONVENTO EN LA PLAZA DE LA CRUZ

 

El 22 de agosto de 1682, a las 4 de la tarde, los mínimos abandonaron definitivamente su antigua sede, viviéndose un acontecimiento histórico, que nadie quiso perderse. Asistieron «Junta Clerecía, el adjuntamto. de esta villa, Commd del Convto de Sto Domingo y personas de distinción salieron procesionalmte acompañando a esta Commd que llevara consiguo el smo sacramento y las Ymagenes que dha Yglesia veneraban, dexando en ella solamte la de Sn Antonio Abad». A las seis de la tarde llegaron al lugar donde pretendían levantar el nuevo convento, siendo recibidos «con jubilo y aplauso general de esta villa, colocando en la parte destinada para Yglecia al Smo Sacramento y Stas Ymagenes».

Como hemos visto en el capítulo anterior, los frailes fueron comprando propiedades en la zona de la Plaza de la Cruz, actual Alameda, con la intención de trasladar el convento según consta en los documentos conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, entre los que existe una relación de las fincas adquiridas. Estas adquisiciones apuntan a que los mínimos tenían un plan trazado, a que el traslado estaba planificado. Sin embargo, hay un detalle que parece indicar todo lo contrario y, tal vez, la mudanza no respondió a un proyecto largamente estudiado, sino que se hizo de manera precipitada y aprovechando las circunstancias que se dieron en un momento concreto: todas las fincas que aparecen en el listado referido, fueron adquiridas por el convento después de producirse el traslado el 22 de agosto.

La primera casa que adquieren es la de Lucia Montero, viuda de Juan Luis de Ortega, quien, el 13 de septiembre, vendió al convento de Nuestra señora de Consolación «la pte de casa q yo tengo en la casa grande de gil lopes questa en la plasa de la sta cruz desta viª y es la que mira a la calle que linda por la una pte con casas de andres galindo y por la otra con casas de Juº Gonzales asedo y esta en comunidad con Juº SS (Sánchez) casas dª Ysabel de casas y lorenzo mrn (Martín)».[45]

Para edificar el convento, necesitaban anexionarse las casas aledañas y así disponer de terreno suficiente. Pero existía un problema para ello: eran pobres. La orden de mínimos, no se caracterizaba precisamente por su poderío económico, al contrario, sus frailes vivían con estrecheces, y no disponían de dinero para seguir comprando fincas. Ante esta situación, intervino uno de ellos, el alcalaíno fray Bartolomé Navarro, quien el 7 de noviembre tomó la determinación de donar al convento unas casas que había heredado de su hermana en 1669, que se ubicaban junto a la Plazuela.[46]  El 27 del mismo mes, donaba otra parte de casa, que también había heredado: «entre los bienes que me quedaron y yo herede fueron unas cassas en que ai dos cuerpos baxos patio y pozo que an por linderos cassas de los herederos de sevastian peres y casas de doña elvira Sifuentes».[47]

Ese mismo día y los dos siguientes, los mínimos celebraron tres tratados[48] para hacer una permuta de estas casas donadas por Fray Bartolomé Navarro, por otras de Isabel Maldonado: «por quanto es nessessario redificar este Convento assi la Yglesia como seldas Refectorio y ofisinas y demás menesteres nessessarios y se halla mui falto de dineros y otros medios y dicho convento su Renta en mui corta por ser mui pobre ni menos tiene bienes espirituales ni de otro genero que nos ean mui nessessarios y forsossos para el culto divino; emos conferido y tratado que para dicha redificassion es nessessario tomar unas cassas que  estan dentro de el patio de este convento y sin ellas no se puede obrar en cossa alguna y emos tratado con doña Ysavel Maldonado dueña de dichas casas las de  y la susso dicha lo a tenido por bien y en pago nos a pedido le demos unas cassas que tenemos en la calle Real de esta villa que lindan con cassas de los herederos de sevastian peres y casas de doña Elvira de Sifuentes por las espaldas las quales el dicho Convento las posee por cession que de ellas se hizo el pe frai Barme navarro Relixioso de este Convento con cargo de quatro ducados de tributo redimidero que en cada un año se pagan a Don pedro de Villegas Clerigo subdiácono…».[49]

Una semana antes, el día 23, los frailes habían llegado a un acuerdo para intercambiar unas casas propias del convento, heredadas por fallecimiento del que fue fraile lego de la misma orden, fray Francisco Mariscal, en la calle de la Salada, con Juan González Acedo, cuyas casas «se conponen de quatro cuerpos altos y dos bajos patio y posso y un corredor». Estas casas eran necesarias «porque sin ellas no se puede obrar ni en la yglesia ni en otra cosa alguna y principalmente para hazer puerta y servidumbre de el convento».[50]

            Debían ocupar estas casas la zona del actual atrio de la Iglesia de la Victoria y zona anexa de la espadaña. Con respecto al pozo que se menciona, constatar que aún existe en la actualidad, aunque se encuentra cegado, y cuyo brocal se encuentra “incrustado” en el muro lateral de la iglesia que da al patio. Descartamos que este brocal perteneciese a un aljibe porque no tiene sentido que los frailes lo hubiesen conservado, construyendo el muro justo encima, puesto que, si fuese de un aljibe, se podría haber desplazado unos metros para situarlo fuera del mismo. En cambio, al tratarse de un pozo, no tuvieron más remedio que respetarlo, porque era necesario para la subsistencia de los frailes.

            Evidentemente, los mínimos debieron de poseer ya alguna propiedad en la Alameda en agosto de 1682, cuando realizan el traslado, pero, ni en la documentación del convento ni en los protocolos notariales, hemos podido localizarla. Quizás lo más probable es que se estableciesen en la primera casa que compraron, la de Lucia Montero, y que las escrituras de venta se realizasen con posterioridad a la mudanza.

La construcción de la Iglesia debió convertirse en tarea primordial para los mínimos, pero una obra de tanta envergadura no sería empresa fácil, ni rápida.

Por una escritura de concordia entre los frailes y la cofradía del Nazareno sabemos que en 1690 aún no había empezado a edificarse: «y ten es condision que cada y quando que dho convento labre yglesia le a de dar capilla a dha cofradia».[51]

En mayo de 1700,  la situación no había cambiado,  según se deduce del testamento de Cristóbal Jiménez de Zurita, clérigo de menores, quien destinó al convento una limosna de «dos mill reales de vellon por una ves que quiero sean y sirban  para la fabrica de la yglesia que se hisiere en el convento de señor san franco de Paula desta viª de tal manera que no puedan conbertir ni gastar en otra cosa».[52] Al año siguiente, tampoco parece que se estuviese labrando, pues en una limosna, un tanto peculiar que destinó Gaspar Rodríguez, así se da a entender: «Declaro que si el dho Dn Antº de carrion mi hermano enbiare de los dhos reinos de las indias alguna porción dirigida para mi como otras veces lo ha estilado quiero y es mi voluntad que la porción que viniere se de al convto del sr san franco de Paula de esta villa para aiuda a su obra sin cargo alguno y esto se entiende obrando en el dho convento y si no se obrare mando que mis albaceas perciban la dha porción y la manden decir de misas por mi anima e intención en la capilla de nra sra del rosario y dulce nombre de Jesus sitas en el convento de nro Pe Santo Domº de esta villa y por sus religos y así lo declaro». [53]

Será a partir de 1702 cuando encontremos referencias a la obra del convento, concretamente en otro testamento, el de Alonso González, quien hizo una importante donación: «yten mando a el Convento de señor san franco de Paula desta villa quinientos Ducados para la obra que se esta hasiendo en dho Convento y esto se le an de dar de las deudas que me estan debiendo como consta mi libro…».[54] En 1704, otro Jiménez de Zurita, Alonso, también presbítero, destinó una limosna de cien reales para el convento.[55] Ese mismo año, Ana Pareja mandó al convento once ducados que le debían «para aiuda a su obra porque sus religiosos de dicho comvento me encomienden a dios».[56]

El 6 de enero de 1706 se encontraba en Alcalá el Doctor D. Alonso de los Ríos y Bérriz, caballero de la Orden de Calatrava, Chantre de la Iglesia Metropolitana de la ciudad de Lima, en Perú. Se encontraba de regreso a las Indias y aquí se encomendó a San Francisco de Paula para que su viaje llegase a buen puerto, otorgando un codicilo a su testamento en el que recogió lo siguiente: «Clausula. Ytt. quiero y es mi voluntad que del remaniente que quedare de mis vienes que io tengo en la dha Ciudad de lima por via de limosna y para que se continue la obra del convento de nuestro Padre san Fco de Paula desta villa se les de quinientos Pesos excudos de plata y les encargo a mis albaceas testamentarios si yo fallesiere en el viaje que tengo que haser a la dha Ciudad de lima luego que cumplan el dho mi testamto den noticia a el corrector que es o fuere deste dho convento ynvie poder a persona que lo condusca a esta villa y si dios Nuestro sr fuere servido por ynterzesion del glorioso santo el que io llegue con salud a la dha Ciudad de lima sin envargo de ser esta clausula después de mi fallesimto le entregare la dha cantidad luego incontinenty que io me halle en mi Yglesia donde con santas veras deseo llegar a la persona que conparesiere con poder del dho convento cuia manda le ago como mas aia lugar en derecho= como consta de la dha clausula aquí presinserta a que nos referimos y de que el presente essno da fee». [57] Cinco días después, los frailes daban un poder a José López, maestro de calafate y a Bernabé García, maestro mayor carpintero, ambos de El Puerto de Santa María, para que hiciesen gestiones en Lima para cobrar los 500 ducados.

A finales de 1708, Francisco Jiménez Caridad dejó al convento, para ayuda a la obra, diez ducados que le estaba debiendo. [58]

En febrero de 1710, ante la ausencia de noticias para cobrar los 500 ducados que dejó para la obra el Chantre de la Iglesia Metropolitana de Lima, los frailes dieron otro poder a Martín Carreño y Pedro de Castro, ambos vecinos de Cádiz, para cobrar dicha limosna.

En octubre del mismo año, el sargento mayor de las milicias de Alcalá, Francisco Romero Catalán hizo donación al convento de dos fincas en la calle de la Salada y otra en la calle de los Pozos: «respecto de constarme la mucha pobreza con ql se Halla el convento de sr sn franco de paula desta villa para poder continuar la obra q tienen comensada para poder Hazer yglesia de mi libre y espontania voluntad sin premio ni ynducimto alguno estando bien informado de mi dro. y de lo que en este caso me conviene hazer otorgo por el thenor de la presente que hago gracia y donación pura perfecta de las que el dro. llama intervibos ynrrevocable a el dho convento y sus religiosos de los dhos tres quartos de casa arriba referidos y deslindados con todo el sitio y solar que le pertenece».[59]

Precisamente estas casas fueron utilizadas un mes más tarde por los mínimos para hacer una permuta por otras, propiedad de Pedro Sánchez y María Infante, su mujer, «en el serrillo que llaman de rrio verde que por las espaldas linda con el referido convento».[60]

A principios de septiembre de 1712, Juan Morales Repilado destinó 100 reales para ayuda a la obra del convento[61] y a finales del mismo mes, los frailes recibieron otros cien reales de Rita Morito con idéntico fin.[62]

En abril de 1713, los hermanos de la cofradía del Nazareno, ante los perjuicios que la obra de la iglesia causaba a sus Imágenes y patrimonio, decidieron abandonar el convento, pero personas influyentes les hicieron cambiar de opinión comprometiéndose los frailes a acabar la capilla: «Ytt. con condizion que por ahora y en el interin que se fenece la obra de dho convento ha de ser obligada la comunidad que es o fuere de el en el discurso de dos meses contados desde oy día de la fha a reedificar la capilla de lo que nezesita que es suelo cielo encañonado y el testero y condenar de manpuesto la puerta que de dha capilla corresponde al patio de dha Yglesia por el perjuicio que se ha experimentado y esta amenazando y por el consiguiente ha de ser de nro cargo el  cuidado aseo y culto de dha capilla y poner en el arco de ella rexa de palo, o hierro quedando del cargo de la cofradia la llave para ponerla en poder de la persona o Religioso que le pareziere»[63]

Los frailes, además, debían proporcionar a la cofradía una celda «decente» donde recoger las Imágenes y enseres mientras finalizaba la obra de la capilla.

Pasaban los años y las obras avanzaban lentamente, en la medida que entraban ingresos con las limosnas de los fieles.

El 7 de marzo de 1715, Alonso González donó trescientos reales[64] y pasados dos años, el 8 de marzo de 1717, otra vez apareció Francisco Romero Catalán en socorro del convento, haciéndole donación de cincuenta ducados y, además, cedió sus propiedades a los mínimos: «es mi voluntad cuide de ellas el Padre corrector que es o fuere del referido convento de sr san franco de paula de esta dha villa arendandolas a las personas que fuere de su gusto y por los precios que pudiere y todo su prozedido me lo agan de decir de misas por mi alma de mis Padres y demás difuntos muertos y vivos en que se incluía el alma de la dha Dª Marina de Azedo mi mujer con tal régimen y gobierno que la casa que tubiere necesidad de algun adereso para su manuntenz y perpetuidad se le eche aunque no se diga misa alguna y luego que este corriente una o todas como llevo declarados los reditos se distribuyan en las dhas misas y sobre el cuidado que ha de aver en las dhas poseciones encargo la consiensia de el dho Padre Corrector que es o fuere porque es mi voluntad que las dhas poseciones se perpetúen todo el tiempo que fuere posible advirtiendo que las misas las an de puntar a razon de dos rs y mº vn».[65]

Un par de meses más tarde, el 5 de mayo, el clérigo Diego Jiménez de Zurita, en su testamento listó una serie de cantidades que le debían, que superaban los cien ducados y ordenó que se cobrasen y destinasen a la obra del convento. [66]

            En septiembre del mismo año, el corrector de los mínimos pidió al ayuntamiento un tronco de bellota para la obra del convento, pero los regidores alegaron que eran meros administradores y que debía pedirlo a los criadores de ganados, que eran quienes lo cedían[67]

No siempre las donaciones fueron en metálico, a veces se producían en especie, como la que hizo en febrero de 1718 Fernando Gómez Tutor, quien había interpuesto una demanda contra D. Melchor de Toledo, vecino de Alcalá por haberle matado un toro suyo sin licencia en las fiestas del Corpus de 1717 y cedió a los mínimos el derecho que tenía sobre dicho animal. [68]

En agosto siguiente, otra vez el corrector acudió al ayuntamiento pidiendo licencia para cortar tablas y cuartones para la obra, denegándola el Concejo «en atension a estar el fruto de bellota pendiente» y posponiendo la petición hasta enero siguiente.[69]

No fue en enero, sino en febrero, cuando el procurador del convento volvió a solicitar la licencia, que esta vez sí le fue concedida, con la condición de que especificase la que necesitaba sin excederse.[70] Precisamente en ese mes de febrero, el convento recibió otra donación en especie de un donante muy particular. Fray Cristóbal Adalid, Padre lector que había sido conventual en Alcalá, «en atención a la pobreza de este convento por hacerle mrd» entregó a Pedro de Esquivel «sien pesos para Aiuda a la obra de este dho Convento y los cinquenta cunplimto a la dha cantidad para la sacristia de el» pero éste no pudo entregarlos por la cortedad de sus bienes, al tenerlos embargados por diversos acreedores, comprometiéndose a saldar su deuda, para lo cual entregó al corrector nueve fanegas de trigo. [71]

            Para surtir de ladrillos la obra del convento, los mínimos disfrutaban al menos desde 1715, de un tejar que pertenecía al Concejo, que anteriormente poseyó el que fuera mayordomo de la Cofradía del Nazareno, Gonzalo de Buiza. A finales de 1720 los frailes pidieron la propiedad del mismo, concediéndoseles sitio para que pudiesen labrar un tejar o tenería, únicamente.[72]

            Y si los ladrillos eran de fabricación propia, la madera necesaria para la obra, salía de los montes propios de la villa. En febrero de 1721, el corrector pidió licencia al Cabildo «para cortar ciento y treinta tablas cien quartones quarenta vigas y treinta planchas para la obra de dho combento» accediéndose a la petición.[73] Al mes siguiente, se recibió una nueva donación para la obra. Servanda Bocanegra donó un buey y medio cahíz de trigo. [74] Dos meses más tarde, ante la necesidad de fondos para proseguir la obra, los mínimos volvieron a dar otro poder a D. Francisco de Conjín y Araujo, vecino de Lima para que gestionase la limosna que el Chantre de aquella ciudad había hecho 15 años atrás, puesto que «los dhos apoderados no an dado razon hasta ahora de su encargo ni se sabe si an cobrado o no la rreferida cantidad de los dhos quinientos pesos excudos de plata cuia detension a causado notable daño a este convento por quanto con ella hubiera adelantado mucho la obra  que se esta siendo y para que fue destinada por el dho sr chantre que la legó».[75]

            A partir de aquí, no encontramos referencias a obra alguna durante varios años, hasta que, en mayo de 1725, el beneficiado Pedro Collado mandó «a la obra del combento de la Victoria desta villa mill Rs de vellon por una vez».[76]

            En estos últimos años, las obras debieron centrarse en la construcción de la Iglesia, hasta que, por fin, 44 años después de trasladados del antiguo convento, se puede decir que estaba concluida. Celebrándose en las Casas capitulares un cabildo por los regidores el 23 de febrero de 1726, apareció el corrector del convento solicitando permiso para entrar: «llegó un recado del Padre Fr. Marcos ximenes Corrector del Combento de nro Pe San Franco de paula pidiendo lizensia para entrar en este ayuntamiento y aviendolo executado y tomado asiento Propuso y Dixo que ponía en la Alta comprehenzion desta Vª, como tenía deliberado Consagrar la Yglesia nueba el domingo tres de marso próximo que viene en cuya funsion, tiene deliberado q en prosesion general se condusqa desde la Yglesia Parroquial al dho combento de la victoria el Santissimo Sacramento y que para ello pide y suplica a esta Villa se sirva de concurrir y autorizar la fiesta sirviéndose de darse por combidada para llevar las Varas del palio y guion».

Además, el corrector ofreció al ayuntamiento ser patrono de la capilla o altar mayor, por la mucha ayuda que había recibido siempre por parte de los regidores desde la llegada de los frailes a Alcalá, con el acto simbólico de poner sus escaños en dicho lugar: «y asimismo pide y suplica a esta Villa como tal Corrector de que expera la confirmación del reverendo Pe Provincial, se sirva de la Propiedad de la Capilla maior de dho Combento de que haze Dueño y Patrono a la Villa Para que en ella Ponga sus escaños, en donde se an de mantener Perpetuamente para siempre jamás sin que Persona alguna que no sea capitular se pueda sentar en ellos, concurran o no a las funciones del Combento cuya demostrasion haze en Remunerazon  de los muchos favores que desta villa a rezevido».

Desde el Cabildo, agradecieron el ofrecimiento al Padre corrector y se aceptó, tanto participar en la procesión de consagración desde la Parroquia, como los asientos perpetuos en la capilla mayor, acordando «que en señal de Possesion luego Yncontinenti, se pongan Dos  bancos deste ayuntamto en dha Capilla maior Ynterin que se hazen bancos en forma».

            Igualmente, los regidores decidieron, a pesar de las dificultades económicas por la que se atravesaban, dar una limosna «para la función al dho Padre Corrector con quatro cientos y cinquenta Rs».[77] Esta limosna la adelantó Francisco Romero Catalán, a quien se le despachó libranza en agosto de dicho año.[78]

            


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NOTAS

[45] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 178. Escritura de venta otorgada ante Fco. Montalbán el 13 de septiembre de 1682. Folios 83 a 85 vto. Sobre dicha casa pesaba un censo anual de 93 que se pagaban al presbítero Diego Urbano y 104 reales al beneficiado Francisco de Ávila y Oliva.

[46] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 178. Escritura de donación otorgada ante Francisco Montalbán el 7 de noviembre de 1682. Folio 109 y vuelto. Las casas las heredó de su hermana María de Toro y «estan en la calle que Baxa de la plasuela a la esquina del conbento de santo domingo la cual linda con casas del Benefisiado anton lopes y casas que fueron de alonso salgero y las casas del asofayfo por la parte de abajo»

[47] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173.  Escritura de donación ante Alonso de Espino Barba, otorgada el 27 de noviembre de 1682. Folios 138 a 139. Las heredó de su hermana Dª. Leonor de Toro Navarro.

[48] Era norma habitual en los conventos que, para llevar a cabo cualquier tipo de acción legal o acuerdo, previamente debían reunirse todos los frailes, llamados a son de campana tañida, para deliberar sobre el asunto en tres días, normalmente consecutivos. Estas reuniones se conocen como “tratados”.

[49] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173. Escritura de permuta otorgada el 29 de noviembre de 1682 ante Alonso de Espino Barba. Folios 140 vto. a 144.

[50] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173. Escritura ante el mismo escribano, fechada el 23 de noviembre de 1682. Folios 140 vto. a 144.

[51] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 240. Escritura de 29 de septiembre de 1690, otorgada ante Juan Barreto de Molina.  Folios 282 a 283 vto.

[52] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Cristóbal Jiménez de Zurita, otorgado el 24 de mayo de 1700 ante Juan Barreto. Folios 138 vto. y 139. Este clérigo debió tener algún roce con los frailes, pues ordenó que fueran sus albaceas los que distribuyesen dicha limosna sin que se le entregase ni al corrector ni a la comunidad «aunque sea con el motivo de guardarlos en dha obra».

[53] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 309. de Gaspar Rodríguez, otorgado el 7 de abril de 1701 ante Manuel Fco. Salgado. Folio 6 vto.

[54] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Alonso González, otorgado el 24 de enero de 1702 ante Juan Barreto de Molina. Folio 272.

[55] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Alonso Jiménez de Zurita, presbítero en Alcalá y comisario del Santo Oficio de la Inquisición de Sevilla, otorgado el 23 de agosto de 1704 ante Juan Barreto. Folio 426 vto.

[56] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 305. Testamento de Ana María Pareja, otorgado ante Francisco Bautista de Ortega el 5 de octubre de 1704. Folio 98 vto.

[57] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 3. Poder del convento de la Victoria a favor de D. Francisco de Cortina y Araujo, vecino de Lima otorgado el 27 de mayo de 1721, ante Fco. Ruiz Romero.  Folios 29 a 31 vto. En dicho poder, aparece inserta la cláusula.

[58] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 152. Testamento de Francisco Jiménez Caridad otorgado ante Francisco Bautista de Ortega el 1 de diciembre de 1708. Folio 201. 

[59] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 357. Donación de Francisco Romero Catalán a favor del Convento de la Victoria, otorgada ante Juan Bautista de Ortega el 15 de octubre de 1710. Folios 231 a 232.

[60] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 357. Permuta realizada ante Juan Bautista de Ortega el 15 de noviembre de 1710. Folios 233 a 235.

[61] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Testamento de Juan Morales Repilado, otorgado ante Carlos del Fierro el 1 de septiembre de 1712. Folio 484.

[62] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 357. Testamento de Rita Morito, otorgado ante Juan Bautista Ortega el 22 de septiembre de 1712. Folio 114 vto.

[63] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Escritura de convenio entre el convento de la Victoria y la Ilustre cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno fechada el 4 de abril de 1713 ante Carlos del Fierro. Folios 534 a 539 vto.

[64] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Testamento de Alonso González, otorgado ante Carlos del Fierro el 7 de marzo de 1715. Folio 715.

[65] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 240. Testamento de Francisco Romero Catalán otorgado ante Fco. Bautista de Ortega. Folios 16 a 19. Se mandó enterrar a los pies del altar de San Fco. de Paula.

[66] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Testamento de Diego Jiménez de Zurita, otorgado ante Francisco Bautista Ortega el 5 de mayo de 1717. Folio 67 y vto. Le debían 57 ducados por el arrendamiento de una huerta, 72 ducados por dos años de arrendamiento de otra huerta y 4º reales del resto de la venta de un caballo.

[67] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 13 de septiembre de 1717. Folio 138 vto. y 139.

[68] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Cesión y traspaso de un toro de Fernando Gómez Tutor en favor del convento de S. Fco. de Paula, ante Francisco Bautista de Ortega, otorgada el 20 de febrero de 1718. Folios 12 y vto.

[69] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 15 de agosto de 1718. Folio 208.

[70] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 13 de febrero de 1719. Folio 266.

[71] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Escritura de 1 de febrero de 1719 ante Fco. Bautista de Ortega. Folios 19 a 20 vto.

[72] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 18 de diciembre de 1720. Folio 454 vto. y 455.

[73] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 2. Cabildo del 10 de febrero de 1721. Sin foliar. Se le dio licencia con la condición de que el maestro que hubiere de cortarla, compareciera ante el Concejo y que lo hiciera en el Hoyo de la Zarza.

[74] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 213. Testamento otorgado el 5 de marzo de 1721 ante Fco. Bta. Ortega. Folio 14 vto.

[75] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 3. Poder del convento de la Victoria a favor de D. Francisco de Cortina y Araujo, vecino de Lima otorgado el 27 de mayo de 1721 ante Fco. Ruiz Romero. Folios 29 a 31 vto. El convento estaba integrado por Fr. Francisco Caballero, corrector, Fr. Alonso Cipriano, Fr. José Romero, Fr. Francisco Márquez, Fr. Juan Machado, Fr. Juan Prieto, Fr. Domingo Gil, Fr. José Conte Real, Fr. Alonso Bocanegra, Fr. Francisco Mateos y Fr. Fco. Caballero.

[76] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 132. Testamento del beneficiado y vicario Pedro Collado Cortegana otorgado el 9 de mayo de 1725 ante Carlos del Fierro. Folio 47 vto.

[77] AMAG. Actas Sesiones Ayto. pleno. Legajo 16 (1724-1730) Libro 2. Cabildo de 23 de febrero de 1726. Folios 134 a 135 vto.

[78] AMAG. Legajo 16 Libro 2. Cabildo del 8 de agosto de 1726. Folio 186. Según consta, «se le estan debiendo por averlos prestado para la ayuda de costa que se le dio al combento de la Victoria para la obra».

sábado, 26 de septiembre de 2026

El crimen de Algar




Ismael Almagro Montes de Oca



    En la anterior entrada de la Crónica negra, vimos un suceso en el que se vieron envueltos unos vecinos de Algar con carabineros de Alcalá. Hoy vamos a ver otro que también está relacionado con las fuerzas del orden, en este caso la guardia civil, pero, a diferencia del anterior, no ocurrió en término alcalaíno, sino en aquella localidad, pero con un protagonista alcalaíno.

    Los hechos tuvieron lugar el 14 de agosto de 1891 en una finca cercana a Algar y las primeras noticias fueron confusas, pues, por un lado se afirmaba que había un muerto, y por otro, que el herido estaba grave:

    “Hecho grave.

    Dice El Jerez

    «Hemos oido decir que un guardia civil ha matado a un compañero con quien estaba DE SERVICIO.

    El hecho ha ocurrido ayer en la dehesa de Algar.

    El muerto estaba de comandante del puesto de Algar; el agresor parece que, cometido el delito, se dio a la fuga.

    Refiriéndose el Diario de Cádiz a este suceso, dice lo siguiente:

    «En otro lugar de este número insertamos una noticia tomada de un periódico jerezano que reviste verdadera gravedad.

    Se trata de que el guardia civil MANUEL Sánchez Téllez disparó su carabina contra el cabo del mismo cuerpo comandante del puesto de Algar, Sr. Sánchez Marin, atravesándole a este el proyectil un brazo y el costado izquierdo.

    En el gobierno civil se han recibido noticias, no muy detalladas, del alcalde de Arcos, pues el desgraciado suceso ocurrió en una dehesa próxima.

    El agresor dióse, segun parece, a la fuga precipitadamente, y según todas las probabilidades, es hombre conocedor de aquellos intrincados terrenos.

    En la casa-cuartel del puesto de Cádiz recibiose la noticia sin detalles el pasado jueves, guardándose la natural reserva, y el viernes salió para Arcos el jefe de la comandancia, D. Félix Sos, para instruir las primeras diligencias.

    Por hoy se ignoran más detalles; anteayer, el estado del guardia civil herido era grave”[1]

    Dos días más tarde, los hechos se van esclareciendo, falleciendo finalmente el guardia civil que recibió el disparo:

    “Ha fallecido el cabo de la guardia civil comandante del puesto de Algar, que fue herido días pasados por un individuo a sus órdenes. Este, que se sepa, hasta ahora no ha sido capturado, y para conseguirlo, fuerzas de dicho cuerpo se han internado en los campos haciendo averiguaciones.

El agresor había estado prestando servicios en Cádiz y sus antecedentes eran buenos.”[2]

    Pasada una semana, el rotativo jerezano EL GUADALETE ofreció muchos detalles del suceso, entre ellos, sobre la carrera profesional de nuestro paisano:

    “MAS DETALLES

    Varias versiones hemos recogido, como preliminares al desgraciado suceso de que venimos ocupando bajo este epígrafe.

    Dicen unos que el guardia Rojas, efecto de su carácter díscolo, era amonestado con frecuencia por el cabo Sánchez, y hasta que poco antes del sangriento desenlace, había éste castigado al primero.

    Aseguran otros, y entre ellos los que escucharon al cabo en sus últimos momentos, que jamás tuvieron disgusto alguno, aunque sí los tenía el guardia Rojas con su compañero Carballo.

    Cuéntase que después de efectuado el crimen, y mientras los dos guardias auxiliaban al herido, el agresor se volvió a Algar, entró en el café y billar de la calle Real, pidió un café y una copa de aguardiente y hablando con un conocido le dijo que había matado a su cabo, y que pidiese a cada uno de los jugadores una peseta que le hacía falta, pues aunque tenía en el cuartel 2.000 reales no se atrevía a ir por ellos.

    El conocido fué a cumplir el encargo, y cuando volvió había desaparecido el Rojas dejando sobre la mesa diez céntimos de peseta.

    Un hecho digno de mencionar, y que hubiera podido traer graves consecuencias, fue que el vecino llamado Fernando el de África, pasaba por el café cuando en el interior se encontraba el guardia, y sin saber las personas que había dentro, y sólo por dar una broma, echó la llave que estaba puesta por fuera, pero con la rara coincidencia de quedar echada en falso, y por consiguiente la puerta abierta.

EL CABO

    Juan Sánchez Ruiz, tenía 45 años, era casado, sin hijos, natural de Villaluenga del Rosario (Cádiz); empezó su servicio en el cuerpo de Ingenieros el 2 de Julio de 1866, pasando a los cuatro años a la compañía de Guardia Veterana, entrando, en Septiembre de 1872 a la guardia civil, siendo destinado a Olvera, donde estuvo de guardia primero hasta 1.º de Julio de 1883 que ascendió a cabo y pasó a mandar la comandancia de Algar, donde cumpliría en 1.º de Marzo de 1894.

    Tenía una buena hoja de servicios; era trabajador, inteligente, incansable en el cumplimiento de su deber y quizás demasiado ordenancista y rigoroso con sus subordinados, por lo que no era tan querido entre éstos como entre sus superiores que le tenían en gran estima.

    El pueblo de Algar le debe verse libre de malhechores, que huían de aquellos contornos por temores al cabo Sánchez.

    Al siguiente día de haber sido herido fue conducido a la casa cuartel de Algar en una camilla preparada con una escalera y a hombros de varios paisanos. El día 14, a las siete y media de la tarde, falleció, habiendo antes otorgado testamento a favor de su esposa, como heredera universal, y nombrando albacea a D. José Francos.

EL GUARDIA

    Manuel Rojas Téllez, de 30 años de edad, viudo, sin hijos, natural de Alcalá de los Gazules (Cádiz). Entró en el servicio de las armas el día 4 de Octubre de 1881 y pasó a la Guardia civil el 1.º de Diciembre de 1883; estuvo complicado en la muerte del alcalde de Valverde del Camino (Huelva), donde estaba de puesto, y tuvo que desertar emigrando a Portugal; después, gracias a la protección del entonces Coronel primer jefe en la provincia de Cádiz, D. Melquiades Almagro, volvió a ingresar en el cuerpo, y desde entonces fué destinado a varios pueblos de esta provincia, por último a Algar, donde estuvo hasta el día 14 del corriente, fecha del suceso que relatamos.

    Ha servido de guarda de monte en términos de Alcalá, y cuéntase de él como prueba de ser un excelente tirador, que en cierta ocasión tirando al blanco, ha dividido en dos un papel de fumar a 400 metros de distancia.

    Es aficionado a la poesía, y entre sus papeles se han encontrado varias composiciones, de las que una de ellas titula Despedida, la dirige a Algar a varios vecinos y a sus padres que residen en la colonia la Alquería.

LLEGADA DE JEFES

    Con motivo de este crimen han llegado a Algar los siguientes jefes y oficiales:

    El Sr. Coronel de la Guardia civil; el Teniente Coronel del mismo cuerpo, primer Jefe de la provincia D. Félix Sors y Díaz; D. Leonardo Gómez Aldona, primer Teniente, Juez Instructor nombrado por el Excmo. Sr. Capitán General de Andalucía; D. Esteban Acosta Gómez, primer Teniente, Jefe de línea, Comandante accidental de la 10.ª con residencia en Grazalema; D. Miguel Andrades Girón, primer Teniente, Jefe de línea, de Jerez; D. Pedro Jiménez Topete, segundo Teniente, Jefe de la de Arcos; D. Guillermo Gómez Parra, Comandante del puesto de Arcos.

AUTOPSIA

    La hicieron los señores médicos D. José Mendoza Ortiz y D. Juan Manuel de los Reyes: presentaba una herida de arma de fuego en el espacio intercostal comprendido entre la sexta y séptima costilla del lado izquierdo, penetrante, circular, con los bordes dirigidos hacia adentro; en el plano dorsal derecho, y sobre el borde superior del músculo cuadrado de los lomos tiene otra herida también circular de diámetro mayor que la anterior, con los bordes hacia afuera; en el tercio superior del antebrazo izquierdo tenía otra herida de igual carácter que las anteriores, y también con orificios de entrada y salida. Ambos pulmones se encontraban perforados por sus bases, notando además que la cara superior de la séptima vértebra dorsal estaba fracturada, deduciéndose que el proyectil entró por la herida del lado izquierdo del pecho, recorriendo el borde superior de la séptima costilla, fracturando la vértebra dicha, perforando la base de ambos pulmones y saliendo por la otra herida expresada.

    Resultado de ella la muerte por asfixia.

ÚLTIMAS NOTICIAS

    Ha sido encontrado por una pareja, el tricornio y correajes del guardia Rojas, en las orillas del río próximo a las Vegas de Elvira, escondidos entre unas adelfas.

    A la hora de terminar estas líneas no hay noticias de que haya parecido el citado guardia.”[3]

    Seguramente, el carácter de Manuel Rojas cambió tras la muerte de su esposa, ocurrida en Zahara el año anterior. Es destacable que sus compañeros de dicho puesto, hicieron una colecta para atender a los gastos ocasionados por la enfermedad y fallecimiento de la misma. [4]

    Tras disparar a su compañero, Manuel rojas se dio a la fuga, apareciendo posteriormente las prendas de su uniforme y la bayoneta junto al río Majaceite. Resulta curioso que la prensa recogiera un supuesto mensaje que dejó, porque en ningún lado se menciona que dejara nota alguna:

“llevándose la carabina y 41 cartuchos, de los que dice son 40 para sus perseguidores y el último para él.”

    Como consecuencia de la muerte, se iniciaron diligencias en un juzgado militar, declarando a Manuel Rojas en busca y captura, con la pertinente publicación del edicto en el Boletín Oficial de la Provincia y en la Gaceta de Madrid:

    “Usando de la jurisdicción que me concede el Código de Justicia militar, por esta requisitoria llamo, cito y emplazo al expresado Guardia, natural de Alcalá de los Gazules, viudo, como de treinta y dos años, de estatura regular, pelo y cejas castaños, ojos pardos, nariz regular, barba poca, con un lunar en el carrillo izquierdo, lleva pantalón de uniforme, chaqueta clara y sombrero de ala ancha ceniciento, que le está grande, para que en el término de diez días, a contar desde la publicación de la presente, comparezca en la casa cuartel de la ciudad de Medina Sidonia; bajo apercibimiento de ser declarado rebelde si no compareciese en el citado

    A la vez, en nombre de S. M. el Rey (Q. D. G.) exhorto y requiero á todas las Autoridades, así civiles como militares y á los agentes de la policía judicial, para que practiquen activas diligencias en busca del referido individuo; y caso de ser hallado, lo presenten en calidad de preso y con las seguridades debidas a la citada casa cuartel y a mi disposición; pues así lo tengo acordado en providencia de este día.” [5]

    Las últimas noticias sobre Manuel Rojas fueron relativas a su huida a Portugal a través de Doñana, territorio que conocía bien, pues, como hemos visto, estuvo destinado en Valverde del Camino:

    “Existe la creencia fundada de que el individuo de la benemérita Manuel Rojas Tellez, se ha internado en el territorio de Portugal, pasando el Rio Guadalquivir, por el lado de Oñana y provincia de Huelva”[6]


(Imagen generada por IA)

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sábado, 19 de septiembre de 2026

Los molinos de Patrite




Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos 
y de Nuestro Patrimonio 1993. 


Luis ROMERO ACEDO



    Alcalá, como pueblo viejo, puede preciarse de tener una historia y una cultura interesante y rica. Sin embargo, siempre nos fijamos en los grandes hechos, nunca reparamos en los pequeños detalles, cuando a lo mejor ese hecho que a muchos nos puede parecer cotidiano, es algo verdaderamente singular y rico.

    Es el caso de los molinos de Patrite, molinos que a los que los conocimos en funcionamiento, no hace muchos años, no nos llaman la atención, pero que a otros muchos, que pueden desconocer incluso su existencia, pueden resultarles atractivos e interesantes. Para unos y para otros, estas líneas de recuerdo a una tecnología y a una economía que pertenecen al pasado de nuestra cultura.

    Los molinos fueron, durante muchos años, casi la única industria local y alcanzaron un número considerable. El Catastro del Marqués de la Ensenada, a mediados del siglo XVIII, nos habla de 21 molinos en la población.

    Estos 21 molinos se localizaban, 3 en el Prado, (llamados de Santa Clara, El Granadillo y San Francisco) y 18 en Patrite. La elección de estos lugares, pero preferentemente, la elección de Patrite, se debe a la proximidad del pueblo y a la existencia en esas zonas de un gran número de vecinos viviendo en el campo, pero sobre todo, al agua, que en abundancia baja del Montero a través del arroyo de Patrite hacia el río Rocinejo. Y bajaba dando vida a 18 molinos, que se distribuían a lo largo del curso del Arroyo con el siguiente orden: La Molineta (en Mogea Escobar), San Francisco, San Jorge, La Menacha, La Llave, La Chiva, El Canto, Los Partidores, La Molineta, Castroarriba, Castroabajo, El Olivar, El Nogal, El Acebuchal, La Cárdena, El Arcón, El Molino Nuevo (o Calores), y el Molino de Marujo.

    La Ciencia, la técnica para aprovechar este caudal de agua, era bien sencilla y tiene una tradición de muchos siglos. La historia nos dice que los primeros molinos de agua aparecen en el siglo II antes de Cristo en la zona de Oriente Próximo y Asia Menor, aunque serán los romanos los que los difundirán por Europa, y luego los árabes -verdaderos artistas en aprovechar el agua- los que los instalarán y los harán funcionar en nuestra zona.

    La tecnología de estos molinos, ya centenarios de Patrite, se basa en 3 elementos: el Cao, el Cubo y la Bóveda.

    Pero no podemos obviar que también es importante el emplazamiento del molino, junto a cierto desnivel, ya que el CAO, que no es sino un canal o acequia que toma agua del cauce del río para conducirla hasta la bóveda -y accionar el mecanismo- debe discurrir por terreno más elevado del que ocupa el molino, al objeto de que el desnivel del terreno facilite la construcción de un CUBO entre el cao y la bóveda.

    El CUBO, es por tanto, un pozo en altura que contiene el agua para accionar el rodezno y no para almacenarla, pues para este fin, para que no faltase el agua, el cao se agranda en una pequeña presa antes de llegar al Cubo.

Vista parcial de la fachada del Molino "El Nogal".
La primera puerta conduce al horno, la segunda al molino.

    
    Así pues, es el agua del cubo la que acciona el mecanismo de la bóveda, pues sale de este por una pieza, el Saetillo, realizada en madera y con forma piramidal, terminada en un pequeño orificio de salida, con lo cual, adquiere una gran presión. Este orificio o boca se cierra con una chapa o con una madera (que se maneja desde la sala del molino, mediante una vara o eje de hierro, que atraviesa la bóveda) y que permite parar o poner en funcionamiento el molino, cerrando o abriendo el chorro de agua o simplemente regulando la intensidad del chorro, y con ella, la velocidad del rodezno, de ahí que a esta pieza se le llamase "llave".

    La BÓVEDA, es el espacio inferior del molino, algo así como los cimientos, que se excavaban en la tierra, bajo el lugar a ocupar por la "sala del molino" a modo de hoyo y que se edificará por 3 de sus lados, dejando abierto el delantero, del que partirá el cauce para que discurran las aguas empleadas por el molino, una vez usadas.

    Este espacio, excavado, se cubrirá con una bóveda, -de ahí el nombre que se da a todo el conjunto inferior- y no tendrá mayor altura que la del hoyo realizado ya que hay que equilibrar el terreno, porque el Molino y sus dependencias no se construye sólo sobre la bóveda, sino que también se construirá sobre el terreno colindante.

    La pieza central instalada en la bóveda es el RODEZNO, (rueda formada por cucharas de madera y que entra en movimiento cuando el agua que sale del saetillo incide sobre las cazoletas de las mismas). Este movimiento hace girar el eje de madera que comunica el rodezno con la piedra instalada en la sala del molino, un eje de madera que concluirá en su parte superior, en otro metálico, más menudo e incrustado a este, llamado palahierro, que mediante la lavija se encaja en la piedra superior, a la que mueve. Esta piedra superior, de aproximadamente 1,30 m. de diámetro y de 1.500 kgrs. de peso, es la llamada "piedra moler", que trabaja sobre otra inferior, del mismo tamaño y peso, llamada solera, que es la que se encuentra fija sobre un poyete o alfanje. Ambas piedras molerán por la fricción que realizan las dos caras que se tocan y que se encuentran perfectamente labradas (con surcos y estrías). Hasta esa zona, el trigo llegará a través de la tolva, situada sobre el orificio central de la piedra superior y saldrá convertido en harina, a través de la piquera, para verter sobre un pequeño receptáculo llamado "harinal", en el que la harina será envasada en talegos.
El cao o acequia, antes de morir en el cubo o pozo.


    Esta es en resumen, la tecnología que accionaba el molino, pero quedaría incompleta si no contemplamos la máquina de "ahechar el trigo", igualmente accionada por el rodezno y cuya misión será lavar el trigo antes de verterlo en la piedra. O las "medias lunas", que instaladas en la cabría giratoria que se colocaba en el molino, servían para subir o bajar las piedras para su picado, cosa que había que hacer de vez en cuando, pese a que en los últimos años se introdujeron las llamadas "piedras francesas", muy resistentes y duras y que precisaban menos cuidados que las anteriores del país o "piedras blancas", que había que repicar continuamente.

    Esa es la tecnología, pero los molinos eran fruto también de una época, de una economía, de una mentalidad diferente a la nuestra.

    Los molinos nacen como fruto de la necesidad de tener harina para amasar en la propia casa -no olvidemos que la inmensa mayoría de la gente vivía en el campo y tenía que autosatisfacer sus necesidades- pero también dieron pie a una incipiente industria y comercio, pues los molineros molían para venderlo y desde Alcalá salía harina, en bestias, que por caminos y veredas conducían los añacaleros (o mozos del molino) para muchos pueblos vecinos y para otros más lejanos, aunque la mayor parte de la producción se consumiera en nuestro propio término.

Piedra de moler francesa


    Sin remontarnos a épocas muy lejanas, pues quién esto escribe sólo conoció los molinos en su fase final, en esa época de penuria de los años 50 y en los 60 cuando empieza a desaparecer la agricultura de subsistencia y la política intervencionista del Estado dictatorial comienza a perseguir a los molinos -con continuas visitas de la Fiscalía y de los inspectores que precintaban y cerraban las instalaciones- para fomentar las grandes fábricas que eran más fáciles de controlar. En aquellos 50, en que los molinos producían toda la harina que necesitaban los alcalaínos y generaban un buen número de puestos de trabajo, pues cada uno de ellos tenía al menos tres trabajadores: el dueño, el maestro molino y un mozo, sin contar que prácticamente toda la familia del dueño trabajaba, bien lavando el grano, bien llenando las talegas, bien amasando (no podemos olvidar que cada molino tenía su propio horno).

    Cada molino molía un promedio de 25 a 28 fanegas de trigo y esto a lo largo de todo el año, en invierno y en verano, y cuando no se molía trigo se molía maíz, que más que aprovecharse para piensos del ganado, se empleaba para el consumo humano. Así, tenemos que, la actividad del molino era incesante y ello los convirtió también en lugares de reunión de quienes iban a moler, de quienes pasaban o de las mujeres que desde el pueblo iban simplemente a comprar harina y de camino aprovechaban para lavar la ropa (pues el agua no llegaba al pueblo) en los lavaderos de las proximidades de los molinos. En Patrite, no faltaba nunca el agua, porque los molineros se encargaban de que el arroyo estuviese siempre corriendo y limpio, tarea que realizaban todos a una, arroyo arriba, nada más disminuir el caudal, comenzando por el descansadero de Marujo y terminando en el Montero.

    Los molineros, que aprovecharon como nadie el agua, pues en los días de verano en que ésta comenzaba a escasear, iban dando, por riguroso turno, de arriba a abajo, cortes para llenar cada uno su presa y su cubo y así todos tenían agua para trabajar.

    Los molineros, que pese a las prohibiciones y controles de los 40, molieron trigo para que a Alcalá no le faltase el pan.

    Los molineros, hombres que contra viento y marea, pese a las adversidades del tiempo y de los tiempos, lucharon por mantener funcionando los molinos, por la maquila o beneficio que dejaba la molienda, 6 kgrs. de trigo o de harina (daba igual), por cada quintal molido. (6 kgrs. por cada 40 kgrs., ya que el quintal castellano es de 46 kgrs.). Que lucharon para atender a tantos y tantos alcalaínos, que con calor en verano o con los caminos cortados en invierno, acudían a los molinos de Patrite, por la vereda de los Carrascales -los procedentes de Fraja, la zona de Paterna, las Viñas o Pajarete-; por la vereda de las Huertas, los que venían de Rocinejo, Pagana o Los Poyales y de toda la zona que nos conduce a Algeciras; o los que llegaban por la Vereda del Lario, que saliendo de Alcalá por la actual fábrica de quesos, pasaba por el Puente que vemos en esa zona del Pozo de Enmedio y venía a salir al descansadero de Marujo, ya en la zona de los Molinos. Unos alcalaínos que pensaron, con los molineros, que la famosa carretera de Jimena (que partía del Pozo de Enmedio -todavía existe el puente, ahí visible, para recuerdo- y varias alcantarillas por toda la ribera del Lario- iniciada en los años 20 y dejada parada por falta de recursos) resolvería el problema de las comunicaciones, del acceso. Y que volvieron a ilusionarse cuando en los años 50 se traza una nueva carretera que discurriría por La Quinta y Las Asomadillas hasta llegar a Mogea Escobar para proseguir hasta las Esperillas bajas y las Esperillas Altas... pero que tampoco se realizó por cuestiones económicas... Unos molineros que tuvieron que cerrar sus molinos antes de que en 1981, la Diputación y el Ayuntamiento alcalaíno realizaran los trabajos de asfaltado de la carretera y acometiesen la llegada del agua y de la luz. Infraestructuras fundamentales que podían haber incidido en la conservación de los molinos y que hubieran permitido incluso, dentro de lo que cabe, la modernización y mejora de los trabajos. Pero... los molinos, irremediablemente estaban perdidos, excepción hecha del de Juan Acedo, que aunque ya no muele, se conserva intacto y podría hacerlo en cualquier momento.

    Y creo, que sería conveniente que desde la Administración y a través de programas específicos de protección de la riqueza cultural de nuestros pueblos y del fomento de estas peculiaridades, con fines turísticos, permitiría restaurar los molinos e incluso poner en funcionamiento -como museo- alguno de ellos. De este modo, recuperaríamos algo de nuestra propia cultura - mientras se rendía homenaje a aquellos esforzados hombres que lo mismo eran ingenieros, realizadores y mecánicos del molino, que picapedreros, que guardas y conservadores del río, y también a todos los alcalaínos y alcalaínas que para tener pan en sus casas, acudían por harina a los molinos- y sería, a un tiempo, un atractivo turístico añadido.

Esquema de las partes de un molino hidráulico.