sábado, 23 de mayo de 2026

Vida y Andanzas de los Palma de Mesa (XV)




3.3.- MELCHOR DE PALMA

    El hijo menor del doctor Palma, según el expediente para pasar a Indias, nació en 1583, pero su partida de nacimiento verifica que lo hizo en 1575. Como su hermano mayor, pasó a América ya casado, según se deduce de lo contenido en el prólogo del libro “Annales de la Sagrada Religión de Santo Domingo”, [124] donde se detallan las raíces de un ilustre descendiente de Melchor:

“La Señora Doña Maria de Hijar, Madre de V. Ilustrisima, y muger de Don Antonio, ultimo mencionado, fue hija de Don Lorenzo de MeSsia y Valdivia, y de Doña Maria de Hijar y Figueroa, naturales de la Nueva Guadalaxara. Don Lorenço, fue hijo de Don Melchor de MeSsia y Valdivia y de Doña Elvira de Aragón y Guzman, naturales de Alcalá de los Gazules en Andalucía. Doña Mariana, abuela materna, fue hija legitima de suero Vázquez de Moscoso, y de Doña Aldonça Fernández de Hijar, de la Nueva Guadalaxara.”



    Este árbol genealógico pertenece, ni más ni menos, que al fraile dominico Fray Antonio de Monroy, que fuera arzobispo de Santiago de Compostela (España) desde 1685 hasta su muerte en 1715, que es, por tanto, bisnieto de Melchor y tataranieto del doctor Palma.

    No hemos localizado en el Archivo parroquial la partida de matrimonio entre Melchor de Mesa y Elvira de Aragón, pero como dijimos anteriormente, los primeros libros, se encuentran incompletos. Sería demasiada casualidad que estos dos alcalaínos no se casaran en Alcalá, hicieran el viaje por separado, se encontraran en la misma ciudad en América y terminaran casándose allí. De todas formas, la fuente de información parece fiable, ya que dicho libro está escrito por fray José de Sarabia y Lezana, cuando aún vivía el arzobispo, a quien se lo dedica y a quien conocía personalmente, por lo que se supone que, para elaborar la relación, conoció documentos de primera mano.

    De su vida en México, lo único que hemos podido averiguar es que falleció en la localidad de Ameca el 22 de septiembre de 1638, debiendo estar ya viudo, pues en su acta de defunción no se menciona a la esposa:

“en veinte y dos de setiembre de mil y seis sientos y treinta y ocho años murió d. Melchor de messa y se enterro en esta iglesia como mando por su testamento que otorgo ante frco gonsales teniente deste pueblo y juº peres de bargas su escribano y ansimesmo manda se le digan por su alma quatro sientas y sinquenta missas y sinquenta por las animas de purgatorio y fuera destas otras sinquienta missas por dos indios difuntos y ansimesmo manda se le diga missa de cuerpo presente y novenario cantado hiçose ansi_” [125]

    Fruto de este matrimonio, nació Lorenzo de Mesa y Valdivia, a quien en foros genealógicos mexicanos se ha confundido con su tío, Lorenzo Castro Mesa, ya que tío y sobrino estaban casados con dos hermanas. Tuvieron además otro hijo o hija, que no hemos podido identificar. En los autos de bienes de difuntos del suegro de ambos, Suero Vázquez de Moscoso, se despeja toda duda:

“Don Lorenço castro de meza y el capitán lorenço de mesa baldibia como maridos que somos de doña costança de moscosso y de hixar y de doña mariana de Figueroa, hijas y herederas de suero bazqz de moscosso y de doña aldonça de hijar su mujer…” [126]

    Lorenzo de Mesa, casó con Mariana de Híjar Figueroa entre 1603, año en que hizo testamento Suero Vázquez, donde aparece como doncella, y 1608, fecha en que aparece ya como esposa de Lorenzo.[127] Tuvieron un hijo, posiblemente el primogénito, al que pusieron el nombre de su abuelo, Melchor, aunque no sabemos la fecha de su nacimiento. En 1617 nació otro hijo, siendo bautizado el 22 de octubre, al que se puso por nombre Lorenzo. En su partida de bautismo, a su padre se le nombra como capitán y son sus padrinos, Isabel Castro Mesa y su marido Francisco Caro Galindo. [128]

    Mariana, la mujer de Lorenzo, falleció el 10 de noviembre de 1619, enterrándose en la Iglesia del convento de San Francisco de Guadalajara. Testó ante el escribano Pedro Mansilla y dejó ordenadas mil misas por su alma. [129]

    Pasados dos años, Lorenzo contrajo nuevamente matrimonio con Ana de Ojeda en Guadalajara el 11 de febrero de 1621. Fue su padrino Francisco Caro Galindo. [130]

    Lorenzo fue un importante comerciante y debió especializarse en la compraventa de ganado de todo tipo, según se desprende de varios poderes que otorgó. El 26 de junio de 1628 dio poder a su mujer, Ana de Ojeda, “para que pueda vender qualesquier esclavos mios o suyos ganados vacunos cavallares mulares por unos y otras qualesquier cosas y géneros de asienda casas tieRas sitios de ganados mayores y menores de contado o fiado como le paresiere y del presio dellos darse por contenta y pagada…” [131]

    Al año siguiente, el 8 de mayo, otorgó otro poder, a su hijo, el bachiller Melchor de Mesa y a su sobrino Francisco de Mesa Mirabal para que en su nombre puedan cobrar los dineros y otros géneros que le estaban debiendo [132] y el día 10, el matrimonio vuelve a otorgar poder a Melchor de Mesa Figueroa. [133] Diez días más tarde, es el propio capitán Lorenzo de Mesa el que vende 40 mulas a Diego Fernández de Córdoba por 300 pesos. [134]

    Todos estos movimientos tienen una explicación: el capitán Lorenzo de Mesa había sido condenado por la Real Audiencia de Guadalajara a cumplir condena en el fuerte de la Habana por la muerte del presbítero Andrés Gómez Carranza, conmutándole dicha pena por el pago del sueldo de 7 años, un total de 2400 pesos de plata, firmando el matrimonio una carta de obligación el 16 de julio:

“… otorgamos y conozemos por esta Preste carta que debemos y nos obligamos de dar y pagar a su magd en su Rl Caja desta dha ciudad y a los sses jueces Rs della en su Rl nombre un mill y seiscientos Pessos de oro común en Plata en que la Rl audª desta ciudad comuto el serviº de siete años sin sueldo en que Yo el dho Lorenço de mesa estaba condenado para el fuerte de la abana Por la muerte que se me ynputo del pe andres gómez carrança porque los dos mill y quatrocientos pos Restantes a toda la dha cantidad los e metido en la dha Rl Caja los quales dhos un mill y seiscientos Pessos en la dha Plata los meteremos en la dha Rl Caja todos juntos en una paga puestos en ella a nuestra costa para de oy dia de la fha desta carta en dos meses cumplidos primeros siguientes…” [135]

Firmas de Melchor de Mesa y su hijo Lorenzo de Mesa


    Debió reunir el dinero Lorenzo, pues el año siguiente sigue con sus negocios y así, el 7 de mayo de 1630 vendió un esclavo mulato [136] y el 23 de marzo del año siguiente, su mujer vendió 200 becerros a Francisco de Pareja. [137]

    Al año siguiente, otorga una escritura el 6 de mayo, por la que concede la libertad a un esclavo suyo: “yo tengo Por mi esclavo a Juanico morisquillo niño de hedad de un año poco mas u menos hijo de agustina mulata mi esclava Y porque la susodha me a servido bien y con amor como buena esclava Y por el amor y voluntad que tengo al dho Juanico niño y ser nacido en mi cassa y ahijado de don melchior de messa mi hijo legitimo de mi libre voluntad graziossa mente por lo arriba dho en aquella (¿?) y forma que mejor aya lugar de derº Por la Preste otorgo y conozco que ahorro y liberto al dho niño Juan de hedad de un año poco mas o menos de la sujezion y cautiverio en que a estado y esta…” [138]

    Aunque saldó su deuda con la justicia, el estamento eclesiástico de Guadalajara le impuso algún tipo de censura, quizás la entrada a las iglesias, lo que no sentó nada bien a Lorenzo, el cual, junto con su hijo Melchor, otorgó un poder el 20 de mayo de 1632 al padre fray Florián de Ayerbe, procurador de la Compañía de Jesús en la Nueva España, que estaba a punto de regresar a la península, y a Fr. Francisco Crespo, procurador General en Madrid, para que en sus nombres, “parezcan ante su santidad y su nuncio delegado y ante otros qualesquier tribunales y jueces eclesiásticos y seculares donde convenga y presenten qualesquier testimonios u otros rrecaudos a nos tocantes y en virtud dellos pidan se nos haga gracia de absolvernos yn totum de qualesquier censura o sensuras que se nos an ynpuesto por el ordinario desta ciudad y obispado y declaraciones dellas que contra nos se han ffecho por rrazon de ynputarnos la muerte del Padre andres gomez carranza Presvitero difunto…” [139]

    Cinco días más tardes, Lorenzo arrendó una Hacienda que tenía a cuatro leguas de Guadalajara, conocida como de Santa Lucía, a Francisco López y Marcos Benítez, por el tiempo de cuatro años a razón de cien pesos anuales. [140]

    Finalmente, Lorenzo de Mesa y Valdivia falleció el 14 de enero de 1651, enterrándose en la Iglesia del convento de San Francisco de Guadalajara. [141] Su mujer, Ana de Ojeda, le sobrevivió tres años, falleciendo el 6 de diciembre de 1653, enterrándose en la misma Iglesia. [142]



    Dos calles, dos cuestas, dos ilustres olvidados, dos Bartolomé, padre e hijo, cuya fama y hazañas hace mucho que el tiempo borró. Sirvan estas líneas para recobrar la memoria de esta estirpe añeja que esparció la sangre alcalaína por las tierras mexicanas de Jalisco.

-

 

© 2023 Ismael Almagro Montes de Oca. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o uso no autorizado del contenido de este blog sin el consentimiento expreso por escrito del titular.



NOTAS

Si desea consultar las notas, por favor utilice el FORMULARIO DE CONTACTO

para contactar con el autor del blog.

sábado, 16 de mayo de 2026

Anuario 1881



ALCALDE PRESIDENTE

D. Camilo Moreno, Real 58

TENIENTE 1.º             

D. Miguel Caro Sánchez, Los Pozos 62

IDEM 2.º        

D. Rodrigo Delgado Sánchez, Villa Arriba 31

IDEM 3.º

D. José Marchante Redondo, S. Francisco 1

REGIDOR SÍNDICO

D. Francisco Moreno Redondo, Plaza de la Cruz 71

REGIDOR SÍNDICO SUPLENTE

D. Manuel del Puerto Gómez, Los Pozos 1

SECRETARIO AYTO.

D. José Pacheco de los Ríos,

    Jefe honorario de la Administración Civil, Villa arriba 31

DEPOSITARIO DE FONDOS MUNICIPALES

D. Ildefonso Sánchez Salas, Amiga 27

ALCALDE DE BARRIO

D. Diego Centeno de los Ríos, Real 58

D. José Franco de los Ríos, Villa Arriba 46

D. Melchor Moreno Pérez, Cruz Verde 91

JUEZ MUNICIPAL

D. Joaquín E. Puelles Salas, Barrio Nuevo 14

SUPLENTE

D. Francisco Arroyo Rodríguez, Carril Alto 21

FISCAL MUNICIPAL

D. Pedro Benítez Álvarez, Los Pozos 68

SUPLENTE

D. Antonio Pastor González, Carril bajo 3

SECRETARIO MUNICIPAL

D. Manuel de Luna Herrera, Plaza de Blaza 52

NOTARIO PÚBLICO

D. Rafael Espinosa Ramos, Licenciado en Jurisprudencia Y Jefe honorario de la Administración civil, Real 44

JEFE DE LA ESTACION MUNICIPAL DE TELEGRAFOS

D. José Pacheco de los Ríos, Villa Arriba 32

ADMINISTRADOR HOSPITAL MPAL. DE HOMBRES

D. Manuel de la Corte Muñoz, Plaza de la Constitución

DIRECTOR HIJUELA PROVINCIAL DE EXPÓSITOS

D. Francisco Rodríguez González, Real 48

ADMINISTRADOR DE RENTAS

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

ADMINISTRADOR DE PROPIEDADES Y DERECHOS DEL ESTADO Y COMISIONADO DE VENTAS

D. Antonio Sánchez González, Plaza de Santo Domingo 57

ADMINISTRADOR DE CORREOS

D. Antonio Álvarez Corona, Plaza de la Cruz 48

RECAUDADOR DE CONTIBUCIONES

D. José Gallo y Otero, Los Pozos 66

AYUDANTE DE OBRAS PÚBLICAS

D. José Galán Caballero, Carril bajo 1

MAESTRO DE OBRAS

D. Manuel Delgado de la Corte, Villa Arriba 29

MÉDICO

D. Juan Centeno de los Ríos, Carrera 18

D. José Puelles Centeno, Barrio Nuevo 14

D. Francisco Machado Blanco, Carril Alto 20

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

D. José Fuentes Fernández, Carril bajo 3

D. Alejo Herrero Pérez, Plaza de la Cruz

FARMACÉUTICOS

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

D. Miguel de Puelles Centeno, Barrio Nuevo 14

D. Fermín Pérez, Real 28

SANGRADORES

D. Francisco Moreno Redondo, Plaza de la Cruz 71

D. Francisco Mancilla Quijada, Barrio Nuevo 64

D. Enrique Moreno Redondo, Real 3

VETERINARIOS

D. Melchor Román de la Jara, Plaza de la Cruz 77

D. Andrés Wanceulén y Ardaya, Los Pozos 4

D. Lorenzo del Canto Collantes, Real 28

PROFESORES DE 1ª ENSEÑANZA

D. Ildefonso Roa y Sánchez, calle de los Toros 52

D. Juan Romero Jurado, Plaza de Santo Domingo

COLEGIO DE NIÑAS, TITULADO DE JESUS, MARIA Y JOSÉ

Sor Telesfora de Santa María Herrera, Beaterio

DIRECTOR DEL COLEGIO DE 2ª ENSEÑANZA, TITULADO DE S. JOSÉ

D. Antonio Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

PROFESOR DE LA ACADEMIA FILARMÓNICA

D. Francisco Marín Delgado, Carril Alto 32

LICENCIADO EN JURISPRUDENCIA

D. Antonio M. de Puelles y Salas, Real 42

D. Manuel Espinosa Ramos, Jefe honorario de Administración civil, Real 44

ARCIPRESTE Y CURA PROPIO DE LA PARROQUIA DE SAN JORGE

Br. D. Francisco de P. Castro y Moreno, cura castrense, Plaza de la Constitución 2

COADJUTORES

D. Francisco Javier Vargas Cornejo, P. de la Constitución

D. Antonio Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

VICARIO DE LAS MONJAS

D. Bartolomé Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

CAPELLAN ERMITA DE LOS SANTOS

D. Francisco Cuesta Moreno, Villa abajo 18

CAPELLÁN HOSPITAL MISERICORDIA

D. José García Barroso, Salada 150

BENEFICIADO PROPIO

D. Francisco Escalona Pérez, Nueva 13

NOTARIO ECLESIÁSTICO Y CASTRENSE

D. José Franco de los Ríos, Villa Arriba 46

DIPUTADO PROVINCIAL DEL DISTRITO

D. Mariano Delgado de Mendoza, Caballero Maestrante de la Real de Sevilla y propietario, Real 60

ADMINISTRADOR DEL EXCMO. SR. DUQUE DE MEDINACELI

D. Francisco de Paula Velasco García, Cárcel 100


FUENTE: Guia Rosetty

© 2026 Ismael Almagro Montes de Oca. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o uso no autorizado del contenido de este blog sin el consentimiento expreso por escrito del titular.


sábado, 9 de mayo de 2026

La contribución de Lascuta en la fundación ex novo de Lacca durante la romanización







Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2026




Francisco JORDI PÁEZ



1. Introducción

    La civitas romana de Lascuta perteneciente al conventus Gaditanus, nada tiene que ver con el oppidum y la turris que habitaron los túrdulos, aunque ambas comunidades coexistieron dentro del término municipal de Alcalá de los Gazules. Este espacio de montañas, debido a su situación marginal y aislada, se presenta como la alteridad a la periferia de un sistema de poder nuclearizado en el entorno de los esteros donde se asentaron los turdetanos. La liberación de los siervos lascutanos, dependientes de la ciudad de Mesas de Asta turdetana a principios de la conquista romana, supone una integración de Lascuta dentro de la administración romana mediante su adscripción a otra ciudad, que se funda ex novo en la confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, durante los últimos decenios de la romanización. La necesidad económica de Lascuta, como ciudad estipendiaria, de establecer el soporte material de su institucionalización a través de su contribución a Lacca, daría lugar a una nueva acuñación conmemorativa.

2. La localización de Lascuta en Alcalá de los Gazules

    La asociación de Lascuta romana[1] con Alcalá de los Gazules se sustenta, sobre todo, por los restos arqueológicos romanos descubiertos en su solar, entre ellos un caput aquae que estaría relacionado con la posible existencia de una ciudad romana[2], así como tres inscripciones latinas[3], destacando el hallazgo de la célebre Tabula Lascutana en su territorio[4]. Además, resulta tradicional, su estrecha vinculación con la moneda de Lascuta que comparte analogía tipológica con el grupo de la Janda litoral e interior, mal calificado como “libiofenicio”[5], cuyo ámbito económico quedaría circunscrito a la comarca campogibraltareña, con hallazgos monetarios acaecidos incluso en el casco urbano de Alcalá de los Gazules[16. La ciudad estipendiaria de Lascuta cuenta con una precursora. Esta circunstancia viene atestiguada por las inscripciones neopúnicas en estilo degenerado de sus monedas, cuyo nombre es completamente distinto al latino[7]. Este pudo corresponder con alguno de los poblados fortificados circundantes, como Las Correderas de la Salud o Las Herrizas, situados en las tierras altas con un carácter defensivo y, sobre todo, con una excelente prominencia visual, los cuales acabarían abandonándose para trasladarse a la cercana ciudad romana de Alcalá de los Gazules[8].

Alcalá de los Gazules cubierta por la niebla
(cortesía de Pedro Antonio Jiménez Gómez)

    En cualquier caso, sabemos por el edicto de manumisión del 189 a.C. que la comunidad lascutana estuvo sometida a un sistema de servidumbre comunitaria por la ciudad de Mesas de Asta situada en los rebordes orientales del paleoestuario, actuales marismas del río Guadalquivir, cuando todavía no había sido conquistada por los romanos. La descapitalización de los principales centros comarcales durante la conquista romana supondrá la pérdida de un dominio territorial que no volverá a recuperarse, por lo que la comunidad lascutana ya no volverá a tener ningún tipo de dependencia servil ni mucho menos cívica con Hasta Regia romana después de aquel edicto de manumisión[9].

3. La relación de Lascuta con el valle del río Guadalete

    La presencia romana se manifiesta poco después de la conquista con la aparición de las tropas acantonadas en emplazamientos estratégicos que permiten el control de las vías de comunicación en las cercanías de las comunidades indígenas del interior, como se pone de manifiesto en el campamento militar romano desde donde el propretor Lucio Emilio Paulo dictaba su edicto de manumisión en el que liberaba a los siervos de la turris lascutana en el 189 a.C. En cualquier caso, se inicia un proceso de romanización en el valle del río Guadalete, cuyo cauce fluvial se convierte en el polo de atracción de un poblamiento con escaso desarrollo urbanístico situado, aislada y marginalmente, en el interior de los escarpes naturales de los montes alcalaínos: justo como era el lascutano.

    Entre los modelos de implantación de la romanización en el territorio se encuentra el proceso de sinecismo (gr. συνοικισμός ‘cohabitación’). Este consiste en la integración de una comunidad en una nueva civitas romana, la cual constituía la piedra angular de lo fiscal, judicial, religioso, político y económico, y se erigía como cabeza administrativa en la llanura aluvial. La confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, circundada por arroyos y manantiales de aguas sulfurosas, junto a las tierras de mayor productividad agrícola, se convertiría en el emplazamiento idóneo para una óptima romanización.

    En cuanto a la circulación monetaria de Lascuta, se observa un desplazamiento de su centro de gravedad hacia la llanura aluvial, en concordancia con las noticias históricas transmitidas sobre los hallazgos monetarios acaecidos entre Jerez de la Frontera y Arcos de la Frontera[10. Parece ser, por otro lado, que la moneda lascutana se movía con las tropas romanas siguiendo el trazado de una vasta red de calzadas, entre ellas la principal que era la vía Augusta, que pasaba por la campiña jerezana y sevillana. La relación de la moneda de Lascuta con la intensa actividad militar se demuestra no sólo por su posible conexión con aquellas ciudades romanas que estuvieron de paso por la citada vía Augusta, como era Carmo, con la que debió de compartir reacuñaciones y presentar contramarcas del tipo “cabeza de águila” en su serie del elefante, sino por llegar su circulación monetaria hasta el campamento militar de Castra Caecilia[11].

    Los prefectos, siguiendo las consignas de los pretores, compraban o arrendaban el derecho de recaudar rentas sobre una parte de las cosechas indígenas. De esta forma, tras la liberación de la comunidad lascutana, al tratarse de una sociedad escasamente urbana y, por ende, monetizada, como consecuencia de su marginalidad e aislamiento, se le concedió el derecho de acuñar moneda, a cambio de que Roma se asegurase un cierto aprovisionamiento frumentario de sus cereales para abastecer a las tropas romanas acantonadas en sus cercanías[12]. Este sistema, conocido como annona, servía para el reparto y comercio de cereales, al igual que su transporte: recordemos que en una de las series aparece un altar escalonado con las espigas de trigo encima. La presencia de la moneda lascutana en el territorio arcense parece explicar una posible recaudación sobre una parte de sus cosechas, así como de su participación en la financiación de una intensa actividad militar situada en el acceso al valle del río Guadalete. Una actividad que quizá también sería la causa principal que motivase el inicio de sus acuñaciones como ciudad estipendiaria.

4. La moneda tipo sacerdos durante la época del triunvirato

    Existe una moneda incierta conocida comúnmente como tipo sacerdos cuyo retrato ha sido identificado con el magistrado Marco Emilio Lépido. Autores como Villaronga[13] y Benages[14] o García-Bellido y Blázquez Cerrato[15] la sitúan en torno al Cerro de Alcolea (Arcos de la Frontera, Cádiz), de acuerdo con la abundancia de sus hallazgos monetarios, Esta procedencia, claramente bética, nos la indica su pertenencia al conventus Gaditanus[16]. En el anverso aparece representada una cabeza imberbe masculina con unos rasgos faciales de avanzada edad, PRAEF detrás y CN·STATI·LIBO delante de ella; y en el reverso, jarra y pátera sobre línea de exergo, abajo SACERDOS.

    La jarra de libación o capis era el emblema de la dignidad del augur, mientras que el plato de poco fondo conocido como pátera señalaría la obtención del pontificado. Ambos elementos litúrgicos hacen alusión inequívoca al magistrado Marco Emilio Lépido, el cual sucedió a Julio César como máximo pontífice y sumo sacerdote, tras el asesinato de este último en los idus de marzo del 44 a.C. La expresión del sacerdocio en esta moneda cívica parece haber influido, de alguna manera, en la moneda lascutana con la adopción de la jarra de libación, que aparece junto con una urna o cista flanqueando un altar sobre un escalón del que surgen dos espigas de trigo. Esta emisión se puede considerar una de las últimas en esta serie del altar escalonado por aparecer solamente sus inscripciones en latín.

Ibercoin


    Así pues, hay que valorar, al menos, tres cuestiones: la cercanía del Cerro de Alcolea con la Junta de los Ríos; la asociación de esta moneda con la gens Aemilia; y, por último, la traslación del ámbito económico de la moneda lascutana hacia esa demarcación. Esta circunstancia nos induce a pensar que estamos ante la presencia de una incipiente ciudad romana, que nace como principal cabeza administrativa en la llanura aluvial y que somete a la comunidad lascutana al pago de unos tributos para abastecer a sus tropas romanas; ciudad caracterizada por el sacerdocio y vinculación con el magistrado Marco Emilio Lépido, descendiente del propretor Lucio Emilio Paulo, el mismo que liberó a los siervos de la turris lascutana. Es probable que, en este breve lapso, Lépido intentase establecer una colonia romana durante la época triunviral, misión encargada al prefecto Cneo Estatilio Libón; este proceso quedaría abortado debido a la caída del triunvirato y a la sustitución de Lépido al frente del gobierno provincial por el césar Julio Octaviano, el futuro Augusto[17].

5. La moneda de Lascuta y Lacca durante la época augústea

    La llegada de Augusto supone el comienzo del proceso de sinecismo con las entidades cívicas menores mediante la contributio, con lo que se pone de manifiesto el fin de un hábitat, antes disperso, alterando las estructuras de las comunidades indígenas. En este contexto de pacificación augústea aparece la moneda provincial de Lascuta y Lacca, encuadrada dentro de una misma tradición monetaria, que se extiende por toda la cuenca del valle medio e inferior del río Guadalete, territorio donde la moneda republicana de Sisipo y Detaumo comparte el mismo hábito epigráfico de abreviar los topónimos por suspensión o seguir el mismo programa de composición de sus leyendas tanto en anverso (delante del busto) como en reverso (encima o debajo del diseño, usando línea de exergo). Pero, sobre todo, por compartir análoga relación tipológica en sus anversos representando la misma deidad galeada en alusión a las tropas romanas.

    La moneda provincial de Lascuta y Lacca[18] se inspira del denario republicano de Quintus Caecilius Metellus Pius Scipio (Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión). En su anverso aparece la cabeza masculina laureada y barbada atribuida a Júpiter, delante la inscripción Q METEL PIVS. En su reverso, un elefante avanzando hacia la derecha sobre la línea del exergo; debajo viene inscrito IMP, que indica la abreviatura de IMPERATOR y arriba, sobre el elefante, SCIPIO. No se puede plantear una orientación distinta en la lectura para la moneda provincial en cuestión, pues se inspira de un modelo epigráfico e iconográfico que hay que respetar, donde las líneas de exergo separan dos campos epigráficos en los que aparecen dos nombres que hay que leer en sentido horizontal[19].

Classical Numismatic Group, Lancaster, Londres y La Haya


    En este sentido, mi interpretación sugiere que la moneda lascutana sigue el mismo patrón que el denario de Metelo, en la moneda se leería, por un lado, en su anverso LASCVT delante de una cabeza con un yelmo, que rompe con los esquemas anteriores de esta serie en la que predomina una tradición hercúlea; y, por el otro, en su reverso del enorme elefante, arriba LɅƆƆ y abajo MOPSI. Dicho esto, tanto LASCVT como LɅƆƆ se pueden identificar con dos topónimos latinos abreviados por suspensión en su última letra, ya que ambos tienen su constatación documental en las fuentes literarias; de esta manera, serían interpretados como Lascuta y Lacca, respectivamente[20].

    En primer lugar, el epígrafe LɅƆƆ presenta al principio una L incompleta debido a la imprecisión del propio entallador, típica de este último período republicano tardío. La A sin el travesaño es una variante que se ha podido constatar en las monedas de Ercavica datadas de la época augústea. Finalmente, tenemos las dos C retrógradas, que se confundieron con el punteado de la acuñación debido al espacio tan reducido por el enorme tamaño del elefante. En segundo lugar, el epígrafe MOPSI, sería el caso genitivo de Mopsus (de Mopso). Así pues, si Lacca deriva de la raíz indoeuropea *lak-: gr. λάκκος ‘cisterna’, lat. Lacus ‘agua remansada, estanque, lago, mar’[21], presente en topónimos como Laccuris, Lacipo, Lacilbula o Lacimurga, nuestra Lacca Mopsi (de Mopso) se podría interpretar como ‘estanque de Mopso’ (al igual que Hestia Mopsi ‘hogar de Mopso’). Esto entraría en relación con los manantiales de aguas sulfurosas que afloran en su entorno y su sacralización por parte de un sacerdocio que rinde culto al augur y argonauta Mopso como héroe griego; este venía descrito con un morrión ceñido de ínfulas y el laurel del Peneo en lo alto de la cimera[22], el mismo que viene representado en las monedas del valle del río Guadalete.

   
 
Museo Nacional de Dinamarca (Copenhague)


    Estas propuestas no son producto de la arbitrariedad, sino de unas expresiones que se comparten siguiendo un mismo patrón: cada espacio está reservado para cada epígrafe con sus respectivos significados. Es justo lo que se aprecia en las monedas provinciales de Bilbilis e Italica (esta última, homónima de la andaluza), Silbis y Turiaso o Detaumo y Sisipo, si bien aquí he traído a colación el caso de Nassica y Calagurri Iulia, en el que se puede comprobar de manera clarividente la existencia de dos topónimos distintos, uno en anverso como NASSICA y otro en el reverso como CALAGURRI·; abajo le acompaña el antropónimo IVLIA como cognomen. Las fuentes literarias parecen corroborar esta dualidad dentro de un proceso sinecista, afirmando Plinio el Viejo que “Calagurritani qui Nassici cognominantur” (los calagurritanos que se apellidan násicos). Esta sería la demostración de que Nassica aportaría el cognomen a una contributio con Calagurri Iulia en tiempos augústeos (sin olvidar que cuenta con una antecesora, Kalakoricos celtibérica, que también acuñó monedas), aunque aparece mencionada como ciudad estipendiaria dentro del conventus Caesaraugustanus de la Provincia Tarraconensis, en la Hispania Citerior[23]. Por último, cabe decir que la ciudad romana de Nassica, al igual que Calagurri, tiene su propia moneda, siendo esta emisión latina provincial de carácter conmemorativa motivada por la necesidad económica de la ciudad estipendiaria de establecer el soporte material de su institucionalización a través de una contribución[24].

Tauler & Fau Subastas



6. Las ruinas de Lakka que dieron nombre al wādī Lakka

    La coincidencia de Lacca con el río Guadalete y su entorno viene atestiguado por el poeta al-Ḥimyarī en su obra geográfica Rawḍ al-Mi’tār. En ella menciona la existencia de una ciudad en la cora de Šiḏūna, llamada Lakka, construida por el césar Uktabyān, y cuyos restos aún subsistían, contando con una de las mejores fuentes termales de Al-Ándalus. Junto al río de las ruinas de Lakka se enfrentaron las tropas visigodas de Rodrigo y las musulmanas de Tāriq ibn Ziyād[25], dando nombre a la célebre Batalla del wādī Lakka (Guadalete) en el 711. Además, según Ibn Sa’īd, el wādī Lakka era un hermoso río que, a su paso por Šarīs (Jerez), se hallaba lleno de huertas y paisajes deliciosos, por lo que venía a ser un compendio del río de Isbiliya (Sevilla)[26].

    Por tanto, esta es la realidad histórica del valle medio del río Guadalete: las ruinas de una ciudad romana que dieron nombre a un cauce fluvial y, por ende, a una batalla por su importancia dentro de los reajustes territoriales y administrativos desarrollados en las últimas décadas de la romanización. La situación de Lacca en la Junta de los Ríos es una realidad que viene atestiguada por las referencias en las fuentes literarias árabes, así como por la existencia de una inscripción latina que hace alusión a su nombre en una de las monedas de Lascuta, lo que confirma una relación con dicha ciudad estipendiaria. El tiempo y la Arqueología tendrán la última palabra sobre la existencia de la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos[27], cuya presencia romana ha quedado bien atestiguada por las piezas romanas de notable interés que han aparecido en ese sitio[28].

Cortijo de Casinas en la Junta de los Ríos
(cortesía de José y Agustín García Lázaro)


Conclusiones

    A lo largo de estas páginas se ha planteado una nueva interpretación histórica sobre los últimos decenios de Lascuta durante la romanización, una cuestión poco tratada y, en parte desconocida, debido a la carencia de evidencias arqueológicas. Eso sin contar el problema histórico relativo a su ubicación que ha enturbiado el discurso hasta el punto de situarla en el corazón de la campiña jerezana con la contradicción que ello conlleva. La fundación ex novo de Lacca en la Junta de los Ríos durante la época augústea sobre una base indígena preexistente que se traslada a la llanura aluvial es un hecho que se puede corroborar por la acuñación de moneda en la que se amparan ambos topónimos. La existencia de un proceso sinecista que integraría a la ciudad estipendiaria de Lascuta en la nueva ciudad romana de Lacca, así como de otras entidades menores de las cuales aún no tenemos constancia, nos acerca a la fórmula administrativa de la “contribución”.


NOTAS

[1] Plinio, Historia Natural III, 15.

[2] Montañés Caballero, S. y Montañés Caballero, M. (2006): “Actuación arqueológica de urgencia. Calle San Juan de Ribera y Alonso el Sabio. Alcalá de los Gazules”, Anuario Arqueológico de Andalucía: p. 504.

[3] Romero de Torres, E. (1908): “Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules”, Boletín de la Real Academia de la Historia 53, Alicante: pp. 514-523.

[4] CIL II 5041.

[5] Solà-Solé, J. M.ª (1980): El alfabeto monetario de las cecas “libio-fenices”. Hacia un intento de interpretación de un alfabeto desconocido, Barcelona.

[6] Pérez Rodríguez, M. (2025): “¿Dónde se ubica Lascut?”, Entre Abulagas y Caillos, Alcalá de los Gazules; Muñoz A. y Parodi, L. (1980): “Los depósitos romanos de agua de Alcalá de los Gazules”, Boletín del Museo de Cádiz 11: pp. 40-45.

[7] En el estudio de las distintas inscripciones neopúnicas de las monedas, hemos podido esclarecer el nombre túrdulo, anterior a Lascuta romana, que daremos a conocer en primicia en Alcalá de los Gazules.

[8] Trapero Fernández, P. y Ruiz Gil, J. A. (2023): “Estudio diacrónico con base SIG de lugares de control territorial en la comarca de la Janda (provincia de Cádiz)”, Arqueología y Territorio Medieval 30: p. 281.

[9] Las revueltas turdetanas del 197 a.C., conllevaron su derrota militar en el 195 a.C., procediéndose así a una deditio in dicionem, es decir, a una situación de sometimiento directo que tenía como resultado la desarticulación total del sistema organizativo de los principales centros comarcales, como era el caso de Mesas de Asta. En el 189 a.C., se desmantela la estructura territorial de las comunidades sometidas con la liberación de los lascutanos, lo que supone una pérdida parcial de sus dominios territoriales. En este sentido, es imposible que Lascuta siguiera dependiendo de Hasta Regia durante la romanización, pues tres años después, en el 186 a.C., se tiene constancia de un intento de asalto a sus murallas por parte del propretor Gayo Atinio, lo que nos indica que aún oponía su resistencia a los romanos durante la contienda.

[10] Ruiz López, I. D. (2010): La circulación monetaria en el sur peninsular durante el período romano-republicano, Tesis Doctoral, Universidad de Granada, Granada: p. 317.

[11] Pereira, C. y Morillo Cerdán, Á. (2025): “La cronología del campamento: un contexto material-tipo de época sertoriana”, en Pereira, C. y Morillo, Á. (eds.): El campamento legionario de Cáceres el Viejo (Cáceres, España), escenario de la Guerra de Sertorio, Anejos de Gladius 22, Madrid, CSIC: pp. 749-780.

[12] Aguilar Guillén, M.ª A. y Ñaco del Hoyo, T. (1997): “Fiscalidad romana y la aparición de la moneda ibérica. Apuntes para una discusión. II. 195-171 a.C.: algunos textos polémicos”, Habis 28: p. 83-85.

[13] Villaronga Garriga, L. (1990): “Recensions bibliogràfiques”, Acta Numismàtica 20: p. 236.

[14] Villaronga Garriga, L. y Benages, J. (2011): Ancient Coinage of the Iberian Peninsula. Greek, Punic, Iberian, Roman. Les Monedes de l’Edat Antiga a la Península Ibérica, Barcelona: p. 520.

[15] García-Bellido, M.ª P. y Blázquez Cerrato, C. (2002): Diccionario de cecas y pueblos hispánicos con una introducción a la numismática antigua de la península ibérica. Vol. II: catálogo de cecas y pueblos, Madrid: p. 404.

[16] Sáez Bolaño, J. A. y Blanco Villero, J. M. (1996): Las monedas de la Bética romana. Vol. I. Conventus Gaditanus, San Fernando: p. 318.

[17] Amela Valverde, L. (2014): “La emisión denominada “Tipo Sacerdos””, Acta Numismàtica 44: p. 154.

[18] Jordi Páez, F. (2025): “La primera emisión latina de Lascuta y Lacca Mopsi”, Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio, Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules: pp. 32-42.

[19] Cuando el arabista jerezano Miguel Ángel Borrego Soto tuvo noticia de que esta última aportación ponía en entredicho su propuesta de situar Lakka en la Sierra de Gibalbín (véase Borrego Soto, M. Á. (2024): ““Y habiendo llegado al río que se llama ‘Vedelac’…” Lakka y Wādī Lakka: nueva hipótesis de ubicación”, Revista de Historia de Jerez 27: pp. 9-45), rápidamente pretendió dar una lectura distinta en su charla “El río Guadalete en época islámica”. Esta consistía en girar la moneda 180 grados, dejando el elefante bocabajo, confundiendo la última letra con parte de la gráfila, leía arriba SCVT, lo cual, junto con LASCVT, ofrecería una doble alusión latina a Lascuta romana: de ser así, se trataría de un auténtico unicum en la Numismática. Lo que no podíamos imaginar es que aquella ocurrencia, nacida de la premura al ver cómo se tambaleaban los cimientos de su hipótesis, era en realidad un argumento ad hoc para defender una identificación de Lascuta con Monteagudo (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) que identifica con el nombre árabe de Asqūt o Sqūt citada por los cronistas árabes Ibn Jaldún o Ibn Abī Zar’, una supuesta burğ o torre de Muntqūṭ, que fuerza con un hipotético Muntšqūṭ. Esta forma árabe, a su juicio, podría reflejar la adaptación fonética de un topónimo previo Lasqūṭ, resultado de la reinterpretación de la [l] inicial como si del artículo árabe (al-) se tratase, según la asimilación en la transmisión de nombres antiguos al árabe. Esta supuesta Lasqūṭ estaría dentro del alfoz de la Asṭa andalusí, obviando por completo que Lascuta romana dejó de pertenecer al ámbito territorial de esta ciudad tras su liberación a inicios de la conquista romana (véase Borrego Soto, M. Á. (2026): “La ciudad andalusí de Asṭa y su alfoz (Mesas de Asta, Jerez)”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/127 [consulta 09/01/2026]; “Cortijo de Monteagudo (Sanlúcar de Barameda). Ḥiṣn (A)sqūṭ o Ḥiṣn S(a)qūṭ”, alandalushispania.es [en línea], https://www.alandalushispania.es/articulo/126 [consulta 01/03/2026]; “Releer la conquista del 711. Lakka, Lascuta y el problema del Wādī Lakka”, Hesperia. Culturas del Mediterráneo, Madrid [e.p.]).

[20] Esta lectura fue en un primer momento aceptada por el catedrático de Arqueología por la Universidad de València Pere Pau Ripollès Alegre, quien la hizo rápidamente extensiva en su página web Moneda Ibérica. Sin embargo, sospecho que, tras entrar en contacto con el susodicho arabista, en pocos días el catedrático cambiaba de opinión y aplicaba, casualmente, el mismo modo de lectura que el arabista, dándole la vuelta a la moneda. Así pues, en opinión de Ripollès Alegre, aceptando las dos C retrógradas (que yo mismo fui el primero en identificar dentro de la tradición historiográfica relativa a esta moneda provincial lascutana), lee C·CVTI con V y T nexadas, un nomen que está atestiguado en inscripciones romanas y abajo M·OPSI, que sería su colega. El arabista acepta y menciona, sin enmendar su error, esta nueva hipótesis dada por el catedrático, pero entiendo que esta no se puede sostener por las razones que he explicado supra, las cuales invalidan por completo la aplicación de una lectura alternativa en este tipo de emisiones. La catedrática Emérita de Arqueología por la Universidad de Sevilla Francisca Chaves Tristán, el doctor en Arqueología por la Universidad de Extremadura Francisco Germán Rodríguez Martín, así como el catedrático de Historia Antigua por la Universidad de Sevilla Genaro Chic García, que sitúa la ciudad romana de Lacca en la Junta de los Ríos, están de acuerdo con mi última lectura, la cual da como resultado la interpretación histórica de un proceso de sinecismo basado en la contributio o contribución.

[21] Villar, F. (2000): Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca: p. 314.

[22] Valerio Flaco, Argonáuticas I, 383-386.

[23] Plinio, Historia Natural III, 24.

[24] Amela Valverde, L. (2012): “Las dos primeras emisiones latinas de la ciudad de Calagvrris”, Kalakorikos 17: pp. 127-146.

[25] Al-Ḥimyarī, Rawḍ: p. 511.

[26] Ibn Sa’īd, Mugrib I: pp. 224-225.

[27] Chic García, G. (1979-80): “Lacca”, Habis 10-11: pp. 255-76.

[28] Santero, J. M. y Perdigones, L. (1975): “Vestigios romanos en Arcos de la Frontera (Cádiz)”, Habis 6: pp. 331-348.