LA FORMACIÓN DE LOS CLÉRIGOS ALCALAÍNOS
En
lo tocante a la formación de los clérigos cabe decir que, pese a lo
dispuesto por el Concilio de Trento, muchos seminarios no pasaban de
meras escuelas de cantores para la catedral, con un ínfimo nivel de
formación.
Conocemos
que durante el siglo XVII sólo 13 alcalaínos acudieron a dicho centro
gaditano a adquirir formación intelectual, aunque también es cierto que
el seminario diocesano no era el principal centro formativo al que
acudían los pretendientes a órdenes menores o mayores.
Nos
consta que, muchos alcalaínos adquirieron la formación para su
ordenación como presbíteros en la propia población, tanto porque el
sínodo de 1591 había dispuesto que, en todas las Parroquias, para formar
a sus clérigos, se celebrasen conferencias morales, presididas por el
vicario, como porque los Mínimos tenían establecida en su convento una
cátedra de Teología y los Dominicos impartían estudios de Teología y
Moral[295],
siendo posible que en ambos establecimientos se completase la formación
que se exigía a los Beneficiados de San Jorge que se reducía a
conocimientos de Gramática y Moral, mientras que en otras Parroquias se
requería también haber estudiado Sagrada Teología o Derecho Canónico.
Así
pues, aun cuando desde el punto de vista social y económico, como hemos
expuesto, por sus privilegios, los Beneficiados constituían el escalón
más alto del estatus eclesial de la villa. No podemos decir lo mismo,
desde el punto de vista intelectual, toda vez que, por su formación, aun
cuando hubiesen cursado estudios en el Seminario de San Bartolomé o en
los gaditanos colegios de Santo Domingo o Santiago, lo habitual es que
lo hiciesen en los centros de los conventos alcalaínos y por lo general
no pasaron de clérigos de menores, razón por la cual representaban el
peldaño más bajo del clero rural.
Así,
si analizamos la formación de todos los candidatos a beneficiados en el
siglo XVII comprobaremos cómo no destacan, precisamente, por su
brillantez ya que, si bien más de la mitad habían sido ordenados como
Presbíteros, solo el sólo el 28 % ostentaba alguna titulación académica,
- 9 licenciados y 3 bachilleres-, mientras que un 25 % de ellos era
sólo clérigo de menores.[296]
Arturo
Morgado, al estudiar la provisión de beneficios eclesiásticos en la
Diócesis de Cádiz durante el Antiguo Régimen (1700-1836)[297] concluye
que los opositores a los Beneficios de la Parroquia de San Jorge, que
fueron 124 en el siglo XVIII y 16 en el siglo XIX, con carácter general
se presentaban bastante jóvenes[298] y
con un mayor nivel de formación que en los siglos precedentes, toda vez
que casi el 50 % de los del siglo XVIII y casi la totalidad de los del
siglo XIX ostentaban ordenes mayores.[299]
Si
nos detenemos a analizar el centro en el que adquirieron su formación,
podemos concluir que los aspirantes del siglo XVIII, lo hicieron
predominante (27,2 %) en los centros de los conventos dominicos, el
seminario diocesano de San Bartolomé (13 %) y en el gaditano colegio
jesuítico de Santiago (9%) además de otros en menor proporción.[300] En
el siglo XIX, en cambio, el 50 % de ellos ya lo hace en el seminario de
San Bartolomé, al tiempo que los dos conventos alcalaínos y el de los
dominicos de Jerez cuentan con un 6,25 % cada uno, sin que conozcamos
donde lo hizo el 31 % restante.
Un
creciente nivel de formación que, unido a las reformas emprendidas por
el Obispo Escalzo a fines del XVIII, permitiría que además del
Beneficio, muchos de ellos pudiesen desempeñar, además, otros cargos
pastorales, siendo así como se explica que 6 beneficiados pudiesen
ejercer de Curas en el XVIII y que igual número de Beneficiados, en el
primer tercio del XIX, desempeñasen labores de Cura (3) y de Tenientes
de Cura (3).
Lo
cual viene a ponernos de manifiesto, de una parte, la preocupación de
los Obispos por la situación de los curas, con múltiples obligaciones
pastorales y mal dotados económicamente frente a un cuerpo de
beneficiados, sin obligaciones de ningún tipo que empieza a ser
percibido por la sociedad como una clase parasitaria e inútil. Aunque
también es de hacer constar que, con el cambio de siglo, se producirá
entre los labradores, acuciados por las cada vez más crecientes
necesidades de la Real Hacienda, en un momento tan tumultuoso como es la
Invasión francesa y guerra de la Independencia, cierto rechazo y
negativas al pago de los Diezmos. Todo ello sin entrar en la pérdida del
patrimonio eclesiástico como consecuencia de las desamortizaciones de
Godoy (1798).
¿QUIÉNES FUERON LOS BENEFICIADOS?
Según
hemos venido exponiendo, si por algo podemos caracterizar a la práctica
totalidad de los beneficiados, además de por su influjo social y
cultural durante el tiempo de vigencia de la institución en la Parroquia
de San Jorge será por su alcalainísmo, si bien también habríamos de
destacar que a dicho elemento caracterizador se le añaden otros dos
rasgos distintivos que lo potencian y refuerzan y que son de una parte
la defensa de sus privilegios frente a los demás clérigos, siendo así
como los encontraremos más preocupados en mantener su estatus y el de
sus familias que de cualquier otra cosa y, en estrecha conexión con lo
anterior, la promoción que se hace de los familiares para que ocupen
los beneficios, generando esa situación endogámica a la que nos hemos
referido.
Y
aunque no conocemos el nombre de todos ellos, entre los del siglo XVI,
tenemos que citar al insigne sacerdote Alonso Cárdeno, fundador del
Convento de la Victoria. Mientras que en el XVII tenemos que hacer lo
propio con Luis Alfonso de los Cameros,[301] Beneficiado y cura en la Parroquia y posteriormente Arzobispo de Valencia.
Con
todo, el siglo en el que nuestra Parroquia contará con el más
interesante grupo de Beneficiados será el siglo XVIII, momento en el que
si bien es más claramente perceptible el arraigado corporativismo en el
ejercicio de sus prerrogativas, también es verdad que por sus actitudes
como hombres de Iglesia, que predican con palabras y obras, se
mostraron caritativos con su entorno y generosos en lo concerniente al
mecenazgo para el mayor «adorno, decencia y decoro» de la Parroquia,
financiando tanto retablos y enseres como obras para dignificar la
Iglesia, como luego expondremos, pero también porque así trasladaban a
la sociedad alcalaína un mensaje subliminal para que, por su
diferencia, siga percibiéndolos como ejemplares.
Con
el fin de destacar ese carácter endogámico, que hemos expresado antes,
nos acercaremos ahora, siquiera brevemente, a como se produce la
sucesión y las relaciones que se producen entre tres familias concretas
de beneficiados de ese siglo XVIII: los Collado, los Cortegana y los
Muñoz.
Respecto
de los Collado, a los que recordamos con la Plaza que lleva su apellido,
cabe decir que constituyeron una familia que, a lo largo de diferentes
generaciones, pondría un importante número de sus miembros al servicio
de la Iglesia local, con un buen número de sus descendientes varones
dedicados a la Parroquia mientras las mujeres hacían lo propio en el
Convento de Santa Clara siendo así que llegaron a extinguirse en el
momento en que, precisamente, todos los integrantes de su última
generación se dedicaron a su vocación religiosa. A título ilustrativo
en el siglo XVIII el primer Collado que nos encontramos es Pedro Collado
Cortegana, Beneficiado y Cura en la Parroquia al tiempo que Capellán en
las Clarisas, quien en su testamento hace gala de todos los rasgos que
antes hemos expuesto sobre los Beneficiados: mandas piadosas, acciones
caritativas, legados a las instituciones religiosas y mejoras para las
Iglesias.[302] Le sucederán en el beneficio hasta 6 parientes, 5 de ellos descendientes del Letrado Miguel Sánchez Collado:[303] Andrés
Collado que sería además Vicario y Comisario del Santo Oficio en
Alcalá; su sobrino del mismo nombre así como sus sobrinos nietos Pedro y
Agustín Collado. Siendo, igualmente, reseñable que, aunque no ocuparía
el cargo de Beneficiado, Andrés Collado, tuvo otro sobrino, de nombre
Miguel, ordenado Presbítero. Conviviendo con estos últimos, a mediados
de siglo, encontraremos también a otro beneficiado Collado, Cristóbal
Collado,[304] quién detentaría un importante poder económico en lo que a rentas se refiere.
Nos
referíamos antes Pedro Collado Cortegana, apellido este último que
también se repetirá en otros Beneficiados entre los que hemos de
destacar a su sobrino Fernando Cortegana y Bañales, quien, a mediados
del siglo XVIII a su condición de eclesiástico, -Beneficiado y Vicario-,
unía la de ser uno de los principales ganaderos de la Villa.
Una tercera estirpe de Beneficiados sería la de los Muñoz, que comenzaremos a analizar a partir de Bartolomé Muñoz Morillo,[305] tío
de tres beneficiados de una generación posterior: los hermanos
Cristóbal Manuel y Diego Muñoz de Medina, así como de Juan de Cárdenas,
de los que cabe reseñar que el primero de ellos ejercerá de cura y
desempeñará también el cargo de comisario del Santo Oficio, mientras que
el segundo ejercerá como Administrador de las Rentas Decimales. Con
todo, Bartolomé Muñoz, al que podríamos catalogar como prototipo del
Beneficiado alcalaíno, en su deseo de mejorar la situación de sus
sobrinos y de quien hubiere de sucederle en su beneficio, decide
establecer en su testamento unas fundaciones de misas perpetuas,
específicas, que vincula con aquellos.
Precisamente por el testamento de Diego Muñoz[306] conocemos
la liturgia y ornato que acompañaba entonces cualquier celebración
solemne en la Parroquia, según recoge Avelina Benítez: «…Funda un
aniversario en la parroquial el día de San Diego de Alcalá o inmediato,
con doble de campanas, dotado con 4.000 reales de vellón. En él ha de
cantarse vigilia y misa con vestuarios y asistirán sus hermanos
beneficiados y demás ministros, recibiendo cada uno una limosna en
proporción a su trabajo: el beneficiado que diga la misa, que deberá ser
por turno, diez reales, los dos vestuarios, dos cada uno, los
beneficiados por su asistencia a dicha vigilia, misa y responso, tres
cada uno, los beneficiados caperos, uno más cada uno, el sochantre,
cuatro, el sacristán, dos, el mozo de coro, dos, los cinco acólitos, uno
cada uno, la fábrica, seis, y el campanero, dos; con la condición de
que el que no asista pierda dicha obvención y los asistentes se repartan
las de los no asistentes». [307]
De
cualquier forma, todavía conoceremos otro Beneficiado Muñoz: Pedro
Muñoz de la Vega Calderón, quién aparece citado entre los diez que
ocupaban el cargo en 1775.
Pese a ello, las citadas no serían las únicas estirpes[308] toda vez que deberíamos referirnos también a los de la Jara, con Alonso de la Jara y Morito[309] y sus sobrinos Vicente de la Jara y Pedro López de la Jara como integrantes de la misma.
Con
todo, también hubo excepcionales Beneficiados que no pertenecían a
grupos endogámicos como pudieron ser Diego de Viera Márquez,[310] fundador
del Beaterio o su colaborador en dicha obra el Doctor Sebastián López
Becerra, algunos otros de los que se consignan en el Padrón de 1775[311] o
el Beneficiado Lorenzo Villanueva del que cabe destacar su importante
papel en la vida alcalaína de principios del siglo XIX, y así nos consta
tanto su participación en la excavación de los Santos Nuevos como para
evitar males mayores durante la invasión francesa en 1810.

-
© 2025 Gabriel e Ismael Almagro Montes de Oca. Todos los
derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o uso no autorizado
del contenido de este blog sin el consentimiento expreso por escrito del
titular
NOTAS
[295]
Independientemente de que los conventos dominicos eran, por propia
constitución, casa de estudios para sus frailes (20 fueron los del
convento alcalaíno en su mejor época), y para los clérigos del lugar,
hemos de destacar el hecho de que en los primeros años del siglo XVII el
convento alcalaíno se convierte en «Studia Generalia» o Casa noviciado
para la formación de los futuros frailes. Pero, el hecho interesante no
es que en nuestro convento se formasen los novicios de la zona, sino que
sirviese de noviciado para los dominicos ingleses e irlandeses,
quienes, en aquel momento, se encontraban sometidos a una cruel
persecución en sus respectivos países.
Sin
embargo, faltaríamos a la verdad si identificásemos al Estudio General
sólo con noviciado, pues en realidad fue un centro de estudios
superiores (en el que se cursaba Gramática, Latín y Moral), abierto a la
sociedad en que se hallaba y fueron muchos los seglares alcalaínos y de
la comarca que aprovecharon la oportunidad, única en su época, de
aprender y acceder a la cultura.»
Cfr: Almagro Montes de Oca,
Gabriel y Sibón Olano, José F. (1994). Santo Domingo. Apuntes
Históricos y de Nuestro Patrimonio. Ayto. de Alcalá de los Gazules.
[296] ADC, Varios, leg. 451, 452, 453, y Secretaría, leg. 1. Cfr. Toscano de Puelles, F. op. cit.
[297] Morgado
García, Arturo. (1990). Provisión de Beneficios eclesiásticos en la
Diócesis de Cádiz durante el Antiguo Régimen (1700-1836). Chronica Nova.
Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada. Nº 18. (pp.
343-364).
[298] De
124 opositores en el siglo XVIII: 1 lo hizo con menos de 20 años; 47
contaban entre 20 y 29 años; 9 entre 30 y 39 años; 8 entre 40 y 49 años;
1 más de 50 años, al tiempo que de 58 opositores no se consigna la
edad.
Por su
parte en el tercio del siglo XIX, hasta la desamortización, en que se
mantuvo viva la institución de los Beneficios, de los 16 alcalaínos que
opositaron a ellos, 4 tenían entre 20 y 29 años; 6 entre 30 y 39 años; 3
entre 40 y 49 años y los 3 restantes más de 50 años.
[299] Así,
de los 124 opositores del siglo XVIII, cabe decir que si bien
desconocemos la orden recibida por 33 de ellos, nos consta que, de los
restantes, 30 eran tonsurados y clerigos de menores; 6 subdiáconos; 12
Diaconos y 43 Presbíteros. Para los del siglo XIX si bien desconocemos
la ordenación recibida por 3 de ellos, nos consta que sólo había un
clérigo de menores y que los restantes eran Presbíteros.
[300] Hablamos
de predominio de los conventos dominicos, pues si bien desconocemos
donde estudió el 38 % de los opositores del siglo XVIII, de aquellos de
los que, si tenemos documentado su lugar de estudio, el grupo
mayoritario lo hizo en los centros dominicos de Cádiz (20%) y de Jerez
(4,8 %), a los que llegarían procedentes del convento dominico alcalaíno
en el que también los concluiría un 2,4 %. Respecto de los otros
lugares de estudio, aparte del 13 % que lo hizo en el Seminario
diocesano y el 9 % en el colegio jesuítico de Santiago; cabe destacar
que un 1,6 % lo hizo en el convento de mínimos alcalaíno, otro
porcentaje igual en el de los Mercedarios de Algeciras y finalmente un
0,8 % lo haría en la Universidad de Sevilla y en el Colegio del
Sacromonte de Granada.
[301] Fernando
Toscano en su Historia del Beaterio recoge que, entre las actas del
Archivo Parroquial se encuentra la del matrimonio oficiado el 15 de
abril de 1624 por Cameros entre Cristóbal Pérez de Ortega y Gálvez con
María Gil de Medina, quienes serían los tatarabuelos de Francisco
Arcadio Ortega Cazalla, quién daría nombre al conocido como “Anden de
Cazalla”, en la embarrada donde confluyen la calle Sánchez Díaz con la
de San Francisco.
[302] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 30, f. 488, 1712; y lib. 132, ff. 45-57, 1725.
Destacar
que en dicho testamento, además de las consabidas misas, muchas de
ellas en fiestas concretas, atenciones a los pobres y demás, instituye
legados para todas las instituciones religiosas locales de cierta
entidad, entre las que destacan 400 escudos de plata para las obras que
se ejecutaban en el convento de Santa Clara; 2000 reales de vellón para
realizar una cajonera en la sacristía de la Parroquia; 1000 reales al
Hospital de la Misericordia; 1 caballo para el servicio del santuario de
Nuestra Señora de los Santos; 100 reales de vellón a la Cofradía del
Carmen; una cadena de oro al Santísimo Sacramento al tiempo que perdona
los 6 o 7 pesos que le adeudaba la Cofradía de Jesús Nazareno.
[303] Todos
ellos descendientes del matrimonio entre el Letrado de los Reales
Consejos, Miguel Sánchez Collado y Ana Mª Alfaro Collado y Basurto, del
que nacieron 8 hijos: 5 mujeres, -Leonor, Luisa, María, Ana y
Francisca-, todas ellas clarisas y 3 varones, de los que 1,sería el
Beneficiado Andrés Collado mientras que los otros dos contraerían
matrimonio, el menor de ellos, -Francisco-, que contraería matrimonio y
cuya línea sucesoria se extinguiría al tener 1 única hija y esta a su
vez una única descendiente que se convertiría en monja clarisa. Y el
mayor de ellos, Pedro Collado, que contraería matrimonio con Catalina de
Coca, emparentada a su vez con otra estirpe de Beneficiados de la
Parroquial del que nacerían 6 hijos: 3 mujeres, que serían clarisas y 3
hombres de los que uno sería Presbítero, Miguel; otro Beneficiado,
Andrés y el tercero que contraería matrimonio con Catalina Doncel del
que nacerían 6 hijos, 4 mujeres, que morirían solteras y 2 hombres:
Pedro y Agustín, ambos beneficiados en la Parroquia.
[304] Beneficiados
y vicarios de Alcalá en 1752, según la documentación primaria del
Catastro. A.M.A.G. Abecedario del Libro de eclesiásticos de la Villa de
Alcalá, leg. 226; Libro personal e industrial de eclesiásticos de la
Villa de Alcalá, leg. 229.
[305] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 161, ff. 66-73, 1737; lib. 276, ff. 64- 65, 1739; y lib. 275, ff. 233 243, 1740.
[306] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 183, ff. 167-168, 1765; y lib. 415, ff. 8-24, 1777.
[307] Benítez Barea, Avelina. La jerarquía eclesiástica rural... Óp. cit. (pp. 1227-1240).
[308] En
el Alcalá del siglo XVIII, además de las estirpes familiares de
Beneficiados conoceremos otras de cura como las de los Trujillo, entre
los que destacan Alonso de Trujillo y Naba y su hermano Diego
Francisco.
[309] Vicario, Cura, Beneficiado y Administrador de las Rentas Decimales
[310] Parece
ser que presentó a las oposiciones para Beneficiado en 1762, aduciendo
haber cursado sus estudios de Teología Moral en el Convento de Santo
Domingo de Alcalá, aunque no los obtuvo hasta 1765.
[311] A.M.A.G.
Alistamientos y sorteos de milicias. Según dicho Padrón en la Villa
residían un total de 32 eclesiásticos y entre ellos los 10 beneficiados
siguientes: Cristóbal José Collado y Doncel, Vicario y Beneficiado;
Francisco de Oliva, Cura más antiguo y Beneficiado; Félix Manrique,
Beneficiado y Cura; Tomás José Castaño, Beneficiado y Cura; Diego Muñoz,
Beneficiado, Alonso de la Jara, Beneficiado, Pedro Muñoz de la Vega y
Calderón, Beneficiado, Francisco de Velasco, Beneficiado, Juan Camacho,
Beneficiado y Alonso González, Beneficiado.