sábado, 22 de agosto de 2026

Causa contra unos carabineros por denegación de auxilio a un contrabandista (y II)

 





    En la causa militar, el cabo Maximiliano Martínez reconoció que estuvo con el confidente, Gómez Escobar en Mogea Escobar, pero negó haber estado aquel día en la garganta de Moracha y declara como falsa la acusación que hizo contra ellos. Como prueba, manifestó que la noche del 19, “la pasaron en una choza que en Mogea de Escobar habitan Antonio Mancera Arroyo y su familia quienes le refirieron la escena de que en el día anterior se les había estraviado un niño que por la mañana se les presentó con varias heridas en la cabeza.”

    Interrogados Mancera y familia, en un primer momento niegan que los carabineros pasasen la noche allí, pero tras insistir en el interrogatorio y reconocer dos médicos al niño, comprobaron que presentaba varias cicatrices en la cabeza. Preguntado el menor por el origen de las cicatrices, manifestó Mancera que “fueron causadas en la noche del dieciocho por tres carabineros, que entre ellos conoce al Richarte por ser sobrino del amante de su hermana, que a más de los golpes que le dieron en la cabeza y cuerpo, lo hecharon sobre un lentisco, donde sin poder moverse pasó la noche y al día siguiente se marchó a su choza, donde fue curado por su madre y hermana refiriendo al padre lo sucedido, pero que recordando las amenazas de los carabineros, dijo después a su familia las heridas habían sido a consecuencia de una caída por unos riscos.”

    Atendiendo a que, según el informe pericial, las ropas encontradas no presentan aspecto de haber estado dos meses expuestas a las inclemencias del tiempo y de no haber aparecido restos humanos en todo el curso del arroyo, hasta su desembocadura en el mar, a que los testimonios de Piñero y Delgado pierden veracidad al no ser reconocidos en la rueda de presos a ninguno de los carabineros, así como que “las declaraciones del paisano Juan Gómez Escobar no hacen fe porque este testigo hay que considerarlo con falta de providad si hemos de atender al informe que dan de él las autoridades y sus convecinos de Alcalá, que le califican de mala conducta, justificando su no buena fe y maquiavelismo con su ausencia o fuga”, el fiscal militar pidió el sobreseimiento del caso.

    El abogado del cabo Maximiliano Martínez, insistiendo que en no existían indicios contra su defendido, basó su defensa en unos argumentos un tanto insólitos, al indicar que “De todos es bien conocido que por la epoca de autos hubo furor entre los braceros de las provincias Andaluzas por emigrar a las republicas argentinas en busca de fortunas por mas que la experiencia elocuentemente este pregonando que lo que allí se encuentra sin gran esfuerzo es la mas orrible miseria. Autorizadamente unos y sin llevar los requisitos legales los mas con la ausencia de sus deudos o sin conocimiento de ellos en multitud de casas es lo cierto que abandonaron por aquel tiempo el suelo patrio gran número de nuestros con ciudadanos y muchos de ellos, como esta defensa podría citar algunos casos particulares, abandonaron sus familias sin que en los años trascurridos sepan estas cual haya sido la suerte de aquellos ni su paradero”.

    No dudó en cargar contra el confidente huido para «cargarle el mochuelo»:

    “La mala conducta de Gómez Escobar y de la cual tiene fama y su desaparición biene a corroborar que los hechos por él relatados son de su pura invención; y esta conducta tan anormal casi induce a sospechar que si se demostrase la existencia de delito relacionado en algo con este procedimiento no sería él extraño a su comisión”

    En igual sentido fue la defensa del carabinero José Richarte, asegurando que “hechas indagaciones resultó que el paisano, también acusado, y hoy, ausente, Juan Gómez Escobar fue el que propagó dichos rumores” en Alcalá, desacreditando la acusación de aquel “cuando vio que el asunto tomaba carácter de gravedad que necesariamente había de revestir, desapareció de la escena siendo infructuosas cuantas diligencias se han practicado para su busca y captura.”

    Finalmente, el 17 de diciembre de 1894 el Consejo de Guerra, al no quedar acreditada la defunción de Jacinto García ni quedar demostrado que se apropiaron del tabaco de contrabando, absolvió a los carabineros por falta de pruebas.

    Sin embargo, en un giro de guion inesperado, en la sentencia llamó la atención del juez por suponer que, según las declaraciones, había indicios bastantes para exigir responsabilidades a los carabineros por las lesiones causadas al joven Francisco Mancera.

    Efectivamente, los tres carabineros tuvieron que hacer frente a un nuevo proceso.

    Según las diligencias practicadas, “habitando en el mes de Noviembre de 1892, el joben lesionado con sus padres en una choza de la Dehesa de Mogea Escobar, situada próximo a un sitio llamado la Molineta, termino de Alcalá de los Gazules, dicho joben Franco acompañado de su padre Antonio Mancera Arroyo, y de su hermano José Mancera Ruíz, salieron el día 18 del mes dicho por la dehesa a buscar pedazos de corchos extraviandose el Francisco y regresando al día siguiente a la choza bañado en sangre, con heridas en la cabeza y contusiones en todo el cuerpo.

    Al presentarse en este estado, el padre le preguntó, sobre la causa de dichas heridas, contestandole que se las habían causado unos hombres que le cogieron y apalearon en todo el cuerpo, al contestarle que «no» a la pregunta que le hicieron de «si había visto mochileros» posteriormente manifestó a su padre al ver este las contusiones que tenía por el cuerpo, que se las había causado de una caída»

    El joven Mancera declararía “que al extraviarse en la dehesa llegó ya anochesido a una garganta proxima a varios caserios conocidos con el nombre de «Huerta perdida» en donde habían dos o tres Carabineros, uno de ellos llamado Richarte, los cuales le llamaron y al acercase a ellos, le preguntaron si había visto pasar mochileros y como contestara que «no» empesaron a darles palos en todo el cuerpo, causándole tres heridas en la cabeza y por último lo cogieron y arrojaron sobre un lantisco, en donde pasó la noche sin poderse mover, que a la mañana siguiente cuando regresó a la choza, refirió a su padre todo lo ocurrido, si bien mas tarde en el mismo día recordando que los Carabineros le habían amenazado de muerte si decía lo ocurrido dijo a su padre y demas familias; que se había causado las heridas de una caida; que su madre María Ruíz Fernández y su hermano Franco Mancera Ruíz le curaron y que al observar la primera las muchas contusiones que tenía en la espalda y al preguntarle como se las había producido contestó que de la misma caida ignorando que persona alguna presenciara lo ocurrido o tuviese noticia de ello”

    La madre, hermano y hermana del agredido declararon en el mismo sentido. Esta última vivía amancebada con Antonio Richarte, tío de uno de los carabineros acusados. Todos manifestaron que los tres carabineros pernoctaron aquella noche en la choza de Francisca Mancera, marchándose al día siguiente.

    Los médicos de Alcalá reconocieron al menor, año y medio despues de causadas las lesiones, apreciando que “en la region craniana del Francisco Mancera Ruíz tres cicatrices, dos de ellas en la parte posterior supor de la región parietal izquierda, teniendo cada una seis centímetros de extención y siendo su dirección trasversal con relación al eje mayor de la cabeza, la tercera a la parte interior de la region temporal izquierda de dos centímetros de extención, las tres a su parecer producidas por arma contendente, no pudiendo precisar la fecha en que fueron causadas demostrando por su aspecto que no son recientes.”

    El carabinero Hernández Panero negó haber maltratado a nadie, siendo calumniosa la denuncia y “debiendo obedecer a venganza personal contra Richarte, por motivos que desconoce

    José Richarte García, por su parte dijo que conocía “al Joben Franco Mancera Ruíz por ser de su pueblo que él no le ha maltratado nunca”, alegando que el cabo nunca lo hubiese permitido”. Sobre las causas de la denuncia, solo encontraba una explicación: “un tío del declarante tiene relaciones ilicitas con una hermana del Joben Mancera, y que sus relaciones como tio no son las mejores y como no obedesca a mala voluntad, no puede explicar que moviles hayan podido impulsar a dicha familia para calumniarle como lo hacen”

    Finalmente, en marzo de 1899, el Auditor de Brigada dictó su veredicto, acordando el sobreseimiento del caso, en virtud de una Real Decreto de indulto de 10 de mayo último por el que se autorizaba a las autoridades judiciales de las regiones para acordar el sobreseimiento en causas de esta índole.

    Acababa así esta turbia historia de contrabandistas, en la que, lo único seguro, e s que el cuerpo de Jacinto Gómez García no apareció jamás.


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sábado, 15 de agosto de 2026

La Parroquia de San Jorge de Alcalá de los Gazules (VII)



 


LA FORMACIÓN DE LOS CLÉRIGOS ALCALAÍNOS 


    En lo tocante a la formación de los clérigos cabe decir que, pese a lo dispuesto por el Concilio de Trento, muchos seminarios no pasaban de meras escuelas de cantores para la catedral, con un ínfimo nivel de formación. 

    Conocemos que durante el siglo XVII sólo 13 alcalaínos acudieron a dicho centro gaditano a adquirir formación intelectual, aunque también es cierto que el seminario diocesano no era el principal centro formativo al que acudían los pretendientes a órdenes menores o mayores. 

    Nos consta que, muchos alcalaínos adquirieron la formación para su ordenación como presbíteros en la propia población, tanto porque el sínodo de 1591 había dispuesto que, en todas las Parroquias, para formar a sus clérigos, se celebrasen conferencias morales, presididas por el vicario, como porque los Mínimos tenían establecida en su convento una cátedra de Teología y los Dominicos impartían estudios de Teología y Moral[295], siendo posible que en ambos establecimientos se completase la formación que se exigía a los Beneficiados de San Jorge que se reducía a conocimientos de Gramática y Moral, mientras que en otras Parroquias se requería también haber estudiado Sagrada Teología o Derecho Canónico.

    Así pues, aun cuando desde el punto de vista social y económico, como hemos expuesto, por sus privilegios, los Beneficiados constituían el escalón más alto del estatus eclesial de la villa. No podemos decir lo mismo, desde el punto de vista intelectual, toda vez que, por su formación, aun cuando hubiesen cursado estudios en el Seminario de San Bartolomé o en los gaditanos colegios de Santo Domingo o Santiago, lo habitual es que lo hiciesen en los centros de los conventos alcalaínos y por lo general no pasaron de clérigos de menores, razón por la cual representaban el peldaño más bajo del clero rural.

    Así, si analizamos la formación de todos los candidatos a beneficiados en el siglo XVII comprobaremos cómo no destacan, precisamente, por su brillantez ya que, si bien más de la mitad habían sido ordenados como Presbíteros, solo el sólo el 28 % ostentaba alguna titulación académica, - 9 licenciados y 3 bachilleres-, mientras que un 25 % de ellos era sólo clérigo de menores.[296]

    Arturo Morgado, al estudiar la provisión de beneficios eclesiásticos en la Diócesis de Cádiz durante el Antiguo Régimen (1700-1836)[297] concluye que los opositores a los Beneficios de la Parroquia de San Jorge, que fueron 124 en el siglo XVIII y 16 en el siglo XIX, con carácter general se presentaban bastante jóvenes[298] y con un mayor nivel de formación que en los siglos precedentes, toda vez que casi el 50 % de los del siglo XVIII y casi la totalidad de los del siglo XIX ostentaban ordenes mayores.[299]

    Si nos detenemos a analizar el centro en el que adquirieron su formación, podemos concluir que los aspirantes del siglo XVIII, lo hicieron predominante (27,2 %) en los centros de los conventos dominicos, el seminario diocesano de San Bartolomé (13 %) y en el gaditano colegio jesuítico de Santiago (9%) además de otros en menor proporción.[300] En el siglo XIX, en cambio, el 50 % de ellos ya lo hace en el seminario de San Bartolomé, al tiempo que los dos conventos alcalaínos y el de los dominicos de Jerez cuentan con un 6,25 % cada uno, sin que conozcamos donde lo hizo el 31 % restante.

    Un creciente nivel de formación que, unido a las reformas emprendidas por el Obispo Escalzo a fines del XVIII, permitiría que además del Beneficio, muchos de ellos pudiesen desempeñar, además, otros cargos pastorales, siendo así como se explica que 6 beneficiados pudiesen ejercer de Curas en el XVIII y que igual número de Beneficiados, en el primer tercio del XIX, desempeñasen labores de Cura (3) y de Tenientes de Cura (3).

    Lo cual viene a ponernos de manifiesto, de una parte, la preocupación de los Obispos por la situación de los curas, con múltiples obligaciones pastorales y mal dotados económicamente frente a un cuerpo de beneficiados, sin obligaciones de ningún tipo que empieza a ser percibido por la sociedad como una clase parasitaria e inútil. Aunque también es de hacer constar que, con el cambio de siglo, se producirá entre los labradores, acuciados por las cada vez más crecientes necesidades de la Real Hacienda, en un momento tan tumultuoso como es la Invasión francesa y guerra de la Independencia, cierto rechazo y negativas al pago de los Diezmos. Todo ello sin entrar en la pérdida del patrimonio eclesiástico como consecuencia de las desamortizaciones de Godoy (1798).
 

¿QUIÉNES FUERON LOS BENEFICIADOS?

     Según hemos venido exponiendo, si por algo podemos caracterizar a la práctica totalidad de los beneficiados, además de por su influjo social y cultural durante el tiempo de vigencia de la institución en la Parroquia de San Jorge será por su alcalainísmo, si bien también habríamos de destacar que a dicho elemento caracterizador se le añaden otros dos rasgos distintivos que lo potencian y refuerzan y que son de una parte la defensa de sus privilegios frente a los demás clérigos, siendo así como los encontraremos más preocupados en mantener su estatus y el de sus familias que de cualquier otra cosa y, en estrecha conexión con lo anterior, la promoción que se hace de los familiares para que ocupen los beneficios, generando esa situación endogámica a la que nos hemos referido. 

    Y aunque no conocemos el nombre de todos ellos, entre los del siglo XVI, tenemos que citar al insigne sacerdote Alonso Cárdeno, fundador del Convento de la Victoria. Mientras que en el XVII tenemos que hacer lo propio con Luis Alfonso de los Cameros,[301] Beneficiado y cura en la Parroquia y posteriormente Arzobispo de Valencia.

    Con todo, el siglo en el que nuestra Parroquia contará con el más interesante grupo de Beneficiados será el siglo XVIII, momento en el que si bien es más claramente perceptible el arraigado corporativismo en el ejercicio de sus prerrogativas, también es verdad que por sus actitudes como hombres de Iglesia, que predican con palabras y obras, se mostraron caritativos con su entorno y generosos en lo concerniente al mecenazgo para el mayor «adorno, decencia y decoro» de la Parroquia, financiando tanto retablos y enseres como obras para dignificar la Iglesia, como luego expondremos, pero también porque así trasladaban a la sociedad alcalaína un mensaje subliminal para que, por su diferencia, siga percibiéndolos como ejemplares.

    Con el fin de destacar ese carácter endogámico, que hemos expresado antes, nos acercaremos ahora, siquiera brevemente, a como se produce la sucesión y las relaciones que se producen entre tres familias concretas de beneficiados de ese siglo XVIII: los Collado, los Cortegana y los Muñoz.

    Respecto de los Collado, a los que recordamos con la Plaza que lleva su apellido, cabe decir que constituyeron una familia que, a lo largo de diferentes generaciones, pondría un importante número de sus miembros al servicio de la Iglesia local, con un buen número de sus descendientes varones dedicados a la Parroquia mientras las mujeres hacían lo propio en el Convento de Santa Clara siendo así que llegaron a extinguirse en el momento en que, precisamente, todos los integrantes de su última generación se dedicaron a su vocación religiosa. A título ilustrativo en el siglo XVIII el primer Collado que nos encontramos es Pedro Collado Cortegana, Beneficiado y Cura en la Parroquia al tiempo que Capellán en las Clarisas, quien en su testamento hace gala de todos los rasgos que antes hemos expuesto sobre los Beneficiados: mandas piadosas, acciones caritativas, legados a las instituciones religiosas y mejoras para las Iglesias.[302] Le sucederán en el beneficio hasta 6 parientes, 5 de ellos descendientes del Letrado Miguel Sánchez Collado:[303] Andrés Collado que sería además Vicario y Comisario del Santo Oficio en Alcalá; su sobrino del mismo nombre así como sus sobrinos nietos Pedro y Agustín Collado. Siendo, igualmente, reseñable que, aunque no ocuparía el cargo de Beneficiado, Andrés Collado, tuvo otro sobrino, de nombre Miguel, ordenado Presbítero. Conviviendo con estos últimos, a mediados de siglo, encontraremos también a otro beneficiado Collado, Cristóbal Collado,[304] quién detentaría un importante poder económico en lo que a rentas se refiere.

    Nos referíamos antes Pedro Collado Cortegana, apellido este último que también se repetirá en otros Beneficiados entre los que hemos de destacar a su sobrino Fernando Cortegana y Bañales, quien, a mediados del siglo XVIII a su condición de eclesiástico, -Beneficiado y Vicario-, unía la de ser uno de los principales ganaderos de la Villa.

    Una tercera estirpe de Beneficiados sería la de los Muñoz, que comenzaremos a analizar a partir de Bartolomé Muñoz Morillo,[305] tío de tres beneficiados de una generación posterior: los hermanos Cristóbal Manuel y Diego Muñoz de Medina, así como de Juan de Cárdenas, de los que cabe reseñar que el primero de ellos ejercerá de cura y desempeñará también el cargo de comisario del Santo Oficio, mientras que el segundo ejercerá como Administrador de las Rentas Decimales. Con todo, Bartolomé Muñoz, al que podríamos catalogar como prototipo del Beneficiado alcalaíno, en su deseo de mejorar la situación de sus sobrinos y de quien hubiere de sucederle en su beneficio, decide establecer en su testamento unas fundaciones de misas perpetuas, específicas, que vincula con aquellos.

    Precisamente por el testamento de Diego Muñoz[306] conocemos la liturgia y ornato que acompañaba entonces cualquier celebración solemne en la Parroquia, según recoge Avelina Benítez: «…Funda un aniversario en la parroquial el día de San Diego de Alcalá o inmediato, con doble de campanas, dotado con 4.000 reales de vellón. En él ha de cantarse vigilia y misa con vestuarios y asistirán sus hermanos beneficiados y demás ministros, recibiendo cada uno una limosna en proporción a su trabajo: el beneficiado que diga la misa, que deberá ser por turno, diez reales, los dos vestuarios, dos cada uno, los beneficiados por su asistencia a dicha vigilia, misa y responso, tres cada uno, los beneficiados caperos, uno más cada uno, el sochantre, cuatro, el sacristán, dos, el mozo de coro, dos, los cinco acólitos, uno cada uno, la fábrica, seis, y el campanero, dos; con la condición de que el que no asista pierda dicha obvención y los asistentes se repartan las de los no asistentes»[307]

    De cualquier forma, todavía conoceremos otro Beneficiado Muñoz: Pedro Muñoz de la Vega Calderón, quién aparece citado entre los diez que ocupaban el cargo en 1775. 
Pese a ello, las citadas no serían las únicas estirpes[308] toda vez que deberíamos referirnos también a los de la Jara, con Alonso de la Jara y Morito[309] y sus sobrinos Vicente de la Jara y Pedro López de la Jara como integrantes de la misma.

    Con todo, también hubo excepcionales Beneficiados que no pertenecían a grupos endogámicos como pudieron ser Diego de Viera Márquez,[310] fundador del Beaterio o su colaborador en dicha obra el Doctor Sebastián López Becerra, algunos otros de los que se consignan en el Padrón de 1775[311] o el Beneficiado Lorenzo Villanueva del que cabe destacar su importante papel en la vida alcalaína de principios del siglo XIX, y así nos consta tanto su participación en la excavación de los Santos Nuevos como para evitar males mayores durante la invasión francesa en 1810. 

 

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NOTAS

[295] Independientemente de que los conventos dominicos eran, por propia constitución, casa de estudios para sus frailes (20 fueron los del convento alcalaíno en su mejor época), y para los clérigos del lugar, hemos de destacar el hecho de que en los primeros años del siglo XVII el convento alcalaíno se convierte en «Studia Generalia» o Casa noviciado para la formación de los futuros frailes. Pero, el hecho interesante no es que en nuestro convento se formasen los novicios de la zona, sino que sirviese de noviciado para los dominicos ingleses e irlandeses, quienes, en aquel momento, se encontraban sometidos a una cruel persecución en sus respectivos países.

    Sin embargo, faltaríamos a la verdad si identificásemos al Estudio General sólo con noviciado, pues en realidad fue un centro de estudios superiores (en el que se cursaba Gramática, Latín y Moral), abierto a la sociedad en que se hallaba y fueron muchos los seglares alcalaínos y de la comarca que aprovecharon la oportunidad, única en su época, de aprender y acceder a la cultura.»

Cfr: Almagro Montes de Oca, Gabriel y Sibón Olano, José F. (1994). Santo Domingo. Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio. Ayto. de Alcalá de los Gazules. 

[296] ADC, Varios, leg. 451, 452, 453, y Secretaría, leg. 1. Cfr. Toscano de Puelles, F. op. cit. 

[297] Morgado García, Arturo. (1990). Provisión de Beneficios eclesiásticos en la Diócesis de Cádiz durante el Antiguo Régimen (1700-1836). Chronica Nova. Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada. Nº 18. (pp. 343-364). 

[298] De 124 opositores en el siglo XVIII: 1 lo hizo con menos de 20 años; 47 contaban entre 20 y 29 años; 9 entre 30 y 39 años; 8 entre 40 y 49 años; 1 más de 50 años, al tiempo que de 58 opositores no se consigna la edad.

    Por su parte en el tercio del siglo XIX, hasta la desamortización, en que se mantuvo viva la institución de los Beneficios, de los 16 alcalaínos que opositaron a ellos, 4 tenían entre 20 y 29 años; 6 entre 30 y 39 años; 3 entre 40 y 49 años y los 3 restantes más de 50 años. 

[299] Así, de los 124 opositores del siglo XVIII, cabe decir que si bien desconocemos la orden recibida por 33 de ellos, nos consta que, de los restantes, 30 eran tonsurados y clerigos de menores; 6 subdiáconos; 12 Diaconos y 43 Presbíteros. Para los del siglo XIX si bien desconocemos la ordenación recibida por 3 de ellos, nos consta que sólo había un clérigo de menores y que los restantes eran Presbíteros. 

[300] Hablamos de predominio de los conventos dominicos, pues si bien desconocemos donde estudió el 38 % de los opositores del siglo XVIII, de aquellos de los que, si tenemos documentado su lugar de estudio, el grupo mayoritario lo hizo en los centros dominicos de Cádiz (20%) y de Jerez (4,8 %), a los que llegarían procedentes del convento dominico alcalaíno en el que también los concluiría un 2,4 %. Respecto de los otros lugares de estudio, aparte del 13 % que lo hizo en el Seminario diocesano y el 9 % en el colegio jesuítico de Santiago; cabe destacar que un 1,6 % lo hizo en el convento de mínimos alcalaíno, otro porcentaje igual en el de los Mercedarios de Algeciras y finalmente un 0,8 % lo haría en la Universidad de Sevilla y en el Colegio del Sacromonte de Granada. 

[301] Fernando Toscano en su Historia del Beaterio recoge que, entre las actas del Archivo Parroquial se encuentra la del matrimonio oficiado el 15 de abril de 1624 por Cameros entre Cristóbal Pérez de Ortega y Gálvez con María Gil de Medina, quienes serían los tatarabuelos de Francisco Arcadio Ortega Cazalla, quién daría nombre al conocido como “Anden de Cazalla”, en la embarrada donde confluyen la calle Sánchez Díaz con la de San Francisco. 

[302] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 30, f. 488, 1712; y lib. 132, ff. 45-57, 1725.

    Destacar que en dicho testamento, además de las consabidas misas, muchas de ellas en fiestas concretas, atenciones a los pobres y demás, instituye legados para todas las instituciones religiosas locales de cierta entidad, entre las que destacan 400 escudos de plata para las obras que se ejecutaban en el convento de Santa Clara; 2000 reales de vellón para realizar una cajonera en la sacristía de la Parroquia; 1000 reales al Hospital de la Misericordia; 1 caballo para el servicio del santuario de Nuestra Señora de los Santos; 100 reales de vellón a la Cofradía del Carmen; una cadena de oro al Santísimo Sacramento al tiempo que perdona los 6 o 7 pesos que le adeudaba la Cofradía de Jesús Nazareno. 

[303] Todos ellos descendientes del matrimonio entre el Letrado de los Reales Consejos, Miguel Sánchez Collado y Ana Mª Alfaro Collado y Basurto, del que nacieron 8 hijos: 5 mujeres, -Leonor, Luisa, María, Ana y Francisca-, todas ellas clarisas y 3 varones, de los que 1,sería el Beneficiado Andrés Collado mientras que los otros dos contraerían matrimonio, el menor de ellos, -Francisco-, que contraería matrimonio y cuya línea sucesoria se extinguiría al tener 1 única hija y esta a su vez una única descendiente que se convertiría en monja clarisa. Y el mayor de ellos, Pedro Collado, que contraería matrimonio con Catalina de Coca, emparentada a su vez con otra estirpe de Beneficiados de la Parroquial del que nacerían 6 hijos: 3 mujeres, que serían clarisas y 3 hombres de los que uno sería Presbítero, Miguel; otro Beneficiado, Andrés y el tercero que contraería matrimonio con Catalina Doncel del que nacerían 6 hijos, 4 mujeres, que morirían solteras y 2 hombres: Pedro y Agustín, ambos beneficiados en la Parroquia. 

[304] Beneficiados y vicarios de Alcalá en 1752, según la documentación primaria del Catastro. A.M.A.G. Abecedario del Libro de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 226; Libro personal e industrial de eclesiásticos de la Villa de Alcalá, leg. 229. 

[305] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 161, ff. 66-73, 1737; lib. 276, ff. 64- 65, 1739; y lib. 275, ff. 233 243, 1740. 

[306] A.H.P.CA. PN. ALCALA DE LOS GAZULES, lib. 183, ff. 167-168, 1765; y lib. 415, ff. 8-24, 1777. 

[307] Benítez Barea, Avelina. La jerarquía eclesiástica rural... Óp. cit. (pp. 1227-1240). 

[308] En el Alcalá del siglo XVIII, además de las estirpes familiares de Beneficiados conoceremos otras de cura como las de los Trujillo, entre los que destacan Alonso de Trujillo y Naba y su hermano Diego Francisco. 

[309] Vicario, Cura, Beneficiado y Administrador de las Rentas Decimales 

[310]  Parece ser que presentó a las oposiciones para Beneficiado en 1762, aduciendo haber cursado sus estudios de Teología Moral en el Convento de Santo Domingo de Alcalá, aunque no los obtuvo hasta 1765. 

[311] A.M.A.G. Alistamientos y sorteos de milicias. Según dicho Padrón en la Villa residían un total de 32 eclesiásticos y entre ellos los 10 beneficiados siguientes: Cristóbal José Collado y Doncel, Vicario y Beneficiado; Francisco de Oliva, Cura más antiguo y Beneficiado; Félix Manrique, Beneficiado y Cura; Tomás José Castaño, Beneficiado y Cura; Diego Muñoz, Beneficiado, Alonso de la Jara, Beneficiado, Pedro Muñoz de la Vega y Calderón, Beneficiado, Francisco de Velasco, Beneficiado, Juan Camacho, Beneficiado y Alonso González, Beneficiado.