sábado, 20 de octubre de 2018

La calle San Sebastián


Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos del año 2000

Martín BUENO LOZANO 

      El año de 1348 merece ser señalado con piedra negra por haber sido uno de los más funestos, si no que el que más, de la historia. En él se declaró la peste “una de las enfermedades infecto-contagiosas -he leído- más mortíferas que ha padecido el hombre” traída de Asia por una invasión de ratas de las clasificadas como negras. 

      Se distinguía por unos bubones, así como bellotas e incluso huevos, principalmente en las axilas y las ingles o por manchas oscuras extendidas por el cuerpo, debido a lo cual recibió los nombres de peste bubónica o peste negra según uno u otro síntoma. El enfermo moría rápidamente entre atroces dolores. 

      Fue espantoso. Dos o tres años bastaron para diezmar la población de Europa y dejarla en situación crítica. Se calcula que murieron más de veinticinco millones de personas, entre la cuarta y la tercera parte de la población. Desaparecieron un gran número de pueblos y aldeas y grandes ciudades como Florencia, Venecia y París vieron sus padrones reducidos a la mitad. Los enterradores no daban abasto y se vieron los cadáveres apilados por las calles. El padre Sarmiento, historiador, afirma que “después del diluvio universal no había habido en el mundo calamidad igual” 

      Aquella carnicería se extendió como la pólvora. Pronto se asomó al Estrecho, y Alcalá pudo tener la experiencia directa, a ojos vista, de la tragedia. Porque vio pasar el cadáver del rey Alfonso XI -una de sus víctimas más sonadas- procedente de Gibraltar, en cuyo asedio, según la crónica, “adolesció de landres, o sea bubones, que era carácter cierto de la pestilencia, y acabó la gloriosa carrera de su vida y reinado en el día de viernes santo, 26 de marzo de 1350, a los veintiocho años de su edad”. Pasaría por Alcalá el sábado de gloria o domingo de resurrección siguientes. 

      Aquella primera peste se fue reproduciendo periódicamente durante tres siglos. Las historias particulares de nuestros pueblos son testimonio. (Merecen un estudio aparte). Alcalá, una vez al menos, no se libró de tan siniestra lotería. Pedro Barbadillo en su «Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda» escribe: “Por el mes de noviembre de 1522 había peste en Gibraltar y en Vejer, y también en Alcalá”. 

      Los pueblos, en consecuencia, vivían aterrorizados bajo la permanente amenaza del mal. Tanto más cuanto que se ignoraba su origen. Hasta fines del siglo pasado no se supo que la enfermedad se debía a un bacilo transmitido por la picadura de las pulgas de las ratas infestadas. 

      Mientras tanto, en siglos, los médicos, ignorantes del enemigo, anduvieron dando palos de ciego recetando remedios- su lista es interminable- que de nada servían. 

     Siendo evidente su naturaleza contagiosa, el remedio más seguro era el del alejamiento. Del duque de Medina Sidonia se cuenta en su crónica que, habiéndose declarado la peste en Sevilla, donde su residencia, a principios de 1507, estuvo seis meses vagando por los pueblos “donde no morían” hasta que desapareció el peligro. 

      A nuestros remotos abuelos, por lo menos a los míos, que no eran duques, no les quedaba más amparo que acogerse a los santos, concretamente en nuestro Obispado de Cádiz a San Sebastián, abogado contra la peste, al que edificaron sendas ermitas en las afueras de cada uno de sus pueblos. 

      Las epidemias terminaron con la padecida a mediados del XVII. Terrible como todas, se extendió por el sur. De ella dice Ayala, historiador de Gibraltar, que “causó grandes estragos por los años de 1649, cuando, propagada por Cádiz, arruinó a la opulenta Sevilla, emporio entonces famosísimo por donde se comunicaban a Europa las riquezas del nuevo mundo. Gibraltar -continúa- participó de aquel azote, y murieron generalmente cuantos llegaron a sentirlo”. Por aquel mismo tiempo, en Medina, según el vicario Martínez, su historiador, “para preservar a la ciudad de la peste, entre otros arbitrios, se usó el de guardar sus puertas para impedir la entrada del que no trajera pasaporte de sanidad”. 

      En Alcalá, un siglo antes se tomaban las mismas precauciones, así en las Ordenanzas pactadas entre Alcalá y el Duque, para el gobierno de Alcalá, publicadas en 1528 y en su Título XXXVIII manda: “que quando se pusiesen guardas en esta villa (...) para guarda de la pestilencia (...) que si se provare se usó mal de la guarda, que le sean dados cient açotes...” Evidentemente se quería evitar la repetición de la epidemia registrada en Alcalá el año de 1522. En 1649, no consta, al menos al que esto escribe, si se usaron o no dichas guardas, como tampoco sí, en aquella ocasión el contagio penetró o no en el pueblo. Fuente segura hubiera sido el Libro de funerales y defunciones de la Parroquia, pero no se abrió hasta más tarde, cuando ya había desaparecido la enfermedad. 

      Fue curioso. Porque “uno de los factores de su desaparición -tomo el dato de una historia de la medicina- fue la eliminación de la rata negra por la invasión de otra de las llamadas grises” más fuertes y sanas. 

      La epidemia no volvió más. Con el tiempo se fue olvidando y, al compás de su olvido, la devoción a San Sebastián. Desaparecieron todas las ermitas de las que sólo se saben los lugares de sus emplazamientos y algunos vestigios como imágenes, rótulos callejeros, etc. En Alcalá le queda una calle paralela, a la izquierda, al final de la de los Pozos, en una de cuyas casas se halló la ermita del santo, entonces solitaria en las afueras, como las de los demás pueblos, y hoy rodeada de un barrio; además, la imagen, que la presidió, se encuentra en el altar mayor de la Parroquia.

Edificio de la calle San Sebastián donde se cree estaba la antigua ermita

sábado, 13 de octubre de 2018

Notas biográficas sobre un alcalaíno ilustre: Bartolomé de Palma



(Extracto de una biografía inédita sobre el Doctor Palma y su hijo Bartolomé de Mesa) 

Ismael Almagro Montes de Oca 


      Desconocemos la fecha de nacimiento de Bartolomé de Palma, pero, teniendo en cuenta que murió en 1604 y el número de hijos que tuvo, creemos debió producirse en torno a mitad del siglo XVI. 

     En el Archivo Parroquial de Alcalá se conservan partidas de bautismo desde 1534 en adelante, si bien en los libros 1º y 2º, que abarcan prácticamente hasta 1600, las mismas no se encuentran anotadas por orden cronológico sino totalmente desordenadas. Esto es debido a que, en el año 1776, el visitador del obispado, estando la sede episcopal vacante, ordenó hacer copia de la gran cantidad de papeles antiguos y sueltos de dicho archivo, lo que dificulta sobremanera intentar localizar una partida de bautismo. 

     Sin embargo, tras una ardua y minuciosa labor de investigación, conseguimos dar con una, inscrita en 1538, que recoge el bautizo de un niño al que se le pone por nombre Bartolomé y su padre se apellida De Palma. Con estos datos, y dado que en esta época hemos podido constatar la existencia de varias personas con el mismo apellido, no podíamos asegurar que se tratara del futuro doctor. Sin embargo, hemos podido localizar documentación del hijo del Doctor, en donde se hace un interrogatorio a ciertos testigos sobre los ancestros del mismo, y que nos han dado la clave para despejar las incógnitas, ya que una de las preguntas es la siguiente: “Yten si saven que el dicho doctor Palma de mesa oydor fue hijo lejitimo de baltasar de palma y Castro y Juana Ramos de messa su lejitima mujer...” 


      Efectivamente, estos son los apellidos que aparecen en la citada partida de bautismo: 

“En diez e seis días del mes de Junio año suso dho baptice yo diego Marquez clérigo cura desta Yglª d Sn Jorge a Bartme hijo de Balthasar de Palma y de Juana Ramos su legitima muger fueron padrinos Diego Cameros y dª Ysabel su mugr y Mari Cardena mugr de Marcos Garcia e Ysabel Gomez mugr de Hernan Lopez en fee de lo qual lo firme de mi nombre= Diego Marquez Cleº (Clérigo)”[1]


      Por tanto, podemos afirmar que nuestro ilustre paisano tuvo que venir al mundo poco antes de junio de 1538. 

     En cuanto a su familia, según consta en las informaciones anteriormente mencionadas, algunos testigos aseguran haber visto documentos en poder de Bartolomé de Mesa certificando la hidalguía y limpieza de sangre tanto de su abuelo, Baltasar de Palma y Castro como de su abuela Juana Ramos de Mesa, que eran tenidos en su pueblo, Alcalá, por personas nobles y gozaban de los privilegios de los hidalgos notorios. A este respecto, cabe añadir que, en un padrón de moneda forera de 1557 conservado en el Archivo municipal alcalaíno,[2] entre los 25 hijosdalgo recogidos, figura Melchor de Palma y Mesa. Aunque estos apellidos nos puedan hacer pensar en un hermano, creemos que en realidad se trata de un tío de Bartolomé de Palma, según se desprende de la información contenida en el expediente de Alonso de Palma para pasar a Perú, a quien erróneamente se ha identificado como hijo de nuestro jurista. El error se debe a que el padre de este Alonso también se llama Bartolomé de Palma. En dicho expediente se aporta el testimonio de un vecino de Alcalá, Alonso García Ronquillo, quien reconoce que “Alonso de palma es hijo ligitimo y natural de brme de palma y maria garcia vs (vecinos) que fueron de esta dha villa difuntos y nieto de Alonso martin de palma y de catalina tosino” Otro testigo, Hernando García, menciona además que ambos Bartolos, el padre de Alonso y nuestro doctor son primos: “conocio al dho bartolome de palma padre del dho Alonso de palma ser regidor desta dha villa y a su tio melchior de palma alcalde mayor desta dha villa munchos años y alcalde hordinario y a su tio el dotor palma y mesa/ primo hermano del dho bartolome de palma…” 

      Este Melchor de Palma, alcalde mayor entre 1582 y 1585, casado con Elvira de Aragón [3], es conocido como el mozo, para diferenciarlo de su padre, que es el que aparece como hidalgo. 

      Sabemos también por las actas del ayuntamiento que la familia Palma se dedica al oficio de la curtiduría de pieles para abastecer a la villa. En la década de los años 40 del siglo XVI, junto al carpintero Fernando Márquez, arriendan la tenería municipal en la zona del Prado por un plazo de 10 años. En 1543, ante el estado ruinoso que presenta, el cabildo les recuerda la obligación que tienen de repararla.[4] Un primo del futuro doctor Palma, Alonso Martín de Palma, alegará algunos años más tarde que Fernando Márquez, ya difunto, era quien estaba obligado a repararla, siendo su estado tan lamentable que “dos paredes q tiene la tenería raydas y tan malas q pueden entrar dentro a le fazer daño”. Se ofrece sin embargo a restaurarla si el cabildo le cede la tenería a tributo perpetuo.[5]

      Precisamente, este Martín de Palma mantendrá un pleito en 1554 con su tío, Baltasar de Palma sobre la renta y terralgos de una caballería de tierra del entonces marqués de Tarifa.[6]

      Siguiendo con el linaje familiar, otro Martín de Palma, Juan, casa con Francisca de Palma, con quien tendrá en 1549 a Bartolomé.[7] Este mismo ejercerá el cargo de regidor del ayuntamiento alcalaíno al menos entre 1583 y 1585. Hemos localizado también un bautizo en 1579 de un Melchor de Palma, hijo de Juan Martín de Palma y Elvira Rodríguez, pero no hemos podido verificar si se trata de la misma persona que enviudó y casó de nuevo, o bien de un hijo de este con el mismo nombre.[8] Nos consta además la existencia de Pedro Martin de Palma, padre a su vez de otro Pedro. 

      Baltasar de Palma, padre de nuestro protagonista, tiene negocios ganaderos, en concreto piaras de cochinos, obteniendo en 1557 licencia del cabildo municipal para construir un corral para los mismos en el Monte Abajo.[9] En 1561, seguramente para alimentar a sus cerdos, compra el fruto del tronco o echo de bellota que el cabildo de Alcalá donó a la cofradía de la Veracruz para ayuda a levantar su iglesia.[10]


NOTAS

[1] Archivo Parroquial Alcalá de los Gazules. Libro 1º bautismos, folio 89 vto. y 90 

[2] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. (AMAG). Legajo 2, folio 335. Acta del cabildo del 20 de julio de 1557 

[3] Archivo Parroquial de Alcalá de los Gazules. Libro de Bautismos nº 1. Acta bautismal de Catalina, fechada el 22 de septiembre de 1567. 

[4] Ib. Legajo 1 folio48 vto. Cabildo del 28 de mayo de 1543. 

[5] Ib. Legajo 1 folio 301. Cabildo del 22 de marzo de 1546 

[6] Ib. Legajo 2 folio 77 vto. Cabildo del lunes 12 de marzo de 1554. 

[7] Archivo Parroquial de Alcalá de los Gazules. Libro de Bautismos nº 1 folio 13. Bautizado el 13 de marzo 

[8] Ib. Libro de Bautismos nº 1 folio 71. Bautizado el 12 de enero. 

[9] AMAG. Legajo 2 folio 369 vto. Cabildo del lunes 11 de octubre de 1557 

[10] Ib. Legajo 3 folio 117. Cabildo del 26 de enero de 1562.

sábado, 6 de octubre de 2018

Las Rentas Señoriales de Alcalá de los Gazules en las Ordenanzas del Marqués de Tarifa (1528) (I)


Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos del año 2000

Marcos FERNÁNDEZ GÓMEZ


INTRODUCCION 

   Las páginas que siguen a continuación pretenden describir el sistema de percepción y los componentes de las rentas señoriales que los Adelantados de Andalucía gozaban en su villa de Alcalá de los Gazules. Para su estudio he utilizado fundamentalmente la información que proporcionan las amplísimas Ordenanzas que D. Fadrique Enríquez de Ribera, Iº marqués de Tarifa, otorgó a Alcalá en 1528 (1). La falta de espacio nos ha impedido complementar de forma adecuada los datos cualitativos que aporta esta fuente con los datos cuantitativos concretos y su evolución, extraídos de la documentación rentística de la contaduría señorial de Alcalá. 

      También quisiera señalar que se puede afirmar por indicios indirectos que los componentes de las rentas señoriales descritos en la Ordenanzas de 1528 reflejan, sin grandes alteraciones, la misma situación existente al menos desde el último cuarto del S. XV. En el sentido inverso, puede considerarse por la documentación conservada que la recopilación del marqués de Tarifa, con sus renovaciones y supresiones y las alteraciones provocadas por los sucesivos acuerdos o transacciones entre la villa y el señor, se mantuvo vigente prácticamente durante todo el Antiguo Régimen como marco jurídico en las relaciones entre Alcalá y sus señores.



1.- EL MAYORDOMO DEL SEÑOR 

      Este representante del señor, pieza clave en la administración señorial, tenía funciones similares a las de su homónimo del concejo, si bien su campo de trabajo no eran los bienes de propios sino el patrimonio señorial: era el encargado de la gestión económica de los bienes y rentas que el señor poseía en la villa de Alcalá. Su cometido principal se manifiesta en el documento que debían firmar los mayordomos cuando accedían a dicho cargo: “demandar a recabdar e resçebir a aver e cobrar todos los mrs. e pan, trigo e çevada e otras cualquier cosas pertenesçientes a la renta de su señoría..”.(2) Las Ordenanzas permitían al mayordomo nombrar a un alguacil que cobrase el dinero de las rentas (3), aunque era únicamente al mayordomo a quien el señor podía pedir cuenta de ellas (4). Las Ordenanzas de Alcalá nos muestran las condiciones que regían la actividad del mayordomo señorial aspecto poco conocido en los estudios sobre señoríos andaluces. Sus responsabilidades y obligaciones principales eran las siguientes: 

1- Respecto a los asientos de tierra señoriales, era el responsable de que a mediados de septiembre estuviesen recogidos en los almacenes del señor los cereales procedentes de los terrazgos, o bien iniciadas las diligencias necesarias contra los agricultores morosos. A lo largo de septiembre tenía que dar a los labradores las cartas de pago y finiquito de dichos terrazgos. Si en octubre el mayordomo aún no había recibido los terrazgos que le debían, tenía que responder de ellos con sus propios bienes (5)

2.- Los cereales que custodiaba en los almacenes no podían ser mezclados con los de otras personas ni con los del mismo mayordomo, bajo pena de perderlos y pagar además en dinero el valor de los cereales. Tampoco podía tomar el trigo o la cebada del señor sin su licencia, teniendo en caso contrario que pagar un cahiz por cada fanega tomada (6). Las Ventas de trigo y cebada, siempre con el consentimiento señorial, tenían que ser realizadas ante un escribano que anotase la cantidad de lo vendido, el precio y los datos del comprador (7). Cada año había que examinar las medidas utilizadas por el mayordomo para garantizar la justicia de estas ventas (8)


3.- Para las rentas pagadas en metálico, se comprometía a cobrarlas en los plazos establecidos en los contratos de arrendamiento, con margen de 10 días. Si al cabo de este tiempo no se cobraban ni se iniciaban las diligencias oportunas, el señor podía obligar a su mayordomo a pagarlas de sus bienes (9). El envío del dinero a la contaduría señorial se tenía que hacer en los 30 días siguientes al cumplimiento de los plazos. Para ello, el mayordomo podía exigir al alcaide o a los alcaldes que le proporcionase los hombres necesarios, pagándoles de la hacienda señorial 2 reales al caballero y uno al peón por cada día de trabajo (10)

4.- Otra de las condiciones requeridas era la obligación de mantener en buen estado las propiedades e instalaciones del señor: casas, caballerizas, cillas y carnicerías. El mayordomo podía llevar a cabo las reparaciones que estimase necesarias, sin tener que contar para ello con el consentimiento del señor (11); sólo se exigía que los gastos ocasionados por éste o por cualquier otro motivo, fuesen realizados ante los alcaldes o personas señaladas por el señor (12). También debía examinar el estado de la fortaleza y muros de la villa e informar al señor sobre las necesidades de reparaciones (13). En todas las obras realizadas por el señor se prohibía que interviniesen esclavos, criados o animales del alcaide o del mayordomo (14)

5.- Los arrendamientos de las rentas de dinero y de las tierras de pan eran realizados por el mayordomo, estando presentes el alcalde o alguno de los alcaldes locales. Para los asientos de tierra, el señor exigía además que el mayordomo fuese acompañado por una persona designada especialmente por él (15), mientras que los arrendamientos de dehesas sólo podían hacerlos las personas que el señor comisionase para ello (16). Posiblemente, el mayordomo administrase directamente aquellas rentas que quedasen sin arrendar, situación que hemos comprobado para la mayordomía de Bornos (17)

      Además del arrendamiento y cobro de las rentas, el mayordomo tenía que dar cuenta anualmente de los gastos producidos por la mayordomía. En 1579, el mayordomo Juan García Partidor declaró ante el escribano del Cabildo un total de 99.832 mrs., incluyendo gastos de limosnas, compra de provisiones para el señor, reparaciones en la carnicería, pago de los 8000 mrs. de la carnicería pertenecientes al Concejo, gasto de transporte y medición del grano etc. (18) 

2. EL ARRENDAMIENTO DE LAS RENTAS 

     Las condiciones generales para el arrendamiento de las rentas señoriales eran fundamentalmente las siguientes: 

1.- El primer paso era el pregón, que debía hacerse público 8 días antes de realizarse la subasta (19). En el momento antes de iniciarse los arrendamientos, el pregonero tenía que leer las ordenanzas referidas al hacer de las rentas (20)

2.- Todo el proceso se realizaba públicamente, en la plaza en un día de fiesta, ante un escribano, el mayordomo y ante las personas designadas por el señor. El pregonero nombraba a los ponedores o pujadores y la cantidad que cada uno pujaba, hasta que finalmente se remataba la renta (21). Este requisito de la publicidad era importante para evitar posibles arreglos entre el mayordomo y algún pujador. 

3.- Otra de las condiciones era la prohibición de rematar cualquier renta a nombre del monasterio dominico de la villa (22)

4.- También estaba prohibido hacer uniones o ligas de pujadores para ir contra cualquiera de las rentas, así como arrendar una renta para tercera persona, ya que el nombre de los pujadores tenía que ser registrado por el escribano durante la subasta. En ambos casos, la pena impuesta a los culpables era de 20.000 mrs. y el señor, si quería, podía cancelar el arrendamiento, aunque ya hubiese recibido algunas pagas. El traspaso en la titularidad del arrendamiento sólo se consideraba válido si se realizaba con posterioridad al remate y no antes de éste (23)

5.- El arrendador se comprometía a hacer efectivo el montante del remate sin pedir descuento alguno “por ningund año fotuyto.... asy de fuego como de aguas e secas e eladas e guerras e pestilençías...”, tal y como se exigía en el arrendamiento de las rentas reales. Las pagas tenían que ajustarse a las fechas señaladas en los contratos o, en caso contrario, su importe debería pagarse doblado. Cuando el impago obligaba al embargo de bienes, el arrendador renunciaba a los plazos que para ello se establecían en las leyes reales y aceptaba un plazo de sólo 3 días para llevarse a cabo los pregones, sentencias y remates ocasionados por el embargo. El arrendador renunciaba también a cualquier tipo de apelación que, sobre el embargo o ejecución de sus bienes, pudiese realizar ante los jueces e instituciones de la monarquía. 

6.- Este embargo de bienes tenía que realizarlo el mayordomo, en primer lugar sobre el ganado -por orden de preferencia vacas, bueyes, cerdos y ovejas-, después sobre los esclavos y en último lugar se embargarían los bienes raíces. Para que el pago de lo adeudado estuviese mejor asegurado, se permitía embargar además por el valor de un tercio adicional de la deuda. En toda operación de embargo o ejecución de bienes, el mayordomo debía avisar al alguacil de la villa (24)

7.- Por último, debemos considerar que el señor garantizaba en sus Ordenanzas el normal arrendamiento de sus rentas de Alcalá y protegía a arrendatarios, pues en ellas se disponen severas penas -2.000 mrs. y 10 días de cárcel en una ordenanza (25) y 100 azotes dados públicamente por las calles y plazas de la villa, en otra (26)- para quienes hablasen mal o dificultasen dichos arrendamientos.

Cuando el trigo escaseaba, el cabildo alcalaíno solicitaba al Duque  que le vendiera del que poseía. En la foto, respuesta del duque a la petición hecha en 1561. (AMAG. Libro 3 de Actas de Cabildo. Sesión del lunes 22 de octubre, folio 96)


NOTAS

(1) 1528, junio, 30. Cañete. Las Ordenanzas originales en el Archivo Municipal de Alcalá, Secc. Gobierno, 59-1.5. Varias copias del s. XVIII en el A(rchivo). D(ucal).M(edinaceli)., Sección Alcalá 76-5. El modo de citar las ordenanzas concretas está tomado del que utilicé en el estudio y edición que he realizado sobre las Ordenanzas de Alcalá,-publicadas por el Ilmo. Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules, conjuntamente con la Diputación Provincial y la Universidad de Cádiz, Cádiz, 1997-, consistente en dos números, uno romano, que hace referencia al título o división por materia, y otro arábigo que expresa el número de orden de un artículo concreto dentro del título 

(2) Tít. LXXI (folio 133 rº). 

(3) Ordª Vl-4. 

(4) Además, necesitaba presentar fiadores: LXXI (fol. 135º). 

(5) Ordª LXI-5. 

(6) Ordª LXI-10. 

(7) Ordª LXI-6. 

(8) Ordª LXI-11. 

(9)Tít. LXXI (fol. 134 vº). 

(10) Ordª LX1-14. 

(11) Ordª LXI-9. 

(12) Ordª LXI-7. 

(13) Ordª LXI-9. 

(14) Ibid. 

(15) Ordª LX1-35. 

(16) Ordª LXI-4. 

(17) En las Ordenanzas de Bornos, A.D.M., Medinaceli 245-15, fol CLXXVI rº se dispone que el mayordomo que hiziere la renta de la montaracía percibiría un tercio de las penas acusadas. 

(18) A.D.M., Alcalá 46-1. 

(19) Ordª LXI-1. 

(20) Ordª LXI-19. 

(21) Ordª LX1-17. 

(22) Ordª LXI-29. Esta ordenanza no es más que una consecuencia de las condiciones impuestas a los dominicos por el marqués de Tarifa para su establecimiento en Alcalá-A.D.M., Alcalá 75-38. 

(23) Ordª LXI-3. 

(24) Ordª LXI-31. 

(25) Ordª LXII-46. 

(26) Ordª LXI-26. La ordenanza LXVI-73 penaba los insultos proferidos contra el montaraz con 1000 mrs., duplicándose y añadiéndose 20 días de prisión si el insulto se decía ante el juez. 


sábado, 29 de septiembre de 2018

Alcalá y la primera guerra del Rif


Ismael Almagro Montes de Oca 

      El 3 de octubre de 1893, varios miles de rifeños atacan las obras de fortificación de Sidi Guariach, en las afueras de Melilla, por considerar que aquel lugar era sagrado, desobedeciendo las órdenes del sultán. 

     Los prolegómenos de este conflicto fueron recogidos por la prensa de la época: 

     “Según telegrafían á El Imparcial, santones van de aduar en aduar predicando la guerra santa y excitando á los riffeños para que sean terribles en la próxima lucha. 

      Consta por todas las noticias que las kabilas se han negado á obedecer la carta o edicto que les envió el ministro del sultán Sidi Mohamed Torres, en que les ordenaba que no se opusieran á la construcción del fuerte de Sidii Aguariach. 

     Los jefes de las kábilas han contestado a este edicto que no pueden consentir en modo alguno que el fuerte se edifique, añadiendo que el sultán no tiene autoridad para ordenárselo. 

     Están decididos á impedir las obras, y en cuanto comiencen, atacarán á los soldados. 

     El mismo corresponsal añade que estos días se han celebrado importantes reuniones de moros…”[1]

Soldados españoles en el Fuerte San Lorenzo (fuente ABC 04/11/1893)

      Como consecuencia del alzamiento de los rifeños, una ola de patriotismo recorre la península, sumándose nuestra localidad el 9 de noviembre, con la aprobación de una propuesta del alcalde D. Antonio Pastor para socorrer a los soldados alcalaínos que resultaran heridos y a las familias de los fallecidos. La exposición del alcalde es la siguiente: 

     “Iltmo. Sor.= Una ofensa inferida a nuestra bandera por los barbaros del Riff obliga a que millares de hermanos nuestros invadan el campo Africano a derramar su sangre para lavar tal ultraje; nadie mejor que los heridos o inútiles de esa Campaña necesitan el Auxilio de todos y todos en la obligación de prestárselo.= 

     A este fin y a pesar de la penuria que agobia a estos fondos municipales, tengo el honor de proponer a la Corporación. 

     Que se entreguen 125 pesetas con destino a la asociación de la Cruz Roja de Cádiz la cual se librará con cargo al capítulo de imprevistos. 

     Conceder una pensión vitalicia de una peseta diaria a los padres pobres del primer soldado hijo de esta Ciudad que muera en la Campaña. 

     Otra también vitalicia de setenta y cinco centimos de peseta diaria al soldado hijo de esta ciudad que quede inútil e imposibilitado de ejercer cargo, oficio o profesión alguna. 

     Colocar en las dependencias del Municipio a los que queden inútiles y sean compatibles el cargo con la inutilidad, y por ultimo. 

     Hacer presente al Gobierno de S. M. por conducto del Exmo. Sor. Gobernador Civil de la Provincia la adhesión incondicional de este Municipio el que le felicita por las acertadas disposicones adoptadas con motivo del conflicto surgido en Melilla. 

     El Ayuntamiento sin embargo acordará como siempre lo mas acertado en justicia. 

     Casas de Ayuntamiento de Alcala de los Gazules a 9 de noviembre de 1893 = Antº Pastor. 

    El Ayuntamiento lo aprobó por unanimidad y acordó abrir una suscrición para recaudar fondos con destino a la asociación de la Cruz Roja.”[2]



NOTAS

[1] El Popular. Diario Independiente. Año XXV, nº 10575 pág. 2. Edición del 17 de octubre. 

[2] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Actas de sesiones del Ayuntamiento pleno. Libro sin catalogar. Punto 5º de la sesión del 9 de noviembre de 1893.

sábado, 22 de septiembre de 2018

La frontera entre la Alcalá cristiana y la Jimena mora (II)


CARACTERISTICAS

      Vistos desde las llanuras del este de la provincia de Cádiz, ocupadas ya por ellos, los montes que se levantan detrás de Alcalá, aparecerían a los ojos de los cristianos como obstáculos casi insuperables. Para atravesarlos contaban sólo con un camino de herradura inadecuado para el paso de la tropa. De su dificultad sabemos por José María Puelles y Centeno que lo anduvo en el año 1873. Había terminado la carrera de medicina e iba a Jimena a tomar posesión de su primera plaza: “Tomamos por guía -escribe- a un tal Lechugo, salí en hermosísima mañana de primavera por el camino de los Pozos para la villa de Jimena, montado en mulo de sierra, y empezamos a recorrer aquellas abruptas montañas de los Gazules entre precipicios, torrentes, lajas y despeñaderos, que constituyen el llamado "Camino del Infierno", que a mí me pareció de la Gloria" (Tal su ilusión por estrenarse de médico). Llegué a Jimena -prosigue- a la caída de la tarde después de la difícil y larga caminata por los desfiladeros y gargantas del Montero, Arnao y Sierra de Cámara”. El libro de la Montería, ya en el XIV, habla del camino de Ximena (15).

       Si los cristianos tenían proyecto, como tenían, de seguir avanzando, se veían obligados a escoger terrenos más fáciles. Lo eran la salida del Barbate por las Tablas de Benalup o los llanos de Tahivilla, o bajando hacia la bahía de Algeciras por las orillas del rio de las Cañas. Aparte de que Ia necesidad de ocupar los puertos del Estrecho los obligaba a escoger estas salidas. Era necesario cortarles toda comunicación a los moros de aquí con los de allí, de los que podían recibir ayuda, como de hecho recibieron y contribuyeron a que la vida del Reino de Granada se prolongara en el tiempo.

      Por eso, mientras que los mapas de estos montes no muestran vestigio alguno de edificación militar, ni toponimia que denuncie haberla habido, en los de las otras dos salidas sí los hay de la existencia de ruinosos castillos, o de nombres que evidencian la antigua existencia de alguna construcción militar.

       Y así, por el río de las Cañas, encuéntranse a su izquierda y derecha lugares nombrados como de "los Castillejos", "el Castillo", "Collado del Castillo", "Cerro del Castillo", "Cortijo del Castillo", "Atalaya de Maldía"..., y por el lado de la salida del río Barbate, las ruinas de las torres de Benalup, de Torrejosa y del Rayo, amén de varios topónimos indicativos de su antiguo carácter guerrero (16).

      Durante mucho tiempo Jimena no sufrió la guerra. Sólo muy de cuando en cuando le llegaban de allá abajo los ecos de las batallas.

       El cerco de Algeciras en tiempos de Alfonso X duró un verano; el de Tarifa en los de Sancho IV otro, así como el siguiente de Algeciras en los de Fernando IV; la batalla del Salado un día; los dos años casi del asedio de Algeciras por Alfonso XI fueron una excepción; el que el mismo rey, varios años después, puso a Gibraltar duró poco debido a que, como es sabido, su muerte causada por la peste obligó a levantarlo; la pérdida de Algeciras fue fulminante...

      Visto bien, en los dos siglos aproximados de frontera las batallas celebradas en la región del Estrecho no llegaron a cuatro años. Larguísimos periodos de paz se intercalaron entre ellas, durante los cuales unos y otros se trataron como vecinos. Tenemos el caso de aquellas galeras que, en el año 1404, llegaron ante Gibraltar, “e vino de allí una zabra en que venía un caballero moro” a invitarles a bajar para agasajarlos con un convite y bailes al son de “añafiles e de jabegas e de otros estrumentos” (17).

       Así las cosas, no resulta extraño imaginarse en aquellos montes de Alcalá y Jimena a carboneros y ganaderos en mutuo trato, incluso amistoso. Sólo se sabe, al menos yo, de dos casos en los que los moros jimenatos intervinieron en alguna refriega por los años de 1360, y no, precisamente, por los lugares que nos ocupan, sino por los de Jerez.

       Una de ellas ha dejado preclaro vestigio. Porque, hallándose los de Jimena, juntamente con moros de Gibraltar y de Ronda, razziando los campos de allí, los jerezanos los sorprendieron y ahuyentaron en un lugar llamado el “Sotillo”, en el que, en acción de gracias, levantaron una capilla en honor de Nuestra Señora de la Defensión, cuyo título conserva la cartuja levantada en el mismo lugar (18).

       Como consecuencia de tan prolongada paz, Jimena alcanzó fama de población importante y próspera, como se refleja en los documentos y crónicas de la época.

       Tanta y tan larga ventura había de tener su fin.

Jimena en 1740

DURACION

       La frontera, como ya tenemos dicho, tuvo dos épocas. Sabemos del fin de la primera por tres documentos: un acta del Cabildo de la ciudad de Jerez, su fecha 9 de Marzo de 1431, una carta dirigida al rey por la misma ciudad dándole cuenta de la toma de Jimena del 20 del mismo mes, y la “Crónica” de Alvar de Santa María, cuyo capítulo sobre el acontecimiento escribió en Córdoba al tiempo que recibía la noticia.

      Por esta fidedigna documentación se sabe que el día 9 ya dicho, viernes, se presentó Pedro García de Herrera, el mariscal, ante los regidores de Jerez, reunidos en cabildo, para comunicarles su decisión de conquistar Jimena y pedirles ayuda. “Dijeronle que les placía”, y se la prestaron.

      El domingo, “que contaron once del mes de Marzo”, se adelantaron las fuerzas de choque, como si dijéramos, en dirección de Alcalá, para proseguir el lunes -doce- hacia Jimena, donde llegaron “a la media noche”. Cuatro de aquellos soldados, aprovechándose del “gran viento e oscuridad que acía”, escalaron los muros cogiendo desprevenidos a los guardas, abrieron la puerta, y unos por ésta y otros por las escalas entraron en la fortaleza y la ocuparon.

“Ovieron grandes combates e peleas... por ser como es, fuerte, buena villa e de las mejores e más onradas e más asentadas que en el Reino de Granada avía”.

      La pelea siguió hasta el día siguiente -martes trece- en que se entró en la villa por la fuerza “hora del mediodía”.

       Los moros hablaron con el mariscal, “e tomaron dél seguro que los dexase ir, e así partieron sin llevarse nada de lo suyo, de que el mariscal e los suyos ovieron muy gran despojo de oro o plata e joyas e otras muchas prenseas de casa” (19).

       Tomada Jimena y desaparecida, por ende, Ia frontera que la dividía de Alcalá, pudiera pensarse que este trabajo había llegado a su fin. Y no, porque volvieron los moros deshaciendo lo hecho.

      Hasta hace poco no se había sabido a ciencia cierta cuándo. Hoy sí. Documentado en el Archivo Municipal de Lebrija, apareció el dato el año 1971 en una historia de aquella ciudad, de cuyos episodios uno estuvo directamente relacionado con la pérdida de Jimena.

      En ella se dice que a finales de Agosto de 1461 se corrieron las voces de que “los moros querían sentar en nuestra tierra”. Reunido el Cabildo, puso a la población en estado de alerta “barrerando” las calles y estableciendo vigilancia permanente.

      El día 16 de Septiembre se recibió carta ordenando que las huestes locales estuvieran apercibidas. Así se hizo saber al vecindario mediante repique de campanas, y se pidió a Jerez que pusiera centinelas en el Gibalbín, desde cuya altura se divisa toda la comarca, para que avisaran por “alminara” (ahumada) de la llegada del enemigo.

      Todo podía suceder. El rey de Castilla, Juan II, se hallaba sobrepasado por los acontecimientos del reino en claro estado de descomposición con detrimento de la atención a las defensas que se hallaban abandonadas. Y los moros lo sabían.

       El mismo día “a la hora del Angelus”, llegó otra carta dando cuenta de que el enemigo venía sobre Jimena, y, al amanecer del día siguiente, otra informando de que ya la combatía. No se sabe por qué los de Lebrija no acudieron a la llamada hasta el día 25 (20).

      Así las cosas, veinte años después de que Pedro de Herrera la conquistara, Jimena se perdió. Volvióse a restablecer la frontera en un segundo período, no tan prolongado como el primero, sino de solo cinco años.

       En Alcalá y en toda la zona occidental volvió a sentirse la zozobra del enemigo cercano. Prueba de ello, la bula del Papa Nicolás V del 15 de Junio de 1453 ofreciendo el perdón de los pecados a quienes trabajaran en la reparación de las murallas de Medina por miedo a un ataque de los moros de Jimena (21).

       Murió Juan II el 24 de Julio de 1454. Tan mal le había ido en los últimos años de su reinado que se le atribuye haber dicho en la hora de la muerte: “Naciera yo hijo de un labrador o lego de un convento, y no rey de Castilla”.

       Enrique IV, su hijo, entró a reinar con buen pie. (Luego, como se sabe, se le trastocaría). Dentro de aquel primer buen tiempo bajaría a Andalucía los veranos de 1455, 56, 57 y 58 a combatir moros. En el 56 cayó Jimena en sus manos.

       Conócese el año porque en el Salón del Trono del Alcázar de Segovia se puso en el friso que rodea el comienzo de la decoración del techo la siguiente inscripción: “Esta quadra mandó fazer el muy alto e muy poderoso ilustre rrey Enrique el quarto en el anno del nacimiento de nuestro señor Jesu, Cxpto, de mill e quatrocientos e cinquenta e seis annos, estando el señor rrey en la guerra de los moros guando ganó Ximena”… (22)

       Tampoco puede quedar duda sobre el mes y día aproximado, dato debidamente claro en una comunicación dirigida a la ciudad de Cuenca el 15 de Julio de 1456 de haber conquistado Jimena (23).

      Se puede, por tanto, tener por cierto, vistos los dos documentos anteriores, de que bajo el sol de la primera quincena de Julio de 1456 cayó Jimena en poder de los cristianos, desapareciendo la frontera de nuestro estudio. Ahora, definitivamente.


NOTAS 

(15) PUELLES Y CENTENO, José María de, Recuerdos de mi Juventud, Cádiz, 1911, Págs. 69 y s.
Libro de la Montería. Tomo II. Madrid, 1877, Pág. 386.

(16) Servicio Geográfico del Ejército. Mapa militar español. E. 1:50.000. 12-48; 13-48 (1076-1077); 13-42 (1070) y I4-46 (1071), correspondientes a las secciones de Tarifa, Alcalá de los Gazules y Jimena de la Frontera.

(17) El Victorial: Crónica de Don Pero Nuño, conde de Buelna, por su alférez Gutierre Díez de Gámez. Ed. crítica de Juan M. Carduzo. Col. de Crónicas españolas, Mádiz, 1940. Pág. 101.

(18) MESA GINETE, Francisco de, Historia sagrada y política de Jerez de la Frontera, 1888, Pág. 196.

(19) RALLON, Padre Fray Esteban, Historia de Xerez de la Frontera, Tomo III, Xerez, 1892, Págs. 8182.

GUTIERREZ, Bartolomé. Anales de la MN y ML ciudad de Xerez de la Frontera. Xerez, 1887, Págs. 282-292.

CANTERA BURGOS, Francisco. Alvar García de Santa María y su familia de conversos. Madrid. 1952. Págs. 222 y ss. Crónica de Jaime II. BAE vol 68. Págs. 493-494.

(20) BELLIDO AHUMADA José. La patria de Nebrija (Noticia Histórica). Madrid. 1971, Pág. 136.

(21) COOPER E. Castillos señoriales de Castilla de los siglos XV y XVI. Trad. Juan M. Madrazo. Madrid, 1980. Vol. 1, Pág. 580. La bula se guarda en el Archivo Ducal de Medina Sidonia.

(22) MATEO MARCOS Juan. El Alcazar de Segovia, palacio de los reyes de Castilla. Castillos de España. 2á época, n4 87. Madrid, 1958.

(23) TORRES FONTES Juan. Enrique IV de Castilla, Murcia, Pág. 59. La comunicación se conserva en el Archivo Municipal de Cuenca.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Los inicios de la “carrera taurina” del Gran Potoco de Alcalá


Ismael Almagro Montes de Oca 

       Hace tiempo dimos cuenta de cómo acabó la carrera taurina de Ildefonso Delgado Chacón, más conocido como “El Gran Potoco de Alcalá” (http://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2012/11/la-efimera-carrera-taurina-del-gran.html) Hoy nos centraremos en lo que bien pueden ser sus inicios en ese mundillo, puesto que nos vamos a remontar al año 1902, cuando tan solo contaba con 23 años. 

     En aquella época Potoco ya era huérfano de padre y vivía con su madre Lucia Chacón Pareja, su hermano mayor José y su hermana Ramona, muy cerca de la plaza de toros, en el callejón Chamorro nº 4. 

     En los primeros días de junio de 1902, Jerónimo Nieto Carrillo solicita al gobernador civil permiso para celebrar una novillada en la Plaza de toros de Alcalá el día de San Juan, 24 de junio, autorización que es concedida el día 19, con la obligación de adoptar “las necesarias precauciones a fin de evitar causar desgracias y cualquier alteración de orden público” 

     Gracias a un cartel anunciador de aquella corrida (uno de los más antiguo de cuantos se conservan del coso taurino alcalaíno, pues tiene nada menos que 116 años) conocemos muchos detalles sobre la misma. 

     Se trató de una corrida que no estaba organizada por ninguna empresa, sino que surgió por iniciativa de algunos vecinos y que podemos considerarla como exclusivamente de ámbito local, ya que tanto el peticionario, como la ganadería, el espada y los banderilleros, eran alcalaínos. 

     Esta corrida se diferenció un poco de las que venían celebrándose hasta la fecha en el coso alcalaíno, ya que solo se mató un toro en vez de los dos que se solían sacrificar. 

     El alcalaíno Juan Díaz Tenorio “Chulo” fue el encargado de lidiar las reses, ayudado por Pedro Pabiero “Formalito” natural de Valladolid. 

     Pero la parte que nos interesa es la de los banderilleros, pues es ahí donde encontramos a Ildefonso Delgado, apodado entonces como “El Potoco Chico”, para diferenciarlo del afamado diestro gaditano José Villegas Perea.

      A propósito del apodo de Ildefonso Chacón, a nivel local se ha argumentado que le venía por su desmesurada afición a tocar el tambor cuando niño. Curiosamente, la misma historia se cuenta sobre el origen del apodo del Potoco primigenio, el torero gaditano, (cambiando el tambor por el pito) quien en una entrevista concedida al periódico “La lidia” y publicada en el nº 451 del 11 de julio de 1927 decía lo siguiente: 

“—Nosotros teníamos una criada gallega—dice el exmatador—y bautizó a mi hermano, también torero, con el apodo de El Loco, y a mí con el de Potoco; esto de pó-toco, como usted verá, tiene cierta originalidad; a mí me gustaba de niño tocar el pito, y daba las grandes murgas, por lo que me regañaba la gallega, diciéndome que no tocara, y como yo era niño, y además el hijo del amo, le contestaba: "No me da la gana; po-toco y po-toco y así fui bautizado en mi niñez, hasta que fuí mayor, siendo Potoco, y asi moriré.” 

     Indudablemente, esta historia se ha extrapolado deliberadamente del Potoco original hacia el imitador alcalaíno, puesto que por fama o por antigüedad, no parece creíble que el diestro gaditano, que utilizaba el nombre artístico antes que nuestro paisano, copiara la historia del origen de su nombre artístico de un mindundi con ínfulas de torero. 

     Como dato curioso, Ildefonso Chacón se dedicaba a recortar y coleccionar crónicas taurinas aparecidas en la prensa, y, sin embargo, no sabia leer. 

     Junto a Potoco, aparece otro alcalaíno como banderillero, Antonio Sánchez Caballero. 

      Así pues, parece que en sus años de juventud, El Gran Potoco de Alcalá, buscó la fama demostrando sus habilidades con el par de banderillas, antes de probar suerte con el capote y la muleta.


sábado, 8 de septiembre de 2018

Paterna: Dehesa señorial de los Ribera (y II)



2. Los límites de la antigua Dehesa 

      La Dehesa de Paterna, por su situación en el límite más occidental del término de Alcalá lindando directamente con los términos de Jerez y Medina[10], constituye un espacio bien diferenciado[11], como se reconoce en la Transacción de 1513, donde se dice que estaba poblada y con unos límites precisos para los vecinos de Alcalá: «otro donadío en Cortegana que alinda con término de Paterna y de Gigonza». 

      Extremo en el que se insiste en la Transacción de 1533, acordada entre la Villa de Alcalá y el Marques de Tarifa, que el Cabildo y el pueblo de Paterna debieron ratificar en Concejo Abierto, el 20 de abril de ese mismo año, y particularmente por el capitulo 27, en el que se establece: 

«...que los vezinos del dicho lugar de Paterna gozen de sus terminos de labor y los de Alcala los suyos; ... y entiendese que el termino de Paterna a de ser por los limytes e mojones que la dehesa de Paterna tenia antes que se poblase y que lo contenido en esta escritura se a de comenzar a usar e guardar dende el dia que se otorgase... »[12]

       El 23 de septiembre de ese mismo año, el Alcalde Mayor del Marquesado de Tarifa procede al amojonamiento del que siempre había sido el límite de la Dehesa de Paterna con Alcalá, aunque en ausencia de los representantes del Concejo de Paterna, que demostraba así su posición contraria a dicho amojonamiento, para el que habían sido citados con seis testigos «...con los cuales ficiesen la retificacion e amojonamiento antiguo: E despues de lo susodicho en martes ventitres dias del mes de setiembre e ano susodicho estando el dicho senor juez cerca de la fuente de Cortegana en un mojon que esta de la dicha fuente yendo hazia la boca de las veredas a cient pasos de la dicha fuente dixo que vista la ynformacion dada por parte del dicho Rui Sanchez en nombre de la dicha villa de Alcala y como el dicho concejo del dicho lugar de Paterna no quiso venir a ser presente a ver el amojonamiento que se avia de hacer en execucion de la dicha escritura de concierto dixo que declarava y declaro que el termino del dicho lugar de Paterna antes que se poblase siendo dehesa yva y se guardava por los limites e mojones siguientes: comenzando desde donde confina los terminos de Xerez, Alcala e Paterna, primeramente en quanto al primer mojon do parte terminos Xerez y Alcala e Paterna porque no se liquido en la dicha ynformacion por rrazon que dizen que la ciudad de Xerez tiene entrado y tomado mucho termino de lo Alcala e Paterna por cima de la dicha fuente de Cortegana y sobre ello ay pleito pendiente en la audiencia rreal en quanto al dicho primer mojon rreservo en si la declaracion para lo determinar quando mas plenariamente fuere contendido ante las fechas provancas por anbos concejos y en quanto a lo que consta agora por la dicha ynformacion declaro por primer mojon este susodicho en que el dicho senor juez esta que ay de la dicha fuente de Cortegana cient pasos y el segundo mojon declaro que es en el portichuelo de las aulagas donde asi mismo esta otro mojon y dende este mojon donde esta hasta el dicho portichuelo de las aulagas no va la otra por derecera salvo deaende deste mojon hasta la boca de las veredas e por la misma vereda abaxo rrodeando el cerro que esta a la mano derecha hasta dar la vuelta a todo el dicho cerro y decendiendo a ponerse en la derecera fasta dar en el mojon del puerto de las aulagas quedando por termino de la dehesa de Paterna todo el dicho cerro y tierra de la mano derecha y lo de la mano yzquierda por tierra y termino de Alcala y desde el dicho puerto de las aulagas y mojon que en el esta van la mojonera a las veras que dizen de Alonso Gil por la derecera hasta un mojon que esta en una pena cerrada alrrededor y de alli va a otro rregajo adelante hasta un portichuelo de un palmarejo y de alli va a un villar quedando el villar por de Paterna y de alli a una pena que esta quebrada que son tres penas quedando las dos a lo Paterna y la otra que es la mayor queda por mojon y de alli va a una palma y de la palma va al mojon que se dize del Castillejo que esta cerca de la fuente que dizen de la Lantejuela un tiro de vallesta poco mas o menos de ella y este dicho mojon de los Castillejos es el postrero el qual dicho amojonamiento declaro ser el antiguo entre la dicha villa de Alcala y el dicho lugar de Paterna el qual mando que cada uno de los concejos tengan e guarden y que el un concejo no entre a gozar del termino del otro concejo ni el otro del otro salvo que tengan e guarden la dicha mojonera conforme a la dicha escritura de concierto e transacion y en quanto al agua de la Fuente de Cortegana porque no se pudo liquidar por esta ynformacion si entra en el termino de Alcala o en el de la dehesa de Paterna mando que hasta tanto y entre tanto que esto se averigue ambos concejos se puedan aprovechar de la dicha agua para la bever con sus ganados mayores e menores con tanto que dentro de la dicha fuente no puedan meter puercos porque no malparen el agua salvo que puedan beber en el agua que corriere hasta quinze pasos abaxo de la dicha fuente e sacandolo a mano en dornajos cada uno hazia su termino porque en tanto que se averigua cuya es la dicha fuente la dejo por comun como si fuese mojon entre ambos terminos ... »[13]

       Con todo, este amojonamiento del término del lugar de Paterna, por los limites y mojones que tenía y guardaba antes de que se poblase siendo dehesa, será motivo de pleitos con Alcalá, aunque pese a estos, los límites del término que actualmente tiene Paterna serán prácticamente los mismos que tenía la antigua dehesa que los Ribera amojonaron y usurparon al Concejo de Alcalá a mediados del siglo XV. 

Localización y extensión de las dehesas usurpadas por los Ribera a Alcalá.



NOTAS

[11] Tanto por su valor estratégico para evitar usurpaciones de termino como en la consideración de los agentes intervinientes pues si bien para los vecinos de Alcalá constituye una de las 6 dehesas usurpadas por los Adelantados Don Pedro y su hijo Don Francisco, para el Señorío era una propiedad de Don Fadrique. 

[12] Ibidem, 9. 

[13] Archivo Ducal De Medinaceli. Sección Alcalá. Leg. 76. doc. no 9. “Granada, Marzo, 7 de 1534. Ejecutoria de la Chancilleria de Granada en el Pleito entre la Villa de Paterna y la de Alcalá de los Gazules sobre amojonamiento de términos.” Gran parte del término de Alcalá es terreno montañoso; las tierras más idóneas para el cultivo se hallan en los cursos bajos de sus ríos, hacia Paterna y Medina.