sábado, 10 de noviembre de 2018

La Torre del Rey


Extracto de la conferencia "Alcalá hace cuatro siglos" pronunciada el 22 de septiembre de 2016 
en la Iglesia de la Victoria, dentro de los actos del 400 aniversario 
de la Cofradía del Nazareno de Alcalá de los Gazules
      
Ismael Almagro Montes de Oca 


     En su libro sobre el Beaterio, al hablar sobre los asentamientos que en la antigüedad se fueron sucediendo sobre el cerro de la Coracha, Fernando Toscano mencionaba algunos lugares hoy desaparecidos y decía: “…no solo se pierden los restos, sino la memoria incluso de sus nombres. ¡Qué difícil localizar la <<torre del Rey>>, <<el caño>>, las ermitas dedicadas a San Ildefonso o San José! En la Coracha existía hasta hace un siglo el Pico del diamante… ¿Acaso alguien señala ahora el sitio con seguridad y con ese nombre?” [1] 

      Vamos a centrarnos en el primero de esos lugares, la Torre del Rey, de la que sólo existe en toda la Historiografía local la mención anterior. 

      Gracias a mis investigaciones, creo haber resuelto su ubicación, gracias a un par de menciones en los libros de actas del Cabildo alcalaíno del siglo XVI, que nos han dado las pistas para localizar un sitio o lugar que el tiempo ha borrado de la memoria. 

     Desandando el tiempo, hallamos una primera noticia en febrero de 1575, fecha en que un vecino pidió un solar junto a dicha Torre: 

“En este cabildo se vido una peton (petición) de fernan rs de mª (Medina) (vecino) desta villa por la ql pidió q le fagan md (merced) de un pedazo de solar q esta junto a la torre del rey el ql te (tiene) la cara al campo porq te (tiene) ally una casa q conpro y es estrecha/ qria (quería) en aql sitio fazer alguna cosa pa largar…[2] 

Subrayado: "q esta junto a la torre del Rey el ql te la cara al canpo"

      Según el texto, la torre debía estar en el perímetro del casco urbano, porque el solar contiguo daba “la cara al campo”. 

     Algunos años antes, en noviembre de 1571, será Ambrosio Ruiz quien pida otro solar junto a la torre: 

“En este cabildo se vido una peton de ambrº Ruys vº desta vª dizdo (diciendo) q el pidió se le fiziese md de un solar detrás del muro de la torre del rey linde del cortinal de fabian de Vergara y de pº (Pedro) gil merchante y se cometio q lo viesen los ss (señores) diputados…” [3] 

      Aquí se nos está dando la información de que la Torre del Rey está junto a un cortinal, que no es otra cosa que un pedazo de tierra cercado muy próximo a un pueblo o casco urbano. Por lo tanto, dicha Torre debía hallarse, como se suele decir, a tiro de piedra del recinto amurallado de la villa. 

     Pero la pista definitiva la encontramos en febrero de 1567, no solo porque nos da la ubicación del la Torre del rey, sino porque además nos dice a quién pertenecía: 

“En este cabildo se vido una petion de franco días mayordomo de la sta mysericordia desta villa por la ql pidio q se le faga md al dho hospital desta villa de un muladar questa pr baxo de la torre del Rey qs en san bize (Vicente) la qual es del dho hospital dla mysericordia pa meter en la dha casa (¿?) en ella”[4] 

      Ya sabemos que la torre del Rey pertenecía al Hospital de la Misericordia y que se hallaba en la collación de San Vicente, muy cerca del casco urbano. Con estos datos, podemos relacionar dicha Torre con los restos de unos muros que se conservan bajando la cuesta del cementerio, a mano izquierda, que muchos aún hoy muchos identifican erróneamente con la mencionada ermita de San Vicente, pues como vimos en su día, esa ermita estaba ubicada en lo que hoy es el segundo patio del cementerio:(http://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2012/07/la-ermita-del-buen-suceso.html

     Otra muestra más de que la ermita de San Vicente se encontraba junto al cementerio la encontramos en 1909, al concederse un pedazo de terreno del cementerio para construir un mausoleo: 

“Vuelta a ver la instancia de Don Pedro Toscano Dalmaut, solicitando la cesión de un pedazo de terreno en el Cementerio público; y el informe de la Comisión: Se acordó por unanimidad; conceder a Don Pedro Toscano Dalmaut el hueco que divide la Cuartelada de San José y que antes fue puerta que conducía a la destruida capilla de San Vicente con el fin de construir un Mausoleo” [5

      La cuartelada de San José es la que comunica ambos patios del cementerio y no es lógico mencionar que la puerta de dicha cuartelada conducía a la ermita de San Vicente si dicha ermita estuviese en los restos que se hallan en la cuesta, puesto que la puerta principal del cementerio estaría en ese caso mucho más cerca de la ermita. 

     Para terminar, y volviendo al tema de la Torre del Rey, quizás una explicación sobre el origen del nombre, pueda ser que allí velaran el cadáver del rey Alfonso XI, que según se dice, fue velado en Alcalá tras morir victima de la peste en Gibraltar en 1350. 



NOTAS

[1] TOSCANO DE PUELLES Fernando; Historia de la Congregación -Beaterio de Jesús, María y José; pág. 35 

[2] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Actas de Sesiones del Ayuntamiento Pleno. Legajo 4 folio 285 vto. Cabildo del lunes 21 de febrero de 1575 

[3]  Ib. folio 134 vto. Cabildo del lunes 26 de noviembre de 1571 

[4]  AMAG. Actas de Sesiones del Ayuntamiento Pleno. Legajo 3 folio 397. Cabildo del lunes 3 de febrero de 1567 

[5]  Ib. Libro 15. Folio 55 vto. Punto 5º de la sesión del 7 de junio de 1909.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Las Rentas Señoriales de Alcalá de los Gazules en las Ordenanzas del Marqués de Tarifa (1528) (II)




3.- BIENES Y RENTAS DEL SEÑOR DE ALCALA 

3.1. Inmuebles e instalaciones 

      Un primer conjunto de propiedades estaba constituidos por inmuebles e instalaciones -casas, carnicerías, cillas, caballerizas, silera de Paterna-, de las que conocemos solo alguna mención indirecta en las Ordenanzas. Las casas, caballerizas y carnicería -esta última junto con la renta del mismo nombre- se explotaban en régimen de arrendamiento, como ocurría con el resto de las rentas En el cuaderno de rentas de 1543 se indica que el señor poseía, además de las casas principales utilizadas como residencia señorial una denominada «casa de la cozina», arrendada en 4.000 mrs., otra casa y unas caballerizas, situadas éstas junto a la puerta de la villa, que aquel año las tenía cedidas gratuitamente, a las que había que añadir el pozo de la Peña del infante, arrendado a partir de agosto, que solía arrendar unos 700 mrs. anuales (27). En una relación de los miembros de rentas del duque de Alcalá, de la 2ª mitad del s XVI, se incluyen la Casa Principal, la Casa Reja, las casas en que vive Juan de Mondragón y las casas caballerizas (28)

       En ninguno de los cuadernos de contaduría, ni por supuesto en las Ordenanzas, se indica la posesión por parte de la Casa de Ribera de hornos, molinos de aceite o harineros o mesones en Alcalá de los Gazules, así como tampoco en Tarifa, las dos villas principales del marquesado. La propiedad de éstas y otras instalaciones industriales similares estaba muy extendida en la nobleza de la época, utilizadas normalmente como monopolios señoriales, como podemos apreciar en las Ordenanzas de la vecina villa de Bornos (29), y está atestiguada con frecuencia en otras villas pertenecientes a los Adelantados, produciendo en 1543 algo más del 7% de todas las rentas en dinero del estado de Tarifa. 

3.2. Tierras de Pan 

      En segundo lugar, podemos hablar de la propiedad de tierras cultivables, aunque en realidad deberíamos decir tierras o asientos de pan, pues no hemos tenido constancia de la posesión de huertas, olivares o viñedos (30)

       Cuando se citan estos tipos de aprovechamientos agrícolas en las Ordenanzas, se hace en relación a los vecinos y nunca al señor de la villa. Además, estaba prohibido expresamente que se formasen viñedos o huertas en las tierras de labor que se arrendaban a los vecinos (31). También son muy escasas las menciones referidas a las otras villas de los Ribera (32)

      La única renta señorial pagada en especie era la procedente de estos asientos y donadíos de pan. En los documentos que debían suscribirse para el arrendamiento de esta renta (33), se indica que el pago se hacía en fanegas, aunque al tratarse de un documento-modelo se omite tanto el número exacto de fanegas, que debía variar en función de la extensión y calidad del asiento, como la duración del contrato. Como ejemplo, podemos citar el testimonio del contrato de arrendamiento del “asyento” de Francisco García de Medina, que tenía Antón Cordero, que fue rematado el 7 de febrero de 1524 en Juan de Estrada, regidor y fiel ejecutor, por un período de seis años y por un precio de 30 fanegas de trigo anuales (34).



      Una condición muy importante que en las Ordenanzas imponía el señor a su mayordomo, era la obligación que tenía éste de no arrendar ningún asiento por el que no se diese, como mínimo, la misma renta en que se remató la última vez que fue arrendado (35); de esta manera, el marqués garantizaba la revalorización de sus propiedades agrícolas, que además eran arrendadas por cortos períodos de tiempo (36). Las Ordenanzas obligan también a realizar el pago del terrazgo (37) el primer día de julio, encamarado en los almacenes del señor por cuenta de los labradores, “horro e quito de diezmo e rediezmo e de toda otra costa e misión” (38)

      La transacción de 1513 (39) nos presenta un auténtico inventario de los donadíos o asientos de propiedad señorial que, según el Cabildo y vecindario de Alcalá, gozaban los Adelantados al menos desde los años en que vivía Pedro Enríquez. A 125 asciende el número de estas tierras de pan, fijándose los límites de cada una de ellas en relación a los accidentes del terreno o a la vecindad con otras tierra o propiedades. Sin embargo, la minuciosidad de la relación de donadíos no se compensa con la ausencia de datos sobre la extensión de las 125 heredades y la renta que de ellas percibía el señor: la transacción de 1513 sólo pretendía cuantificar e identificar las propiedades del marqués para que éste se comprometiese a no aumentar su número a costa de los baldíos (40)

     En una denuncia que Alcalá interpuso contra D. Fadrique en 1531 se indica que los 125 asientos “renta fasta contía de seis mili fanegas de pan en cada un año” (41). En la denuncia se declara también que el origen de la propiedad de estas tierras, así como de las dehesas, había que situarlo en las usurpaciones del término de la villa llevadas a cabo por Pedro Enríquez y sus sucesores. La fecha tardía de la concesión del señorío y la ausencia de documentos de compra de tierra en Alcalá, confirmaría una práctica habitual en la nobleza castellana de la época, destinada a favorecer la formación de un sólido patrimonio territorial en los lugares de señorío, para compensar con sus rentas el estancamiento de algunas de las rentas jurisdiccionales (42)

      A consecuencia del pleito iniciado en 1531, se llegó a una nueva transacción en 1533 (43), que supuso un cambio importante en relación a los asientos de tierra que la Casa de Ribera poseía en Alcalá y que se venían arrendando de la manera que hemos visto recogida en las Ordenanzas de 1528. La transacción imponía una nueva parcelación de las tierras de pan, suprimiendo las improductivas y dividiendo todas las restantes en unidades (caballerías) de 60 fanegas de extensión para el cultivo del trigo (2/3) y la cebada (1/3), que serían asignadas, con derecho a transmisión hereditaria, por el Cabildo a los vecinos de Alcalá con casa poblada. A cambio, la única condición impuesta era la obligación de pagar anualmente al señor un censo perpetuo consistente en un cahíz de pan terciado (8 fanegas de trigo y 4 de cebada), siguiéndose para ello lo dispuesto en las condiciones sobre la renta del pan que se incluyen en las Ordenanzas. Estas innovaciones introdujeron una mayor racionalidad en el sistema de tenencia y explotación de las tierras de pan, que benefició en especial a los vecinos de la villa. A partir de entonces, los labradores tenían asegurado permanentemente el usufructo y transmisión de unas parcelas de 60 fanegas a cambio de un canon que en ningún momento podía ser aumentado y cuya percepción constituía en la práctica el único derecho que el señor conservaba sobre sus antiguos asientos. El Cabildo, que pasaba a ser el administrador de las caballerías, recuperaba además para los baldíos, y en definitiva para la ganadería vecinal, las antiguas tierras señoriales roturadas en montes o terrenos poco productivos. 

     El nuevo sistema permitió al marqués de Tarifa agilizar y simplificar el cobro de los censos o terrazgos, al contarse con un número de parcelas de igual extensión y que debían pagar todas el mismo cahiz de pan terciado, aunque lógicamente perdía toda posibilidad legal de aumentar el rendimiento de sus rentas agrícolas en Alcalá, como sucederá con el resto de las villas de señorío de los Ribera. Hay que pensar que la condescendencia del marqués a la hora de perder el control efectivo de sus antiguas tierras y de aceptar un canon no renovable, debió deberse en gran medida a la presión de la denuncia de 1531, en la que, entre otras cosas, se consideraba como usurpaciones los asientos de tierra. De todas maneras, D. Fadrique y sus sucesores perdieron la libre disponibilidad de sus tierras, pero no el derecho de propiedad, que fue transmitido, como el resto de los bienes señoriales, por los sucesivos señores de Alcalá. Así, un ejemplo de lo que acabo de señalar lo tenemos en la toma de posesión que, en 1645 Pedro de Castro, en nombre del duque Juan de la Cerda Afán de Ribera Enríquez, llevó a cabo sobre las caballerías, paseándose por ellas, echando tierra y piedra de una parte a otra y haciendo otros actos en señal de posesión (44). Aún con posterioridad a la disolución definitiva de los señoríos en 1837 (Ley de 26-sept.), los tenentes seguían obligados a pagar el censo al tratarse de obligaciones contraídas sobre bienes particulares y no sobre derechos jurisdiccionales, según sentencia pronunciada a favor del duque de Medinaceli y de Alcalá por el juez de Medina Sidonia (45)

      Como resultado de la aplicación del acuerdo de 1533 se crearon 180 caballerías más 7 fanegas y media, que rentaban anualmente 1441 fanegas de trigo y 720 de cebada. A mediados del S. XVII se había reducido en 5 el número de caballerías señoriales (46), permaneciendo ya esta cantidad inalterable durante los siglos XVIII (47) y XIX (48). A pesar de todo, estas rentas de pan aportadas por Alcalá, lo mismo que las de Tarifa, cada vez representaron un porcentaje menos importante en el conjunto de los estados de los Ribera, al tratarse de rentas fijas. En las restantes villas se siguió con el tradicional sistema de arrendamiento y remate en el mejor postor, por cortos períodos de tiempo nunca superiores a los 9 años, que permitía una revalorización de dichas rentas al concluir los contratos. 



NOTAS


(27) 1543, mayo, 5. Sevilla. A.D.M., Medinaceli 230-6. 

(28) A.D.M., Alcalá 46-1. 

(29) En las Ordenanzas de Bornos -Vid. nota 17- existen unas condiciones para el arrendamiento de los molinos de harina y otra para el arrendamiento de los hornos (fol. 149 rº - 153 vº). Los molinos suponían en 1543 el 57,67 % del total de todas las rentas de Bornos y los hornos el de Arriba, el de Abajo y el del Arrabal, el 10,11 %. 

(30) Las tierras de pan llevar solían constituir la mayoría de las tierras, en Alcalá parece que en exclusividad, que los señores poseían en sus villas, como lo demuestra, entre otros, el libro de C. QUINTANILLA RASO. Nobleza y señoríos en el Reino de Córdoba. La Casa de Aguilar. Córdoba, 1979, pp 295 v ss 

(31) Ordª XLVII-11. 

(32) En la relación de 1543 -Vid. nota 27- únicamente se citan, además de un naranjal y la huerta de Tablada en Huerta del Rey, dos tributos sobre huertas en Bornos y espera uno sobre viñas en El Coronil y otro sobre casa y huerta en Los Molares. 

(33) Tít. LXX. 

(34) A.D.M., Alcalá 76-6. 

(35) Ordª LXI-35. 

(36) Este hecho lo vemos perfectamente reflejado en el cuaderno de rentas de 1543 -Vid. nota 27-, donde se aprecia que los arrendamientos de tierras se renovaban siempre por un precio mayor, o en todo caso igual, al del último arrendamiento. 

(37) En este contexto, el término «terrazgo» no se refiere ya al antiguo tributo derivadod el vasallaje rural, sino únicamente al importe del arrendamiento de la tierra. Vid. h. CABRERA MUÑOZ. El condado de Belalcázar (144-1518). Córdoba 1977 p 44 nota 27. 

(38) Tít. LXX (fol. 130 rº). 

(39) 1513, febrero, 1. Sevilla. A.D.M., Alcalá 75-39. 

(40) La ordenanza XLVII-7 iría en este mismo sentido, con la obligación por parte del Cabildo de hacer revisar cada dos años los límites de los asientos señoriales 

(41) Documento inserto en A.D.M., Alcalá 76-8. 

(42) C. QUINTANILLA RASO. «Haciendas señoriales nobiliarias en el Reino de Castilla a finales de la Edad media». Historia de la Administración española. Homenaje a García de Valdeavellano. Madrid, 1982, p. 780. Entre 1490 y 1505, por las mismas fechas en que se producirían las usurpaciones en Alcalá, D. Alfonso de Aguilar y su hijo el marqués de Priego, se apoderaban de unas dehesas, bienes inmuebles y rentas del almotacenazgo, pesas y medidas del ruedo y del jabón, que hasta entonces habían pertenecido a la villa de Priego: C. QUINTANILLA RASO. Nobleza y señoríos en el reino de Córdoba…, cit, p. 242. Sobre usurpaciones nobiliarias. Vid. el trabajo de E. CABRERA MUÑOZ. «Usurpaciones de tierras y abusos señoriales en la sierra cordobesa durante los siglos XIV y XV». I Congreso de Hª de Andalucía. Andalucía Medieval, II. Córdoba, 1982, pp. 33-80. Un caso similar al de Alcalá, ocurrido en los mismos anos, en la vecina población de Medina Sidonia: M RAMOS ROMERO. Medina Sidonia. Arte, Historia y Urbanismo. Cádiz, 1981, pp. 164 y ss 

(43) 1533, enero 16. Morón. A.D.M., Alcalá 76-8. Las cláusulas que se refieren a las tierras de pan abarcan desde la 2 a la 22. 

(44) 1645, febrero, 27 A.D.M., Alcalá 46-36. 

(45) M. RAMOS ROMERO. Alcalá de los Gazules. Cádiz, 1983 p 237 

(46) A.D.M., Alcalá 46-36. 

(47) 1758, febrero, 17. A.D.M., Alcalá 80-5. En este documento se señalan 175 caballerías y 1 /3 y tres fanegas y media. 

(48) P. MADOZ. Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico de España y sus posesiones de Ultramar, vol. I., Madrid, 1845, pp. 375-376. Madoz recoge 175 v 3/4 de caballerías de tierras y tres caballería y media más. 

sábado, 27 de octubre de 2018

El peligro de acudir a los bares...




      Lo que a continuación se narra no es estrictamente una crónica, pues no se publicó en ningún periódico. Se encuentra en el Archivo municipal de Alcalá (1). Se trata de un escrito de un guardia municipal dando parte al alcalde de los hechos acaecidos en una taberna de la calle Ntra. Sra. de los Santos, en el que resultó herido por arma de fuego uno de los asistentes. Lo curioso del caso es que no se produjo por ninguna reyerta, sino que fue el propio tabernero quien, de forma fortuita hirió a uno de los parroquianos...:

     "El Guardia municipal que suscribe tiene el honor de participar a V. S. que próximamente a las 12 horas del dia de hoy observó que se aglomeraban varias personas en la puerta del establecimiento de bebidas de Don Cristobal Ortega Gil situado en la Calle de la Salada, inmediatamente me persone en dicho lugar y encontré al vecino de esta Miguel Pereira Castillo junto al mostrador del expresado establecimiento en estado de embriaguez y dando quejidos por sentirse herido por cuyo motivo lo asistía en aquel momento el medico Sor. Elejalde.

     De las averiguaciones practicadas por mi para conocer con exactitud los moviles del hecho según manifestación de los testigos presenciales, José Romero Fernandez, Juan García Morales y Fernando Herrera García, el encargado de dicho establecimiento Francisco Ortega Gil al tener que contar dineros para dar la vuelta de una cuenta que había cobrado y siendo difícil el poder recoger la calderilla del expresado cajón, colocó sobre el mostrador un arma de fuego que en dicho sitio tenía guardada con tal precipitación que desgraciadamente hubo de dispararse hiriendo en el vientre al Miguel Pereira Castillo.




Y como el hecho de que se trata parece ser constitutivo de delito lo pongo en conocimiento de V. S. a los efectos que procedan acompañándole el arma de referencia.

Dios guarde a B. Ms as

Alcalá de los Gazules 29 julio 1918

Franco Gonzalez"





NOTAS

(1) AMAG. Correspondencia y Comunicaciones 1918. Legajo 107

sábado, 20 de octubre de 2018

La calle San Sebastián


Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos del año 2000

Martín BUENO LOZANO 

      El año de 1348 merece ser señalado con piedra negra por haber sido uno de los más funestos, si no que el que más, de la historia. En él se declaró la peste “una de las enfermedades infecto-contagiosas -he leído- más mortíferas que ha padecido el hombre” traída de Asia por una invasión de ratas de las clasificadas como negras. 

      Se distinguía por unos bubones, así como bellotas e incluso huevos, principalmente en las axilas y las ingles o por manchas oscuras extendidas por el cuerpo, debido a lo cual recibió los nombres de peste bubónica o peste negra según uno u otro síntoma. El enfermo moría rápidamente entre atroces dolores. 

      Fue espantoso. Dos o tres años bastaron para diezmar la población de Europa y dejarla en situación crítica. Se calcula que murieron más de veinticinco millones de personas, entre la cuarta y la tercera parte de la población. Desaparecieron un gran número de pueblos y aldeas y grandes ciudades como Florencia, Venecia y París vieron sus padrones reducidos a la mitad. Los enterradores no daban abasto y se vieron los cadáveres apilados por las calles. El padre Sarmiento, historiador, afirma que “después del diluvio universal no había habido en el mundo calamidad igual” 

      Aquella carnicería se extendió como la pólvora. Pronto se asomó al Estrecho, y Alcalá pudo tener la experiencia directa, a ojos vista, de la tragedia. Porque vio pasar el cadáver del rey Alfonso XI -una de sus víctimas más sonadas- procedente de Gibraltar, en cuyo asedio, según la crónica, “adolesció de landres, o sea bubones, que era carácter cierto de la pestilencia, y acabó la gloriosa carrera de su vida y reinado en el día de viernes santo, 26 de marzo de 1350, a los veintiocho años de su edad”. Pasaría por Alcalá el sábado de gloria o domingo de resurrección siguientes. 

      Aquella primera peste se fue reproduciendo periódicamente durante tres siglos. Las historias particulares de nuestros pueblos son testimonio. (Merecen un estudio aparte). Alcalá, una vez al menos, no se libró de tan siniestra lotería. Pedro Barbadillo en su «Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda» escribe: “Por el mes de noviembre de 1522 había peste en Gibraltar y en Vejer, y también en Alcalá”. 

      Los pueblos, en consecuencia, vivían aterrorizados bajo la permanente amenaza del mal. Tanto más cuanto que se ignoraba su origen. Hasta fines del siglo pasado no se supo que la enfermedad se debía a un bacilo transmitido por la picadura de las pulgas de las ratas infestadas. 

      Mientras tanto, en siglos, los médicos, ignorantes del enemigo, anduvieron dando palos de ciego recetando remedios- su lista es interminable- que de nada servían. 

     Siendo evidente su naturaleza contagiosa, el remedio más seguro era el del alejamiento. Del duque de Medina Sidonia se cuenta en su crónica que, habiéndose declarado la peste en Sevilla, donde su residencia, a principios de 1507, estuvo seis meses vagando por los pueblos “donde no morían” hasta que desapareció el peligro. 

      A nuestros remotos abuelos, por lo menos a los míos, que no eran duques, no les quedaba más amparo que acogerse a los santos, concretamente en nuestro Obispado de Cádiz a San Sebastián, abogado contra la peste, al que edificaron sendas ermitas en las afueras de cada uno de sus pueblos. 

      Las epidemias terminaron con la padecida a mediados del XVII. Terrible como todas, se extendió por el sur. De ella dice Ayala, historiador de Gibraltar, que “causó grandes estragos por los años de 1649, cuando, propagada por Cádiz, arruinó a la opulenta Sevilla, emporio entonces famosísimo por donde se comunicaban a Europa las riquezas del nuevo mundo. Gibraltar -continúa- participó de aquel azote, y murieron generalmente cuantos llegaron a sentirlo”. Por aquel mismo tiempo, en Medina, según el vicario Martínez, su historiador, “para preservar a la ciudad de la peste, entre otros arbitrios, se usó el de guardar sus puertas para impedir la entrada del que no trajera pasaporte de sanidad”. 

      En Alcalá, un siglo antes se tomaban las mismas precauciones, así en las Ordenanzas pactadas entre Alcalá y el Duque, para el gobierno de Alcalá, publicadas en 1528 y en su Título XXXVIII manda: “que quando se pusiesen guardas en esta villa (...) para guarda de la pestilencia (...) que si se provare se usó mal de la guarda, que le sean dados cient açotes...” Evidentemente se quería evitar la repetición de la epidemia registrada en Alcalá el año de 1522. En 1649, no consta, al menos al que esto escribe, si se usaron o no dichas guardas, como tampoco sí, en aquella ocasión el contagio penetró o no en el pueblo. Fuente segura hubiera sido el Libro de funerales y defunciones de la Parroquia, pero no se abrió hasta más tarde, cuando ya había desaparecido la enfermedad. 

      Fue curioso. Porque “uno de los factores de su desaparición -tomo el dato de una historia de la medicina- fue la eliminación de la rata negra por la invasión de otra de las llamadas grises” más fuertes y sanas. 

      La epidemia no volvió más. Con el tiempo se fue olvidando y, al compás de su olvido, la devoción a San Sebastián. Desaparecieron todas las ermitas de las que sólo se saben los lugares de sus emplazamientos y algunos vestigios como imágenes, rótulos callejeros, etc. En Alcalá le queda una calle paralela, a la izquierda, al final de la de los Pozos, en una de cuyas casas se halló la ermita del santo, entonces solitaria en las afueras, como las de los demás pueblos, y hoy rodeada de un barrio; además, la imagen, que la presidió, se encuentra en el altar mayor de la Parroquia.

Edificio de la calle San Sebastián donde se cree estaba la antigua ermita

sábado, 13 de octubre de 2018

Notas biográficas sobre un alcalaíno ilustre: Bartolomé de Palma



(Extracto de una biografía inédita sobre el Doctor Palma y su hijo Bartolomé de Mesa) 

Ismael Almagro Montes de Oca 


      Desconocemos la fecha de nacimiento de Bartolomé de Palma, pero, teniendo en cuenta que murió en 1604 y el número de hijos que tuvo, creemos debió producirse en torno a mitad del siglo XVI. 

     En el Archivo Parroquial de Alcalá se conservan partidas de bautismo desde 1534 en adelante, si bien en los libros 1º y 2º, que abarcan prácticamente hasta 1600, las mismas no se encuentran anotadas por orden cronológico sino totalmente desordenadas. Esto es debido a que, en el año 1776, el visitador del obispado, estando la sede episcopal vacante, ordenó hacer copia de la gran cantidad de papeles antiguos y sueltos de dicho archivo, lo que dificulta sobremanera intentar localizar una partida de bautismo. 

     Sin embargo, tras una ardua y minuciosa labor de investigación, conseguimos dar con una, inscrita en 1538, que recoge el bautizo de un niño al que se le pone por nombre Bartolomé y su padre se apellida De Palma. Con estos datos, y dado que en esta época hemos podido constatar la existencia de varias personas con el mismo apellido, no podíamos asegurar que se tratara del futuro doctor. Sin embargo, hemos podido localizar documentación del hijo del Doctor, en donde se hace un interrogatorio a ciertos testigos sobre los ancestros del mismo, y que nos han dado la clave para despejar las incógnitas, ya que una de las preguntas es la siguiente: “Yten si saven que el dicho doctor Palma de mesa oydor fue hijo lejitimo de baltasar de palma y Castro y Juana Ramos de messa su lejitima mujer...” 


      Efectivamente, estos son los apellidos que aparecen en la citada partida de bautismo: 

“En diez e seis días del mes de Junio año suso dho baptice yo diego Marquez clérigo cura desta Yglª d Sn Jorge a Bartme hijo de Balthasar de Palma y de Juana Ramos su legitima muger fueron padrinos Diego Cameros y dª Ysabel su mugr y Mari Cardena mugr de Marcos Garcia e Ysabel Gomez mugr de Hernan Lopez en fee de lo qual lo firme de mi nombre= Diego Marquez Cleº (Clérigo)”[1]


      Por tanto, podemos afirmar que nuestro ilustre paisano tuvo que venir al mundo poco antes de junio de 1538. 

     En cuanto a su familia, según consta en las informaciones anteriormente mencionadas, algunos testigos aseguran haber visto documentos en poder de Bartolomé de Mesa certificando la hidalguía y limpieza de sangre tanto de su abuelo, Baltasar de Palma y Castro como de su abuela Juana Ramos de Mesa, que eran tenidos en su pueblo, Alcalá, por personas nobles y gozaban de los privilegios de los hidalgos notorios. A este respecto, cabe añadir que, en un padrón de moneda forera de 1557 conservado en el Archivo municipal alcalaíno,[2] entre los 25 hijosdalgo recogidos, figura Melchor de Palma y Mesa. Aunque estos apellidos nos puedan hacer pensar en un hermano, creemos que en realidad se trata de un tío de Bartolomé de Palma, según se desprende de la información contenida en el expediente de Alonso de Palma para pasar a Perú, a quien erróneamente se ha identificado como hijo de nuestro jurista. El error se debe a que el padre de este Alonso también se llama Bartolomé de Palma. En dicho expediente se aporta el testimonio de un vecino de Alcalá, Alonso García Ronquillo, quien reconoce que “Alonso de palma es hijo ligitimo y natural de brme de palma y maria garcia vs (vecinos) que fueron de esta dha villa difuntos y nieto de Alonso martin de palma y de catalina tosino” Otro testigo, Hernando García, menciona además que ambos Bartolos, el padre de Alonso y nuestro doctor son primos: “conocio al dho bartolome de palma padre del dho Alonso de palma ser regidor desta dha villa y a su tio melchior de palma alcalde mayor desta dha villa munchos años y alcalde hordinario y a su tio el dotor palma y mesa/ primo hermano del dho bartolome de palma…” 

      Este Melchor de Palma, alcalde mayor entre 1582 y 1585, casado con Elvira de Aragón [3], es conocido como el mozo, para diferenciarlo de su padre, que es el que aparece como hidalgo. 

      Sabemos también por las actas del ayuntamiento que la familia Palma se dedica al oficio de la curtiduría de pieles para abastecer a la villa. En la década de los años 40 del siglo XVI, junto al carpintero Fernando Márquez, arriendan la tenería municipal en la zona del Prado por un plazo de 10 años. En 1543, ante el estado ruinoso que presenta, el cabildo les recuerda la obligación que tienen de repararla.[4] Un primo del futuro doctor Palma, Alonso Martín de Palma, alegará algunos años más tarde que Fernando Márquez, ya difunto, era quien estaba obligado a repararla, siendo su estado tan lamentable que “dos paredes q tiene la tenería raydas y tan malas q pueden entrar dentro a le fazer daño”. Se ofrece sin embargo a restaurarla si el cabildo le cede la tenería a tributo perpetuo.[5]

      Precisamente, este Martín de Palma mantendrá un pleito en 1554 con su tío, Baltasar de Palma sobre la renta y terralgos de una caballería de tierra del entonces marqués de Tarifa.[6]

      Siguiendo con el linaje familiar, otro Martín de Palma, Juan, casa con Francisca de Palma, con quien tendrá en 1549 a Bartolomé.[7] Este mismo ejercerá el cargo de regidor del ayuntamiento alcalaíno al menos entre 1583 y 1585. Hemos localizado también un bautizo en 1579 de un Melchor de Palma, hijo de Juan Martín de Palma y Elvira Rodríguez, pero no hemos podido verificar si se trata de la misma persona que enviudó y casó de nuevo, o bien de un hijo de este con el mismo nombre.[8] Nos consta además la existencia de Pedro Martin de Palma, padre a su vez de otro Pedro. 

      Baltasar de Palma, padre de nuestro protagonista, tiene negocios ganaderos, en concreto piaras de cochinos, obteniendo en 1557 licencia del cabildo municipal para construir un corral para los mismos en el Monte Abajo.[9] En 1561, seguramente para alimentar a sus cerdos, compra el fruto del tronco o echo de bellota que el cabildo de Alcalá donó a la cofradía de la Veracruz para ayuda a levantar su iglesia.[10]


NOTAS

[1] Archivo Parroquial Alcalá de los Gazules. Libro 1º bautismos, folio 89 vto. y 90 

[2] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. (AMAG). Legajo 2, folio 335. Acta del cabildo del 20 de julio de 1557 

[3] Archivo Parroquial de Alcalá de los Gazules. Libro de Bautismos nº 1. Acta bautismal de Catalina, fechada el 22 de septiembre de 1567. 

[4] Ib. Legajo 1 folio48 vto. Cabildo del 28 de mayo de 1543. 

[5] Ib. Legajo 1 folio 301. Cabildo del 22 de marzo de 1546 

[6] Ib. Legajo 2 folio 77 vto. Cabildo del lunes 12 de marzo de 1554. 

[7] Archivo Parroquial de Alcalá de los Gazules. Libro de Bautismos nº 1 folio 13. Bautizado el 13 de marzo 

[8] Ib. Libro de Bautismos nº 1 folio 71. Bautizado el 12 de enero. 

[9] AMAG. Legajo 2 folio 369 vto. Cabildo del lunes 11 de octubre de 1557 

[10] Ib. Legajo 3 folio 117. Cabildo del 26 de enero de 1562.

sábado, 6 de octubre de 2018

Las Rentas Señoriales de Alcalá de los Gazules en las Ordenanzas del Marqués de Tarifa (1528) (I)


Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos del año 2000

Marcos FERNÁNDEZ GÓMEZ


INTRODUCCION 

   Las páginas que siguen a continuación pretenden describir el sistema de percepción y los componentes de las rentas señoriales que los Adelantados de Andalucía gozaban en su villa de Alcalá de los Gazules. Para su estudio he utilizado fundamentalmente la información que proporcionan las amplísimas Ordenanzas que D. Fadrique Enríquez de Ribera, Iº marqués de Tarifa, otorgó a Alcalá en 1528 (1). La falta de espacio nos ha impedido complementar de forma adecuada los datos cualitativos que aporta esta fuente con los datos cuantitativos concretos y su evolución, extraídos de la documentación rentística de la contaduría señorial de Alcalá. 

      También quisiera señalar que se puede afirmar por indicios indirectos que los componentes de las rentas señoriales descritos en la Ordenanzas de 1528 reflejan, sin grandes alteraciones, la misma situación existente al menos desde el último cuarto del S. XV. En el sentido inverso, puede considerarse por la documentación conservada que la recopilación del marqués de Tarifa, con sus renovaciones y supresiones y las alteraciones provocadas por los sucesivos acuerdos o transacciones entre la villa y el señor, se mantuvo vigente prácticamente durante todo el Antiguo Régimen como marco jurídico en las relaciones entre Alcalá y sus señores.



1.- EL MAYORDOMO DEL SEÑOR 

      Este representante del señor, pieza clave en la administración señorial, tenía funciones similares a las de su homónimo del concejo, si bien su campo de trabajo no eran los bienes de propios sino el patrimonio señorial: era el encargado de la gestión económica de los bienes y rentas que el señor poseía en la villa de Alcalá. Su cometido principal se manifiesta en el documento que debían firmar los mayordomos cuando accedían a dicho cargo: “demandar a recabdar e resçebir a aver e cobrar todos los mrs. e pan, trigo e çevada e otras cualquier cosas pertenesçientes a la renta de su señoría..”.(2) Las Ordenanzas permitían al mayordomo nombrar a un alguacil que cobrase el dinero de las rentas (3), aunque era únicamente al mayordomo a quien el señor podía pedir cuenta de ellas (4). Las Ordenanzas de Alcalá nos muestran las condiciones que regían la actividad del mayordomo señorial aspecto poco conocido en los estudios sobre señoríos andaluces. Sus responsabilidades y obligaciones principales eran las siguientes: 

1- Respecto a los asientos de tierra señoriales, era el responsable de que a mediados de septiembre estuviesen recogidos en los almacenes del señor los cereales procedentes de los terrazgos, o bien iniciadas las diligencias necesarias contra los agricultores morosos. A lo largo de septiembre tenía que dar a los labradores las cartas de pago y finiquito de dichos terrazgos. Si en octubre el mayordomo aún no había recibido los terrazgos que le debían, tenía que responder de ellos con sus propios bienes (5)

2.- Los cereales que custodiaba en los almacenes no podían ser mezclados con los de otras personas ni con los del mismo mayordomo, bajo pena de perderlos y pagar además en dinero el valor de los cereales. Tampoco podía tomar el trigo o la cebada del señor sin su licencia, teniendo en caso contrario que pagar un cahiz por cada fanega tomada (6). Las Ventas de trigo y cebada, siempre con el consentimiento señorial, tenían que ser realizadas ante un escribano que anotase la cantidad de lo vendido, el precio y los datos del comprador (7). Cada año había que examinar las medidas utilizadas por el mayordomo para garantizar la justicia de estas ventas (8)


3.- Para las rentas pagadas en metálico, se comprometía a cobrarlas en los plazos establecidos en los contratos de arrendamiento, con margen de 10 días. Si al cabo de este tiempo no se cobraban ni se iniciaban las diligencias oportunas, el señor podía obligar a su mayordomo a pagarlas de sus bienes (9). El envío del dinero a la contaduría señorial se tenía que hacer en los 30 días siguientes al cumplimiento de los plazos. Para ello, el mayordomo podía exigir al alcaide o a los alcaldes que le proporcionase los hombres necesarios, pagándoles de la hacienda señorial 2 reales al caballero y uno al peón por cada día de trabajo (10)

4.- Otra de las condiciones requeridas era la obligación de mantener en buen estado las propiedades e instalaciones del señor: casas, caballerizas, cillas y carnicerías. El mayordomo podía llevar a cabo las reparaciones que estimase necesarias, sin tener que contar para ello con el consentimiento del señor (11); sólo se exigía que los gastos ocasionados por éste o por cualquier otro motivo, fuesen realizados ante los alcaldes o personas señaladas por el señor (12). También debía examinar el estado de la fortaleza y muros de la villa e informar al señor sobre las necesidades de reparaciones (13). En todas las obras realizadas por el señor se prohibía que interviniesen esclavos, criados o animales del alcaide o del mayordomo (14)

5.- Los arrendamientos de las rentas de dinero y de las tierras de pan eran realizados por el mayordomo, estando presentes el alcalde o alguno de los alcaldes locales. Para los asientos de tierra, el señor exigía además que el mayordomo fuese acompañado por una persona designada especialmente por él (15), mientras que los arrendamientos de dehesas sólo podían hacerlos las personas que el señor comisionase para ello (16). Posiblemente, el mayordomo administrase directamente aquellas rentas que quedasen sin arrendar, situación que hemos comprobado para la mayordomía de Bornos (17)

      Además del arrendamiento y cobro de las rentas, el mayordomo tenía que dar cuenta anualmente de los gastos producidos por la mayordomía. En 1579, el mayordomo Juan García Partidor declaró ante el escribano del Cabildo un total de 99.832 mrs., incluyendo gastos de limosnas, compra de provisiones para el señor, reparaciones en la carnicería, pago de los 8000 mrs. de la carnicería pertenecientes al Concejo, gasto de transporte y medición del grano etc. (18) 

2. EL ARRENDAMIENTO DE LAS RENTAS 

     Las condiciones generales para el arrendamiento de las rentas señoriales eran fundamentalmente las siguientes: 

1.- El primer paso era el pregón, que debía hacerse público 8 días antes de realizarse la subasta (19). En el momento antes de iniciarse los arrendamientos, el pregonero tenía que leer las ordenanzas referidas al hacer de las rentas (20)

2.- Todo el proceso se realizaba públicamente, en la plaza en un día de fiesta, ante un escribano, el mayordomo y ante las personas designadas por el señor. El pregonero nombraba a los ponedores o pujadores y la cantidad que cada uno pujaba, hasta que finalmente se remataba la renta (21). Este requisito de la publicidad era importante para evitar posibles arreglos entre el mayordomo y algún pujador. 

3.- Otra de las condiciones era la prohibición de rematar cualquier renta a nombre del monasterio dominico de la villa (22)

4.- También estaba prohibido hacer uniones o ligas de pujadores para ir contra cualquiera de las rentas, así como arrendar una renta para tercera persona, ya que el nombre de los pujadores tenía que ser registrado por el escribano durante la subasta. En ambos casos, la pena impuesta a los culpables era de 20.000 mrs. y el señor, si quería, podía cancelar el arrendamiento, aunque ya hubiese recibido algunas pagas. El traspaso en la titularidad del arrendamiento sólo se consideraba válido si se realizaba con posterioridad al remate y no antes de éste (23)

5.- El arrendador se comprometía a hacer efectivo el montante del remate sin pedir descuento alguno “por ningund año fotuyto.... asy de fuego como de aguas e secas e eladas e guerras e pestilençías...”, tal y como se exigía en el arrendamiento de las rentas reales. Las pagas tenían que ajustarse a las fechas señaladas en los contratos o, en caso contrario, su importe debería pagarse doblado. Cuando el impago obligaba al embargo de bienes, el arrendador renunciaba a los plazos que para ello se establecían en las leyes reales y aceptaba un plazo de sólo 3 días para llevarse a cabo los pregones, sentencias y remates ocasionados por el embargo. El arrendador renunciaba también a cualquier tipo de apelación que, sobre el embargo o ejecución de sus bienes, pudiese realizar ante los jueces e instituciones de la monarquía. 

6.- Este embargo de bienes tenía que realizarlo el mayordomo, en primer lugar sobre el ganado -por orden de preferencia vacas, bueyes, cerdos y ovejas-, después sobre los esclavos y en último lugar se embargarían los bienes raíces. Para que el pago de lo adeudado estuviese mejor asegurado, se permitía embargar además por el valor de un tercio adicional de la deuda. En toda operación de embargo o ejecución de bienes, el mayordomo debía avisar al alguacil de la villa (24)

7.- Por último, debemos considerar que el señor garantizaba en sus Ordenanzas el normal arrendamiento de sus rentas de Alcalá y protegía a arrendatarios, pues en ellas se disponen severas penas -2.000 mrs. y 10 días de cárcel en una ordenanza (25) y 100 azotes dados públicamente por las calles y plazas de la villa, en otra (26)- para quienes hablasen mal o dificultasen dichos arrendamientos.

Cuando el trigo escaseaba, el cabildo alcalaíno solicitaba al Duque  que le vendiera del que poseía. En la foto, respuesta del duque a la petición hecha en 1561. (AMAG. Libro 3 de Actas de Cabildo. Sesión del lunes 22 de octubre, folio 96)


NOTAS

(1) 1528, junio, 30. Cañete. Las Ordenanzas originales en el Archivo Municipal de Alcalá, Secc. Gobierno, 59-1.5. Varias copias del s. XVIII en el A(rchivo). D(ucal).M(edinaceli)., Sección Alcalá 76-5. El modo de citar las ordenanzas concretas está tomado del que utilicé en el estudio y edición que he realizado sobre las Ordenanzas de Alcalá,-publicadas por el Ilmo. Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules, conjuntamente con la Diputación Provincial y la Universidad de Cádiz, Cádiz, 1997-, consistente en dos números, uno romano, que hace referencia al título o división por materia, y otro arábigo que expresa el número de orden de un artículo concreto dentro del título 

(2) Tít. LXXI (folio 133 rº). 

(3) Ordª Vl-4. 

(4) Además, necesitaba presentar fiadores: LXXI (fol. 135º). 

(5) Ordª LXI-5. 

(6) Ordª LXI-10. 

(7) Ordª LXI-6. 

(8) Ordª LXI-11. 

(9)Tít. LXXI (fol. 134 vº). 

(10) Ordª LX1-14. 

(11) Ordª LXI-9. 

(12) Ordª LXI-7. 

(13) Ordª LXI-9. 

(14) Ibid. 

(15) Ordª LX1-35. 

(16) Ordª LXI-4. 

(17) En las Ordenanzas de Bornos, A.D.M., Medinaceli 245-15, fol CLXXVI rº se dispone que el mayordomo que hiziere la renta de la montaracía percibiría un tercio de las penas acusadas. 

(18) A.D.M., Alcalá 46-1. 

(19) Ordª LXI-1. 

(20) Ordª LXI-19. 

(21) Ordª LX1-17. 

(22) Ordª LXI-29. Esta ordenanza no es más que una consecuencia de las condiciones impuestas a los dominicos por el marqués de Tarifa para su establecimiento en Alcalá-A.D.M., Alcalá 75-38. 

(23) Ordª LXI-3. 

(24) Ordª LXI-31. 

(25) Ordª LXII-46. 

(26) Ordª LXI-26. La ordenanza LXVI-73 penaba los insultos proferidos contra el montaraz con 1000 mrs., duplicándose y añadiéndose 20 días de prisión si el insulto se decía ante el juez. 


sábado, 29 de septiembre de 2018

Alcalá y la primera guerra del Rif


Ismael Almagro Montes de Oca 

      El 3 de octubre de 1893, varios miles de rifeños atacan las obras de fortificación de Sidi Guariach, en las afueras de Melilla, por considerar que aquel lugar era sagrado, desobedeciendo las órdenes del sultán. 

     Los prolegómenos de este conflicto fueron recogidos por la prensa de la época: 

     “Según telegrafían á El Imparcial, santones van de aduar en aduar predicando la guerra santa y excitando á los riffeños para que sean terribles en la próxima lucha. 

      Consta por todas las noticias que las kabilas se han negado á obedecer la carta o edicto que les envió el ministro del sultán Sidi Mohamed Torres, en que les ordenaba que no se opusieran á la construcción del fuerte de Sidii Aguariach. 

     Los jefes de las kábilas han contestado a este edicto que no pueden consentir en modo alguno que el fuerte se edifique, añadiendo que el sultán no tiene autoridad para ordenárselo. 

     Están decididos á impedir las obras, y en cuanto comiencen, atacarán á los soldados. 

     El mismo corresponsal añade que estos días se han celebrado importantes reuniones de moros…”[1]

Soldados españoles en el Fuerte San Lorenzo (fuente ABC 04/11/1893)

      Como consecuencia del alzamiento de los rifeños, una ola de patriotismo recorre la península, sumándose nuestra localidad el 9 de noviembre, con la aprobación de una propuesta del alcalde D. Antonio Pastor para socorrer a los soldados alcalaínos que resultaran heridos y a las familias de los fallecidos. La exposición del alcalde es la siguiente: 

     “Iltmo. Sor.= Una ofensa inferida a nuestra bandera por los barbaros del Riff obliga a que millares de hermanos nuestros invadan el campo Africano a derramar su sangre para lavar tal ultraje; nadie mejor que los heridos o inútiles de esa Campaña necesitan el Auxilio de todos y todos en la obligación de prestárselo.= 

     A este fin y a pesar de la penuria que agobia a estos fondos municipales, tengo el honor de proponer a la Corporación. 

     Que se entreguen 125 pesetas con destino a la asociación de la Cruz Roja de Cádiz la cual se librará con cargo al capítulo de imprevistos. 

     Conceder una pensión vitalicia de una peseta diaria a los padres pobres del primer soldado hijo de esta Ciudad que muera en la Campaña. 

     Otra también vitalicia de setenta y cinco centimos de peseta diaria al soldado hijo de esta ciudad que quede inútil e imposibilitado de ejercer cargo, oficio o profesión alguna. 

     Colocar en las dependencias del Municipio a los que queden inútiles y sean compatibles el cargo con la inutilidad, y por ultimo. 

     Hacer presente al Gobierno de S. M. por conducto del Exmo. Sor. Gobernador Civil de la Provincia la adhesión incondicional de este Municipio el que le felicita por las acertadas disposicones adoptadas con motivo del conflicto surgido en Melilla. 

     El Ayuntamiento sin embargo acordará como siempre lo mas acertado en justicia. 

     Casas de Ayuntamiento de Alcala de los Gazules a 9 de noviembre de 1893 = Antº Pastor. 

    El Ayuntamiento lo aprobó por unanimidad y acordó abrir una suscrición para recaudar fondos con destino a la asociación de la Cruz Roja.”[2]



NOTAS

[1] El Popular. Diario Independiente. Año XXV, nº 10575 pág. 2. Edición del 17 de octubre. 

[2] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Actas de sesiones del Ayuntamiento pleno. Libro sin catalogar. Punto 5º de la sesión del 9 de noviembre de 1893.