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sábado, 22 de febrero de 2025

Pincelada de Historia inesperada




Ismael Almagro Montes de Oca



    Investigando sobre la Historia de Alcalá en los folios de legajos centenarios, a veces, te topas con alguna breve nota recogiendo alguna información, que nada tiene que ver con los documentos en que se halla, una pincelada de historia fuera de lugar.

    Es el caso que me ocurrió ojeando un protocolo notarial del año 1704, en el cual, entre varios folios en blanco que cerraban aquel legajo, me encontré una anotación que hacía referencia a un acontecimiento ocurrido un siglo más tarde, pues relataba brevemente el episodio de fiebre amarilla que asoló Alcalá en 1800:

“En el siglo de 1800 hubo es esta Villa una Grande peste producida de la ciudad de cadiz y murieron mil y doscientas personas, se enterraron los cadáveres en el patio de la hermita de San Antonio de Abad en las zanjas que se hicieron y otras en el molino de viento; dha enfermedad se padeció en el obispado y Arzobispado =

    En el año de 801, la padeció la ciudad de Medina En el de 803, la ciudad de Malaga; y en el 804 bolvió a padecerla dha ciudad, y se propagó el Reyno de Murcia, cadiz Arcos, Espera y otros pueblos, este año no se cogio trigo alguno y cada fanega llegó a valer ciento y ochenta reales, se conducía a esta Vª. desde Puerto Real el trigo ="



    ¿Por qué aparece esta nota en documentación de un siglo anterior a que ocurriese la epidemia? No lo sabemos. Quizás el escribiente se equivocó al seleccionar el legajo y cogió el de 1704 en vez del de 1804.

    En cuanto a los datos contenidos, conviene precisar que nos parece totalmente exagerado el número de fallecidos. Un estudio de años más tarde rebaja la cifra a 817 muertes.[1] Por nuestra parte, tras analizar un listado que se conserva en el Archivo Parroquial, mandado ejecutar en 1801 por orden del visitador general del obispado. D. Cayetano María de Huarte, en el que se anotan todos los fallecidos (algunas partidas aparecen duplicadas), podemos asegurar que el número de fallecidos en Alcalá por la epidemia de fiebre amarilla ascendió a 704 personas.



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NOTAS

[1] De María, Alfonso (1820) Memoria sobre la epidemia de Andalucía el año de 1800 al 819. Página 122

sábado, 23 de diciembre de 2023

Medidas para prevenir una epidemia en 1730




Ismael Almagro Montes de Oca



    A finales de octubre de 1730, el cabildo alcalaíno tuvo noticias de una epidemia que estaba azotando la ciudad de Cádiz, aunque no se menciona de qué tipo era, y rápidamente se escribió al Puerto de Santa María, por su cercanía con aquella, para indagar el estado en que se hallaba, recibiéndose días más tarde la respuesta en una carta, dando cuenta de que la misma continuaba sin alivio ninguno y que se habían tomado medidas restrictivas domésticas para intentar evitar que el contagio se extendiese.

    Los regidores convocaron el día 13 de noviembre a los dos médicos asalariados por el ayuntamiento alcalaíno, los doctores D. Esteban Julián Velilla de Aragón y D. Antonio Muñoz de Contreras, a quienes participaron las noticias para que determinasen las medidas que el consistorio debía poner en marcha en beneficio de la salud pública. Los galenos dieron un total de siete recomendaciones, y sorprende que más de la mitad de estas, no estaban encaminadas, como cabría pensar, en extremar el aseo y la higiene de personas y lugares, sino en prohibir ciertos alimentos:

“Lo Primero se prohiva el vino nuevo ni mistura con aniexo___

Que la manteca y Bacalao que no sea de satisfasion y que conste no aver salido de Cadiz no se admita en esta villa y el que ay en ser en las tienda que no sea de primera suerte desde luego los saquen fuera y que sino lo hizieren los almaceneros en el termino que se les señalare, se les saque y entierre fuera del Poblado____

Que se prohivan totalmente sardinas y del pescado de cuero cavallas bonitos calamares y atum; Y del Pescado de escama el que no estuviere de calidad.

Que no se admita carne mortesina en el rastro ni que ningún vezino la traiga a el lugar sino es que la entierren en el campo; Y que las carnes que se introduxeren en la carneseria sean sanas y de buena calidad a satisfazon de los Diputados de la salud___” [1]


    El resto sí son medidas higiénicas, aunque relacionadas con la erradicación de animales sueltos en las calles:

“Que se aseen las calles sin permitir en ellas Bestias Perros gatos ni otro animales muertos ni inmundissias sino que se saquen fuera de la villa___

el Asseo de las calles y limpiessa de las ofissinas Publicas Carneseria y alondiga

el que no anden cochinos por las calles__”

    Los regidores, como no podía ser de otra manera, acordaron llevar a efecto todas estas medidas, bajo severas penas para los transgresores.


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NOTAS

[1] ARCHIVO MUNICIPAL ALCALA GAZULES. 


sábado, 25 de abril de 2020

Alcalá 1800. Historia de la epidemia de fiebre amarilla (III)





      Pero a pesar de todas estas prevenciones y medidas, el cordón sanitario no consigue impedir la entrada de transeúntes en nuestro término, puesto que el propio Comandante General del Campo de Gibraltar recibe noticias de estas violaciones, enviando sus quejas al consistorio alcalaíno en otro oficio que también se atiende en el cabildo del 25 de septiembre: 

“Sre. que se corte la comunicación de gentes forasteras en las casas de los vecinos de esta villa, pena de ba. de presidio a los infractores 

tambien se vio otro oficio del mismo Exmo. sor en el que manifiesta que mediante a noticiarse que varias Personas atropellando las Leyes de la humanidad, y soberano Precepto cometen el grave exeso de admitir en sus casas, cortijos y otros parajes a diferentes que vienen de cadiz y sus Pueblos immediatos y siguiendo en ellos con aumento la mortandad puede resultar el introducirse en los Pueblos del distrito de su mando sufriendo sus vecinos iguales tristes consecuencias” 

      Poco a poco crece el número de víctimas y de enfermos. El riesgo de contagio es tal que prácticamente se paraliza todo. Baste decir que en el mes de octubre no se celebra ningún cabildo y que hasta el propio Corregidor D. Manuel Simó y Solano, olvidándose de que es la máxima autoridad en el pueblo, se queda encerrado en su casa, situada en el castillo. Así lo atestigua el cirujano, José Molina en un interrogatorio posterior sobre el comportamiento de dicho regidor en el tiempo de la epidemia:

“aunque el Corregidor atendió personalmente a los socorros de la epidemia al principio se preservó sin salir de su Casa como un mes en el mayor furor de ella, dejando abandonadas las obligaciones de su ministerio no obstante ser Presidente de la Junta de salud ppca de qe se esperimentaron no pocos desarreglos…” 

    Más esclarecedor aún es el testimonio del licenciado Miguel Moreno González, quien afirma que el corregidor sólo salía para la misa y que intentó huir del pueblo, impidiéndoselo los concejales:

“el Corregor en el tiempo de la epidemia abandonando todas las obligaciones de su ministerio se atrincheró en su casa sin salir mas qe a misa los días de precepto y que havdo venido al principio ordenes de Sor Comandte Genl de Sn roque determinaron los Consejales como legos, combocarlo al Ayuntamto para que se viese su dictamen donde se vió un oficio del Corregor solicitando que el Ayuntamto le diese licencia pa retirarse fuera del termo la qe le fue denegada por su Consejo, pr la qual subsitió el Corregr enserrado en su Casa, sin dar Audiencia a los infinitos clamores del Pueblo por medicinas alimentos y otros socorros corporales, a qe quando mas contestava a algunos por unas ventanas y tal ves a los mas intimos pr los Corredores de la Casa.” 

      Francisco Villanueva por su parte añade que el corregidor ni siquiera abría las ventanas: “le habló desde una pieza de su casa donde asistia qe está en frente, manifestado a voces por la ventana serrando los christales qe no salía a tomar los ayres que corrian.” 

      Definitivo sobre la forma de actuar del corregidor será el testimonio de Nicolás Berrocal, sirviente del mismo, quien llega a afirmar: “que durante la epidemia estuvo este enserrado en su casa de donde no salió para misa ni otra parte sin que tuviese enfermedad alga sino mucho miedo” 

     Ante esta situación, son los demás miembros del cabildo los que se hacen cargo de todo, señalando Villanueva a dos de ellos principalmente: “durante la época del contagio el Corregr se mantubo preservado en su casa dejando al cuidado del Algl mayor y de Villoslada la asistencia a todas ls atencions de la humanidad y el bien ppco (público)” 

      Todo el que ha podido se ha retirado a aislarse en los cortijos en el campo para evitar el contagio, quedando las casas cerradas y siendo algunas saqueadas, a pesar de los esfuerzos de José Antonio Coronado, alguacil mayor, a quien, por cierto, sería de las pocas personas que el corregidor recibía en su casa:

“quando este tgo. (testigo) iba a verlo lo recivia en su vivienda y lo hacia sentar. Que durante el Contagio como los mas de los vecinos pudientes se retiraron al campo se verificó la apertura de algs casas y acaecims de robos lo que no era posible evitar sin embargo de su celo continuo pr ser el único de Justicia qe atendia a ello y los agresores le cogían las hueltas, bien qe no les dejó consumar sus intentos y asi no acaeció rovo de consideron” 

      Como el alguacil mayor no daba abasto para vigilar las casas abandonadas, algunos de los que quedaron en el pueblo se cuidaban de evitar que los ladrones entraran en casas de parientes o conocidos. Este es el caso del mayordomo de Propios, Francisco Durán Troyano, quien ratifica el robo en algunas de ellas:

“durante el tiempo de la epidemia no vio al Corregr concurrir a tomar providencias por el Pueblo (…) ni para inquirir los autores de los robos qe se ejecutaron con apertura de hasta 7 Casas como se vociferaron y entre ellas dos qe estaban al cuidado deste tgo. bien que con la felicidad de qe en sola una faltaron cosas de poco momento, sin duda por no haver tenido lugar los agresores de saquearlas y qe el Corregr se retiró y asiló en su casa sin salir a parte alguna mientras duró el rigor del contagio contestando por las ventanas y Corredor alto a los qe lo solicitavan” 

     Tal sería la situación de desorden y caos que pronto llegan las noticias al Comandante General del Campo de Gibraltar, quien en carta de 16 de octubre acusa a D. Manuel Simó y Solano como culpable de la situación y hasta el Gobernador provincial envía otra carta el día 24 acusando a todos los miembros que componen el cabildo:

“de la falta de actividad, zelo y discresion del Corregr y Ayuntmto de Alcala y de su poca disposon (disposición) a obedecer las provids (providencias) del Sor Comandte Genl del Campo de Gibraltar con respecto a la cituasion de aquel Pueblo, asi en el socorro de los enfermos del contagio como para preservar de él a los sanos y evitar la propagon de la comarca” 

      Tras el cabildo del 25 de septiembre, donde ya faltaron 4 regidores por haberse ido al campo, abandonan el pueblo Juan Benítez Valverde, alcalde ordinario y el escribano de Cabildo, tal como asegura el administrador del hospital Pablo Villoslada “el Corregr en la epidemia se aposentó en sus casas sin salir y que el único Alce ordino qe havia aquel año emigró del Pueblo y lo mismo hizo el Essno de Ayuntamto dn Miguel Manin de la Bastida serrando su oficio” 

     Hablando de escribanos, en el tiempo que dura la epidemia se produce un aumento notable del número de testamentos, más de 80 [24], a pesar de permanecer cerradas las escribanías, siendo algunos otorgados por los enfermos a los curas que los atienden. 

      Otro de los problemas que se presentan con el rápido aumento de fallecidos es el de los enterramientos. Parece ser que en un principio se realiza alguno en el panteón parroquial, justo donde hoy está el salón de actos del Beaterio, puesto que en el listado de fallecidos en la epidemia que se conserva en el Archivo Parroquial, la primera persona apuntada aparece sepultada en dicho lugar:

“Dª Juana Marin, natural de esta Vª Casada con Dn Melchor Ruiz, fallecio en diez y nueve de Septe de mil ochocientos, y se enterró con oficio general en el Panteon de esta Parroquial, recibió los Santos Sacramtos” [25]


     La segunda víctima en la lista es el síndico general del ayuntamiento, José Suarez, aunque no se cita el lugar de enterramiento, sino simplemente que “falleció de la epidemia qe en la misma se experimentó”. A continuación, aparece una hija del anterior, pero a partir de aquí se recogerá como tumba de los cadáveres: “la sanja destinada a el intento”. Esta será precisamente la medida que se toma, enterrar los cadáveres en una fosa común, tanto por la urgencia de enterrar a los fallecidos en la epidemia, sin hacerles siquiera funeral para evitar la propagación tan pronto como murieran, como por la falta de tumbas en las distintas iglesias. El lugar elegido para hacer la zanja es junto a la ermita de San Antonio, primitiva sede del convento de la Consolación de los frailes mínimos en Alcalá hasta 1682 en que pasaron al convento de la Victoria en la Alameda, de ahí que se conociera popularmente como la Victoria vieja. 


     Gracias al testimonio de su mujer, María Caballero, sabemos que será Juan González Cortinas a quien se ponga al frente de los trabajos relacionados con la zanja hasta su fallecimiento:

“su marido tubo al principio de la epidemia de la dirección de la apertura de las sanjas, acopio de las cales, hasta qe le acometió la epidemia de qe murió el dia 1º de Nov.e” Pero como vemos, se habla de zanjas en plural, ya que el número de cadáveres se incrementó tan rápido que hubo que hacer al menos 4 zanjas, tal como afirma posteriormente el alcalde de primer voto, Juan Benítez Valverde, justificando unos gastos, entre otras cosas para: “la apertura de quatro sanjas”. Pero es que además, seguramente hubo que hacer alguna que otra zanja en el campo, pues Villoslada justifica el gasto de 40 reales por una libra de pólvora “qe se imbirtió en dar barrenos y sacar Piedras pa tapar una sanja en despoblado” 

       Por el testimonio de Francisco Villanueva sabemos que para excavar las zanjas se utiliza la mano de obra de los presos en la cárcel, a quienes se les paga 1 real por día, al igual que a la tropa que los custodian:

“fue gasto de la epidemia un rrl de sobre prest qe se suministraba a los Presidiarios y tropa qe paso custodiándolos pa qe hicieran sanjas”. El cirujano José Molina nos cuantifica el número de presos que participan y la duración de los trabajos: “a los Precidiarios qe serian como 20 y a los soldados de sus custodia se les suministrava un rrl de prest o sobre plus y que estuvieron en el Pueblo como un mes” 


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NOTAS

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viernes, 27 de marzo de 2020

Alcalá 1800. Historia de la epidemia de fiebre amarilla (II)




      Si comparamos la cifra recogida por el doctor Alfonso de María de 817 fallecidos en Alcalá en la epidemia [11] con la de los pueblos más cercanos, 136 en Medina y tan sólo 86 en Paterna, nos daremos cuenta de que algo tuvo que fallar aquí para que las víctimas se multiplicaran por 6 con respecto a la primera localidad y casi por 10 con respecto a la segunda. Parece claro que las medidas sanitarias no surtieron efectos y que no se aplicaron con el rigor necesario. 

     Fundamental para esclarecer este aspecto resulta el testimonio del entonces médico titular en Alcalá en la fecha de la epidemia, D. José Sánchez Aznar, documento desconocido hasta ahora y que fue recogido en un cuestionario de varias preguntas relativas a las epidemias de 1800 y 1820, publicado por el Periódico de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz en 1822.[12] Sus respuestas aportan una información importantísima, de primera mano, sobre cómo penetra la enfermedad entre los alcalaínos, pues afirma que la primera vez que trató los síntomas fue asistiendo a dos individuos vecinos de Cádiz que llegaron a Alcalá, apellidados Molano y Quirós, a los que, seguramente por desconocimiento de los efectos del contagio, trató como si de una enfermedad común se tratara y, aunque sanaron, si los menciona en su respuesta es porque posteriormente, con el avance de la plaga, comprendió que presentaban los mismos síntomas de la epidemia: 

“Se cree que fue transportada desde Cádiz por dos vecinos de dicha villa asistidos por el que suscribe esta relación, y habiéndose curado dichos individuos en sus casas del mismo modo que se asisten las enfermedades comunes o conocidas, y no con la reserva debida á un contagio tan cruel, calló el mal por entonces: no le acometió a ninguno de los de la familia y visitas de aquellas casas” 

      Asimismo, declara que la primera víctima fue un vecino apodado Parola, y si bien con los dos enfermos anteriores no se extendió la enfermedad, según este médico, posteriormente un aumento de la temperatura favoreció su expansión: 

“no se reprodujo hasta que tomando la atmósfera un temple de calor el mas raro que habíamos conocido, vino un tal Parola, (por no acordarse de su nombre) y a el momento conocí que era la calentura que reynaba en Cadiz y como tal lo declaré para la precaucion del contagio: el cual había adquirido de unos arrieros que durmiendo con él y su familia en la choza de un sandial que tenía, al instante se sintió malo y murió; pero antes había venido un hijo suyo ya sincoptico, y en seguida toda la familia, y ya tambien se había salpicado todo el pueblo por un efecto visible del contagio externo y por la disposición atmosférica que no hubo a el arribo de Cadiz de los individuos Molano y Quirós de que queda hecha mención.” 

     Como vemos, culpa directamente a los arrieros, que con sus bestias hacían el transporte de mercancías entre las localidades, de la propagación de la enfermedad al saltarse todas las medidas sanitarias de incomunicación entre pueblos contagiados, añadiendo además que tanto en el contagio de 1800 como en el posterior de 1820:

 “siempre ha debido atribuirse su contagio a el mas que mediano contacto, que estos vecinos han tenido y tienen con los de Medina-Sidonia y Paterna, arrieros y tragineros perpetuos de este país, y que reúnen por notoriedad la circunstancia de ser muchos en número y tan poco escrupulosos que a cualquiera pueblo epidémico se arrojan impávidos con los efectos que conducen. No debiera haber sido tan general y cruel el contagio, si su foco no se hubiera sostenido con los enfermos que en aquella desgraciada época nos entraban de las carbonerías, eras, huertas, molinos y demás caseríos llenos de gentes que rozaban con aquellos trajinantes.” 


     Pero es que además se produce un hecho fundamental para la propagación de la epidemia, que no es otro que la venida de la Patrona, la Virgen de los Santos, como hemos visto en rogativa, con la consiguiente aglomeración de vecinos, tanto en el trayecto como en la preceptiva novena de desagravio en la Parroquia, que nos la imaginamos a rebosar de fieles suplicándole para que acabara con el mal, convirtiéndose así esta circunstancia en el perfecto caldo de cultivo para propagarse el virus de unos a otros, una vez que había conseguido superar las barreras del cordón sanitario. Así también lo piensa el citado doctor José Sánchez Aznar, quien opina que: “haber hecho tambien procesiones y rogativas cuya reunión fué ademas perjudicial…”[13]

     Aunque no tengamos noticias directas, otra decisión que se debió tomar fue la creación de una Junta de Sanidad para supervisar todo lo concerniente a la salud pública y de la cual sabemos que forman parte con certeza D. Manuel Simó y Solano “el Corregr. como Presidente de la Junta de Sanidad” y el cirujano “dn. Josef Molina vocal de la Junta de sanidad.” Este último era cirujano retirado del Ejército, por concesión del Rey tras “varios achaques qe ha padecido en su salud” que se vieron agravados tras su participación en la Guerra del Rosellón entre 1793 y 1795 “con particularidad a causa de los contratiempos qe ha experimentado en la ultima Guerra, qe se tubo con la Francia en el Exto. del Rosellón”. Tras su retiro, el Teniente Coronel Francisco Cornel, comandante del 2º Batallón de voluntarios de Aragón, establecido en Alcalá con una partida de tropas para la persecución de contrabandistas y malhechores, necesitando un cirujano para su tropa y las partidas de remonta de la zona, pidió que se estableciese en nuestro pueblo. [14]

     Otro integrante de la Junta de Sanidad es el administrador del Hospital de la Misericordia, D. Pablo Villoslada y Morales. Este cordobés, natural de Monte Mayor, en su juventud presentó las pruebas de limpieza de sangre para entrar de discípulo en el gremio de plateros de Córdoba en 1756.[15] Viudo de María Obrero, casa en Alcalá en segundas nupcias con Petronila Pinceti y Brun, viuda a su vez de Pedro Andino, siendo por tanto, abuela del célebre jurisconsulto alcalaíno Pedro Sainz de Andino, y que falleció en 1797. [16] Villoslada tendría la suerte de librarse de la epidemia de 1800, pero no superaría la de 1820, falleciendo el 17 de diciembre a causa de la fiebre amarilla. [17]

      Con respecto al extinto Hospital, lindero con las Casas Consistoriales en la Plaza Alta, fue fundado el 15 de enero de 1514 por Catalina Aguayo, viuda de Martin Olvera y contaba con 12 camas.[18] Estaba destinado para los enfermos pobres y constaba de tres plantas, siendo la segunda para los enfermos contagiosos, aunque en esta epidemia hubo que destinar todos los recursos a intentar paliarla. 

     Además de los personajes mencionados, también formarían parte de la Junta de Sanidad los dos médicos titulares en Alcalá, D. José Sánchez Aznar y Lorenzo Rodríguez. Este último estaba casado con Juana Cerri Periañez. [19]

     El 7 de septiembre se vuelve a celebrar un nuevo cabildo, en el que reina una cierta normalidad, ya que en el mismo se trata sobre el precio a que se ha de vender la carne de vaca en las carnicerías, lo que denota que aún la enfermedad no ha empezado a hacer estragos. Asimismo, siguiendo órdenes del comandante General del Campo de Gibraltar y con la participación de los dos médicos titulares, se plantea la necesidad de establecer un lazareto para que los visitantes pasen la cuarentena, eligiéndose una casa que tiene Tomas de Morales en el Prado: 

Sre. Lazareto 

Asimismo en este cavdo se trató y conferenció presentes tambien Dn. Lorenzo Rodriguez y Dn. Jose Sanchez Medicos titulares de esta villa, sobre destinar una casa comoda de campo para que en ella permanezcan a hacer quarentena de observancia aquellas Personas que vengan de los Puertos en sana salud según y como del mismo modo se previene en carta orden del Exmo. Señor comte. general del campo de San Roque que tambien ordena se eviten todos los gastos como esta recomendado en construcción de barracas i cosas y si solo que se destine como va dho una casa de campo comoda; En cuya inteligencia se acordó por este cuerpo de conformidad con los Medicos, ser conveniente y proporcionada la casa y olivar que sercado tiene en el Prado de abaxo de este termino, tomas de Morales el maor (mayor) en donde se destinen dhas Personas sanas, precediendo reconocimto. de los mismos Medicos para averiguar si están u no perfectamte. sanas y asi se determinó” [20]

     Aunque el dato del establecimiento del lazareto en el Prado era ya conocido en la Historia local,[21] este no será el lugar elegido puesto que finalmente, bien por la negativa del dueño de la casa mencionada, bien porque los médicos desaconsejaran su utilización por estar relativamente cerca del casco urbano (no olvidemos que en esta época la entrada principal de Alcalá era la cuesta de la Salada), se optó por un cortijo situado en la zona de Patriste, llamado de la Gitana, nombre que aún se conserva en la zona, así como el arroyo del mismo nombre. Así lo asegura su dueña, en un memorial dirigido a los señores del Ayuntamiento, de quienes recibe orden para su cesión el 11 de septiembre: 

“Ss. del Yle. Ayuntamto. 

Da Leonor Chacon de la Fuente Vna desta Villa y Labradora en su termo. con el mas debido modo hace presente a V. SS. Que haviendo dispuesto el Gobierno de ella, sirviese de Lazareto para la Quarentena de observación en los Sugetos sanos que se presentasen, el cortijo nombrado la Gitana de mi propiedad según orden fecha 11 de Sepre de 1800 firmada de los Ss. que lo componían, y que conservo, la qe indica la devida remuneración, ha resultado que en conseqa de haver prestado dho mi Cortixo el acordado servicio de Lazareto desde 11 de Sepe….” [22]


       Varios días más tarde, el 17 de septiembre, se recibe una orden del comandante General del Campo de Gibraltar dando cuenta del avance de las “enfermedades epidémicas” en Andalucía e instando para que “se tomen las providencias ordinarias en estos casos para impedir enteramente la comunicación del contagio” [23] recibiéndose el día 22 otro oficio del mismo Comandante informando del envío de tropa para reforzar el cordón sanitario y evitar el trasiego de personas: 

“…manifiesta haber ya remitido a esta villa una Partida de tropa de caballería de Borbon, y mandado que subsista tambien en ella un oficial y veinte y sinco hombres de Barbastro para que conforme a la real orden comunicada y que va referida se forme cordon de infantería y caballería que evite la introducción de toda persona de la Provincia de Andalucia, y se haga retroceder a quantos se presenten no permitiendo absolutamente la introducción ninguna por caracterizada que sea como venga u haya tocado aunque de paso en algun Pueblo de la dha Provincia o territorio, por casualidad, obligando a rondar con tropa, y sin comunicación a los que se presenten en este termino hasta dexarlo fuera de los limites de la Jurisdiccion de dho Señor Exmo” 

       Ambos escritos son presentados en el siguiente cabildo celebrado en las Casas capitulares, que se celebra el día 25 de septiembre, notándose ya que la enfermedad comienza a extenderse puesto que muchos vecinos, principalmente los pudientes, empiezan a abandonar el pueblo, trasladándose al campo, como es el caso de cuatro de los seis regidores, José de Arias Jiménez, José Benítez del Canto, Francisco Cid Noble y Cristóbal Muñoz: “no haviendo concurrido los demas Rexidores que faltaban a causa de estar en el campo”. 

       Tras conocer los mandatos del Comandante General, se acuerda ponerse a las órdenes del coronel D. Francisco Reyna, capitán de Reales Guardias españolas, nombrado comandante principal del Distrito para tomar “las providencias que se concideren oportunas, nombrando sujetos de actividad y celo que vayan con la tropa a tomar las avenidas trochas y veredas, a los quales los Propios hayan de abonar el sueldo que se concidere por este cuerpo suficiente” 

      El día de este cabildo ya se encuentran en Alcalá las tropas destinadas para el cordón, asistiendo al mismo un integrante de ellas, con quien se acuerda formar tres partidas para vigilar los principales caminos:

“hallándose presente Dn. Pedro La Cruz? de la Partida destinada en esta villa, acordó este cuerpo de conformidad con el susodho y para que por quantos medios se Juzguen convenientes evitar la introducción del contagio y atender al beneficio de la salud publica, que es objeto en que desean se acredite su Amor a la Patria y servicio a el Rey; De que para ir con las Partidas de tropa a caballería que hayan de tomar las avenidas, trochas y veredas de este termino, según se previene por S. Exa. se nombran a Dn. Rafael de Velasco y Lobo Alferez mayor de este cuerpo a Dn. Franco. Caballero Rexidor Decano de el mismo y a Dn. Gil Garcia Lechuga de esta vecindad para que uno con su Patrulla, pase registro y observe en el camino de xerez Arcos y Sevilla todo cuanto ocurra a fin de cumplir lo que esta prevenido; el otro en el camino a Cadiz que es de Medinasidonia, Chiclana Ysla de Leon y Puerto real y el otro en el camino de Gibraltar, Algeciras y vexer, con cuyos puntos queda todo el termino de esta villa acordonado como se manda por dho señor Exmo.” 

      Aunque en el cabildo de 31 de agosto se acordó que los regidores vigilasen las entradas y salidas del pueblo, parece ser que dicha tarea recayó principalmente en el alcalde de primer voto, Juan Benítez Valverde, acordándose en este último pleno que sea ayudado por el diputado de abastos, para que así el primero pueda atender, en relación con su cargo de diputado de Guerra, a las tropas reunidas en el término de Alcalá:

“Y a fin de cuidar, celar y velar sobre las guardias que se hallan puestas en todas las entradas y salidas del Pueblo que hasta aquí lo ha estado haciendo con la mayor vigilancia el señor Alce de primer voto, cuya ocupación a veces le impide el poder atender a otros asuntos de la misma clase y particularmente a el de la Diputacion de Guerra que esta a su cargo para facilitar el alojamiento, bagaje y demas que necesita la mucha tropa que diariamte. transita por esta villa, se nombra a Dn. Domingo Garcia Blanco Diputado de Abastos de este común sin perjuicio de hacerlo quando convenga asi dho señor Alcalde, como el señor correxor Presidente todo a fin de que dhas Guardias procedan con la mayor vigilancia a cumplir sus obligaciones, abonándoseles a dhos Diputados por el fondo de Propios de esta villa diez rs diarios a cada uno, que es el sueldo que se considera suficiente según tambien se preceptua por dho. Sr. Exmo. y asi se determino” 

     

NOTAS

[12] PERIÓDICO DE LA SOCIEDAD MÉDICO-QUIRÚRGICA DE CÁDIZ, Volumen 3 1822. Imprenta de la Casa de Misericordia. Pág. 337-341. Apéndice al Nº IV del Tomo III. Contestación del profesor D. José Sánchez Aznar, médico titular de esta villa, según el orden numérico del interrogatorio. 

[13] Ibídem. 

[14] AMAG. Legajo 27. Cabildo de 9 de agosto de 1801. Folios 56-58 vto. 

[15] ORTIZ JUAREZ, Dionisio; Catálogo del Archivo Histórico del Gremio de Plateros de Córdoba. 1980. En BOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE CORDOBA DE CIENCIAS, BELLAS LETRAS Y NOBLES ARTES. Pag.167. 

[16] TOSCANO DE PUELLES, Fernando; Sainz de Andino, el hacedor de leyes. 1987. Pág. 44 

[17] ARCHIVO PARROQUIAL DE ALCALA DE LOS GAZULES. Libro funerales 9. Folio 166 

[18] MADOZ, Pascual. Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid 1848. Pág. 374 

[19] PUELLES Y SALAS, Manuel María; Historia de la familia de los Puelles. 1864. Inédita 

[20] AMAG. Cabildo de 7 de septiembre de 1800. Folios 28-29 

[21] TOSCANO DE PUELLES, Fernando; Sainz de Andino, el hacedor de leyes. 1987. Pág. 66 

[22] AMAG. Legajo 27. Cabildo de 12 de mayo de 1801. Folio 48 y vuelto. 

[23] AMAG. Cabildo de 25 de septiembre de 1800. Folios 29-31 vuelto. 

viernes, 20 de marzo de 2020

Alcalá 1800. Historia de la epidemia de fiebre amarilla (I)




Ismael Almagro Montes de Oca 

      Hace varios años, cuando empecé a investigar sobre la epidemia de fiebre amarilla que asoló Alcalá en 1800,  el mundo entero miraba con temor hacia África, preocupado por la expansión del virus del Ébola, que amenazaba con convertirse en una pandemia mundial de consecuencias imprevisibles. Hoy la situación se repite, más dramática si cabe, con la pandemia del coronavirus. Imagínese esta situación excepcional que estamos viviendo hace dos siglos, cuando no se contaba ni con medios técnicos modernos para controlar la más mínima epidemia ni con la medicina actual para ponerle remedio. Resultado: el CAOS. La gente huyendo al campo, el pueblo despoblado, las tiendas desabastecidas, los enfermos casi desatendidos y abandonados a la voluntad de Dios, a quienes se encomendaban todos en rogativas y procesiones varias, ante la inutilidad de la multitud de remedios medicinales y caseros para evitar el contagio y que hoy, vistos desde la distancia temporal, nos resultan irrisorios, pero que en su día creyeron eficaces, pues muchos de ellos eran recomendados por los propios médicos. 

      Alcalá se vio especialmente afectada durante el siglo XIX por sucesivas epidemias que mermaron su población. Así, en 1800, 1802, 1804 y 1820 (60 fallecidos) fue la fiebre amarilla la que hizo estragos, mientras que en 1834 sería el Cólera quien dejara 158 víctimas. Posteriormente, en la década de 1840 fueron frecuentes los episodios de calenturas y tabardillo y en 1854 sería nuevamente una epidemia de cólera morbo la que se cobrara 288 fallecidos. Esta misma enfermedad se volverá a reproducir en 1864-65 y finalmente en 1892, tendrá lugar última epidemia del siglo, frenada ya su virulencia por la utilización de las vacunas. 

       Pero de todas ellas, la más mortífera fue la primera del siglo, la de 1800, que según las fuentes estudiadas produjo más de 800 muertes entre los habitantes de Alcalá en apenas 3 meses. Y, sin embargo, pese a ser la más dañina, apenas sabemos unos cuantos datos sobre la misma. Es por ello por lo que me he propuesto arrojar luz y dar a conocer cómo se desarrolló y las consecuencias que tuvo esta epidemia, que es sin duda, por el número de víctimas, el episodio más negro en la Historia de Alcalá. 

      Es difícil saber con exactitud el número de habitantes que tenía Alcalá en torno a 1800 pus aún no se elaboraban censos. En la segunda mitad del siglo XVIII se va produciendo un aumento gradual de la población ya que las fuentes hablan de 3040 habitantes en 1769 y 3867 en 1782. [1] Varios años después, en 1789 la población alcalaína rebasaría ligeramente la cifra de los 4000 habitantes [2]  Ya entrado el siglo XIX, Sebastián de Miñano, en su Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal, publicado en 1826, establece la población en 5113 habitantes. A la vista de estas cifras, no resulta descabellado pensar que en el cambio de siglo nuestro pueblo contara con una población en torno a 4500 habitantes. 

      Tal como era costumbre, en el primer cabildo de 1800 tiene lugar la toma de posesión de los nuevos cargos en el Ayuntamiento para dicho año, que habían sido nombrados por la Duquesa de Medinaceli, dueña jurisdiccional en cuya Casa se incluía el Ducado de Alcalá, eligiendo para cada puesto a uno de los dos candidatos propuestos. Conviene aquí precisar la composición del Ayuntamiento o Concejo en esta fecha, puesto que se convirtieron en los actores principales durante la trágica epidemia. 

      El Cabildo alcalaíno estaba presidido por el Alcalde mayor o Corregidor, cargo ejercido por D. Manuel Simó y Solano. Nacido en Granada el 29 de octubre 1753, había iniciado su carrera en 1769 al obtener beca de Colegial Jurista en el Real de los Apóstoles San Bartolomé y Santiago, donde estudia durante cinco años Súmulas, Lógica y Ética. Durante los tres años siguientes estudia Jurisprudencia Civil para cursar posteriormente un año de Derecho Canónico. En 1773 obtiene el grado de Bachiller en Leyes por la Universidad de Granada. Durante 4 años es miembro de la Academia de Jurisprudencia práctica establecida por el Colegio de Abogados de Granada, ejerciendo de Juez y abogado. En diciembre de 1779 ingresa como abogado en la Chancillería de Granada. El 28 de agosto de 1784 toma posesión como Corregidor de la Villa de El Coronil, nombrado por el Duque de Medinaceli, donde permanece hasta enero de 1787 en que es promovido a la ciudad de Denia, en Valencia. Allí permanece hasta marzo de 1793, siendo nombrado el 28 de abril de dicho año corregidor de la Villa de Espera, desde donde pasa en 1799 a ejercer en nuestra localidad. 

      Existen además dos alcaldes ordinarios, equivalentes a los actuales tenientes de alcalde, o como aparecen denominados en las actas de la época, alcaldes de 1º y 2º voto, además de seis regidores o concejales. El encargado de mantener el orden y manejar las milicias será el alguacil mayor, mientras que el escribano de cabildo hará las funciones de secretario. 

      En el cabildo de 5 de enero toman posesión de sus respectivos cargos los nuevos alcaldes y concejales, recogiendo el acta todo el protocolo de aceptación de los nuevos capitulares, bajo la fórmula del juramento en defensa del Misterio de la Purísima Concepción: 

“Sre. titulo de nuevos capitulares 

En este cav.do por el Señor Correxor Presidte se manifestó un titulo que expresó haverlo puesto en poder de su mrd. Dn Alonso de Mendoza y Peña Admor del Exmo. Sr. Jurisdiccional de esta villa, el qual es despachado por la Exma Sra Da Juaquina de Benavides Pacheco de la cueva…se sirve nombrar por Alcaldes de primer voto y segundo a los señores Dn Juan Benitez Valverde y dn Diego Maria del Manzano; para Alférez mayor y Algl mor a dn Rafael de Velasco y dn Jose Antonio Coronado y pa Rexidores a dn Franco Caballero xarillo, dn Jose Arias Ximenez, dn Gonzalo Guimaran, Dn Jose Benitez del canto, dn Franco Cid Noble y dn Christobal Muñoz; Y enterados dhos Señores de la indicada elección y encontrándola conforme con su propuesta; Acordaron se guarde, cumpla y execute en todas sus partes, uniéndose a este Libro capitular dho titulo y respecto de hallarse citados ante diem por el caballero Algl mayor las Personas nombradas y que están aguardando en la Pieza de esta Essna de Gobierno, existente en esta casa capitular, que se vaxe a ella por el presente Essno. y dándoles el correspte recado de urbanidad los conduzca e introduzca en esta sala de Acuerdos y en ella precedidas de las solemnidades y ceremonias acostumbradas se le reciba a cada uno en sus respectivos empleos: Mediante lo qual y verificada dha dilixa. precedida la aceptación de cada uno en sus respectivos empleos y el Juramento de la defensa del Misterio de la Pura y limpia Concepcion y el de exercer su oficio con la fidelidad corresponte y guardar el debido sigilo en los asuntos que se traten y acuerden por el dho Sor. Presidente se entregaron los Vastones a dhos señores Alce Dn Juan Benitez y no se hizo a el dn Diego Manzano por hallarse ausente de esta, a el Alferez mayor y Algl mayor y a todos se les dio la correspondiente posesion, que tomaron quieta y pacíficamente y sin contradicion alguna” 

       Tras la toma de posesión, los miembros del nuevo Ayuntamiento llevan a cabo una votación para elegir entre los vecinos a los que han de ocupar distintos cargos en la administración pública. Como muchos de ellos intervendrán de alguna manera en el desarrollo de los acontecimientos durante la epidemia, recogemos a continuación la lista completa de cargos [3]

- Corregidor y Presidente: Manuel Simó y Solano 
- Alcalde ordinario de 1º voto: Juan Benítez Valverde 
- Alcalde ordinario de 2º voto: Diego María del Manzano 
- Alférez mayor: Rafael de Velasco 
- Alguacil mayor: José Antonio Coronado 
- Regidores: Francisco Caballero Jarillo, José de Arias Jiménez, Gonzalo Guimaranes, José Benítez del Canto, Francisco Cid Noble y Cristóbal Muñoz 
- Síndico provisor: Francisco de la Jara 
- Síndico general: José Suarez 
- Escribano: Miguel Manin de la Bastida 
- Diputados de Millones: Juan Benítez Valverde, Alcalde y Manuel Simó, corregidor 
- Padre general de menores: José Antonio Coronado, alguacil mayor 
- Diputados de cartas: Señores Jueces con la misma forma que el año anterior 
- Diputado de guerra: Alcalde 
- Diputados de Montes: Rafael de Velasco y José de Arias 
- Diputados de fiestas: Juan Benítez, Alcalde y José de Arias, 
- Diputados de obras: Gonzalo Guimaran y Gonzalo Muñoz 
- Diputados de campo: Rafael de Velasco y José de Arias 
- Promotor fiscal: José Suarez 
- Cirujano: Vicente Guillen, que lo era anteriormente 
- Procuradores del número: Ildefonso de Zurita, Juan Manuel de la Cuesta, Francisco Corona y Pablo Villoslada y Morales 
- Veedores de viñas y olivares: Bartolomé de Oliva y Juan Antonio Camacho 
- Veedores de panes: Juan de Mora y Juan de Soto 
- Veedores de huertas: Diego Pérez y Francisco Benítez de los Ríos 
- Veedores de Molinos: Alonso Guerrero y Antonio Guerrero 
- Alarifes de Albañilería: Antonio Pedrero y Francisco Escalona 
- Alarifes de carpintería: Juan Vicente Periañes y Antonio Ulloa 
- Tesorero de Millones: Juan de Morales Márquez 
- Receptor de carnicería: Juan Manuel de la Cuesta 
- Mayordomo de Propios: Francisco Durán Troyano 
- Receptor de bulas: Francisco Durán Troyano 
- Receptor de papel sellado: Juan Marchante 
- Fiel de la Alhóndiga: Francisco de Paula Román 
- Diputado del Pósito: José Antonio Coronado, alguacil mayor 
- Depositario del Pósito: Juan de Morales Márquez 
- Médicos: José Sánchez Aznar y Lorenzo Rodríguez 
- Fiel de carnicería: Ildefonso de Zurita 
- Diputado de caballería: Gonzalo Guimaran, regidor 
- Encerrador: Juan de la Cruz Cortegana (lo era anteriormente) 
- Alcaide de la cárcel: José Suarez, que lo era anteriormente (se le concede para mayor seguridad de la cárcel, la casa sobre ella, mientras tenga este cargo) [4]

     Pero volvamos al origen de la epidemia. Tradicionalmente se atribuye al navío americano El Delfín la introducción de la epidemia en Cádiz, donde arribó el 6 de julio de 1800 tras 24 días de viaje con 12 marineros y 22 pasajeros a bordo, falleciendo en el transcurso de la travesía tres individuos de su tripulación, aunque otras fuentes también apuntan que pudo introducirse a bordo del navío El Águila, que arribó en Sanlúcar el 30 de junio procedente de la Habana, habiendo fallecido cinco hombres en la travesía, pasando parte de su población a la capital gaditana. 

     Sea como fuere, la fiebre amarilla, también conocida como vómito negro o prieto comienza rápidamente a hacer estragos entre la población gaditana, ante la indecisión de los médicos, que encontrándose una enfermedad casi desconocida, no se ponen de acuerdo sobre si es de origen contagioso o estacional y queriéndole restar importancia, pierden un tiempo precioso para atajarla con medidas como el aislamiento, de tal modo que no será declarada la epidemia hasta primeros de agosto, ante la elevada mortandad que estaba ocasionando. 

     Oficialmente no será hasta el 29 de agosto cuando lleguen a nuestro pueblo noticias sobre la epidemia en un escrito remitido por el conde de L´Haye de Saint Hilaire, Comandante General del Campo de Gibraltar, jurisdicción de la que dependía Alcalá, en el que insta a cortar toda comunicación con la ciudad de Cádiz para evitar que la enfermedad se propague, viéndose dicho oficio en el cabildo del día 31 de dicho mes: 

“En este cavildo se acordó asimismo de conformidad a que mediante las graves enfermedades y peores resultas que se están experimentando en la ciudad de cadiz como es notorio en este Pueblo y a mayor abundamiento lo manifiesta asi a esta Justicia S. Sra. el Señor comandante gral interino de la ciudad y campo de San Roque con fecha veinte y nueve del que acaba en el que tambien lo hace para que se tomen las mas eficaces providencias a fin de cortar toda comunicación con dha Ciudad…”[5]

      Sin embargo, la enfermedad ya ha penetrado en Alcalá, antes incluso de que se tomen las primeras medidas, pues en un listado de fallecidas en el Beaterio que se conserva en el Archivo Parroquial de Alcalá se anota un fallecimiento el día 24 de agosto: 

“En Alcalá de los Gazules, en veinte y quatro de Agosto de mil ochocientos: falleció en la epidemia Elvira Maria Dueñas, hija de Antº Bentura Dueñas y de Juana Naranjo” [6]


      Tras conocer las órdenes del Comandante General del Campo de Gibraltar, los miembros del ayuntamiento alcalaíno deciden tomar medidas, siendo la primera, tal como solía ocurrir en casos de calamidad, acudir a la patrona para pedir su intercesión, acordándose además suprimir lo que hoy conocemos como Romería en el Santuario y trasladando a la Virgen al pueblo, para así evitar la afluencia de foráneos: 

“…siendo la mayor que siempre se ha experimentado, el dia del dulce nombre de Maria a la magnífica festividad que se le hace en su Santuario a causa de la concurrencia de distintas personas de todos los pueblos comarcanos y particularmte. de la isla y cadiz desde luego se dertermino por este Cuerpo que pa evitar los perjuicios que por ello se le pueden originar a la salud publica se traiga a esta villa (se traiga a esta dha Va) a la referida nuestra Señora Patrona por medio de procesión que este Ayuntamiento junto con el venerable clero y su común de vecinos en forma de penitencia haga para que en esta Parroquial se celebre dha festividad annual y al mismo tiempo los señores Beneficiados y Curas de la misma que lo tengan a bien las tardes del Novenario qe tambien se le hará a nuestra Señora, predicará el que tenga por conveniente, a fin de que asi uno y otro Cuerpo concurran a rogar y suplicar a nuestra Señora libre a todo el vecindario y deemas de la epidemia que en dha ciudad se esta experimentando, asi de hambre peste y Guerra y para todo ello se le pase el oportuno oficio al seño vicario ecleciastico Dn Martin cumplido, en inteligencia de que por este cuerpo, no se nombran como se ha acostumbrado, Diputados particulares mediante la situación de las cosas y evitar gastos de comida y deemas para lo que el Pueblo no puede concurrir, mediante la pobreza que se está experimentando pues todos los Yndividuos de este cuerpo deben de ser Diputados”.[7]

      En el mismo acta se hace alusión a “los soldados que están acordonando a el Pueblo” lo que nos indica que ya antes de tomar decisiones en este cabildo, parece ser que se tomaron algunas providencias, posiblemente el mismo día de recibirse las órdenes del Conde L´Haye de Saint Hilaire. Asimismo, se determina que los propios regidores se turnen en la vigilancia de las entradas del pueblo junto a los soldados para reconocer a las personas y decidir quién puede pasar y quién no: 

“Sre. qe los Rexidores se pongan en las entradas y salidas del Pueblo. 

tambien se trató y acordó en este cavdo que para llevar a debido efecto las providencias y determinaciones que por la Real Justicia de esta villa se han tomado a fin de cortar toda comunicación de forasteros asi de cadiz como de los demas Pueblos inmediatos mediante los perjuicios que se están experimentando, y se pueden originar a la salud publica en esta villa, a causa de que los soldados que están acordonando a el Pueblo no conocen las Personas y sujetos que deben y pueden entrar en él, se determina que los caballeros Rexs y diputados del común se pongan con dhos soldados en las entradas y salidas del Pueblo, para que como comisionados de la misma, celen y reconozcan los que puedan y deban entrar en el alternando para las noches unos con otros en inteligencia de que serán responsables si se experimentase de que entren algunos forasteros, ni frutos que conduzcan y por ellos perjuicio a este vecindario y asi se determinó” [8]


      Aunque solo conocemos las órdenes, grosso modo, es muy posible que también se recibieran una serie de medidas para intentar controlar la epidemia, similares a otras que se tomaron e imprimieron en distintas ciudades. [9] Así, las tropas deben acordonar el pueblo en toda su circunferencia, a distancia de una legua (unos 5,5 kms.) marcándose claramente dos líneas separadas entre sí cien pasos, una para evitar que salgan los bloqueados dentro y la otra para evitar el contacto del exterior con los bloqueados. En el caso de Alcalá, aparte de soldados, seguramente por ser escasos para bloquear todo el perímetro, participan en el cordón muchos vecinos, construyéndose chozas para el resguardo en las tareas de vigilancia, tal como posteriormente declararía el Licenciado Miguel Moreno González: “las chosas qe se hicieron para los vecinos qe custodiavan el Pueblo”  añadiendo además que los propios vecinos aportaron el material para su construcción: “los mismos avitantes condujeron de sus cortijos las castañuelas y demas materias que al efecto se les pidieron”. Este testimonio es refrendado por Francisco Villanueva, quien corrobora: “las cosas echas con palos y castañuelas que suministraron y condugeron los vecinos y labradores del campo”. Pero no solo se hace la vigilancia desde estas chozas sino también se utilizan los cortijos de la zona para alojar a la tropa, según el testimonio de otro alcalaíno, Domingo Sánchez Corona, quien expone: “…se hicieron varias chozas para impedir qe se infestase el Pueblo, la entrada de forasteros… y por otras partes del termo se acogieron las tropas en los cortijos” 

      Las medidas de contención propuestas son muy rigurosas, tanto que se publicarán bandos imponiendo la pena de muerte a los que se salten el bloqueo, aconsejándose a los jefes militares utilizar las armas de fuego e incluso la bayoneta como último recurso. 


NOTAS

[1] TOSCANO DE PUELLES, Fernando; Sainz de Andino, el hacedor de leyes. 1987. Pág. 20. Recoge los datos de ANTON SOLÉ, Pablo; Situación económica y asistencia social de la Diócesis de Cádiz en la segunda mitad del siglo XVIII 

[2] TOSCANO DE PUELLES, Fernando; Historia de la Congregación-Beaterio de Jesús, María y José. 1988. Pág. 36. 

[3] ARCHIVO MUNICIPAL ALCALÁ DE LOS GAZULES. (AMAG) Libro Capitular de 1800. Cabildo de 1 de enero. Folios 3-4 vto. 

[4] AMAG. Libro Capitular de 1800. Cabildo de 5 de enero. Folios 5-8 vto. 

[5] AMAG. Libro Capitular de 1800. Cabildo de 31 de agosto. Folios 25 vto. - 27 

[6] ARCHIVO PARROQUIAL DE ALCALA DE LOS GAZULES. Libro de funerales nº 8. Folio 108 

[7] AMAG. Libro Capitular de 1800. Cabildo de 31 de agosto. Folios 25 vto.-27 

[8] AMAG. Libro Capitular de 1800. Cabildo de 31 de agosto. Folios 27 y vto. 

[9] REFLEXIONES ACERCA DE LA EPIDEMIA QUE REYNA EN CADIZ Y MEDIOS DE ATAJAR LOS ESTRAGOS DE UNA PESTE. Reimpreso por orden de la Junta de Sanidad. Mallorca 1800 


sábado, 10 de marzo de 2018

La Epidemia del Cólera Morbo de 1854 (II)



      La virulencia de la enfermedad fue extrema en los últimos días de Agosto y durante todo el mes de Septiembre, hasta el extremo que el día 16 de dicho mes una multitud de vecinos se había congregado ante la puerta del Alcalde, Antonio María de Puelles, en petición de que “...fuera trasladada a esta Villa nuestra Madre y Sra de los Santos con el laudable fin de que como patrona que es de esta población se le suplique y ruegue en debida forma, lo haga con su hijo nuestro Sor Jesucristo suspenda su rigor y justicia y aplacando el cruel azote y desastrosa enfermedad del cólera morbo asiático que tanto aflije a esta población haciéndose rogativas públicas e invocándose las divinas misericordias...” (2).

      En virtud de ello se trajo a la Virgen y se iniciaron las rogativas, mientras cada día eran numerosos los alcalaínos que perdían la vida, tanto en el pueblo como en el campo, lo que hizo necesario que el Ayuntamiento encargara al funcionario del Servido de Limpieza Pública, Juan Nepomuceno Reyes, se dedicase a trasladar a esta Villa los cadáveres de las personas que morían en el campo. Los médicos municipales Miguel Centeno y Arenas, a cuyo cuidado estaban tanto el Hospital de la Misericordia como el de la Congregación de Jesús, María y José, como Miguel José Sánchez no daban abasto en atender a tanta población infectada y hubieron de contar con la inestimable colaboración desinteresada del médico en ejercicio libre de su profesión, Juan Centeno de los Ríos, aunque en muchos casos sus esfuerzos fueron en vano y la muerte seguía cobrándose víctimas lo que hacía que los serenos Vicente Carrasco y Manuel García hubiesen de disponer el traslado inmediato de los cadáveres al cementerio, siendo el primero de ellos el encargado de tomar los correspondientes apuntes tanto para la inscripción del fallecimiento en los libros parroquiales como en los asientos del cementerio, ya que ni el personal de la Parroquia ni el del Ayuntamiento se dedicaban a esos menesteres, pues empleaban su tiempo en atender a los enfermos. Así el Alcalde acompañado del Secretario del Ayuntamiento, Juan Roa y Ríos, algunos regidores y algunos señores particulares adscritos a las Juntas de Sanidad y Beneficencia, como Carlos Roa y Ríos o Francisco del Río Marín se encargaban de realizar, con la ayuda de la Milicia Nacional, rondas de vigilancia para preservar el orden, visitas domiciliarias (en una de las cuales contrajo la enfermedad Juan Roa el 10 de Septiembre) y del control del cementerio “con objeto de que a los cadáveres se les diese la debida sepultura en tiempo y forma” (3). A este respecto conviene recordar que en caso de epidemia los fallecidos se enterraban inmediatamente, sin velatorio, funeral ni entierro, depositando el cadáver en la fosa común del día, en la que los cuerpos sin caja se iban depositando uno junto a otro cubriéndose cada hilera de la correspondiente capa de cal viva para colocar encima otra hilera y así hasta concluir la correspondiente fosa. Por los datos de que disponemos no podemos precisar si estos enterramientos se efectuaron en el actual cementerio municipal, en uso desde 1820, o como era costumbre en la época en el campo anexo a la antigua ermita de San Antonio Abad, en las inmediaciones del actual Colegio Público Juan Armario.

       Respecto a la Parroquia es de reseñar la actuación del Párroco y Arcipreste Juan José Liñán y del teniente cura Andrés Ramírez, a quién las actas se referirán así:

“... habiendo desplegado el primero en esta ocasión una caridad sin límites, un valor extraordinario y un celo propio de un maestro de la Religion tanto que proferamos que en el verdadero consuelo de los cristianos particularmente en los ultimos momentos de la vida: Su caridad con los pobres ha sido estremada llegando su abnegación hasta el caso de conducir en sus hombros a los Hospitales los enfermos ya exámines y moribundos. Estos rasgos de humanidad causaron su efecto y el personal que por miedo y terror huían de los enfermos, dejándolos abandonados, se reanimaron y sirvió como por encanto al hijo asistir a su padre, éste al hijo y la esposa a su marido, cuando desde entonces y por tan buen ejemplo cesó la desolacion y el abandono a la familia. Su trabajo havido lo mismo en el día que en la noche y lo mismo con muchos que con pocos, ni que por esta solicitud para con los enfermos dejan de estar a la hora que aquellos le permitían forma en el confesonario para sin en pertenencia a los fieles que concurran para vivir preparados a la muerte que atacaba a los más descuidados, aún como tambien se ha consagrado a la celebracion de Novenas y otros ejercicios de piedad para impetrar las misericordias de Dios. No siendo menos digno el D Andrés Ramírez, Teniente de cura desplegando tambien en tan tristes circunstancias un celo imponderable ayudando en un todo a su celoso Parroco tanto de día como de noche privado por falta de tiempo del alimento, preciso para conservar en vida, motivo por el cual cayó dos veces enfermo atacado del colera encontrándose a bastante peligro de su existencia, ni que por esto decayese su mismo pues tan pronto como fue restablecido empezó de nuevo a un travajos y fatigas” (4). También es reseñable la labor de otro clérigo, Francisco Escalona, quien desempeñó el cargo de depositario de la Junta Municipal de Sanidad y Beneficencia hasta que a mediados de Septiembre, contrajeron la enfermedad todos los habitantes de su casa al quedar infectados por los enfermos que acudían en demanda del socorro. Igualmente prestaron auxilio material y espiritual otros religiosos como Bartolomé Pedrajas, Francisco de Paula Cabrera y José María González.

libro 1º de actas de la Cofradía del Nazareno, folio 103. Acta del cabildo de 19 de noviembre de 1854:

"... se hizo presente por el primero, que durante la calamidad que ha aflijido a esta villa por efecto de la enfermedad del colera morvo que ha padecido, han fallecido los hermanos Dn. Buenaventura Solera, Presvº, Dn. Pedro Peres, Rafaela de Rojas, Pedro Garcia Sousa, Juan Rodrig. Basquez y Luis Asevedo; Y como quiera que es obligacion de la hermandad, segun sus estatutos el pago de noventa y un real y diez y seis ms. von, importe del entierro que a cada cual le corresponde, como quiera que dho funeral no se ha verificado por razon de las circunstancias ya indicadas del colera..."

      Pronto pasaría el rigor de la epidemia, tras dejar una estela de 288 muertos, y según se recoge en el acta del cabildo del 9 de Noviembre, se dió por concluida el día 29 de Octubre, en que se celebró una Solemne Función Religiosa “...para dar gracias a su Divina Magestad por haber cesado en esta Villa el cólera morbo asiático...” que como no podía ser de otra forma tuvo un sermón a cargo del Arcipreste y Cura de las Iglesias de Alcalá, que tanto se había destacado en la lucha contra la epidemia, Juan José Liñán, al que se acordó gratificar con cargo al capítulo respectivo a calamidad pública del caudal de propios con “...la cantidad de ciento sesenta reales como gratificación del sermón predicado... abonándose igualmente al mismo Sr. Cura el importe de la cera consumida en dicha festividad que asciende a doscientos cuarenta y tres reales...” (5).

       Aunque, si bien este episodio epidémico había pasado, todavía el siglo XIX habría de deparar a los alcalaínos algunos procesos más, ya que si por algo podemos calificar al siglo XIX en Alcalá es por la frecuencia y la virulencia con que hicieron presencia distintas epidemias.


NOTAS

(2) AMAG, Legajo 37. L. C. del año 1854. Folio 53 y 53 vto. Acta de la Sesión del Pleno 17 de Septiembre.

(3) AMAG, Legajo 37. L C de 1855. Folios 126 vto. a 134. Acta de la Sesión del Pleno de 8 de Marzo de 1855.

(4) AMAG, Legajo 37. L C. de 1854. Folios 85 a 89. Acta del Cabildo de 22 de Octubre de 1854.

(5) AMAG. Legajo 37 L C de 1854. Folios 105 -106. Acta de Cabildo 9 de Noviembre de 1854.