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sábado, 22 de agosto de 2026

Causa contra unos carabineros por denegación de auxilio a un contrabandista (y II)

 





    En la causa militar, el cabo Maximiliano Martínez reconoció que estuvo con el confidente, Gómez Escobar en Mogea Escobar, pero negó haber estado aquel día en la garganta de Moracha y declara como falsa la acusación que hizo contra ellos. Como prueba, manifestó que la noche del 19, “la pasaron en una choza que en Mogea de Escobar habitan Antonio Mancera Arroyo y su familia quienes le refirieron la escena de que en el día anterior se les había estraviado un niño que por la mañana se les presentó con varias heridas en la cabeza.”

    Interrogados Mancera y familia, en un primer momento niegan que los carabineros pasasen la noche allí, pero tras insistir en el interrogatorio y reconocer dos médicos al niño, comprobaron que presentaba varias cicatrices en la cabeza. Preguntado el menor por el origen de las cicatrices, manifestó Mancera que “fueron causadas en la noche del dieciocho por tres carabineros, que entre ellos conoce al Richarte por ser sobrino del amante de su hermana, que a más de los golpes que le dieron en la cabeza y cuerpo, lo hecharon sobre un lentisco, donde sin poder moverse pasó la noche y al día siguiente se marchó a su choza, donde fue curado por su madre y hermana refiriendo al padre lo sucedido, pero que recordando las amenazas de los carabineros, dijo después a su familia las heridas habían sido a consecuencia de una caída por unos riscos.”

    Atendiendo a que, según el informe pericial, las ropas encontradas no presentan aspecto de haber estado dos meses expuestas a las inclemencias del tiempo y de no haber aparecido restos humanos en todo el curso del arroyo, hasta su desembocadura en el mar, a que los testimonios de Piñero y Delgado pierden veracidad al no ser reconocidos en la rueda de presos a ninguno de los carabineros, así como que “las declaraciones del paisano Juan Gómez Escobar no hacen fe porque este testigo hay que considerarlo con falta de providad si hemos de atender al informe que dan de él las autoridades y sus convecinos de Alcalá, que le califican de mala conducta, justificando su no buena fe y maquiavelismo con su ausencia o fuga”, el fiscal militar pidió el sobreseimiento del caso.

    El abogado del cabo Maximiliano Martínez, insistiendo que en no existían indicios contra su defendido, basó su defensa en unos argumentos un tanto insólitos, al indicar que “De todos es bien conocido que por la epoca de autos hubo furor entre los braceros de las provincias Andaluzas por emigrar a las republicas argentinas en busca de fortunas por mas que la experiencia elocuentemente este pregonando que lo que allí se encuentra sin gran esfuerzo es la mas orrible miseria. Autorizadamente unos y sin llevar los requisitos legales los mas con la ausencia de sus deudos o sin conocimiento de ellos en multitud de casas es lo cierto que abandonaron por aquel tiempo el suelo patrio gran número de nuestros con ciudadanos y muchos de ellos, como esta defensa podría citar algunos casos particulares, abandonaron sus familias sin que en los años trascurridos sepan estas cual haya sido la suerte de aquellos ni su paradero”.

    No dudó en cargar contra el confidente huido para «cargarle el mochuelo»:

    “La mala conducta de Gómez Escobar y de la cual tiene fama y su desaparición biene a corroborar que los hechos por él relatados son de su pura invención; y esta conducta tan anormal casi induce a sospechar que si se demostrase la existencia de delito relacionado en algo con este procedimiento no sería él extraño a su comisión”

    En igual sentido fue la defensa del carabinero José Richarte, asegurando que “hechas indagaciones resultó que el paisano, también acusado, y hoy, ausente, Juan Gómez Escobar fue el que propagó dichos rumores” en Alcalá, desacreditando la acusación de aquel “cuando vio que el asunto tomaba carácter de gravedad que necesariamente había de revestir, desapareció de la escena siendo infructuosas cuantas diligencias se han practicado para su busca y captura.”

    Finalmente, el 17 de diciembre de 1894 el Consejo de Guerra, al no quedar acreditada la defunción de Jacinto García ni quedar demostrado que se apropiaron del tabaco de contrabando, absolvió a los carabineros por falta de pruebas.

    Sin embargo, en un giro de guion inesperado, en la sentencia llamó la atención del juez por suponer que, según las declaraciones, había indicios bastantes para exigir responsabilidades a los carabineros por las lesiones causadas al joven Francisco Mancera.

    Efectivamente, los tres carabineros tuvieron que hacer frente a un nuevo proceso.

    Según las diligencias practicadas, “habitando en el mes de Noviembre de 1892, el joben lesionado con sus padres en una choza de la Dehesa de Mogea Escobar, situada próximo a un sitio llamado la Molineta, termino de Alcalá de los Gazules, dicho joben Franco acompañado de su padre Antonio Mancera Arroyo, y de su hermano José Mancera Ruíz, salieron el día 18 del mes dicho por la dehesa a buscar pedazos de corchos extraviandose el Francisco y regresando al día siguiente a la choza bañado en sangre, con heridas en la cabeza y contusiones en todo el cuerpo.

    Al presentarse en este estado, el padre le preguntó, sobre la causa de dichas heridas, contestandole que se las habían causado unos hombres que le cogieron y apalearon en todo el cuerpo, al contestarle que «no» a la pregunta que le hicieron de «si había visto mochileros» posteriormente manifestó a su padre al ver este las contusiones que tenía por el cuerpo, que se las había causado de una caída»

    El joven Mancera declararía “que al extraviarse en la dehesa llegó ya anochesido a una garganta proxima a varios caserios conocidos con el nombre de «Huerta perdida» en donde habían dos o tres Carabineros, uno de ellos llamado Richarte, los cuales le llamaron y al acercase a ellos, le preguntaron si había visto pasar mochileros y como contestara que «no» empesaron a darles palos en todo el cuerpo, causándole tres heridas en la cabeza y por último lo cogieron y arrojaron sobre un lantisco, en donde pasó la noche sin poderse mover, que a la mañana siguiente cuando regresó a la choza, refirió a su padre todo lo ocurrido, si bien mas tarde en el mismo día recordando que los Carabineros le habían amenazado de muerte si decía lo ocurrido dijo a su padre y demas familias; que se había causado las heridas de una caida; que su madre María Ruíz Fernández y su hermano Franco Mancera Ruíz le curaron y que al observar la primera las muchas contusiones que tenía en la espalda y al preguntarle como se las había producido contestó que de la misma caida ignorando que persona alguna presenciara lo ocurrido o tuviese noticia de ello”

    La madre, hermano y hermana del agredido declararon en el mismo sentido. Esta última vivía amancebada con Antonio Richarte, tío de uno de los carabineros acusados. Todos manifestaron que los tres carabineros pernoctaron aquella noche en la choza de Francisca Mancera, marchándose al día siguiente.

    Los médicos de Alcalá reconocieron al menor, año y medio despues de causadas las lesiones, apreciando que “en la region craniana del Francisco Mancera Ruíz tres cicatrices, dos de ellas en la parte posterior supor de la región parietal izquierda, teniendo cada una seis centímetros de extención y siendo su dirección trasversal con relación al eje mayor de la cabeza, la tercera a la parte interior de la region temporal izquierda de dos centímetros de extención, las tres a su parecer producidas por arma contendente, no pudiendo precisar la fecha en que fueron causadas demostrando por su aspecto que no son recientes.”

    El carabinero Hernández Panero negó haber maltratado a nadie, siendo calumniosa la denuncia y “debiendo obedecer a venganza personal contra Richarte, por motivos que desconoce

    José Richarte García, por su parte dijo que conocía “al Joben Franco Mancera Ruíz por ser de su pueblo que él no le ha maltratado nunca”, alegando que el cabo nunca lo hubiese permitido”. Sobre las causas de la denuncia, solo encontraba una explicación: “un tío del declarante tiene relaciones ilicitas con una hermana del Joben Mancera, y que sus relaciones como tio no son las mejores y como no obedesca a mala voluntad, no puede explicar que moviles hayan podido impulsar a dicha familia para calumniarle como lo hacen”

    Finalmente, en marzo de 1899, el Auditor de Brigada dictó su veredicto, acordando el sobreseimiento del caso, en virtud de una Real Decreto de indulto de 10 de mayo último por el que se autorizaba a las autoridades judiciales de las regiones para acordar el sobreseimiento en causas de esta índole.

    Acababa así esta turbia historia de contrabandistas, en la que, lo único seguro, e s que el cuerpo de Jacinto Gómez García no apareció jamás.


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© 2026 Ismael Almagro Montes de Oca. Todos los derechos reservados.
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sábado, 8 de agosto de 2026

Causa contra unos carabineros por denegación de auxilio a un contrabandista (I)




Ismael Almagro Montes de Oca



    El siguiente episodio, aunque bien podríamos catalogarlo dentro de la sección dedicada al contrabando en este blog, he preferido encuadrarla en la dedicada a la crónica negra, a pesar de no tratarse específicamente de una noticia publicada en prensa, porque hay un cadáver de por medio.

    Esta historia comienza el 18 de noviembre de 1892 en Algar, desde donde sus vecinos Jacinto García Gómez, Juan Piñero Rodríguez Francisco Delgado García, Francisco Hurtado Carrera, Martín Vázquez Fernández y Diego Guerra Fernández salieron dirección la Línea o Algeciras para acarrear unas mochilas de tabaco de contrabando. Hicieron noche en la Sauceda, término de Cortes y al día siguiente llegaron a la choza de un cabrero llamado Morracano y su mujer, María Alcántara, donde hicieron la mochila. Jacinto García, Juan Piñero y Francisco Delgado iniciaron el camino de vuelta hacia Algar, mientras el resto continuaron hacia Campamento.

    Piñero y Delgado llegaron a Algar, pero, pasados varios días, Jacinto García no aparecía. Entonces, los primeros fueron a contarle lo sucedido a su mujer, Francisca Martínez Venegas, quien, tras conocer los hechos, se presentó en el juzgado municipal el día 8 de diciembre para denunciar su desaparición:

    “regresaban a Algar y al llegar a los ejes termino de Jimena, les salieron fuerza de Carabineros y los hecharon el «alto» por lo que se dieron a la fuga disparando dichos Carabineros un tiro. Que estos cogieron a Francisco Delgado García con la mochila, le ataron las manos y quedandose custodiado por uno los otros salieron en persecución de su esposo y de Juan Piñero, que al poco tiempo dispararon otro tiro, regresando después a donde estaba Delgado y enseguida le pusieron en libertad diciéndole que se marchase. Que cuando Piñero regresó al pueblo de Algar, lo hijo con su mochila de tabaco y solo, y viendo que pasaban los días sin que su marido García Gómez, pareciese lo mandó vuscar no dando resultado las diligencias que practico por lo que presumió alguna desgracia y dio por ello cuenta al Juzgado”

    Pasado el caso al juzgado de instrucción e Arcos, se iniciaron las diligencias, tomándose declaración a Piñero, que ratificó la versión que contó a la mujer del desaparecido y añadió además que creía que Jacinto García “habría sido cogido por los carabineros y que él para evitar la persecución se había ocultado en la garganta de Moracha y que oyó que un carabinero decía a otro «tú que lo has tirado al charco, sácalo de cabeza y tráelo para acá» de lo cual dedujo que el Jacinto García había sido preso”. Sin embargo, después vio pasar a los carabineros solos, por lo que pensó “que no había sido preso”. Su compañero, Delgado, ratificó la versión, escuchando decirle un carabinero a otro «tú que lo has tirado al charco sácalo» y oír además algunos tiros por la parte de Jimena.

    El 26 de enero siguiente, declaró Juan Gómez Escobar “como confidente que es de los Carabineros de Alcalá” y relató que, a mediados de noviembre (no recordaba el día) “se encontraba practicando servicio en unión del Cabo, el carabinero Richarte y Hernández en la Dehesa de Moracha y como a las cuatro de la tarde encontrándose apostados en ella en la garganta del mismo nombre entraron tres mochileros e inmediatamente, todos cargaron sobre ellos, cogiendo dos y escapándose otro, con la circunstancia que al quitarle a uno la mochila por la parte abajo de la pasada de la garganta un carabinero le mandó a otro le sugetase porque en el morral y faldriquera llevaba mas tabaco pero en aquel momento el paisano dio un salto corriendo la garganta abajo y con intención de salvarse con tan mala suerte que cayó por unas piedras altas que hay en la ya espresada garganta, cayendo en un charco en donde se ahogó.

    Que los carabineros Hernández y Richarte al verlo que se ahogaba le daban voces diciendole «manotea manotea» que él se arrimó al charco viendo que sobre la superficie del agua solo había la manta y el sombrero estando bajo del agua un paisano; que él y los dos carabineros se fueron donde estaba el Cabo que los mandaba como unos treinta metros retirado del sitio de la ocurrencia y al darle conocimiento de lo ocurrido mandó que se retiraran de aquel sitio y que guardaren silencio, así lo hicieron cogiendo las dos mochilas ocupadas, haciendo noche como a un kilómetro de distancia y al salir el sol al día siguiente llegaron a Alcalá sin dar cuenta a nadie de lo ocurrido.

    Tambien manifiesta el testigo Gómez Escobar, que solo Richarte fue el que disparó un tiro al aire y que el mochilero cayó al agua como un cuarto de hora después del disparo. En vista de esta terminante declaración se procedió en 28 de Enero del corriente año a la inspección del lugar del suceso descrito”

    En las diligencias se recoge que en el lugar descrito por el confidente, existía un charco de unos tres metros de profundidad, en forma de triángulo, con tres grandes piedras en sus vértices, por cuya unión salía el agua pero sin existir espacio para que cupiese un cuerpo humano.

    Reconocidas las inmediaciones del lugar, se halló una manta, reconociéndola Gómez Escobar como la que llevaba el mochilero desaparecido y “encontrándose también prendido por el ramage que existe en las orillas de la garganta dos pedazos de lona, un pedazo de chaqueta paño mezelilla, dos de una blusa tela blanca con rayas azules y unos pedacitos de tela o lana azul los cuales se encontraban como a un metro de altura próximamente de la superficie del agua, de donde se deduce, según la apreciación de la diligencia practicada, que el cuerpo flotando y arrastrado por las aguas en las abenidas, fue sugetandose por el ramage el cual prendió los pedazos de ropa que se mencionan internándose el cuerpo por la fuerte corriente de agua en el término de Jimena, donde sigue el curso la garganta.”

    El cabo Maximiliano Martínez y los carabineros José Richarte y Pedro Hernández, que pertenecían al puesto de Alcalá, reconocieron que salieron de servicio el día 18 de noviembre desde Alcalá, reuniéndose con ellos, Juan Gómez, en calidad de confidente. Todos se dirigieron a la dehesa de Mogea Escobar, permaneciendo juntos hasta las ocho o las nueve de la mañana del día 19 en que Gómez Escobar se fue solo a recorrer el término, regresando a la mañana siguiente, reiterándose “diciendo que iba a Alcalá”. Los carabineros continuaron el servicio solos hasta el día 26 en que regresaron a Alcalá.

    Tras estas primeras diligencias, el juzgado de Arcos se inhibió, pasando al juzgado de Medina Sidonia, por pertenecer la garganta de Moracha al partido de éste. El de Medina ordenó al juzgado municipal de Alcalá que tomara declaración a los vecinos de las inmediaciones de aquella garganta y practicar un exhaustivo reconocimiento del lugar. Únicamente el vaquero Francisco Marín Gil reconoció haber visto pasar por aquellas fechas a tres carabineros que conducían a un paisano, cuyas señas coincidían con las del confidente Juan Gómez, con un bulto como de tabaco, de unas 3 arrobas.

    A los pocos días del suceso, Juan Piñero y algunos parientes de Francisca Martínez, acompañados por el guarda de la dehesa reconocieron el lugar y no hallaron nada. El 16 de enero, el juzgado de Alcalá verificó su primer reconocimiento, tampoco hallando ningún vestigio. Sin embargo, el 23 de enero, realizó un segundo reconocimiento, no hallando nada en el sondeo de la charca, pero en el curso del arroyo encontraron una manga y trozos de prendas “como rasgadas al ser el cuerpo arrastrado por la corriente de las aguas en fuertes avenidas”

    A finales de Enero, el Capitán de la Compañía de Don Federico Escalona por parte que recibió del Primer Teniente Don Ricardo Rodríguez Macedo, dio conocimiento de “que de rumor público se decía que un paisano había desaparecido en la Dehesa de Moracha en 19 de Noviembre y que se acusaba al Cabo Maximiliano Martínez y Carabineros José Richarte y Pedro Hernández”. Esto provoca que el dos de febrero , el capitán de la Compañía de Carabineros de Cádiz, “enterado por rumor público” diese orden al jefe de la sección de Alcalá para que iniciara diligencias, abriéndose una causa sumaria contra el Cabo y los dos carabineros en un juzgado militar por denegación de auxilio y mal uso hecho de una aprehensión de tabaco.

    Paralelamente, en la jurisdicción ordinaria, se mandó tomar declaración al confidente Gómez Escobar, quien, al verse procesado en dicha causa, huyó y fue puesto en busca y captura.

    Mientras, en el procedimiento militar, se encargó el reconocimiento pericial de las prendas encontradas a dos maestros sastres de Alcalá, según los cuales, dichas prendas “aparecen como descosidas ni rasgadas de violencia, extrañandoles el descocido del cuello y forro de la manga; que no presentan caracteres propios de haber estado a la intenperie sufriendo las aguas e inclemencias admosfericas el tiempo de dos meses con el cual habría suficiente para su pudriccion y que los rasgados que tiene la chaqueta están sin deshilachar. Al mismo tiempo hacen también presente que en la manga aparece en su boca y junto a la costura interna dos cortes trasversales como de faca o instrumento cortante y en la tapa de abajo se nota también algunos agujeros hechos al parecer por instrumento análogo y otro en el codo que puede ser del uso de la chaqueta”

    Finalmente, el juzgado de Alcalá, se inhibió del caso, después de que el mochilero que fue detenido con la carga de tabaco, Francisco Delgado, no reconociera a los carabineros presos en una rueda de reconocimiento y del informe sobre las prendas halladas, cuyo deterioro no se correspondía con estar dos meses a la intemperie.

(Imagen generada por IA)



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sábado, 25 de julio de 2026

Industria y comercio en el Alcalá del siglo XIX (IV)





ALMACENISTA AL POR MAYOR DE BACALAO

Antonio Romero


MERCADUDRIAS DE PAÑOS

Ramon Vila
Francisco Ruiz Marín
Antonio Parra


TIENDAS DE COMESTIBLES, HILOS SEDA, ETC.

Tomas Mejías
Catalina Escobar
Benito Cid
Vicente Cid
Manuel de Luna
Francisco Pacheco
Francisco Molleda


TABERNAS

Juan Marín
Juan Bautista de Casas
Pedro Marín
María Domínguez
Ignacio del Valle
Francisco Paul
Gerónimo Moreno
Juan Moreno Mena
José Daza
Antonio Romero Luque
Cristóbal Salcedo
Ambrosio Fernández


CONFITEROS

Manuel Cobián


TIENDAS DE ESPECERÍA

Domingo Llamas
María Fernández
Pablo Guerrero


BOTICARIOS


Antonio Gómez
Pascual Sevillano


ABOGADOS


Manuel María de Puelles


ESCRIBANOS


Carlos Roa
Francisco Manuel Espinosa


MÉDICOS CIRUJANOS


Miguel Sánchez
Miguel Centeno
José Granara


CARPINTEROS


José Benavente
Juan Vicente Gutiérrez
Antonio Percanes
José Marín
Sebastián Almendra
Antonio Manuel Rodríguez
Antonio Montes de Oca
José de ¿Arce?


ZAPATEROS

Miguel Acebedo
José Pajares
Francisco del Rio Álvarez
Francisco Cumplido
Juan Delgado
Pedro Escobar
Gabriel Román
Juan Visglerio
Francisco Gómez
Francisco García
Juan Lobo
Vicente Moreno
Andrés del Rio
José Suarez


TABLAJEROS (CARNICEROS)

María Domínguez
Joaquina Masera
Diego Suarez
Antonio Cumbre
Andrés Benítez
Lázaro Jiménez
Juan Mejías Sánchez
Manuel Salas Marchante
María López
Jerónimo Casas
Francisco Medina


TIENDAS DE ACEITE, VINAGRE


Miguel Cuneo
Alonso del Rio Triguero
Pedro Rodríguez
Josefa Briones
Alonso Moreno
Antonio Illesca
Jacinta Muñoz
José Márquez
Mateo Gil Sánchez
José Lechugo
Bernardo Alonso
M.ª del Carmen Caballero
Manuel Lechugo
José Moreno Jara
Bartolomé Mariscal
Jerónima Torrejón
Antonio Mateos
Francisco Pacheco
José García


SASTRES

José Camilleri
Miguel Martínez Gorgojo


HERREROS


Juan Fuentes
Antonio Fuentes
José Gómez
Manuel Quintana


MESONEROS


Atanasio del Rio


MATRONAS

Francisca de Paula Núñez


HOJALATEROS


Nicolás ¿Andrades?


PUESTOS DE PAN


Ana Pérez
Juan Ramon Rodríguez
Josefa Barbero
Catalina de ¿? Muñoz
Alonso Torrejón
José Muñoz
José Moreno Lagasca
José Pacheco
María de Mora
María Balderas
José del Rio
Francisco Ruiz
Antonio ¿?
María Antonia Marchante
Francisco Guillen
Martin Corona
Diego Hernández
José de Torres
Juan Cotrino
Francisco Pérez
Vicenta Rodríguez
Pedro Perea
José de Torres
María Moreno
Isabel Otero
Juana Jiménez
María García


ALBARDEROS


Rodrigo López


CORREDORES DE GRANOS


José Pérez Baena
José Antonio Cobo
Juan del Castillo
Manuel del Valle
Andrés Moreno Lozano


CORREDORES DE GANADOS


Andrés Medina
Francisco Álvarez Sánchez


BARBEROS


Luis Barea
Ramón Asencio
Antonio Asencio
Juan Asencio
José Moreno Jiménez
Juan Moreno
Francisco Pérez
Melchor Moreno
Pedro Delgado
Manuel Vallejo


ALBÉITAR


Juan Sanjuan
Martin Román


ALBAÑILES

Jorge Escalona
Juan Antonio Pérez
Pedro García Rendón
Manuel Galván


VENDEDOR AMBULANTE DE LOZA


Antonio Castillo Molina


PUESTO DE VERDURA CON TOLDO


Juan Nieto


MOLINOS HARINEROS DE REPRESA MAQUILEROS

Francisco Benítez
Bartolomé Romero Palma
Juan de Vera
Francisco de P. Velasco
María de los Santos Tocino
Nicolás Romero
Alonso de la Corte
Benito Collantes
Lorenzo Benítez
Francisco de Salas
Manuel de Luna
José Romero Rivas
Sebastián Quirós


MOLINOS DE ACEITE MAQUILEROS

Rodrigo Delgado
Antonio del Manzano


ARRIEROS


Pedro López Toro
José García
José Lechugo
Alonso Pacheco
Manuel Rodríguez Delgado
Juan Sánchez
Joaquín Pérez
Antonio Romero Ruiz


ESPECULADOR EN ACEITE DE 500 @

Antonio Romero Ruiz


HORNERO

José Amador


FÁBRICA DE TINAJERÍA


Joaquín Fernández


FÁBRICA DE CAL Y YESO


Francisco Torrejón
Francisco Jarillo

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sábado, 18 de julio de 2026

Alinear la calle Diego Centeno





Ismael Almagro Montes de Oca

    El trazado de la calle Diego Centeno puede pasar desapercibido para todos, al tratarse de una calle cuya dos aceras discurren paralelas a la misma distancia una de otra, pero que presenta la particularidad de estrecharse en el entronque con la calle de las Brozas. Casi nadie conoce que este estrechamiento no es casual y que responde a un motivo concreto.

    En la segunda mitad del siglo XIX empezó a construirse la carretera que uniría Alcalá con la localidad vecina de Medina Sidonia, cuyas obras duraron décadas. Esta carretera debía enlazar con el núcleo urbano a través de la calle Calzada de San Antonio, hoy calle Diego Centeno.

    En 1878 se estaba produciendo la expansión del barrio del Chorrillo, con la construcción de una serie de casas en la llamada en aquella época Calzada de San Antonio, hoy Diego Centeno y en previsión de que aquella cuesta habría de ser donde desembocara la futura carretera, la corporación municipal decidió darle más anchura a la calle para facilitar la entrada de los carruajes:

“Tambien se acordó Se diga al Maestro de obras D. Manuel Delgado de la Corte cuide de la alineación de las casas que se estan construyendo en la Calle Calzada de San Antonio con arreglo a lo que pide el terreno teniendo presente que esta es la entrada de la carretera en construcción y debe darsele la mas anchura posible para poder desarrollar la curba y facilitar con mas desahogo la subida hasta la Calle de Cruz Verde”[1]

    Conviene precisar que la travesía actual conocida como Avenida de los Alcornocales no existía aún, existiendo en esa zona algunos huertos, terrenos privados y la vereda o camino del valle.

(fotografía modificada con Inteligencia Artificial)


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NOTAS

[1] ARCHIVO MUNICIPAL ALCALA GAZULES. Actas Sesiones Ayto. pleno.

sábado, 20 de junio de 2026

150 Aniversario del título de ciudad





Ismael Almagro Montes de Oca



    El próximo 24 de junio se cumplirán 150 años de la promulgación del Real Decreto por el que Alfonso XII otorgaba el título de ciudad a Alcalá de los Gazules.

    En aras a que los loables fastos organizados para conmemorar tan importante efeméride no nos nublen la realidad de aquel acontecimiento y nos induzcan a creer, o crear falsos mitos sobre el mismo, a continuación, inserto un extracto de un capitulo que formará parte del libro que varios historiadores e investigadores nos encontramos realizando por iniciativa de nuestro ayuntamiento como parte del programa de actos y actividades relativos a tal concesión:


    
    Retomando el hilo de los acontecimientos, una muestra de los momentos convulsos que se habían vivido años atrás, es el hecho de que el 3 de septiembre de 1871, en una Junta de Asociados,[1] se había acordado reparar el matadero municipal, que se ubicaba en la actual calle Picasso, la fuente de la Salada y el lavadero público junto a la misma. Sin embargo, cuatro años después, nada se había ejecutado, motivo por el cual, el 8 de agosto de 1875, los concejales acordaron ejecutarlas.

    Paralelamente, junto a estos proyectos municipales para mejorar la calidad de vida de los alcalaínos, se estaba proyectando otro, privado y particular, muy ansiado por la población, como era el abastecimiento de aguas potables del casco urbano desde el manantial de Los Regajales, por iniciativa de Pedro Montes de Oca Atienza. La primera noticia oficial recogida en actas del ayuntamiento está fechada el 10 de octubre, cuando los regidores conocen un escrito del gobernador civil dando cuenta del proyecto para que informasen de ventajas e inconvenientes. La corporación no solo estimó que se debía declarar como de utilidad pública, sino que era de urgentísima necesidad, por la escasez de aguas que padecía la población.

    El 31 de octubre se reunió la Junta de Asociados y en ella, los contribuyentes insistieron en que venían demandando desde hacía años la ejecución de una serie de obras para mejorar el aspecto de la población y que beneficiarían a la salud e higiene del vecindario, algunas de las cuales ya se habían puesto en práctica por el actual alcalde, como era la reedificación de la fuente y el lavadero de la Salada y de la casa de matanza, dotar al vecindario de las aguas potables, la concesión de una administración subalterna de Correos, la construcción urgente de un edificio para establecer las escuelas de niños a cargo del ayuntamiento, el establecimiento de un telégrafo eléctrico que, empalmando con el de Medina, pusiese en comunicación a la villa con el resto de la provincia, la construcción de un paseo o Alameda en la Plaza de la Cruz, el arrecifado de la calzada de la Salada, desde la fuente hasta llegar a la tenería, el establecimiento de un Pósito o Banco de labradores, la limpieza y empedrado de los muladares para evitar focos de infección, el encauzamiento de las madronas de las calles y la realización de una carretera que empalmase con la de Medina. Los asociados facultaron al alcalde para que llevase a ejecución todas las propuestas.

    Efectivamente, días más tarde, se nombró al ingeniero Federico Gil de los Reyes para que realizara memoria, proyecto y planos para el establecimiento de una estación telegráfica en Alcalá y al arquitecto provincial, Juan de la Vega, para realizar los proyectos del edificio de escuelas, el Paseo de la Alameda y el arrecifado de la Calzada.

    A principios del año siguiente, muchas de estas obras ya se habían ejecutado: se había reparado el matadero, la fuente de la Salada y su lavadero, se había ampliado la casa consistorial, pero no se había podido ejecutar la reparación del reloj de la torre de la Parroquia. En cuanto al telégrafo, se pagaron 1193,75 ptas. al ingeniero por el proyecto y planos, al tiempo que se acordó solicitar a la Diputación provincial autorización para cortar los quejigos necesarios de los montes Montero y Hernán Martín para sacar 400 palos necesarios para la línea. Del mismo modo, una vez que la Dirección General de Telégrafos había aprobado el proyecto, siendo indispensable nombrar un telegrafista, la corporación municipal acordó elegir para dicho cargo a José Pacheco de los Ríos, por tener conocimientos en la materia, al tiempo que lo enviarían a Cádiz para adquirir y completar su formación.


    Volviendo a las mejoras que se propusieron a finales de octubre del año anterior en la Junta de Asociados, el alcalde, Manuel María Espinosa, pensó que todas ellas transformarían la villa, que por su prosperidad era merecedora de un mejor rango y decidió enviar un escrito al gobierno con la siguiente petición:

    «Que habiendo estudiado la historia de este antiguo pueblo había encontrado la rara coincidencia que sus títulos y distinciones habían sido conseguidos por Reyes llamados Alfonsos, pues que Alfonso X por los heroicos hechos de armas de estos vecinos le había concedido los títulos de Heroica y ante-mural, y que por iguales circunstancias en época posterior el Rey Don Alfonso XI, le había concedido los de Muy Noble, Muy Leal y Muy Ilustre Villa. Que atendiendo a esta especial y rara coincidencia concibió la idea de que estando hoy rigiendo los destinos de Nuestra Nación Don Alfonso XII, debía siguiendo a sus dos Alfonsos anteriores conceder también alguna especial gracia a el pueblo que contaba con tantos y distinguidos títulos y que sus naturales habían sabido dar muestras inequívocas de laboriosidad y cultura con el aumento de la población y desarrollo de su riqueza, y no escaseando medios algunos solicitó del Gobierno de S.M. por medio de una reverente exposición se le concediese á esta Villa el Título de Ciudad y poniendo en juego toda clase de influencia y valimientos pudo conseguir fuese decretada veinte y cuatro de Junio último favorablemente. Que si bien este Título no es de inmediato beneficio material lo es sin duda para su importancia social y política y un ascenso más en la categoría que anteriormente le correspondía»

    Efectivamente, en Madrid se movieron los hilos para conseguir el título de ciudad, tal como se recogía en prensa el 16 de junio y, finalmente, sería concedido por el monarca el día 24: «En consideración a la importancia que por el aumento de Población y desarrollo de su industria y comercio ha sabido alcanzar la villa de Alcala de los Gazules, vengo en concederla el titulo de Ciudad a que es acreedora: Dado en Palacio a veinticuatro de Junio de mil ochocientos setenta y seis =Alfonso»

    El decreto fue conocido por la corporación municipal el 8 de julio siguiente y sorprende la parquedad de noticias al respecto, puesto que solo se recoge que «se tributen las gracias mas sinceras y entusiastas a las autoridades y personas que han tomado parte en el asunto que tanto ha enaltecido a este vecindario» Nada más, no hay referencias a ningún tipo de celebración, ni gastos posteriores relacionados con ello. Tampoco en la prensa de la época se recoge ningún tipo de regocijo por el título de ciudad, lo que demuestra que, para los rectores del municipio, no fue más que un simple trámite administrativo, cuya importancia era más anecdótica que real. Debemos tener en cuenta que en España se estaba empezando a tejer una red clientelar que acabó colonizando todos los estamentos y con este tipo de operaciones, que hoy llamaríamos de “marketing” todos salían ganando: los vecinos ganaban categoría, al pasar de vivir en una simple villa a una ciudad, los regidores que habían conseguido la concesión ganaban prestigio, el diputado provincial que se había encargado de las gestiones se ganaba la sumisión de los gestores municipales, que quedaban en deuda con él y el monarca ganaba adeptos para su causa. Sólo así se entiende la concesión de títulos de ciudad ocurrida desde la llegada de Alfonso XII al poder. El 3 de marzo de 1875 concedió dicho título a Sagunto (Valencia), el 19 de octubre a Figueras (Gerona) y el 9 de noviembre a Linares (Jaén). En 1876 fueron elevadas al rango de ciudad, Alcalá de los Gazules, el 24 de junio, Alcira (Valencia) y Chiclana de la Frontera, ambas el 8 de agosto, Huelva el 17 de septiembre, Talavera de la Reina (Toledo) el 21 de septiembre, Vejer de la Frontera el 24 de octubre, y Berja (Almería) el 28 de noviembre. Excepto las dos primeras, el resto de concesiones vienen motivadas por las mismas causas: aumento de población y desarrollo de la industria y comercio. Resulta curioso que tres de las siete que se concedieron en 1876 fueran para municipios de la provincia gaditana, lo que deja entrever la existencia de intereses políticos tras las peticiones.

    El aumento de población en Alcalá fue muy leve en las décadas de 1830 y 1840, pasando de 5449 habitantes en 1838, a 6053 una década después. Pero el verdadero repunte se produjo a partir de la década de los 50 del siglo XIX. De 6468 habitantes censados en 1851 pasamos a 8827 en 1868, cifra que se repite ocho años después, cuando se otorga la concesión el título de ciudad. Ello fue debido a los repartos de tierras del municipio que se hicieron en aquella época y que provocó un efecto llamada para infinidad de foráneos, principalmente de municipios de la serranía de Ronda, que acabaron estableciéndose aquí. Aunque no tenemos datos certeros, podemos asegurar sin temor a equivocarnos que prácticamente la mitad de esos casi 9000 habitantes vivían diseminados por los campos del amplio término municipal.

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    Esta es, sin duda, la secuencia de los acontecimientos, basada en fuentes documentales precisas y exactas. Visto desde la perspectiva actual, tendemos a idealizar aquella concesión y nos resulta hasta paradójico que no hubiese celebración aneja, como sí la hubo por motivos menores, como el cambio de régimen político, el nacimiento de un descendiente real o el nombramiento de un Papa, por poner algunos ejemplos, pero los documentos no permiten lugar a dudas.

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NOTAS

[1] La junta de asociados estaba formada por los miembros de ayuntamiento, más el doble de vecinos mayores contribuyentes, cuya misión era controlar la labor política, avalar presupuestos y proponer mejoras para la localidad. se había acordado reparar el matadero municipal, que se ubicaba en la actual calle Picasso, la fuente de la Salada y el lavadero público junto a la misma. Sin embargo, cuatro años después, nada se había ejecutado, motivo por el cual, el 8 de agosto, los concejales acordaron ejecutarlas.

sábado, 16 de mayo de 2026

Anuario 1881



ALCALDE PRESIDENTE

D. Camilo Moreno, Real 58

TENIENTE 1.º             

D. Miguel Caro Sánchez, Los Pozos 62

IDEM 2.º        

D. Rodrigo Delgado Sánchez, Villa Arriba 31

IDEM 3.º

D. José Marchante Redondo, S. Francisco 1

REGIDOR SÍNDICO

D. Francisco Moreno Redondo, Plaza de la Cruz 71

REGIDOR SÍNDICO SUPLENTE

D. Manuel del Puerto Gómez, Los Pozos 1

SECRETARIO AYTO.

D. José Pacheco de los Ríos,

    Jefe honorario de la Administración Civil, Villa arriba 31

DEPOSITARIO DE FONDOS MUNICIPALES

D. Ildefonso Sánchez Salas, Amiga 27

ALCALDE DE BARRIO

D. Diego Centeno de los Ríos, Real 58

D. José Franco de los Ríos, Villa Arriba 46

D. Melchor Moreno Pérez, Cruz Verde 91

JUEZ MUNICIPAL

D. Joaquín E. Puelles Salas, Barrio Nuevo 14

SUPLENTE

D. Francisco Arroyo Rodríguez, Carril Alto 21

FISCAL MUNICIPAL

D. Pedro Benítez Álvarez, Los Pozos 68

SUPLENTE

D. Antonio Pastor González, Carril bajo 3

SECRETARIO MUNICIPAL

D. Manuel de Luna Herrera, Plaza de Blaza 52

NOTARIO PÚBLICO

D. Rafael Espinosa Ramos, Licenciado en Jurisprudencia Y Jefe honorario de la Administración civil, Real 44

JEFE DE LA ESTACION MUNICIPAL DE TELEGRAFOS

D. José Pacheco de los Ríos, Villa Arriba 32

ADMINISTRADOR HOSPITAL MPAL. DE HOMBRES

D. Manuel de la Corte Muñoz, Plaza de la Constitución

DIRECTOR HIJUELA PROVINCIAL DE EXPÓSITOS

D. Francisco Rodríguez González, Real 48

ADMINISTRADOR DE RENTAS

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

ADMINISTRADOR DE PROPIEDADES Y DERECHOS DEL ESTADO Y COMISIONADO DE VENTAS

D. Antonio Sánchez González, Plaza de Santo Domingo 57

ADMINISTRADOR DE CORREOS

D. Antonio Álvarez Corona, Plaza de la Cruz 48

RECAUDADOR DE CONTIBUCIONES

D. José Gallo y Otero, Los Pozos 66

AYUDANTE DE OBRAS PÚBLICAS

D. José Galán Caballero, Carril bajo 1

MAESTRO DE OBRAS

D. Manuel Delgado de la Corte, Villa Arriba 29

MÉDICO

D. Juan Centeno de los Ríos, Carrera 18

D. José Puelles Centeno, Barrio Nuevo 14

D. Francisco Machado Blanco, Carril Alto 20

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

D. José Fuentes Fernández, Carril bajo 3

D. Alejo Herrero Pérez, Plaza de la Cruz

FARMACÉUTICOS

D. Manuel Espinosa Ramos, Plaza de la Cruz 59

D. Miguel de Puelles Centeno, Barrio Nuevo 14

D. Fermín Pérez, Real 28

SANGRADORES

D. Francisco Moreno Redondo, Plaza de la Cruz 71

D. Francisco Mancilla Quijada, Barrio Nuevo 64

D. Enrique Moreno Redondo, Real 3

VETERINARIOS

D. Melchor Román de la Jara, Plaza de la Cruz 77

D. Andrés Wanceulén y Ardaya, Los Pozos 4

D. Lorenzo del Canto Collantes, Real 28

PROFESORES DE 1ª ENSEÑANZA

D. Ildefonso Roa y Sánchez, calle de los Toros 52

D. Juan Romero Jurado, Plaza de Santo Domingo

COLEGIO DE NIÑAS, TITULADO DE JESUS, MARIA Y JOSÉ

Sor Telesfora de Santa María Herrera, Beaterio

DIRECTOR DEL COLEGIO DE 2ª ENSEÑANZA, TITULADO DE S. JOSÉ

D. Antonio Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

PROFESOR DE LA ACADEMIA FILARMÓNICA

D. Francisco Marín Delgado, Carril Alto 32

LICENCIADO EN JURISPRUDENCIA

D. Antonio M. de Puelles y Salas, Real 42

D. Manuel Espinosa Ramos, Jefe honorario de Administración civil, Real 44

ARCIPRESTE Y CURA PROPIO DE LA PARROQUIA DE SAN JORGE

Br. D. Francisco de P. Castro y Moreno, cura castrense, Plaza de la Constitución 2

COADJUTORES

D. Francisco Javier Vargas Cornejo, P. de la Constitución

D. Antonio Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

VICARIO DE LAS MONJAS

D. Bartolomé Benítez Ramírez, Plaza de la Cruz

CAPELLAN ERMITA DE LOS SANTOS

D. Francisco Cuesta Moreno, Villa abajo 18

CAPELLÁN HOSPITAL MISERICORDIA

D. José García Barroso, Salada 150

BENEFICIADO PROPIO

D. Francisco Escalona Pérez, Nueva 13

NOTARIO ECLESIÁSTICO Y CASTRENSE

D. José Franco de los Ríos, Villa Arriba 46

DIPUTADO PROVINCIAL DEL DISTRITO

D. Mariano Delgado de Mendoza, Caballero Maestrante de la Real de Sevilla y propietario, Real 60

ADMINISTRADOR DEL EXCMO. SR. DUQUE DE MEDINACELI

D. Francisco de Paula Velasco García, Cárcel 100


FUENTE: Guia Rosetty

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