Gabriel e Ismael Almagro Montes de Oca
PRÓLOGO
“No se puede amar lo que no se
conoce,
ni defender lo que no se ama”
Guiados por la misma idea que expresa esa frase que se atribuye a Leonardo da Vinci, coincidiendo con el quinto centenario de la Parroquia, el pasado 2024, nos vimos inmersos en la tarea de difundir, para que lo conociéramos todos, valorásemos, amasemos y, consecuentemente, defendiésemos, el importante legado patrimonial, artístico, cultural y hasta sentimental, si se quiere, que representa la Parroquia de San Jorge.
Apenas un año después de que presentásemos nuestra obra “La Parroquia de San Jorge de Alcalá de los Gazules”, el calendario nos avisa que el 3 de Marzo de 2026 se celebran los 300 años de la consagración de la Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Consolación, hoy Iglesia de San Francisco de Paula, aunque para los alcalaínos fue y será siempre la Victoria, una fecha que, entendemos, se convierte en extraordinaria oportunidad para hacer lo propio y dar a conocer la historia del convento alcalaíno de los mínimos, tanto en este emplazamiento, en las proximidades de la Plaza de la Cruz, como en el primitivo de la ermita de Consolación, del que tomó su nombre hace ahora 440 años.
Un convento que, si bien no sería el primero que se erigiese en Alcalá, toda vez que la villa ya contaba con un cenobio desde 1509, el de las Sagradas Llagas y Santo Domingo, va a tener un contexto fundacional bastante distinto de aquel.
Si bien es cierto que hemos de incardinarlo en la importante expansión que los conventos regulares vivieron a partir de mediados del siglo XVI, [1] también lo es que se produce en un momento en que Alcalá estaba experimentando un considerable crecimiento demográfico y económico.
Aún más, a diferencia de la fundación del convento de Santo Domingo, concebida por los Señores de Alcalá [2] para visibilizar su autoridad señorial, ofreciendo tanto una imagen piadosa del linaje, como cimentando su control social, la fundación de “la Victoria” será obra de un vecino de la villa, un Beneficiado de su Parroquia, un hombre de su tiempo que, imbuido por los postulados del Concilio de Trento (1545-1563), promueve el convento como un lugar de oración, vida espiritual y espacio de adoctrinamiento religioso [3] para los vecinos, pero también con el fin de ganar terreno en su propia carrera por la salvación de su alma, de ahí que encargase igualmente oraciones, ceremonias y servicios religiosos en su memoria.
De otra parte, también es significativo destacar cómo en la fundación señorial se opta por encomendar el templo a una orden clásica, los dominicos, mientras que Alonso Cárdeno, en la suya, opta por encomendársela a una orden de las denominadas “reformadas”, próxima al pueblo, que por su vocación de humildad y pobreza extrema se autodenominaban los últimos de todos los feligreses.
En ese contexto, el hecho de que Alcalá contase, a fines del siglo XVI, con dos conventos de frailes [4] lo llevaría a ser considerado, a nivel general, como signo de categoría urbana y de prestigio de la villa, máxime cuando, con su presencia, los frailes no sólo fomentaban la religiosidad popular, enriquecían el patrimonio artístico y participaban en la vida social, cultural y económica mientras aquellos estuvieron abiertos, sino que, además, nos legaron un patrimonio inmaterial del que hemos de sentirnos orgullosos.
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NOTAS
[1] Baste recordar que, en el último cuarto del siglo XVI, momento en que se erige el convento alcalaíno de Nuestra Señora de Consolación, se fundaron en España 455 conventos, de los que 42 serían fundaciones de la misma Orden de los entonces llamados “Hermanos Mínimos de San Francisco de Paula”.
[2] Decimos Señores de Alcalá porque, si bien responde a una manda testamentaria del IV Adelantado y Notario Mayor de Andalucía, Marqués de Tarifa, Señor de Alcalá, Cañete, Bornos, Espera y otros pueblos, Francisco Enríquez de Ribera se ejecutaría por su hermano de Padre, primo de madre y sucesor, Fadrique Enríquez de Ribera.
[3] Como así se expresa en alguna de las mandas de su testamento.
[4] También hemos de recordar que
en aquel momento la villa contaba igualmente con un convento de monjas de clausura.


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