CAPITULO SEGUNDO
EL CONVENTO EN LA PLAZA DE LA CRUZ
El
22 de agosto de 1682, a las 4 de la tarde, los mínimos abandonaron
definitivamente su antigua sede, viviéndose un acontecimiento histórico, que
nadie quiso perderse. Asistieron «Junta Clerecía, el adjuntamto.
de esta villa, Commd del Convto de Sto Domingo y personas
de distinción salieron procesionalmte acompañando a esta Commd que llevara
consiguo el smo sacramento y las Ymagenes que dha Yglesia veneraban, dexando en
ella solamte la de Sn Antonio Abad». A las seis de la
tarde llegaron al lugar donde pretendían levantar el nuevo convento, siendo
recibidos «con jubilo y aplauso general de esta villa, colocando en la parte
destinada para Yglecia al Smo Sacramento y Stas Ymagenes».
Como
hemos visto en el capítulo anterior, los frailes fueron comprando propiedades
en la zona de la Plaza de la Cruz, actual Alameda, con la intención de
trasladar el convento según consta en los documentos conservados en el Archivo
Histórico Provincial de Cádiz, entre los que existe una relación de las fincas
adquiridas. Estas adquisiciones apuntan a que los mínimos tenían un plan
trazado, a que el traslado estaba planificado. Sin embargo, hay un detalle que
parece indicar todo lo contrario y, tal vez, la mudanza no respondió a un
proyecto largamente estudiado, sino que se hizo de manera precipitada y
aprovechando las circunstancias que se dieron en un momento concreto: todas las
fincas que aparecen en el listado referido, fueron adquiridas por el convento
después de producirse el traslado el 22 de agosto.
La
primera casa que adquieren es la de Lucia Montero, viuda de Juan Luis de
Ortega, quien, el 13 de septiembre, vendió al convento de Nuestra señora de
Consolación «la pte de casa q yo tengo en la casa grande de gil
lopes questa en la plasa de la sta cruz desta viª y es la que mira a
la calle que linda por la una pte con casas de andres galindo y por
la otra con casas de Juº Gonzales asedo y esta en comunidad con Juº SS (Sánchez)
casas dª Ysabel de casas y lorenzo mrn (Martín)».[45]
Para edificar el convento, necesitaban anexionarse las casas aledañas y así disponer de terreno suficiente. Pero existía un problema para ello: eran pobres. La orden de mínimos, no se caracterizaba precisamente por su poderío económico, al contrario, sus frailes vivían con estrecheces, y no disponían de dinero para seguir comprando fincas. Ante esta situación, intervino uno de ellos, el alcalaíno fray Bartolomé Navarro, quien el 7 de noviembre tomó la determinación de donar al convento unas casas que había heredado de su hermana en 1669, que se ubicaban junto a la Plazuela.[46] El 27 del mismo mes, donaba otra parte de casa, que también había heredado: «entre los bienes que me quedaron y yo herede fueron unas cassas en que ai dos cuerpos baxos patio y pozo que an por linderos cassas de los herederos de sevastian peres y casas de doña elvira Sifuentes».[47]
Ese
mismo día y los dos siguientes, los mínimos celebraron tres tratados[48] para hacer una permuta de
estas casas donadas por Fray Bartolomé Navarro, por otras de Isabel Maldonado: «por
quanto es nessessario redificar este Convento assi la Yglesia como seldas
Refectorio y ofisinas y demás menesteres nessessarios y se halla mui falto de
dineros y otros medios y dicho convento su Renta en mui corta por ser mui pobre
ni menos tiene bienes espirituales ni de otro genero que nos ean mui
nessessarios y forsossos para el culto divino; emos conferido y tratado que
para dicha redificassion es nessessario tomar unas cassas que estan dentro de el patio de este convento y
sin ellas no se puede obrar en cossa alguna y emos tratado con doña Ysavel
Maldonado dueña de dichas casas las de y
la susso dicha lo a tenido por bien y en pago nos a pedido le demos unas cassas
que tenemos en la calle Real de esta villa que lindan con cassas de los herederos
de sevastian peres y casas de doña Elvira de Sifuentes por las espaldas las
quales el dicho Convento las posee por cession que de ellas se hizo el pe frai
Barme navarro Relixioso de este Convento con cargo de quatro ducados
de tributo redimidero que en cada un año se pagan a Don pedro de Villegas
Clerigo subdiácono…».
Una
semana antes, el día 23, los frailes habían llegado a un acuerdo para
intercambiar unas casas propias del convento, heredadas por fallecimiento del
que fue fraile lego de la misma orden, fray Francisco Mariscal, en la calle de
la Salada, con Juan González Acedo, cuyas casas «se conponen de quatro
cuerpos altos y dos bajos patio y posso y un corredor». Estas casas eran
necesarias «porque sin ellas no se puede obrar ni en la yglesia ni en otra
cosa alguna y principalmente para hazer puerta y servidumbre de el convento».
Debían ocupar estas casas la zona
del actual atrio de la Iglesia de la Victoria y zona anexa de la espadaña. Con
respecto al pozo que se menciona, constatar que aún existe en la actualidad,
aunque se encuentra cegado, y cuyo brocal se encuentra “incrustado” en el muro
lateral de la iglesia que da al patio. Descartamos que este brocal perteneciese
a un aljibe porque no tiene sentido que los frailes lo hubiesen conservado,
construyendo el muro justo encima, puesto que, si fuese de un aljibe, se podría
haber desplazado unos metros para situarlo fuera del mismo. En cambio, al
tratarse de un pozo, no tuvieron más remedio que respetarlo, porque era
necesario para la subsistencia de los frailes.
Evidentemente, los mínimos debieron
de poseer ya alguna propiedad en la Alameda en agosto de 1682, cuando realizan
el traslado, pero, ni en la documentación del convento ni en los protocolos
notariales, hemos podido localizarla. Quizás lo más probable es que se
estableciesen en la primera casa que compraron, la de Lucia Montero, y que las
escrituras de venta se realizasen con posterioridad a la mudanza.
La construcción de
la Iglesia debió convertirse en tarea primordial para los mínimos, pero una
obra de tanta envergadura no sería empresa fácil, ni rápida.
Por
una escritura de concordia entre los frailes y la cofradía del Nazareno sabemos
que en 1690 aún no había empezado a edificarse: «y ten es condision que cada
y quando que dho convento labre yglesia le a de dar capilla a dha cofradia».
En mayo de 1700, la situación no había cambiado, según se deduce del testamento de Cristóbal Jiménez de Zurita, clérigo de menores, quien destinó al convento una limosna de «dos mill reales de vellon por una ves que quiero sean y sirban para la fabrica de la yglesia que se hisiere en el convento de señor san franco de Paula desta viª de tal manera que no puedan conbertir ni gastar en otra cosa».[52] Al año siguiente, tampoco parece que se estuviese labrando, pues en una limosna, un tanto peculiar que destinó Gaspar Rodríguez, así se da a entender: «Declaro que si el dho Dn Antº de carrion mi hermano enbiare de los dhos reinos de las indias alguna porción dirigida para mi como otras veces lo ha estilado quiero y es mi voluntad que la porción que viniere se de al convto del sr san franco de Paula de esta villa para aiuda a su obra sin cargo alguno y esto se entiende obrando en el dho convento y si no se obrare mando que mis albaceas perciban la dha porción y la manden decir de misas por mi anima e intención en la capilla de nra sra del rosario y dulce nombre de Jesus sitas en el convento de nro Pe Santo Domº de esta villa y por sus religos y así lo declaro». [53]
Será
a partir de 1702 cuando encontremos referencias a la obra del convento,
concretamente en otro testamento, el de Alonso González, quien hizo una
importante donación: «yten mando a el Convento de señor san franco
de Paula desta villa quinientos Ducados para la obra que se esta hasiendo en
dho Convento y esto se le an de dar de las deudas que me estan debiendo como
consta mi libro…».[54] En 1704, otro
Jiménez de Zurita, Alonso, también presbítero, destinó una limosna de cien
reales para el convento.[55] Ese mismo año, Ana Pareja
mandó al convento once ducados que le debían «para aiuda a su obra porque
sus religiosos de dicho comvento me encomienden a dios».
El
6 de enero de 1706 se encontraba en Alcalá el Doctor D. Alonso de los Ríos y
Bérriz, caballero de la Orden de Calatrava, Chantre de la Iglesia Metropolitana
de la ciudad de Lima, en Perú. Se encontraba de regreso a las Indias y aquí se
encomendó a San Francisco de Paula para que su viaje llegase a buen puerto,
otorgando un codicilo a su testamento en el que recogió lo siguiente: «Clausula.
Ytt. quiero y es mi voluntad que del remaniente que quedare de mis vienes que
io tengo en la dha Ciudad de lima por via de limosna y para que se continue la
obra del convento de nuestro Padre san Fco de Paula desta villa se
les de quinientos Pesos excudos de plata y les encargo a mis albaceas
testamentarios si yo fallesiere en el viaje que tengo que haser a la dha Ciudad
de lima luego que cumplan el dho mi testamto den noticia a el
corrector que es o fuere deste dho convento ynvie poder a persona que lo
condusca a esta villa y si dios Nuestro sr fuere servido por
ynterzesion del glorioso santo el que io llegue con salud a la dha Ciudad de
lima sin envargo de ser esta clausula después de mi fallesimto le
entregare la dha cantidad luego incontinenty que io me halle en mi Yglesia
donde con santas veras deseo llegar a la persona que conparesiere con poder del
dho convento cuia manda le ago como mas aia lugar en derecho= como consta de la
dha clausula aquí presinserta a que nos referimos y de que el presente essno
da fee». [57] Cinco días
después, los frailes daban un poder a José López, maestro de calafate y a
Bernabé García, maestro mayor carpintero, ambos de El Puerto de Santa María,
para que hiciesen gestiones en Lima para cobrar los 500 ducados.
A
finales de 1708, Francisco Jiménez Caridad dejó al convento, para ayuda a la
obra, diez ducados que le estaba debiendo.
En febrero de
1710, ante la ausencia de noticias para cobrar los 500 ducados que dejó para la
obra el Chantre de la Iglesia Metropolitana de Lima, los frailes dieron otro
poder a Martín Carreño y Pedro de Castro, ambos vecinos de Cádiz, para cobrar
dicha limosna.
En octubre del mismo año, el sargento mayor de las milicias de Alcalá, Francisco Romero Catalán hizo donación al convento de dos fincas en la calle de la Salada y otra en la calle de los Pozos: «respecto de constarme la mucha pobreza con ql se Halla el convento de sr sn franco de paula desta villa para poder continuar la obra q tienen comensada para poder Hazer yglesia de mi libre y espontania voluntad sin premio ni ynducimto alguno estando bien informado de mi dro. y de lo que en este caso me conviene hazer otorgo por el thenor de la presente que hago gracia y donación pura perfecta de las que el dro. llama intervibos ynrrevocable a el dho convento y sus religiosos de los dhos tres quartos de casa arriba referidos y deslindados con todo el sitio y solar que le pertenece».[59]
Precisamente estas
casas fueron utilizadas un mes más tarde por los mínimos para hacer una permuta
por otras, propiedad de Pedro Sánchez y María Infante, su mujer, «en el
serrillo que llaman de rrio verde que por las espaldas linda con el referido
convento».
A
principios de septiembre de 1712, Juan Morales Repilado destinó 100 reales para
ayuda a la obra del convento[61] y a finales del mismo
mes, los frailes recibieron otros cien reales de Rita Morito con idéntico fin.
En
abril de 1713, los hermanos de la cofradía del Nazareno, ante los perjuicios
que la obra de la iglesia causaba a sus Imágenes y patrimonio, decidieron
abandonar el convento, pero personas influyentes les hicieron cambiar de
opinión comprometiéndose los frailes a acabar la capilla: «Ytt. con
condizion que por ahora y en el interin que se fenece la obra de dho convento
ha de ser obligada la comunidad que es o fuere de el en el discurso de dos
meses contados desde oy día de la fha a reedificar la capilla de lo que nezesita
que es suelo cielo encañonado y el testero y condenar de manpuesto la puerta
que de dha capilla corresponde al patio de dha Yglesia por el perjuicio que se
ha experimentado y esta amenazando y por el consiguiente ha de ser de nro cargo
el cuidado aseo y culto de dha capilla y
poner en el arco de ella rexa de palo, o hierro quedando del cargo de la
cofradia la llave para ponerla en poder de la persona o Religioso que le
pareziere»
Los
frailes, además, debían proporcionar a la cofradía una celda «decente»
donde recoger las Imágenes y enseres mientras finalizaba la obra de la capilla.
Pasaban los años y las obras avanzaban lentamente, en la medida que entraban ingresos con las limosnas de los fieles.
El 7 de marzo de
1715, Alonso González donó trescientos reales[64] y pasados dos años, el 8
de marzo de 1717, otra vez apareció Francisco Romero Catalán en socorro del
convento, haciéndole donación de cincuenta ducados y, además, cedió sus
propiedades a los mínimos: «es mi voluntad cuide de ellas el Padre corrector
que es o fuere del referido convento de sr san franco de
paula de esta dha villa arendandolas a las personas que fuere de su gusto y por
los precios que pudiere y todo su prozedido me lo agan de decir de misas por mi
alma de mis Padres y demás difuntos muertos y vivos en que se incluía el alma
de la dha Dª Marina de Azedo mi mujer con tal régimen y gobierno que la casa
que tubiere necesidad de algun adereso para su manuntenz y perpetuidad
se le eche aunque no se diga misa alguna y luego que este corriente una o todas
como llevo declarados los reditos se distribuyan en las dhas misas y sobre el
cuidado que ha de aver en las dhas poseciones encargo la consiensia de el dho
Padre Corrector que es o fuere porque es mi voluntad que las dhas poseciones se
perpetúen todo el tiempo que fuere posible advirtiendo que las misas las an de
puntar a razon de dos rs y mº vn».
Un par de meses
más tarde, el 5 de mayo, el clérigo Diego Jiménez de Zurita, en su testamento
listó una serie de cantidades que le debían, que superaban los cien ducados y
ordenó que se cobrasen y destinasen a la obra del convento.
En septiembre del mismo año, el
corrector de los mínimos pidió al ayuntamiento un tronco de bellota para la
obra del convento, pero los regidores alegaron que eran meros administradores y
que debía pedirlo a los criadores de ganados, que eran quienes lo cedían
No
siempre las donaciones fueron en metálico, a veces se producían en especie,
como la que hizo en febrero de 1718 Fernando Gómez Tutor, quien había
interpuesto una demanda contra D. Melchor de Toledo, vecino de Alcalá por
haberle matado un toro suyo sin licencia en las fiestas del Corpus de 1717 y
cedió a los mínimos el derecho que tenía sobre dicho animal.
En
agosto siguiente, otra vez el corrector acudió al ayuntamiento pidiendo
licencia para cortar tablas y cuartones para la obra, denegándola el Concejo «en
atension a estar el fruto de bellota pendiente» y posponiendo la petición hasta
enero siguiente.
No
fue en enero, sino en febrero, cuando el procurador del convento volvió a
solicitar la licencia, que esta vez sí le fue concedida, con la condición de
que especificase la que necesitaba sin excederse.[70] Precisamente en ese mes
de febrero, el convento recibió otra donación en especie de un donante muy
particular. Fray Cristóbal Adalid, Padre lector que había sido conventual en
Alcalá, «en atención a la pobreza de este convento por hacerle mrd» entregó
a Pedro de Esquivel «sien pesos para Aiuda a la obra de este dho Convento y
los cinquenta cunplimto a la dha cantidad para la sacristia de el»
pero éste no pudo entregarlos por la cortedad de sus bienes, al tenerlos
embargados por diversos acreedores, comprometiéndose a saldar su deuda, para lo
cual entregó al corrector nueve fanegas de trigo.
Para surtir de ladrillos la obra del
convento, los mínimos disfrutaban al menos desde 1715, de un tejar que
pertenecía al Concejo, que anteriormente poseyó el que fuera mayordomo de la
Cofradía del Nazareno, Gonzalo de Buiza. A finales de 1720 los frailes pidieron
la propiedad del mismo, concediéndoseles sitio para que pudiesen labrar un
tejar o tenería, únicamente.
Y si los ladrillos eran de fabricación
propia, la madera necesaria para la obra, salía de los montes propios de la
villa. En febrero de 1721, el corrector pidió licencia al Cabildo «para
cortar ciento y treinta tablas cien quartones quarenta vigas y treinta planchas
para la obra de dho combento» accediéndose
a la petición.[73] Al mes siguiente, se recibió una nueva donación para la obra. Servanda
Bocanegra donó un buey y medio cahíz de trigo. [74] Dos meses más
tarde, ante la necesidad de fondos para proseguir la obra, los mínimos
volvieron a dar otro poder a D. Francisco de Conjín y Araujo, vecino de Lima
para que gestionase la limosna que el Chantre de aquella ciudad había hecho 15
años atrás, puesto que «los dhos apoderados no an dado razon hasta ahora de
su encargo ni se sabe si an cobrado o no la rreferida cantidad de los dhos
quinientos pesos excudos de plata cuia detension a causado notable daño a este
convento por quanto con ella hubiera adelantado mucho la obra que se esta siendo y para que fue destinada
por el dho sr chantre que la legó».
A partir de aquí, no encontramos referencias a obra alguna durante varios años, hasta que, en mayo de 1725, el beneficiado Pedro Collado mandó «a la obra del combento de la Victoria desta villa mill Rs de vellon por una vez».[76]
En estos últimos años, las obras
debieron centrarse en la construcción de la Iglesia, hasta que, por fin, 44
años después de trasladados del antiguo convento, se puede decir que estaba
concluida. Celebrándose en las Casas capitulares un cabildo por los regidores
el 23 de febrero de 1726, apareció el corrector del convento solicitando
permiso para entrar: «llegó un recado del Padre Fr. Marcos ximenes Corrector
del Combento de nro Pe San Franco de paula pidiendo
lizensia para entrar en este ayuntamiento y aviendolo executado y tomado
asiento Propuso y Dixo que ponía en la Alta comprehenzion desta Vª, como tenía
deliberado Consagrar la Yglesia nueba el domingo tres de marso próximo que
viene en cuya funsion, tiene deliberado q en prosesion general se condusqa
desde la Yglesia Parroquial al dho combento de la victoria el Santissimo
Sacramento y que para ello pide y suplica a esta Villa se sirva de concurrir y
autorizar la fiesta sirviéndose de darse por combidada para llevar las Varas
del palio y guion».
Además,
el corrector ofreció al ayuntamiento ser patrono de la capilla o altar mayor,
por la mucha ayuda que había recibido siempre por parte de los regidores desde
la llegada de los frailes a Alcalá, con el acto simbólico de poner sus escaños
en dicho lugar: «y asimismo pide y suplica a esta Villa como tal Corrector
de que expera la confirmación del reverendo Pe Provincial, se sirva
de la Propiedad de la Capilla maior de dho Combento de que haze Dueño y Patrono
a la Villa Para que en ella Ponga sus escaños, en donde se an de mantener
Perpetuamente para siempre jamás sin que Persona alguna que no sea capitular se
pueda sentar en ellos, concurran o no a las funciones del Combento cuya
demostrasion haze en Remunerazon
de los muchos favores que desta villa a rezevido».
Desde
el Cabildo, agradecieron el ofrecimiento al Padre corrector y se aceptó, tanto
participar en la procesión de consagración desde la Parroquia, como los
asientos perpetuos en la capilla mayor, acordando «que en señal de Possesion
luego Yncontinenti, se pongan Dos bancos
deste ayuntamto en dha Capilla maior Ynterin que se hazen bancos en
forma».
Igualmente, los regidores decidieron, a pesar de las dificultades económicas por la que se atravesaban, dar una limosna «para la función al dho Padre Corrector con quatro cientos y cinquenta Rs».[77] Esta limosna la adelantó Francisco Romero Catalán, a quien se le despachó libranza en agosto de dicho año.[78]
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NOTAS
[45] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 178. Escritura de venta otorgada ante Fco. Montalbán el 13 de septiembre de 1682. Folios 83 a 85 vto. Sobre dicha casa pesaba un censo anual de 93 que se pagaban al presbítero Diego Urbano y 104 reales al beneficiado Francisco de Ávila y Oliva.
[46] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 178. Escritura de donación otorgada ante Francisco Montalbán el 7 de noviembre de 1682. Folio 109 y vuelto. Las casas las heredó de su hermana María de Toro y «estan en la calle que Baxa de la plasuela a la esquina del conbento de santo domingo la cual linda con casas del Benefisiado anton lopes y casas que fueron de alonso salgero y las casas del asofayfo por la parte de abajo»
[47] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173. Escritura de donación ante Alonso de Espino Barba, otorgada el 27 de noviembre de 1682. Folios 138 a 139. Las heredó de su hermana Dª. Leonor de Toro Navarro.
[48] Era norma habitual en los conventos que, para llevar a cabo cualquier tipo de acción legal o acuerdo, previamente debían reunirse todos los frailes, llamados a son de campana tañida, para deliberar sobre el asunto en tres días, normalmente consecutivos. Estas reuniones se conocen como “tratados”.
[49] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173. Escritura de permuta otorgada el 29 de noviembre de 1682 ante Alonso de Espino Barba. Folios 140 vto. a 144.
[50] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 173. Escritura ante el mismo escribano, fechada el 23 de noviembre de 1682. Folios 140 vto. a 144.
[51] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 240. Escritura de 29 de septiembre de 1690, otorgada ante Juan Barreto de Molina. Folios 282 a 283 vto.
[52] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Cristóbal Jiménez de Zurita, otorgado el 24 de mayo de 1700 ante Juan Barreto. Folios 138 vto. y 139. Este clérigo debió tener algún roce con los frailes, pues ordenó que fueran sus albaceas los que distribuyesen dicha limosna sin que se le entregase ni al corrector ni a la comunidad «aunque sea con el motivo de guardarlos en dha obra».
[53] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 309. de Gaspar Rodríguez, otorgado el 7 de abril de 1701 ante Manuel Fco. Salgado. Folio 6 vto.
[54] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Alonso González, otorgado el 24 de enero de 1702 ante Juan Barreto de Molina. Folio 272.
[55] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 144. Testamento de Alonso Jiménez de Zurita, presbítero en Alcalá y comisario del Santo Oficio de la Inquisición de Sevilla, otorgado el 23 de agosto de 1704 ante Juan Barreto. Folio 426 vto.
[56] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 305. Testamento de Ana María Pareja, otorgado ante Francisco Bautista de Ortega el 5 de octubre de 1704. Folio 98 vto.
[57] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 3. Poder del convento de la Victoria a favor de D. Francisco de Cortina y Araujo, vecino de Lima otorgado el 27 de mayo de 1721, ante Fco. Ruiz Romero. Folios 29 a 31 vto. En dicho poder, aparece inserta la cláusula.
[58] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 152. Testamento de Francisco Jiménez Caridad otorgado ante Francisco Bautista de Ortega el 1 de diciembre de 1708. Folio 201.
[59] AHPCA. PN Alcalá de los
Gazules, 357. Donación de Francisco Romero Catalán a favor del Convento de la
Victoria, otorgada ante Juan Bautista de Ortega el 15 de octubre de 1710.
Folios 231 a 232.
[60] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 357. Permuta realizada ante Juan Bautista de Ortega el 15 de noviembre de 1710. Folios 233 a 235.
[61] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Testamento de Juan Morales Repilado, otorgado ante Carlos del Fierro el 1 de septiembre de 1712. Folio 484.
[62] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 357. Testamento de Rita Morito, otorgado ante Juan Bautista Ortega el 22 de septiembre de 1712. Folio 114 vto.
[63] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Escritura de convenio entre el convento de la Victoria y la Ilustre cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno fechada el 4 de abril de 1713 ante Carlos del Fierro. Folios 534 a 539 vto.
[64] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 30. Testamento de Alonso González, otorgado ante Carlos del Fierro el 7 de marzo de 1715. Folio 715.
[65] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 240. Testamento de Francisco Romero Catalán otorgado ante Fco. Bautista de Ortega. Folios 16 a 19. Se mandó enterrar a los pies del altar de San Fco. de Paula.
[66] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Testamento de Diego Jiménez de Zurita, otorgado ante Francisco Bautista Ortega el 5 de mayo de 1717. Folio 67 y vto. Le debían 57 ducados por el arrendamiento de una huerta, 72 ducados por dos años de arrendamiento de otra huerta y 4º reales del resto de la venta de un caballo.
[67] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 13 de septiembre de 1717. Folio 138 vto. y 139.
[68] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Cesión y traspaso de un toro de Fernando Gómez Tutor en favor del convento de S. Fco. de Paula, ante Francisco Bautista de Ortega, otorgada el 20 de febrero de 1718. Folios 12 y vto.
[69] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 15 de agosto de 1718. Folio 208.
[70] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 13 de febrero de 1719. Folio 266.
[71] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 340. Escritura de 1 de febrero de 1719 ante Fco. Bautista de Ortega. Folios 19 a 20 vto.
[72] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 1. Cabildo del 18 de diciembre de 1720. Folio 454 vto. y 455.
[73] AMAG. Actas sesiones Ayto. pleno. Legajo 15 Libro 2. Cabildo del 10 de febrero de 1721. Sin foliar. Se le dio licencia con la condición de que el maestro que hubiere de cortarla, compareciera ante el Concejo y que lo hiciera en el Hoyo de la Zarza.
[74] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 213. Testamento otorgado el 5 de marzo de 1721 ante Fco. Bta. Ortega. Folio 14 vto.
[75] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 3. Poder del convento de la Victoria a favor de D. Francisco de Cortina y Araujo, vecino de Lima otorgado el 27 de mayo de 1721 ante Fco. Ruiz Romero. Folios 29 a 31 vto. El convento estaba integrado por Fr. Francisco Caballero, corrector, Fr. Alonso Cipriano, Fr. José Romero, Fr. Francisco Márquez, Fr. Juan Machado, Fr. Juan Prieto, Fr. Domingo Gil, Fr. José Conte Real, Fr. Alonso Bocanegra, Fr. Francisco Mateos y Fr. Fco. Caballero.
[76] AHPCA. PN Alcalá de los Gazules, 132. Testamento del beneficiado y vicario Pedro Collado Cortegana otorgado el 9 de mayo de 1725 ante Carlos del Fierro. Folio 47 vto.
[77] AMAG. Actas Sesiones Ayto. pleno. Legajo 16 (1724-1730) Libro 2. Cabildo de 23 de febrero de 1726. Folios 134 a 135 vto.
[78] AMAG. Legajo 16 Libro 2. Cabildo del 8 de agosto de 1726. Folio 186. Según consta, «se le estan debiendo por averlos prestado para la ayuda de costa que se le dio al combento de la Victoria para la obra».








