sábado, 14 de abril de 2012

Hallazgo de un sarcófago de plomo en 1865

     En 1865 se produjo en Alcalá un hallazgo que ha pasado desapercibido en la historiografía local. Se trataba de un sarcófago de plomo aparecido en el cortijo de Fraja, (1) situado en la porción de tierra existente entre la carretera de Paterna y la venta de Caracena y apenas a 1000 metros del Prado.
     Este cortijo pertenecía a María de los Santos Puelles y Salas, mujer del médico de la entonces villa,  Manuel María Espinosa Ramos, quien lo había heredado en 1854 tras la muerte de  su abuelo materno, Francisco de Salas. (2)

     La mañana del 18 de septiembre, Manuel María Espinosa Ramos se encontraba en su cortijo para supervisar la obra de levantar un establo. Al poco de iniciarse los trabajos de excavación de la zanja para los cimientos, a unos 40 cms. de profundidad, los trabajadores se toparon con algo. Retiraron la tierra y descubrieron una caja de plomo con  forma de ataúd. El sarcófago se hallaba con la tapa y el fondo en contacto por haberse doblado los lienzos por el peso de la tierra. Junto al sepulcro aparecieron tejas y ladrillos blancos y rojos de forma semicircular.

     Sobre el tablero del fondo se veía perfectamente delineado por el polvo de los huesos desechos un esqueleto humano, aunque los únicos restos que se hallaron fueron varios dientes.

     El sarcófago medía un metro y noventa centímetros de largo y pesaba 92 kilos de peso, pero los obreros, al intentar sacarlo violentamente, lo rompieron en pedazos, por lo que no pudo sacarse entero.
Sarcófago de plomo hallado en la necrópolis de Carteia
     Manuel Espinosa examinó los restos, no hallando ninguna inscripción ni signo alguno en el sarcófago. Sin embargo, dentro de la caja apareció un pequeño objeto de bronce fundido, una especie de campanita.
     El médico paró los trabajos y el mismo día escribió una carta notificando el hallazgo a  Mariano Pardo de Figueroa,  conocido como Doctor Thebussem, natural de Medina Sidonia, que era miembro de la Academia de la Historia. Además, le envió el objeto encontrado y un trozo de plomo del sarcófago.

     Mariano Pardo, por su parte, notificó el hallazgo a la Academia el 24 de septiembre, enviando un dibujo de la campanita encontrada. El 3 de octubre, la Academia de la Historia agradece a Mariano Pardo la notificación y el ofrecimiento del bronce hallado dentro del sepulcro.
      Mientras tanto, en Alcalá,  Manuel María Espinosa se propone seguir con las excavaciones, dirigiéndolas él mismo para evitar que los trabajadores rompan los objetos que puedan encontrarse. Asimismo ofrece poner a disposición de Mariano Pardo cuanto encuentre y avisarle de nuevos hallazgos.
     Días después la campanita de bronce fue enviada a Madrid, notificando la Academia por carta a mariano Pardo el 18 de diciembre la recepción de la misma y el acuerdo de colocar el objeto en el museo de la misma.

     Desafortunadamente, parece ser que no hubo más descubrimientos, pues no se han recogido noticias posteriores.

     Por la descripción podemos deducir que se trataba de una tumba romana, quizás de la época altoimperial, entre finales del siglo II y el siglo III, parecida a las aparecidas en la necrópolis descubierta en Carteia (San Roque) en 2008.  Gracias a esta necrópolis podemos imaginarnos cómo sería la de Alcalá, cubiertas con tejas romanas o tégulas.
Tipos de enterramientos


      Sobre este punto, hay que aclarar que Mariano Pardo en su carta a la Academia habla de la aparición de tejas moriscas, aunque seguramente sea debido a recoge el dato de lo que le contó el médico, manuel Espinosa, quien al ver las tejas pensó que eran de origen árabe:
     “Junto al dicho sepulcro se encontraron tejas de las llamadas vulgarmente moriscas, ladrillos blancos y rojos, de figura semicircular y dentro de la caja un objeto de bronce cuyo croquis y explicación se hallará en el papel adjunto. En lo descubierto no aparece inscripción, signo ni gerogliphico alguno.”


Extracto de la carta de mariano Pardo de Figueroa a la Real Academia de la Historia
notificando el hallazgo
     A partir del siglo II el rito de la incineración sufre un abandono paulatino a favor del de la inhumación del cadáver, convirtiendo al sarcófago en un elemento singular. Solían pertenecer  a personas de posición social acomodada, que les permitía no tener que enterrarse en una simple fosa cubierta de tégulas pero que no podían adquirir unos de mármol.
     La utilización de  sarcófagos de plomo se concentran en la Baetica y la Tarraconensis entre los siglos II y V. (3)
NOTAS
(1)  Historia de la familia de los Puelles. Manuel María de Puelles Salas. 1864
(2) Expediente sobre el hallazgo de un sarcófago de plomo en el Cortijo de Fraja en Alcalá de los Gazules, por Manuel Espinosa. Real Academia de la Historia. Signatura: CACA/9/7949/008(3)
(3) La necrópolis altoimperial de Carteia. José Ignacio López Rodríguez y David Gestoso Morote. Revista Almoraima 39. Año 2009

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