viernes, 6 de febrero de 2015

La piedra armoriada de la Puerta del Sol de Alcalá de los Gazules.


Manuel Carlos Ordás de Aranda.

       Siquiera sea por su antigüedad, la piedra armera que está situada sobre el arco de la Puerta del Sol o Puerta Nueva de la ciudad de Alcalá de los Gazules (1) tendría que haber recibido digna atención de los estudiosos que de ella se han ocupado. Pero no ha sido así. Y los estudios que se le han dedicado no merecen llamarse de semejante forma, tal ha sido la ligereza con que se la ha tratado. Así, en lo concerniente a su datación, hemos leído que es del siglo XVI, de sus finales, y hasta del siglo XVIII, que tal despropósito se llega a decir en un informe ¡que recibió el beneplácito de la Real Academia de Historia en sesión de 20 de junio de 1969! En lo tocante a sus propietarios se le ha hecho propiedad del Ayuntamiento, diciéndose eran las armas municipales, que era, por tanto, el escudo de la ciudad de Alcalá de los Gazules; sin serlo, claro está, ya que quien la mandó poner fue un particular, en concreto un miembro de la estirpe de los Afán de Ribera, señores en lo antiguo de la villa. En la vetusta piedra se han “visto” las armas del linaje de los Ribera y las de Castilla y León, siendo así que ni las del linaje aparecen por ninguna parte, ni el famoso cuartelado de Castilla y León que inaugura el gran San Fernando – hay constancia de él, según nos ilustra Faustino Menéndez Pidal, desde el año 1231 – se presenta por ningún lado. Y hasta se echa de ver la gran desgana y aun menor aplicación empleada en el desciframiento de la piedra con sólo atender a que se nos habla de los “escudos de Rivera y de Castilla y León”, es decir, dos, cuando lo que hay en la piedra son cinco: uno central, y otros cuatro que lo rodean y se presentan en forma cuadrangular. Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre el asunto y atender a tres cuestiones: la datación de la pieza armoriada, el comitente y la averiguación de los emblemas heráldicos representados, que son cinco, como hemos dicho. Las tres cuestiones, como es de prever, están íntimamente relacionadas entre sí.

 
 

          Si observamos la piedra – algo por lo que tendrían que haber empezado esos señores que la “estudiaron”; por mirar la realidad –, tenemos que empezar por situarla a bastante distancia de las fechas antedichas y trasladarnos a los finales del Medievo, a la segunda mitad del siglo XV, pero ésta es cuestión sobre la que volveremos después en un intento de concretar algo más los datos cronológicos. Que la piedra sea tardomedieval es algo que atestigua la tipología del escusón, con su jefe recto y parte inferior acabada en punta, las formas del león y del castillo, y la inscripción bastante desgastada de caracteres góticos que vemos en el ángulo superior derecho (del espectador). Vuelta nuestra vista al escudo central, advertimos unas fajas jaqueladas, tres. Pero ya en el año de 1588, el historiador Gonzalo Argote de Molina, en su Nobleza de Andalucía, nos advirtió que la casa de los Ribera que fueron Adelantados de Andalucía <<… usaron de solas, las armas de Sotomayor…>>, para añadir a continuación <<Y después de muchos años, usaron de las tres faxas verdes en campo de oro, armas de su apellido>>. (2)   Y sabemos que las armas de este linaje de Sotomayor, de oriundez galaica - no hemos de olvidar fue el de la madre de Perafán de Ribera “el Viejo” (+ 1423)-, eran: de plata, tres fajas jaqueladas de oro y gules, cargadas cada una de un ceñidor de sable. Pero no sólo tenemos el testimonio escrito de Argote. En la sevillana Cartuja de las Cuevas, en su Sala Capitular, tenemos los magníficos mausoleos de varios miembros de este linaje (3) y con sus armerías policromadas. Así, en el enterramiento de Pedro Enríquez de Quiñones (+ 1492) que mandó hacer su hijo en el año de 1520,(4) vemos un escudo central – son tres los que hay- cuartelado, con los cuarteles primero y cuarto ocupado por las armas de los Enríquez, y el segundo y tercero por las tres fajas jaqueladas de Sotomayor, las mismas que tenemos en la piedra que estudiamos, si bien el escudo del monasterio de las Cuevas va policromado, como ya dijimos antes. (5)
 
Armas Ribera y Portocarrero, sepulcro de Perafán II. Sala Capitular, Cartuja de las Cuevas, Sevilla.


          Resuelto el escudo central, pasamos a los periféricos y empezamos por analizar el que presenta un león y un castillo. Que no es otro que el conocido escudo mantelado de los Enríquez que fueron Almirantes de Castilla, quienes se armaban: de León, mantelado de Castilla. (6) La piedra sólo nos muestra el león y uno de los castillos, pero está claro que el lugar que debería ocupar el otro castillo ha sido “usurpado” por el escudo central. Hay que señalar que el figurar las armas Enríquez en la piedra nos da una primera fecha post quem para la labra: el año de 1460, fecha en que se casan Pedro Enríquez de Quiñones y Beatriz de Ribera y Mendoza, heredera de la Casa de los Ribera. Junto a estas armerías de los Enríquez, en la parte baja de la piedra y a la izquierda del espectador, nos encontramos con otro emblema que presenta unos restos de veros. Son las armas que le correspondían a la varonía de doña Teresa de Quiñones y Toledo, madre del don Pedro Enríquez anterior. Se armaban los de este gran linaje leonés de los señores de Luna con un jaquelado de quince piezas, ocho de gules y siete de veros. (7) Pasamos a la parte superior de la piedra, al emblema situado sobre el de los Enríquez, donde vemos un cuartelado en aspa o franje y unas letras con caracteres góticos de difícil lectura. Mas no nos resulta de tanta dificultad ver que pertenece al linaje de los Mendoza, rama de Santillana e Infantado, sobre todo si, unido a los caracteres ya comentados del diseño, recordamos que doña María de Mendoza y Figueroa (+ 1493), hija del vate Santillana, (8)casó con Per Afán de Ribera “el Joven” (+ 1454)- consta que ya estaban casados en el mes de julio del año 1443-, caballero a quien el monarca Juan II concedió, en el año 1441, el señorío jurisdiccional de la entonces villa de Alcalá de los Gazules. Nos queda, pues, el cuarto escudo de los periféricos, del que vemos unas huellas en la piedra que parecen recordar al escudo central. Pudiera pensarse, y la lógica parecería corroborarlo, que el escudo situado en ese lugar, el preeminente de los periféricos, sea el de Ribera. Pero si volvemos la vista a los escudos que hay en los mausoleos de don Pedro Enríquez - los escudos situados en los extremos sólo llevan armerías de antepasados de don Pedro Enríquez, pero no de su mujer - y de su mujer doña Catalina de Ribera, no veremos aparecer las fajas verdes de Ribera sino las fajas jaqueladas de Sotomayor. Sólo posteriormente, según ya hemos visto que anunció Argote de Molina, (9) aparecen las fajas verdes en las armerías de esta casa de Ribera. (10)  Por tanto, y volviendo a la piedra de la Puerta del Reloj, de Alcalá, nos atrevemos a afirmar que lo que aquí hubo, en este escudo tan desgastado, fueron las armas Sotomayor. Cualquier otra conjetura no se sostiene.
 
Azulejo de arista con armas Ribera, casa de Pilatos, Sevilla.
 

          Podemos, por fin, preguntarnos por la persona que encargó poner la piedra en el arco y si es posible concretar algo más su datación. Respecto a esto último nos hubiese resultado valioso contar con su parte superior, destrozada en algún momento. (11) Ya dijimos que ha de ser posterior al año 1460. Pero quizás la fecha de 1465 podamos establecerla como una nueva post quem, ya que sabemos que hasta ese año la enérgica viuda de Perafán de Ribera “el Joven”, doña María de Mendoza y Figueroa fue la administradora del patrimonio Ribera, y que sólo a partir de ese año se retiró a un segundo plano y dejó en el que les correspondía al matrimonio Enríquez-Ribera. Este entronque de los Ribera con los Enríquez hacía a los señores de Alcalá, a partir del año 1469, en el que matrimonian don Fernando y doña Isabel, parientes muy cercanos de los futuros monarcas. ¿Influiría ello en la labra de la piedra, en querer atestiguar mediante ésta que los Ribera participaban de la sangre de la madre del marido de la princesa doña Isabel? Creemos que sí.

          Por tanto, y ya para concluir, diremos que, en una fecha posterior, pero muy cercana, al año de 1469, se debió de labrar y colocar la pieza, y por disposición de don Pedro Enríquez de Quiñones y de su primera mujer doña Beatriz de Ribera y Mendoza, Adelantados Mayores de Andalucía, y señores de Alcalá de los Gazules y de otros lugares.

Guadacorte, Los Barrios, 26/1/2015.


NOTAS

 (1) No es un escudo, como suele afirmarse en los autores que lo han descrito, sino una piedra armoriada en la que están esculpidos cinco escudos de armas, uno central y cuatro ejemplares más, uno en cada cantón o esquina.

(2) ARGOTE DE MOLINA, G., Nobleza de Andalucía, edición de Manuel Muñoz y Garnica, Jaén 1866, p. 671. En este pasaje nos habla Argote de las armas de Perafán “el Viejo”, muerto en el año 1423, el verdadero fundador de la estirpe. Y su frase <<después de muchos años<< creemos que no es arriesgado interpretarla como equivalente a varias décadas.

(3) Para el conocimiento de la genealogía de este linaje se ha usado SÁNCHEZ SAUS, R., Linajes medievales de Sevilla, 2 vols., Sevilla, 1991, pp. 407, 254-265.

(4) Poco antes de regresar desde Génova a Sevilla, en el año de 1520, don Fadrique Enríquez de Ribera encarga el mausoleo de su antepasado al escultor Antonio María Aprile da Corona, artista que había trabajado en la Cartuja de Pavía, monumento que cautivó al Ribera.

(5) Las mejores muestras que tenemos de estas armerías en monumentos en Andalucía son, sin duda, las que se conservan en el castillo de Belalcázar (Córdoba).
 
(6) Estas armas manteladas de Enríquez pertenecen al grupo que Faustino Menéndez Pidal llamó de las particiones oblicuas, cuyo primer ejemplar en la casa real de Castilla y León es el que vemos en un sello, del año 1322, de don Felipe, señor de Cabrera y Ribera, hijo quinto del monarca Sancho IV “el Bravo”, que presenta un escudo de Castilla, mantelado de León; ahí aparecerán las líneas rectas, líneas que con el tiempo se curvarán. Para los ejemplares con el mantelado invertido –como el que tenemos en Alcalá-, esto es, de León, mantelado de Castilla tendremos que esperar a los hijos de Alfonso XI. Ver MENÉNDEZ PIDAL DE NAVASCUÉS, F., Heráldica medieval española. I La casa real de Castilla y León, Madrid, 1982, pássim.

(7) Son estas armas las que usaba el poderoso linaje medieval asturiano de los Noreña o Asturias, de los que pretendían descender los de Quiñones. Todo parece indicar que nada serio lo avala y que no es más que pretensión, pese a las afirmaciones que reiteradamente sostiene en nuestros días una destacada medievalista. Para las armas de los Noreña o Asturias, ver LÓPEZ-FANJUL DE ARGÜELLES, Águilas, lises y palmerines. Orígenes y evolución de la heráldica asturiana, Gijón, 2008.

(8) Estas armas cuarteladas en franje de la rama principal de los Mendoza, las inaugura don Iñigo de Mendoza en torno al año 1441. Parece que la “invención” fue consecuencia de su estrecho contacto con la corte aragonesa, donde tenía más abolengo que en Castilla la disposición en franje. De las armas de los Mendoza hay un magistral estudio en MENÉNDEZ PIDAL DE NAVASCUÉS, F., “Las armas de los Mendoza: un ejemplo de los usos de fines de la Edad Media”, Las armerías al comenzar la Edad Moderna y su proyección al Nuevo Mundo, Actas del VII Coloquio de Heráldica, Madrid, 1993, pp. 277-296.

(9) Ver nota 2.

(10) En otros enterramientos de la misma Sala Capitular vemos las fajas verdes de Ribera, pero son monumentos algo posteriores a éste de 1520. Creemos que en esta Cartuja de las Cuevas es donde aparecen estos emblemas heráldicos por primera vez en monumentos, ya que los que vemos en azulejos de la casa de Pilatos, hechos en el taller trianero de los hermanos Polido, son del año 1538.

(11) Don Ismael Almagro y Montes de Oca, caballero que fue quien me invitó a escribir estas líneas, trató de conseguirme una foto antigua, una imagen en la que no estuviese la piedra tan mutilada, pero no lo consiguió. Vaya desde aquí mi agradecimiento por el intento.

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