sábado, 9 de noviembre de 2019

Un Pueblo maravillosamente Pintoresco: ALCALÁ DE LOS GAZULES



Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio 2002



Diego BERRAQUERO MIRIL
Artículo publicado en EL
“Heraldo de San Fernando”
(14 15 y 16 de septiembre de 1926) 



      Poco antes de las 8 de la mañana hemos salido de San Fernando en excursión a Alcalá de los Gazules. D. Antonio Quijano, el insuperable artista del objetivo, tiene en este pueblo y demás comarcanos, innumerables clientes que todos los todos los años lo llaman reiteradamente. 

      Vamos a cuarenta por hora. Nuestro coche es nuevo y aconsejan los técnicos que no se fuerce la marcha. Atravesamos Chiclana de la Frontera con sus calles limpias, recién urbanizadas, que dicen mucho de la labor de un Ayuntamiento y un Alcalde en pro del pueblo que representan. Tomamos la carretera de Medina, que afortunadamente no está mal. Nos detenemos unos minutos en el célebre "Ventorrillo Lozano" lugar de cita de innumerables amateur de la caza. 

      El paisaje no tiene nada de notable hasta divisar hasta divisar en la lejanía azul, corno flotando en las brumas de la mañana, Medina Sidonia. El horizonte es, a partir de ahora, verdaderamente maravilloso. Lejos, muy lejos, la sierra recortán­dose fantástica, parece un conglomerado de nubes.... 

      Seguimos la carretera abierta en las mismas faldas de Medina que se extiende en curva, cual gigantesco nido de águilas, El terreno se va haciendo cada vez más irregular. Se suceden los montes de color rojizo, bordados en verde con manchas blancas de otros tantos caseríos. Algunos de estos montes, enlazados como cordilleras, dejan ver enormes precipicios. Algunas casas de labor, semiocultas entre árbo­les, parecen materialmente colgadas. 

      Cerca de "Casas Viejas" hemos encontrado "escacharrado" el auto de línea. Nos enteramos que tomó mal una pen­diente yendo a chocar con dos árboles. Afortunadamente el pasaje no ha sufrido daño alguno. 

      Conforme avanzamos va siendo más soberbio el paisaje y el espectáculo. La naturaleza, en su brava belleza, canta un himno potente al Divino Creador. Ante tanta grandeza, nuestro espíritu de mísero mortal se sobrecoge. 

      De pronto surge ante nosotros Alcalá de los Gazules, encla­vado en lo alto de un monte de soberana grandeza, a 780 metros sobre el nivel del mar. Las casas, muy blancas, de rojizos tejados, se descuelgan bravamente unidas como enlazadas por misteriosos eslabones. Sobre toda ella surge, como besando el cielo, el grácil campanario de la Iglesia Mayor. 



      Tan maravillosamente soberbio es el espectáculo que se presenta a nuestros ojos, que nos sentimos incapaces de describirlo. La pluma no puede escribir lo que nuestros ojos ven. 

      Son las diez y media cuando entramos por espinosa pen­diente en Alcalá de los Gazules. Una animación extraordi­naria se nota en toda la población. Atravesamos una bella calle que lleva el nombre del General Primo de Rivera. En esta misma calle encontramos fonda, por cierto que muy bien atendidos. 

II 

      Don Antonio Quijano, muy conocido y admirado en esta, me presenta a varios amigos. Los hijos de Alcalá demuestran su hidalguía rivalizando en atenciones. Nos es imposible aceptar tantas invitaciones. 

      A la hora del almuerzo pasamos un rato verdaderamente distraído. Teníamos por compañeros de mesa, entre otros, a unos toreros de capea con una gracia enorme. Uno de ellos, encarándose con un muchacho coloradote, que come con verdadero apetito, le dice muy serio: 


- "Es cómico, no se pue usté figurá la gracia que me hace cuando sale vestío de municipá bigotuo...." 

¡Y es para oír, también las discusiones taurómacas…! 

       Cuando me dispongo a finalizar estas cuartillas, un acompasado ruido metálico me hace asomarme al balcón. El que lo produce es un viejecillo arrugado que camina bajo el peso de unos calderos. Sobre el asa de uno de ellos golpea con un martillo. Este viejecillo de ojos apagados y andar cansino se gana la vida componiendo calderos. Y es de ver como sus piernas pueden aún subir las cuestas empinadas. 

III 

      Hoy domingo se ha celebrado aquí la tradicional Romería de los Santos en que los alcalaínos todos acuden al bonito Santuario de su amada Patrona, sito a unos nueve kilómetros de la ciudad. 

     Esta Romería que viene celebrándose hace muchos años, es de lo más maravilloso que puede verse. Es todo en cuadro de luz. 

      Desde la noche anterior se van trasladando al Santuario, humildemente bonito, de paredes muy blancas, los vecinos de la ciudad. De los cortijos y caseríos del con­torno llegan las mozas con sus trajes chillones, a lomos de plácidos asnillos, sentadas en lo que llaman "jamugas". 

      Nosotros hemos asistido también a la Romería. Nos hemos levantado muy de mañana y esperamos la anuncia­da llegada de San Fernando de varios amigos, entre ellos Manuel Pece Casas. Pero los amigos de aquí tienen la virtud de impacientarnos. El auto que los ha traído no llega a Alcalá hasta las ocho y media. Nos dicen que la niebla los obligó a venir a marcha muy moderada. 

      Don Manuel, que trae un gran cartucho de "bocas de la Isla" nos dice: "Como las bocas empiecen a pedir la palabra...." 

     Son las diez cuando llegamos, atravesando un terreno difícil que hace danzar a los autos, al Santuario de Nuestra Señora de los Santos. La animación es extraordinaria. Los alrededores presentan animado y pintoresco aspecto. Se celebra primero una solemne función religiosa teniendo a su cargo al panegírico, brillante oración sagrada, el Arcipreste del distrito D. José María Pérez Verdún. Después, los asistentes a la Romería, -unas seis mil perso­nas-, hacen un almuerzo campestre mojado con el rico caldo color ámbar. 

      Más tarde se organiza en el típico patio del santuario un animadísimo baile, amenizado por la Banda de Chiclana de la Frontera. 

      Los Alcalaínos tienen a su Patrona, Nuestra Señora de los Santos, un grandísimo amor que se exterioriza des­bordante en la anual Romería al Santuario y en las proce­siones de rogativas, en que los hombres se disputan el car­gar con la imagen. 

      Alrededor de esta Imagen que se venera en el Santuario la fantasía popu­lar ha tejido muchas leyen­das piadosas. Una de ellas nos la cuenta el Coadjutor de la Parroquia, D. José Aurelio Lara Pineda. 

       Dicen que ha lejanos años los alcalaínos buscaban un artista que confeccionara la imagen. Por aquellos días dos peregrinos que pasaban por el Santuario se ofrecieron a llevar a cabo la obra, poniendo como única condición que se encerrara en una habitación del Santuario dejándole comida para tres días. La condición fue aceptada y pasados los tres días llegaron hasta la habitación. Como llamaron muchas veces y no con­testaron, rompieron la puerta, encontrando la bella imagen. Los peregrinos habían desaparecido de forma misteriosa. La imagen fue llevada procesionalmente, instalándose en su lindo camerino, construido mediante suscripción popu­lar. También se le construyó unas andas de plata. Por cierto que ésta fue robada hace muchos años no encontrándose a los autores del robo, uno de los cuales dejó grabada su mano el escalón de piedra de una de las puertas del Santuario. Allí puede verse. Los alcalaínos afirman que se trata de un milagro que hizo la Virgen. Como desagravio a ella organizose una procesión, en que todos lloraban de indignación. Por suscripción popular adquirieron después otras andas de plata. 

       Los hijos de Alcalá de los gazules llevan en sus venas sangre hidalga. Son hospitalarios por excelencia hasta el extremo de no poder olvidar el forastero su estancia en la ciudad que luce en su escudo los títulos de Muy Noble, Leal e Ilustre. 

      El que una vez va a Alcalá de los Gazules, ese vuelve. 



     Hemos conversado y saludado al Sr. Alcalde de la ciudad, D. Simón García Ruffo, a quien los alcalainos van a rendir mañana un homenaje, a D. Gonzalo Carrillo exteniente de Alcalde, hombre cariñoso que se ha multiplicado en atenciones; a los hermanos Sandoval, muy conocidos en San Fernando, a cuya prensa ha pertenecido uno de ellos, a D. Cristóbal Alberto, Presidente de la Comisión de Fiestas, acreditado comerciante de tejidos; a D. Antonio Serdero, veterinario, un jerezano muy simpático, etc. 

     Antes de recogernos hemos pasado por la plaza principal, lindamente exornada y en la que las mujeres de Alcalá lucen maravillosamente su gracia y belleza. A sus ojos, -muchos azules como los picos ingentes de sus montañas-, alma su alma andaluza. 

IV 

       No puedes figurarte, lector amigo, cuanto de encantadora sencillez tiene este pueblo serrano que con tanta hospitalidad y cariño nos ha acogido. No puedes figu­rarte cuanta poesía a lo Gabriel y Galán encierra esta ciudad bonita que se asienta sobre el monte amarillo como una bandada de palomas que descansa tras un largo viaje... 

      Los crepúsculos aquí son verdaderamente maravi­llosos. Cuando el sol se va, cuando el azul palidece y ríe la primera estrella, la visión del pueblo es verdaderamente mágica. Todo parece flotar en el ambiente puro, como allá en lo alto, flotan girones de nubes levemente coloreadas. La sierra que recorta el horizonte adquiere color añil y los caseríos blancos, recortándose por la falda de los cerros, parecen huevos de aguiluchos... Cuando el sol ríe al nacer, aparece todo igual. No cabe mayor maravilla.... 

      En la noche silen­te, cuando la ciudad duerme acariciada por el aire de la sierra, cuando las estrellas bordan el firmamento, oímos una voz recia, melosa, que canta.... “! Ave María Purísima! ¡La una... y sereno..! Se aleja la voz paulatinamente. Al perderse por la distancia, retorna el reposo.... 

       En la puerta de su casa, sentado en un sillón cortijero, un viejecito fuma en silencio. El viejecito no tiene dientes y su cabellera que asoma por bajo el pañuelo de hierba
que cubre su cabeza, es blanca como copo de algodón. Unas alpargatas de paño cubren sus pies, enfundados en medias de lana. Los ojos apagados del anciano miran jugar a unos
rapazuelos que se dejan deslizar por una pendiente muy pronunciada. Y el viejecito de boca sin dientes y pelo blanco, sonríe… quizás evocando su niñez ya lejana, cuando una madre buena y trabajadora le daba azotes al verlo retornar con los calzones rotos… 

      Hoy, lunes 13, ha habido lectura de bandos por las calles de la ciudad: 

- "Yo, don Fulano de Tal y Tal, hago saber..." 

      El bando invita a todo el pueblo al homenaje que se va a tributar al Alcalde de la Muy Noble, Leal e Ilustre Ciudad. Es el Alcalde de Alcalá de los Gazules un hombre sencillo y bueno, D. Simón García Ruffo a quien tanto deben los alcalaínos por su labor honrada y ejemplar. D. Simón no ha nacido en Alcalá, pero en Alcalá han nacido sus hijos. 

      En sesión extraordinaria, en medio de un entusiasmo desbordante de los alcalaínos, se le ha entregado el Título de Hijo Adoptivo, a la par de un bastón de mando, ambos adquiridos por suscripción popular. Un notable artista de la ciudad, D. Vicente Pozanco Barranco ha con­feccionado primorosamente el diploma. 

      El Alcalde ha sido aclamado y al serlo ha sentido su alma aletear de alegría mientras sus ojos lloraban,... 

     Buñolada en la placita de toros de Alcalá de los Gazules. Mujeres bonitas como evocaciones moriscas… 

      La Comisión de Fiestas, presidida por el entusiasta Edil D. Cristóbal Alberto ha organizado esta buñolada en obsequio de ese ramillete de chiquillas deliciosas que han donado cintas para las carreras de caballos. Parpadean los farolillos venecianos, quizás sintiendo envidia, impotencia, entre tantos ojos brillantes de mujeres bonitas. 

       La gente joven no se cansa de bailar. ¡Cuantos noviazgos salieron esta noche en que el aire jugó con risas de mujer, piropos y compases de la banda de música…! 

      Terminado el baile, "El Andarín", propietario del "American Bar" luce ante nosotros, bajo los efectos del "licor ambarino", todas sus facultades flamencas. ¡Que gra­cia tiene este célebre "Andarín"…! 

     Unos amigos entre los que se encuentra Antoñito Galán "El Invencible", como le llaman sus paisanos por sus heroicas hazañas en Marruecos como Oficial del Tercio organiza en nuestro honor una becerrada en un cortijo. En el cartel figuran nuestro nombres. ¡Que Dios nos ampare…! 

     D. Manuel Pece Casas y D. Antonio Quijano protestan enérgicamente, temiendo una hecatombe, de que el simpatiquísimo veterinario nos facilitara unas jacas para echar una carrera por la campiña. 

     Vean ustedes, queridos amigos, como no ha pasado nada, a pesar de la becerrada y de aquel golpe inesperado. 

     Cerca de las cinco de la madrugada salimos de Alcalá de los Gazules. Si no nos escapamos de este modo aún seríamos huéspedes de Alcalá, ya que nos hemos convencido que cuesta mucho trabajo salir de allí. 

     A pesar de todo, prometemos volver… 



A D. Joaquín Quijano Párraga, 
Que nos cedió el artículo, y en 
reconocimiento por su colaboración en la elaboración 
del libro de Fotografías: 
“Alcalá de los Gazules, un siglo en imágenes”


NOTA

Las fotografías no se corresponden con el artículo impreso y son obra de Antonio Quijano, fotógrafo que se menciona en este artículo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario