Ismael Almagro Montes de Oca
El próximo 24 de junio se cumplirán 150 años de la promulgación del Real Decreto por el que Alfonso XII otorgaba el título de ciudad a Alcalá de los Gazules.
En aras a que los loables fastos organizados para conmemorar tan importante efeméride no nos nublen la realidad de aquel acontecimiento y nos induzcan a creer, o crear falsos mitos sobre el mismo, a continuación, inserto un extracto de un capitulo que formará parte del libro que varios historiadores e investigadores nos encontramos realizando por iniciativa de nuestro ayuntamiento como parte del programa de actos y actividades relativos a tal concesión:

Retomando el hilo de los acontecimientos, una muestra de los momentos convulsos que se habían vivido años atrás, es el hecho de que el 3 de septiembre de 1871, en una Junta de Asociados,[1] se había acordado reparar el matadero municipal, que se ubicaba en la actual calle Picasso, la fuente de la Salada y el lavadero público junto a la misma. Sin embargo, cuatro años después, nada se había ejecutado, motivo por el cual, el 8 de agosto de 1875, los concejales acordaron ejecutarlas.
Paralelamente, junto a estos proyectos municipales para mejorar la calidad de vida de los alcalaínos, se estaba proyectando otro, privado y particular, muy ansiado por la población, como era el abastecimiento de aguas potables del casco urbano desde el manantial de Los Regajales, por iniciativa de Pedro Montes de Oca Atienza. La primera noticia oficial recogida en actas del ayuntamiento está fechada el 10 de octubre, cuando los regidores conocen un escrito del gobernador civil dando cuenta del proyecto para que informasen de ventajas e inconvenientes. La corporación no solo estimó que se debía declarar como de utilidad pública, sino que era de urgentísima necesidad, por la escasez de aguas que padecía la población.
El 31 de octubre se reunió la Junta de Asociados y en ella, los contribuyentes insistieron en que venían demandando desde hacía años la ejecución de una serie de obras para mejorar el aspecto de la población y que beneficiarían a la salud e higiene del vecindario, algunas de las cuales ya se habían puesto en práctica por el actual alcalde, como era la reedificación de la fuente y el lavadero de la Salada y de la casa de matanza, dotar al vecindario de las aguas potables, la concesión de una administración subalterna de Correos, la construcción urgente de un edificio para establecer las escuelas de niños a cargo del ayuntamiento, el establecimiento de un telégrafo eléctrico que, empalmando con el de Medina, pusiese en comunicación a la villa con el resto de la provincia, la construcción de un paseo o Alameda en la Plaza de la Cruz, el arrecifado de la calzada de la Salada, desde la fuente hasta llegar a la tenería, el establecimiento de un Pósito o Banco de labradores, la limpieza y empedrado de los muladares para evitar focos de infección, el encauzamiento de las madronas de las calles y la realización de una carretera que empalmase con la de Medina. Los asociados facultaron al alcalde para que llevase a ejecución todas las propuestas.
Efectivamente, días más tarde, se nombró al ingeniero Federico Gil de los Reyes para que realizara memoria, proyecto y planos para el establecimiento de una estación telegráfica en Alcalá y al arquitecto provincial, Juan de la Vega, para realizar los proyectos del edificio de escuelas, el Paseo de la Alameda y el arrecifado de la Calzada.
A principios del año siguiente, muchas de estas obras ya se habían ejecutado: se había reparado el matadero, la fuente de la Salada y su lavadero, se había ampliado la casa consistorial, pero no se había podido ejecutar la reparación del reloj de la torre de la Parroquia. En cuanto al telégrafo, se pagaron 1193,75 ptas. al ingeniero por el proyecto y planos, al tiempo que se acordó solicitar a la Diputación provincial autorización para cortar los quejigos necesarios de los montes Montero y Hernán Martín para sacar 400 palos necesarios para la línea. Del mismo modo, una vez que la Dirección General de Telégrafos había aprobado el proyecto, siendo indispensable nombrar un telegrafista, la corporación municipal acordó elegir para dicho cargo a José Pacheco de los Ríos, por tener conocimientos en la materia, al tiempo que lo enviarían a Cádiz para adquirir y completar su formación.
…
Volviendo a las mejoras que se propusieron a finales de octubre del año anterior en la Junta de Asociados, el alcalde, Manuel María Espinosa, pensó que todas ellas transformarían la villa, que por su prosperidad era merecedora de un mejor rango y decidió enviar un escrito al gobierno con la siguiente petición:
«Que habiendo estudiado la historia de este antiguo pueblo había encontrado la rara coincidencia que sus títulos y distinciones habían sido conseguidos por Reyes llamados Alfonsos, pues que Alfonso X por los heroicos hechos de armas de estos vecinos le había concedido los títulos de Heroica y ante-mural, y que por iguales circunstancias en época posterior el Rey Don Alfonso XI, le había concedido los de Muy Noble, Muy Leal y Muy Ilustre Villa. Que atendiendo a esta especial y rara coincidencia concibió la idea de que estando hoy rigiendo los destinos de Nuestra Nación Don Alfonso XII, debía siguiendo a sus dos Alfonsos anteriores conceder también alguna especial gracia a el pueblo que contaba con tantos y distinguidos títulos y que sus naturales habían sabido dar muestras inequívocas de laboriosidad y cultura con el aumento de la población y desarrollo de su riqueza, y no escaseando medios algunos solicitó del Gobierno de S.M. por medio de una reverente exposición se le concediese á esta Villa el Título de Ciudad y poniendo en juego toda clase de influencia y valimientos pudo conseguir fuese decretada veinte y cuatro de Junio último favorablemente. Que si bien este Título no es de inmediato beneficio material lo es sin duda para su importancia social y política y un ascenso más en la categoría que anteriormente le correspondía»
Efectivamente, en Madrid se movieron los hilos para conseguir el título de ciudad, tal como se recogía en prensa el 16 de junio y, finalmente, sería concedido por el monarca el día 24: «En consideración a la importancia que por el aumento de Población y desarrollo de su industria y comercio ha sabido alcanzar la villa de Alcala de los Gazules, vengo en concederla el titulo de Ciudad a que es acreedora: Dado en Palacio a veinticuatro de Junio de mil ochocientos setenta y seis =Alfonso»
El decreto fue conocido por la corporación municipal el 8 de julio siguiente y sorprende la parquedad de noticias al respecto, puesto que solo se recoge que «se tributen las gracias mas sinceras y entusiastas a las autoridades y personas que han tomado parte en el asunto que tanto ha enaltecido a este vecindario» Nada más, no hay referencias a ningún tipo de celebración, ni gastos posteriores relacionados con ello. Tampoco en la prensa de la época se recoge ningún tipo de regocijo por el título de ciudad, lo que demuestra que, para los rectores del municipio, no fue más que un simple trámite administrativo, cuya importancia era más anecdótica que real. Debemos tener en cuenta que en España se estaba empezando a tejer una red clientelar que acabó colonizando todos los estamentos y con este tipo de operaciones, que hoy llamaríamos de “marketing” todos salían ganando: los vecinos ganaban categoría, al pasar de vivir en una simple villa a una ciudad, los regidores que habían conseguido la concesión ganaban prestigio, el diputado provincial que se había encargado de las gestiones se ganaba la sumisión de los gestores municipales, que quedaban en deuda con él y el monarca ganaba adeptos para su causa. Sólo así se entiende la concesión de títulos de ciudad ocurrida desde la llegada de Alfonso XII al poder. El 3 de marzo de 1875 concedió dicho título a Sagunto (Valencia), el 19 de octubre a Figueras (Gerona) y el 9 de noviembre a Linares (Jaén). En 1876 fueron elevadas al rango de ciudad, Alcalá de los Gazules, el 24 de junio, Alcira (Valencia) y Chiclana de la Frontera, ambas el 8 de agosto, Huelva el 17 de septiembre, Talavera de la Reina (Toledo) el 21 de septiembre, Vejer de la Frontera el 24 de octubre, y Berja (Almería) el 28 de noviembre. Excepto las dos primeras, el resto de concesiones vienen motivadas por las mismas causas: aumento de población y desarrollo de la industria y comercio. Resulta curioso que tres de las siete que se concedieron en 1876 fueran para municipios de la provincia gaditana, lo que deja entrever la existencia de intereses políticos tras las peticiones.
El aumento de población en Alcalá fue muy leve en las décadas de 1830 y 1840, pasando de 5449 habitantes en 1838, a 6053 una década después. Pero el verdadero repunte se produjo a partir de la década de los 50 del siglo XIX. De 6468 habitantes censados en 1851 pasamos a 8827 en 1868, cifra que se repite ocho años después, cuando se otorga la concesión el título de ciudad. Ello fue debido a los repartos de tierras del municipio que se hicieron en aquella época y que provocó un efecto llamada para infinidad de foráneos, principalmente de municipios de la serranía de Ronda, que acabaron estableciéndose aquí. Aunque no tenemos datos certeros, podemos asegurar sin temor a equivocarnos que prácticamente la mitad de esos casi 9000 habitantes vivían diseminados por los campos del amplio término municipal.
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Esta es, sin duda, la secuencia de los acontecimientos, basada en fuentes documentales precisas y exactas. Visto desde la perspectiva actual, tendemos a idealizar aquella concesión y nos resulta hasta paradójico que no hubiese celebración aneja, como sí la hubo por motivos menores, como el cambio de régimen político, el nacimiento de un descendiente real o el nombramiento de un Papa, por poner algunos ejemplos, pero los documentos no permiten lugar a dudas.
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NOTAS
[1] La junta de asociados estaba formada por los miembros de ayuntamiento, más el doble de vecinos mayores contribuyentes, cuya misión era controlar la labor política, avalar presupuestos y proponer mejoras para la localidad. se había acordado reparar el matadero municipal, que se ubicaba en la actual calle Picasso, la fuente de la Salada y el lavadero público junto a la misma. Sin embargo, cuatro años después, nada se había ejecutado, motivo por el cual, el 8 de agosto, los concejales acordaron ejecutarlas.


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