viernes, 23 de agosto de 2013

El convento de Santo Domingo (II)



     Hagamos un nuevo paréntesis y veamos quien era este injustamente olvidado Padre Maestro de la Orden de Predicadores, Fray Domingo de Valtanás y Messía, quién había nacido el día 22 de julio de 1488, en “Villanueva del Arzobispo del Adelantamiento de Cazorla” como él mismo escribió, y que murió el día 2 de agosto de 1568, en nuestro convento de las Sagradas Llagas y Santo Domingo después de cinco años de cárcel, de una cárcel que como apuntábamos, recogiendo la sentencia que el Tribunal de la Santa Inquisición había dictado en Sevilla, el 25 de febrero de 1563, era “irremisible por todos los días de su vida”, según resultó tras un largo y sigiloso proceso inquisitorial como consecuencia de una una mala interpretación de los  escritos de uno de los más fecundos escritores de la espiritualidad española del siglo XVI.

     Una condena que llevó a que sus obras fueran relegadas al olvido, cuando estas como han demostrado recientemente los estudiosos de la literatura espiritual de esa época, Pedro Sainz y Álvaro Huerga, son equiparables a las de Fray Luis de Granada, San Juan de Ávila, Santa Teresa de Jesús o San Francisco de Borja. 

     Aunque también hemos de decir que dicha obra se haya, por fin, recuperada gracias al tesón de los autores antes citados y algunos otros más, quienes han logrado, hace pocos años, que se reediten varios de sus libros. De cualquier modo nos parece interesante destacar que de entre su obra merecen especial atención sus “Apologías”, tan breves, tan claras y tan espontáneas todas ellas, pero que llevan siempre un mensaje de fe sencilla y de diáfana claridad.

      Pero Fray Domingo no sólo fué escritor. Fray Domingo de Valtanás, fue un incansable fraile andariego que impartió su singular magisterio en las aulas universitarias, en los púlpitos y en los confesionarios de toda Andalucía, aunque entre escritos, aulas, sermones y confesiones, aún tuvo tiempo para fundar once monasterios de frailes y de monjas dominicos, entre ellos cinco en su provincia de Jaén, uno de los cuales, “El convento de Santa Ana” lo ubicó en su propia casa natalicia de Villanueva del Arzobispo y al día de hoy sigue ocupado por monjas dominicas.

      En recuerdo de aquel importante escritor espiritual y pobre fraile, la calle que da acceso a este convento que fue su prisión y lugar de su muerte, el Ayuntamiento de Alcalá rotuló la calle que da acceso al convento desde el lateral de la plaza de abastos, como “Fray Domingo de Valtanás”.


      Retomando de nuevo el desarrollo cronológico de los hechos, hemos de decir que a principios del siglo XIX sería cárcel de nuevo, pero de otra índole y por otros motivos. En 1811 -12 fue cárcel para los dragones franceses, apresados por los alcalaínos durante la guerra de la Independencia, muchos de los cuales fueron ajusticiados y enterrados a los pies de las palmeras del huerto. De resultas de ello vendría luego la cruel represalia francesa y se cree que fue en los momentos de la ocupación francesa cuando debió perderse gran parte de la importante biblioteca del convento.

      Y en 1819 sería cárcel para el Coronel Antonio Quiroga y Hermida, preso por su participación en la conspiración del Palmar del Puerto. Como dato anecdótico hemos de señalar que, aunque se había decretado al preso incomunicación rigurosa, ésta no se cumplió pues Santo Domingo fue para Quiroga lugar de reposo, donde recibió a Vallesa, Alcalá-Galiano y Mendizábal, con los que preparó en el mismo convento, el llamado “Levantamiento de Riego”, que llevó a los liberales al poder entre 1820-1823 .

      Curiosamente fue una ley de Mendizábal, la desamortizadora de 1836, la que acabó con la vida del convento. Un convento ya muy decaído por aquellas fechas –la mitad de su Iglesia se había derrumbado en el siglo XVIII, se habían perdido el crucero, el abside y gran parte del claustro- y muy limitada en cuento a personal (cinco sacerdotes y dos legos), pero inmensamente rico, con grandes propiedades rústicas en Jerez –las excelentes viñas del pago de Macharnudo- y Alcalá, que habían posibilitado que el convento alcalaíno socorriese a otros más importantes como Sanlúcar o Jerez.

     Una vez desamortizado y exento de sus propiedades, los dominicos abandonan el convento. Según F. Toscano , el expediente de venta especifica que el convento con sus cercas tenía 896 varas y con otros anejos, 18.948 pies cuadrados en total. Prácticamente todo es vendido a particulares, a excepción de los que queda de la Iglesia, y con todo algunas partes de la Iglesia (las capillas superiores) también. Lo que queda de templo pasa a manos de la iglesia diocesana, que ocasionalmente la abre al culto hasta aproximadamente 1925 en que dejaron de celebrarse actos litúrgicos y el templo empieza a utilizarse para la catequesis parroquial. Jaime Guerra, en magnífico trabajo sobre los colegios de Alcalá, nos aporta el dato de que en 1933 hubo conversaciones entre el Ayuntamiento alcalaíno y el Obispado de Cádiz para montar en el edificio un Grupo Escolar, pero no se llegó a ningún resultado positivo.

     Sea como fuere, en los años de la postguerra civil se inicia el desmantelamiento del templo y sus altares e imágenes se dispersan, algunas van a la parroquia: la imagen del Rosario de Martínez Montañés, recientemente restaurada y retornada a los altares, el Cristo del Perdón, el Cristo de la Columna, la Virgen de las Lágrimas, el retablo y la imagen del Rosario de la capilla del Sagrario de la Parroquia, etc... otras salen para iglesias o conventos dominicos de fuera, como es el caso del Santo Domingo que presidía el altar mayor que se encuentra hoy en la iglesia dominica de Córdoba y otras de las que desconocemos su destino.

     A partir de entonces el edificio fue utilizado como silo por el Servicio Nacional del Trigo, como palenque y como almacén, hasta que en 1978 el Obispado la vende a un particular y se desmantela el extraordinario artesonado del coro –hoy en una sala de fiestas en Puerto Banús (Marbella)- y se inician los proyectos más descabellados: tienda de muebles, almacén frigorífico,… proyectos que afortunadamente no cuajan y que posibilitan que en 1990 lo adquiera el Ayuntamiento e iniciase los trámites para restaurarlo –el primero de ellos fue conseguir que se declarara BIC, Bien de Interés Cultural, afortunadamente incoado en 1992, la redacción del proyecto de restauración- las obras cuya primera fase se llevó a cabo en 2001-2002 bajo la dirección de Tomás Carranza y esperamos que se concluyan pronto en base al nuevo proyecto que pretende terminar las instalaciones de este edificio y la intervención en su entorno, para conseguir un fin que tuvo siempre y que debe servirnos de orgullo y de honra a los alcalaínos: Santo Domingo: Centro de Cultura.


EL EDIFICIO HOY


     El templo actual consta de una sola nave central y ocho capillas laterales, de las cuales tres, y parte de una cuarta, están ocupadas por viviendas particulares. Esto, es parte de los que el templo debió ser en un principio, pues nos consta que en un momento indeterminado, entre 1750 y 1860, y por causas todavía desconocidas, se produjo el derrumbe de las bóvedas del crucero y de la cabecera del templo, reduciendo este a su estado actual, con una sola nave, -de unas dimensiones de 20,60 metros por 8,00 metros de ancho-, el edificio se cubre por cubierta, que incluye las capillas laterales, de teja sobre vigas de madera y tabla a dos aguas, bajo ésta, dejándola oculta, una falsa bóveda de cañón con insinuación de arcos fajones y lunetos, de construcción muy posterior a su origen. A los pies de la nave central existió un coro sobre artesonado de cedro, apoyado sobre dos columnas de orden toscano, -que siguen en la Iglesia como única muestra visible de la existencia del coro-.

     En su cabecera, el edificio se cierra con un muro construido, con posterioridad al derrumbe de las bóvedas del crucero y de la primitiva cabecera, con restos de los materiales del derrumbe, -piedras trabajadas: tambores de columnas, molduras de impostas y restos de las nervaduras de las bóvedas-, y en el que todavía es posible observar baquetones y molduras góticas del arranque del arco toral que ocupaba este lugar y que hoy está cegados por dicho muro.

      A ambos lados de la nave central existen en la actualidad una serie de capillas, las cuales están intercomunicadas entre sí por pequeños pasillos, calados en los muros que las separan, y a las que se acceden desde la nave central mediante arcos apuntados, en las capillas números 1, 2, 5 y 6, y por arcos de medio punto, en las capillas números 3, 4, 7 y 8.





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