viernes, 14 de febrero de 2020

De héroe de Cuba a maestro en Alcalá



Ismael Almagro Montes de Oca 

      La pincelada de Historia de hoy servirá para acercarnos, de manera breve, a la figura de Nemesio Maceiras y Apellaniz, un zamorano que llegó a Alcalá a finales del siglo XIX para ejercer el cargo de maestro. 

     De su vida apenas conocemos datos, tan solo que nació en 1843 y que fue voluntario en la guerra de Cuba, donde tuvo una brillante actuación. En agradecimiento por sus servicios, le fue concedida una plaza de maestro en nuestra localidad, donde falleció el 28 de octubre de 1901 a la edad de 58 años. El ayuntamiento alcalaíno acordó correr con los gastos del nicho para el enterramiento de tan destacada figura: 

“Resultando altamente meritorios los servicios prestados a la Integridad de la Patria en la Isla de Cuba por el Sr. Nemesio Maceiras y Apellaniz, e infinitos los perjuicios que por tan bello ideal se le irrogaron al mismo, el que falleció el dia veinte y ocho del pasado mes; el Ayuntamiento a propuesta de su Presidente accidental y queriendo dar una prueba de la consideración y aprecio que en esta Ciudad se tuvo a tan buen español; acordó: Conceder a su viuda a perpetuidad el nicho que hoy ocupa el Sor. Maceiras, librando las ciento veinte y cinco pesetas, valor de dicha propiedad, con cargo al capitulo de imprevistos.”[2] 

      Nemesio Maceiras había llegado a Alcalá en mayo de 1899, tomando posesión el día 12 de dicho mes del cargo de auxiliar suplente de la escuela pública elemental de niños denominada de “San Jorge” por orden del Gobernador civil de la provincia.[2] 

      Posiblemente aparejado a la llegada en enero del año siguiente del maestro Santos A. Valencia y Madre para ocupar la plaza de director de dicha escuela[3] , plaza que había obtenido por oposición el año anterior,[4]  se produzca el cese de Nemesio en dicha escuela, y al quedarse sin trabajo, decide abrir una escuela privada con el título de “El Salvador”. 

     Por un cuestionario que le pide el juez municipal Agustín Marchante, siguiendo órdenes superiores, sabemos el número de alumnos que Nemesio Maceiras tenía matriculados en 1901: 

“Cumpliendo lo dispuesto por V. S. en su decreto marginal tengo el honor de manifestarle que los alumnos matriculados en la escuela particular <<El Salvador>> que dirijo son 49 y la asistencia media diaria de 47. 

Alcalá de los Gazules 18 Agosto 1901”[5] 

      Desconocemos donde estaba situada esta escuela, pero Nemesio vivía en el nº 10 de la calle Fernando de Casas junto a su esposa, Aurora Ruiz Acosta, que era natural de la localidad cubana de Cienfuegos en 1863.[6] 

      Lo curioso de toda esta historia es que, a pesar de premiar su heroísmo en Cuba con la plaza de maestro en Alcalá, Nemesio Maceiras había sido desterrado entre 1895 y 1898 desde la ciudad de Matanzas en Cuba, seguramente por simpatizar con la Revolución (recordemos que su mujer era cubana). Como les sucedió a otros muchos, debió ser deportado sin sentencia firme y sin posibilidad de defensa. 

      Es desterrado a Ceuta, donde permanece hasta que en julio de 1897 el general Weyler le concede el indulto y le autoriza para regresar a Cuba con motivo del cumpleaños del Rey[7] , regreso que nunca tendrá lugar, pues como hemos visto, las autoridades provinciales quisieron limpiar su nombre concediéndole la plaza de maestro y posteriormente el ayuntamiento alcalaíno quiso rendirle homenaje costeando su última morada. 




NOTAS

[1] Archivo Municipal Alcalá de los Gazules. Actas de Sesiones del Ayuntamiento pleno 1901-1902. Libro 9 folio 67 vto. Sesión del 18 de noviembre de 1901 

[2]  AMAG. Actas de Sesiones del Ayuntamiento pleno 1899-1900. Libro 7 folio 57 vto. Sesión del 22 de mayo de 1899 

[3] AMAG. Actas de Sesiones del Ayuntamiento pleno 1899-1900. Libro 7 folio 144 vto. Sesión del 20 de enero de 1900 

[4] Gaceta de Instrucción pública. Periódico semanal. Año XI nº 435 pág 4. Edición del 15 de diciembre de 1899. 

[5]  AMAG. Correspondencia y comunicaciones 1901 

[6]  AMAG. Padrón habitantes 1898-1901 legajo 192 folio 30 

[7] Así consta en la relación de indultados publicada en La Correspondencia de España, en su edición del 9 de julio de 1897. Año XLVIII Número 14399 pág. 1 y en la del Siglo Futuro del mismo día n.º 6.722 pag. 2

viernes, 7 de febrero de 2020

Alcalá de los Gazules en la Antigüedad



Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos y de nuestro Patrimonio 2017

Eloísa Toscano Gracia


INTRODUCCIÓN

       Si viajásemos al pasado y nos planteásemos construir una ciudad, el terreno donde se asentaría sería un elemento clave, por tanto, la elección de una zona apropiada no sería una cuestión menor que tratar con ligereza. Tendríamos muy en cuenta la existencia de una serie de elementos, entre los que podríamos destacar la visibilidad del terreno, la defensa natural del mismo, la cercanía del agua o la existencia en ese lugar de una población anterior.

      Pues bien, en el caso de nuestro pueblo contamos con todas estas deseadas características geográficas: altitud máxima de 210 metros sobre el nivel del mar, que aporta gran visibilidad y dota a la población que ocupara la Coracha de una defensa natural; abundancia de agua potable, pues contamos con un buen manantial en el propio cerro en el que se asienta nuestra ciudad, ya que se trata de una formación kárstica, algo que se observa no sólo en la existencia de este manantial sino también en las características covachas que salpican la Coracha[1]; además, los habitantes de esta zona podrían aprovechar los recursos naturales provenientes de la caza y madera de la sierra, las canteras del Aljibe y las cosechas y ganadería de la vega del río Barbate. Sin lugar a dudas, los musulmanes supieron apreciar todas estas características a la hora de asentarse pero, ¿le dieron los romanos la misma importancia a nuestro cerro?

       Si recurrimos a la etimología, el topónimo “Alcalá” hace referencia a algún tipo de fortaleza existente antes de la llegada musulmana. De este modo, sabemos que ya habría una población en nuestro pueblo anterior a los musulmanes; la cuestión aquí sería saber si esa población estaba asentada en nuestro cerro desde época visigoda, romana o prerromana.

VIAJE AL PASADO DE NUESTRO MUNICIPIO

- Alcalá musulmana

      El poblamiento musulmán no se cuestiona, a la vista están algunos de los restos que nos dejó esta población, como los tramos de muralla o la torre del homenaje. Así pues, retrocedamos aún más en busca de posibles pistas que nos dejaran pueblos anteriores.

- Alcalá visigoda

      La presencia visigoda en Alcalá queda constatada por algunos restos dispersos a lo largo del término municipal, como es el caso de Los Santos Nuevos[2]; sin embargo, en el caso de nuestro núcleo urbano no se conocen, a día de hoy, elementos típicamente visigodos. No obstante, es lógico pensar que, probablemente, en época visigoda y en los últimos años del Imperio seguiría existiendo una población en la Coracha, aunque la ciudad mostrase cierta decadencia respecto a periodos anteriores[3].

- Alcalá romana

      Pasemos, pues, a mencionar los vestigios estudiados en nuestro pueblo que avalarían la existencia de una población romana en la Coracha.

      En primer lugar, hay que recordar los restos del puente romano del río Barbate[4]. La presencia de un puente de estas características en tal lugar sólo puede explicarse ante dos posibilidades: la existencia de una calzada de gran importancia en este punto (un puente de piedra nunca está ligado a una calzada de poca importancia, donde se salvaría el obstáculo de un río de caudal temporal con un puente de barcas o un puente de madera), o bien la presencia de una ciudad cercana. También debemos hablar de los sillares y otros restos romanos en los niveles inferiores del castillo[5], dato del que se puede deducir la presencia de una edificación romana en este lugar. ¿Podría tratarse de una simple villa? Si seguimos las instrucciones de agrónomos romanos como Catón o Columela para la construcción de villae, éstas nunca debían situarse en la cima ni en llanuras que pudieran verse afectadas por las crecidas de un río, sino más bien a media ladera[6]. De acuerdo a esto, la construcción romana que hubiese bajo la torre del homenaje no sería una villa.



       En la construcción de la torre almohade se emplearon, al menos, tres lápidas romanas[7]; este hecho, sumado a la lápida romana encontrada en la Puerta Nueva, y que hoy adorna la cerca del Beaterio[8], nos hace pensar que existían enterramientos en las cercanías de la Coracha o, quizás, alguna necrópolis. La presencia de una necrópolis podría relacionarse con una villa asentada en nuestro cerro o, tal vez, con una ciudad.

       Es hora de pararnos en dos vestigios que resultan de especial importancia por la información que nos aportan en la búsqueda de un poblamiento romano de la Coracha: el nimphaneum de la Fuente de la Salada y el castellum aquae entre las calles San Juan de Ribera y Alfonso el Sabio. Ambos restos arqueológicos están relacionados con el abastecimiento de agua que, en el caso de nuestro cerro, no provendría en ninguno de los dos casos de un acueducto. Resulta necesario recordar que los romanos buscaban el agua limpia y pura para el consumo lejos de los núcleos de población, por tanto, pese a la cercanía de un río a la misma, el Barbate en este caso, el agua que abastecería la ciudad no se obtendría de aquí, sino de un lugar donde el pueblo y la contaminación proveniente de la actividad agraria y ganadera no afectase.

      Empecemos por la Fuente de la Salada, o nimphaneum, según apuntase ya Corzo en un primer estudio y ratificasen los arqueólogos Montañé[9]. Este yacimiento está compuesto por dos depósitos abovedados que guardan el agua proveniente del manantial que yace en el interior de nuestro karstico cerro. La amplia capacidad de estos depósitos nos lleva a pensar en una población de cierta importancia ya que, si este no fuera el caso, la otra explicación posible a semejantes depósitos monumentales sería la existencia de una villa de lujo en la zona, algo que resulta improbable. Los usos de estos depósitos también quedarían relacionados con la cercanía de una ciudad, ya que tanta monumentalidad en una construcción civil estaba relacionada con la propaganda política y la amplia capacidad de unos depósitos fuera de los límites de la ciudad podría estar vinculada con algún uso industrial del agua.

       Si atendemos a la ubicación y a las palabras de la Peña[10], el nimphaneum de la Salada respondería a una fuente aliviadero cuya finalidad principal no era otra que evitar que el manantial abundante del que obtenían el agua para el consumo rompiese por algún lugar no deseado. Estas fuentes aliviadero solían construirse cerca de los caminos de acceso a una ciudad con lo que, teniendo en cuenta la escarpada orografía de la cara norte de nuestro cerro y el lugar en el que se encuentran los pilares del puente romano, podríamos conjeturar que un camino de acceso a la ciudad coincidiría paralelamente con algunos tramos de la calle Nuestra Señora de los Santos.

       Pasemos ahora a desarrollar los datos que nos aporta el castellum aquae sobre una población romana en la Coracha. Este yacimiento está compuesto por cuatro depósitos, siendo uno de ellos de menor tamaño y con distinto aspecto a los otros tres. La función de este depósito menor, el tipo a bagnarola, era la de realizar una primera decantación del agua que se extraería del manantial mediante una galería de infiltración, siempre y cuando el agua oscilase entre cuatro y ocho metros de profundidad (en el caso de este depósito, la profundidad era de cuatro metros y medio). Una vez que el agua extraída era decantada, rebosaba de este primer depósito hasta otro depósito por medio de un sistema de canalización[11].

      El depósito tipo bagnarola, al igual que en el depósito de función similar hallado en la sierra de Aznar, muestra mayor elevación que las demás cisternas, aprovechando así la propia pendiente del terreno para el transporte del agua de una cisterna a otra[12]. Que la pila de decantación, la bagnarola, se encuentre en el mismo lugar que los depósitos de distribución y almacenaje nos habla de una ciudad de tipo medio, pues las grandes ciudades tenían la piscina de decantación separada de los depósitos de distribución[13].



       Otra pista que probaría la existencia de una ciudad romana es la propia utilidad del castellum aquae, que contaba con tres depósitos de los que saldría un emisario para las fuentes públicas, otro para edificios públicos como termas y un tercer emisario que abastecería de agua a las casas de aquellos particulares que hubiesen contratado el servicio, por supuesto, esto último era bien vigilado por los publicanos, es decir, los funcionarios que recaudaban impuestos[14]. Igualmente, relacionado con el castellum aquae, debemos mencionar la posible existencia de unas cloacas, algo que reafirmaría la idea de una ciudad romana bajo nuestros pies.

¿Alcalá prerromana?

      Una vez que hemos enumerado los restos que nos hablan de la posible existencia de una ciudad romana en el cerro de la Coracha, podemos apuntar varias pistas más que nos darían otro motivo por el que se ubicarían los romanos en nuestro cerro: la existencia de un poblamiento anterior en el mismo. Actualmente, no se han encontrado restos materiales que aseguren esta teoría, con lo que, la lectura de las siguientes líneas debe entenderse como una simple hipótesis más o menos plausible, pero no confirmada.

       Partiendo de los sillares que sustentan la torre del homenaje almohade, podríamos hablar de una construcción defensiva romana en este emplazamiento y, teniendo en cuenta las características de este enclave, quizás pudiésemos hablar de la existencia de un oppidum o castrum prerromano en este lugar, ya que estas fortificaciones solían erigirse en zonas elevadas y pedregosas, con amplia visibilidad y defensa natural del terreno.

      Además, el depósito tipo bagnarola del castellum aquae es un elemento constructivo típico de los pueblos prerromanos, de influencia cartaginesa. Solían estar excavadas en roca, aunque los romanos les hicieron mejoras posteriores cubriendo sus paredes de opus signinum, como es nuestro caso[15]. El hallazgo de este depósito podría significar el poblamiento prerromano de la Coracha, como ya quedara mostrado en el caso de Zahara de la Sierra, donde también se halló un depósito bagnarola[16].

     Los nimphaneum en ocasiones no son más que la continuación por parte de los romanos de cultos o usos anteriores a éstos[17]. Así pues, cabría preguntarse si la Salada tuvo un origen anterior al romano por remoto que nos parezca, algo que no sería tan descabellado ya que un acuífero como el de la Coracha rompería en forma de manantial por algún lugar (independientemente que hubiera o no una población asentada en nuestro cerro), pudiendo ser utilizado por moradores de esta zona anteriores a los romanos. “Efectivamente, el agua es sumamente necesaria tanto para la vida en sí como para nuestras satisfacciones y para el uso diario” palabras de Vitrubio que pueden aplicarse a cualquier sociedad, tanto anterior como posterior a la romana.

      Si recurrimos nuevamente a la etimología y pensamos que la ciudad romana de esta zona y mencionada en las fuentes, Lascut, coincide con la ciudad romana que se haya en la Coracha; la propia raíz del nombre de la ciudad ya haría referencia a una palabra de origen semita, por lo que Lascut tendría un origen anterior a los romanos, cosa que también avalan las monedas libio-fenicias de esta ciudad[18].

POSIBLE RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD ROMANA

       Comentados los vestigios que apoyarían la existencia de una ciudad romana en la Coracha, cabría preguntarse cómo sería la misma. Resolver esta cuestión no es tarea sencilla, ya que son pocos los estudios arqueológicos que se han hecho al respecto en nuestro pueblo. Pese a ello, partiendo de los datos que tenemos y del urbanismo romano clásico que conocemos, intentaremos hacer un ligero esbozo de lo que pudo ser el urbanismo de esta ciudad.

       En primer lugar, la ciudad se ubicaría en la zona más elevada del cerro, casi coincidiendo, tal vez, con el perímetro amurallado posteriormente por los musulmanes. Esto sería así en base a la ubicación del castellum aquae (solían estar dentro de la ciudad y cercanos a la muralla, aunque los restos de muralla anexos hoy a este yacimiento son de época almohade y no romana) y de la lápida romana de la Puerta Nueva (si podemos relacionar esta lápida con una necrópolis, hablamos sin duda de una zona fuera del límite de la ciudad y junto a algún camino de acceso a la misma).

       Suponiendo que el poblamiento de la Coracha sea prerromano, creemos que éste se encontraría en la zona más elevada, es decir, en las inmediaciones de la torre del homenaje, la cerca del Beaterio y parte de lo que hoy es el parque de la Coracha. Las construcciones de este oppidum ocastrum (según fuese su tamaño), responderían a un recinto amurallado con algunas habitaciones. Posiblemente, siempre y cuando la teoría de un poblamiento prerromano sea correcta, los hispanorromanos habrían efectuado algún cambio en la construcción anterior y habrían ampliado la ciudad anexa a los restos prerromanos. ¿Por qué anexa y no sobre la población prerromana? 

      Volvemos aquí al tema de la localización del castellum aquae y a una cuestión puramente pragmática: los depósitos se encuentran bastante más bajos que la zona del castillo, con lo cual, llevar el agua a esta parte resultaría más complejo por los casi veinte metros de desnivel que deberían salvar.

       Seguramente, cercano al castellum aquae se encontrasen los edificios públicos a los que abasteciera de agua, es decir, en las proximidades estarían las termas y fuentes públicas. Igualmente debemos creer en la existencia de cloacas, al menos bajo el trazado de las calles principales.

       Haciéndonos eco de las teorías que avalan el sincretismo religioso de distintas culturas, es probable que parte del solar que ocupa hoy nuestra parroquia fuese ocupado anteriormente por una mezquita, que hubiese aprovechado los restos de algún templo o edificio público romano. Si la fusión y asimilación de algunos elementos religiosos entre distintas culturas se hubiese cumplido en nuestro pueblo, el templo romano o edificio público se hallaría en el centro de la ciudad, que se vería atravesado por el cardo y decumanus maximus.

      La idea del centro cívico romano bajo parte de la plaza Alta no sería tan descabellada si pensamos que esta zona ya fue la plaza de armas medieval. En cuanto a la orientación del cardo maximus y decumanus maximus (habitualmente Norte-Sur y Este-Oeste respectivamente) que cruzarían el centro de la ciudad, debemos pensar que probablemente se vio influenciada por la propia geografía y orientación del cerro de la Coracha.

       La entrada a la ciudad romana, desde la calzada con rumbo a Oba (Jimena de la Frontera)[19], tomaría una dirección hacia el nimphaneum de la Salada y, una vez allí y por lo escarpado del relieve, podría seguir hacia la Puerta Nueva. La existencia de otras posibles entradas y caminos secundarios queda abierto a futuras investigaciones.

       Ya fuera del perímetro de la ciudad romana y próximo a los caminos de acceso a la misma se encontraría la zona de necrópolis, quizás aledaña al camino de la calle Miguel Tizón[20].

       Comentado todo esto, cabe preguntarse qué utilidad tenían los depósitos de la Salada, pues quedaban fuera del límite de la ciudad y ya existía dentro de ésta unos depósitos que cubrirían las necesidades de agua de la población. La utilidad de la Salada es clara en época musulmana, pues este pueblo no conocía la existencia de los depósitos del castellum aquae, pero ¿qué utilidad tuvo en época romana? Tal vez la cercanía de una zona industrial explique el motivo por el que se situó en este lugar y no en otro la fuente aliviadero y su monumentalidad. La idoneidad de esta zona para ubicar las industrias radica en la cercanía al camino de acceso a la ciudad y a la calzada, y en la proximidad del Barbate, al que se verterían los residuos originados a lo largo de la producción industrial.

        Volvemos a recordar que lo mencionado en este apartado no es más que una aproximación basada en los vestigios hallados y estudiados hasta el momento, a la orografía de la Coracha y a la planimetría típica de las ciudades romanas. La localización exacta de los elementos urbanísticos mencionados tendrá que esperar a futuros estudios arqueológicos e históricos que esperamos se realicen en nuestra localidad.



NOTAS

[1] PULIDO BOSCH, A. El karst y la karstificación y BENAVENTE HERRERA, J. Acuíferos y aguas subterráneas en Manantiales de Andalucía, coord. CASTILLO MARTÍN, A.

[2] CORZO SÁNCHEZ, R. La basílica visigoda de Alcalá de los Gazules. Estudios de Historia y de Arqueología Medievales, 1. Cádiz, 1981.

[3] Es importante recordar la crisis del siglo III y cómo afectó con virulencia a regiones como la Bética. Es a partir de este momento que los poderes locales van abandonando las ciudades para eximirse de las obligaciones fiscales cada vez mayores. La llegada de pueblos invasores también será un punto de inflexión a tener en cuenta.

[4] CORZO SÁNCHEZ, R. y TOSCANO SAN GIL, M., Las vías romanas de Andalucía. Sevilla, 1992.

[5] MONTAÑÉS CABALLERO, M. y MONTAÑÉS CABALLERO, S., Novedades: El Castillo de Alcalá de los Gazules, RAMPAS, 6. 2003. MONTAÑÉS CABALLERO, M. y MONTAÑÉS CABALLERO, S., El castillo de Alcalá de los Gazules. La recuperación de un patrimonio olvidado, Anuario Arqueológico de Andalucía. 2004. RAMOS ROMERO, M., Historia de los pueblos de la provincia de Cádiz. Alcalá de los Gazules.Cádiz, 1983. ROMERO DE TORRES, E.,Catálogo monumental de España. Provincia de Cádiz (1908-1909). Madrid, 1934.

[6] CATÓN: Agr.1.1. y COLUMELA: 1.5.

[7] MADOZ IBÁÑEZ, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo I. Madrid, 1845.

[8] RAMOS ROMERO, M. Historia de los pueblos de la provincia de Cádiz. Alcaláde los Gazules. Cádiz, 1983.pp. 161 ss.

[9] MONTAÑÉS CABALLERO, M. y MONTAÑÉS CABALLERO, S., La Fuente Salada de Alcalá de los Gazules. Dos mil años ofreciendo agua, Apuntes históricos de nuestro patrimonio: cuadernos de temas alcalaínos. Alcalá de los Gazules (Cádiz), 2003.

[10] DE LA PEÑA, J. M., “Sistemas romanos de abastecimiento de agua”, en www.traianvs.net el 20-11-2016.

[11] MONTAÑÉS CABALLERO, S. y MONTAÑÉS CABALLERO, M., Actuación arqueológica de urgencia. C/ San Juan de Ribera y Alfonso el Sabio. Alcalá de los Gazules (Cádiz), Anuario Arqueológico de Andalucía.2006.

[12] RICHARTE GARCÍA, M.J., Informe sobre la actividad arqueológica realizada en el yacimiento íbero-romano de la Sierra de Aznar (año 2000), Arcos de la Frontera (Cádiz). Anuario Arqueológico de Andalucía.2001.

[13] DE LA PEÑA, J. M., “Sistemas romanos …”pp. 253.

[14] GARCÍA QUINTAS, M. M. Algunas implicaciones jurí dicas sobre la conducción de agua a la Roma Antigua. Anuario Jurídico y Económico Escurialense. 2011. ARGENZIANO, P. De Aquaducta urbis Romae di Sesto Giulio Frontino. Atti del 1º Convegno Nazionale.2006.

15] RUÍZ ACEVEDO, J. M. Y DELGADO BÉJAR, F., Abastecimiento de agua en las ciudades prerromanas, Revista de Arqueología. 1992.

[16] COBOS RODRÍGUEZ, L. M. e IGLESIAS GARCÍA, L., Captación y almacenamiento del agua en el “oppidum” iberorromano de Zahara de la Sierra (Cádiz), Actas del Congreso Internacional AQVAM PERDVCENDAM CVRAVIT. Cádiz, 2010.

[17] MONTAÑÉS CABALLERO, M. y MONTAÑÉS CABALLERO, S., La Fuente Salada de Alcalá de los Gazules. Dos mil años ofreciendo agua, Apuntes históricos de nuestro patrimonio: cuadernos de temas alcalaínos. Alcalá de los Gazules (Cádiz), 2003.

[18] CORZO SÁNCHEZ, R. “Sobre la ubicación de algunas cecas de la Bética” NVMISMA. Revista de la Sociedad Iberoamericana de Estudios Numismáticos, Madrid, enero- junio de 1982.

[19] CORZO SÁNCHEZ, R. y TOSCANO SAN GIL, M., Las vías romanas… pp. 73-74.

[20] ALMAGRO MONTES DE OCA, I., “Verdades y mentiras en torno al Bronce de Lascuta” en http://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com.es/2014/11/verdades-y-mentiras-en-torno-al-bronce.html el 20-11-2016. 


viernes, 31 de enero de 2020

Memorias de un alcalaíno prisionero en la Guerra del Rif (V)



"La Nochebuena de los prisioneros 

Las gestiones de la Cruz Roja 

      Ya en los primeros días de Diciembre empezaron a circular muy gratas noticias respecto a nuestro rescate, afirmando que de gestionarlo se había encargado un organismo tan importante como la Cruz Roja. Esto dio lugar a que los prisioneros nos hiciéramos nuevas ilusiones, contribuyendo a ello en gran parte el hecho de que el general Berenguer escribiera una carta el día 8, confirmando los rumores de que la Cruz Roja iniciaba sus oportunas negociaciones, y que al siguiente día, el 9, nos comunicara el Sr. Almeida que, como delegado de la benéfica institución, comenzaba a trabajar para que pronto recuperásemos la libertad cuantos prisioneros sufríamos cautiverio en Aydir. La Cruz Roja, por su parte, nos enviaba gran cantidad de víveres y muchos donativos, principalmente de Barcelona. En estos trabajos y con estas esperanzas transcurrían los días; pero del poco éxito de las negociaciones da buena idea el hecho de que a medida que pasaba el tiempo era más rigurosa la vigilancia y más severo el encierro. 

Cómo fueron las Pascuas. A oscuras y en ayunas 

      El día de Nochebuena nos abrieron la prisión a las dos de la tarde, y cuando pedimos víveres para hacer la comida, se nos contestó que sólo había un poco de café y azúcar. Tan cruel conducta nos confirmó en nuestra opinión del salvajismo y falta de humanidad que caracteriza a los moros, que, en su refinado afán de venganza, elegían aquel día de paz y de expansión familiar para hacernos más dura e insoportable nuestra esclavitud. En vista de la prisa que nos daba la guardia, hicimos el café rápidamente y lo bebimos corriendo, encerrándonos a las tres de la tarde, mostrándose los beniurriaguel muy satisfechos de que aquel día y aquella noche, tan celebrada por los cristianos la pasáramos sin más alimento que una taza de café. 

      Al llegar la noche y reclamar la vela que diariamente se nos entregaba para alumbrarnos, nos negaron también la luz, dando esto lugar a que los moros se creyeran que aquella noche la pasamos a obscuras y sin cenar, ignorando aquellos miserables que nosotros teníamos escondidos algunos víveres, que nos repartimos como buenos hermanos, y merced a los cuales pudimos hacer más llevadera una fecha que con tanta alegría se celebraba en todas partes y en la que tanto se nos recodaría, en nuestros hogares. 

      El día de Navidad lo pasamos de idéntica forma que el de Nochebuena; pero, en cambio, el día 27 nos abrieron a la hora de costumbre, encontrándonos con que nos habían enviado una vaca, quince o veinte jamones, muchísima fruta seca e infinidad de cajas de dulce, obsequios todos destinados a que nuestras Pascuas fuesen todo lo más alegres posible; pero que nuestros carceleros tuvieron a bien no entregarnos hasta después de aquellas fiestas. 

Esperanzas y decepciones 

      Los aficionados a las noticias sensacionales propalaron por aquellos días especiales como la de que el Sr. Almeida tenía ya ultimadas las negociaciones para el rescate, asegurándose con toda formalidad que para fin de año estaríamos en nuestras casas. Pero, y aun cuando esto ya lo he repetido hasta la saciedad, nuestro régimen de encierro no podía ser más absoluto y continuábamos gozando sólo tres horas de libertad, para hacer nuestra comida y respirar un poco de aire puro. 

      El día 9 de Enero fue sacado de su prisión el comandante Canaluche, y a la media hora volvía diciendo; «He estado en el patio hablando con Idris Ben Said, quien me ha dicho: Todo está terminado; este abrazo que te doy, te lo daré otra vez en la playa, dentro de breves días.» Como la noticia era de tan bueno y autorizado origen, no dudamos un momento y creímos en ella como si sin tratase de un artículo de fe. 

       Aquella misma tarde nos anunciaron la llegada de Abd-el-Krim, que venía del frente, lo que, a nuestro juicio, confirmaba la anterior referencia, porque nos hacía suponer que el jefe de la rebelión venía a liquidar el asunto de nuestra libertad. 

El fusilamiento del comandante Villar 

       Al día siguiente nos comunicaron que Idris Ben Said había salido precipitadamente para la isla. 

       El régimen de encierro se hizo más riguroso, y ello acabó de desorientarnos, comprendiendo que algo grave pasaba, porque parecía respirarse un ambiente de tragedia, para todos inexplicable, y las caras de nuestros guardianes eran aquel día de verdaderos asesinos. 

      Preocupados y entristecidos salimos al campo y notamos que los de la habitación del general salían uno a uno; después fuimos encerrados precipitadamente, y a los pocos instantes sonó una descarga y todo quedo en silencio, comprendiendo que acababa de ocurrir una gran desgracia. 

       Fue al otro día cuando el capitán Ozaeta se nos presentó y dio lectura a una carta dirigida al Sr. Almeida, en la cual le daba cuenta del fusilamiento del comandante Villar y de los motivos que Abd-el-Krim decía tener para ello. 

       El infame caudillo justificaba su crimen diciendo que era una represalia por el fusilamiento de moros efectuado por nuestras tropas en el avance a Drius, cosa completamente falsa, según se ha podido comprobar después. [10]



LAS TORTURAS DEL HAMBRE 

Durante el duelo de cañón 

      Fuera por incidencias de las negociaciones de rescate, o porque los moros, irritados por el avance de nuestras tropas, quisieran hacer un alarde de sus fuerzas, o porque consideraran sencillo apoderarse del Peñón, que izaba todos los días la bandera española bajo el fuego de los cañones que los kabileños habían emplazado en la costa, el hecho fue que se rompió el fuego entre la plaza y la costa. 

       Desde aquel momento, cerrada la isla para toda relación con el Campo enemigo, empezó para nosotros una época verdaderamente triste. Todas las negociaciones de rescato quedaron en suspenso y también se suspendieron los convoyes de víveres que algunas veces llegaban, en parte, a nuestras manos. Teníamos entonces víveres para dos o tres días escasamente. 

       Al día siguiente de haber roto el fuego los kabileños contra la isla se presentó en la bahía de Alhucemas la escuadra española y bombardeó el poblado de Aydir. Este bombardeo, que según nos enteramos luego había causado daños en el poblado, no nos causó a nosotros ninguno, pues tan pronto como empezó el cañoneo, nos hicieron salir nuestros guardianes de la prisión donde nos tenían encerrados y nos llevaron a un barranco, al abrigo del fuego de la escuadra, donde nos hicieron continuar algunos trabajos que el día anterior habíamos emprendido. 

      ¡Días fatales aquéllos en que perdida la esperanza de una pronta liberación, sentíamos amenazada nuestra vida por los propios cañones españoles y veíamos con terror instintivo cómo se avecinaban los horribles martirios del hambre! 

Se acentúa la crueldad del cautiverio 

       No tardaron en agotarse los pocos víveres de que disponíamos. El mismo día en que esto ocurrió nos comunicó Abd-el-Krim, por mediación del capitán Azaeta, que él se encargaría de nuestra manutención y que, además, seriamos trasladados a un poblado del interior de la kabila. Tres días estuvimos esperando este traslado, que, al fin, no llegó a efectuarse, pues nuestros guardianes nos dijeron que se había desistido de hacerlo y que continuaríamos todos en Aydir. 

       En cuanto a la manutención que nos proporcionaba Abd-el-Krim no podía ser más precaria. Consistía en media torta de pan, como de unos cien gramos de peso, una patata y una cucharada de aceite. Veinte días estuvimos sometidos a este régimen de ayuno; veinte días que nos dejaron extenuados y durante los cuales, las bromas que se nos ocurrían para engañar el hambre, y que los primeros días eran muy frecuentes, iban, poco a poco, desapareciendo para dejar paso al más amargo pesimismo. 

      El médico, a quien preguntamos cuánto tiempo podríamos vivir sometidos a aquel plan, nos aseguraba que dos meses; a lo sumo, tres, el que tuviera un vigor y fortaleza excepcionales. 

      Cuando ya había pasado la tercera parte del plazo que el médico ponía a nuestra vida, regresó de Gomata el hermano menor de Abd-el-Krim, que no se distinguía, como su hermano, por el odio feroz con que nos trataba. El mismo día en que llegó y se enteró del hambre que nos hacían pasar, nos hizo entrar aquella noche más pan y cuatro huevos para cada uno. 

      Desde el siguiente día nos aumentaron la ración de pan y nos dieron también tres huevos por individuo, cantidad que ya siguieron dándonos durante todo el tiempo que Sidi-Mehamed permaneció en Aydir. 

      Por desgracia para nosotros, las estancias de Mehamed en Aydir eran siempre cortas, y en cuanto él se marchaba, volvíamos al régimen descrito anteriormente y a sufrir las horribles torturas del hambre. 

      Los soldados, que gozaban de una mayor libertad, solían traer algunas veces un puñado de habas verdes; pero el jefe de la guardia, el feroz Amogar («Torquemada») amenazó con mandar dar cien palos al soldado que diese algo de comer a los oficiales. Sin embargo, a escondidas nos daban algunas habas y yerbas que cogían en los huertos, y que comíamos a medio cocer. 

      Muchas veces, que por temor al castigo no nos daban nada los soldados, recogíamos las vainas de las habas que tiraban al patio, y llegamos en aquellos días inolvidables a buscar los mendrugos de pan y los higos que los moros tiraban a la basura. 

Una manta por tres kilos de tocino 

       Varios soldados nos anunciaron que el mar arrojaba a la playa algunos despojos del vapor correo «Juan de Juanes», hundido por los moros, y que unos moros negros habían cogido varios cajones de tocino, que cambiaban por prendas de vestir y mantas. 

      Aquella noticia me hizo reunir a mi «república», los capitanes Rey y Enrile, y les expuse la probabilidad de obtener tocino a cambio de nuestras mantas. 

—Pero ¿con qué nos abrigamos de noche?— fué la pregunta que surgió de ambos, 

—Lo principal es comer—repuse yo, y acto seguido se acordó enajenar una manta, por la cual nos dieron tres kilos de tocino. 

      Nadie puede imaginarse la alegría con que recibimos aquellos pedazos de tocino. Hicimos en seguida unas sopas, y en mi vida he comido manjar que me supiera mejor que aquel condumio hecho a base de tocino, que jamás había podido comer porque me producía una invencible repugnancia. 

      Mas tarde cambiamos unas camisetas de lana, que gustan mucho a los moros, por unos cuantos huevos, y entonces llegamos al «summum» de la gastronomía. ¡Oh, aquellas sopas de tocino con un huevo escalfado! 

       Con ellas coincidió un poco más de libertad que nos dejaban nuestros guardianes para salir al patio y comunicarnos sin molestias. Pero ¡ay! que todo acaba en este mundo, y aquella época acabó muy pronto, para que empezaran de nuevo los más atroces sufrimientos. [11]



Cómo se hundió el “Juan de Juanes” 

Los rumores de un desembarco 

      Hablé en mi crónica anterior de las cajas de tocino que, entre los restos de «Juan de Juanes», cogieron los moros en la playa y nos vendieron a cambio de algunas prendas de vestir, y hoy he de volver hacia atrás en mi relato para describir los sucesos acaecidos durante el mes de Febrero y los cañoneos, durante los cuales fue echado a pique por los moros el vapor correo «Juan de Juanes». 

       Poco después de los asesinatos del comandante Villar y del capitán Salto, volvió Abd-el-Krim a llamar al capitán Ozaeta y le dijo que sus «sentimientos humanitarios» no le permitían usar procedimientos como el de fusilar oficiales; pero insistió en que se vio obligado a ello por los fusilamientos de moros hechos por las tropas españolas. «Todo lo malo que pueda ocurriros—añadió—será por culpa de vuestro Gobierno.» 

     Desde entonces empezó para nosotros una etapa de verdadero encierro. No salíamos de la habitación más que lo imprescindible; no nos entregaban correo; nuestros guardianes buscaban el menor pretexto para insultarnos y vejarnos. Menos mal que aún comíamos, porque todavía nos traían víveres de la plaza. 

      Del rescate no nos hacíamos ilusiones, porque supimos que al Sr. Almeida le habían dado un destino en la Alta Comisaría y que otra vez quedaban los pobres cautivos completamente abandonados. 

       Así pasó todo el mes de Enero. Ya en Febrero circuló la noticia de un próximo desembarco de nuestras tropas en la bahía de Alhucemas. No he visto nunca más pánico que el que sentían los beniurriagueles ante aquel anuncio. Si en aquellos, días se hubiera efectuado el desembarco, hubiese sido un éxito completo y una operación relativamente fácil, porque los moros no hubieran opuesto resistencia. 

      El tío de Abd-et-Krim, Si Abd-el-Selam, nos visitó un día y nos anunció que mejoraría nuestra situación. Efectivamente, al siguiente día nos entregaron varios correos atrasados y nos permitieron barrer, regar y desinfectar nuestras habitaciones. Pocos días después se reanudó el régimen de encierro casi perpetuo. 

Provocando las quejas de los cautivos 

     En los primeros días de Marzo fuimos sacados de nuestro encierro una mañana y nuestros guardianes nos dijeron que íbamos a cavar una viña de Abd-el-Krim. Efectivamente, fuimos a la viña, que está en una ladera de un barranco, y desde luego vimos que el trabajo no tenía nada de particular, pues éramos 58 hombres y sólo había siete picos para trabajar. 

      Comprendimos que sólo se trataba de humillarnos y de que escribiéramos a España contando las penalidades que sufríamos; pero Abd-el-Krim no consiguió su objeto, porque nadie escribió ni una sola queja. 

     Varias veces trató Abd-el-Krim de conseguir que el general Navarro escribiera a España; pero éste se negó siempre a prestarse a los manejos de Abd-el-Krim, y jamás escribió ni dos letras siquiera para hablar de sus sufrimientos, manteniéndose en la actitud digna y severa que desde el primer día de cautiverio había adoptado. 

El hundimiento del «Juan de Juanes» 

       Una tarde volvió Abd-el-Krim a llamar al capitán Ozaeta para decirle que, en vista del estado en que se hallaban las relaciones con la plaza de Alhucemas, todo barco que trajese material a la isla sería cañoneado por sus baterías. 

      A la mañana siguiente, casi de madrugada, oímos un fuerte cañoneo, y antes de que tuviéramos siquiera tiempo de vestirnos entraron violentamente nuestros guardianes, diciéndonos: «Salir pronto o tener que morir.» 

      Como es de presumir, salimos a la carrera, no sólo por el temor que apuntaban las palabras de los moros, sino también por la curiosidad de ver lo que ocurría. Alsalir al patio vimos que desde el Morro, donde Abd-el-Krim había mandado emplazar algunas piezas, se cañoneaba vivamente a la isla de Alhucemas, la cual contestaba muy certeramente, al parecer, porque al poco tiempo enmudeció una de las baterías rebeldes. 

      Amogar, el jefe de la guardia, nos entregó los seis o siete picos que allí había y nos llevó a un barranco detrás de la casa de Abd-el-Krim, donde empezamos a construir caminos para el traslado de los cañones de un sitio a otro. 

      Próximamente a la una de la tarde corrió la voz de que los cañones de Abd-el-Krim habían echado a pique al vapor «Juan de Juanes». No creímos la noticia, y para comprobar su veracidad pedimos permiso a nuestros guardianes para ir, dos por cada habitación, a recoger algunos víveres que teníamos y un poco de agua, porque en todo el día no habíamos probado bocado. Nos tocó ir al alférez Maroto ya mi. 

      Al llegar a la casa que nos servía de prisión vimos al «Juan de Juanes» que se hundía de proa. No acertaría ahora a describir la emoción que sentimos. A toda prisa recogimos los víveres y el agua que íbamos a buscar, y sofocados y sin aliento volvimos al lado de nuestros compañeros y les dimos cuenta del triste espectáculo que habíamos presenciado. 

      Comimos sin pan, disimulando nuestra tristeza, para que nuestros guardianes no tuvieran otro motivo de alegría. Aquella tarde, al regresar, nos dijo Abd-el-Krim que se ocuparía de nosotros y que nos darían de comer. En efecto, a las diez de la noche se acercaron nuestros guardianes y nos arrojaron al interior de nuestra prisión algunos pedazos de pan de cebada." [12]





NOTAS

[10] 1923 03 01 - La Libertad (Madrid. 1919). Año V nº 1013 pag 2 jueves 

[11] 1923 03 03 - La Libertad (Madrid. 1919). Año V nº 1015 pag 2 - memorias de cautivo rif 

[12] 1923 03 07 - La Libertad (Madrid. 1919). Año V nº pag 2 miercoles

Las fotografías no se corresponden con el artículo publicado en dicho periódico. Proceden de:

- Revista Mundo Gráfico.
-ABC
- http://altorres.synology.me/guerras/1921_annual/02_10_arruit.htm

viernes, 17 de enero de 2020

San Antonio Abad



Ismael Almagro Montes de Oca 

      Hoy que se celebra la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales, vamos a recordar  parte de la historia de la talla que de dicho santo se conserva en la Parroquia. 

       Sabemos que existió una talla en la ermita de la Consolación (actual colegio Juan Armario) sobre la que se funda en 1586 el convento de frailes mínimos y que, al abandonarlo dichos frailes para trasladarse en 1682 hasta el nuevo convento de la Victoria, dejaron en el antiguo una única talla, la de San Antonio Abad. 

      La marcha de los frailes no significó el cierre de aquella ermita, convirtiéndose en el eje en torno al cual empieza a crecer un nuevo barrio, el barrio de San Antonio. Esta iglesia continuó en activo, realizándose en su interior muchos enterramientos e incluso sus aledaños fueron utilizados como camposanto en algunos periodos, como ocurrió en la epidemia de fiebre amarilla del año 1800. A mediados del siglo XIX, concretamente en el segundo semestre de 1840, es demolida por su estado ruinoso, momento en el que la talla del santo con el cerdito debió pasar a la Parroquia, donde continúa, aunque ya ha perdido la veneración que antaño se le profesaba. 

      Sin embargo, hubo una época en la que incluso se le sacaba en procesión. Hablamos de finales del siglo XIX. Así se menciona en un escrito de 1891 en el que el Arcipreste Francisco de Paula Castro solicitaba autorización al alcalde para recorrer procesionalmente con esta Imagen el trayecto hasta su antigua ermita: 

“Hoy a las doce de la mañana si a V. S. no se le ofrece reparo alguno y concede su licencia, saldrá procesionalmente el clero de esta parroquia con la imagen de San Antonio Abad para bendecir los ganados en el lugar que lleva su nombre y según se viene practicando siempre que el tiempo y las circunstancias lo han permitido.”[1]

       Seguramente el mencionado presbítero fuera el impulsor del culto a este santo desde que llegara a Alcalá un par de década antes, aunque parece que con escaso éxito, ya que la solicitud se produce el mismo día de la procesión lo que indica cierta provisionalidad. 



NOTAS

[1] Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Correspondencia y comunicaciones. Legajo 82. Escrito del 17 de enero

sábado, 4 de enero de 2020

Las lápidas romanas del Castillo



Ismael Almagro Montes de Oca 


      Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, publicado en 1845, recogía la existencia de una lápida con inscripciones en latín en la fachada Oeste del torreón del castillo de Alcalá, con el siguiente texto casi ilegible, ya que la piedra se encontraba bastante deteriorada: 

…KISRNI 
EIUIVIIIIII 
JNPENQS? AA 

      Añadía además que, según se decía, en la cara Sur también hubo otras dos lápidas con inscripciones. 

     Medio siglo después, en 1893, el historiador Sánchez del arco, se hacía eco de la misma información en su Monografía sobre Alcalá de los Gazules. 

     En la actualidad, en el torreón del castillo no existe rastro de ninguna de estas lápidas romanas, que fueron reutilizadas por los árabes en la construcción de dicha torre. 



¿qué pasó con ellas? No lo sabemos. Seguramente alguna pudo acabar reutilizada en construcciones aledañas, aunque una no corrió la misma suerte y hemos conocido parte de lo que aconteció con la misma. 

      A raíz del descubrimiento de un sarcófago fenicio en Cádiz en 1887, se impulsó la creación del Museo arqueológico y dos años más tarde, con objeto de dotarlo de contenido, el presidente de la Comisión provincial de dicho museo, Cayetano del Toro, que había tenido noticias de la existencia de lápidas en el ayuntamiento alcalaíno, envió una carta el 2 de enero al alcalde solicitando se remitiesen a Cádiz. 

      En la contestación que hizo el alcalde, Antonio Sánchez González, tenemos qué sucedió con esta lápida romana: 

“Esta alcaldía debe manifestar a V. E. en contestación a su atento oficio de 2 de Enero ultimo referente a que se manden al museo arqueológico de la Provª las lapidas que existan en este ayuntº; que desgraciadamente no se conserva mas que un canto que se desprendió efecto de las lluvias torrenciales de estos últimos años, de la esquina que mira al Sur del antiguo Castillo situado en lo más elevado de la Coracha el que en una de sus caras tiene una inscripción de caracteres romanos ininteligibles en la mayor parte leyéndose bien.” 



      Así pues, la lápida se cayó por culpa de las lluvias y se guardó en el antiguo Ayuntamiento, en la Plaza Alta. 

      Nada más hemos podido averiguar. Desconocemos si la lápida fue enviada finalmente a Cádiz o si por el contrario permaneció en las Casas Consistoriales, y en tal caso, cual fue su destino final. ¿Es tal vez la misma que apareció en los años 80 del siglo XX en la remodelación de la casa de la calle Miguel Tizón que linda con el antiguo Ayuntamiento? Recordemos que dicha casa albergó el depósito o cárcel municipal y bien pudo pasar de una dependencia a la otra. 



     Como curiosidad, añadir que el 15 de julio del mismo año, desde el museo arqueológico se pidió la remisión de una lápida con inscripciones árabes, objeto intrigante por desconocido en la Historia local.

NOTAS

Archivo Municipal de Alcalá de los Gazules. Correspondencia y Comunicaciones. Legajo 81