Ismael Almagro Montes de Oca
El siguiente episodio, aunque bien podríamos catalogarlo dentro de la sección dedicada al contrabando en este blog, he preferido encuadrarla en la dedicada a la crónica negra, a pesar de no tratarse específicamente de una noticia publicada en prensa, porque hay un cadáver de por medio.
Esta historia comienza el 18 de noviembre de 1892 en Algar, desde donde sus vecinos Jacinto García Gómez, Juan Piñero Rodríguez Francisco Delgado García, Francisco Hurtado Carrera, Martín Vázquez Fernández y Diego Guerra Fernández salieron dirección la Línea o Algeciras para acarrear unas mochilas de tabaco de contrabando. Hicieron noche en la Sauceda, término de Cortes y al día siguiente llegaron a la choza de un cabrero llamado Morracano y su mujer, María Alcántara, donde hicieron la mochila. Jacinto García, Juan Piñero y Francisco Delgado iniciaron el camino de vuelta hacia Algar, mientras el resto continuaron hacia Campamento.
Piñero y Delgado llegaron a Algar, pero, pasados varios días, Jacinto García no aparecía. Entonces, los primeros fueron a contarle lo sucedido a su mujer, Francisca Martínez Venegas, quien, tras conocer los hechos, se presentó en el juzgado municipal el día 8 de diciembre para denunciar su desaparición:
“regresaban a Algar y al llegar a los ejes termino de Jimena, les salieron fuerza de Carabineros y los hecharon el «alto» por lo que se dieron a la fuga disparando dichos Carabineros un tiro. Que estos cogieron a Francisco Delgado García con la mochila, le ataron las manos y quedandose custodiado por uno los otros salieron en persecución de su esposo y de Juan Piñero, que al poco tiempo dispararon otro tiro, regresando después a donde estaba Delgado y enseguida le pusieron en libertad diciéndole que se marchase. Que cuando Piñero regresó al pueblo de Algar, lo hijo con su mochila de tabaco y solo, y viendo que pasaban los días sin que su marido García Gómez, pareciese lo mandó vuscar no dando resultado las diligencias que practico por lo que presumió alguna desgracia y dio por ello cuenta al Juzgado”
Pasado el caso al juzgado de instrucción e Arcos, se iniciaron las diligencias, tomándose declaración a Piñero, que ratificó la versión que contó a la mujer del desaparecido y añadió además que creía que Jacinto García “habría sido cogido por los carabineros y que él para evitar la persecución se había ocultado en la garganta de Moracha y que oyó que un carabinero decía a otro «tú que lo has tirado al charco, sácalo de cabeza y tráelo para acá» de lo cual dedujo que el Jacinto García había sido preso”. Sin embargo, después vio pasar a los carabineros solos, por lo que pensó “que no había sido preso”. Su compañero, Delgado, ratificó la versión, escuchando decirle un carabinero a otro «tú que lo has tirado al charco sácalo» y oír además algunos tiros por la parte de Jimena.
El 26 de enero siguiente, declaró Juan Gómez Escobar “como confidente que es de los Carabineros de Alcalá” y relató que, a mediados de noviembre (no recordaba el día) “se encontraba practicando servicio en unión del Cabo, el carabinero Richarte y Hernández en la Dehesa de Moracha y como a las cuatro de la tarde encontrándose apostados en ella en la garganta del mismo nombre entraron tres mochileros e inmediatamente, todos cargaron sobre ellos, cogiendo dos y escapándose otro, con la circunstancia que al quitarle a uno la mochila por la parte abajo de la pasada de la garganta un carabinero le mandó a otro le sugetase porque en el morral y faldriquera llevaba mas tabaco pero en aquel momento el paisano dio un salto corriendo la garganta abajo y con intención de salvarse con tan mala suerte que cayó por unas piedras altas que hay en la ya espresada garganta, cayendo en un charco en donde se ahogó.
Que los carabineros Hernández y Richarte al verlo que se ahogaba le daban voces diciendole «manotea manotea» que él se arrimó al charco viendo que sobre la superficie del agua solo había la manta y el sombrero estando bajo del agua un paisano; que él y los dos carabineros se fueron donde estaba el Cabo que los mandaba como unos treinta metros retirado del sitio de la ocurrencia y al darle conocimiento de lo ocurrido mandó que se retiraran de aquel sitio y que guardaren silencio, así lo hicieron cogiendo las dos mochilas ocupadas, haciendo noche como a un kilómetro de distancia y al salir el sol al día siguiente llegaron a Alcalá sin dar cuenta a nadie de lo ocurrido.
Tambien manifiesta el testigo Gómez Escobar, que solo Richarte fue el que disparó un tiro al aire y que el mochilero cayó al agua como un cuarto de hora después del disparo. En vista de esta terminante declaración se procedió en 28 de Enero del corriente año a la inspección del lugar del suceso descrito”
En las diligencias se recoge que en el lugar descrito por el confidente, existía un charco de unos tres metros de profundidad, en forma de triángulo, con tres grandes piedras en sus vértices, por cuya unión salía el agua pero sin existir espacio para que cupiese un cuerpo humano.
Reconocidas las inmediaciones del lugar, se halló una manta, reconociéndola Gómez Escobar como la que llevaba el mochilero desaparecido y “encontrándose también prendido por el ramage que existe en las orillas de la garganta dos pedazos de lona, un pedazo de chaqueta paño mezelilla, dos de una blusa tela blanca con rayas azules y unos pedacitos de tela o lana azul los cuales se encontraban como a un metro de altura próximamente de la superficie del agua, de donde se deduce, según la apreciación de la diligencia practicada, que el cuerpo flotando y arrastrado por las aguas en las abenidas, fue sugetandose por el ramage el cual prendió los pedazos de ropa que se mencionan internándose el cuerpo por la fuerte corriente de agua en el término de Jimena, donde sigue el curso la garganta.”
El cabo Maximiliano Martínez y los carabineros José Richarte y Pedro Hernández, que pertenecían al puesto de Alcalá, reconocieron que salieron de servicio el día 18 de noviembre desde Alcalá, reuniéndose con ellos, Juan Gómez, en calidad de confidente. Todos se dirigieron a la dehesa de Mogea Escobar, permaneciendo juntos hasta las ocho o las nueve de la mañana del día 19 en que Gómez Escobar se fue solo a recorrer el término, regresando a la mañana siguiente, reiterándose “diciendo que iba a Alcalá”. Los carabineros continuaron el servicio solos hasta el día 26 en que regresaron a Alcalá.
Tras estas primeras diligencias, el juzgado de Arcos se inhibió, pasando al juzgado de Medina Sidonia, por pertenecer la garganta de Moracha al partido de éste. El de Medina ordenó al juzgado municipal de Alcalá que tomara declaración a los vecinos de las inmediaciones de aquella garganta y practicar un exhaustivo reconocimiento del lugar. Únicamente el vaquero Francisco Marín Gil reconoció haber visto pasar por aquellas fechas a tres carabineros que conducían a un paisano, cuyas señas coincidían con las del confidente Juan Gómez, con un bulto como de tabaco, de unas 3 arrobas.
A los pocos días del suceso, Juan Piñero y algunos parientes de Francisca Martínez, acompañados por el guarda de la dehesa reconocieron el lugar y no hallaron nada. El 16 de enero, el juzgado de Alcalá verificó su primer reconocimiento, tampoco hallando ningún vestigio. Sin embargo, el 23 de enero, realizó un segundo reconocimiento, no hallando nada en el sondeo de la charca, pero en el curso del arroyo encontraron una manga y trozos de prendas “como rasgadas al ser el cuerpo arrastrado por la corriente de las aguas en fuertes avenidas”
A finales de Enero, el Capitán de la Compañía de Don Federico Escalona por parte que recibió del Primer Teniente Don Ricardo Rodríguez Macedo, dio conocimiento de “que de rumor público se decía que un paisano había desaparecido en la Dehesa de Moracha en 19 de Noviembre y que se acusaba al Cabo Maximiliano Martínez y Carabineros José Richarte y Pedro Hernández”. Esto provoca que el dos de febrero , el capitán de la Compañía de Carabineros de Cádiz, “enterado por rumor público” diese orden al jefe de la sección de Alcalá para que iniciara diligencias, abriéndose una causa sumaria contra el Cabo y los dos carabineros en un juzgado militar por denegación de auxilio y mal uso hecho de una aprehensión de tabaco.
Paralelamente, en la jurisdicción ordinaria, se mandó tomar declaración al confidente Gómez Escobar, quien, al verse procesado en dicha causa, huyó y fue puesto en busca y captura.
Mientras, en el procedimiento militar, se encargó el reconocimiento pericial de las prendas encontradas a dos maestros sastres de Alcalá, según los cuales, dichas prendas “aparecen como descosidas ni rasgadas de violencia, extrañandoles el descocido del cuello y forro de la manga; que no presentan caracteres propios de haber estado a la intenperie sufriendo las aguas e inclemencias admosfericas el tiempo de dos meses con el cual habría suficiente para su pudriccion y que los rasgados que tiene la chaqueta están sin deshilachar. Al mismo tiempo hacen también presente que en la manga aparece en su boca y junto a la costura interna dos cortes trasversales como de faca o instrumento cortante y en la tapa de abajo se nota también algunos agujeros hechos al parecer por instrumento análogo y otro en el codo que puede ser del uso de la chaqueta”
Finalmente, el juzgado de Alcalá, se inhibió del caso, después de que el mochilero que fue detenido con la carga de tabaco, Francisco Delgado, no reconociera a los carabineros presos en una rueda de reconocimiento y del informe sobre las prendas halladas, cuyo deterioro no se correspondía con estar dos meses a la intemperie.
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