sábado, 26 de septiembre de 2026

El crimen de Algar




Ismael Almagro Montes de Oca



    En la anterior entrada de la Crónica negra, vimos un suceso en el que se vieron envueltos unos vecinos de Algar con carabineros de Alcalá. Hoy vamos a ver otro que también está relacionado con las fuerzas del orden, en este caso la guardia civil, pero, a diferencia del anterior, no ocurrió en término alcalaíno, sino en aquella localidad, pero con un protagonista alcalaíno.

    Los hechos tuvieron lugar el 14 de agosto de 1891 en una finca cercana a Algar y las primeras noticias fueron confusas, pues, por un lado se afirmaba que había un muerto, y por otro, que el herido estaba grave:

    “Hecho grave.

    Dice El Jerez

    «Hemos oido decir que un guardia civil ha matado a un compañero con quien estaba DE SERVICIO.

    El hecho ha ocurrido ayer en la dehesa de Algar.

    El muerto estaba de comandante del puesto de Algar; el agresor parece que, cometido el delito, se dio a la fuga.

    Refiriéndose el Diario de Cádiz a este suceso, dice lo siguiente:

    «En otro lugar de este número insertamos una noticia tomada de un periódico jerezano que reviste verdadera gravedad.

    Se trata de que el guardia civil MANUEL Sánchez Téllez disparó su carabina contra el cabo del mismo cuerpo comandante del puesto de Algar, Sr. Sánchez Marin, atravesándole a este el proyectil un brazo y el costado izquierdo.

    En el gobierno civil se han recibido noticias, no muy detalladas, del alcalde de Arcos, pues el desgraciado suceso ocurrió en una dehesa próxima.

    El agresor dióse, segun parece, a la fuga precipitadamente, y según todas las probabilidades, es hombre conocedor de aquellos intrincados terrenos.

    En la casa-cuartel del puesto de Cádiz recibiose la noticia sin detalles el pasado jueves, guardándose la natural reserva, y el viernes salió para Arcos el jefe de la comandancia, D. Félix Sos, para instruir las primeras diligencias.

    Por hoy se ignoran más detalles; anteayer, el estado del guardia civil herido era grave”[1]

    Dos días más tarde, los hechos se van esclareciendo, falleciendo finalmente el guardia civil que recibió el disparo:

    “Ha fallecido el cabo de la guardia civil comandante del puesto de Algar, que fue herido días pasados por un individuo a sus órdenes. Este, que se sepa, hasta ahora no ha sido capturado, y para conseguirlo, fuerzas de dicho cuerpo se han internado en los campos haciendo averiguaciones.

El agresor había estado prestando servicios en Cádiz y sus antecedentes eran buenos.”[2]

    Pasada una semana, el rotativo jerezano EL GUADALETE ofreció muchos detalles del suceso, entre ellos, sobre la carrera profesional de nuestro paisano:

    “MAS DETALLES

    Varias versiones hemos recogido, como preliminares al desgraciado suceso de que venimos ocupando bajo este epígrafe.

    Dicen unos que el guardia Rojas, efecto de su carácter díscolo, era amonestado con frecuencia por el cabo Sánchez, y hasta que poco antes del sangriento desenlace, había éste castigado al primero.

    Aseguran otros, y entre ellos los que escucharon al cabo en sus últimos momentos, que jamás tuvieron disgusto alguno, aunque sí los tenía el guardia Rojas con su compañero Carballo.

    Cuéntase que después de efectuado el crimen, y mientras los dos guardias auxiliaban al herido, el agresor se volvió a Algar, entró en el café y billar de la calle Real, pidió un café y una copa de aguardiente y hablando con un conocido le dijo que había matado a su cabo, y que pidiese a cada uno de los jugadores una peseta que le hacía falta, pues aunque tenía en el cuartel 2.000 reales no se atrevía a ir por ellos.

    El conocido fué a cumplir el encargo, y cuando volvió había desaparecido el Rojas dejando sobre la mesa diez céntimos de peseta.

    Un hecho digno de mencionar, y que hubiera podido traer graves consecuencias, fue que el vecino llamado Fernando el de África, pasaba por el café cuando en el interior se encontraba el guardia, y sin saber las personas que había dentro, y sólo por dar una broma, echó la llave que estaba puesta por fuera, pero con la rara coincidencia de quedar echada en falso, y por consiguiente la puerta abierta.

EL CABO

    Juan Sánchez Ruiz, tenía 45 años, era casado, sin hijos, natural de Villaluenga del Rosario (Cádiz); empezó su servicio en el cuerpo de Ingenieros el 2 de Julio de 1866, pasando a los cuatro años a la compañía de Guardia Veterana, entrando, en Septiembre de 1872 a la guardia civil, siendo destinado a Olvera, donde estuvo de guardia primero hasta 1.º de Julio de 1883 que ascendió a cabo y pasó a mandar la comandancia de Algar, donde cumpliría en 1.º de Marzo de 1894.

    Tenía una buena hoja de servicios; era trabajador, inteligente, incansable en el cumplimiento de su deber y quizás demasiado ordenancista y rigoroso con sus subordinados, por lo que no era tan querido entre éstos como entre sus superiores que le tenían en gran estima.

    El pueblo de Algar le debe verse libre de malhechores, que huían de aquellos contornos por temores al cabo Sánchez.

    Al siguiente día de haber sido herido fue conducido a la casa cuartel de Algar en una camilla preparada con una escalera y a hombros de varios paisanos. El día 14, a las siete y media de la tarde, falleció, habiendo antes otorgado testamento a favor de su esposa, como heredera universal, y nombrando albacea a D. José Francos.

EL GUARDIA

    Manuel Rojas Téllez, de 30 años de edad, viudo, sin hijos, natural de Alcalá de los Gazules (Cádiz). Entró en el servicio de las armas el día 4 de Octubre de 1881 y pasó a la Guardia civil el 1.º de Diciembre de 1883; estuvo complicado en la muerte del alcalde de Valverde del Camino (Huelva), donde estaba de puesto, y tuvo que desertar emigrando a Portugal; después, gracias a la protección del entonces Coronel primer jefe en la provincia de Cádiz, D. Melquiades Almagro, volvió a ingresar en el cuerpo, y desde entonces fué destinado a varios pueblos de esta provincia, por último a Algar, donde estuvo hasta el día 14 del corriente, fecha del suceso que relatamos.

    Ha servido de guarda de monte en términos de Alcalá, y cuéntase de él como prueba de ser un excelente tirador, que en cierta ocasión tirando al blanco, ha dividido en dos un papel de fumar a 400 metros de distancia.

    Es aficionado a la poesía, y entre sus papeles se han encontrado varias composiciones, de las que una de ellas titula Despedida, la dirige a Algar a varios vecinos y a sus padres que residen en la colonia la Alquería.

LLEGADA DE JEFES

    Con motivo de este crimen han llegado a Algar los siguientes jefes y oficiales:

    El Sr. Coronel de la Guardia civil; el Teniente Coronel del mismo cuerpo, primer Jefe de la provincia D. Félix Sors y Díaz; D. Leonardo Gómez Aldona, primer Teniente, Juez Instructor nombrado por el Excmo. Sr. Capitán General de Andalucía; D. Esteban Acosta Gómez, primer Teniente, Jefe de línea, Comandante accidental de la 10.ª con residencia en Grazalema; D. Miguel Andrades Girón, primer Teniente, Jefe de línea, de Jerez; D. Pedro Jiménez Topete, segundo Teniente, Jefe de la de Arcos; D. Guillermo Gómez Parra, Comandante del puesto de Arcos.

AUTOPSIA

    La hicieron los señores médicos D. José Mendoza Ortiz y D. Juan Manuel de los Reyes: presentaba una herida de arma de fuego en el espacio intercostal comprendido entre la sexta y séptima costilla del lado izquierdo, penetrante, circular, con los bordes dirigidos hacia adentro; en el plano dorsal derecho, y sobre el borde superior del músculo cuadrado de los lomos tiene otra herida también circular de diámetro mayor que la anterior, con los bordes hacia afuera; en el tercio superior del antebrazo izquierdo tenía otra herida de igual carácter que las anteriores, y también con orificios de entrada y salida. Ambos pulmones se encontraban perforados por sus bases, notando además que la cara superior de la séptima vértebra dorsal estaba fracturada, deduciéndose que el proyectil entró por la herida del lado izquierdo del pecho, recorriendo el borde superior de la séptima costilla, fracturando la vértebra dicha, perforando la base de ambos pulmones y saliendo por la otra herida expresada.

    Resultado de ella la muerte por asfixia.

ÚLTIMAS NOTICIAS

    Ha sido encontrado por una pareja, el tricornio y correajes del guardia Rojas, en las orillas del río próximo a las Vegas de Elvira, escondidos entre unas adelfas.

    A la hora de terminar estas líneas no hay noticias de que haya parecido el citado guardia.”[3]

    Seguramente, el carácter de Manuel Rojas cambió tras la muerte de su esposa, ocurrida en Zahara el año anterior. Es destacable que sus compañeros de dicho puesto, hicieron una colecta para atender a los gastos ocasionados por la enfermedad y fallecimiento de la misma. [4]

    Tras disparar a su compañero, Manuel rojas se dio a la fuga, apareciendo posteriormente las prendas de su uniforme y la bayoneta junto al río Majaceite. Resulta curioso que la prensa recogiera un supuesto mensaje que dejó, porque en ningún lado se menciona que dejara nota alguna:

“llevándose la carabina y 41 cartuchos, de los que dice son 40 para sus perseguidores y el último para él.”

    Como consecuencia de la muerte, se iniciaron diligencias en un juzgado militar, declarando a Manuel Rojas en busca y captura, con la pertinente publicación del edicto en el Boletín Oficial de la Provincia y en la Gaceta de Madrid:

    “Usando de la jurisdicción que me concede el Código de Justicia militar, por esta requisitoria llamo, cito y emplazo al expresado Guardia, natural de Alcalá de los Gazules, viudo, como de treinta y dos años, de estatura regular, pelo y cejas castaños, ojos pardos, nariz regular, barba poca, con un lunar en el carrillo izquierdo, lleva pantalón de uniforme, chaqueta clara y sombrero de ala ancha ceniciento, que le está grande, para que en el término de diez días, a contar desde la publicación de la presente, comparezca en la casa cuartel de la ciudad de Medina Sidonia; bajo apercibimiento de ser declarado rebelde si no compareciese en el citado

    A la vez, en nombre de S. M. el Rey (Q. D. G.) exhorto y requiero á todas las Autoridades, así civiles como militares y á los agentes de la policía judicial, para que practiquen activas diligencias en busca del referido individuo; y caso de ser hallado, lo presenten en calidad de preso y con las seguridades debidas a la citada casa cuartel y a mi disposición; pues así lo tengo acordado en providencia de este día.” [5]

    Las últimas noticias sobre Manuel Rojas fueron relativas a su huida a Portugal a través de Doñana, territorio que conocía bien, pues, como hemos visto, estuvo destinado en Valverde del Camino:

    “Existe la creencia fundada de que el individuo de la benemérita Manuel Rojas Tellez, se ha internado en el territorio de Portugal, pasando el Rio Guadalquivir, por el lado de Oñana y provincia de Huelva”[6]


(Imagen generada por IA)

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sábado, 19 de septiembre de 2026

Los molinos de Patrite




Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos 
y de Nuestro Patrimonio 1993. 


Luis ROMERO ACEDO



    Alcalá, como pueblo viejo, puede preciarse de tener una historia y una cultura interesante y rica. Sin embargo, siempre nos fijamos en los grandes hechos, nunca reparamos en los pequeños detalles, cuando a lo mejor ese hecho que a muchos nos puede parecer cotidiano, es algo verdaderamente singular y rico.

    Es el caso de los molinos de Patrite, molinos que a los que los conocimos en funcionamiento, no hace muchos años, no nos llaman la atención, pero que a otros muchos, que pueden desconocer incluso su existencia, pueden resultarles atractivos e interesantes. Para unos y para otros, estas líneas de recuerdo a una tecnología y a una economía que pertenecen al pasado de nuestra cultura.

    Los molinos fueron, durante muchos años, casi la única industria local y alcanzaron un número considerable. El Catastro del Marqués de la Ensenada, a mediados del siglo XVIII, nos habla de 21 molinos en la población.

    Estos 21 molinos se localizaban, 3 en el Prado, (llamados de Santa Clara, El Granadillo y San Francisco) y 18 en Patrite. La elección de estos lugares, pero preferentemente, la elección de Patrite, se debe a la proximidad del pueblo y a la existencia en esas zonas de un gran número de vecinos viviendo en el campo, pero sobre todo, al agua, que en abundancia baja del Montero a través del arroyo de Patrite hacia el río Rocinejo. Y bajaba dando vida a 18 molinos, que se distribuían a lo largo del curso del Arroyo con el siguiente orden: La Molineta (en Mogea Escobar), San Francisco, San Jorge, La Menacha, La Llave, La Chiva, El Canto, Los Partidores, La Molineta, Castroarriba, Castroabajo, El Olivar, El Nogal, El Acebuchal, La Cárdena, El Arcón, El Molino Nuevo (o Calores), y el Molino de Marujo.

    La Ciencia, la técnica para aprovechar este caudal de agua, era bien sencilla y tiene una tradición de muchos siglos. La historia nos dice que los primeros molinos de agua aparecen en el siglo II antes de Cristo en la zona de Oriente Próximo y Asia Menor, aunque serán los romanos los que los difundirán por Europa, y luego los árabes -verdaderos artistas en aprovechar el agua- los que los instalarán y los harán funcionar en nuestra zona.

    La tecnología de estos molinos, ya centenarios de Patrite, se basa en 3 elementos: el Cao, el Cubo y la Bóveda.

    Pero no podemos obviar que también es importante el emplazamiento del molino, junto a cierto desnivel, ya que el CAO, que no es sino un canal o acequia que toma agua del cauce del río para conducirla hasta la bóveda -y accionar el mecanismo- debe discurrir por terreno más elevado del que ocupa el molino, al objeto de que el desnivel del terreno facilite la construcción de un CUBO entre el cao y la bóveda.

    El CUBO, es por tanto, un pozo en altura que contiene el agua para accionar el rodezno y no para almacenarla, pues para este fin, para que no faltase el agua, el cao se agranda en una pequeña presa antes de llegar al Cubo.

Vista parcial de la fachada del Molino "El Nogal".
La primera puerta conduce al horno, la segunda al molino.

    
    Así pues, es el agua del cubo la que acciona el mecanismo de la bóveda, pues sale de este por una pieza, el Saetillo, realizada en madera y con forma piramidal, terminada en un pequeño orificio de salida, con lo cual, adquiere una gran presión. Este orificio o boca se cierra con una chapa o con una madera (que se maneja desde la sala del molino, mediante una vara o eje de hierro, que atraviesa la bóveda) y que permite parar o poner en funcionamiento el molino, cerrando o abriendo el chorro de agua o simplemente regulando la intensidad del chorro, y con ella, la velocidad del rodezno, de ahí que a esta pieza se le llamase "llave".

    La BÓVEDA, es el espacio inferior del molino, algo así como los cimientos, que se excavaban en la tierra, bajo el lugar a ocupar por la "sala del molino" a modo de hoyo y que se edificará por 3 de sus lados, dejando abierto el delantero, del que partirá el cauce para que discurran las aguas empleadas por el molino, una vez usadas.

    Este espacio, excavado, se cubrirá con una bóveda, -de ahí el nombre que se da a todo el conjunto inferior- y no tendrá mayor altura que la del hoyo realizado ya que hay que equilibrar el terreno, porque el Molino y sus dependencias no se construye sólo sobre la bóveda, sino que también se construirá sobre el terreno colindante.

    La pieza central instalada en la bóveda es el RODEZNO, (rueda formada por cucharas de madera y que entra en movimiento cuando el agua que sale del saetillo incide sobre las cazoletas de las mismas). Este movimiento hace girar el eje de madera que comunica el rodezno con la piedra instalada en la sala del molino, un eje de madera que concluirá en su parte superior, en otro metálico, más menudo e incrustado a este, llamado palahierro, que mediante la lavija se encaja en la piedra superior, a la que mueve. Esta piedra superior, de aproximadamente 1,30 m. de diámetro y de 1.500 kgrs. de peso, es la llamada "piedra moler", que trabaja sobre otra inferior, del mismo tamaño y peso, llamada solera, que es la que se encuentra fija sobre un poyete o alfanje. Ambas piedras molerán por la fricción que realizan las dos caras que se tocan y que se encuentran perfectamente labradas (con surcos y estrías). Hasta esa zona, el trigo llegará a través de la tolva, situada sobre el orificio central de la piedra superior y saldrá convertido en harina, a través de la piquera, para verter sobre un pequeño receptáculo llamado "harinal", en el que la harina será envasada en talegos.
El cao o acequia, antes de morir en el cubo o pozo.


    Esta es en resumen, la tecnología que accionaba el molino, pero quedaría incompleta si no contemplamos la máquina de "ahechar el trigo", igualmente accionada por el rodezno y cuya misión será lavar el trigo antes de verterlo en la piedra. O las "medias lunas", que instaladas en la cabría giratoria que se colocaba en el molino, servían para subir o bajar las piedras para su picado, cosa que había que hacer de vez en cuando, pese a que en los últimos años se introdujeron las llamadas "piedras francesas", muy resistentes y duras y que precisaban menos cuidados que las anteriores del país o "piedras blancas", que había que repicar continuamente.

    Esa es la tecnología, pero los molinos eran fruto también de una época, de una economía, de una mentalidad diferente a la nuestra.

    Los molinos nacen como fruto de la necesidad de tener harina para amasar en la propia casa -no olvidemos que la inmensa mayoría de la gente vivía en el campo y tenía que autosatisfacer sus necesidades- pero también dieron pie a una incipiente industria y comercio, pues los molineros molían para venderlo y desde Alcalá salía harina, en bestias, que por caminos y veredas conducían los añacaleros (o mozos del molino) para muchos pueblos vecinos y para otros más lejanos, aunque la mayor parte de la producción se consumiera en nuestro propio término.

Piedra de moler francesa


    Sin remontarnos a épocas muy lejanas, pues quién esto escribe sólo conoció los molinos en su fase final, en esa época de penuria de los años 50 y en los 60 cuando empieza a desaparecer la agricultura de subsistencia y la política intervencionista del Estado dictatorial comienza a perseguir a los molinos -con continuas visitas de la Fiscalía y de los inspectores que precintaban y cerraban las instalaciones- para fomentar las grandes fábricas que eran más fáciles de controlar. En aquellos 50, en que los molinos producían toda la harina que necesitaban los alcalaínos y generaban un buen número de puestos de trabajo, pues cada uno de ellos tenía al menos tres trabajadores: el dueño, el maestro molino y un mozo, sin contar que prácticamente toda la familia del dueño trabajaba, bien lavando el grano, bien llenando las talegas, bien amasando (no podemos olvidar que cada molino tenía su propio horno).

    Cada molino molía un promedio de 25 a 28 fanegas de trigo y esto a lo largo de todo el año, en invierno y en verano, y cuando no se molía trigo se molía maíz, que más que aprovecharse para piensos del ganado, se empleaba para el consumo humano. Así, tenemos que, la actividad del molino era incesante y ello los convirtió también en lugares de reunión de quienes iban a moler, de quienes pasaban o de las mujeres que desde el pueblo iban simplemente a comprar harina y de camino aprovechaban para lavar la ropa (pues el agua no llegaba al pueblo) en los lavaderos de las proximidades de los molinos. En Patrite, no faltaba nunca el agua, porque los molineros se encargaban de que el arroyo estuviese siempre corriendo y limpio, tarea que realizaban todos a una, arroyo arriba, nada más disminuir el caudal, comenzando por el descansadero de Marujo y terminando en el Montero.

    Los molineros, que aprovecharon como nadie el agua, pues en los días de verano en que ésta comenzaba a escasear, iban dando, por riguroso turno, de arriba a abajo, cortes para llenar cada uno su presa y su cubo y así todos tenían agua para trabajar.

    Los molineros, que pese a las prohibiciones y controles de los 40, molieron trigo para que a Alcalá no le faltase el pan.

    Los molineros, hombres que contra viento y marea, pese a las adversidades del tiempo y de los tiempos, lucharon por mantener funcionando los molinos, por la maquila o beneficio que dejaba la molienda, 6 kgrs. de trigo o de harina (daba igual), por cada quintal molido. (6 kgrs. por cada 40 kgrs., ya que el quintal castellano es de 46 kgrs.). Que lucharon para atender a tantos y tantos alcalaínos, que con calor en verano o con los caminos cortados en invierno, acudían a los molinos de Patrite, por la vereda de los Carrascales -los procedentes de Fraja, la zona de Paterna, las Viñas o Pajarete-; por la vereda de las Huertas, los que venían de Rocinejo, Pagana o Los Poyales y de toda la zona que nos conduce a Algeciras; o los que llegaban por la Vereda del Lario, que saliendo de Alcalá por la actual fábrica de quesos, pasaba por el Puente que vemos en esa zona del Pozo de Enmedio y venía a salir al descansadero de Marujo, ya en la zona de los Molinos. Unos alcalaínos que pensaron, con los molineros, que la famosa carretera de Jimena (que partía del Pozo de Enmedio -todavía existe el puente, ahí visible, para recuerdo- y varias alcantarillas por toda la ribera del Lario- iniciada en los años 20 y dejada parada por falta de recursos) resolvería el problema de las comunicaciones, del acceso. Y que volvieron a ilusionarse cuando en los años 50 se traza una nueva carretera que discurriría por La Quinta y Las Asomadillas hasta llegar a Mogea Escobar para proseguir hasta las Esperillas bajas y las Esperillas Altas... pero que tampoco se realizó por cuestiones económicas... Unos molineros que tuvieron que cerrar sus molinos antes de que en 1981, la Diputación y el Ayuntamiento alcalaíno realizaran los trabajos de asfaltado de la carretera y acometiesen la llegada del agua y de la luz. Infraestructuras fundamentales que podían haber incidido en la conservación de los molinos y que hubieran permitido incluso, dentro de lo que cabe, la modernización y mejora de los trabajos. Pero... los molinos, irremediablemente estaban perdidos, excepción hecha del de Juan Acedo, que aunque ya no muele, se conserva intacto y podría hacerlo en cualquier momento.

    Y creo, que sería conveniente que desde la Administración y a través de programas específicos de protección de la riqueza cultural de nuestros pueblos y del fomento de estas peculiaridades, con fines turísticos, permitiría restaurar los molinos e incluso poner en funcionamiento -como museo- alguno de ellos. De este modo, recuperaríamos algo de nuestra propia cultura - mientras se rendía homenaje a aquellos esforzados hombres que lo mismo eran ingenieros, realizadores y mecánicos del molino, que picapedreros, que guardas y conservadores del río, y también a todos los alcalaínos y alcalaínas que para tener pan en sus casas, acudían por harina a los molinos- y sería, a un tiempo, un atractivo turístico añadido.

Esquema de las partes de un molino hidráulico.


sábado, 12 de septiembre de 2026

Fiestas por la victoria en Orán





Ismael Almagro Montes de Oca



    Orán era una ciudad portuaria al norte de la actual Argelia bajo dominio español hasta que, en 1708, aprovechando la guerra de sucesión al trono en España, el protectorado otomano de Argel la conquistó junto con Mazalquivir.

    A mediados de 1732, el imperio español organizó una campaña militar para recuperar ambas plazas, reuniendo en Alicante a casi 30000 hombres y una flota de medio millar de embarcaciones de todo tipo.

    El 28 de junio se producía el desembarco de las tropas en las costas argelinas, que fueron ganando rápidamente terreno, amparados por la potencia de fuego de los navíos españoles, conquistando rápidamente todo el territorio. El 5 de julio se cantaba el te deum en Orán conmemorando la victoria.

    Poco tiempo después, el rey envió órdenes a todos los obispos del reino para que celebrasen funciones religiosas para conmemorar la victoria obtenida en la plaza de Orán. Los obispos, a su vez, trasladaron dichas órdenes a sus parroquias, llegando éstas a Alcalá a finales de octubre. El vicario organizó una función religiosa el 2 de noviembre, invitando al ayuntamiento, que en aquella fecha se encontraba bajo el mando de D. Pedro Guerrero, que había venido a la villa como juez de residencia a examinar las cuentas y actuaciones del corregidor saliente, en los siguientes términos:

“…se manda qe en Hazimiento de gracias a Dior nro sr por las Phelises Victorias conseguidas por las armas catholicas de su Magd assi en la Restaurazon de la Ymportante plaza de oran como por la continuación en las victorias y salidas que en la Plaza de Seuta se an logrado estos días contra los Infieles enemigos de nra sta fee católica, se hagan fiestas en las Yglesias con manifestazion del santísimo cuerpo de xpto sacramentado cuya sagrada función tiene dispuesto el Benerable Ilustre clero desta villa celebrar con el cantico de te deum laudamos el domingo próximo que viene dos de noviembre, para cuyo efecto a hecho combite al Consexo Justisia y Reximinto desta villa y por que es justo se concurra con todas las demostrasiones de Jubilo a la Referida celebridad Para mayor Gloria y honrra de las Dos Magestades Mando se site a los capitulares para que asistan en la Parrochial en forma a la referida función de hazimiento de gracias”[1]



    El corregidor, por su parte, dictó órdenes para que todo el vecindario se uniese a la celebración, con repiques de campanas y fuegos:

“se haga recado cortesano en nombre de su mrd al dho sr vicario y prelados de los combentos desta villa para que manden por estas dos noches que intermedian hasta el día de la commemorazon de los difuntos, aya repique general de campanas desde las siete de la noche; Y todo el tiempo de los repiques se publique por voz de pregonero en las partes publicas desta villa que todos los vezos de ella de cualquier estado calidad y condición que sean pongan luminarias en sus puertas y ventanas Pena de dos ducados aplicados para la cofradia del santissimo sacramento”

    Como dato curioso, los prisioneros de aquella contienda, pasaron por Alcalá, según recogen las actas del cabildo:

“…en hazimiento de gracias por las felises susesos conseguidos contra los infieles enemigos de nra sta fee por las armas católicas de su Magd assi por aver restituido a su (¿?) la yns(ilegible) plaza de oran con todas sus fortificasiones como por las victorias conseguidas en las salidas que nuestras tropas an hecho estos días en la Plaza de seuta cuios despoxos pasaron con los oficiales que los condusian por esta villa a la ciud de Sevilla a poneros a los pies de su Magd…”[2]

    Efectivamente, el pueblo celebró la victoria, destacándose en su euforia los regidores, que recibieron la felicitación del regidor:

“se a executado con igual complasensia de todo el pueblo que a concurrido ygualmente con aclamasiones, fuegos y otras demostrasiones de alegría siendo los primeros que se an exedido en ellas con particular fidelidad amor y lealtad los sres capitulares, por que su mrd les da las gracias y se promete tengan presente su afecto al mor lustre y esplendor desta villa”

    Los regidores agradecieron, asimismo, el interés que el corregidor interino había demostrado para contribuir a la celebración y decidieron finalizar los festejos como solían hacerse en Alcalá, con la suelta de toros:

“visto oydo y entendido por la villa acordó de dar como desde luego dio las grazias a su magd dho sr correxor, Juez de residencia por lo que se a interesado en el aplauso de la referida funzion para que sea con mas regosixo del pueblo se hagan fiestas de toros en la Plaza Publica desta villa a disposición de los sres diputados de fiestas y para que conste del auto proveydo por su mrd y dilixencias de su cumplimiento se ponga orixinal por cavesa deste cavildo”



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sábado, 5 de septiembre de 2026

La reforma de la ermita de la Virgen de los Santos en la segunda mitad del siglo XVII




Ismael Almagro Montes de Oca



    La ermita de la Virgen de los Santos quizás sea el edificio más representativo de Alcalá de los Gazules y, sin embargo, se conoce muy poco, tanto de su origen, como de la evolución del mismo hasta convertirse en el Santuario que hoy contemplamos.

     En 1560 el ayuntamiento, que siempre ha ejercido un patronazgo sobre la ermita, destinó un echo o tronco de bellota para financiar las obras de solado y aderezo de la portada de la misma. 

    Tendrá que pasar más de un siglo para encontrarnos obras de cierta envergadura, que modificarán la estructura del edificio y que, hasta hoy, eran desconocidas.

    A principios de 1672, los hermanos mayores de la cofradía de la Virgen de los Santos, Jorge de Villegas Morejón, alcalde ordinario, y Gonzalo de Ayala Coronado, junto con el beneficiado Francisco del Castillo, conciertan con el maestro albañil de Medina Sidonia, Baltasar Rodríguez, la construcción de una sacristía:

“ha de hacer en la yglesia de nra señora de los santos una sacristia de boveda por arista y enmaderada de quegigo y entablada y techada con canelones atollados con cal y arena y enlucida por la parte de adentro con yeso y por la parte de afuera con cal y arena con dos fenecies”

    Debía, además, ejecutar obras de mejora en el exterior de la ermita, allanando y empedrando “dende la salida de dicha yglesia hasta la buelta de la esquina de la cosina todo lo qual ha de hacer ha de ser buena obra todo ello a su costa por precio de tres mill y nuebe cientos Reales que se han de ir pagando como fuere obrando sim pleito ni dilación alguna y fenecida y acabada la dicha obra le han de pagar luego de contado el resto que se le estuviere debiendo”[1]

    La obra debió de ejecutarse, porque localizamos un testamento otorgado un mes más tarde, en que el testador manda una limosna de 30 ducados a la citada cofradía para ayuda del gasto de la obra de la iglesia.[2]

    Esta sacristía se ubicaría detrás del altar mayor, sobre la que, pasado un siglo, se levantará el camarín de la Virgen.

    Durante la década de los 70 del siglo XVII, hubo bastante actividad en torno al santuario, pues en 1675 el presbítero Alonso Rodríguez de Villegas costeó la hechura de unas andas de plata para la Virgen.

    Precisamente en ese mismo año, nos consta por una referencia hallada en otro testamento que se estaban ejecutando reformas, aunque no se especifica en qué consistían: “ytem mando para la obra de nra señora de los santos Diez Ducados de vellon=”[3]


    Con todo, la principal reforma se llevará a cabo a mediados de 1677, por iniciativa, nuevamente, de Jorge de Villegas Morejón y del teniente de corregidor y mayordomo del duque de Alcalá, Juan Gómez Correa, quienes conciertan con otro maestro albañil de Medina, Juan Bautista, “por haser servicio a dios nuestro sor y que se haga una capilla en la ermita de nuestra señora de los santos extramuros… en que haga la dha capilla maior”.

    Llama la atención que en el contrato no figure nada relativo a que ostentasen cargos en la cofradía de la Virgen de los Santos, (que ni siquiera se menciona en el documento) así como que tampoco intervenga ningún representante del estamento eclesial, por lo que cabe pensar que se debió a una iniciativa privada.

    Aunque se hable de labrar una capilla, según la descripción de los trabajos a realizar, se trata de levantar la bóveda de media naranja del brazo del crucero insinuado, así como de reformar el presbiterio existente:

“Primera mente que A de levantar las paderes questan comensadas cumplimiento a once varas desde el suelo hollado o mas si lo pidiere la dha obra con mas quatro arcos torales de ladrillo que correspondan con la obra de los pilares questa comenzado con sus quatro pchinas llanas y su cornisa en sima de quatro molduras de yeso= y su media naranja ohavada con su remate emmedio techada de tejado sencillo = y rematado de yeso blanco toda la obra por de dentro y por de fuera (desvaído=sacada) a plana de cal y arena y solada de ladrillo raspado y rebocado y el presbiterio enlusido de ieso blanco y su pedazo de bóveda que tocara a dho presviterio con sus gradas y peana y altar y unir el tejado de la yglesia con la dha capilla”

"Y su media naranja o(c)havada 
con su remate em medio"


    La obra debía estar acabada para marzo de 1678, debiendo de facilitarse todo el material necesario, ajustándose los trabajos en 490 ducados, pagados en tres plazos. [4]

    La construcción de esta cúpula denota que, anteriormente, el templo presentaría una planta de basílica romana, sin naves laterales, es decir, una sala rectangular con un ábside o cabecera plana.

    Ya en el siglo XVIII se le añadirían las pinturas murales que hoy conserva.



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