viernes, 12 de julio de 2013

El doble asesinato del falso carabinero



Ismael Almagro Montes de Oca

      

     A finales de  1882 se produjo en Alcalá un doble asesinato por causa de los celos de un vecino contra un carabinero, quien finalmente apresaría al criminal. La noticia fue publicada en "La Guía del Carabinero" el 14 de diciembre y casi 30 años después, otro periódico, "La correspondencia Militar" en su edición del 9 de septiembre de 1910 (1) recordaba el suceso en su sección "Recuerdos del tiempo viejo" relatando de forma novelada los acontecimientos



“RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO

La captura de un criminal

El carabinero Juan Martín capturó el día 15 de Noviembre y puso a disposición de la autoridad judicial un paisano que, vestido con uniforme del Cuerpo, cometió doble asesinato en el término de Alcalá de los Gazules, por cuyo servicio mereció las gracias de la autoridad de dicho pueblo.

(El Guía del Carabinero.- 14 de Diciembre de 1882.- Servicios del Cuerpo).

     En la andaluza ciudad de Alcalá de los Gazules, que riega el Álamo, ese rio que luego de pasar la laguna de la Janda, cerca de Veger de la Frontera, tributa sus aguas al Atlántico en las proximidades de Barbate, prestaba servicio el año de 1882, entre los carabineros en ella destacados, uno llamado Juan Martín, que, buen mozo, dedicaba las horas de asueto a galantear a las garridas mozas de Alcalá, importándole muy poco o nada que los mozos del pueblo vieran bien o vieran mal el que, imitando a las mariposas por su inconstancia en libar las flores, anduviese requebrando un día a una y otro a otra, estorbando quizá, con mucha frecuencia, las intenciones de ellos.

      Este infernal proceder con las mujeres, había hecho a Martín enemistarse con varios hombres del pueblo, entre los que sobre todo dos, no le perdonaban las ofensas inferidas. Uno, llamado Antonio, por ser hermano de moza que aquel desdeñó, hembra a quien tan mal había sentado el desvío del inconstante carabinero, que hasta llegó a estar enferma de gravedad por tal causa. Otro, conocido por el Chano, era amante burlado, a quien Martín, con ese don especial que para enamorar mujeres le había dado Dios, quitó la novia, consiguiendo entrar en relaciones con ella, después que hubo calabaceado al paisano.

     Estos dos eran, entre todos, los enemigos más irreconocibles que Martín tenía en el pueblo, y que ni en público ni en privado, se ocultaban nunca para demostrar su malquerencia hacia el afortunado galán; cosa que había motivado entre ellos algunas cuestiones que, afortunadamente, hasta entonces no habían tenido mal resultado, pero que se creía en el pueblo le podrían tener, pues ni el hermano olvidaba la mala acción hecha con la hermana querida, ni mucho menos el burlado dejaba de pensar en tomar venganza por el ridículo en que Martin le había dejado; ridículo que le hacía ser blanco de bromas y cuchufletas en el pueblo, que le proporcionaba mas de una cuestión con los mozos de él, y que era causa de que desde entonces anduviera maquinando planes contra el militar, por no poder resignarse a dejar sin castigo al osado.

Uniformes de Carabineros en 1899
(http://miniaturasmilitaresalfonscanovas.blogspot.com.es)

      Ambos rivales de Martín tenían cualidades opuestas, pues mientras Antonio era noble y honrado, en el Chano, la venganza, la ruindad y otras bajas pasiones, se dejaban notar apenas se le trataba.

      Daba también la casualidad, favorable esta a Martín, de que sus dos rivales eran jugadores, algo Antonio y mucho Chano, y que por cosas del juego existían antiguos resentimientos entre ellos, que si ya habían sido olvidados por el noble corazón del primero, recordábalos con frecuencia, y nunca para nada bueno, el segundo, en cuyo pecho empedernido no cabía la dulce satisfacción del perdonar, ni menos aun la de olvidar. De no haber estado enemistados ambos y haber, en cambio, tenido Antonio las criminales intenciones del Chano, a buen seguro que el carabinero lo pasara mal.

     Así las cosas, un suceso inesperado vino a encarnizar mas el odio, pues odio era y no mal querencia el que Chano sentía por Martín.

      El suceso fue la llegada al pueblo de una forastera, hija de honrados pescadores de Conil, que iban a Alcalá, donde en casa de una tía buscaba alivio a cruel enfermedad del pecho que padecía.

     Llamábase la tal María del Carmen, y era una hermosa rubia, de grandes y rasgados ojos azules, de estatura más que regular, fino talle y a la que sentaban muy bien, aun cuando fuer mala señal para su salud, la plácida dejadez, el blanco color de sus hermosos ojos que circundaban grandes ojeras y esos otros mil detalles que, aun cuando son obra de la enfermedad que aquella desgraciada comenzaba a padecer, hacían de ella una verdadera belleza con cara ideal atrayente, de las que, como dicen en el país, tienen ángel.

     La hermosa María del Carmen iba buscando su curación en el aire puro de los alrededores de Alcalá, poblados de salutíferos pinos, por lo que diariamente salía de paseo al campo. En una de esas excursiones, efectuada a los pocos días de su llegada al pueblo, tuvo Chano la suerte de verla, quedándose prendado de mujer tan gentil y pensando al momento declararle su amor. Esto hizo, si no olvidar, porque en él no era eso posible, los planes de venganza que contra Martín fraguaba su cabeza, llevada en aquel asunto por el amor propio herido, al menos dedicar a combinarla tiempo más pequeño, por tener que invertir el de que disponía en el nuevo amor que su corazón había sentido.


En una de esas excursiones, efectuada a los pocos días de su llegada al pueblo,
tuvo Chano la suerte de verla

      Poniendo en práctica tales propósitos, paseaba ante la casa de la forastera la tarde del día siguiente al en que la conoció y en ocasión en que ella se hallaba sentada en uno de los típicos cierres andaluces que el edifico tenia, cuando quiso su mala estrella que acertara a pasar por allí el carabinero Juan Martín, quien al ver a María del Carmen, y quizá sin haberse fijado en Chano o quizá también a propio intento por haberle visto, parose ante el cierre y se puso a requebrar a la joven con la gracia y el donaire que es fama tenía para hacerlo.

     Al ver Chano desde la acera de enfrente a la casa por la que se encontraba paseando, lo que Martín ejecutaba, subiósele la sangre a la cabeza, tomólo como cartel de desafío que el militar le lanzaba , y ciego y tembloroso por la ira, con paso precipitado dirigióse hacia el carabinero, lanzándole insultos y ofensas tales, que éste no tuvo más remedio que vengar allí mismo, ante la hermosa María del Carmen, que huyó despavorida al interior de la casa, cuando vio a los dos hombres empezar a reñir.

      Llevó el militar la mejor parte en la pelea, porque era más fuerte o más diestro, y retirose Chano maltrecho y dolorido, llevando en la cara evidentes señales de haberse en ella posado más de una mano de su rival, jurando en su interior tomar terrible venganza de la humillación que ante María del Carmen había sufrido.

      Desde allí se dirigió a una taberna próxima, metiose solo en uno de esos cuartuchos, que cerrados por cuatro paredes de madera tienen las tiendas de vinos andaluces, mandó le sirviesen media docena de cañas de olorosa manzanilla y con los codos apoyados en la mesa, la cabeza entre las manos y mirando estúpidamente al blanco vino quedose meditabundo a tiempo que el mozo que le había servido salía cerrando tras si la puerta.

     No menos de dos horas pasaron, cuando ya de noche, salía dando traspiés de la taberna y se dirigía a su casa. El plan de venganza estaba concebido, y ésta había de ser terri­ble, á juzgar por la criminal alegría que de­notaba su idiota cara de borracho. ¡Terrible iba a ser en verdad! Chano no mataría a Martín; una puñalada en el corazón o un tiro en la cabeza vengan toda ofensa instantánea­mente, mas no hacen padecer. Mejor que eso era matar al otro rival, al hermano de la que Martín burló, y hacer creer en el pueblo que lo había matado el carabinero; así, al pro­pio tiempo que en Antonio vengaba resenti­mientos antiguos, vería a quien le había hu­millado ante una mujer en la cárcel, primero; en el presidio, después, y quizá más tarde en el patíbulo. ¡Eso, eso era venganza! no el tiro á la puñalada, decía el borracho, con la tartamudez que el vino ponía en su lengua.

     A los dos días de esto, y con arreglo al plan que concibiera, el Chano estaba en su casa vestido con traje de carabinero y esperando algo con marcada impaciencia, que claramente daba a entender por los grandes paseos con que recorría la estancia en que se hallaba, por su estado nervioso, lo mucho que miraba a hora en un gran reloj de caja que frente a la puerta de entrada había y la frecuencia con que dirigía miradas á la calle, por la re­ja de la habitación.

     Pasados unos momentos, entró en ella un chicuelo desarrapado y sucio entregándole un papel que leyó con ansia, y luego que hu­bo terminado la lectura, dió un recado al re­cién llegado; pero en voz tan baja, que sólo aquél a quien se dirigía pudo oír. Después, el chicuelo salió a buen paso y el Chano cogió una faca que estaba guardada en el cajón de una vieja y desvencijada mesa de pino de cuatro patas; la guardó en uno de sus bol­sillos, no sin cerciorarse andes de que salía de la vaina con facilidad y de que estaba bien afilada, cosa esta última que probó cortando con ella un papel en el aire, y tomando pre­cauciones para no ser visto ni conocido, salió bien tapada la cara con una manta de las que entonces usaban los carabineros para el servicio, por una puerta trasera que la casa te­nia, y que daba á las afueras del pueblo.

 
   Por una mala senducha que, casi paralela al rio Alhama y a pocos metros de él, conduce de Barbate a Álcala de los Gazules, caminaba hacia esta última ciudad, la misma tarde en que Chano salió de su casa par la puerta tra­sera, el carabinero Juan Martín, al regresar del servicio de vigilancia que por tal camino le habla tocado practicar aquel día. Su andar era ligero, pues el atardecer comenzaba, in­dicando con sus penumbras que el sorteo del servicio nocturno a que Martín debía concu­rrir, iba a comenzar, cuando al pasar por fren­te á un molino que estaba abandonado y rui­noso, percibió voces de hombres, rumor de lucha, algo extraño, en fin, llegó a sus oídos, que le hizo pararse, escuchar unos momentos y dirigir la mirada hacia el sitio donde debía estar aquello que en otro tiempo había sido molino, y de cuyo sitio parecían llegar los ruidos. Por más que miró, nada le fue posible descubrir, porque las ruinas del edificio que buscaba quedaban a su vista ocultas por el arbolado que entre aquél y el camino existía; mas el oído del soldado percibió claramente en aquel momento un ¡¡Dios mio!! quedan­do luego todo en silencio.

      Comprendiendo Martín que algo grave su­cedía hacia el molino, dirigiose a él seguida­mente, no sin tomar antes la precaución de preparar sus armas; entró en la espesura da árboles cautelosamente y mirando a todos lados para poder descubrir a quien había lanzado la exclamación, y así llegó a dar vista a un costado del edificio, delante del cual había una pequeña plazoleta limpia de árboles. Horrorizado quedó el bravo militar al ver en ella á dos hombres en tierra y á otro, que era carabinero á juzgar por el tra­je que vestía, y que vuelto de espaldas á Martín, hundía en aquel momento mismo su cuchillo en el pecho de uno de los caídos; mas dándose cuenta de lo que allí estaba pa­sando, rápidamente echóse el fusil a la cara y mandó al cobarde que apuñalaba á quien no podía defenderse cesara en su vil acción y se tendiera en tierra boca abajo, si no quería morir allí mismo, de igual modo que es­taba él matando.

      Imposible narrar la sorpresa y la estupefacción que en Chano, pues él era el asesino, produjo la presencia de Martin, á quien na­turalmente conoció al volver la cabeza para enterarse de quien era el que le había sor­prendido; tan grande fue, que se quedó en la misma posición que estaba en cuclillas, sin saber qué hacer, ni mucho menos darse cuen­ta de lo que sucedía. El carabinero también se sorprendió grandemente al ver a Chano en aquel traje y de aquel modo, pero se re­puso en seguida, notó la sorpresa y la estu­pefacción que claramente retrataba en su semblante el falso carabinero, y compren­diendo no debía perder un momento si había de coger al asesino sin que hubiera resisten­cia, le intimó nuevamente a que se tendie­se en tierra, cosa que aquél hizo inconscien­temente, sin saber la significación que para él tenia la acción que ejecutaba. Al verle en tierra Martin se dirigió a él rápidamente y echándose encima, le ató con fuerza los bra­zos detrás de la espalda con el cinto que usa­ba para sujetarse los pantalones, y que a propio intento, se quitó antes de acercarse a él; ayudole a ponerse en pie, recogió su fusil que había dejado en el suelo a pocos pasos de allí, se acercó a los caídos, en uno de los cuales reconoció a Antonio, observó que no necesitaban de su auxilio, porque desgracia­damente estaban muertos, y ordenó al criminal Chano tomase el camino al pueblo, a cuya autoridad le entregó poco después, dan­do al mismo tiempo cuenta de lo que había visto y hecho.

      Al caminar Chano seguido del carabinero y darse cuenta de todo lo sucedido, por su boca salía blanco espumarajo, que no podía contener, a pesar de los grandes esfuerzos que para ello hacia; sus ojos iban inyectos en sangre; su garganta lanzaba apagados gritos o balbucía incoherentes , pues a ambas cosas se asemejaban los ruidos que de ella salían, y en todo su ser se marcaba la profunda ira que le dominaba al ver lo mal que su plan había salido, y sobre todo el ha­ber sido Martín, a quien él pensaba achacar su crimen, quien precisamente le había des­cubierto.

      ¿Qué pasó en la plazoleta del vetusto molino? Pocos días después lo relataba Chano en la cárcel de Sevilla al abogado que se había encargado de su defensa. Decía así:

     Antonio, creyendo que le citaba Juan Martín, había acudido a ella poco antes del atardecer, como la cita demandaba; al llegar, Chano, que le esperaba vestido de carabinero, sin darle tiempo a defenderé, le apuñaló hasta verle caer muerto a sus pies. Cuando el desgraciado Antonio se desplomaba en tierra, un pobre hombre, un viejo leñador que venía cargado con un haz y en dirección al río, sin duda para saciar la sed que el trabajo y la fatiga de la pesada carga le producían, se presentó en la plazoleta. Quedó el recién llegado mudo de terror y de espanto ante aquel sangriento cuadro, y yo – decía Chano a su defensor – al ver aquel testigo de mi crimen, comprendiendo lo expuesto que para el logro de mis planes era una delación que el viejo podría hacer y, seguramente hubiera hecho, lo maté también, pensando que así sería mas grande y mas terrible el castigo que luego impondrían al odioso Martín.

      ¡¡Y pensando en su cobarde venganza, dejándose llevar de sus criminales propósitos y loco ya, cual fiera terrible del desierto, por la vista de la roja sangre que el cuerpo del infeliz Antonio derramaba, hundió su faca, tinta aun en ella, en la garganta del indefenso viejo!!

     Después, su mala suerte, según el criminal decía, hizo que se presentase el carabinero Martín, cuando precisamente al acabar de matar al viejo, clavaba la faca en el pecho de su primera víctima, porque en sus cálculos entraba el dejarla así, contando, entre otras falsas pruebas que había preparado para realizar su venganza, con que el arma tenía grabadas en su hoja las iniciales del carabinero.”

NOTAS

(1) "La Correspondencia militar". Año XXXIV nº 9992 página. 2 Edición del viernes 9 de septiembre de 1910.



viernes, 5 de julio de 2013

Restos arqueológicos alcalaínos (II)


     Al presentar el conjunto precedente hablábamos de su proximidad a la cañada de Piedra Hincá, lugar también interesante, ya que en la misma se encontraron restos de una calzada romana, probablemente la que nos uniría con Baelo y Tarifa y junto a la calzada otros restos que denotan la existencia de una Quinta" o "Mansio" romana. Los restos, hoy desaparecidos, fueron sillares, tégulas, un pódium de base cuadrada con 40 cms. de altura y un hueco circular en el centro, señal manifiesta de haber tenido una piedra conmemorativa, así como monedas libio-fenicias, que se encuentran también en la mesa de Esparragal y otros puntos de nuestro término. Son monedas de valor local dentro de un círculo comercial, emitidas generalmente en poblaciones púnicas en las que luego se establecieron los romanos, de ahí que estén escritas en caracteres libio-fenicios, pero acompañadas de palabras latinas que son las que las identifican. 


     Aparte de estas monedas, de esta Quinta romana sólo se conserva el brocal de un Aljibe y ello "gracias" a que un particular lo trasladó desde su lugar original al jardín de un chalet de su propiedad. 

     Esta calzada de Piedra Hincá, hoy cubierta de tierra, vendría a unirse con el tramo existente en las inmediaciones de nuestro núcleo urbano, junto al valle del arroyo de Lerma, de la que pueden apreciarse 3 fragmentos considerables, uno de ellos de 50 metros. (Recientemente hemos tenido conocimiento de la existencia, que aún no hemos probado, de otros fragmentos de calzada en las inmediaciones de la carretera que nos une con Paterna; no olvidemos que el Prado existen restos de un Puente Romano). Estos fragmentos formarían parte del tramo que cubría el espacio entre la actual Alcalá y la Mesa del Esparragal, yacimiento situado a 17 Kms. de Alcalá próximo a la carretera con San José del Valle. 

      Algunos autores lo identifican con la población de "LASCUTA" citada por Plinio en su "Naturalis Historia" y se cree que es Lascuta, porque en la zona aparecen multitud de monedas de las mencionadas Libio-Fenicias, lo que nos indica un poblamiento prerromano, y con la particularidad de que antes de la conquista Romana de la zona, aparece ya en dichas monedas el nombre de "Lascut". 


     Plinio nos dice que esta población era tributaria de Roma, es decir no sometida voluntariamente. Bajo la dominación romana debió ser un gran núcleo de población puesto que aún hoy, en la explanada que circunda a la torre se aprecia perfectamente un gran poblado romano, con un muro de más de 1 Km. de largo, al sur del cual se extienden en cuadrículas, calles y restos de construcciones. 

     En la zona son frecuentes los montones de piedras, pero también es fácil encontrar restos cerámicos, trozos de cornisas labradas, etc. 

       Con la decadencia romana la zona se convierte en un centro de población cristiana; es el momento en que se construye la actual Torre gótico-mudéjar, para la que se emplean los restos romanos, así para los flancos emplean sillares perfectamente labrados e incluso pedestales romanos como el que se puede apreciar en el flanco sur. 

      La actual torre tiene tres cuerpos, unos 16 mts. de altura y una base casi cuadrada de aproximadamente 8 mts. por lado. 


      En su interior son frecuentes los arcos, realizados con ladrillos cerámicos de módulo medieval, así se pueden apreciar en los huecos de ventanas y en las puertas de acceso a los tramos de escalera, pero no en la puerta de entrada, para la que reemplearon como jambas y dintel grandes sillares de piedra romanos. 

      En la construcción de techos recurren a las bóvedas apoyadas sobre trompas, elementos edilicios que resuelven también empleando ladrillos cerámicos. 

      En las inmediaciones de la torre y en el lugar conocido como "Fuente Pilas" encontramos una sepultura sarcófago de 1'5 metros de largo por 0'5 de ancho, así como parte de la pieza que debió cubrirla y que hoy conservamos en la casa del Cabildo. 



      Antes de pasar a otros restos medievales, conviene hacer mención del que quizás sea el resto romano más importante encontrado en nuestro término; el conocido como BRONCE DE LASCUTA que en 1867 encontraran unos carboneros y que por mediación de cónsul belga pasara al museo del Louvre, donde hoy se conserva, aunque recientemente se ha obtenido una copia que se encuentra en nuestro Ayuntamiento. 

     Dicho bronce, aparecido a unos 6 Kms. de Alcalá en dirección N.E. está considerado como la primera inscripción romana de España, datada en el 189 antes de Cristo y escrito en un latín muy arcaico. 

     Su interpretación según recoge en el tomo II de la Historia de España de Menéndez Pidal, es la siguiente: 

     "El General Lucio Emilio, hijo de Lucio, decretó de los siervos de Hasta, aquellos que habitasen en la Torre de láscuta, sean libres y mandó que también puedan poseer y tener el campo y la casa que en aquel tiempo poseyesen, mientras el Senado y el Pueblo Romano lo quisieren. Hecho en los campamentos el doce de las Kalendas de Febrero” (19 de Enero del año 565 de la fundación de Roma). 


      Lo interesante ahora será localizar esta torre de láscuta, que para algunos autores no es Láscuta, sino un pobladito dependiente de ésta y que sitúan en el actual Alcalá o sus inmediaciones. 

     Como ya anticipábamos antes, en el término alcalaíno existen una gran profusión de tumbas, de las que quizás las más abundantes sean las excavadas en la roca, bien aprovechando una especie de laja o bien piedras sueltas, y con la particularidad de que la tarea de realizar estas sepulturas no les debió resultar difícil a sus ejecutores en tanto que el material sobre el que actuaban eran las "areniscas del Aljibe", piedras muy aptas para ser trabajadas. 

      Respecto a estas tumbas puede decirse que no hay ningún indicio en textos antiguos (latinos o árabes) que nos permita una datación correcta. Científicamente se les quiere atribuir un origen visigodo, por su semejanza con las tumbas antropomorfas del noreste de España, del tipo llamado "Olerdolano", que han sido datadas en los siglos X y XI, pero esto no se puede admitir de modo tajante, habida cuenta de que las hay prehistóricas, en tanto que asociadas a pinturas, cual es el caso de las del Cermeño, pero también se conocen otras perfectamente datables al disponerse de elementos de su ajuar, como las de Mogea Escobar, de las que conservamos una anforita cerámica visigoda (de similares características a las del ajuar de los enterramientos de la Ermita de los Santos Nuevos). 

      Ahora bien, la gran cantidad de tumbas existentes en nuestro término (razón por la cual, según Marcos Ramos, a una de las Sierras de la zona se le da el nombre de "Sierra Momia" (3) y atendiendo a la diversidad de tipologías, todavía es posible establecer un tercer grupo, como lo hace Marcos Ramos en su "Historia de Alcalá", pese a que en su obra no estudia este tipo de restos arqueológicos, Para este autor los 3 grupos son: 

a.- Antiguas (prehistóricas), que como queda dicho serían las del Cermeño. 

b.- Visigodas, serían las de forma rectangular; en este grupo tendríamos que incluir las 2 tumbas de la Dehesa de las Yeguas (más anchas por el centro que por la cabeza y pies) y las 21 de "Tajo Garabito" en Alberite, que se encuentran todas en la misma laja y con similares características a las de las Yeguas, además de las ya citadas de Mogea Escobar. 

c.- Cristianas tardomedievales, tienen forma de ataúd, es decir, antropomorfas. En este grupo incluiríamos las del Lario, Peralta. Sepultura, etc 

      Ahora bien, las tumbas anteriormente enumeradas son sólo un exponente de las muchas existentes, y a las que nos dedicaremos entre otros trabajos en la presente edición del Aula Municipal de Historia, con cuyas fotografías, además de los objetos que hay dispersos pretendemos recoger, a fin de constituir un pequeño museo de historia local. 



NOTAS 

(3) RAMOS ROMERO, Marcos. Alcalá de los Gazules. Diputación de Cádiz, Cádiz. 1983, pp. 137 141.

viernes, 28 de junio de 2013

Pinceladas de Historia: Las reliquias de los Santos Mártires


Las reliquias de los Santos Mártires 


Ismael Almagro Montes de Oca 

     Hace poco recuperábamos un artículo de Ramón Corzo Sánchez sobre la ermita visigoda de los Santos Nuevos y la aparición en 1800 del pedestal que se conserva en la Parroquia. En dicho artículo, el autor daba una serie de razones por la cual el acontecimiento cayó en el olvido tan pronto, a pesar del lógico revuelo que se formó en el pueblo tras conocerse la noticia de la aparición de los huesos. Una de ellas era la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la zona, por la que murieron en Alcalá más de 800 personas y que paralizó completamente la vida cotidiana en el pueblo, por lo que es lógico pensar que el hallazgo no se considerase un asunto urgente, puesto que  había otras necesidades más urgentes que cubrir. 

      Por otro lado, cabe pensar que  las autoridades, incluidas las religiosas, no estarían muy interesadas en que, en aquellas circunstancias, el lugar se convirtiera en lugar de peregrinación en busca del milagro que los salvara de la epidemia, máxime cuando no se podía ni entrar ni salir del pueblo por el cordón sanitario establecido para evitar la propagación del mal. 

     Pero quizás la causa que más se ajustase a la realidad fuese que el cabildo gaditano no viese con buenos ojos “que en otra localidad se conservaran prendas de mayor significación relacionadas con los Santos Patronos que las que tenía la propia capital”, máxime cuando apenas 2 años antes el canónigo Magistral de la Santa Iglesia Catedral de Cádiz había escrito una Historia sobre los Patronos gaditanos.




     Ramón Corzo aseguraba que “la autoridad eclesiástica tuvo buen cuidado de negar rotundamente que pudiera tratarse de los restos de San Servando y San Germán”, a pesar de que “el cráneo conservado en Alcalá puede ser actualmente la reliquia de un mártir cristiano más segura que se conserve en todas las iglesias de España. Corresponda o no a San Servando, se trata de un personaje muerto con violencia y al que se reservó el lugar preferente en una iglesia edificada a los pocos siglos del fallecimiento de estos mártires, cuando la tradición ininterrumpida de los cristianos de entonces aún podía señalar con exactitud tanto los auténticos restos como el lugar exacto del martirio.” 

      Aceptar que los restos encontrados fueran los de San Servando y San Germán restaba credibilidad a la localización (sin ninguna base) del Pago Ursiniano en el Cerro de los Mártires. 

      Como bien indica Corzo en una nota del citado artículo, los huesos fueron depositados en un relicario en la Parroquia junto al pedestal, que el obispo Arriete en 1869 ordenó adecentar, tal como consta en una inscripción, aunque “no se indica un reconocimiento oficial de las reliquias.” 

   
      Puede que nunca se hiciera ese reconocimiento oficial, pero el propio obispo Arriete y Llanos, estando de visita pastoral, además de adornar el relicario, el día 8 de agosto de dicho año ordenó que las reliquias fuesen expuestas al público siendo veneradas por los fieles, dejando recogido en el libro de Visitas de la Parroquia que todos los años, el segundo domingo del mes de agosto, se sacasen los huesos y se les rindiera veneración: 

     “7º Como el Sr. nos ha concedido el consuelo de ver i examinar por Nos en la visita parroquial los restos venerables que por antigua tradición de esta villa se conservan en la taquilla al lado derecho exterior del coro junto a la lápida que según la misma tradición las cubria, hemos querido que se adornase i compusiese la expresada taquilla, que se forrasen las cajas que los contienen, para que después de ponerlos a la vista i veneración de los fieles en la mañana del dia 8 de agosto del presente año de mil ochocientos sesenta i nueve, se conservasen en adelante con el mismo empeño, a cuyo fin dirigimos la palabra a un gran concurso de fieles. Queremos por tanto que todos los años en la misma dominica segunda de Agosto se descubran i alumbren en la misma forma i con la misma vigilancia con que se ha hecho en la Sta Visita” (1) 


      Suponemos que en los años siguientes se siguió cumpliendo con el mandato del obispo, pues este prelado repite visita pastoral en 1877 y es lógico pensar que si se hubiese desobedecido su orden lo hubiera hecho constar, pues los obispos solían leer las anotaciones anteriores del libro de Visitas antes de escribir sus mandatos. 

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NOTAS 

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viernes, 21 de junio de 2013

El Patrimonio arquitectónico alcalaíno (IV)



IX.- La Casa Diáñez. 

     Aunque desconocemos el devenir histórico de las dos fincas particulares en que quedó dividido todo el frente oeste de la Plaza de San Jorge, parece que una de ellas, que bien pudiera ser la que hoy conocemos como “Casa Diañez” (2) siguió siendo considerada largo tiempo como “palacio” según se desprende de la expresión “el palacio episcopal de nuestra morada” que en 1679 consignaba el Obispo, en el Libro de Visitas Pastorales de la Parroquia de San Jorge. 

     Y decimos que bien pudiera ser porque la considerada por diversos autores como “Casa Señorial” de estilo “Barroco” ubicada en el número 4 de la Plaza de San Jorge en la estructura en que hoy la conocemos data aproximadamente de dicha fecha aunque luego sufriese una remodelación de su fachada que podemos datar en el siglo XVIII. 

     Este “Caserón” construido como “Mansión Principal de la familia de los Estrada”, aunque luego se adaptase a Posada y más tarde se fragmentase en diferentes viviendas para miembros de una misma familia, puede preciarse de ser el único edificio doméstico del siglo XVII que se conserva inalterado en todo el conjunto de Alcalá en lo que a tipología, alzados, patio, huecos, cerrajería y materiales se refiere, habiendo sido restaurado recientemente.



X.- Santo Domingo 

     Lo que hoy queda de la Iglesia de Santo Domingo, que es sólo una parte de aquella primitiva que se derrumbó, por causas que desconocemos, en una fecha imprecisa del siglo XVIII, junto con el claustro con el que formaba un gran complejo religioso bajo la denominación de “Convento de las Sagradas Llagas y Santo Domingo” y que abarcaba lo que hoy es la margen derecha de la calle Santo Domingo, parte del Paseo La Playa (toda la zona de la Plaza de Toros), la calle Sánchez Flores, Patio Campanas (que toma su nombre precisamente por ser el patio de Campanas del Convento), calle Real (en su margen izquierda, desde el patio campanas hasta la farmacia de Galán) y la calle Marqués de Tarifa, sin contar todo lo que hoy es el Mercado de Abastos, que en origen era el atrio o compás del convento, de ahí que popularmente a la iglesia de Santo Domingo le llamemos “El compás”. 

     Aunque hay autores que afirman que fue erigida el 26 de Julio de 1498, lo cierto es que los dominicos no aceptaron fundar en Alcalá hasta 1506, así como que la fundación se costeó con 8000 ducados que D. Francisco Enríquez de Ribera, según testamento otorgado en Alcalá el mismo día de su muerte, el 8 de febrero de 1507, dispuso se entregasen a los dominicos para tal fin, si bien su hermano y sucesor no los entregaría hasta 1509, aún más, hasta 1511 no se encargaría la construcción del convento a Fray Alberto Aguayo, quién parece ser que durante su estancia aquí en Alcalá estuvo más dedicado a la traducción al castellano de la filosofía de Boecio, que a la obra, en estilo gótico-tardío, del convento en sí. 


     Si bien Santo Domingo, como todos los conventos dominicos funcionó como casa de estudios tanto para sus frailes (20 fueron los del convento alcalaíno en su mejor época) como para los clérigos del lugar, tampoco podemos dejar de reseñar el hecho de que nuestro convento en particular y durante los primeros años del siglo XVII actuase también como “Studia Generalia” o Casa noviciado para la formación de futuros frailes no ya de la región sino extranjeros y muy particularmente ingleses e irlandeses que llegaban a nuestro país huyendo de las persecuciones religiosas que Cronwell estaba llevando a cabo en las islas británicas. Con todo, tampoco podemos olvidar que nuestro convento era, sobre todo, un centro abierto a la sociedad en que se hallaba y que por ello fueron muchos los seglares alcalaínos y de la comarca los que aprovecharon la oportunidad, única en su época, de aprender y acceder a la cultura, y entre ellos hemos de citar muy particularmente a San Juan de Ribera quién, como otros tantos alcalaínos, aprendió las primeras letras aquí. 

     Pero, aparte de centro de cultura, nuestro convento fue también cárcel bien para sus propios frailes como Fray Domingo de Valtanás a quién la inquisición condenó injustamente en el siglo XVI por defender “herejías”, bien para políticos como Quiroga quién preso en nuestro convento por su participación en los sucesos del Palmar del Puerto preparó aquí el levantamiento que dio origen al Trienio Liberal (1820-1823). 

     Desamortizado en 1836, el templo pasó a la Iglesia diocesana al tiempo que el resto del convento era vendido en pública subasta para pasar a distintas manos privadas que tras fragmentarlo terminaron convirtiéndolo en viviendas. Mientras tanto y aunque bastante deteriorado el templo siguió abierto al culto de forma ocasional hasta los años 20 del siglo XX para luego pasar a servir con distintos usos hasta que a fines de los años ochenta pasó a la propiedad municipal que lo está restaurando con destino a centro cultural. 

     El templo actual consta de una sola nave central y ocho capillas laterales,- que ocupan una superficie de 20,60 m. de largo por 8,00 m. de ancho-, que se remata por una falsa bóveda de cañón con insinuación de arcos fajones y lunetos, de estilo barroco y muy posterior a la época de construcción de la Iglesia, que oculta las vigas y tablas que sustentaban la cubierta de tejas. A los pies de la nave central existió un coro sobre artesonado de cedro, apoyado sobre dos columnas de orden toscano, -que siguen en la Iglesia como única muestra visible de la existencia de aquel-, puesto que fue desmantelado por el comprador que en 1978 adquirió la Iglesia al obispado y que terminó vendiendo el extraordinario artesonado a una sala de fiestas de Puerto Banús (Marbella). 

   
     En su cabecera, el edificio se cierra con un muro construido con restos del mismo derrumbe que la arruinó como Iglesia: piedras trabajadas, tambores de columnas, molduras de impostas y restos de las nervaduras de las bóvedas; de modo que si bien hoy presenta planta de salón, originariamente no presentaba dicha planta sino otra de cruz latina. Se cubre con bóveda de cañón con lunetos en la nave, presentando algunas capillas bóvedas de crucería simple, y otras, bóvedas vahídas, conservando restos de yesería renacentistas y barrocas al exterior. La cubrición tanto de la nave central como de las capillas laterales es de teja sobre vigas de madera y por tabla a dos aguas. 

     A ambos lados de la nave central existen en la actualidad una serie de capillas, intercomunicadas entre sí por pequeños pasillos, calados en los muros que las separan, y a las que se acceden desde la nave central mediante arcos apuntados, en algunos casos y por arcos de medio punto en otros. 

     Entre las imágenes y altares existentes en esta Iglesia y con independencia de algunas que salieron para templos dominicos de otros lugares, hemos de citar que en la Parroquia se conservan: la Virgen del Rosario de Martínez Montañés, la de las Lágrimas, los Cristos del Perdón y de la Columna, así como el retablo e imagen del Rosario que están hoy en la capilla del Sagrario . 



NOTAS: 

(2) Caserón ubicado en la parcela catastral 60.890-005 y marcado con el número 4 de la Plaza de San Jorge. 

     Constituye una Casa Señorial con estructura del XVII y remodelación del XVIII aunque estilísticamente tengamos que definirla como Barroca que presenta dos fachadas, una con tres plantas hacia la Plaza de San Jorge y otra con dos hacia la calle Las Monjas. 

     La descripción de dicha casa podría ser la siguiente: Composición de huecos con tres órdenes. P.B. Cierros; P. I. Balcones y P II. Barandillas. Patio interior porticado. Portada enmarcada con moldura y tejado alcalaíno. 


viernes, 14 de junio de 2013

Toros alcalaínos en la Maestranza de Sevilla


Ismael Almagro Montes de Oca

      La entrada de hoy bien podríamos catalogarla como "pincelada taurina" por su brevedad. Pero no deja por ello de ser menos  interesante puesto que pone de relieve la antigüedad de la vinculación entre Alcalá y el toro, animal que hace más de dos siglos era criado en ganaderías locales y  algunos de cuyos ejemplares  dieron muestra de su bravura  nada menos que en la mítica plaza sevillana.

      La plaza de toros de la Maestranza de Sevilla, una de las más importantes del mundo, era originalmente de madera, hasta que a partir de 1760 se emprende la construcción del edificio de fábrica, completándose su cerramiento total en 1881.

     Muy pocos años después, en 1784, varios toros que pastaban en los campos alcalaínos partirían para ser lidiados en el coso taurino sevillano. Así lo recogió el Marqués de Tablantes en sus “Anales de la Real Plaza de Toros de Sevilla”: 

“1784
Hé aquí la copia del cartel para las fiestas:
<<EN LAS CORRIDAS DE TOROS QUE EN VIR-
tud de Reales Privilegios executa anualmente la Real Maestranza de Cavalleria de esta Ciudad, y cuyas primeras fiestas tiene publicadas para los días 7 y 8 de Junio, se lidiará el Ganado de las Castas siguientes, para cuyo conocimiento sacarán estas DIVISAS

Los de la Sra. Doña Maria Antonia de Espinosa, de Arcos…………………….Negra
Los de las Sras. Ortices, de Alcalá de los Gazules………………………………….Celeste y Blanca” (1)


     Aunque no sería la única vez, antes de acabar el siglo XVIII,  que los toros alcalaínos pisaran el albero de la Maestranza ya que en 1796 serán las reses de D. Diego Manzano las que gozarán de tal privilegio:

“D. Diego Manzano, de Alcalá de los Gazules (encarnada y verde). 18 al 30 Abril de 1796.” (2)

Detalle de un exvoto relacionado con los toros
que se encuentra en el Santuario de Ntr. Sra. de los Santos

NOTAS

(1) “Anales de la Real Plaza de Toros de Sevilla 1730-1835 Por Ricardo de Rojas y Solís, Marqués de Tablantes, Conde del Sacro Imperio.” Sevilla 1917

(2) “El Arte en la Tauromaquia. Catálogo de la Exposición 1918.” Pág. 71.

martes, 11 de junio de 2013

Restos arqueológicos alcalaínos (I)


Artículo publicado en la Revista de Apuntes Históricos en 1989 con el subtitulo de
"Memorias del Aula Municipal de Historia"


Gabriel Almagro Montes de Oca

   
     En el verano de 1988 nuestro ayuntamiento puso en marcha un taller cultural denominado"Aula Municipal de Historia”. En la misma, al margen del trabajo de investigación de archivo, tuvimos ocasión de acercarnos a una serie de restos, prehistóricos o no, que se encuentran dispersos a lo largo y ancho de muestro término, en la mayoría de los casos en lugares de difícil acceso. Por supuesto, no visitamos todos los existentes. Nuestras visitas se centraron en aquellos lugares de los que teníamos, o tuvimos en aquel momento, noticias. A ellos nos referimos a continuación, como una ligera muestra de los múltiples restos de nuestro término, que en sucesivas ediciones del aula pretendemos estudiar.

      En Alcalá los restos más antiguos encontrados Son útiles de piedra pertenecientes al achalense o segundo periodo del Paleolítico inferior. 

      Son hechas de cuarcita arenisca labradas por una sola cara. Igualmente se han encontrado restos del musteriense datados del 140.000 al 40.000 a. C. 

      Sin embargo, nosotros sólo hemos tenido acceso a otras más evolucionadas y ya pulimentadas pertenecientes al Neolítico o primer Bronce, y que proceden de las zonas de las Porquerizas y las Correderas. 

      De entre las obras de los pueblos prehistóricos destaca la “Laja de los Hierros'', que tambien visitamos. Esta laja ha sido objeto de varios estudios, algunos de los cuales publicados en este libreto Sin embargo, creemos que hasta hoy no se ha efectuado ninguno a la luz de las últimas investigaciones en la materia, tarea que deberán afrontar los estudiosos del arte prehistórico cuanto antes, en tanto que por día el estado de erosión e mayor. Esta laja fue “descubierta” en 1913 por Cabré y Hernández Pacheco, que fueron quienes dieron razón de su naturaleza, puesto que hasta entonces nuestros vecinos la consideraron como un registro de los hierros de las ganaderías de la zona. 

Hernández Pacheco en la Laja de los Hierros en 1913

      La laja tiene una extensión superficial de aproximadamente 50 m. divididos en dos partes: la superior, inclinada, y la inferior, casi horizontal. Según los estudiosos, sus autores fueron pueblos pastores, influenciados por los colonizadores mediterráneos, ya neolíticos y se preocuparon de la conservación de los mismos, como lo demuestra el hecho de que labraran canales para que corrieran las aguas, y escalones para acceder a la parte superior, con objeto de que ni el agua ni el pie humano dañasen los signos. 

      Los grabados guardan semejanzas con pinturas neolíticas y grabados similares de las provincias catalanas, Soria, Guadalajara Y Teruel, así como con otros del mediterráneo oriental realizados sobre tabletas de barro cocido, que estudiados por Sir Arthur Evans, se publicaron bajo el título de “Scripta Minoa”. Nosotros, por nuestra parte, procedemos a estudiar dichos signos en base a los esquemas que Uwe y Uta Topper presentan en su libro "Arte Rupestre en la provincia de Cádiz" y encontramos los que denominan antropomorfos, derivados de antropomorfos, antropomorfos masculinos y femeninos, jefes, estandartes, momias , pastores, agua o lluvia, signos cósmicos, signos de fertilidad masculina y femenina, cabras, rebaños, águilas y otros de difícil determinación. 


     Próxima a la Laja de los Hierros en la finca conocida como los Aguijones, sobre una gran laja encontramos unas estructuras pétreas de gran tamaño similares a dornillos o cazuelas. Puestos a buscar referencias de objetos similares en bibliografías no hemos encontrado nada, por lo que para nosotros su funcionalidad o finalidad sigue siendo un enigma, aunque está claro que son obra de la mano del hombre puesto que no hemos encontrado una sino tres (una de ellas fragmentada). No podemos afirmar que sean prehistóricos, pero sí es cierto que se sitúan en una zona de múltiples cuevas y pobladas desde antiguo. Quizás estas piedras curiosas sean un exponente más de la Cultura prehistórica de esta zona de la Janda. 

      Y sin salir de las proximidades de la carretera que nos une con Benalup, en la finca "el Cermeño" y muy cerca de la cañada de Piedra Hincá, nos encontramos un cerro de los que llamamos "areniscas del aljibe", que nos ofrece 2 conjuntos muy interesantes, de un lado, en su parte superior encontramos un conjunto de 27 tumbas excavadas en la roca, y de otro, en su parte inferior existen una serie de abrigos o covachas de poca profundidad, de fácil acceso y con condiciones de habitabilidad, de las que en tres se conservan pinturas rupestres. 

      Hasta ahora se desconocía la existencia de pinturas rupestres en nuestro término, aunque era previsible ya que las hay en los términos que nos circundan: Medina, Los Barrios, Jimena y Jerez, sin olvidarnos de mencionar el cercano núcleo de Benalup donde se localiza el conjunto más importante. 

      Estas pinturas en su temática reflejan los sencillos ideales de los hombres primitivos: la caza y la reproducción. Se trata de unas pinturas esquemáticas de tendencia naturalista, con unas características propias, lo que ha hecho que desde 1988 a las pinturas de la zona de la Janda y para diferenciarlas de las del resto del país se les denomine "Arte del Tajo de las Figuras". Tomando el nombre de la cueva más representativa e importante de la zona. 

     Las pinturas encontradas hasta ahora en nuestro término son 3 y se encuentran muy degradadas tanto por la misma naturaleza de la roca, que se erosiona fácilmente, así como por estar expuestas a las inclemencias del tiempo y a la acción antrópica. 

      De las 3, una de ellas es una mera sucesión de puntos, otra un signo y la tercera un animal lleno de vida y realismo, tal vez un ciervo o corzo. 

     Respecto a la que hemos llamado "sucesión de puntos", y para la que en principio no encontrábamos explicación, hoy creemos con Topper (1) que al tener las pinturas un valor sagrado, emparentado con ritos de fertilidad, el pintor no debía tirar los tintes una vez preparados, sino que tenía que aplicarlos lo más enteramente posible. Por ello realiza estos puntos (alineados) sin significación obvia al lado de las pinturas bien ejecutadas. 

      La que interpretamos como un signo bien pudiera figurar un nido o una cabaña. 

      El animal, la mejor de las tres, se trata probablemente de un ciervo, el animal de mayor importancia para los hombres de la época puesto que se había convertido en imagen de la deidad de la fertilidad y por ello no se le podía cazar. 

     Para la datación cronológica de las pinturas de estas covachas nos basamos en la que suele hacerse de las del relativamente cercano "Tajo de las Figuras" donde las pinturas en rojo, el color de las nuestras, se consideran como del Calcolítico o período inicial de la edad de los metales, que se da en Andalucía entre el III y II a. C. 

     Según Hernández Pacheco, el hombre primitivo pintó con óxido de hierro mezclado con una grasa animal, probablemente tuétano. Se deduce, pues, que el pigmento fue el mismo que se encuentra todavía en los alrededores de los abrigos, o sea, el ferro-oxido tan frecuente en las rocas areniscas. 

     En la parte superior de la roca se encuentra un conjunto de 27 tumbas, además de algunos agujeros redondeados, por todo lo cual nos acercamos a las reflexiones de Burkitt (2), para quien las pinturas tenían significación de tipo nupcial o funerario. 

   
      Así, las tumbas que hoy carecen de tapas y de restos óseos que permitan su datación cronológica, serian tumbas reutilizables, es decir, serían tumbas de desecación y descarnización de los cadáveres antes de enterrarlos definitivamente; esto explica que las tumbas se encuentren en lugares elevados, bien expuestos al sol y al aire, y sin tapaderas, en las que se irían colocando sucesivamente los muertos del grupo. Las hondonadas circulares, de pequeño tamaño, serían utilizadas probablemente para libaciones en los ritos fúnebres. Este detalle y su asociación con las pinturas nos permite diferenciar a estas tumbas de otras similares y frecuentes en nuestro término, que tendremos que datar como medievales, como luego veremos. 

   
NOTAS 

(1) TOPPER, Uwe y Uta. Arte rupestre en la provincia de Cadiz. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1988. pp 36-39 

(2) BURKITT, Miles. Rock paintings o f Southern Andalucía A description of a neolitic and copper age Art Group. Universidad de Oxford. 1929,pp 86 

viernes, 7 de junio de 2013

Víctimas en el bando nacional durante la guerra civil (II)




      Las otras dos víctimas, un guarda forestal y un guardia civil, fallecen un mes más tarde, el 27 de octubre de 1936, víctimas de un encuentro con republicanos, cuando salieron con un grupo de falangistas de “batida” por los campos. 

      "José Pérez Delgado, guardia civil de 42 años. Arroyo de la Lapa, asesinado por las hordas marxistas, tenía el cráneo machacado, la pierna derecha rota y acribillado a balazos, alguno a quemarropa. Se ignora las personas sospechosas de participar en el crimen. "

      La mujer del guardia civil asesinado, prestaría declaración en La Línea el 28 de marzo de 1942: 

“Declaración de JUANA HERRERA RIVERA 

      En la Linea a veintiocho de Marzo de mil novecientos cuarentaidos, ante este Juzgado compareció el anotado al margen, el cual fue enterado del objeto de su comparecencia, de la obligación que tiene de decir verdad y de las penas en que incurre el reo de falso testimonio, siendo juramentada en forma, con arreglo a su clase y preguntando por las generales de la Ley, dijo: llamarse como queda dicho, de 40 años de edad, de estado viuda natural de Los Barrios, de profesión sus labores que no ha sido procesado y con domicilio en calle Pedreras nº 64, con instrucción y que no le comprenden las demás. 

      Preguntado convenientemente por S. S. manifiesta: Que es viuda de D. José Perez Delgado, que era Guardia primero de la Guardia Civil, que se encontraba destinado en Alcalá de los Gazules. Que su marido no estaba afiliado a partido político alguno, y tenia cuarenticuatro años de edad cuando fue asesinado por los rojos en los montes “Las Saucedas” termino de Alcalá, el dia veintisiete de Octubre de mil novecientos treinta y seis. Que la declarante no puede precisar que numero de herida recibiera, pero que desde luego fueron de armas de fuegos, y como no le dejaron estar al lado del cadáver solo le vio momentáneamente y le observó heridas en la cara, y teniendo en su poder el gorro que llevaba, todo agujereado por los disparos. Que en el mismo dia y lugar, asesinaron tambien al Guardia Forestal apellidado Pineda. Que la declarante no puede precisar quienes fueran los que le asesinaron por que había muchos rojos escondidos en las cuevas, pero por sus averiguaciones, se enteró que uno de ellos, era el conocido por “Capita” y otros que fueron ya fusilados. Que la defunción de su marido está inscripta en el Juzgado Municipal de Alcalá. 

      Leida la aprobó y firma con el Sr. juez, certifico.” 

miembros de la guardia civil de "batida" por el campo
en busca de rojos durante la Guerra civil

      "Francisco Pineda Lozano, guarda forestal de 47 años. Arroyo de la Lapa, asesinado por las hordas marxistas, cuyo cadáver estaba acribillado a balazos habiéndole sacado del ojo izquierdo un saca corcho que le habían metido los criminales. Se ignora las personas sospechosas de participar en el crimen."

      Su mujer prestó declaración en Alcalá el 6 de febrero de 1942: 

“DECLARACION DE JUANA RUIZ TORREJON 

       Alcalá de los Gazules a seis de Febrero de mil novecientos cuarenta y dos. Ante el Sr. Juez Municipal D. Francisco Montes de Oca y Montes de Oca y de mi el Secretario comparece la testigo anotada al margen, el que previo juramento que presta en forma dice: Ser y llamarse como queda dicho, de cuarenta y nueve años de edad, viuda, sus labores, natural y vecina de esta Ciudad, con domicilio en la calle de San Antonio y nuevamente preguntada por el cuestionario que se acompaña dice: Que la declarante es esposa de la victima Francisco Pineda Lozano y tenia la profesión de guarda forestal; que no estaba afiliado a ningun partido político, que tenia cuando fue asesinado cuarenta y siete años de edad, que ignora quien lo detuvo; que el lugar donde lo asesinaron se denomina garganta de La Lapa, de este término, que la fecha fue el veintisiete de Octubre de mil novecientos treinta y seis; que lo sucedido fue que salió en unión de la fuerza de la Guardia Civil de este Puesto con el fin de dar una batida a los Rojos, que existían por los alrededores de esta población, la cual fue ordenada seguramente por la Autoridad Militar de aquel entonces de esta Plaza, ignorando lo que sucedió desde el momento en que cayó herido, lo que si tiene entendido es que después de resultar herido se enzañaron con él hasta incluso con un saca corcho le quitaron un ojo, ignorando las demás heridas que tenía; que desde luego por la fuerza que salió de esta Ciudad, al lugar del hecho, fue encontrado su cadáver y trasladado a ésta, en donde recibió cristiana sepultura; que ignora las personas que pudieran tener participación en el crimen y por consiguiente el paradero de ellos y que su defunción fue inscripta en este Registro Civil, que era natural de Cortes de la Frontera, de edad de cuarenta y siete años, que era hijo de Francisco Pineda y de Catalina Lozano, era de estado casado con la declarante, de cuyo matrimonio dejó tres hijos llamados: Francisco, María y José, de diecisiete años, de quince y doce años respectivamente. 

      Leída que le ha sido y hallándola conforme en su contenido, la confirma, ratifica y firma con el Sr. Juez, doy fe.” 

Parte de la declaración de Juana Ruíz

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