lunes, 6 de mayo de 2013

La ermita de los Santos Nuevos: la basílica visigoda de Alcalá (I)


Artículo publicado en la Revista 
"Velada y romería en honor de la Patrona Nuestra Señora de los Santos" 1981


Ramón Corzo Sánchez 

   El año 1800 vio desarrollarse en Alcalá de los Gazules una de esas graves epidemias que diezmaban una población y hacían a muchos de sus habitantes buscar la inmunidad en el retiro del campo. El verano debió ser especialmente intenso en el desenvolvimiento de la enfermedad ya que se tomaron medidas de total aislamiento y algunas comunidades, como la de los dominicos, conocieron la extinción de casi todos sus miembros. No es difícil imaginar el ambiente de inseguridad, el descuido hacia cualquier ocupación que no fuese la defensa ante la plaga y la natural propensión a realzar cualquier hecho milagroso que pudiera significar una pequeña esperanza de remedio. En este pueblo temeroso y atento a cualquier novedad se desarrolló el descubrimiento de la antigua iglesia, que al pasar de los años y para diferenciarse de la ermita ya existente de la Virgen de los Santos, comenzó a llamarse de los “Santos Nuevos”. Debe indicarse, de entrada, que poco tienen que ver unos santos con otros, ya que los de la Virgen responden a las invocaciones repetidas hacia el Dios Supremo, para obtener su protección en la guerra contra los musulmanes, que estaban plasmadas en el soporte de la cruz sobre el que luego se levantó el santuario de Nuestra Señora, y los “nuevos” son los mártires patronos de la diócesis gaditana. 

      En la actualidad, sólo el nombre del lugar permite identificar el sitio de los hallazgos de 1800, ya que ningún establecimiento religioso, ni ningún otro tipo de señal se ha colocado para perpetuar el recuerdo de estos hechos que podrían haber sido mucho más trascendentes. Parece conveniente reunir aquí los datos de que aún se dispone, para componer en lo posible un relato razonado y para explicar las causas del olvido de un edificio que por razones religiosas, arqueológicas e históricas podría ser el monumento principal del territorio alcalaíno. 

     Aparte del resumen de noticias redactado por el arquitecto Pedro Albisu, que puede considerarse como informe oficial de los hallazgos, y cuyas copias distribuidas entre la Parroquia de Alcalá, el Obispado de Cádiz y el Archivo Histórico Nacional han servido para las citas modernas sobre el tema (1), existe un amplio expediente parroquial sobre el asunto, con datos y declaraciones de otros testigos directos, que amplía sensiblemente la información y, sobre todo, la iglesia de San Jorge alberga el pedestal encontrado y un interesante relicario con los restos óseos y otros objetos aparecidos, que son hoy un documento de primera mano, prácticamente inédito. 


   
      A la vista de todos los antecedentes citados, puede considerarse como seguro que el primer conocedor del hallazgo fue un labrador, llamado “Tío Zarco”, a quien llamaron la atención los signos labrados en una piedra que no pudo entender. Esto debió ocurrir algunos días antes del 13 de octubre de 1800, fecha en la que visitó el lugar el padre dominico fray José de Ayala. Este fraile había abandonado Alcalá hacía tiempo, huyendo de la epidemia por la que habían fallecido el prior y muchos de sus compañeros de convento, y vivía con la familia del labrador Francisco Sánchez Gallardo, en un cortijo, propiedad de Francisco Landino, cercano al “cerro de la Cavallería del Caracol”, donde se había observado la existencia del pedestal. En las cercanías toponímicas al lugar se cita también el nombre de El Palmitoso, que aún se conserva en uso, y el de El Puerto de el Vizcaíno, que debe referirse al que hoy conocemos como puerto de la Parada. 

      Poco pudo entender el fraile de los signos que estaban visibles, pero le pareció de interés investigarlos con detenimiento, de modo que al día siguiente organizó la excavación oportuna que permitió determinar que se trataba de un pedestal, colocado invertido y sobre una losa, tomado con ladrillos y mezcla por los lados. De la inscripción, aún sin limpiar, sólo entendió “in nomine Domini hic sunt”, y estimando que el asunto no tenía mayor interés se volvió al cortijo sin acordarse más del caso. Sin embargo, no todos los conocedores se dieron por conformes con la investigación. El día 22 del mismo mes, la mujer de su anfitrión, Josefa Muñoz Polanco, organizó con sus hijos y algunos operarios, y contra la voluntad de su marido, que temía por la integridad de su carreta, el traslado de la inscripción al cortijo, que se realizó al día siguiente, coincidiendo precisamente con la fiesta de San Servando y San Germán. Aunque algunos declarantes relacionan esta fecha con la especial circunstancia de que ahora el fraile leyera la inscripción de corrido y sin dificultad aparente, el testimonio prudente del propio dominico refiere sólo la lectura de algunos renglones más, que le permitieron comprender la referencia a un depósito de reliquias. 

     Ese mismo día se encontraba en el cortijo Juan Calvo y Negro, alférez del Regimiento de Dragones Sagunto, que realizaba con una pequeña partida las faenas de la remonta. Como buen militar, emprendió rápidamente iniciativas de mayor alcance: limpió el pedestal con vinagre y lo leyó íntegramente, quizás colaborando a los esfuerzos del dominico, y aunque no viese en esto ningún hecho milagroso, se sintió «acalorado de un fervor cristiano», que le impulsó a trasladarse al lugar del hallazgo con cuatro de sus soldados e iniciar unas excavaciones poco fructíferas, a pesar de que el propio alférez uniera sus fuerzas a las de sus subordinados. La gente empezó a reunirse atraída por el inusitado despliegue militar, presenciando la extracción desordenada de ladrillos y escombros que poco aclaraban. Finalmente apareció una lápida de gran tamaño, quizás la que según el dominico Ayala servía de base a la inscripción invertida; el alférez Juan Calvo se vio sorprendido entonces por las risas y comentarios irónicos de los espectadores que empezaban a presagiar fabulosos tesoros, por lo que decidió retirar sus tropas de la excavación, dejando en el lugar una vigilancia permanente. 

Fotografia del pedestal publicada en 1908 por Enrique Romero de Torres
en "Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules"
en el boletín de la Real Academia de la Historia Tomo 53.
     Mediante los avisos enviados por el fraile a las autoridades civiles y eclesiásticas de Alcalá, se presentaron a los pocos días bastantes vecinos y representaciones en compañía de don Pedro Albisu, arquitecto del cabildo gaditano que andaba por allí en otros encargos. Este reconoció la importancia y antigüedad del pedestal, de lo que trasladó los informes oportunos, y se decidió a iniciar a sus expensas la excavación completa de las ruinas. Primero siguió los muros de lo que parecen los ábsides de dos iglesias paralelas; descubriéndolas superficialmente; luego profundizó cerca del sitio donde se encontró el pedestal y dio con las tres primeras tumbas. El día dos de noviembre se decidió a levantar la cubierta monolítica de la mayor, y en cuanto distinguió dentro los restos de dos cadáveres exclamó “¡Los Santos Patronos de Cádiz!”, con lo que les embargó a todos tal nerviosismo que volvieron a cubrir la sepultura. Entre sustos y cavilaciones mandaron aviso a las autoridades de Alcalá y Cádiz, volvieron a entrever los huesos levantando la losa y decidieron que se necesitaba de asistencia técnica y de autoridades para proseguir tan importantes trabajos. 

     El día tres de noviembre “vinieron de Alcalá los Cabildos eclesiástico y civil al sitio de la excavación acompañados de multitud de personas del pueblo”, se volvió a descubrir la tumba y a taparla en espera de “la concurrencia de anatómicos y otros sujetos que pudieran dar luz y autoridad en semejantes actos”. Ese mismo día el canónigo doctoral de Cádiz, José Muñoz y Raso, estando vacante la sede gaditana, comisionó a Francisco Martínez García, Vicario Eclesiástico de Medina Sidonia para reconocer los hallazgos. 

     Sin embargo, este último encargo no pudo cumplirse ya que la autoridad gubernativa denegó el pasaporte al vicario de Medina, a causa de la epidemia que se sufría en Alcalá. Quizás por ello, y a pesar de las prevenciones de Albisu, el 6 de noviembre se volvió a levantar la cubierta de la tumba por orden del corregidor de Alcalá, y un sacerdote fue sacando los huesos que entregaba a un anatómico para su examen y luego eran depositados en unas urnas, especialmente fabricadas para este fin. Así se procedió con las otras dos tumbas inmediatas, cuyos restos son los únicos que con seguridad se conservan en el relicario de la Parroquia de San Jorge, y de los que hablaré más adelante. 

     El Obispado de Cádiz se vio obligado a buscar un nuevo comisionado para el reconocimiento del hallazgo, que fue Pedro López de la Xara, presbítero beneficiario, residente en Alcalá, quien no tenía las dificultades de desplazamiento del vicario de Medina. En el encargo del Obispado se indica ya la necesidad de quitar de lugar sagrado las reliquias que se habían extraído, ya que podían inducir a confusión en los fieles y no se había reconocido en forma cualificada su autenticidad. Estos hechos tenían lugar hacia el 22 de noviembre, cuando se habían vaciado otras diez tumbas más, el cabildo de la villa había decidido retirarse de la operación y Albisu, que había costeado la excavación de su bolsillo y no encontraba más apoyo en Alcalá, había tenido que abandonar el lugar. No queda claro en los documentos manejados por qué circunstancias se produjo este desánimo, aunque es posible que la aparición de milagros y hechos extravagantes, junto con las prevenciones eclesiásticas, hicieron volver de los primeros impulsos exaltados al corregidor, que se negó incluso a prestar declaración en las indagaciones efectuadas por el beneficiario López de la Xara. 

    


NOTAS 

(1) Estos datos fueron aprovechados por H. Schlunk en “La basílica visigoda de Alcalá de los Gazules”, A. Esp. A., 58, 1945, p. 75 ss. En el citado estudio se emplea la bibliografía anterior y el plano conservado en el Archivo Histórico Nacional, El plano de la figura 1 es una versión algo distinta y se conserva en el archivo del Obispado de Cádiz, dónde me ha facilitado su fotocopia el padre Pablo Antón Solé, que me llamó la atención sobre su interés. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Descubriendo a Fernando de Casas (II)




     La infancia de nuestro personaje nos es completamente desconocida. Es posible que iniciara sus estudios con los frailes del convento de Santo Domingo o bien recibiera clases con los mínimos del convento de la Victoria.

     Lo que sí es seguro es que el 1 de octubre de 1808, con 17 años, ingresa como alumno interno en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de Cádiz, (fundación militar vinculada a la Armada) al presentar certificaciones de tener los estudios mínimos exigidos, a excepción de las asignaturas de Física experimental y Botánica, las cuales se verá obligado a cursar dicho año, tal como corrobora el Doctor Andrés Joaquin Azopardo, catedrático secretario de dicho colegio en un certificado expedido en 1833:

      “Certifico que D. Fernando Gonzalez Casas, natural de Alcalá de los Gazules, Diócesis de Cádiz, de edad de 42 años, fue admitido de alumno interno de este Rl. Colegio en 1º de Oct. De 1808, habiendo presentado a su admisión todos los documentos prevenidos en los párrafos 1º y 2º del Cap.º 16 del Reglamento literario vigente, ecepto las certificaciones de Fisica experimental y Botanica, cuyas materias cursó el 1er año con arreglo a la ordenanza de 1791” (6)


     En Cádiz vivirá en primera persona los acontecimientos de la invasión napoleónica, la proclamación de la Constitución de 1812 y el asedio francés a Cádiz, entablando amistad con varios personajes de la época, como el chiclanero magistral Cabrera, del que se le considera discípulo (2). Este magistral, que pasaba temporadas en Alcalá, donde poseía una casa, posiblemente le ayudara con la asignatura de Botánica, de la que era todo un experto. También traba amistad con Bartolomé Gallardo, filósofo que fue nombrado bibliotecario en las Cortes de Cádiz, liberal republicano, anticlerical y reconocido periodista satírico. Posiblemente influenciado por este último, escribe en 1812 un “Juicio recto de la memoria del Dr. Santa María, por D. Fernando Gonzalez, colegial en el real de medicina y cirugía”. El periódico gaditano “El Redactor General” en la página 1 del nº 281 del sábado 21 de marzo de 1812 hace una crítica del texto de nuestro paisano comentando que “El autor, burlándose de la tal memoria, escrita en lenguaje gongorino; y sin pizca de razón ni juicio, concluye que ni es memoria ni entendimiento ni voluntad de hacer nada bueno ni provechoso; sino solo de desacreditar la profesión, aparentando defenderla, de llamar la atención, aunque sea desatinado; de atropellar por el respeto que se debe a los tribunales, y de mostrar un intolerable e insolente orgullo, tan ageno de los verdaderos médicos como de los hombres bien educados”.

     Este escrito, junto a otro del Doctor Francisco Flores Moreno, médico honorario de cámara de S. M, rebatía la propuesta realizada por el Doctor Juan de Santa María para reformar la salud pública. (7)

     El año de 1813 inicia el sexto curso de su carrera, tal como consta en otro certificado de 1834:

“Certifico que el Bachiller en filosofía D. Fernando Gonzalez Casas, natural de Alcalá de los Gazules, diócesis de Cádiz, de edad de 43 años, se matriculó, cursó y ganó el sesto año de estudios en  este Rl. Colegio en el Escolastico de 1813 a 14. habiendo salido aprobado en el ecsamen que sufrió al fin de curso” (8)

     El 4 de febrero de 1813 firma un manifiesto junto a más de 300 ciudadanos a favor de la Constitución del año anterior, de que Fernando VII la acate y a favor de la abolición de la Inquisición. Fernando González Casas lo firma en compañía de otro “alcalaíno”, Ramón Fossi, que posteriormente, en la guerra de la Independencia, será acusado en nuestro pueblo de afrancesado:

     “Señor, los ciudadanos que felicitaron a V. M. en 23 de enero de 1812 por haber sancionado la constitución de la monarquía; los que en 30 de noviembre pidieron a V. M. su puntual observancia, se presentan hoy nuevamente a manifestarle su gratitud por haber abolido el tribunal de la Inquisicion, que baxo el especioso nombre de santo, y una antigüedad de trescientos años de atrocidades y abusos, estaba designado a ser el último asilo de todos los enemigos del código de la independencia y libertad de la nación, para desde allí asestarle impunemente sus tiros.

      La religión católica, apostólica, romana que V. M. en nuestro nombre, y espresando nuestros deseos, ha reconocido y jurado por única y verdadera, con exclusión de toda otra; limpia ya del borron que la afeaba, y al cuidado de los pastores que nuestro Salvador dio á su grey, y que por tantos siglos lo desemeñaron, será en adelante un nuevo vínculo social; y el español, perdiendo el carácter de ceño y desconfianza que la sospecha y el miedo de calumnias y persecuciones le habían hecho contraer, será desde hoy más católico, mejor padre, mejor amigo y mejor ciudadano. Cádiz 4 de febrero de 1813.

…….Ramon Fossi=Fernando Gonzalez Casas…” (9)



     A partir de 1814, fecha en que acaba el sexto curso de carrera, se produce una nueva laguna en la vida de nuestro autor. Lo único cierto de este periodo es que no acaba los estudios. Intuimos que debido a sus ideas contrarias a Fernando VII y a favor de la constitución del 12, al restablecerse en 1814 el absolutismo, se viera obligado a abandonar el país, tal como hicieran otros liberales, como su amigo Bartolomé Gallardo en dicho año. Fernando se embarca en 1817, con 26 años, en el navío San Julián, partiendo desde Cádiz rumbo a Filipinas.

     Allí permanecerá hasta 1831 “desempeñando la mayor parte de ellos el cargo de primer médico del Real hospital militar de Manila” y ejerciendo de “profesor de la Real Armada, secretario de las juntas de Sanidad y Vacuna de aquella ciudad”, siendo “individuo de la sociedad económica de las Islas Filipinas”

     Curiosamente en 1830 su nombre aparece recogido en el libro “Estado General de la Real Armada 1830” dentro del cuerpo de médico-cirujanos como segundo profesor disponible para todo servicio en Cádiz. (10)


      Nada más regresar de Filipinas, se publica en 1832 su libro sobre el cólera morbo, que recoge su experiencia sobre las epidemias de dicha enfermedad en los años de 1820, 1821, 1822, 1823 y 1830, agotándose rápidamente la primera edición y editándose una segunda por orden del rey. (11)

     Aunque ejerció como médico militar durante su estancia en Filipinas, Fernando González Casas al regresar a Cádiz decide acabar sus estudios y así el 30 de septiembre de 1833 solicita por carta al director del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos de Madrid se le admita el depósito de dinero para obtener el grado de Bachiller en Artes en el colegio gaditano. El 19 de diciembre el director de dicho colegio pide informes al secretario, y al día siguiente pide al secretario del Real colegio de Cádiz que verifique la autenticidad de los certificados por nuestro paisano, quien informa favorablemente el 17 de febrero del año siguiente. Un día más tarde, el 18 de febrero, la Real Junta Superior Gubernativa de Cirugía y Medicina autoriza al “Real Colejio de Medicina y Cirujía de Cádiz” a someter a examen para el grado de Bachiller en Filosofía a nuestro personaje, quién aprobará el 19 de junio.

      Como dato curioso, hemos de apuntar que Fernando González de Casas falseó los datos para obtener el Bachiller en Artes, porque, mientras en la primera página de este expediente, que procede del “Real colegio de Cirugia y Medicina de San Carlos” de Madrid consta:  “1833 Pa (para) Ber (bachiller) Por Cadiz. D. Fernando Gonzalez Casas, natural de Alcalá de los Gazules Diocesis Cadiz de 42 años de edad”, en el acta de aprobación de dicho título, expedida en el “Real Colejio de Medicina y Cirujía de Cádiz” encontramos lo siguiente: “D. Fernando Gonzalez Casas natural de Chiclana diócesis de Cadiz de edad de 18 años, ha sido admitido a exámenes que se le han hecho por los profesores que suscriben para el Bachillerato en Filosofia en el dia de la fha por unanimidad de votos en el de la fecha, habiendo precedio la órden correspondiente de la Real Junta Superior de 18 de febrero Despues de su aprobación ha prestado los juramentos de ordenanza ante el insfrascrito Secretario.

Cádiz 19 de Junio de 1834”

     Queda claro que ocultó su verdadera edad y lugar de nacimiento, puesto que, como veremos a continuación, en el resto de papeles los datos si aparecen correctamente. Además, en el acta de aprobación aparecen unas casillas para rellenar con los rasgos físicos del alumno que se han dejado sin rellenar, suponemos que intencionadamente.


     Pocos días más tarde, el 26 de junio de 1834, siendo ya bachiller en filosofía, solicita obtener el grado de bachiller en Medicina y Cirugía. Para ello, presenta el certificado antes mencionado firmado por el catedrático secretario del colegio gaditano, con fecha de 15 de julio, acreditando haber cursado el 6º curso de carrera en Cádiz en el curso 1813-14. Pocos días después, el 6 de agosto, desde el colegio madrileño se pide a la institución gaditana verificar que dicho certificado es válido, siendo legitimada el 22 de agosto.

      El 18 de septiembre el secretario, al estar toda la documentación conforme al reglamento, emite informe favorable y poco después, el 23 de septiembre la Real Junta Superior cursa orden para que sea examinado, aprobando el 11 de octubre:

      “D. Fernando Gonz. Casas natural de Alcalá de los Gazs. Diócesis de Cadiz de edad de 40 años, ha sido admitido a exámenes que se le han hecho por los profesores que suscriben para el Bachillerato en Meda. Y Cirujia en el dia de la fha por unanimidad de votos…”

     Como vemos, ahora todos los datos son correctos, tanto edad como lugar de nacimiento.


     Tres meses después de graduarse como Bachiller en Medicina y Cirugía, solicita el 10 de diciembre de 1834 examinarse para obtener el grado de Licenciado en ambas facultades.

     Pero no será hasta el 31 de marzo de 1835 cuando el director del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos inicie los trámites, pidiendo el correspondiente informe al secretario, quien dará su conformidad el 13 de abril, al estar toda la documentación conforme al reglamento, debiendo depositar 3500 reales para poder examinarse.

     El 21 de mayo de 1835 obtiene del título de Licenciado en Medicina y Cirugía, según consta en su expediente académico.

      “Real Colejio de Medicina y Cirugia de San Carlos.

      Debiendo dar puntual cumplimiento a lo prevenido en el nuevo reglamento aprobado por S. M. para gobierno de los Reales Colegios de Medicina y Cirujia del Reyno, he de merecer de V. se sirva informar al margen acerca de la legitimidad de un titulo de Licenciado en medicina y Cirugia dado por esa Rl. Junta y firmado por su Srio (secretario) en Aranjuez a 21 de Mayo de este año y que ha presentado en esta Secretaría de mi cargo Don Fernando Gonzalez Casas natural de Alcala de los Gazules diócesis de Cadiz.

Madrid 10 de junio de 1835.”


      Apenas 10 días más tarde, el 2 de junio, solicita graduarse de Doctor en Medicina y Cirugía, mientras que poco después, el 10 de junio, el director pide el informe preceptivo al secretario. El 20 de junio se recibe en el Real colegio el título de Licenciado en Medicina y Cirugía que debía presentar Fernando González Casas para poder obtener el grado de Doctor. Pasados dos días, el secretario informa favorablemente, debiendo abonar la cantidad de 2080 reales.

      Tan solo pasarán otros 4 días para que el 24 de junio la Real Junta Superior Gubernativa de Cirugía y Medicina da el permiso al “Real Colejio de Medicina y Cirujia” de Cádiz para que examine a nuestro personaje, quien obtiene el título de doctor el día 10 de agosto:

      “El Licenciado en Medicina y Cirujia Don Fernando Gonzalez Casas natural de Alcla de los Gaz. diócesis de Cadiz de 44 años de edad, ha sido graduado de Doctor en Meda y Cirujia en el dia de la fecha, habiendo precedido la órden correspondiente de la Real Junta Superior de 24 de Junio ultº y confirmándose en los juramentos, que prestó cuando se le confirió la Licenciatura en medicina y Cirujia y los prescritos en el Reglamento para este grado, ante el infrascrito Secretario.

Cádiz 10 de Agosto de 1835.”

      Ahora sí aparecen rellenos los rasgos físicos de Fernando González Casas en el certificado de aprobación del Doctorado: “Estatura regular - Color trigueño - Cabello Cano - Ojos azules - Nariz regular - Barba regular”


      Resumiendo todas estas fechas, podemos ver cómo nuestro autor culmina sus estudios:

- 19 de julio de 1834: Bachiller en Filosofía.

- 11 de octubre de 1834: Bachiller en Medicina y Cirugía.

- 21 de mayo de 1835: Licenciado en Medicina y Cirugía.

- 10 de agosto de 1835: Doctor en Medicina y Cirugía.

     A partir de aquí Fernando González Casas se dedicará a compaginar la carrera de Medicina con el estudio de la obra del filósofo romano Marco Tulio Cicerón, que le llevará a publicar en 1841 su ya mencionado “Lelio, o diálogo de Marco Tulio Cicerón sobre la amistad” sobre el cual opina Marcelino Menéndez Pelayo: “Texto muy correcto que acompaña en planas alternadas a la traducción del eminente humanista gaditano Dr. D. Fernando Casas.” (12)

      Este libro también recibió los elogios de otro erudito, Tomás García Luna, quien escribió: “El traductor, entendido como pocos en la lengua del célebre orador romano, y no menos en la nuestra, ha conseguido, a mi ver, trasladar al castellano con fidelidad el testo de Cicerón. La propiedad y pureza de su dicción recuerdan los tiempos en que nuestra lengua contaba tantos insignes escritores que la diesen lustre; sin que el deseo de hablar bien le haya inducido al vicio de amaneramiento en que suelen incurrir los que quieren desviarse de la moderna gerigonza. Las locuciones de que usa conservan la índole especial del idioma; y al mismo tiempo son tan naturales, que ninguna estrañeza causan; el haber sabido apartarse de ambos extremos es uno de los muchos méritos de la tarea del Dr. Casas”. (13)


       Posteriormente, en 1862, cuando contaba con 71 años, vuelve a publicar en la imprenta gaditana de la revista Médica una nueva traducción de la parte de la obra de Cicerón en “Curso de Elocuencia compuesto en la parte teórica, de los tres libros del orador que escribió M. T. Ciceron, y en la práctica de varios de sus discurso, de los que se dijeron en el Senado contra los cómplices de Catilina, y del que hizo Demóstenes en defensa de la Corona” que también es alabada por Menéndez Pelayo: “magistral traducción que de estas piezas hizo el médico y humanista gaditano D. Fernando Casas” (14) de quien opina “que es de todos nuestros intérpretes, el que mejor ha penetrado los secretos del estilo de Cicerón”.

     Como vemos, gozó de gran prestigio como profundo humanista, encargándosele en 1863 la inscripción sepulcral del obispo Arbolí que se halla en la catedral de Cádiz. (15)

     Tras una larga vida, Fernando González muere soltero, a la edad de 87 años en Chiclana, donde vivía:

     “Parroquia de San Juan Bautista de la Ciudad de Chiclana de la Frontera obispado y Provincia de Cadiz, Domingo dos de Diciembre de mil ochocientos setenta y siete, mandé dar sepultura en el cementerio común con oficios de honras enteras, seis pozas, acompañamiento al cementerio asistencia de siete hermandades y doble general de campanas al cadáver del doctor de medicina y Cirujia, don Fernando García Gonzalez de Casas, Propietario de estado soltero, que murió ayer a las seis y media de la noche de tisis de ¿…? Según certificado del facultativo, de edad de ochenta y siete años, vecino de esta Ciudad, hijo de Don Pedro y de Doña Marina, difuntos, nturales de Alcalá de los Gazules, recibió el santo Sacramento de Penitencia y estremauncion y testó ante el notario Don Juan Martinez y Dominguez, Escribano publico y del numero de esta Ciudad en veinte y ocho de noviembre próximo pasado, fueron testigos Dn francisco Manjon y Don Felix Martinez en fe de lo cual lo firmo-

Franco de Paula Periñan” (15)


      De esta partida de defunción sacaron los datos los colaboradores de Menéndez Pelayo en 1903, explicándose que fuera mencionado con el apellido García, que sin duda debe aparecer aquí relacionado con quien fuera su padrino de bautismo, Gaspar García Troyano, escribano del cabildo alcalaíno.

      Al aparecer en su necrológica el origen alcalaíno de sus padres se buscó en 1903 la partida de bautismo en Alcalá, descubriéndose así otro personaje para la galería de hijos ilustres, lo que motivó que las autoridades de la época tomaran la decisión de rotular una calle en memoria de tan distinguido paisano, apareciendo ya mencionada en el callejero el 19 de enero de 1907 (16), aunque se cometiera el desliz, eso sí, de incluir el “de” en su apellido (quizá por influencia de las calles adyacentes que también fueron rotuladas en la misma fecha: Bartolomé de Palma, Bartolomé de Mesa) y que en honor a la verdad debería haber sido “Fernando González Casas” o en todo caso como él mismo solía escribir en sus obras: “Fernando Casas”



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viernes, 26 de abril de 2013

Descubriendo a Fernando de Casas (I)



Ismael Almagro Montes de Oca


           En la mayoría de libros que tratan sobre la Historia de Alcalá se menciona a un paisano ilustre, que  incluso tiene una calle rotulada con su nombre, aunque se puede decir que es una persona completamente desconocida para prácticamente todo el mundo. Se trata de Fernando de Casas.

     Sánchez del Arco, en su monografía sobre Alcalá de 1893 dice de él: “D. Fernando de Casas, sabio humanista, traductor de Marco Tulio.” Marcos Ramos Romero por su parte, en su libro “Alcalá de los Gazules” de 1983, recoge: “Fernando de Casas escribiendo en 1831 la primera obra médica sobre el cólera morbo.”

Calle Fernando de Casas

     Esto es lo único que sabemos sobre este personaje. Pero ¿quién es realmente Fernando de Casas? ¿Qué profesión tenía, médico, filósofo…?

     Intentando arrojar luz sobre la figura de Fernando de Casas, hemos seguido las dos únicas pistas que nos podían ayudar a sacarlo del anonimato: su obra sobre el cólera y su trabajo como traductor de Cicerón.

     Efectivamente, encontramos el libro “Lelio, o diálogo de Marco Tulio Cicerón sobre la amistad” impreso en 1841 en Cádiz en la Imprenta de la Revista Médica, traducción hecha por Fernando Casas, doctor en Medicina y Cirugía. En el mismo, el autor hace una dedicatoria a D. Juan Redondo, primer profesor de Medicina y Cirugía de la Armada Nacional, firmándola en Chiclana el 1 de marzo de 1841.

     Pero al seguir indagando, hallamos una referencia un tanto desconcertante en el tomo III de las “Memorias de la Academia Española” publicadas en Madrid en 1871, en un discurso pronunciado por D. Fermín de la Puente, quien al hablar de personajes doctos de Andalucía menciona lo siguiente: “en Cádiz, el magistral Cabrera y su discípulo y sucesor, Arbolí, después Obispo, Urquinaona, que lo es de Canarias; D. Lúcas Tornos, D. Fernando Casas, de Chiclana…”

     El hecho de que su libro sobre Marco Tulio Cicerón estuviese firmado en Chiclana y esta última referencia, nos hizo dudar del origen alcalaíno de nuestro personaje. Por otro lado, una simple búsqueda en internet parece corroborar el origen chiclanero (1). Es más, el erudito Marcelino Menéndez Pelayo en una carta escrita en 1903 a Juan Luis Estelrich (2) indaga sobre nuestro autor:

     “Tengo, hace años, el Lelio de D. Fernando Casas, pero te agradezco la noticia del ejemplar de esa Biblioteca, por la dedicatoria latina que le realza.

     Me convendría aprender algo sobre la vida y milagros de dicho Casas. Creo que D. José León y Domínguez (a quien darás de mi parte las gracias por su fino obsequio), debe tener esas noticias o saber dónde se hallan. Yo sólo sé que era de Chiclana…”

     En junio de 1903 Menéndez Pelayo recibe contestación sobre el asunto de Fernando Casas (3):

      “Mi estimado Marcelino: Mis sospechas se van confirmando: D. Fernando García González de Casas, no es chiclanero. Nació en Alcalá de los Gazules…”

     Ante las dudas sobre el lugar de nacimiento e incluso sobre su propio nombre (Fernando Casas, Fernando de Casas, Fernando García González de Casas) decidimos acudir al Archivo parroquial de Alcalá para buscar su posible partida de bautismo. Como desconocíamos la fecha de su nacimiento, tomamos como referencia un dato publicado en su obra sobre el cólera morbo. En el prólogo de la misma se recoge:

      “El año 18 llegó el autor embarcado en el navío de S. M. el San Julian a Calcuta, capital de las posesiones inglesas de la India, de donde salió a los pocos meses para las islas Filipinas, ….” (4)

      Iniciamos la búsqueda en los libros de bautismo anteriores a 1818, encontrando a un Fernando García en 1806, Fernando Gómez en 1804, Fernando García en 1802, otro Fernando García en 1795 y finalmente encontramos a un Fernando González de Casas en 1791. Este último, por los apellidos, posiblemente fuera nuestro autor. Ahora solo faltaba encontrar algún documento que certificara que realmente se trabajaba de la misma persona.

      Por suerte se conserva en el Archivo Histórico Nacional el expediente académico de Fernando González de Casas, al que hemos tenido acceso y  hemos podido resolver todas las dudas, confirmando que nuestro autor nació en Alcalá el 18 de julio de 1791, tal como consta en su partida de bautismo (5) :

“En la villa de Alcalá de los Gazules en veinte y seis de Junio, año de mil setecientos noventa y uno: yo Dn Felix Manrique Presbo Beneficdo de las Ygls. de ella, de lisentia Parochi, bautizé a Fernando Maria del Rosario Rafael, qe nació el dia diez y ocho de dho. Mes y año, es hijo legmo de Pedro Gonzalez y de Da Marina de Cassas Villafranca, naturles y vecs de esta villa. fueron Padrinos dn Gaspar Garcia Troyano escno de Cabildo de ella y Da Maria Joachina Dorado y Moya, advertidos de sus obligacions y parentco Espiritual siendo tgos. Dn. Juan Recio y dn. Joachin Dorado. En fee de lo qual lo firmo con dho. Sor. Cura ut supra=

(rubricado)

Franco. Xavier de Medina Casas Dn. Felix Manrrique”


  

 

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NOTAS

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lunes, 22 de abril de 2013

El Patrimonio arquitectónico alcalaíno (II)



IV.- La gestación de la Plaza de San Jorge 

     A partir de la conquista cristiana de Alcalá en 1264, y muy especialmente a partir de que, en 1273, Alfonso X le concediese la condición de villazgo, podemos decir que, en torno a nuestro castillo, comenzó a generarse una incipiente ciudadela o bastión defensivo frente a la frontera con el reino Nazarí que, recordamos, estuvo en nuestras proximidades hasta 1480 en que la población de Jimena, en los prolegómenos de la conquista de Granada, pasó definitivamente a manos cristianas. 

     Así pues, respecto de esta primitiva ciudadela o “villa vieja” con forma de cuadrilátero “…delimitado por murallas de argamasa morisca coronadas de merlones e interrumpidas de trecho en trecho por torres cuadradas…" podemos decir que, en sus primeros momentos, tuvo como edificio principal al castillo o alcazaba almohade hasta que, a fines del siglo XIV, adosándose a un muro de aquel empezó a edificarse la actual Iglesia Parroquial de San Jorge y consiguientemente, a gestarse ante ella, una incipiente plaza que, a partir del siglo XV en que la población dejó de actuar como frontera y empezó a recibir colonos atraídos por los Privilegios, Ordenanzas y Transacciones, se convirtió en el lugar en el que estos erigirían sus nuevas viviendas hasta que, una vez colmatado el espacio intramuros, terminarían por convertirla en centro de dos nuevos ejes de crecimiento: el de “San Vicente-Puerta del Sol” y el de “Plaza de San Jorge-Puerta de la Villa”, hasta crear un perímetro elíptico que la envolvía. 

   
     De modo que si bien la Iglesia se habría erigido en el elemento conformador de todo el núcleo, no es menos cierto que, en sus proximidades, habría otras casas que le ayudaron a delimitar el primitivo cuadrilátero de la plaza, a saber: al sur la Casa Ayuntamiento, construida en 1553 sobre la muralla en la que se abrirá la conocida como Puerta Nueva o del Sol y a su lado el Hospital de la Misericordia con su correspondiente capilla; Hospital éste que también ocupó la parte inicial de la calle principal o de la Carrera que, partiendo de la esquina de la plaza en que se unían los lados sur y oeste se abrió frente a la puerta principal de la Iglesia, mientras que al Oeste todo el espacio que quedó entre la referida calle Carrera y la actual de las Monjas a la que entonces se llamaba “de los Toros” fue ocupado por la fachada de la Casa Palacio de los entonces señores de la Villa, los Enríquez de Ribera. Con todo, un pequeño trozo de este lado Oeste, en su confluencia con el Norte, sería ocupado por el edificio que hasta hace poco conocimos como “Casa Rectoral” y que antes había sido residencia del Beneficiado Villanueva, al que se adosaría la antigua “Puerta de San Vicente o de los Carros” en lo que hoy es calle San Vicente de la que partiría nuevamente la muralla por todo el frente Norte hasta unirse con el Castillo, aunque también es cierto que entre dicha muralla y la Iglesia existió otra calle a la que abrían puertas edificios anexos al muro del evangelio de la misma Iglesia y que eran conocidos como “Capilla de Santa Águeda” , “Corral del Concejo” y como Cementerio, toda vez que no podemos olvidar que hasta principios del siglo XIX, el camposanto parroquial ocupó parte de la trasera de la Iglesia y de lo que hoy es la cerca del Beaterio. 


V.-La Parroquia 

     Tras la conquista de Alcalá a los musulmanes, 1264, se erigieron en la villa 3 parroquias, una de las cuales, que entendemos la principal porque ocupó el lugar de la primitiva mezquita aljama del castillo, la dedicaron a San Jorge, que andando el tiempo y una vez que fueron refundidas por el Papa Clemente VII, en 1524, en una sola bajo la advocación del patrón de la entonces villa, habría de experimentar un largo proceso de reformas hasta llegar a constituir el Templo que hoy conocemos. 

     Nos consta, que ya con anterioridad a dicha fecha se había llevado a cabo una obra , pues la portada ojival o de San Jorge es de fines del siglo XV. Con todo las dos grandes reformas se llevan a cabo en el siglo XVII, la primera en 1629, que debió ser traumática porque los textos contemporáneos la denominan el “desmantelamiento de la iglesia” y la segunda, obra del maestro de obras alcalaíno Gabriel del Valle, en 1637, que es la que da al edificio su forma actual de 3 naves de 28,22 metros de largo (por el presbiterio, de 33,20) por 14,50 de anchura. 

     Poco después se edifica la torre campanario y se rodea al templo con grada circundante y columnas de mármol, con defensa de cadenas, por derecho de asilo eclesiástico para ciertos delincuentes. 

   

     En el siglo XVIII será el arquitecto Gil Cayón el que realice otra restauración general, aunque conservando especialmente el estilo dórico toscano, que es el que se considera estilo general del templo. Y es también en este siglo cuando se construye la puerta secundaria o de San Juan y se realiza el nuevo coro (1739-1742) 

     En el siglo XIX y más concretamente en 1863, el maestro José García Soto, construye dos nuevas capillas (la del Baptisterio y la del Santo Entierro), incorporando a la Iglesia terrenos que antes fueron la cárcel anexa al Ayuntamiento viejo. 

     En 1990-91 y en base a proyecto redactado por el arquitecto Juan Manuel Gil Fernández se realizaron obras de consolidación de cubiertas y restauración de la estructura fundamental que fueron sufragadas por la Junta de Andalucía, 

     La Iglesia cuenta con dos puertas, aunque la principal y más interesante, es la de San Jorge, de estilo gótico ojival, en figura piramidal y adornada por estatuillas. En el centro del tímpano tenemos un relieve de San Jorge ecuestre, alanceando al dragón en defensa de una dama. La puerta secundaria o de San Juan Bautista, realizada en ladrillo, en 1739, hemos de considerarla del orden corintio y en ella pilastras y columnas soportan un gran dintel y entablamento adornado de lapidario, Ángeles y una imagen de San Juanito con el cordero.

Tímpano de la puerta de San Jorge

     El interior de la Iglesia se organiza en tres naves, más el crucero y el cabecero o altar mayor. Las naves son altas y se separan entre sí por columnas toscanas y se cubren por bóvedas de cañón con lunetos y arcos fajones, esquema que se repite en las naves del crucero y en el altar mayor, mientras que el crucero en sí se remata por cúpula rebajada sobre pechinas. 

      En la nave del evangelio y paralelas al zaguán de entrada por la Puerta de San Juan existen dos capillas, efectuadas en torno a 1739, la de Ánimas, que destaca por su cúpula rebajada, y la de la Columna que lo hace tanto por su cúpula ovalada como por el retablo neoclásico que la preside, mientras que en la nave de la epístola existen otras dos, pero estas adosadas a la zona de los pies, construidas en 1863, la primera de ellas dedicada al Santo Entierro y la segunda como baptisterio, ambas se cierran con artísticas verjas. 

      El crucero del lado del evangelio, es mayor que el de la epístola, pues se amplió con los terrenos del antiguo corral de Santa Águeda y hoy es la capilla del Sagrario. 

      A los pies de la Iglesia se encuentra el coro, ejecutado en torno a 1739 y que constituye una pieza completamente cerrada por los laterales y el trasero, en los que se abren puertas, enmarcadas por jambas y dinteles de jaspe negro con incrustaciones de color, en estilo rocalla. Tiene corillos altos sobre los laterales, con pretiles de celosía de madera, que se destinan a la schola cantorum, el del lado de la epístola y al magnífico órgano que en 1775 realizara el organero Francisco Pérez de Valladolid, el del lado del evangelio. Todo el coro se cierra por el frontal por magnífica verja de forja.



     La sillería del coro, que se compone de 21 asientos con tapa alzable y brazales, del orden compuesto y ricamente adornada en madera de caoba con vivos de ciprés, es obra del escultor jerezano Agustín de Medina y Flores, realizada en 1742. Presidiendo el coro se encuentra una pequeña imagen de San Juan de Ribera, quien de joven fue beneficiado de esta Iglesia. 

     El altar mayor, que se alza sobre siete escalones, pues tiene debajo el antiguo panteón, se adorna de un retablo retablo de influencia churrigueresca, con tres cuerpos y tres calles, separadas por estípites, destacando en la calle central las imágenes de San Jorge, la Inmaculada y San Sebastián y las laterales las de los obispos San Leandro y San Isidoro. 

      En el lado de la epístola se erige el monumento sepulcral de los padres del que fuera Arzobispo de Valencia, Luis Cameros, construido en 1670 por los maestros Cedrún y Gálvez. 

      La bóveda del altar mayor se adorna con pinturas al fresco, entre las que destaca un Pantócrator.

Bóveda del altar mayor

     Aunque no nos detendremos en ninguno de los altares ni cuadros que se conservan en esta Iglesia no podemos dejar de reseñar que aquí se encuentran la Virgen del Rosario, la primera obra conocida del genial Martínez Montañés así como un icono, San Sebastián, del trecento italiano y esculturas de Duque Cornejo (Santa Isabel socorriendo al mendigo), Camacho de Mendoza (Cristo de la Columna y Virgen de las Lágrimas), Francisco de Gálvez (Cristo del Perdón) y pinturas de la escuela de Zurbarán, además de los restos de la ermita de los Santos Nuevos (año 662) y un importante tesoro de orfebrería, libros corales y ornamentos litúrgicos. 

viernes, 19 de abril de 2013

El Patrimonio arquitectónico alcalaíno (I)


Gabriel Almagro Montes de Oca

I.- Introducción 

     Alcalá de los Gazules por su emplazamiento en la cima de un cerro y por su buena situación, junto a unas vías de comunicación frecuentadas a través de los tiempos, puede preciarse de una rica prehistoria, de la que conserva como vestigios más señalados tanto los interesantes grabados de la “Laja de los Hierros” como innumerables vasos campaniformes y de una historia con más de 2.200 años, puesto que se considera que Alcalá nació a la misma a raíz de la redacción del llamado “Bronce de Lascuta” (fechado en el 189 a. de Cristo y en el que se hace referencia a una población romana existente en el actual término alcalaíno), considerada como la inscripción romana más antigua de España (1)

     Fruto de tan dilatada experiencia histórica, la ciudad conserva vestigios romanos, visigodos y árabes, al tiempo que desde la Baja Edad Media, cuando Alcalá pasa a formar parte de la Casa Señorial de los Ribera, se multiplicarán los edificios religiosos. 

     El actual núcleo urbano es fruto de sucesivas ampliaciones, según las necesidades de suelo y vivienda, por ello y aún cuando a grandes rasgos se habla del Conjunto Histórico y de las Nuevas Construcciones del siglo XX, dentro del mismo conjunto histórico-artístico tendremos que distinguir tres zonas muy diferenciadas: Casco Antiguo Intramuros ( la villa hasta el siglo XV), Casco Antiguo Extramuros (generado en los siglos XVI-XVIII) y la expansión del XIX, momento en que los adinerados de la entonces villa empiezan a construir sus residencias en los alrededores de los dos conventos existentes en las proximidades del pueblo, La Victoria y Santo Domingo, que de este modo quedan integrados en el núcleo y se convierten en los elementos que configuran la nueva zona residencial y comercial: la Alameda, la Calle Real y Santo Domingo. 

     Las sucesivas ampliaciones y el cuidado demostrado por los alcalaínos a través de los tiempos por mantener la imagen de su pueblo han hecho que a Alcalá de los Gazules se le considere el prototipo de pueblo andaluz y así, en 1926, Federico García Lorca lo definía como “íntimamente andaluz” y más recientemente su imagen ha representado a Andalucía en campañas publicitarias. 

Alcalá en 1974

II. -Los Depósitos Romanos de la Salada. 

     Al Norte del núcleo urbano, junto a la calle que popularmente llamamos “calzada de la Salá” y que nos recuerda que en época romana era precisamente una calzada, nos encontramos con el conjunto de la Fuente de la Salada, construido en el siglo II a. de Cristo, respondiendo a un modelo llamado “nimphaeum” que, por el concepto que tenían los romanos de que el agua era necesaria tanto para la vida como para nuestras satisfacciones, además de servir de fuente para el abastecimiento de agua cumplía también las funciones de edificio religioso donde rendir culto a la divinidad del manantial y de monumento propagandístico de la cultura romana. 

    Así pues, esta componente ideológica será la que nos explique el enorme esfuerzo que debió suponer la excavación en la ladera para construir tanto los dos depósitos recientemente recuperados como la piscina que existía a un nivel muy inferior y que no se pudo recuperar. 

     Hoy, el conjunto aparte de los depósitos romanos conserva también algunas estructuras de época medieval y moderna y es que no podemos olvidar que los árabes movidos tanto por cuestiones ideológicas como prácticas desmontaron el templo y recondujeron las aguas hasta un lugar inferior de más fácil acceso para ir a recogerla, siendo así como se generó esa estructura que tradicionalmente hemos conocido como “la fuente de la Salá” a la que sería en sucesivas reformas, en época moderna, se le iría ampliando el número de pilas. 



III.- El Castillo.

     “Ahí teneis esta Al calat que quiere decir el Castillo. La antigua Torre Lascutana o de Lascut, de ser vigía de los primitivos pasó a baluarte romano, a fortaleza árabe con su guardia fronteriza formada toda por nobles caballeros, jinetes de antología procedentee de Gaza, los Gazues o Gazules que le pusieron apellido al Castillo” 

Luis Berenguer 
Premio Nacional de Literatura, 1966 

     Aunque hoy sólo se conserva parte de la Torre del Homenaje, en la cima del cerro de la Coracha existió una fortaleza o castillo desde época prerromana, hay autores que indican que la primitiva fortaleza es construcción de los íberos aunque luego fue reutilizada por los romanos y más tarde por los árabes, quienes a partir del siglo IX aprovechando su situación geoestratégica, su fácil defensa y su cómodo aprovisionamiento de agua, iniciaron una serie de obras hasta convertirlo, ya en el siglo XII, en un gran castillo, al que por esta razón se suele catalogar como “Fortaleza Almohade”. 

     La reconquista cristiana en 1264 no le restaría protagonismo, ya que durante dos siglos (hasta 1431, en que se reconquista Jimena), fuimos parte de la frontera frente al reino de Granada. Nos consta que entre los siglos XVI y XVIII fue residencia del Corregidor, y que en el momento de la invasión francesa y gracias a unas obras realizadas casi un siglo antes, entre 1724 y 1731, se encontraba en perfecto estado, teniendo íntegros sus muros, lienzos y adarves, pero los franceses a su paso por Alcalá terminaron por volarlo y sumirlo en el abandono, convirtiéndolo en fácil aprovisionamiento de materiales para obras en la zona, incluyendo la construcción de los depósitos de agua, obra esta que llevó aparejada una nueva voladura del castillo con el doble objetivo de dejar espacio libre para los depósitos y de paso obtener piedras para estos. 

     Actualmente se está a la espera de que inicien los trabajos de “puesta en valor” de acuerdo a proyecto redactado por el Arquitecto D. Francisco Reina Fernández-Trujillo. 




NOTAS: 

(1) El Bronce de Lascuta, considerado como la inscripción romana más antigua de España, si bien se conserva hoy en el Museo del Louvre, existe una réplica exacta en el Ayuntamiento. 

lunes, 15 de abril de 2013

Primeros hallazgos de urbanismo romano en Alcalá de los Gazules (III)




  
CONCLUSIONES 

     Teniendo en cuenta las circunstancias en las que se produce el hallazgo inicial de las estructuras hidráulicas descritas, los resultados aportados por la actuación arqueológica de urgencia y el grado de conservación que presentan dichas estructuras una vez retiradas las colmataciones de tierra que las mantenían soterradas, podemos hacer las siguientes: 

CONCLUSIONES GENERALES 

     En muy contadas ocasiones la ciudad de Alcalá de los Gazules ha sido objeto de intervenciones arqueológicas sistemáticas, a pesar de que buena parte de su perímetro urbano está declarado Conjunto Histórico y de que dentro de éste se integra el recinto amurallado islámico, del que se conoce a grandes rasgos el trazado de su cinturón defensivo, con algunos restos fácilmente identificables en la actualidad. Las actuaciones arqueológicas de las que tenemos más o menos constancia son: 

     La torre del homenaje del castillo, con hallazgos constructivos y muebles de cronología romana, medieval y moderna. 

     Actuación en solar anexo a la Puerta del Sol, con el objeto de identificar un tramo del trazado de la muralla. 

     La iglesia del convento de Santo Domingo. 

La Fuente de la Salada, en la que se conservan actualmente dos depósitos de captación de agua de fábrica de sillares, que se interpretan como los vestigios de una fuente-ninfeo de época romana. 

     Los historiadores no han llegado a concluir todavía con seguridad la ubicación de la Turri Lascutana mencionada en el bronce con inscripción latina que fue descubierto en el término municipal, ni la localización exacta de la ciudad romana de Lascut o Lascuta mencionada por los autores clásicos, ni aún a determinar si dichos topónimos se refieren a un mismo lugar. En contra del actual núcleo urbano de Alcalá de los Gazules para ubicar una ciudad romana, se encontraba la escasez de vestigios de esta época, limitándose éstos a los restos de la Fuente de la Salada y algunas piezas descontextualizadas, y ningún hallazgo que pudiera ponerse en relación con una traza urbana antigua. Sin embargo, era más plausible la localización de un núcleo urbano en el descampado de la Mesa del Esparragal, a medio camino entre las poblaciones de Alcalá de los Gazules y Paterna de Rivera. 

     Dejando en un segundo término la existencia de la fuente romana de la Salada, por localizarse en un punto periférico, más relacionado con la posible existencia de una vía de comunicación que discurriría a escasos metros ella, los resultados de las investigaciones que hemos realizado en la torre del homenaje del castillo con hallazgo de una estructura constructiva de sillares bajo los cimientos de la fortaleza medieval, diversas monedas y fragmentos cerámicos de cronología romana y, en especial la localización del complejo hidráulico del que venimos tratando, evidencian que en el solar de la actual Alcalá de los Gazules se erigió una urbe romana, de la que desconocemos por el momento su extensión pero que, a juzgar por la capacidad de los depósitos hidráulicos, debió contar con una población significativa, y de la que estos restos no deben ser más que una ínfima parte de lo que encierra el subsuelo. Y, por la obra del siglo I d.C. del historiador Plinio (Naturales Historia, III, 15) y los itinerarios de caminos antiguos que también la mencionan, debemos identificar dicha ciudad con Lascut o Lascuta, siendo aún una incógnita la situación espacial de Turre Lascutana, que bien pudiera ser la misma. 

cimientos de casa sobre uno de los depósitos

CONCLUSIONES ESPECÍFICAS 

     1°.- Con respecto a la significación histórico-arqueológica del complejo hidráulico, que podría corresponder con un castellum aquae, compuesto por los tres grandes depósitos de almacenaje hídrico, más un cuarto que se intuye bajo una de las viviendas de la C/ San Juan de Ribera, la cisterna del tipo a bagnarola y la canalización con salida de agua situada por encima de ésta, valga todo lo expresado en este sentido anteriormente, que podríamos resumir como la constatación de un núcleo urbano significativo de época romana en el solar de la actual ciudad de Alcalá de los Gazules. 

      2º.- Se evidencia con esta intervención de urgencia y sus antecedentes la necesidad de aplicación de medidas cautelares previas a toda remoción del terreno que se realice, al menos, en la delimitación del Conjunto Histórico de Alcalá de los Gazules; ya sea de promociones de viviendas u obras públicas, siguiendo modelos de gestión como los que se están desarrollando en ciudades con un rico patrimonio arqueológico como Cádiz o Medina Sidonia. Con ello se evitará, por un lado, la pérdida o destrucción de patrimonio histórico-arqueológico; y, por otro, las "sorpresas" o perjuicios que hallazgos producidos en estas condiciones suponen de hecho a los promotores y constructores, que acaban afectando a la normal dinámica urbanística de una ciudad viva como ésta y a la casi siempre posible compatibilización de la protección del patrimonio con dicha dinámica constructiva. 

     3°.- Finalmente, en lo que respecta a la protección-conservación de las estructuras que nos ocupan, una vez finalizada la excavación de urgencia visitaron el lugar técnicos de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en Cádiz, determinando la importancia de los hallazgos y evaluando el grado de conservación de las estructuras. Actualmente, en colaboración con los promotores, se está buscando la forma de compatibilizar la construcción de viviendas previstas y la conservación, e incluso puesta en valor, de todos o parte de los restos constructivos romano localizados en esta parcela. 



viernes, 12 de abril de 2013

La inauguración de la Plaza de toros


Ismael Almagro Montes de Oca 



Plaza de toros, vieja y noble plaza, 

desierta al amarillo sol de enero. 

Decoro renaciente, árabe traza 

circundando una ausencia de toreo. 

Yo gusto de asomarme al graderío, 

lecho de humanidad torpe y prensada, 

que hoy se me ofrece incólume y vacío, 

concéntrico diafragma de la nada. 



     Este poema, titulado “Plaza vacía” de Gerardo Diego, encaja perfectamente con la historia de la plaza de toros de Alcalá, lugar en el que hace ya muchísimos años quedó mudo el murmullo del graderío y desierto el redondel de albero sin el paseíllo de los trajes de luces en busca de la gloria frente a las afiladas astas. Hoy, sin embargo, no vamos a hablar de su final, sino de los orígenes de la misma, de su primera tarde de gloria. 

     En la segunda mitad del siglo XIX, Alcalá vive un periodo de bonanza económica y de progreso, teniendo como momento álgido los años 1876-77, período en que se le concede el título de ciudad, se trae el agua de los Regajales y se termina la carretera de Medina. En estas fechas también se barajó la posibilidad de la construcción de una plaza de toros donde celebrar los espectáculos. Hasta entonces lo habitual era cerrar la Plaza Alta para que sirviese de ruedo, aunque también a veces se utilizó la actual Alameda con los mismos fines, como en junio de 1834, cuando se “hicieron toros en la plaza de la cruz y se llenaron los tejados de la capilla de hombres y muchachos, los que destrozaron dichos tejados sin que el santero y otros muchos pudiesen evitarlo, y luego dieron una limosna de seis reales.” (1) 

      Sin embargo, el proyecto de la Plaza no cuajó, tal como narra José de Puelles en una carta enviada a la prensa el 7 de noviembre de 1877 con el título de “El Porvenir de Alcalá de los Gazules” en la que expone: 

     “Hubo meses pasados la idea de labrar una plaza de toros, pero madurado el primer juicio, creyóse empresa no merecedora de nuestros tiempos y tal vez sus iniciadores truequen su proyecto de taurino circo en templo de Talía.” (2) 

     Se ve que años más tarde, el que fuera alcalde y propietario del servicio de aguas , Pedro Montes de Oca, pensaba que era más rentable “el circo taurino” que la construcción de un teatro, pues retoma el proyecto y así se inician las obras a finales de 1892 o principios de 1893, que están prácticamente terminadas a mediados de ese año, tal como recoge el periódico jerezano “El Guadalete” en su edición del 23 de julio: 

     “Plaza de toros.- Están casi terminadas las obras de la plaza de toros que se construye en Alcalá de los Gazules, para ser inaugurada en los días de feria que se celebrará durante el mes de Agosto. 

     La plaza, propiedad de D. Pedro Monte de Oca, es capaz para 7.000 espectadores. 

     El espada encargado de dar muerte a los toros los tres días de feria es el arrojado diestro gaditano Arturo Paramio.” (3) 

     El mismo periódico recoge días más tarde, el 11 de agosto, el permiso concedido al ayuntamiento para la celebración de corridas y la confirmación del diestro que actuará, aunque no se recoge la fecha de la inauguración: 

     “Al Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules se le ha concedido autorización para dar capeas de reses durante tres días. 

     Se inaugurará una plaza y habrá novillos de muerte que matara el diestro gaditano Arturo Paramio.” (4) 

     Finalmente, el día 2 de septiembre de 1893, imaginamos que con la plaza llena hasta la bandera, tiene lugar la inauguración de la misma, con una corrida en la que actúan el diestro Arturo Paramio y Agualimpia: 

“DESDE CADIZ 

NOTAS DIARIAS 

      Se ha recibido un telegrama de Alcalá de los Gazules, dando cuenta de la inauguración de la plaza. 

     Paramio estuvo superior en la primera tarde y Agua Limpia, bien, resultando este último, con un varetazo leve. Caballos muertos, 4. Toros, buenos. 

F. SANTOMÉ 

Cádiz 2 de Setiembre de 1893” (5) 


     Finalizamos con un apunte curioso y es que el diestro Paramio había regresado a mediados de febrero de torear en América: “Son esperados en Cádiz los aplaudidos diestros gaditanos El Loco, Potoco y Arturo Paramio, que vuelven de México, en cuya plaza han dado varias corridas.” (6) 

     ¿No será por este torero Potoco por quién Ildefonso Chacón se puso por apodo El Gran Potoco de Alcalá, en vez de la famosa historia de que cuando chico no paraba de dar la lata con un tambor y siempre que le reñían decía:  po toco, po toco, po toco…? 

La plaza de toros en una fotografía anterior a 1932


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